viernes, 31 de octubre de 2008

Ya se lo extraña

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Cruz_y_Fierro

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Sí, don Cruz y Fierro, así es. Lo echamos de menos.

Ojalá regrese pronto.

Un cordial saludo de los buhardilleros.

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jueves, 30 de octubre de 2008

Ya que estamos en tiempos de reformas…

A propósito de la Proposición 17 del Sínodo

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Papa_Benedicto_XVI

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Los padres sinodales en la proposición 17 sugieren al Santo Padre que “el ministerio del lectorado se abra también a las mujeres de modo que, en la comunidad cristiana, sea reconocido su rol de anunciadoras de la Palabra”.

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Sin querer entrar en la cuestión –ya abordada por algunos- de la legitimidad de las motivaciones que subyacen en esta proposición, se nos ocurrió a los redactores de esta Buhardilla presentar una propuesta a la Santa Sede.

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Obviamente, sabemos que las posibilidades de que nuestra ocurrencia sea viable son casi nulas. Pero como soñar no cuesta nada, pues soñemos.

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De por sí, dar cabida a la proposición 17 lleva necesariamente a dejar sin vigencia –o al menos modificar- las disposiciones de la Carta Apostólica de Pablo VI Ministeria Quaedam (1972), que establece que:


Ya no se conferirá la Primera Tonsura. La incorporación al estado clerical queda vinculada al Diaconado. Las que hasta ahora se conocían con el nombre de “Órdenes menores” se llamarán en adelante “Ministerios”. Los ministerios pueden ser confiados a seglares, de modo que no se consideren como algo reservado a los candidatos al sacramento del Orden. Los ministerios que deben ser mantenidos en toda la Iglesia Latina, adaptándolos a las necesidades actuales, son dos, a saber: el de Lector y el de Acólito. Las funciones desempeñadas hasta ahora por el Subdiácono quedan confiadas al Lector y al Acólito; deja de existir por tanto, en la Iglesia Latina el Orden mayor del Subdiaconado. La institución de Lector y de Acólito, según la venerable tradición de la Iglesia, se reserva a los varones.

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Ahora bien, derogar esta normativa solamente para cambiar la cláusula que reza “se reserva a los varones”, sin aprovechar la ocasión para mejorarla globalmente sería desperdiciar una preciosa oportunidad. La de revisar la norma y corregir aquello que la experiencia indica que no sirvió. Y ¿qué cosa no sirvió? A nuestro entender, casi todo. Pero seamos positivos y constructivos. A nada contribuyen ahora los lamentos.

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Vayamos por parte. En primer lugar, tenemos que recuperar para el patrimonio de la Iglesia ese ministerio que no supimos valorar y consideramos un absurdo el que continuara: el de los ostiarios. Resulta que ahora en las parroquias lo valoramos y los sacerdotes organizan el “ministerio de la acogida”o “de la bienvenida”. Aquellos que esperan en la puerta de los templos a los feligreses para recibirlos amablemente, repartirles las hojas de las canciones u otros materiales, ayudarlos si tienen alguna dificultad y darles la bienvenida si son nuevos en la comunidad o están de visita. ¿Acaso no hacían eso los ostiarios? Incluso en algunas comunidades muy renovadoras les llaman así: ostiarios. Este ministerio recuerda a aquellos valientes cristianos que vigilaban las entradas en las catacumbas y conocían los pasadizos por los que debían guiar a los fieles. Eran también aquellos de quienes habla el Papa Cornelio en su Carta (siglo III) refiriéndose a su oficio lirtúgico. Sabemos también que algunos de ellos fueron mártires. Los ostiarios eran aquellos que al ser instituidos en su función escuchaban estas palabras: “Procurad que así como abrís y cerráis la iglesia visible con las llaves materiales, así también cerréis al diablo y abráis al Señor la casa invisible de Dios, esto es, el corazón de los fieles, con vuestras palabras y ejemplos, para que conserven en su corazón y cumplan con sus obras la divina palabra que oyeron, lo que el Señor realice en vosotros por su misericordia” (Liber Pontificalis).

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Continuando con la recuperación de nuestros tesoros, hay necesidad urgente de rescatar el exorcistado. Ese ministerio del cual hablaba San Ambrosio: “En el nombre de Jesús, sus verdaderos discípulos... arrojan realmente los demonios y sin error; y frecuentemente sucede que aquellos que quedaron libres de los espíritus malos, se convierten a la fe y se hacen miembros de la Iglesia.” En la carta pseudo-clementina De virginitate del siglo III puede leerse: “También esto se confía a los hermanos en Cristo: ...visitar a aquellos que son atormentados por espíritus malignos y pronunciar sobre ellos convenientes conjuros en forma de preces que sean gratas a Dios; mientras los otros (los hechiceros paganos) son buenos solamente para recitar horrendas palabras, que infunden terror a las gentes.”


Cuánto bien haría a la Iglesia la recuperación de este ministerio del exorcistado en el proceso formativo de los futuros sacerdotes. Como sabemos, hemos llegado a tal grado de ignorancia y descuido que nuestros sacerdotes no tienen ya la capacidad de discernir los espíritus y, en el peor de los casos, consideran que el demonio es una figura literaria que aparece en la Biblia y que se ha trasladado luego al imaginario colectivo. A tal punto hemos llegado, que muchos obispos omiten en sus diócesis la provisión de sacerdotes que lleven a cabo exorcismos. Ahora bien, que los seminaristas pasen por todas las etapas de su formación sacerdotal sin haber visto nunca el Ritual de Exorcismos y sin haber asistido a una sola lección sobre el tema es, por lo menos, grotesco.


La recuperación del exorcistado como un ministerio “ad ordinem sacrum”, es decir, reservado a aquellos que van a ser sacerdotes, sería una verdadera solución.

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En cuanto al ministerio del lectorado, que hemos conservado, es real que en la práctica generalizada actual lo ejercen tanto varones como mujeres. También es cierto que la mayoría de los varones que leen las Lecturas en los oficios litúrgicos no han sido instituidos en este ministerio. La proposición 17 del Sínodo, sugiere cambiar algo que Pablo VI consideraba como propio de “la venerable tradición de la Iglesia”, basándose en lo que sucede a diario en casi todas las parroquias del mundo: las mujeres leen la Palabra de Dios en los oficios litúrgicos. Entendiendo la Tradición como algo vivo y dinámico, y siendo que lo sugerido no vulnera absolutamente aquello que se debe conservar siempre, en todo lugar y por todos los fieles, es decir, aquello que pertenece al depósito de la fe, la proposición del Sínodo es atendible. La conveniencia de lo que se pide es discutible.

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En cambio, creemos que sería desde todo punto de vista inconveniente y, por lo tanto, inaceptable, la institución de mujeres en el ministerio del Acolitado. Este ministerio está abocado directamente al servicio del Altar. Consideramos que tendría que ser reservado, en cuanto ministerio instituido, a aquellos que se forman para recibir el sacramento del Orden Sagrado. Es decir, debiera ser un ministerio “ad ordinem sacrum” y no un ministerio laical. Y siendo un ministerio “ad ordinem sacrum” habría que cuidar que donde no haya acólitos instituidos, quienes sirvan al Altar sean siempre varones. Incluso si son niños. Entre otras razones –aunque remota, por cierto- se encuentra aquella que surge de la experiencia: muchísimos niños han descubierto el llamado de Dios al sacerdocio en su etapa de monaguillos. Y tal vez sea a causa de una cuestión de orden psicológico, pero visto está que los niños monaguillos tienden a desaparecer donde aparecen las monaguillas. Los grupos de monaguillos han sido siempre, y aún lo son, verdaderos semilleros de vocaciones sacerdotales.

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Nos queda, finalmente, referirnos al subdiaconado, cuyo oficio propio quedó repartido por Ministeria Quaedam entre las funciones del lector y del acólito. Sería glorioso poder recuperar este ministerio, para enriquecimiento de nuestra liturgia. Lo creemos factible por tres razones. La primera: ahora es posible la celebración de la Santa Misa en la Forma Extraordinaria del Rito Romano. En la celebración solemne de la Misa Gregoriana el subdiácono tiene un oficio particular, el cual, de tener que ser ejercido por un acólito, restaría riqueza y solemnidad a la liturgia. La segunda razón: es indiscutible la importancia que tiene para los que se están formando, el ir creciendo en piedad, en responsabilidades y en el compromiso personal. Para el que va a ser sacerdote, esos tres aspectos deben manifestarse en el ámbito de lo litúrgico, porque el culto es la razón de ser del sacerdocio. El escalonamiento acolitado-exorcistado-subdiaconado –proponemos este orden- se convierte así en un proceso ideal para la formación litúrgica, teológica y espiritual de los futuros clérigos. La tercera y última razón: el orden del subdiaconado aún existe en aquellos institutos dedicados exclusivamente a la Forma Extraordinaria. El hecho de que los subdiáconos, desde que existe este ministerio en la Iglesia, nunca se hayan extinguido, es una razón, al menos de orden espiritual, para revalorizarlo y reinstalarlo definitivamente como uno de esos tesoros que no han de perderse. La cuestión del estado canónico de los subdiáconos no debiera constituir, en principio, un obstáculo para la recuperación de este ministerio.

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En síntesis, creemos que la Santa Sede podría aprovechar la proposición 17 para continuar con la reforma de la reforma, en el marco de la hermenéutica de la continuidad. Ministeria Quaedam fue un paso por el cual se volvió a incorporar laicos en algunos ministerios litúrgicos que, con el correr de los siglos, habían quedado reservados sólo a los seminaristas. Ahora es tiempo de perfeccionar aquel paso dado, recuperando el ostiariado, el exorcistado y el subdiaconado, y reubicando cada ministerio en su lugar. Los ministerios laicales –ostiariado y lectorado- por un lado, y los ministerios “ad ordinem sacrum” –acolitado, exorcistado y subdiaconado- por el otro.

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La naturaleza del ostiariado y del lectorado como ministerios laicales no exigiría, de suyo, que sean conferidos en una secuencia jerárquica. Unos podrían ser lectores y otros ostiarios, independientemente, tanto mujeres como varones. Para la institución en los tres ministerios “ad ordinem sacrum” no sería necesario que el sujeto hubiera recibido previamente los laicales.

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¿Será pedir demasiado?


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miércoles, 29 de octubre de 2008

Las proposiciones del Sínodo (Parte II)

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sínodo

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Proposición 29: Dificultad de la lectura del Antiguo Testamento

Considerando que a veces surgen dificultades en la comprensión de algunos pasajes del Antiguo Testamento, los Padres Sinodales afirman que “se requiere una preparación adecuada de los fieles para la lectura de estas páginas y una formación que lea los textos en su contexto histórico y literario de modo que sea favorecida la lectura cristiana” y recomiendan “no omitir la lectura del Antiguo Testamento que, no obstante algunas dificultades, es esencial a la comprensión completa de la historia de la salvación (cfr. DV 15)”.

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Proposición 30: Pastoral bíblica

Recordando la exhortación de la Dei Verbum que pedía hacer de la Palabra de Dios no sólo el alma de la teología sino también de la pastoral entera, el Sínodo “recomienda incrementar la pastoral bíblica, no en yuxtaposición con las otras formas de la pastoral sino como animación bíblica de toda la pastoral”. Además, los Padres “desean expresar la más viva estima y gratitud… por el servicio a la evangelización que tantos laicos, y en particular las mujeres, ofrecen con generosidad y empeño en las comunidades esparcidas por el mundo”.

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Proposición 31: Palabra de Dios y presbíteros

Luego de recordar que “la Palabra de Dios es indispensable para formar el corazón de un buen pastor, ministro de la Palabra”, los Padres Sinodales afirman que “los sacerdotes, y en particular los párrocos, están llamados a nutrirse cada día de las Sagradas Escrituras y a comunicarlas con sabiduría y generosidad a los fieles confiados a su cuidado”.

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Proposición 32: Formación de los candidatos al orden sagrado

Al referirse a los candidatos al sacerdocio, el Sínodo afirma que su formación debe comprender múltiples acercamientos a la Escritura:


- la lectura orante, en particular la Lectio Divina, tanto personal como comunitaria, en el marco de una primera lectura de la Biblia;


- el alimentarse con asiduidad de la Palabra de Dios, también a través de la riqueza del Oficio Divino;


- el descubrimiento de la exégesis en sus diversos métodos, siendo necesario un estudio amplio y preciso de las reglas hermenéuticas para superar los riegos de una interpretación arbitraria;


- conocer la historia de lo que la lectura de las Escrituras produjo en los Padres de la Iglesia, en los Santos, en los Doctores y en los Maestros de espiritualidad;


- la intensificación, durante los años del seminario, de la formación para la predicación así como la formación permanente durante el ejercicio del ministerio;


- paralelamente a la formación en el interior del seminario, se invitará a los futuros sacerdotes a participar en encuentros con grupos o asociaciones de laicos reunidos en torno a la Palabra de Dios: “estos encuentros, desarrollados por un lapso de tiempo suficientemente largo, favorecerán en los futuros ministros la experiencia y el gusto de la escucha de cuanto el Espíritu Santo suscita en los creyentes reunidos como Iglesia”.

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Proposición 33: Formación bíblica de los cristianos

El Sínodo desea que “se establezcan centros de formación para los laicos y para los misioneros de la Palabra, donde se aprenda a comprender, vivir y anunciar la Palabra de Dios. Además, según las diversas necesidades, constitúyanse institutos especializados en estudios bíblicos para exégetas que tengan una sólida comprensión teológica y sensibilidad para los contextos de su misión”. Añade que “es necesario ofrecer una adecuada formación en las lenguas bíblicas a las personas que serán traductores de la Biblia en diversas lenguas modernas”.

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Proposición 34: Animación bíblica y jóvenes

Los Padres Sinodales afirman que “en la animación bíblica de la pastoral juvenil se tendrá en cuenta la invitación de Benedicto XVI: «Queridos jóvenes: os exhorto a adquirir intimidad con la Biblia, a tenerla a mano, para que sea para vosotros como una brújula que indica el camino a seguir». Se desea que la Escritura sea presentada en sus implicaciones vocacionales para ayudar y orientar a muchos jóvenes en sus opciones vocacionales, incluso hasta la consagración total”.

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Proposición 35: Biblia y Pastoral de la Salud

“Los Padres Sinodales exhortan a quienes se acercan a las personas afligidas por toda clase de males, a llevarles, humildemente pero con audacia, la Palabra vivificante del Señor Jesús”. Y añaden: “También hoy es indispensable que la Palabra de Dios inspire toda la pastoral de la salud”.

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Proposición 36: Sagrada Escritura y unidad de los cristianos

El Sínodo reconoce que “la Biblia es verdaderamente un lugar privilegiado de encuntro entre las diversas Iglesias y comunidades eclesiales”. Luego continúa: “La escucha común de las Escrituras impulsa al diálogo de la caridad y hace crecer el de la verdad”. Al mismo tiempo que se desea acrecentar el esfuerzo común para la traducción y difusión de la Biblia, se reconoce un “problema ecuménico abierto respecto a la comprensión del sujeto autorizado de la interpretación en la Iglesia (especialmente el Magisterio), por lo que se deben intensificar el estudio y la investigación común”.

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Proposición 37: Presencia de Su Santidad Bartolomé I

En continuidad con el carácter ecuménico de la proposición anterior, los Padres Sinodales dan gracias a Dios, especialmente, por la presencia del Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I. “Las palabras del Patriarca Ecuménico dirigidas a los Padres Sinodales han permitido experimentar una profunda alegría espiritual de tener una experiencia viva de comunión real y profunda, aunque aún no perfecta”. Continúan afirmando: “hemos compartido la gozosa experiencia de tener Padres comunes para Oriente y Occidente. Este encuentro se convierte en estímulo para el ulterior testimonio de comunión en la escucha de la Palabra de Dios y súplica ferviente al único Señor a fin de que se realice cuanto antes la oración de Jesús: «Ut omnes unum sint»”.

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Tercera parte: La Palabra de Dios en la misión de la Iglesia


Proposición 38: Tarea misionera de todos los bautizados

Ya que “la misión de anunciar la Palabra de Dios es tarea de todos los discípulos de Jesucristo como consecuencia de su bautismo”, el Sínodo afirma que esta conciencia debe ser profundizada por cada parroquia, comunidad y organización católica. Los Padres Sinodales reconocen la particular colaboración de los Institutos misioneros y reconocen en los nuevos movimientos eclesiales “una extraordinaria riqueza de la fuerza evangelizadora de la Iglesia en este tiempo”. El Sínodo recuerda que todos están llamados a testimoniar el Evangelio en la vida cotidiana, lo que a veces implica la persecución de los fieles a causa del Evangelio. “El Sínodo apela a los responsables de la vida pública para que garanticen la libertad religiosa”. Por último, hablan de la necesidad de “abrir itinerarios de iniciación cristiana en los cuales, a través de la escucha de la Palabra, la celebración de la Eucaristía y el amor fraterno vivido en comunidad, se pueda llegar a una fe cada vez más adulta”.

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Proposición 39: Palabra de Dios y compromiso en el mundo

El Sínodo afirma que la Palabra de Dios “ayuda a la mente y al corazón de los hombres a comprender y amar todas las realidades humanas y lo creado […], impulsa a los creyentes a comprometerse por quienes sufren y son víctimas de las injusticias”. Es necesario que quienes, como creyentes, están comprometidos en la vida política y social “sean preparados por medio de una adecuada educación según los principios de la Doctrina Social de la Iglesia”.

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Proposición 40: Palabra de Dios y arte litúrgico

“La gran tradición de Oriente y Occidente ha estimado siempre todas las expresiones artísticas, de modo específico las imágenes sagradas, inspiradas en la Sagrada Escritura”. El Sínodo manifiesta su sincero aprecio y su profunda gratitud por todos los artistas enamorados de la belleza. Añade que es necesario “suscitar, en cada área cultural, una nueva etapa en la que el arte pueda reencontrar la inspiración bíblica y ser un instrumento capaz de proclamar, cantar y hacer contemplar la manifestación de la Palabra de Dios”. Una mirada especial a los templos: “los obispos, debidamente ayudados, cuiden en la construcción de las iglesias que éstas sean lugares adecuados a la proclamación de la Palabra, a la meditación y a la celebración eucarística”.

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Proposición 41: Palabra de Dios y cultura

Afirma el Sínodo que debe reconocerse que la Palabra de Dios “a lo largo de los siglos ha inspirado las diversas culturas, generando valores morales fundamentales, expresiones artísticas excelentes y estilos de vida ejemplares”. Por eso, se desea un diálogo entre Biblia y cultura, y se expresa la conveniencia de “organizar grupos de lectura bíblica también en los ambientes secularizados o entre los no creyentes como un camino para abrir el mundo a Dios mediante la Palabra de la Biblia”.

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Proposición 42: Biblia y traducciones

Se recomienda que “en culturas afines y en regiones lingüísticas similares sea aprobada y utilizada la misma traducción de la Biblia, ya sea en el uso privado o en el litúrgico”. Se menciona el problema de la falta de traducción de la Biblia en muchas lenguas locales y, por eso, se considera importante la formación de especialistas que puedan dedicarse a ello.

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Proposición 43: Biblia y difusión

El Sínodo pide “una movilización general para que el texto sagrado se difunda lo más posible con todos los instrumentos a disposición que ofrecen las modernas tecnologías “. En este sentido, se pide una mayor colaboración entre las Iglesias locales y se recomienda sostener el compromiso de la Federación Bíblica Católica para lograr un amplio acceso a la Sagrada Escritura.

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Proposición 44: Medios de comunicación social

Afirman los Padres Sinodales que “la Iglesia está llamada no sólo a difundir la Palabra de Dios a través de los medios, sino también y sobre todo a integrar el mensaje de la salvación en la nueva cultura que la comunicación crea y amplifica”. Por eso, recomiendan “conocer bien los medios de comunicación, acompañar su veloz cambio e invertir más en la comunicación a través de los diferentes instrumentos que son ofrecidos como la televisión, la radio, los periódicos, internet. Son, en todo caso, formas que pueden facilitar el ejercicio de la escucha obediente de la Palabra de Dios”. Concluyen afirmando que es necesario preparar laicos en este campo.

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Proposición 45: Palabra de Dios y Congreso mundial

El Sínodo “no considera oportuno instituir un Congreso específico sobre la Palabra de Dios. Es importante, en cambio, que en las reuniones de carácter mundial se dedique mayor espacio al estudio y celebración de la Palabra de Dios”. Además, se invita a las Conferencias Episcopales a promover jornadas para difundir la Biblia.

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Proposición 46: Lectura creyente de las Escrituras: historicidad y fundamento

Los Padres Sinodales recuerdan que la lectura creyente de la Escritura busca, para cada fiel y para la Iglesia, la verdad que salva. Esta lectura reconoce el valor histórico de la tradición bíblica y quiere descubrir el significado vivo destinado a la vida del creyente de hoy. Esta lectura “se diferencia de las interpretacions fundamentalistas que ignoran la mediación humana del texto inspirado y sus géneros literarios. El creyente, para usar con fruto la Lectio Divina, debe ser educado para «no confundir incoscientemente los límites humanos del mensaje bíblico con la sustancia divina del mismo mensaje» (cfr. Ponticia Comisión Bíblica, La interpretación de la Biblia en la Iglesia, I F)”.

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Proposición 47: La Biblia y el fenómeno de las sectas

Los Padres Sinodales experimentan una profunda preocupación por el crecimiento del fenómeno de las sectas. Al respecto, proponen:


- intensificar la actividad pastoral para dar el alimento de la Palabra a los fieles que lo buscan, por medio de una correcta hermenéutica vital;


- aprender de la rica experiencia de los primeros siglos de la Iglesia que también ha conocido fenómenos análogos;


- conocer mejor las características, causas y promotores de las sectas;


- ayudar a los fieles a distinguir bien la Palabra de Dios de las revelaciones privadas;


- animar grupos que compartan y mediten la Palabra.


Además, se menciona la necesidad de que “los sacerdotes estén adecuadamente preparados para hacer frente a estas nuevas situaciones”. Por último, el Sínodo pide a la Santa Sede “estudiar, en colaboración con las Conferencias Episcopales y las estructuras competentes de las Iglesias Orientales Católicas, el fenómeno de las sectas”.

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Proposición 48: Biblia e inculturación

Los Padres Sinodales afirman que “para una auténtica inculturación del mensaje evangélico se debe asegurar una formación de los misioneros con medios adecuados para conocer en profundidad el ambiente vital, las condiciones socio-culturales, de modo que ellos puedan insertarse en el ambiente, en la lengua, así como en las culturas locales”. Al mismo tiempo que recuerdan que es tarea de la Iglesia local llegar a una inculturación auténtica, se llama la atención sobre la necesidad de evitar el riesgo del sincretismo. Por último, añaden que “la calidad de la inculturación dependerá del grado de madurez de la comunidad evangelizadora”.

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Proposición 49: Missio ad gentes

Considerando que la Palabra de Dios es un bien que la Iglesia debe compartir con todos los pueblos y culturas y mirando el ejemplo de San Pablo y de tantos misoneros que han llevado el Evangelio a los pueblos, “este Sínodo reafirma la urgencia de la misión ad gentes también en nuestro tiempo. Un anuncio que debe ser explícito, realizado no sólo en el interior de nuestras iglesias sino en todas partes, y que debe ser acompañado de un testimonio coherente de vida”. Todos “deben estar cerca también de las personas que no participan en la liturgia y no frecuentan nuestras comunidades. La Iglesia debe ir hacia todos con la fuerza del Espíritu (cfr. 1 Cor. 2,5) y continuar defendiendo proféticamente el derecho y la libertad de las personas a escuchar la Palabra de Dios buscando los medios más eficaces para proclamarla, incluso con el riesgo de la persecución”.

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Proposición 50: Biblia y diálogo interreligioso

En esta proposición, el Sínodo afirma que “el diálogo con las religiones no cristianas representa un momento signicativo en la vida de la Iglesia y en el diálogo con los hombres” y recuerda que “las líneas guía de este diálogo son dadas por la Declaración Nostra Aetate del Concilio Ecuménico Vaticano II”. Finalmente, se recuerda “la necesidad de que sea asegurada efectivamente a todos los creyenes la libertad de profesar la propia religión en privado y en público, así como también la libertad de conciencia”.

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Proposición 51: Tierra Santa

El Sínodo recomienda las peregrinaciones y el estudio de las Sagradas Escrituras en Tierra Santa y tras las huellas de San Pablo: “las piedras donde Jesús ha caminado podrían convertirse para ellos [los peregrinos y los estudiantes] en piedras de memorias vivas”. Los Padres Sinodales recuerdan que “los cristianos en Tierra Santa tienen necesidad de la comunión de todos los cristianos, especialmente en estos días de conflicto, pobreza y miedo”.

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Proposición 52: Diálogo entre los cristianos y los judíos

Dice el Sínodo que “el diálogo entre los cristianos y los judíos pertenece a la naturaleza de la Iglesia”. Añade que “la comprensión hebrea de la Biblia puede ayudar a la inteligencia y al estudio de las Escrituras de parte de los cristianos”; al mismo tiempo que se afirma que “en la Persona de Jesús se cumple el sentido pleno de las Escrituras con continuidad y discontinuidad respecto de los libros inspirados del pueblo judío”. Finalmente, se sugiere a las Conferencias episcopales promover encuentros entre judíos y cristianos.

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Proposición 53: Diálogo entre cristianos y musulmanes

“En este diálogo, el Sínodo insiste sobre la importancia del respeto de la vida, de los derechos del hombre y de la mujer, como también sobre la distinción entre el orden socio-político y el orden religioso en la promoción de la justicia y de la paz en el mundo. También será tema importante, en este diálogo, la reciprocidad y la libertad de conciencia y de religión”. Se sugiere a las Conferencias Episcopales promover círculos de diálogo entre cristianos y musulmanes, “donde resulte provechoso”.

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Proposición 54: Dimensiones cósmicas de la Palabra de Dios y custodia de la creación

“Los Padres de Iglesia siempre han afirmado las dimensiones cósmicas de la Palabra de Dios que se hace carne; toda creatura, de hecho, en cierto sentido porta un signo de la Palabra de Dios. En Jesucristo, muerto y resucitado, todas las cosas creadas encuentran su definitiva recapitulación (cfr. Ef. 1, 10)”. Los Padres Sinodales reconocen que “acoger la Palabra de Dios, testimoniada en la Sagrada Escritura y en la Tradición viva de la Iglesia, genera un nuevo modo de ver las cosas, promoviendo una ecología auténtica que tiene sus raíces más profundas en la obediencia de la fe que acoge la Palabra de Dios”. Al mismo tiempo, desean que “se intensifique el compromiso por la salvaguardia de la creación, desarrollando una renovada sensibilidad teológica sobre la bondad de todas las cosas, creadas en Cristo, Palabra de Dios encarnada”.

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Conclusión


Proposición 55: María, Mater Dei et Mater fidei

El Sínodo “mira a María, la Virgen Madre del Verbo encarnado, que con su sí a la Palabra de la Alianza y a su misión, realiza perfectamente la vocación divina de la humanidad. Los Padres Sinodales sugieren difundir entre los fieles la oración del Angelus, memoria cotidiana del Verbo Encarnado, y del Rosario [...] La atención devota y amorosa a la figura de María, como modelo y arquetipo de la fe de la Iglesia, es de capital importancia para realizar también hoy un concreto cambio de paradigma en la relación de la Iglesia con la Palabra, tanto en la actitud de escucha orante como en la generosidad del compromiso por la misión y el anuncio”. Finalmente, los Padres Sinodales hacen suya la oración que el Papa Benedicto XVI pronunció en Pompeya “para que el Sínodo pueda traer frutos de auténtica renovación en toda comunidad cristiana” e invitan a todos a “dirigir la mirada a María y pedir al Espíritu Santo la gracia de una fe viva en la Palabra de Dios hecha carne”.

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Traducción y elaboración: La Buhardilla de Jerónimo

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martes, 28 de octubre de 2008

Las proposiciones del Sínodo (Parte I)

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sínodo

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El Sínodo de los Obispos es una asamblea de Obispos escogidos de las distintas regiones del mundo, creado por Pablo VI en 1965. Durante las asambleas sinodales el Papa y los obispos participantes tratan ordinariamente cuestiones relativas a la Iglesia universal, aunque también pueden referirse a las iglesias particulares. Un sínodo es, en términos generales, una asamblea de obispos convocados por el Papa y tiene como tarea ayudar al Romano Pontífice en el gobierno de la Iglesia universal dándole su consejo. Es el Sumo Pontífice quien lo convoca, elige el tema a tratar, designa a sus miembros, preside él mismo la asamblea o designa al Presidente y recibe las proposiciones o sugerencias presentadas por los obispos.

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El Sínodo es un órgano consultivo, aunque el Santo Padre puede otorgarle en algún caso determinado potestad deliberativa. El Papa, luego, tiene la potestad de ratificar o no sus decisiones. El sínodo no puede ser considerado como un órgano representativo del Colegio de Obispos, ni como una asamblea delegada de este Colegio. Tampoco es correcto decir que hace las veces de órgano permanente del Colegio Episcopal entre un Concilio y el siguiente. El código de derecho afirma claramente que el sínodo de los Obispos está sometido directamente a la autoridad del Romano Pontífice. Para conocer más acerca del Sínodo de los Obispos se puede visitar el sitio Ius Canonicum.

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Presentamos a nuestros lectores los pasajes que, según nuestro parecer, constituyen lo esencial de cada una de las proposiciones que el Sínodo sobre “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia” ha elevado a Benedicto XVI. No habiendo por el momento una versión oficial en español, hemos traducido del italiano el texto que aparece en el sitio de la Santa Sede. Debido a la extensión del presente artículo, lo publicaremos en dos partes. Lo que aparece entre comillas es traducción textual del original.

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Proposición 1: Documentos que se presentan al Sumo Pontífice

Luego de referirse a los documentos que se presentan a la consideración del Papa, la proposición manifiesta que “los Padres Sinodales piden humildemente al Santo Padre que valore la oportunidad de ofrecer un documento sobre el misterio de la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia, también a la luz del Año dedicado a San Pablo, Apóstol de los gentiles, en el bimilenario de su nacimiento”.

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Proposición 2: De la Constitución Dogmática Dei Verbum al Sínodo sobre la Palabra de Dios

Los padres sinodales afirman que “a más de cuarenta años de la promulgación de la Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación Dei Verbum, obra del Concilio Ecuménico Vaticano II, reconocen con ánimo grato los grandes beneficios que este documento ha aportado a la vida de la Iglesia, a nivel exegético, teológico, espiritual, pastoral y ecuménico”.


Luego de referirse a los beneficios que la Dei Verbum ha traído a la Iglesia y a la necesidad que la Iglesia siente de profundizar en el misterio de la Palabra de Dios, el Sínodo “formula el deseo de que todos los fieles crezcan en la conciencia del misterio de Cristo, único Salvador y Mediador entre Dios y los hombres (cfr. 1Tim. 2, 5; Heb. 9, 15), y que la Iglesia, renovada por la religiosa escucha de la Palabra de Dios, pueda emprender una nueva etapa misionera anunciando la Buena Nueva a todos los hombres”.

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Primera parte: La Palabra de Dios en la fe de la Iglesia


Proposición 3: Analogía Verbi Dei

Luego de explicar que “la expresión Palabra de Dios es analógica”, la Asamblea Sinodal afirma que “los pastores deben educar al Pueblo de Dios en la compresión de los diversos significados de la expresión”.

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Proposición 4: Dimensión dialógica de la Revelación

Retomando Dei Verbum, esta proposición afirma que “el diálogo, cuando está referido a la Revelación, comporta el primado de la Palabra de Dios dirigida al hombre […] La especificidad del cristianismo se manifiesta en el acontecimiento Jesucristo, culmen de la Revelación, cumplimiento de las promesas de Dios y mediador del encuentro entre Dios y el hombre”. Luego de hablar de la obediencia de la fe, se refiere a María como “arquetipo de la fe de la Iglesia que escucha y acoge la Palabra de Dios”.

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Proposición 5: Espíritu Santo y Palabra de Dios

“El Sínodo recomienda a los pastores recordar a todos los bautizados el rol del Espíritu Santo en la inspiración (cfr. DV 11), en la interpretación y en la comprensión de las Sagradas Escrituras (cfr. DV 12). En consecuencia, todos nosotros, discípulos, estamos invitados a invocar con frecuencia al Espíritu Santo para que Él nos conduzca a un conocimiento siempre más profundo de la Palabra de Dios y al testimonio de nuestra fe (cfr. Jn. 15, 26-27)”. Luego, los Padres Sinodales recuerdan cómo concluyen las Sagradas Escrituras con “el grito común del Espíritu y de la Esposa: «Ven Señor Jesús» (cfr. Ap. 22, 17. 20)”.

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Proposición 6: Lectura patrística de la Escritura

Los Padres Sinodales afirman que “para la interpretación del texto bíblico no se debe omitir la lectura patrística de la Escritura, que distingue dos sentidos: literal y espiritual”.

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Proposición 7: Unidad entre Palabra de Dios y Eucaristía

El Sínodo llama a “superar la dicotomía entre las dos realidades [Palabra de Dios y Eucaristía] que, con frecuencia, está presente en la reflexión teológica y en la pastoral”. Además, “los Padres sinodales desean que se promueva una reflexión teológica sobre la sacramentalidad de la Palabra de Dios. Sin el reconocimiento de la presencia real del Señor en la Eucaristía, la inteligencia de la Escritura permanece incompleta”.

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Proposición 8: Palabra de reconciliación y conversión

El Sínodo afirma que “la importancia de la Palabra de Dios en los sacramentos de curación (penitencia y unción) debe ser acentuada. La Iglesia debe ser la comunidad que, reconciliada por la Palabra que es Jesucristo (cfr. Ef. 2, 14-18; Col. 1, 22), ofrece a todos un espacio de reconciliación, de misericordia y de perdón”. Los Padres manifiestan que, especialmente en los conflictivos tiempos actuales, “en fidelidad a la obra de reconciliación realizada por Dios en Jesús, los católicos deben esforzarse en dar ejemplo de reconciliación… buscando construir una sociedad justa y pacífica”.

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Proposición 9: Encuentro con la Palabra en la lectura de las Sagradas Escrituras

Luego de proponer con fuerza a los fieles la lectura y escucha de las Sagradas Escrituras, los Padres Sinodales manifiestan el deseo de que “de esta Asamblea surja una nueva etapa de mayor amor por la Escritura en todos los miembros del Pueblo de Dios” y “que cada fiel pueda poseer personalmente la Biblia (cfr. Deut. 17, 18-20) y goce de los beneficios de la especial indulgencia ligada a la lectura de la Escritura (cfr. Indulgentiarum Doctrina, 30)”.

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Proposición 10: El Antiguo Testamento en la Biblia cristiana

Afirman los Padres Sinodales: “deseamos que, en la predicación y en la catequesis, se tengan debidamente en cuenta las páginas del Antiguo Testamento, explicándolas adecuadamente en el contexto de la historia de la salvación y se ayude al Pueblo de Dios a apreciarlas a la luz de la fe en Jesús Señor”.

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Proposición 11: Palabra de Dios y caridad hacia los pobres

Los Padres Sinodales afirman que “la Palabra de Dios, acogida con disponibilidad, genera abundantemente en la Iglesia la caridad y la justicia hacia todos, especialmente hacia los pobres”. Citando la enseñanza de la Encíclica papal Deus Caritas est, continúan diciendo que “los primeros que tienen derecho al anuncio del Evangelio son precisamente los pobres, necesitados no sólo de pan sino también de palabras de vida […] Los pastores están llamados a escucharlos, aprender de ellos, guiarlos en su fe y motivarlos a ser artífices de la propia historia. Los diáconos, encargados del servicio de la caridad, tienen una responsabilidad particular en este ámbito”.

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Proposición 12: Inspiración y verdad de la Biblia

El Sínodo propone “que la Congregación para la Doctrina de la Fe clarifique los conceptos de inspiración y de verdad de la Biblia así como su relación recíproca, de manera que se haga entender mejor la enseñanza de Dei Verbum 11”. También mencionan la necesidad de resaltar la originalidad, en este aspecto, de la hermenéutica bíblica católica.

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Proposición 13: Palabra de Dios y Ley natural

El Sínodo, a la luz de la enseñanza de la Escritura, afirma que “es bueno reafirmar que la ley natural está escrita en lo profundo del corazón de cada persona y cada uno puede tener acceso a ella”. Luego prosigue: “nutriéndose de la Palabra de Dios, el conocimiento de la ley natural aumenta y permite el progreso de la conciencia moral. El Sínodo, por tanto, recomienda a todos los Pastores tener una particular solicitud para que los ministros de la Palabra sean sensibles al redescubrimiento de la ley natural y a su función en la formación de las conciencias”.

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Segunda parte: La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia


Proposición 14: Palabra de Dios y Liturgia

Los Padres Sinodales afirman que “la Liturgia constituye el lugar privilegiado en el que la Palabra de Dios se expresa plenamente” y que “el misterio de salvación narrado en la Sagrada Escritura encuentra en la Liturgia el propio lugar de anuncio, escucha y realización”. Por eso piden que:

- El libro de la Sagrada Escritura, incluso fuera de la acción litúrgica, tenga un puesto visible y de honor en el interior de la iglesia.


- Se anime al uso del silencio después de la primera y la segunda lecturas, y terminada la homilía.


- Se pueden prever también celebraciones de la Palabra de Dios centradas en las lecturas dominicales.


- Las lecturas de la Escritura sean proclamadas utilizando libros litúrgicos dignos que serán tratados con el más profundo respeto.


- Se valorice el Evangeliario con una procesión precedente a la proclamación, sobre todo en las solemnidades.


- Se ponga en evidencia el rol de los servidores de la proclamación: lectores y cantores.


- Sean formados adecuadamente los lectores y lectoras de modo que puedan proclamar la Palabra de Dios en forma clara y comprensible, al mismo tiempo que son invitados a estudiar y testimoniar con la vida aquello que leen.


- Se proclame la Palabra de Dios en forma clara, teniendo familiaridad con la dinámica de la comunicación.


- No sean olvidadas aquellas personas para las cuales es difícil la recepción de la Palabra de Dios, como aquellos que tienen dificultades visuales y auditivas.


- Se haga un uso competente de los instrumentos acústicos.


Finalmente se recuerda “la grave responsabilidad que tienen quienes presiden la Santa Eucaristía para que nunca sean sustituidos los textos de la Sagrada Escritura con otros textos”.

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Proposición 15: Actualización homilética y “Directorio sobre la homilía”

Luego de explicar el valor de la homilía, el Sínodo afirma que “debería haber homilía en todas las Misas cum populo, incluso durante la semana. Es necesario que los predicadores (obispos, sacerdotes, diáconos) se preparen en la oración para predicar con convicción y pasión”. Además, “la homilía debe estar nutrida de doctrina y transmitir la enseñanza de la Iglesia para fortificar la fe, llamar a la conversión en el marco de la celebración y preparar a la realización del misterio pascual eucarístico”. Por último, en continuidad con Sacramentum Caritatis, los Padres Sinodales desean “un Directorio sobre la homilía que debería exponer, junto a los principios de la homilética y del arte de la comunicación, el contenido de los temas bíblicos que se presentan en los leccionarios en uso”.

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Proposición 16: Leccionario

Se recomienda “un examen del Leccionario romano para ver si la actual selección y ordenación de las lecturas es verdaderamente adecuada a la misión de la Iglesia en este momento histórico. En particular, el vínculo de la lectura del Antiguo Testamento con la perícopa evangélica debería ser reconsiderado de modo que no implique una lectura demasiado restrictiva del Antiguo Testamento o la exclusión de algunos pasajes importantes”. Por otro lado, se desea que se examine el problema del Leccionario en las liturgias orientales católicas.

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Proposición 17: Ministerio de la Palabra y mujeres

Luego de reconocer y animar “el servicio de los laicos en la transmisión de fe”y especialmente de las mujeres, quienes tienen “un rol indispensable sobre todo en la familia y en la catequesis”, los Padres Sinodales manifiestan el deseo de que “el ministerio del lectorado se abra también a las mujeres de modo que, en la comunidad cristiana, sea reconocido su rol de anunciadoras de la Palabra”.

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Proposición 18: Celebraciones de la Palabra de Dios

Los Padres Sinodales afirman que “la celebración de la Palabra es uno de los lugares privilegiados de encuentro con el Señor” y recomiendan que se formulen rituales para estas celebraciones, “basándose en la experiencia de las Iglesias en las cuales los catequistas formados conducen habitualmente las asambleas dominicales en torno a la Palabra de Dios. Su objetivo será evitar que estas celebraciones sean confundidas con la Liturgia Eucarística”. Finalmente, también piden que “las peregrinaciones, las fiestas, las diversas formas de piedad popular, las misiones, los retiros espirituales y días especiales de penitencia, reparación y perdón, sean una oportunidad concreta ofrecida a los fieles para celebrar la Palabra de Dios e incrementar su conocimiento”.

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Proposición 19: Liturgia de las Horas

El Sínodo considera que “La Liturgia de las Horas es una forma privilegiada de escucha de la Palabra de Dios porque pone a los fieles en contacto con la Sagrada Escritura y con la Tradición viva de la Iglesia”. Por eso, se manifiesta el deseo de que los fieles participen en su celebración, sobre todo en Laudes y Vísperas, para lo cual “sería útil elaborar una forma simple”.

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Proposición 20: Palabra de Dios, matrimonio y familia

El Sínodo recuerda que la Palabra de Dios está en el origen del Matrimonio y que los esposos son, para sus hijos, los primeros anunciadores de la Palabra de Dios. Por eso, “es necesario sostenerlos y ayudarlos a desarrollar la oración en familia, la celebración doméstica de la Palabra, la lectura de la Biblia u otras formas de oración” y recordarles que “la Palabra de Dios es un precioso apoyo también en las dificultades de la vida conyugal y familiar”.

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Proposición 21: Palabra de Dios y comunidades pequeñas

“El Sínodo recomienda la formación de pequeñas comunidades eclesiales donde sea escuchada, estudiada y orada la Palabra de Dios, también en la forma del Rosario como meditación bíblica”. En este contexto, los Padres Sinodales recuerdan que este tipo de comunidades ya existe en muchos países y que suelen estar formados por familias, o radicados en las parroquias, o ligados a los nuevos movimientos eclesiales. Refiriéndose a aquellos lugares donde sólo raramente puede ser celebrada la Eucaristía, afirman que “el servicio de los laicos que guían estas comunidades debe ser estimado y promovido porque ellos prestan un servicio misionero, al cual están llamados todos los bautizados”.

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Proposición 22: Palabra de Dios y lectura orante

“El Sínodo propone que se exhorte a todos los fieles, incluidos los jóvenes, a acercarse a las Escrituras por medio de una lectura orante y asidua (cfr. DV 25), de modo que el diálogo con Dios se convierta en una realidad cotidiana del pueblo de Dios”. Por eso, los Padres Sinodales consideran importante:


- que la lectura orante se una con el ejemplo de María y de los Santos en la historia de la Iglesia;


- que se recurra a los maestros en la materia;


- que se asegure que los Pastores, sacerdotes y diáconos, y muy especialmente los futuros sacerdotes, tengan una formación adecuada para poder, a su vez, formar en este aspecto al pueblo de Dios;


- que los fieles sean iniciados en el método más apropiado de lectura orante, personal y/o comunitaria;


- que sea animada la práctica de la lectura orante realizada con los textos litúrgicos que la Iglesia propone para la celebración eucarística dominical y diaria;


- que se vigile para que la lectura orante de las Escrituras, especialmente la comunitaria, desemboque en un compromiso de caridad (cfr. Lc. 4, 18-19).

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Proposición 23: Catequesis y Sagrada Escritura

La proposición comienza afirmando que “la catequesis debe tener sus raíces preferiblemente en la revelación cristiana”, proponiendo como modelo la pedagogía de Jesús en el camino de Emaús. Los Padres Sinodales sostienen también que “el catecumenado pre-bautismal debe ser seguido de una mistagogia post-bautismal, una formación continuada en la cual la Sagrada Escritura y el Catecismo de Iglesia Católica deben ocupar el puesto central”.

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Proposición 24: Palabra de Dios y vida consagrada

Teniendo en cuenta que “la vida consagrada nace de la escucha de la Palabra de Dios y acoge el Evangelio como su norma de vida”, el Sínodo “agradece a las personas consagradas por su testimonio del Evangelio y por su disponibilidad para proclamarlo en las fronteras geográficas y culturales de la misión a través de sus diversos servicios carismáticos y, al mismo tiempo, los exhorta a cuidar de los espacios personales y comunitarios de escucha de la Palabra de Dios y a promover escuelas de oración bíblica abiertas a los laicos, sobre todo a los jóvenes”. Por último, se recuerda que “en la vida contemplativa, la Palabra es escuchada, orada y celebrada. Por lo tanto, se debe vigilar que estas comunidades reciban la formación bíblica y teológica adecuada a su vida y misión”.

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Proposición 25: Necesidad de dos niveles en la investigación exegética

En esta proposición, que retoma los puntos fundamentales de la intervención de Benedicto XVI en la asamblea, se afirma que “la hermenéutica bíblica no puede ser considerara completa si –junto al estudio histórico de los textos– no investiga también, de un modo adecuado, su dimensión teológica… «Sólo donde son observados los dos niveles metodológicos, el histórico-crítico y el teológico, se puede hablar de una exégesis teológica, una exégesis adecuada a este Libro»”.

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Proposición 26: Ampliar las perspectivas del estudio exegético actual

Los Padres Sinodales afirman que “mientras la actual exégesis académica, también católica, trabaja en un altísimo nivel en lo que respecta a la metodología histórico–crítica… no se podría decir lo mismo acerca del estudio de la dimensión teológica de los textos bíblicos. Lamentablemente, el nivel teológico indicado por los tres elementos de DV 12 muy a menudo se manifiesta casi ausente”. Por lo que “piden a todos un mayor esfuerzo para que se alcance con más fuerza y claridad el nivel teológico de la interpretación bíblica”, tratando de aplicar con mayor cuidado los principios indicados por la misma Dei Verbum.

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Proposición 27: Superar el dualismo entre exégesis y teología

El Sínodo afirma con Benedicto XVI que, para la vida y la misión de la Iglesia y para el futuro de la fe, “es necesario superar el dualismo entre exégesis y teología”. Luego, reconoce que “una consecuencia preocupante es la falta de certeza y la poca solidez en el camino formativo intelectual también de algunos futuros candidatos al ministerio eclesiástico. La teología bíblica y la teología sistemática son dos dimensiones de aquella realidad única que llamamos teología”. Los Padres dirigen un llamado a los teólogos y exégetas a fin de que no reduzcan el estudio de las Escrituras a la mera relevación de la dimensión historiográfica de los textos inspirados. Concluyen citando una vez más la intervención del Papa: “Cuando la exégesis no es teología, la Escritura no puede ser el alma de la teología y, al revés, cuando la teología no es esencialmente interpretación de la Escritura en la Iglesia, esta teología ya no tiene fundamento”.

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Proposición 28: Diálogo entre exégetas, teólogos y pastores

En esta proposición, “se pide a las Conferencias Episcopales favorecer con regularidad encuentros entre los pastores, los teólogos y los exégetas con el fin de promover una mayor comunión en el servicio a la Palabra de Dios”, compartiendo siempre mejor los frutos de su ciencia para el crecimiento de la fe y la edificación del Pueblo de Dios.

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Traducción y elaboración: La Buhardilla de Jerónimo

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Juan XXIII: 50 años de su elección

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“Mi venerado predecesor Juan XXIII, que ha dejado una huella en la historia, recuerda también a los hombres del tercer milenio que el secreto de la paz y de la alegría está en la comunión profunda y constante con Dios. El Corazón del Redentor es el manantial del amor y de la paz, de la esperanza y de la alegría. Nuestro recuerdo del querido Papa Juan se transforma de este modo en una oración: que él interceda desde el Paraíso para que también nosotros, como él, podamos confesar al final de nuestra existencia, que sólo hemos buscado a Cristo y su Evangelio”.

Juan Pablo II, Audiencia General del 4 de junio de 2003.

 

 

domingo, 26 de octubre de 2008

La Comisión Cardenalicia de 1986

o bien, “Juan Pablo II y Summorum Pontificum”

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En diversas ocasiones se ha hablado de la Comisión Cardenalicia que el Siervo de Dios Papa Juan Pablo II instituyó en 1986 para estudiar la compleja cuestión litúrgica y, en particular, la vigencia del Misal de Juan XXIII y el derecho de cualquier sacerdote a celebrarlo. Si bien nunca hubo textos oficiales al respecto, se sabía que los miembros llegaron a considerar que no existían razones teológicas y jurídicas para sostener que el Misal precedente había sido abrogado y que se podía prohibir su uso. Ahora, y gracias a la referencia de Una Voce Málaga, hemos visto una reciente respuesta del Cardenal Castrillón en la cual habla ampliamente, entre otros interesantes temas, de la mencionada Comisión, de la cual formaba parte también el actual Sumo Pontífice. En el texto se percibe, además,  la continuidad entre Benedicto XVI y Juan Pablo II, también en lo referente al Rito Gregoriano.  A continuación, ofrecemos nuestra traducción al español.

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Respuestas del Cardenal Presidente de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei” a ciertas preguntas


Desde el momento en que llegaron a la Pontificia Comisión Ecclesia Dei frecuentes preguntas sobre las razones del Motu Proprio Summorum Pontificum, algunas de las cuales se fundan en las prescripciones del documento Quattuor abhinc annos enviado el 3 de octubre de 1984 a las Conferencias Episcopales, el Presidente de la misma Comisión, el Eminentísimo Cardenal Darío Castrillón Hoyos, ha considerado oportuno dar las siguientes respuestas:

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Pregunta: ¿Es lícito referirse a la Carta Quattuor abhinc annos para regular las cuestiones relacionadas con la celebración de la Forma extraordinaria del Rito Romano, es decir, según el Misal Romano de 1962?


Respuesta: Evidentemente no. Ya que, con la publicación del Motu Proprio Summorum Pontificum, decaen las prescripciones para el uso del Misal de 1962, precedentemente emanadas por la Quattuor abhinc annos y sucesivamente por el Motu Proprio Ecclesia Dei Adflicta del Siervo de Dios Juan Pablo II.


De hecho, el mismo Summorum Pontificum, desde el artículo 1 afirma explícitamente que “las condiciones para el uso de este Misal establecidas en los documentos anteriores Quattuor abhinc annos y Ecclesia Dei, serán sustituidas”. El Motu Proprio enumera las nuevas condiciones.


Por lo tanto, no se podrá referir más a las restricciones establecidas por aquellos dos documentos para la celebración según el Misal de 1962.

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Pregunta: ¿Cuáles son las diferencias esenciales entre el último Motu Proprio y los dos precedentes documentos referentes a esta materia?


Respuesta: La primera diferencia esencial es ciertamente que ahora es lícito celebrar la Santa Misa según el Rito extraordinario, sin necesidad de un permiso especial llamado “indulto”. El Santo Padre Benedicto XVI ha establecido, de una vez por todas, que el Rito Romano consta de dos Formas, a las cuales ha querido dar el nombre de “Forma Ordinaria” (la celebración del Novus Ordo, según el Misal de Pablo VI de 1970) y “Forma Extraordinaria” (la celebración del Rito gregoriano, según el Misal del Beato Juan XIII de 1962) y ha confirmado que este Misal de 1962 no ha sido nunca abrogado. Otra diferencia es que en las Misas celebradas sin pueblo, todo sacerdote católico de rito latino, secular o religioso, puede usar uno u otro Misal (art. 2). Además, en las Misas sin pueblo o con pueblo, corresponde al párroco o al rector de la iglesia donde se quiere celebrar, dar el permiso a todos aquellos sacerdotes que presenten el “celebret” dado por el proprio Ordinario. Si estos negasen el permiso, el Obispo debe, según la norma del Motu Proprio, asegurar que el permiso sea concedido (cfr. art. 7).


Es importante saber que una Comisión Cardenalicia “ad hoc”, desde el 12 de diciembre de 1986, formada por los Eminentísimos Cardenales Paul Augustin Mayer, prefecto de la Congregación para el Culto Divino, Agostino Casaroli, Bernardin Gantin, Joseph Ratzinger, William Baum, Edouard Gagnon, Alfons Stickler, Antonio Innocenti, había sido creada “por voluntad del Santo Padre, con el fin de examinar los posibles procedimientos a realizar para remediar la constatada ineficacia del Indulto Pontificio Quattuor abhinc annos (sobre la restauración de la llamada “Santa Misa Tridentina” en la Iglesia Latina con el Misal Romano de la Edición típica de 1962), emanado por la Congregación para el Culto Divino con Prot. N. 686/84 del 3 de octubre de 1984”. Con este fin, ya entonces, esta Comisión había propuesto al Santo Padre Juan Pablo II algunos elementos esenciales que han sido retomados en el Motu Proprio Summorum Pontificum.


Me permito hacer una síntesis del acta que presenta las intervenciones de los Eminentísimos Cardenales para entender cómo los documentos posteriores reflejan sustancialmente la visión que una Comisión cardenalicia tan importante ha tenido poco tiempo después del Quattuor abhinc annos. En resumen, se ha afirmado que:


- “el interés, deseo y atención del Santo Padre (Juan Pablo II) era la promoción de la concordia interna en la Iglesia y la edificación, por ella, de los hermanos”;


- “esto era realizado por medio de la primaria recomposición de la comunión en la práctica de la “lex orandi”, con la correcta realización de la reforma litúrgica, también en el debido respeto de las legítimas exigencias de grupos minoritarios pero frecuentemente diversos, no sólo por la plena ortodoxia teórica sino también por una auténtica ejemplaridad de práctica de vida cristiana intensamente vivida y de sincera y devota adhesión a la Sede Apostólica”;


- “por lo tanto, tenía que ser deber de conciencia por parte de todos (Obispos, sacerdotes y fieles) eliminar los arbitrios escandalosos que una “creatividad” mal entendida ha producido, dando lugar a las consideradas “Misas selvagge” y otras desacralizaciones que han herido a muchos de estos fieles alejándolos de la facilidad de aceptación de la reforma litúrgica y de los nuevos Libros Rituales, incluido el Misal, que por desgracia han sido presentados erróneamente, y precisamente por esa no edificante desacralización, casi como causa de ella.


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En la misma Comisión se proponía que:


- “fuera confirmado, por parte del Dicasterio competente, que el Papa quería la pacificación interna entre todos los fieles de las Iglesias locales mediante la aplicación concreta de la concesión por él realizada con el indulto”;


- “fuera ejecutada, por parte de los Obispos, la voluntad del Sumo Pontífice poniéndose espiritualmente en sintonía con Sus intenciones”;


- “fuera dada una respuesta adecuada, por parte de los Obispos, a aquellos que quisieran desalentar la aplicación del indulto, presentándolo como motivo de división en lugar de recomposición. La respuesta no debía ser polémica sino pastoral explicando, con delicadeza y paciencia, la letra y el espíritu del indulto”.


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Además, se afirmaba con autoridad que:


- “el verdadero problema en cuestión no parecía ser tanto el conflicto artificial que el indulto intentaba resolver sino más bien aquel que había sido la verdadera causa, es decir, el conflicto entre la correcta aplicación de la reforma litúrgica y el tolerado exceso de abusos producido por la fantasía descontrolada. Por lo tanto, más allá del indulto, era necesaria una intervención de un nivel mucho más general por parte de la Santa Sede para eliminar el exceso de abusos, deformador de la reforma litúrgica conciliar”;


- “así como se presentaba, el indulto daba, por un lado, la impresión de que la Misa en latín llamada Tridentina fuera una realidad inferior y de segundo orden que era restaurada sólo por tolerante conmiseración para quienes la pedían; por otro lado, daba la impresión, por todas las difíciles condiciones que contenía, de que la misma Santa Sede la consideraba así y que no la habría concedido si no se hubiese visto obligada a hacerlo”;


- “era necesario reafirmar y aclarar a los Obispos la verdadera voluntad del Santo Padre que no consistía negativamente en una concesión de tolerancia, sino más bien, positivamente, en una verdadera y precisa iniciativa pastoral tomada no para calmar las reacciones a los abusos sino para recomponer la disensión en la reconciliación”;


- “era necesario quitar todas las condiciones contenidas en el indulto para quitar la impresión tenida por los Obispos de que la Santa Sede no lo quería, y la impresión por parte de los fieles de que estarían pidiendo algo apenas tolerado por la Santa sede”.

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En las intervenciones de los Cardenales se veía que:


- “se era favorable a la concesión del indulto a todos los fieles y sacerdotes que querían servirse «in aedificationem» y sin instrumentalización anticonciliar”;


- “era necesario hacer entender: a los Obispos que el indulto correspondía a una voluntad del Papa que debía ser observada, y a los fieles que debían pedir con respeto la realización de la voluntad del Papa para que los Obispos, frente a los respetuosos pedidos, no tuviesen más motivo para negarse”;


-“sería necesario preguntarse si, para favorecer la reconciliación, era realmente necesario pedir el consenso del Obispo para celebrar la Santa Misa en latín”;


- “como actitud general habría que aliviar la rigurosidad de las condiciones limitativas del indulto mismo y eliminar aquellas agregadas por los Obispos”;


- “en lo que refería a la reserva a los grupos, ya que el indulto fue concebido para ellos, era necesario mantenerla pero iuxta modum: por un lado, no entendiendo por grupo a tres o cuatro personas y, por otro lado, no prohibiendo que a los grupos que tomaran la iniciativa pudieran agregarse otras personas en la práctica de la concesión obtenida”.

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En la misma Comisión, se hacía presente que:


- “no había dificultad en permitir las lecturas en lengua vernácula”;


- “en cuanto al uso facultativo del leccionario, había alguna reserva temiendo confusión a causa de la no perfecta correspondencia al calendario de los dos Misales. Al mismo tiempo, no se veía ninguna dificultad en permitir el uso de los Prefacios del nuevo Misal”.


- “habrían de ser quitadas las condiciones agregadas por los Obispos y también aquellas relativas a las iglesias no parroquiales y a los grupos contenidos en el indulto”.


- “considerando que el latín, como expresión de unidad, no puede y no debe desaparecer de la Iglesia, y deseando los Obispos más bien ser “ayudados” en lugar de demasiado “respetados” en sus prerrogativas, era necesario ir a su encuentro reduciendo la compleja casuística condicionante del indulto a criterios de mayor simplicidad; se podía así también eliminar la impresión de que, con aquellas condiciones, la Santa Sede quisiera dar a entender que había concedido el indulto sólo “obtorto collo”. Además, al hacer esto, se podía poner en evidencia la coherencia evolutiva de las disposiciones pontificias correctivas, remediando contraposiciones contradictorias.


- Citando el número 23 de la Sacrosanctum Concilium, “a propósito de los criterios que debían ser observados en la conciliación entre tradición y progreso en la reforma litúrgica, y el número 26 del mismo documento conciliar, a propósito de las normas que debían presidir tal reforma, como derivadas de la naturaleza jerárquica y comunitaria de la liturgia, se proponía insistir en el eventual documento de revisión del indulto: en la objetividad y no arbitrariedad de la aplicación de la reforma litúrgica; del mismo modo, hacer entender cómo el uso de la lengua latina en una u otra edición del Misal Romano debía ser considerado en el ámbito de esta lógica; de conceder, al menos en las grandes ciudades, que en los días festivos se pueda celebrar en cada iglesia una Santa Misa en latín con libre elección de una u otra edición típica (1962 o 1970) del Misal Romano”.


- “se ha propuesto, también, ampliar la concesión del indulto a los Ordinarios, a los Superiores religiosos Generales o Provinciales, y otros”.


- “acerca de la necesidad del consentimiento del Obispo para la celebración de la Santa Misa en latín, ha sido recordado que Pablo VI dijo que, de por sí, el sacerdote en privado debería celebrar en latín ya que la concesión hecha para el uso de las lenguas vernáculas es sólo de orden pastoral, para permitir a los fieles comprender los contenidos del rito y, de ese modo, participar mejor”.


- “se ha confirmado la necesidad de dejar libre la opción del uso de uno u otro Misal para celebración de la Santa Misa en latín”.


- “acerca del tipo de intervención, se optaría por un nuevo documento pontificio (Papal) en el que, observando la actual situación real de la reforma litúrgica, se estableciera claramente la mencionada libertad de elección entre los dos Misales en latín, presentando el uno como desarrollo y no como contraposición del otro, y eliminando la impresión de que cada Misal sería el producto temporal de una época histórica”.


- “refiriéndose a las precedentes atenciones expresadas, se ha reafirmado la necesidad de asegurar la evidencia de la lógica linealidad evolutiva de los documentos de la Iglesia y de la libre opción entre los dos Misales para la celebración de la Santa Misa, y se ha propuesto poner en evidencia que éstos no pueden ser considerados sino el uno como desarrollo del otro ya que las normas litúrgicas, no siendo propiamente “leyes”, no pueden ser abrogadas sino subrogadas: las precedentes en las sucesivas”. De todo esto se ha informado al Santo Padre.

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Fuente: Pontificia Comisión Ecclesia Dei


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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sábado, 25 de octubre de 2008

Algunos preguntan qué es el amor: pues aquí va una muestra

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Si hay que decidir entre mi vida y la del niño, no dudéis: elegid -lo exijo- la suya

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Santa Gianna Beretta Molla (1922-1962)

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Gianna Beretta Molla fue una madre de la diócesis de Milán que, para dar la vida a su hija, sacrificó la suya con meditada inmolación. Gianna era médico, casada y con tres hijos. Estaba esperando otro.

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Pero su alegría se mezcló pronto con las más graves preocupaciones. Junto al útero iba creciendo un grueso fibroma y se hacía necesaria y urgente una intervención quirúrgica. Gianna comprendió de inmediato lo que le salía al encuentro.

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La ciencia de entonces ofrecía dos soluciones consideradas seguras para la vida de la madre: una laparatomía total, con extirpación tanto del fibroma como del útero, o la extirpación del fibroma, con la interrupción del embarazo.

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Una tercera solución consistía en extirpar sólo el fibroma, sin tocar al niño, pero ponía en peligro grave la vida de la madre.

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Antes de ir al hospital, Gianna fue a hablar con el sacerdote con el que se confesaba habitualmente, quien la exhortó a esperar y tener valor. «Sí, don Luigi –le respondió Gianna-, he rezado mucho durante estos días. Me he confiado con fe y esperanza al Señor, incluso contra las terribles palabras de la ciencia médica, que me decían: o la vida de la madre o la vida de su criatura. Confío en Dios, sí, pero ahora me corresponde a mí cumplir con el deber de madre. Renuevo al Señor la ofrenda de mi vida. Estoy dispuesta a todo, con tal de salvar la vida de mi criatura».

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Ella misma relató su primer encuentro con el cirujano: “El doctor me dijo antes de la operación: «Qué hacemos? ¿La salvamos a usted o salvamos al niño?». Enseguida le contesté: «No se preocupe por mí». Y después de la operación, me dijo: «Hemos salvado al niño»”.

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Ella da gracias al Señor y pasa los siete meses antes del parto con incomparable fuerza de ánimo y con plena dedicación a sus deberes de madre y de médico. Se estremece al pensar que la criatura pueda nacer enferma, y pide al Señor que no suceda tal cosa.

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Algunos días antes del parto, confiando siempre en la Providencia, está dispuesta a dar su vida para salvar la de la criatura: «Si hay que decidir entre mi vida y la del niño, no dudéis; elegid -lo exijo- la suya. Salvadlo».

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La mañana del 21 de abril de 1962 dio a luz a Gianna Emanuela. El día 28 de abril, también por la mañana, entre indecibles dolores y repitiendo la jaculatoria «Jesús, te amo; Jesús, te amo», muere santamente. Tenía 39 años.

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Fue beatificada por Juan Pablo II el 24 de abril de 1994, y canonizada por él mismo el 16 de mayo de 2004. De ella dijo el Papa: «A ejemplo de Cristo, que "habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo", esta santa madre de familia se mantuvo heroicamente fiel al compromiso asumido el día de su matrimonio. El sacrificio extremo que coronó su vida testimonia que sólo se realiza a sí mismo quien tiene la valentía de entregarse totalmente a Dios y a los hermanos.

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jueves, 23 de octubre de 2008

¿Se extiende la edad de renuncia de los obispos?

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Según han informado en estos días algunos medios de la prensa italiana, el Papa Benedicto XVI está por extender la edad de dimisión de los obispos. Actualmente, en conformidad con el canon 401 del Código de Derecho Canónico, los obispos diocesanos deben presentar la renuncia al gobierno pastoral de sus diócesis a la edad de 75 años.

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Con el nuevo decreto, que sería publicado en los próximos meses (e incluso quizás antes de fin de este año), el Pontífice fijaría la nueva edad para la renuncia en 78 años. Sin embargo, los obispos que se encargan de oficios administrativos en la Curia Romana estarían excluidos de esta nueva directiva.

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Según estos informes, el decreto ya está preparado y sólo queda por definir la fecha de su publicación. Es importante recordar que la cuestión de los obispos eméritos ha sido tratada por el Papa Benedicto XVI con el Colegio Cardenalicio en la primera reunión previa al consistorio celebrado en marzo de 2006.

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Sin lugar a duda, de confirmarse esta noticia, la aplicación de la nueva medida generará importantes cambios en los diversos análisis de la situación actual del episcopado mundial y en la previsión de muchas renuncias, cuya aceptación parecía inminente.

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Congreso de Liturgia en Asia: Declaración

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Cardenal Joseph Zen Ze-Kium, obispo de Hong Kong

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El pasado 16 de septiembre anunciábamos el inicio de un Congreso de Liturgia en Asia. Consignamos ahora los puntos que consideramos más sobresalientes de la Declaración conclusiva de dicho Congreso.

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Declaración de Colombo

20 de Septiembre de 2008

El culto en el contexto asiático


1. Uno de los objetivos más importantes fue recapturar el antiguo fervor religioso de Asia, y ponerlo al servicio de la renovación litúrgica tan ardorosamente deseada por el Concilio Vaticano II. Alegres, por un lado, por la fidelidad del “pequeño rebaño” de cristianos en este vasto continente tanto al Evangelio como a las formas de culto que se les han transmitido, los participantes expresaron también un profundo anhelo de una renovación del espíritu, basada en la siempre urgente necesidad de promover la vida litúrgica en la Iglesia, junto con el “genio” cultural de las comunidades que ellos representan.


2. El “sentido de lo sagrado” permanece en el corazón de los valores a los que todos los asiáticos están más adheridos. Se espera que un halo de santidad rodee a cada uno de los el elementos relacionados con el culto. En orden a vivir mejor el Evangelio, la comunidad cristiana toma fuerza y motivación de sus propias tradiciones más autorizadas de oración, que han adquirido la presente forma e identidad después de siglos de experiencia. Originadas en el mismo Señor Jesucristo, estas tradiciones constituyen la rica herencia de la Liturgia Católica. La Liturgia ha desarrollado una individualidad distintiva propia, y es orgánica en su naturaleza y venerable en su continuidad histórica a través de dos milenios. El Papa Benedicto XVI enfatiza esta continuidad y señala que la Iglesia es guardiana de esta gran herencia (cf. Sacramentum Caritatis, 3).


3. La visión del Santo Padre, y su profunda comprensión de la Sagrada Liturgia es evidente tanto en sus enseñanzas magisteriales como en el ejemplo que da cuando celebra los Divinos Misterios. Su teología cósmica del culto de la Iglesia entera, tiene resonancia en el contexto asiático, y su afirmación de una hermenéutica de la continuidad es bien recibida en las culturas que tienen un profundo sentido de la tradición viva y del desarrollo orgánico.


4. Los asiáticos están profundamente adheridos a sus respectivas culturas, y son orgullosos de la herencia de su civilización. Los delegados recordaron cómo en los primeros tiempos la Iglesia tocó con el poder del Evangelio los “genios” culturales de los germanos, los celtas, los eslavos, los sirios y los egipcios, por ejemplo, cómo los movió a una nueva vida en Cristo y les ofreció la Salvación, y cómo Ella misma fue enriquecida por la riqueza cultural de estos pueblos.


También es éste un momento histórico, en el que las grandes civilizaciones de Asia, con enormes potencialidades de cara al futuro, se encuentran con la Iglesia y con el Evangelio que Ella anuncia. Este encuentro los lleva paso a paso a tener un “vislumbre del Cielo en la tierra” en el culto divino.


5. La Iglesia considera que el uso efectivo de las culturas puede realzar y ayudar a enriquecer la Liturgia cristiana. La inculturación en materia de idiomas, gestos, posturas, arte y música es importante. Pero este proceso tiene que ser llevado a cabo y fortalecido, especialmente con un gran sentido de responsabilidad, nunca ignorando la naturaleza orgánica de las determinadas culturas, y la continuidad histórica de la Liturgia Católica. Buscando en la oración la guía del Espíritu Santo, se necesita tener presente una prudente sensibilidad hacia el sensus fidei del pueblo católico.


6. Cuando el celo pastoral se combina con la sensibilidad cultural y religiosa, se abre un nuevo terreno. Por el contrario, los cambios precipitados y no reflexionados, debilitan y dañan la significación religiosa y el poder trasformador de la vida que tiene el culto. Los valores asiáticos de la contemplación, el misticismo y el silencio, podrían hallar una más fuerte expresión en la Liturgia cristiana.

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Sugerencias prácticas

Formación litúrgica


- Todos los seminarios debieran tener personal preparado para enseñar y animar la Liturgia. La Liturgia debiera tener mayor importancia en la formación académica, no sólo en los seminarios, sino también en las casas de formación de religiosos y religiosas.


- Para fortalecer la formación litúrgica, y en consonancia con las enseñanzas del Magisterio, especialmente del Santo Padre Benedicto XVI sobre la hermenéutica de la continuidad, sería de ayuda que la Eucaristía fuera celebrada ocasionalmente en latín en las iglesias catedrales, en las parroquias más grandes, los seminarios, los santuarios y otros.


- La Comisión Nacional de Liturgia debiera organizar un programa de formación para las diócesis del país.


- Todos los sacerdotes debieran ser educados en la Intrucción General del Misal Romano revisada, para comeprender mejor el contenido y el espíritu de las normas litúrgicas. Debieran ser capacitados para cultivar el arte de celebrar (ars celebrandi). El entrenamiento adecuado y una sólida vida de oración, les ayudará a lograr una preparación interior para ser servidores de los Sagrados Misterios, y a descubrir la belleza interior y el misterio del Sacrificio de la Misa (cf. Sacramentum Caritatis, 32-34).


- Como el liturgista par excellence, el Obispo diocesano debiera ser un modelo para sus sacerdotes en el arte de celebrar.


- Los programas existentes de formación para los laicos debieran ser fortalecidos y mejorados en contenido y en método.

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Prácticas litúrgicas


- La música en la Sagrada Liturgia debiera ser verdaderamente litúrgica, es decir, alabanza amorosa de la Iglesia a Dios. Siendo que ésta promueve la participación activa, no debiera ser dejada a los caprichos o iniciativas subjetivas individuales. Sería apropiado promover la música tradicional local y también el canto gregoriano, y poner freno a los himnos que no representan el sentido más profundo de la doctrina y de lo sagrado.


- Mientras que, por una parte, las devociones populares son importantes, debiera hacerse todo el esfuerzo posible para armonizar estas prácticas con el año y las celebracioens litúrgicas, coservando la distinción entre la Liturgia y las devociones personales.


- La adoración eucarística, tan fuertemente alentada por el Papa Benedicto XVI (cf Sacramentum Caritatis, 66-69) debiera ser promovida. Los delegados se mostraron a favor de las capillas de adoración, con la debida aprobación episcopal, independientemente del edificio principal de la Iglesia donde es celebrada la Santa Eucaristía.

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Declaración Firmada por:


Cardenal Francis Arinze (Prefecto)

Arzobispo Malcolm Ranjith (Secretario)

Cardenal Joseph Zen Ze-kium, S.D.B. (Hong Kong)

Arzobispo Orlando Quevedo, O.M.I. (Cotabato)

Arzobispo Rómulo Valles (Zamboanga, Filipinas)

Arzobispo Thomas Menamparampil, S.D.B: (Guwahati, India).


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Fuente: The New Liturgical Movement


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo


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