sábado 31 de octubre de 2009

Clarificación de la Oficina de Prensa de la Santa Sede

Clarificación del director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el P. Federico Lombardi sobre las especulaciones acerca del asunto del celibato en la anunciada constitución apostólica sobre los ordinariatos personales para los anglicanos que ingresan en la comunión plena con la Iglesia Católica.


Ha habido una extendida especulación, basada en observaciones supuestamente informadas del corresponsal italiano Andrea Tornielli, respecto a que el retraso en la publicación de la Constitución Apostólica sobre los Ordinariatos Personales para la entrada de los anglicanos a la plena comunión con la Iglesia Católica, anunciada el 20 de octubre de 2009 por el cardenal William Joseph Levada, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se debe a algo más que a "razones técnicas". De acuerdo con esta especulación, existiría una cuestión sustancial en la raíz del retraso, dígase, un desacuerdo sobre si el celibato será la norma para los futuros clérigos de la Provisión.


El Cardenal Levada ofreció los siguientes comentarios acerca de esta especulación: “Si se me hubiera preguntado, con gusto habría clarificado cualquier duda sobre mis palabras en la conferencia de prensa. Tal especulación no tiene sustancia. Nadie en el Vaticano me ha mencionado tal cuestión. El retraso es puramente técnico, en el sentido de asegurar consistencia en el lenguaje canónico y las referencias. Las cuestiones de traducción son secundarias; la decisión de no retrasar la publicación para esperar que sea publicado el texto ‘oficial’ en latín en las Acta Apostolicae Sedis fue tomada hace un tiempo”.


Los borradores preparados por el grupo de trabajo y presentados para el estudio y la aprobación a través del proceso acostumbrado seguido por la Congregación, han incluido todos ellos la siguiente afirmación, que actualmente está en el artículo VI de la Constitución:


§1 Aquellos que ejercieron el ministerio como diáconos, presbíteros u obispos, y que cumplen con los requisitos establecidos por el derecho canónico y no están impedidos por irregularidades u otros impedimentos, pueden ser aceptados por el Ordinario como candidatos para las Sagradas Órdenes en la Iglesia Católica. En el caso de los ministros casados, se han de observar las normas establecidas en la Carta Encíclica del Papa Pablo VI “Sacerdotalis Coelibatus”, n. 42, y en la Declaración “In June”. Los ministros no casados deben atenerse a la norma del celibato clerical del CIC can. 277 §1.


§2 El Ordinario, en plena observancia de la disciplina del celibato clerical en la Iglesia latina, por regla general (pro regula) admitirá sólo a hombres célibes al orden del presbiterado. Puede también pedir al Romano Pontífice, como una derogación del can 277, §1 la admisión de hombres casados a la orden del presbiterado, caso por caso, según los criterios objetivos aprobados por la Santa Sede.


Este artículo se ha de entender como consistente con la actual práctica de la Iglesia, según la cual ex ministros anglicanos casados pueden ser admitidos al ministerio sacerdotal en la Iglesia Católica sobre una base de caso por caso.


En cuanto a los futuros seminaristas, fue considerado como puramente especulativo si habría algunos casos en los que podría pedirse una dispensa de la regla del celibato. Por esta razón, se han de desarrollar criterios objetivos juntamente entre el ordinariato personal y la Conferencia Episcopal – presentados para la aprobación de la Santa Sede – acerca de tales posibilidades (por ejemplo, seminaristas casados que ya están en formación)


El Cardenal Levada dijo que anticipa que el trabajo técnico sobre la Constitución y las Normas estará completado para fin de la primera semana de noviembre.


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Fuente: Boletín de la Santa Sede

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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viernes 30 de octubre de 2009

El Himno Akathistos a la Madre de Dios

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Quien haya tenido la oportunidad de oír el canto del Akathistos a la Madre de Dios, de elevar su mente y corazón a la Virgen a través de este antiquísimo himno, se preguntará quizás por qué no se canta en las iglesias, por qué no es enseñado a los fieles o, al menos, a los coros parroquiales. Sin duda habrá parroquias donde se cante, pero son las menos.


Nos pareció bien colocar en La Buhardilla un artículo a través del cual pudiésemos darlo a conocer y poner también a disposición de los lectores algún material que fuera útil para su aprendizaje en forma personal, y para llevarlo a sus respectivas parroquias si lo considerasen apropiado. Se trata de cuatro videos con el canto de algunas estrofas, un documento con el texto completo del himno, y un archivo con imágenes de partituras.


Ojalá este humilde aporte pueda servir para que en algún otro lugar se entone tan valioso himno para gloria y honor de la Santísima Virgen María.


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Reseña del Himno

El Akathistos a la Madre de Dios (la palabra griega Akathistos significa literalmente “estando no sentado” o “estando de pie”), es llamado así porque se debía cantar o rezar en esa posición en acto de veneración a la Santísima Virgen María. Otros creen que el nombre se deriva del hecho de que cuando fue cantado por primera vez , lo hicieron los sacerdotes y el pueblo estando de pie toda la noche. Es el himno mariano más famoso del Oriente cristiano y quizás de la Iglesia entera.


Pertenece al grupo de cantos “abecedarios” porque las letras iniciales de cada estrofa corresponden a las letras del alfabeto griego . La estructura métrica del texto es de una perfección suma, difícil de verter desde su lengua original a otros idiomas. El Akathistos fue traducido y se canta en todas las lenguas del rito bizantino, tanto de la Iglesia Católica como de la Ortodoxa. En el año 800 fue traducido al Latín por Cristóbal, obispo de Venecia, ejerciendo así una notable influencia en la himnografía medieval. La liturgia bizantina recita seis estrofas en los cuatro primeros viernes de cuaresma y en la oración de completas, y todo entero el viernes quinto por la tarde, o por la mañana del quinto sábado de cuaresma (llamado por eso sábado de akathistos). En caso de calamidad pública se canta a petición de los fieles. Cuando se recita entero se le divide en cuatro partes o estaciones, entre las cuales se pueden intercalar algunos salmos o cánticos, que se cantan estando sentados.


Está compuesto de 24 estrofas, de las cuales algunas se proclaman y otras se cantan. Es muy rico en figuras e imágenes poéticas, que desarrollan temas relacionados con el relato lucano de la anunciación y los episodios mateanos de los magos y la huida a Egipto. El himno se divide en dos partes: la primera es evangélica o histórica, y la segunda de carácter dogmático. Las primeras 12 estrofas escenifican la narración evangélica en una serie de preciosos cuadros. Las 12 restantes exponen algunos de los más importantes artículos de la fe mariana de la Iglesia: perpetua virginidad, maternidad divina, mediación de gracia desde el Cielo.


En su estructura literaria uniforme, tras la primera y las demás estrofas impares, que son temáticas, sigue una letanía a la Virgen, que en la intención del autor quiere ser una representación más imaginativa y poética del tema tratado antes. Las estrofas pares concluyen con la aclamación Aleluya, que todos son capaces de cantar excepto Herodes (ver Estrofa 10).


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San Romano el Cantor

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Con respecto al autor, se puede decir que fue un poeta maravilloso, a la vez que un gran teólogo y contemplativo. El himno se ha atribuido a varios escritores, como Sergio de Constantinopla (610-638), San Germán de Constantinopla (+722 ) o San Juan Damasceno (siglo VIII) . Otros lo atribuyeron a San Romano el Cantor (+562) o a algún imitador suyo. Si la noticia de que se compuso y se cantó para celebrar la liberación de Constantinopla en el 626 del asedio de las tropas unidas de persas y de ávaros fuese cierta, quedarían excluidos todos los escritores alejados de esa fecha. Pero algunos se inclinan por la hipótesis de que el himno alude a otros asedios de Constantinopla, a los que ocurrieron bajo Constantino IV (677) o León III (718) por parte de los árabes. De ser así, debiera fecharse entre el 677 y el 718, lo cual no parece muy acertado. También están quienes han atribuido el himno a Georgios Pisides (comienzos del siglo VII), diácono, archivista y sacristán de Santa Sofía, cuyos poemas encuentran un eco tanto en el estilo como en el contenido del Akathistos. Finalmente, los estudios más recientes de especialistas contemporáneos afirman que es posterior a una homilía de Basilio de Seleucia (+469), de quien dependería verbalmente una de las estrofas del himno, y a su vez anterior a una composición de San Romano el Cantor sobre el patriarca José, inspirada en el Akathistos. Este estudio lo ubicaría entonces entre mediados del siglo V y mediados del siglo VI. Lo cual termina coincidiendo con la tradición, que remonta su origen hasta comienzos del siglo VI , fecha en que la Iglesia bizantina habría incluido el Akathistos en su liturgia, como la más alta expresión del culto a la Santísima Virgen María.


El himno Akathistos es común a todos los cristianos de rito bizantino, tanto católicos como ortodoxos. Se le atribuye un importante valor ecuménico, ya que contiene en forma orante todo cuanto la Iglesia de los primeros siglos ha creído sobre María, con el consenso universal, dado que las fuentes que lo inspiran son la Sagrada Escritura, la doctrina definida en los Concilios ecuménicos de Nicea (325), de Éfeso (431) y de Calcedonia (451), y la reflexión de los Padres orientales de los siglos IV y V.


En los últimos años este himno se ha difundido mucho, también en las comunidades de fieles de rito latino. Especialmente han contribuido a su conocimiento algunas solemnes celebraciones marianas que tuvieron lugar en Roma, con la asistencia del Papa Juan Pablo II y con amplia resonancia eclesial. Este himno antiquísimo, que constituye el fruto maduro de la más antigua tradición de la Iglesia indivisa en honor de María, es una llamada e invocación a la unidad de los cristianos bajo la guía de la Madre del Señor: Tanta riqueza de alabanzas, acumulada por las diversas manifestaciones de la gran tradición de la Iglesia, podría ayudarnos a que ésta vuelva a respirar plenamente con sus "dos pulmones", Oriente y Occidente.

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Para descargar:

Video 1

Video 2

Video 3

Video 4

Texto completo del himno

Partitura

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Videos para el aprendizaje del himno Akathistos

El siguiente video contiene la parte cantada de la primera estrofa:


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El siguiente video contiene la parte cantada de la tercera estrofa:



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El siguiente video contiene la parte cantada de la quinta estrofa:


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jueves 29 de octubre de 2009

Crisóstomos II: "Hemos entrado en una nueva fase"

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Benedicto XVI y Crisóstomos II

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En junio del año 2007, el Papa Benedicto XVI recibía en audiencia a Su Beatitud Crisóstomos II, Arzobispo ortodoxo de Chipre, el mismo que hospedó recientemente el encuentro de la Comisión mixta para el diálogo teológico entre católicos y ortodoxos. En ese memorable encuentro, el Arzobispo se refirió al Trono Apostólico de Roma como aquel “hacia el cual mira toda la Ecumene cristiana con grandes expectativas, esperando que el que lo preside, el teólogo sabio, el incansable pastor y el dinámico líder eclesiástico, realice gestos de diálogo, pacificación, acercamiento y amor”. En esa ocasión, Crisóstomos II invitó al Santo Padre a visitar Chipre, invitación que ha sido aceptada y se realizará en el mes de junio del próximo año siendo el primer viaje de un Papa a esa República. Ofrecemos ahora una entrevista que el Arzobispo ha concedido luego de la conclusión del encuentro de la Comisión mixta teológica.

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Beatitud, ¿cómo juzga el estado actual de las relaciones entre católicos y ortodoxos?


Por mil años hemos estado enfrentados, en una actitud hostil. Luego se ha dado el histórico encuentro entre Atenágoras y Pablo VI en 1964, en Jerusalén, iniciando el diálogo de la caridad. Pero actualmente hemos entrado en una nueva fase, la del diálogo teológico, una tarea difícil pero apasionante.

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¿Hay una agenda para llegar a la unidad entre las Iglesias?


Cuando iniciamos el diálogo teológico, éramos muy conscientes de que estábamos por entrar, no en un amplio y sencillo camino, sino en un sendero estrecho, con el terreno desigual y con subidas inaccesibles. Cada paso es realizado con gran circunspección. Pero yo tengo confianza: tal vez se necesitarán decenios y no sólo años, pero un día volveremos a estar unidos.

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¿Cómo entiende su rol personal y el de la Iglesia de Chipre en el proceso de diálogo ecuménico?


Aún siendo pequeña desde el punto de vista numérico, la Iglesia de Chipre es una realidad en orden que funciona muy bien. Nosotros somos la primera Iglesia nacida en Europa y esto tiene aún hoy un gran significado. Todos nos reconocen esta herencia que queremos transformar en contribución activa en el interior de la familia ortodoxa, no para adquirir poder sino en espíritu de servicio evangélico. Por eso, hemos hospedado aquí, entre nosotros, varios encuentros ecuménicos, como por ejemplo la última asamblea de la Comisión mixta teológica entre ortodoxos y católicos. Y con este espíritu hemos invitado a Chipre a Benedicto XVI, quien ha aceptado y realizará su visita en junio próximo.

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Usted se ha encontrado con Benedicto XVI. ¿Cómo considera su figura?


Benedicto XVI es un profundo conocedor de la teología, no sólo de la tradición occidental sino también de la oriental. Es un gran pensador y esto es muy importante no sólo para los católicos sino también para los ortodoxos. Sus juicios sobre el mundo contemporáneo nos encuentran en total sintonía.

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¿Cómo se desarrollará la visita del Papa a Chipre?


No hay todavía un programa detallado. Sabemos que el Papa vendrá en junio, tendrá una importante celebración litúrgica en Nicosia, e irá a Pafos, a los lugares paulinos. Y existe la posibilidad de que vaya también a la zona norte de Chipre, ocupada por los turcos, en visita a algunos pueblos habitados mayoritariamente por católicos.

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Dígame, ¿se trata de un deseo del Papa o hay ya un principio de acuerdo?


Esto no lo sé. Sólo puedo decir que existe esta posibilidad. Veremos cómo responderán las autoridades turcas.

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Usted se ha comprometido personalmente para favorecer el reacercamiento entre el Vaticano y el Patriarcado de Moscú. ¿Con qué resultado?


Había manifestado mi disponibilidad a hacer de mediador en vistas de un posible encuentro entre el Papa y el Patriarca de Moscú. Naturalmente habría asumido este rol sólo si hubiera sido aceptado por ambas partes. Pero cuando fui a Moscú en el 2008, entendí que una intervención mía no habría sido aceptada.

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¿Piensa que con Kirill, el nuevo patriarca ruso, las cosas han cambiado?


Kirill está afrontando con decisión muchos problemas internos y externos a la Iglesia de Rusia. Y estoy convencido de que los obstáculos que aún se interponen para un encuentro entre el Obispo de Roma y el Patriarca de Moscú serán superados pronto.

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Fuente: Papa Ratzinger Blog


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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miércoles 28 de octubre de 2009

“Cuando vuelva a África, les hablaré del Papa”

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“Es Dios quien obra. Nuestra capacidad, por sí sola, no salva nada”. Lo dice Rose Busingye, fundadora del Meeting Point International de Kampala, Uganda.


El centro hospeda a mujeres seropositivas, “mis mujeres”, dice siempre Rose hablando de ellas. Personas que han encontrado en la fe cristiana una nueva esperanza de vida, la única respuesta creíble a la desesperación del abandono. Es a “sus” mujeres hacia donde va siempre Rose con el pensamiento cuando debe hablar de la fe, de la Iglesia, de la esperanza que Cristo representa hoy para el mundo y para África.


Se ha concluido, el domingo, el Sínodo de los obispos africanos. También Rose ha participado, junto a muchos otros invitados. Ilsussidiario.net la ha entrevistado en la vigilia de su retorno a Uganda.

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¿Qué ha significado para usted este encuentro, a la luz de la experiencia de la Iglesia que vive en África?


Entender que es Dios quien obra. Nuestra capacidad, por sí sola, no salva nada. Compruebas, una vez más, nuestra incapacidad, pero ves bien que el cristianismo sigue adelante a pesar de todo. Toda la Iglesia en África está creciendo. Pero no somos nosotros quienes la llevamos adelante; es el Espíritu. Esto lo he visto muy bien por el modo en que el Papa ha estado con nosotros durante el Sínodo.

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¿Qué le ha impresionado más en la presencia del Santo Padre?


Él estaba con nosotros sin programas sino sencillamente para hacernos compañía. Como un padre, que suscita en ti la ternura que hace que te preguntes: ¿qué he de temer? Era imposible, delante de aquella mirada, entender mal.


La primera preocupación, tratándose de una iglesia joven como la africana, podía ser la de “consolidar una iglesia futura”. Pero la Iglesia no es, antes que nada, una organización. La invitación del Papa, y su testimonio personal, ha sido predisponernos a aceptar la iniciativa de Dios sobre nosotros. Es en esta aceptación donde está el futuro - y el presente – de la iglesia africana.

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Al escuchar los programas de desarrollo de los gobiernos y de tantas organizaciones, parecería que el primer desafío para África es encontrar más dinero y hacer más proyectos…


El hombre europeo tiene todo pero, entonces, ¿por qué no es feliz? ¿Cómo es que las calles están llenas de rostros tristes, de personas que nunca sonríen? Esto es así porque en Europa se ha olvidado que lo que nos hace felices es el proyecto de Dios y no el nuestro. En cambio, “mis” mujeres van a la cantera a romper piedras sonriendo y cantando. Incluso si no han comido nada.

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El desafío más grande en occidente es que la sociedad ha abandonado sus raíces cristianas. Para la mayor parte de las personas, el cristianismo no tiene nada más que decir a la humanidad. ¿Cuál es, en cambio, el desafío cultural más urgente para los católicos que viven en África?


La fe en Jesucristo. Siempre digo que la fe representa el final de la esclavitud. Es abstracto - me han dicho muchos de los que conocí. Pero no es así. Un hombre que vive la fe, lo ve todo como algo dado y lo goza. Goza del trabajo, de los hijos, de la creación. Para un hombre que vive la fe, Dios es todo. Y así, es más libre.

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Benedicto XVI, en su homilía en la apertura del Sínodo, dijo de África que “su profundo sentido de Dios” es “un tesoro inestimable para el mundo entero” y que “desde este punto vista, África representa un inmenso pulmón espiritual para una humanidad que se halla en crisis de fe y de esperanza”. ¿Qué piensa de estas palabras?


Es por eso que hoy es más fácil encontrar a Cristo en África que en los países occidentales. Porque un africano tiene tal sentido del misterio que es siempre consciente de pertenecer a Algo. Algo más grande, más grande que su madre y su padre. Pero este Misterio es Cristo presente, Aquel que cada corazón espera. Si lo encuentro, transforma mi nueva identidad, mi nuevo juicio sobre todas las cosas. Me doy cuenta de esto cuando miro a “mis” mujeres. ¡Ves, – me digo – están cada vez más adelante! No porque sean más inteligentes sino porque son más sencillas. La fe ha penetrado su vida. Cuando fue el huracán de New Orleans, percibían a las poblaciones golpeadas como parte de sí, aún estando en la otra parte del mundo. Y las han ayudado. Cuando conoces la fe, todo te pertenece. Es una mentalidad nueva, persuasiva. Te das cuenta, sencillamente, de que es más bello vivir como cristiano.

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El tema del Sínodo es “La Iglesia en África al servicio de la reconciliación, la justicia y la paz”. ¿La justicia y la paz son cosas por las cuales vale la pena gastarse?


Pero la justicia, sin Dios, ¿qué justicia es? Bien lo ha dicho el Papa en la homilía del domingo. Si no pasa Jesús de Nazareth, ¿qué sentido tiene hacer proyectos? “He visto la aflicción de mi pueblo..., he escuchado el clamor..., conozco sus sufrimientos. He bajado para librarlo”. Puedo tratar bien a mi prójimo pero mientras tanto me canso y entonces, ¿por qué debo hacerlo? Puedo hacer proyectos de caridad, pero a la larga no resisten. Pero si mi corazón vive de la fe, todo se hace más fácil. Y sólo entonces te trato por aquello que eres, porque también tú eres de Dios. Eres “divino”, también tu me perteneces.

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En muchos países africanos, los cristianos son perseguidos. Durante el Sínodo, ha causado impresión lo narrado por monseñor Hiiboro Kussala, que ha hablado de cristianos asesinados brutalmente en Sudán. ¿Los católicos que usted conoce viven el riesgo del martirio?


Saben bien que pueden morir a causa de su fe pero están serenos, porque si uno tiene un ideal para vivir, vale la pena morir por él. El problema, por el contrario, es cuando falta algo por lo que sacrificarse. El dinero no hace feliz, porque quien tiene mucho dinero está, en cambio, más triste que otros. Sólo el encuentro con Dios es lo que nos hace ser más hombres y nos hace descubrir el valor de nosotros mismos. Es por eso que por Dios se puede también sacrificar la vida.

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Para usted, y para las mujeres que viven con usted, ¿qué significa encontrar personas que creen en otra cosa? En África hay miles de religiones diversas.


Hay miles de creencias, pero todos se encuentran bien con nosotros. Más diálogo. Es la prueba de que realmente sólo en Cristo posees todo. He visto a muchos extranjeros sorprenderse y darse cuenta de qué bello es estar allí con nosotros, sin prejuicios, sin planes.

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¿Es una propuesta incluso para quien os odia?


Sí. Imagina a nuestras mujeres, que van a la cantera cantando los cantos de los Alpes. Uno ve, no entiende qué quiere decir, pero se conmueve porque es bello cantar así. Un hombre que está en relación con Dios atrae, siempre atrae. En Roma, durante el Sínodo, no me he cansado nunca cuando estaba el Papa sino cuando no estaba. Ha sido hermoso sorprenderse con toda la ternura del padre que mira a los propios hijos.

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Es la experiencia del dolor y del mal la que nos frena, la que bloquea todo…


La fe vence todo. Si la fe no vence, significa que no es fe sino un sentimiento. El Misterio de Dios atrae y transforma. Es necesario dejarse transformar. En cambio, nosotros mesuramos Su iniciativa, ponemos límites: hacemos nosotros un proyecto para el misterio, dónde debe llegar y dónde no. Menos mal que no depende de nosotros sino que “sopla donde quiere”: allí donde hay un corazón sencillo que lo espere.

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Hoy volverá a Kampala, en Uganda. Sus mujeres le preguntarán qué ha estado haciendo ¿Qué les dirá?


Les hablaré del Papa. Les diré que estoy tranquila porque en él tengo una guía segura. No temo más nada porque hay un hombre que, más que cualquier otro, vive la fe. Y yo lo he visto. Debemos pertenecer a él, a su pueblo, a la Iglesia tal como es. Un hombre que vive la pertenencia a Cristo como la vive el Papa, te atrae, ya no quieres dejarlo.

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Esta fidelidad de la que habla – del Papa hacia Dios y la suya personal hacia el Papa –, ¿no es ajena al sentir de África?


No, porque no es algo exterior, que viene de fuera, de Europa o de la historia, sino desde dentro de nosotros: uno la descubre mirando cómo está hecho el corazón. Y nuestro corazón está hecho para encontrar a Cristo. Un hombre que le pertenece, como el Papa, clama a Dios.


El mundo viene aquí y pretende decir lo qué está bien para nosotros. Reduce el problema de África al preservativo. No nos tratan como hombres. En cambio el Papa, con su mirada y su ternura de padre, es el único que nos quiere realmente bien.

Es importante que el cristianismo – ha dicho el Papa, una mañana – no sea una suma de ideas sino un modo de vida. El cristianismo es caridad, es amor, ha dicho. Y si la fe se transforma en caridad, no hay nada que pueda resistirle.

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Fuente: Papa Ratzinger Blog


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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martes 27 de octubre de 2009

El primado del Papa y el diálogo católico-ortodoxo

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Benedicto XVI y Bartolomé I

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Ofrecemos un artículo de Mons. Eleuterio Fortino, Subsecretario del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, acerca del estado actual del diálogo teológico entre ortodoxos y católicos sobre el primado del Obispo de Roma, teniendo en cuenta los resultados de la última sesión plenaria celebrada en Chipre.

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En Chipre, en la histórica ciudad de Paphos, donde ha predicado San Pablo, se ha realizado la XI sesión plenaria de la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa en su conjunto. La nueva fase, iniciada con la IX sesión de Belgrado (2006), avanza a paso lento por un camino difícil dentro de la temática decisiva de esta fase sobre “Las consecuencias eclesiológicas y canónicas de la naturaleza sacramental de la Iglesia: catolicidad y autoridad en la Iglesia”. Basándose en el documento que sobre este tema fue publicado en Rávena en la X sesión plenaria (2007), y por mandato de ésta, la actual sesión plenaria (Paphos, 16-23 octubre) ha comenzado a afrontar el tema: “El Obispo de Roma en la comunión de la Iglesia en el primer milenio”. De este modo, la Comisión se ha encaminado a discutir la cuestión central del contencioso histórico entre Oriente y Occidente. En el momento actual, se trata de encontrar una identificación objetiva de la problemática implicada en el argumento para poder intentar una hermenéutica común que ayude a alcanzar una convergencia sustancial sobre las consecuencias doctrinales.


La Comisión, en Chipre, ha trabajado sobre un proyecto elaborado después de la sesión de Rávena siguiendo el método de preparación concordado al inicio de las actividades de esta Comisión (Patmos-Rodi, 1980). En la primera parte del 2008 han trabajado dos subcomisiones mixtas con la tarea de recoger los elementos históricos más pertinentes al período en examen. Por eso, se reunió el Comité mixto de coordinación (Elounda, Creta, 27 septiembre - 4 de octubre de 2008) que elaboró la síntesis orgánica como proyecto de discusión sometido a la sesión plenaria de Chipre. Tanto la investigación de las subcomisiones como la síntesis del Comité de coordinación han tenido presente la orientación concordada en Rávena, la cual advertía que “conciliaridad y autoridad son interdependientes” y que tanto a nivel diocesano como regional y universal, hay un prótos, primus (obispo; metropolitano o patriarca; obispo de Roma). El documento, entrando más directamente en la problemática del prótos a nivel universal, afirma que “ambas partes (católicos y ortodoxos) coinciden en el hecho de que Roma, en cuanto Iglesia que preside en la caridad, ocupaba el primer lugar en la táxis, y que el obispo de Roma era, por lo tanto, el prótos entre los patriarcas” (Rávena, n.41).


En la conclusión de ese documento se subraya la importancia de este resultado alcanzado y los miembros de la Comisión se muestran convencidos de que la declaración citada “proporciona una sólida base para la discusión futura sobre la cuestión del primado en la Iglesia a nivel universal" (Rávena, n. 46). La XI sesión, sobre el tema “El rol del Obispo de Roma en la comunión de la Iglesia en el primer milenio”, se ha concentrado en el examen de algunos testimonios históricos significativos sobre el papel desempeñado por el Obispo de Roma en aquella época. En realidad, estos elementos están en la base de la declaración del documento de Rávena y abarcan varias temáticas como: la Iglesia de Roma en la comunión de las Iglesias, la relación del Obispo de Roma con san Pedro, el rol desempeñado por el Obispo de Roma en tiempos de crisis (arrianismo, monofisismo, monotelismo, iconoclasmo), pero también algunas decisiones de los concilios ecuménicos tanto en relación a Roma como al Patriarcado de Constantinopla. Se deberán afrontar también los factores no teológicos que han influido en la mentalidad y en las estructuras eclesiales, como la idea del Imperio Romano, la transferencia de la capital a Constantinopla y la decadencia del Imperio en Occidente, las dificultades de comunicación entre el este y el oeste creadas por el Islam, la creación del Imperio de Carlomagno, la progresiva ignorancia recíproca, el mutuo alejamiento práctico, y algunas actitudes polémicas.


El análisis del asunto implicado requerirá un prolongado estudio. Por el momento, la Comisión ha afrontado los elementos iniciales partiendo de la predicación de Pedro y Pablo en Roma, de su martirio y de sus tumbas, y continuando por los padres apostólicos: testimonios importantes son la Carta de la Iglesia de Roma a los cristianos de Corinto, carta atribuida al Papa Clemente para la reconciliación de los fieles de Corinto con sus presbíteros; la Carta de san Ignacio de Antioquia que indica a Roma como la Iglesia que “preside en la caridad” (prokathemène tès agàpes); la afirmación de san Ireneo según la cual cada Iglesia debe concordar con ella a causa de su origen y de su gran autoridad (propter potentiorem principalitatem); así como la disputa sobre la fecha de la Pascua entre Aniceto y Policarpo, Víctor y los obispos de Asia, el pensamiento de Cipriano, y así sucesivamente. Para todos los elementos que se refieren al tema y que se ponen en examen debe ser concordada la correcta identificación y una deseable y posible interpretación común. El estudio, por lo tanto, es exigente y delicado y se continuará en la próxima sesión plenaria del año próximo. La discusión realizada en la sesión de Chipre debería facilitar un recorrido más rápido en la siguiente etapa.


Estaban presentes veinte delegados por parte católica, con algunas ausencias a causa de los compromisos en el Sínodo de los obispos para África o por razones de salud. Veinticuatro delegados ortodoxos representaban a todas las Iglesias ortodoxas, con excepción del Patriarcado de Bulgaria. El comunicado publicado en la conclusión de la reunión presenta el elenco según la taxis de las Iglesias ortodoxas: Patriarcado Ecuménico, los Patriarcados de Alejandría, Antioquía, Jerusalén, Moscú, Serbia, Rumania, Georgia, las Iglesias autocéfalas de Chipre, Grecia, Polonia, Albania y de las Tierras de Chequia y Eslovaquia. Se ha recompuesto sustancialmente la plenitud de la representación ortodoxa con la participación del Patriarcado de Moscú , que en Rávena había abandonado la sesión a causa de la presencia de representantes de la Iglesia de Estonia, invitada por el Patriarcado Ecuménico en cuanto Iglesia autónoma aunque no reconocida por el Patriarcado de Moscú. La diferencia ha sido resuelta en el encuentro de los primados de las Iglesias ortodoxas que, por invitación del Patriarca ecuménico Bartolomé, ha tenido lugar en El Fanar (12 de octubre de 2008), en el que se ha concordado invitar solamente a todas las Iglesias autocéfalas. Los trabajos de la Comisión mixta han sido dirigidos por los dos co-presidentes: el cardenal Walter Kasper, por parte católica, y el metropolita de Pérgamo, Ioannis Zizoulas, por parte ortodoxa.


El sábado 17, la delegación católica ha concelebrado la Misa en la iglesia católica de la Santa Cruz, en Nicosia. Han participado también el párroco y el secretario de la nunciatura apostólica de Chipre, reverendo Paolo Borgia. Como de costumbre, estaba presente la entera delegación ortodoxa. La concelebración fue presidida por el cardenal Walter Kasper, que ha tenido la homilía sobre el pasaje evangélico del día. Agregó un ferviente agradecimiento a la Iglesia ortodoxa de Chipre por la hospitalidad ofrecida a la Comisión y pidió oración por los trabajos de la Comisión, señalando el tema en discusión en estos términos: “En el último documento publicado por nuestra Comisión dos años atrás, hemos afirmado que puede haber un primero, un prótos como se dice en griego o un primus como decimos nosotros en latín, en cada nivel de la vida de la Iglesia. Por lo tanto, el primado no es algo prohibido o impropio en la vida de la Iglesia. En este encuentro, nosotros nos preguntaremos qué significa esto respecto al obispo de Roma”. La iglesia de la Santa Cruz está en el límite entre la parte griega de la isla y la parte ocupada por los turcos (37% por ciento de la superficie total de la isla). La necesidad de poner remedio a la división ha sido reiterada varias veces por las autoridades de la Iglesia ortodoxa, y fuertemente por el mismo arzobispo Chrysostomos.


El domingo 18 ha tenido lugar la concelebración de los miembros ortodoxos de la delegación. La Divina Liturgia, en la iglesia de Phaneroméni, siempre en Nicosia, ha sido presidida por el arzobispo Chrysostomos, primado de la Iglesia de Chipre. Estaba presente la totalidad de la delegación católica de la Comisión. El arzobispo, refiriéndose “con sentido de responsabilidad hacia el mundo cristiano” al hecho de que “la Iglesia de Chipre, la más antigua de Europa”, hospedaba este año el diálogo entre católicos y ortodoxos, afirmaba: “Este diálogo teológico es el más importancia en el contexto de los diálogos teológicos oficiales entre la Iglesia Ortodoxa y los otros cristianos, que están coordinados por el Patriarcado ecuménico”. Ha recordado la importancia de la oración por el diálogo y, dirigiéndose directamente, contestó “aquel pequeño grupo de ortodoxos” que, basándose erróneamente en cánones leídos fuera de contexto, rechazan la oración común. Invocó al Espíritu Santo sobre los trabajos de la Comisión. La sesión ha sido cerrada con las vísperas de la fiesta de Santiago Apóstol en la catedral de Paphos por el mismo arzobispo.


La Comisión fue recibida con gran generosidad y espíritu de calurosa fraternidad por la Iglesia ortodoxa de Chipre. Ha sido recibida en el palacio arzobispal, donde Chrysostomos ofreció un almuerzo. La Comisión visitó el museo arzobispal, rico en extraordinarios íconos. Una delegación visitó al presidente de la República. Todos los miembros fueron acompañados a visitar algunos monasterios con antiguos íconos y frescos bizantinos. También se registró un pequeño episodio de signo contrario. Un limitado grupo de una decena de personas, el primer día del encuentro, se presentó frente al hotel con pancartas de protesta contra el diálogo, considerado como riesgo de traición por parte de los miembros ortodoxos y de ceder a las demandas de los católicos. Las autoridades ortodoxas, el arzobispo de Chipre y el metropolita de Paphos, han condenado duramente el evento y amenazado con sanciones canónicas a los clérigos que tomaron parte en él. El comunicado de la sesión, publicado al final del encuentro, informa que los miembros ortodoxos, en su encuentro del primer día, “han discutido las reacciones negativas al diálogo de algunos sectores ortodoxos y unánimemente las han considerado totalmente infundadas e inaceptables, dando falsas y engañosas informaciones. Todos los miembros ortodoxos de la Comisión reafirman que el diálogo continúa con la decisión de todas las Iglesias ortodoxas y se continuará con fidelidad a la verdad y a la Tradición de la Iglesia”.


Casi contemporáneamente, la Iglesia de Grecia tomaba posición contra los sectores críticos del ecumenismo. La asamblea de la jerarquía, en la reunión del 16 de octubre de 2009, declaraba: “El diálogo necesita ser continuado, pero en el ámbito de la normativa eclesiológica y canónica ortodoxa, siempre en acuerdo con el Patriarcado ecuménico, como ha sido establecido por una decisión pan-ortodoxa. Los representantes de nuestra Iglesia en este diálogo tienen conocimiento claro de la teología ortodoxa, de la eclesiología y de la Tradición eclesiástica”.


La discusión sobre el boceto preparado por el Comité mixto de coordinación será continuada en la siguiente sesión plenaria del año próximo. Ha sido decidido que la sesión tendrá lugar del 20 al 27 de septiembre en Viena, recibida por el arzobispo, el cardenal Christoph Schönborn.


De este modo, este importante diálogo avanza a paso lento pero siempre orientado hacia la meta de la plena comunión, como ha sido concordado en el documento preparatorio para el inicio del diálogo entre católicos y ortodoxos.

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Fuente: L’Osservatore Romano


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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lunes 26 de octubre de 2009

Comenzaron los diálogos doctrinales con la SSPX

El lunes 26 de octubre de 2009 en el Palacio del Santo Oficio, sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, ha tenido lugar el primer encuentro de estudio de la comisión conformada por expertos de “Ecclesia Dei” y de la Sociedad de San Pío X, con el objetivo de examinar las dificultades doctrinales que aún subsisten entre la Sociedad y la Sede Apostólica.


En un clima cordial, respetuoso y constructivo, fueron identificadas las principales cuestiones de carácter doctrinal que serán tratadas y discutidas en el transcurso de los coloquios que se llevarán a cabo los próximos meses, probablemente con una frecuencia bimestral. En particular se examinarán las cuestiones relativas al concepto de Tradición, al Misal de Pablo VI, a la interpretación del Concilio Vaticano II en continuidad con la Tradición doctrinal católica, a los temas de la unidad de la Iglesia y los principios católicos del ecumenismo, las relaciones entre el Cristianismo y las religiones no cristianas, y la libertad religiosa. En el curso del encuentro también se ha precisado el método y la organización del trabajo.


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Fuente: Comunicado de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”

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El Cardenal Kasper en entrevista

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Durante la semana pasada, se celebró en Chipre la reunión de la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa en su conjunto, que discutió sobre la cuestión del primado del Obispo de Roma en el primer milenio. Sobre esta reunión, presentamos una entrevista al cardenal Walter Kasper, co-presidente de la Comisión mixta y presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos.


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Eminencia, en estos días, junto a los ortodoxos, habéis afrontado la cuestión del primado del Papa. ¿Hay resultados?


Puedo decir que hemos dado pequeños pasos hacia adelante. No hay grandes resultados pero debemos tener presente que estaba en discusión un argumento difícil y delicado cuya sola evocación, hasta poco tiempo atrás, bastaba para desencadenar polémicas en los ambientes de la ortodoxia. Lo más importante es que todos los miembros de la Comisión mixta, tanto católicos como ortodoxos, han reiterado su firme voluntad de continuar en el diálogo y de buscar un acuerdo sobre la doctrina del primado. Es cierto, requerirá tiempo, pero el camino está señalado y nadie quiere volver atrás.


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Tratemos de explicar, también para quien no es teólogo, en qué punto se encuentra la discusión…


En estas reuniones hemos examinado la cuestión del primado del Obispo de Roma en el primer milenio. Me parece que ha surgido un acuerdo unánime sobre el hecho de que no se trataba simplemente de un primado honorífico. Es algo más. Por el momento, sin embargo, no hay acuerdo sobre cómo definir exactamente esta forma de autoridad. Debemos continuar discutiendo.


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Un autorizado miembro de la Comisión, el obispo ortodoxo Gennadios, dice que los trabajos proceden demasiado lentamente…


¡Y yo estoy totalmente de acuerdo con él! Pero debemos preguntarnos el porqué. Nuestro método de trabajo se remonta a treinta años atrás, cuando fue constituida la Comisión mixta para el diálogo teológico con los ortodoxos en su conjunto. Lo que implica la participación de todas las Iglesias autocéfalas, cada una con sus delegados y con sus posiciones. Si hay una propuesta para agilizar los trabajos, será bien aceptada.


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Recientemente usted ha afirmado que entre católicos y ortodoxos ha terminado la estación del frío intenso. ¿Quiere decir que las relaciones se han hecho muy calurosas?


Con los ortodoxos estamos en temporada alta. Pero incluso en verano hay a veces grandes temporales. Aquí, en Chipre, hemos visto uno, repentino pero afortunadamente pasajero. La pública contestación de un grupo de fanáticos contrarios al diálogo con la Iglesia Católica ha sido condenada inmediatamente por el arzobispo Chrysostomos II (número uno de la Iglesia ortodoxa de Chipre) y también por el Santo Sínodo de la Iglesia de Grecia.


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¿Las contestaciones han perturbado vuestros trabajos?


Absolutamente no. Es cierto, han creado un poco de incomodidad en quienes nos hospedaban. Pero yo les he dicho que en Occidente estamos acostumbrados a las minorías ruidosas. He sido decano de la universidad después del ’68 y recuerdo que las contestaciones estaban al orden del día.


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Eminencia, la Iglesia Católica abre las puestas al regreso de los anglicanos. ¿Qué impacto tendrá sobre el diálogo ecuménico esta decisión histórica?


El asunto no ha sido conducido por el Consejo para la Unidad de los Cristianos sino por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Nosotros, obviamente, estábamos informados. Debo limpiar el terreno de las interpretaciones erróneas: no se trata de proselitismo, no hemos robado fieles a otra Iglesia. El Papa ha respondido a un apremiante pedido de algunos sectores de la Iglesia anglicana. Un gesto de gran apertura y acogida realizado en espíritu de diálogo. En este sentido, tendrá un influjo positivo sobre el ecumenismo.


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Fuente: Papa Ratzinger Blog

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo


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domingo 25 de octubre de 2009

Una puerta abierta para muchos anglicanos

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Jeffrey Steenson

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Presentamos un artículo de otro converso del anglicanismo, el Padre Jeffrey Steenson. Previo a su ordenación como sacerdote católico, el Padre Steenson era el obispo de la diócesis anglicana de Rio Grande en Estados Unidos.

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Para los anglicanos, entrar en comunión plena con la Iglesia Católica, reunida en torno a San Pedro y sus sucesores, no deja de ser como la experiencia del mercader en Mateo 13,46 quien, “cuando encontró una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró”. Se trata de una aventura exigente que requiere sacrificio, pero esa es la naturaleza del apostolado, y es de tal importancia que, en definitiva, todos los argumentos contingentes deben quedar a un lado. La asombrosa generosidad de Benedicto XVI en ofrecer un hogar canónico a los anglicanos que deseen estar en comunión con él, es una ocasión para regocijarse grandemente, porque significará que no hacemos el viaje solos.


Los anglicanos no van a Roma primariamente porque no están contentos con sus iglesias. Hay opciones dentro del anglicanismo que son mucho más accesibles para aquellos que objetan las últimas decisiones y desarrollos dentro de sus propias iglesias. Las advertencias que se oyen, especialmente en los círculos católicos liberales acerca de los peligros de admitir a anglicanos desafectados han de ser consideradas, por supuesto, pero la mayoría del enojo que he encontrado como católico proviene de católicos desafectados que objetan las enseñanzas de su propia iglesia. El viaje a la comunión plena es, por naturaleza, un proceso purgativo, y las almas que lo cumplen simplemente están muy felices de estar allí.


Para mí, el momento de la verdad llegó a principios del 2007, en un encuentro de la Casa de Obispos de la Iglesia Episcopaliana [así se conoce a los anglicanos de USA], entre colegas a lo que había llegado a amar y cuya compañía verdaderamente disfrutaba. Ellos sentían que había llegado el tiempo de afirmar que la política de la Iglesia Episcopaliana era esencialmente local y democrática, y que su asociación con la Comunión Anglicana y el mundo cristiano era voluntaria y para la colaboración. Ésta fue la gota que colmó el vaso; no podía reconciliar esta posición con la comprensión católica de la Iglesia. Y como miembro de una familia eclesial cuyos orígenes eran romanos, me pareció obvio qué era lo que debía hacer.


No fue una decisión apresurada. La meta de la unidad católica ha sido, a veces más, a veces menos, una parte integral de la identidad católica desde Newman, como lo muestran llanamente los acuerdos de la Comisión Internacional Anglicana Romano-Católica [ARCIC]. En los años que siguieron al Vaticano II, las condiciones para la reunión corporativa parecían favorables en un breve plazo. Pero fuertes movimientos no esperados dentro del anglicanismo habían puesto la meta de la comunión plena tan lejos en el horizonte que ya no era más realista esperar que los instrumentos ecuménicos establecidos pudieran sanar el cisma.


Yo fui parte de uno de esos esfuerzos entre 1993 y 1994. Revisando nuestras propuestas a la Santa Sede de aquel tiempo, me sorprende encontrar tantos ecos en la Nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe acerca de los ordinariatos personales. Para los que estén interesados en seguir esta historia, una lectura obligada es “The Roman Option (Harper/Colllins, 1997) de William Oddie. Agregando una nota al excelente estudio del Dr. Oddie, quiero decir que el pedido de una estructura canónica similar a los ordinariatos militares fue propuesto inicialmente por Mons. William Stetson, por muchos años secretario del delegado eclesiástico para la Pastoral Provision.


No es algo sencillo definir precisamente lo que el Papa Pablo VI llamó el “valioso patrimonio” de la tradición anglicana. Pronto descubrimos que no es adecuado hablar de esta identidad anglicana como algo primariamente litúrgico, porque el movimiento litúrgico ha traído una real convergencia entre las formas anglicanas y católicas. Escribimos en su momento: “Ciertamente debe ser algo más que la preservación de características distintivas de la cultura de la iglesia anglicana (por ejemplo, su herencia litúrgica, devocional y musical), incluso si tal preservación es algo valioso. Deseamos que nuestro retorno a la unión con Pedro nos permita contribuir a sanar el cisma occidental, mediante un apostolado dedicado a la unidad cristiana, como un vehículo a través del cual la Iglesia Católica pueda abrazar a sus hijos e hijas separados y aumentar los recursos para su trabajo de evangelización”.


Aprecio mucho que la Nota de la CDF tenga en cuenta que la preservación del patrimonio anglicano sea balanceada por la preocupación de que los peregrinos sean integrados en la Iglesia Católica, y no que meramente vivan como una sub-cultura distinta. Esto es importante por muchas razones, pero una me viene especialmente a la mente: nosotros, los anglicanos, tenemos algunos malos hábitos que desaprender, porque la vida anglicana hoy es manifiestamente desordenada. La necesidad que tenemos de formación no es algo que deba ser subestimado; Roma no fue construida en un día, y tampoco puede uno ponerse el sacerdocio católico como si fuera un abrigo. Esto me parece particularmente exigente, y requiere el esfuerzo de llegarnos a sacerdotes católicos sabios y experimentados. Estaré siempre agradecido con aquellos que pacientemente me apoyaron, animaron, y rezaron conmigo, especialmente las maravillosas personas del Colegio Irlandés y Mons. Francis Kelly de la Casa Santa María en Roma.


Aquellos queridos amigos del Colegio Irlandés, que a veces hacían bromas de mis “cinco ordenaciones y una boda”. Algunos clérigos anglicanos, incluso dando la bienvenida a esta iniciativa del Santo Padre, quieren reabrir la cuestión de la validez de las órdenes anglicanas, porque tienen objeciones a la regla general de la ordenación absoluta. Yo no tuve esta dificultad, porque no pensé de mi ordenación en la Iglesia Católica como de un repudio del ministerio anglicano. Las ordenaciones anglicanas son lo que son. Podría parecer razonable criticar la Encíclica de León XIII sobre las órdenes anglicanas Apostolicae Curae (1896), por hablar en el modo severo de una época diferente, pero ciertamente puede ser leída en una luz positiva. Los amigos no se abstienen de hablar francamente, y es probable que este texto haya sido responsable de mucho del progreso ecuménico realizado, al provocar a los anglicanos a reflexionar más profundamente sobre la teología del sacerdocio ministerial. Guardo como un tesoro los momentos en que pude rezar cerca de la tumba del Papa León XIII en San Juan de Letrán el pasado año. El principal anti-héroe del anglicanismo permanece, irónicamente, como una poderosa fuerza espiritual para la unidad cristiana.


Hay una cosa que ha continuado dificultando mi viaje, y ésta es el recuerdo de las personas que dejé atrás. Fue muy difícil alejarme de las atesoradas relaciones pastorales, aunque la política de la Iglesia y la ética ministerial ciertamente requerían un quiebre claro y decisivo. Muchos de ellos son, por supuesto, anglicanos firmemente comprometidos que no tienen ningún interés en seguir este camino hacia la unidad católica. Les deseo toda bendición. Pero a menudo pienso en otros que tienen hambre y sed de algo más, para los que la Iglesia Católica es una presencia intimidante pero a la vez convincente. Ellos deben superar malas comprensiones acerca de lo que la Iglesia Católica enseña, y deben superar miedos acerca de lo que podría significar vivir en la Iglesia Católica. Un paciente trabajo pastoral puede resolver mucho de esto, y yo me regocijo de que el Santo Padre haya abierto esta puerta para ellos.


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Fuente: De Cura Animarum

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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sábado 24 de octubre de 2009

Los anglo-católicos de Forward in Faith

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Mary Dowry

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Presentamos la traducción de un comentario escrito por el Padre Christopher George Phillips en su blog Atonement Online. El Padre Phillips es un converso al catolicismo, y el fundador de la primer parroquia de Uso Anglicano – Uso litúrgico permitido en su momento por el Papa Juan Pablo II – en Estados Unidos.


El artículo es interesante porque se trata de la reflexión de alguien que conoce el “mundo” de los anglo-católicos, y porque hace referencia a la asamblea que Forward in Faith, uno de los grupos de anglo-católicos más importantes, está realizando en Londres.

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La Asamblea Nacional de Forward in Faith se está reuniendo en Londres. Este grupo está compuesto mayormente por aquellos que se consideran anglo-católicos, y está presente en distintas provincias de la comunión anglicana. La cuestión principal para ellos es la ordenación de mujeres. Obviamente, están en contra. Existen, por supuesto, otras cuestiones que los preocupan, y tienden a ser bastante tradicionales en cosas como la Liturgia, su comprensión de los Sacramentos y la eclesiología. Fue formado en 1992, y es realmente una amalgama de distintos grupos de orientación católica dentro del anglicanismo. Muchos, si no la mayoría de ellos, consideraría la reunión con Roma como algo bastante importante en su agenda. Sabiendo esto de ellos, pensé que sería interesante escuchar a los oradores, ya que están disponibles las presentaciones en audio. Pueden escucharlas [en inglés] en su página web.


Francamente, estoy decepcionado. Sí, consideran las noticias de Roma como “históricas”. Reconocen que algunos podrían estar interesados en los Ordinariatos Personales. Pero hablan mayormente de descarrilar la promoción de obispos mujeres en la Iglesia [anglicana] de Inglaterra, y de proteger sus lugares como anglo-católicos. Quieren ver lo que Roma está ofreciendo realmente, ver si sería un trato mejor que el que pueden obtener en la Iglesia [anglicana] de Inglaterra. Están decepcionados porque quieren “unión corporativa” entre los anglicanos y Roma – aunque no sé cómo creen que pueda existir algo así cuando ellos no pueden arreglárselas entre ellos mismos. Quiero decir que el Papa lo hizo todo excepto un salto mortal, ¿y esta gente aún va en búsqueda de un mejor pacto?


Creo que algunos de ellos se ven sorprendidos de que, para ser parte de un Ordinariato, se espere que se conviertan realmente en católicos romanos.


No quiero sonar negativo. No tengo duda de que hay un considerable número de anglicanos serios que, en oración y agradecidamente, tomarán la mano extendido del Santo Padre. Creo que los Ordinariatos serán construidos en forma lenta, la cual es sin duda la mejor forma. Lo comparo con las muy ligeras tormentas de nieve que recuerdo de mi infancia en New England: empezaban con un pequeño espolvoreo de copos sobre el suelo, y luego lentamente creciendo hasta que todo quedaba completamente cubierto y de un blanco centelleante. Se proveerá de Ordinariatos cuando se necesiten, hasta que se extiendan más y más, y creo que más y más personas se vendrán a dar cuenta que su verdadero hogar espiritual ha de encontrarse en la comunión plena con la Sede de Pedro. Eso, junto con el crecimiento inevitable y natural de nuestras parroquias existentes, significa que el futuro de nuestro bello patrimonio es seguro.


Inglaterra, y por extensión, todo el anglicanismo es la “dote de María”. Dado que pertenecemos a Nuestra Señora en un modo especial, sabemos que es su deseo más profundo el tener su “dote” completa de regreso en la Iglesia Católica establecida por Su Divino Hijo. A fines del siglo XIV, el Arzobispo de Canterbury, Thomas Arundel, escribía a sus obispos: “La contemplación de el gran Misterio de la Encarnación ha llevado a todas las naciones cristianas a venerar a aquella por quien llegaron los primeros comienzos de nuestra redención. Pero nosotros, los ingleses, siendo siervos de su particular herencia y su propia dote, como a menudo nos llaman, debemos superar a los demás en el fervor de nuestras alabanzas y devociones”. Ahora, finalmente, al comienzo del siglo XXI, el Papa Benedicto XVI está ayudando a que esto suceda.


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Fuente: Atonement Online

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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viernes 23 de octubre de 2009

Difundir el tesoro litúrgico

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Presentamos la traducción de una breve pero interesante entrevista a Monseñor Guido Pozzo, Secretario de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei.

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Monseñor, una interpretación restrictiva ampliamente difundida del Motu Proprio [Summorum Pontificum] sostiene que la provisión papal se dirige primariamente, si no exclusivamente, a aquellos grupos e institutos que ya estaban adheridos a la forma tradicional, y que, por contraste, no busca en ningún modo promover la forma extraordinaria. A esto ya ha respondido el Cardenal Castrillón Hoyos, diciendo en Londres, en junio del 2008, que al Papa le gustaría tener el “Rito Gregoriano” en todas las parroquias. ¿Cuál es su opinión?


El Motu Proprio está dirigido a todos los fieles católicos que desean la forma extraordinaria de la liturgia romana, no sólo a aquellos que, previo a su promulgación, estaban adherido a la antigua forma del rito romano. Por cierto que busca dar cabida a estos últimos y sanar viejas heridas, pero el propósito del documento es también permitir la difusión de la forma extraordinaria, para el beneficio de aquellos que aún no la conocen (por ser demasiado jóvenes como para haber tenido experiencia de ella), o de aquellos que redescubren con gozo la Misa de su juventud. Una cada vez mayor difusión de este tesoro litúrgico, patrimonio de la Iglesia, puede traer muchos beneficios, espirituales y vocacionales, también a través del mutuo enriquecimiento entre ambas formas del rito romano.


La Carta del Papa que acompaña al Motu Proprio se refiere a un período de tres años, luego del cual se recogerán informes de los obispos, para evaluar la situación. ¿Esto podría significar, como algunos sostienen, que la liberalización del antiguo Misal estipulada por el Motu Proprio ha de ser comprendida como ad experimentum, o que al menos al fin de esta evaluación puede haber restricciones acerca de la forma extraordinaria, tales como, por ejemplo, el retorno a un régimen similar al de los indultos de 1984 o 1988?


El período de tres años se refiere simplemente a un balance de los primeros tres años de aplicación. Si se descubre que existen dificultades serias, se encontrarán los remedios apropiados, siempre teniendo en mente el propósito esencial del Motu Proprio.


Se ha informado de obstáculos de muchas partes en la implementación del Motu Proprio . Nosotros también los hemos experimentado... ¿Qué es lo que debería hacer un grupo de laicos que se encuentran en tales situaciones de dificultad para obtener una Misa semanal en la forma extraordinaria? ¿Y de qué forma puede intervenir la Comisión Ecclesia Dei?


La respuesta está ya escrita en el Motu Proprio: pedirlo al párroco y, posiblemente, buscar un sacerdote que está listo. Si esto se demuestra imposible, es necesario acudir al obispo propio, a quién se le pide que busque una solución apropiada. Si incluso de esta forma no se obtiene la satisfacción del pedido, escribir a la Comisión Ecclesia Dei que, no obstante, trata con los obispos, quienes son naturalmente nuestro interlocutor: se les pide una evaluación de la situación, para ver cuáles son las dificultades reales y cómo encontrar un remedio.


Cambiando de tema, ¿ha visto los resultados de la encuesta comisionada por Paix Liturgique y por nosotros (Messainlatino.it)?


Sí, me alcanzaron un avance hace unos días. Estas cifras son verdaderamente notables y alentadoras, especialmente esa absoluta mayoría de los católicos practicantes que, al menos según la encuesta, consideran la existencia de las dos formas de la Misa en las parroquias como perfectamente normal. Entiendo que una copia de la encuesta ha llegado también al Santo Padre.


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Fuente: Rorate Caeli

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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jueves 22 de octubre de 2009

Más sobre el “Compendio Eucarístico”

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En el año 2005 se celebró el Sínodo sobre la Santísima Eucaristía. Una de las proposiciones de los Padres Sinodales fue la publicación de un “Compendio” sobre la Eucaristía. En el año 2007, el Santo Padre Benedicto XVI publicó un Motu Proprio, “Summorum Pontificum”, sobre el uso de la Liturgia Romana anterior a la Reforma de 1970, en el que declaró “lícito celebrar el Sacrificio de la Misa según la edición típica del Misal Romano promulgado por el beato Juan XXIII en 1962, que no se ha abrogado nunca”. El “Compendio” sobre la Eucaristía, recientemente publicado, tiene en cuenta esta “nueva” situación del Rito Romano.


Presentamos a continuación la traducción de un artículo del blog WDTPRS, en el que se enumeran algunos de los contenidos del “Compendio”.

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- En primer lugar, el Compendio aún no ha sido publicado en italiano, sino en latín.


- Está dividido en 3 secciones: doctrinal, litúrgica y devocional.


- Tiene algunos apéndices: El Libro IV de la “Imitación”, una sección del Código latino de 1983; una sección del Código oriental de 1990, sobre la Eucaristía.


- El prefacio es del Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, el Cardenal Cañizares. Habla claramente de ambas formas del Rito Romano, de igual importancia.


- La sección doctrinal contiene extractos del decreto del Concilio de Trento sobre la Eucaristía; del Vaticano II; del Compendio del Catecismo sobre la Eucaristía; un comentario sobre las cuatro Plegarias Eucarísticas.


- La sección litúrgica contiene el Ordo Missae del Novus Ordo; el Ordo Missae del Missale Romanum de 1962; el Oficio de Corpus Christi de la Liturgia Horarum; el oficio completo para Corpus Christi del Breviarium Romanum de 1961; el ordo de Bendición con el Santísimo Sacramento; 7 letanías; y un número de himnos eucarísticos.


- La parte devocional contiene las oraciones para antes de la Misa; las oraciones para después de la Misa; las oraciones para revestirse del sacerdote y del obispo, y otras oraciones devocionales.


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Fuente: What Does The Prayer Really Say?

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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miércoles 21 de octubre de 2009

Importante publicación eucarística

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Manual para la adecuada celebración de la Misa presentado oficialmente al Papa


El Cardenal Antonio Cañizares, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, presentó hoy oficialmente al Papa Benedicto XVI el “Compendium eucharisticum”, dirigido a ayudar a los sacerdotes a celebrar adecuadamente la Misa.


El compendio, publicado oficialmente el 19 de octubre, es una colección de materiales de estudio, oraciones y meditaciones relacionadas con la celebración de la Eucaristía. Según el Cardenal Cañizares, es una “respuesta al deseo del Santo Padre y al pedido hecho por los obispos durante el Sínodo de la Eucaristía en el 2005”.


Según la edición diaria de L’Osservatore Romano, el documento “recoge textos del Catecismo de la Iglesia Católica, oraciones, explicaciones teológicas de las plegarias eucarísticas del Misal Romano y todo lo que puede ser útil para la correcta comprensión, celebración y adoración del Sacramento del Altar”.


L’Osservatore Romano también explica que es el deseo del Papa que el compendio ayude tanto a los sacerdotes como a los laicos a “creer, celebrar y vivir cada vez más el Misterio Eucarístico”. El Santo Padre también espera que estimule “a todo fiel a hacer de su propia vida un culto espiritual”.


El compendio ha sido publicado en italiano por la cada editorial del Vaticano, y pronto estará disponible en otras idiomas, incluyendo el inglés.


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Fuente: What Does The Prayer Really Say?

Traducción: La Buhardilla de Jéronimo

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martes 20 de octubre de 2009

Habla el Primado de la Traditional Anglican Communion

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Publicamos la traducción de las declaraciones del Primado de la Traditional Anglican Communion (TAC), el grupo anglicano más significativo de cuantos han tenido acercamientos con la Santa Sede.

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He pasado esta tarde hablando con obispos, sacerdotes y laicos de la “Traditional Anglican Communion” en Inglaterra, África, Australia, India, Canadá, los Estados Unidos y Sudamérica.


Estamos profundamente conmovidos por la generosidad del Santo Padre, el Papa Benedicto XVI. En esta Constitución apostólica, él ofrece los medios para que “ex-anglicanos entren en la plenitud de la comunión con la Iglesia Católica”. Espera que podamos “encontrar en esta estructura canónica la oportunidad de preservar aquellas tradiciones anglicanas preciadas para nosotros y consistentes con la fe católica”. Luego declara cálidamente: “estamos felices de que estos hombres y mujeres traigan con ellos sus contribuciones particulares a nuestra común vida de fe”.


Quiero primero declarar que éste es un acto de gran bondad de parte del Santo Padre. Él ha dedicado su pontificado a la causa de la unidad. Esto hace más que corresponder a los sueños que nos atrevimos a incluir en nuestra petición hace dos años. Esto hace más que corresponder a nuestras oraciones. En estos dos años, nos hemos hecho muy conscientes de las oraciones de nuestros amigos en la Iglesia Católica. Quizá sus oraciones se atrevieron a pedir más que las nuestras.


Mientras que aguardamos el texto completo de la Constitución Apostólica, nos conmueve también la naturaleza pastoral de la Nota publicada hoy por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Mis compañeros obispos han, de hecho, firmado el Catecismo de la Iglesia Católica y han hecho una declaración acerca del ministerio del Obispo de Roma, reflejando las palabras del Papa Juan Pablo II en su carta “Ut unum Sint”.


Otros grupos anglicanos han indicado a la Santa Sede un deseo similar, y una aceptación similar de la fe católica. Como el Cardenal Levada lo ha indicado, esta respuesta a los pedidos anglicanos tendrá un carácter global. Será cuestión ahora de que estos grupos forjen una cooperación cercana, incluso en donde trascienden las fronteras de la Comunión Anglicana.


Afortunadamente, la Declaración publicada por el Arzobispo de Canterbury refleja la comprensión que tiene de nosotros, que él no se interpone en nuestro camino, y que comprende las decisiones que hemos tomado. Tanto su reacción como nuestra petición son frutos de un siglo de oración por la unidad cristiana, una causa que muchas veces ha parecido vana. Ahora expresamos nuestra gratitud al Arzobispo Williams, y le aseguramos nuestras oraciones. La Sede de Agustín permanece como un centro de nuestra peregrinación, como lo fue en épocas de fe, en el pasado.


He hecho un compromiso con la Traditional Anglican Communion para que la respuesta a la Santa Sede sea tomada por cada uno de nuestros Sínodos Nacionales. Ellos ya han aprobado nuestro recorrido. Ahora la Santa Sede nos desafía a que busquemos en las estructuras específicas ahora disponibles la “unidad plena, visible, especialmente la comunión eucarística”, por la que hemos rezado mucho, y sobre la que hemos soñado mucho. Este proceso comenzará enseguida.


En el oficio anglicano de matutino, el gran himno de Acción de Gracias, el Te Deum, es parte del ordo diario. Es con sincero agradecimiento a Dios, el Señor y la Fuente de toda paz y unidad, que este himno está hoy en nuestros labios. Éste es un momento de gracia, quizá incluso un momento histórico, no porque es pasado queda deshecho, sino porque el pasado es transformado.


Arzobispo John Hepworth

Primado

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Fuente: Rorate Caeli

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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Repercusiones en Inglaterra

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Burnham

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Comienzan a verse algunas repercusiones acerca de la decisión de la Santa Sede con respecto a los anglicanos. Presentamos aquí la declaración de dos obispos anglicanos, uno de ellos, Andrew Burnham, obispo de Ebbsfleet, ya conocido en esta Buhardilla.


Publicamos también el comunicado de la sección correspondiente al Reino Unido del grupo Forward in Faith, formado por anglo-católicos y representativo del anglicanismo más cercano a Roma.

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Declaración del Obispo de Ebbsfleet y Richborough acerca de la Constitución Apostólica sobre un Ordinariato Personal para ex-anglicanos


Damos una calurosa bienvenida a las noticias del martes 20 de octubre sobre la próxima publicación de una Constitución Apostólica que esboza una iniciativa en la búsqueda de la Unidad con la Santa Sede por la que muchos anglicanos de tradición católica han rezado y a la que han buscado.


No es éste el momento para tomar decisiones apresuradas o para la discusión pública general. Llamamos a un tiempo de tranquila oración y discernimiento. El cercano tiempo de Adviento y la celebración del misterio de la Encarnación en la Navidad, parecen dar una buena oportunidad para que esta oración y discernimiento se lleven a cabo, junto con algunas discusiones pastorales. Algunos anglicanos de tradición católica comprensiblemente querrán permanecer en la Comunión Anglicana. Otros desearán hacer arreglos individuales, según su conciencia les indique. Otro grupo de anglicanos, creemos, comenzará a formar una caravana, como el Pueblo de Israel cuando cruzaba el desierto en búsqueda de la Tierra Prometida. Como obispos, queremos tranquilizar a nuestra gente ya que, cualquiera sea la decisión que tomen los fieles, sacerdotes y parroquias, encontrarán paz y bendición al seguir lo que disciernan ser la Voluntad de Dios para ellos. Hemos elegido el día 22 de febrero, Fiesta de la Cátedra de San Pedro, como un día apropiado para que los sacerdotes y fieles hagan una decisión inicial acerca de si quieren responder positivamente y explorar con más profundidad la iniciativa de la Constitución Apostólica. Muchos, comprensiblemente, necesitarán un período mucho más largo, y aconsejamos en contra de reacciones precipitadas de cualquier tipo.


Los obispos de Ebbsfleet y Richborough visitamos Roma en el período después de la Pascua de 2008, y en el Vaticano fuimos oídos. Estábamos cada vez más preocupados porque las distintas agendas de la Comunión Anglicana estaban alejando más a los anglicanos y a los católicos romanos. No fuimos ni los primeros ni los últimos anglicanos en hacer esto en los últimos años. Después de la decisión del Sínodo General de la Iglesia [anglicana] de Inglaterra en julio de 2008 de proceder con la ordenación de mujeres al episcopado, pedimos ayuda al Santo Padre y hemos aguardado pacientemente una respuesta. Esta Constitución Apostólica, dirigida mundialmente, nos parece ser una respuesta a las preocupaciones nuestras y de otros, y un intento de permitir a todos los que buscan la unidad con la Santa Sede estar unidos sin pérdida de nuestro patrimonio distintivo.


+ Andrew Burnham, Bishop of Ebbsfleet


+ Keith Newton, Bishop of Richborough

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Fuente: The See of Ebbsfleet

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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Comunicado de Forward in Faith UK


Ha sido una esperanza frecuentemente expresada y el ferviente deseo de los anglo-católicos el que se permita, por algún medio, entrar en la comunión plena con la Sede de Pedro reteniendo en su integridad cada aspecto de la herencia anglicana que no discrepa con la enseñanza de la Iglesia Católica.

 

Nos regocijamos de que el Santo Padre intente ahora establecer estructuras dentro del a Iglesia que respondan a este sincero anhelo. Forward in Faith ha estado siempre comprometido en la búsqueda de la unidad en la verdad, y por eso da una calurosa bienvenida a estas iniciativas considerándolas un momento decisivo en la historia del Movimiento Católico en la Iglesia de Inglaterra. Ut unum sint!


+John Fulham
Geoffrey Kirk

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Fuente: Forward in Faith

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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Declaración conjunta

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Se ha dado a conocer una declaración conjunta del Arzobispo de Westminster, Mons. Vincent Nichols, y el primado de la comunión anglicana, Rowan Williams. En la misma hacen referencia a la Nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe publicada hoy, y destacan que el diálogo ecuménico entre la Iglesia Católica y el anglicanismo “oficial” continuará su curso.

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Declaración conjunta del Arzobispo de Westminster [católico] y el Arzobispo de Canterbury [anglicano]


El anuncio de hoy de una Constitución Apostólica es una respuesta del Papa Benedicto XVI a un número de pedidos realizados en los últimos años a la Santa Sede por grupos de anglicanos que desean ingresar en la comunión plena y visible con la Iglesia Católica Romana, y están dispuestos a declarar que comparten la fe católica común y aceptan el ministerio petrino como querido por Cristo para Su Iglesia.


El Papa Benedicto XVI ha aprobado, con la Constitución Apostólica, una estructura canónica que provee de ordinariatos personales, los que permitirán a ex-anglicanos entrar en comunión plena con la Iglesia Católica, preservando elementos del distintivo patrimonio espiritual anglicano.


El anuncio de esta Constitución Apostólica pone fin a un período de incertidumbre para dichos grupos que han abrigado esperanzas de nuevas formas de abrazar la unidad con la Iglesia Católica. Será ahora el turno para aquellos que hicieron los pedidos a la Santa Sede de responder a la Constitución Apostólica.


La Constitución Apostólica es un ulterior reconocimiento de las coincidencias en la fe, la doctrina y la espiritualidad entre la Iglesia Católica y la tradición anglicana. Sin los diálogos de los últimos cuarenta años, este reconocimiento no hubiera sido posible, ni se habrían abrigado esperanzas de comunión plena y visible. En este sentido, esta Constitución Apostólica es una consecuencia del diálogo ecuménico entre la Iglesia Católica y la Comunión Anglicana.


El diálogo en curso entre la Iglesia Católica y la Comunión Anglicana provee las bases para nuestra continua cooperación. Los acuerdos entre la Comisión Internacional Anglicana-Católico Romana (ARCIC) y la Comisión Internacional Anglicana-Católico Romana para la Unidad y la Misión (IARCCUM) dejan claro el camino que seguiremos juntos.


Con la gracia de Dios y la oración, estamos determinados a que nuestro compromiso mutuo y consultas en estos y otros asuntos continúen siendo fortalecidos. Localmente, en el espíritu de la IARCCUM, buscamos construir sobre el modelo de las reuniones compartidas entre la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales y la Casa de Obispos de la Iglesia [anglicana] de Inglaterra, con un énfasis en nuestra misión común. Los encuentros comunes de reflexión y oración comenzaron en Leeds en 2006, y continuaron en Lambeth en 2008, al tiempo que futuras reuniones están en preparación. Esta cooperación cercana continuará mientras crecemos juntos en la unidad y la misión, en testimonio del Evangelio en nuestro país, y en toda la Iglesia.


Londres, 20 de octubre de 2009


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Fuente: Boletín de la Santa Sede

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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Provisión pastoral para grupos de anglicanos

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La Congregación para la Doctrina de la Fe ha publicado hoy una Nota acerca de una Constitución Apostólica que permitirá el establecimiento de “ordinariatos personales” para proveer a los pedidos de distintos grupos de anglicanos (la TAC es, sin duda, uno de ellos, pero hay otros) que quieren ingresar a la Iglesia Católica.


La importancia de esta decisión radica en el impacto que puede llegar a tener entre los anglo-católicos de todo el mundo. Hace algo más de un año publicábamos un artículo en el que hablábamos de esta posibilidad.


Presentamos aquí la traducción de la primera parte de la nota, la que se refiere específicamente a la próxima Constitución Apostólica.

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Nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe acerca de los ordinariatos personales para los anglicanos que ingresan a la Iglesia Católica


Con la preparación de una Constitución Apostólica, la Iglesia Católica está respondiendo a los muchos pedidos que han sido presentados a la Santa Sede de parte de grupos de clérigos y fieles anglicanos en distintas partes del mundo que desean entrar en comunión visible plena.


En esta Constitución Apostólica el Santo Padre ha introducido una estructura canónica que provee para dicha reunión corporativa, estableciendo Ordinariatos Personales que permitirán a los ex-anglicanos entrar en comunión plena con la Iglesia Católica preservando elementos del distintivo patrimonio espiritual y litúrgico anglicano. Conforme a los términos de esta Constitución Apostólica, se proveerá de cuidado y guía pastoral a grupos de ex-anglicanos por medio de un Ordinariato Personal, cuyo Ordinario será nombrado usualmente de entre ex-clérigos anglicanos.


La próxima Constitución Apostólica provee una respuesta razonable y necesaria para un fenómeno mundial, ofreciendo un único modelo canónico para la Iglesia universal, adaptable a las distintas situaciones locales y equitativo para los ex-anglicanos en su aplicación universal. Razones históricas y ecuménicas excluyen la ordenación de hombres casados como obispos, tanto en la Iglesia Católica como en las Iglesia Ortodoxa. La Constitución, por eso, estipula que el Ordinario puede ser tanto un sacerdote como un obispo no casado. Los seminaristas del Ordinariato deberán ser preparados junto con otros seminaristas católicos, aunque el Ordinariato puede establecer una casa de formación para tratar las necesidades particulares de formación en el patrimonio anglicano. De esta manera, la Constitución Apostólica busca balancear, por un lado, la preocupación por preservar el valioso patrimonio litúrgico y espiritual anglicano y, por otro lado, la preocupación de que estos grupos y su clero sean integrados en la Iglesia Católica.


El Cardenal William Levada, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que ha preparado esta provisión, dijo: “Hemos estado intentando satisfacer los pedidos de comunión plena que nos han llegado de parte de anglicanos en distintas partes del mundo en los últimos años en una manera uniforme y equitativa. Con esta propuesta, la Iglesia quiere responder a las legítimas aspiraciones de estos grupos anglicanos para la unidad plena y visible con el Obispo de Roma, sucesor de San Pedro”.


Estos ordinariatos personales serán formados en consulta con las conferencias episcopales locales, y su estructura será similar en algunos aspectos a la de los ordinariatos militares que han sido establecidos en la mayoría de los países para proveer de cuidado pastoral a los miembros de las fuerzas armadas y sus familias en todo el mundo. “Aquellos anglicanos que se han acercado a la Santa Sede han dejado claro su deseo de unidad plena y visible en la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Al mismo tiempo, nos han informado de la importancia de sus tradiciones anglicanas de espiritualidad y culto para su camino de fe”, dijo el Cardenal Levada.


La provisión de esta nueva estructura es consistente con el compromiso del diálogo ecuménico, que continúa siendo una prioridad para la Iglesia Católica, particularmente a través de los esfuerzos del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos. “La iniciativa ha llegado de un número de diferentes grupos de anglicanos”, continuó Levada: “Ellos han declarado que comparten la fe católica común expresada en el Catecismo de la Iglesia Católica, y que aceptan el ministerio petrino como algo que Cristo quiso para la Iglesia. Para ellos, ha llegado el tiempo de expresar esta unidad implícita en la forma visible de la comunión plena”.


Según Levada: “Es la esperanza del Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, que los clérigos y fieles anglicanos que deseen la unión con la Iglesia Católica encuentren en esta estructura canónica la oportunidad de preservar aquellas tradiciones anglicanas que son preciadas para ellos y consistentes con la fe católica. En la medida en que estas tradiciones expresan en un modo distintivo la fe común, son un don para ser compartido en toda la Iglesia. La unidad de la Iglesia no requiere una uniformidad que ignora la diversidad cultural, como queda demostrado por la historia de la cristiandad. Más aún, las muchas tradiciones diversas presentes en la Iglesia Católica hoy tienen todas sus raíces en el principio articulado por San Pablo en su Carta a los Efesios: “Hay un solo Señor, una sola fe, un solo Bautismo” (4,5). Nuestra comunión es, así, fortalecida por tal legítima diversidad, y por eso estamos felices de que estos hombres y mujeres traigan con ellos sus contribuciones particulares a nuestra común vida de fe”.


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Fuente: Boletín de la Santa Sede

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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lunes 19 de octubre de 2009

La relación con los anglicanos

Mañana 20 de octubre ocurrirán dos hechos que parecen estar relacionados. Por una parte y como informa el Boletín de la Santa Sede, a las 11:00 de la mañana  se realizará en Roma una reunión informativa concerniente a “un tema perteneciente a la relación con los anglicanos”, en la que participarán el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Cardenal William Joseph Levada y el Secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Mons. Joseph Augustine Di Noia OP.


Por otro lado, en Inglaterra habrá una conferencia de prensa en la que participarán el Arzobispo Vincent Nichols (Primado de la Iglesia Católica en Inglaterra) y Rowan Williams (Primado de la Iglesia Anglicana de Inglaterra).


Hay mucha especulación al respecto, desde la posibilidad de que se dé una respuesta definitiva al pedido de la “Traditional Anglican Communion” (TAC) – pedido que había sido dirigido precisamente a la Congregación para la Doctrina de la Fe – hasta la creación de una estructura que trascienda los límites de la TAC y alcance a todos los anglo-católicos que quieran hacer el “cruce del Tiber”.


Más allá de toda especulación, el acercamiento (y las conversiones) de los denominados anglo-católicos a la fe católica es algo real y extendido. Unámonos en la oración por esta intención.

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La Abadía que la Revolución no pudo destruir

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Lagrasse

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Se trata de la Abadía de Lagrasse, confiscada en la Revolución Francesa, y que hoy es nuevamente un centro de vida religiosa tradicional. El artículo fue escrito por Will Heaven para el Catholic Herald.

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Los historiadores hacen esfuerzos para determinar la antigüedad de Lagrasse. Existe un documento de fundación del siglo VIII, pero esto indica sólo que la abadía fue establecida alrededor del tiempo en que Carlomagno regía Francia; también se han descubierto allí lápidas que son dos siglos más antiguas.


A primera vista, muchos historiadores podrían tener que esforzarse para datar a los Canónigos Regulares de la Madre de Dios, orden religiosa que reside hoy en Lagrasse, y que lo ha hecho en los últimos cinco años. Usan sotanas blancas y viven según la regla de San Agustín. Su liturgia es tradicional, cantada, y en la Forma Extraordinaria. Y así y todo, la orden fue fundada recién en 1969.


Una luminosa tarde de septiembre desembarqué en la ciudad medieval de Carcassonne (en la región de Languedoc), y desde allí fui acompañado hasta Lagrasse por el Padre Augustin-Marie de la Trinité, el sub-prior y mi guía.


Pasamos a través de viñedos y camiones cuyos remolques estaban casi desbordando de uvas, y después de un ascenso gradual, la ruta desembocó en un pueblo pequeño y hermoso. El lugar era, sin lugar a dudas, antiguo: un puente de piedra cubierto de musgo cruzaba el río, y la torre gótica de la abadía se elevaba por sobre los tejados revestidos de rojo. Habíamos llegado.


Pocos minutos después estaba de pie en el patio principal del monasterio: el Patio de Honor. Las enormes ventanas y la fachada clásica, traicionaban maravillosamente su pertenencia al siglo XVIII. Junto con el palacio abacial – me explicó el Padre Augustin – esta sección fue terminada en 1779 bajo la supervisión de los monjes mauristas. Ellos habían llegado a Lagrasse cien años atrás, y con un énfasis puesto en el estudio académico, habían traído nueva vida a la abadía. La magnífica clausura, que actualmente está siendo reconstruida, también fue construida durante su administración.


Para cuando la revolución francesa llegó a Lagrasse en 1792, la fortuna de la abadía ya había cambiado. Los registros muestran que había sólo 14 monjes viviendo allí cuando su propiedad fue violentamente confiscada. Hasta el día de hoy, el gobierno francés es titular de la mitad del edificio original, y yo le pregunté a uno de los canónigos acerca de los “vecino”. Sonriendo, me replicó: “Las cosas no son precisamente cordiales”.


Caminamos desde el Patio de Honor hasta la clausura donde se había montado un andamiaje. “El estado colabora con la restauración”, dijo el Padre Augustin. “Pero para esto, debemos mantener el lugar abierto al público varias horas al día”. Encontré un video que mostraba a los canónigos cantando Completas – más tarde experimentaría la serenidad de ese servicio.


Lentamente, comenzaron a aparecer más canónigos. Usaban sotanas, y algunos de ellos, con delantales azules, llevaban vegetales a la cocina (para los trabajos manuales, usan hábitos hechos con tela de jean o de caqui). Muchos de ellos eran notablemente jóvenes, por lo que pregunté si era representativo de la orden en general. “Nuestro promedio de edad es 35 años, incluyendo a aquellos que aún no son sacerdotes”, replicó para mi asombro el Padre Augustin.


Llegamos a la puerta de la abadía y entramos. Tres canónigos estaban sentados en frente de la nave, haciendo gestos y señalando los paredes, las ventanas de vidrios de colores, y el altar. El Padre me dijo con un susurro que estaban discutiendo la restauración del interior de la abadía, diseñado simple y llanamente para una comunidad de monjes y no para una congregación de laicos – el edificio consiste casi enteramente de tres naves separadas, con paredes del siglo XIII descansando sobre fundamentos mucho más antiguos todavía.


Fue en el período medieval que Lagrasse se transformó en la sede de un impresionante poder, tanto en términos religiosos como en términos políticos. Sus abades benedictinos eran responsables de 6 abadías, 25 prioratos y 67 iglesias; llegaban donaciones hasta desde Barcelona. Dado todo esto, no sorprende que el nombre de la abadía signifique “la gorda”.


Caminamos hasta el frente de la Iglesia y me presentaron al abad, el Reverendo Emmanuel-Marie de St Jean. Es tan sólo el segundo abad de los Canónigos Regulares de la Madre de Dios, y otro testimonio de que se trata de una orden joven en más de un sentido.


Por la tarde, después de una cena en la que permanecimos callados mientras de cantaban las lecturas, me permitieron entrevistar al abad, y le pregunté sobre los orígenes de la orden. “Es una resurrección de la forma litúrgica tradicional, celebrada por comunidades de miembros que han recibido las órdenes canónicas”, me dijo. “Todo lo cual había desaparecido en Francia al tiempo de la revolución”. La orden está creciendo con fuerza, agregó, y actualmente viven en Lagrasse 34 religiosos.


Hay un cierto esplendor en cuanto a la Liturgia que allí se celebra, y cierta complejidad incluso para los servicios cotidianos. La Misa Solemne atrajo a 60 personas de los alrededores, y aunque la homilía y las lecturas se hicieron en francés, la mayor parte del servicio fue en latín. Me quedó claro de mi estadía que los canónigos “viven” la Liturgia, y de que ésta ha llegado a serles natural.


Le pregunté al abad cuál pensaba era el motivo por el cual los jóvenes se sentían atraídos por la Liturgia tradicional. Me contestó: “Los jóvenes que vienen aquí son mayormente profesionales o estudiantes. Los atrae en parte la forma litúrgica, pero también la atmósfera tradicional de la vida en una comunidad”. Agregó: “En una sociedad que ha perdido sus referencias morales, su aprecio por la cultura, la belleza y la doctrina”, la vida religiosa es más atractiva que nunca para aquellos que tienen una fe fuerte.


Le pregunté por el contraste de la vida en Lagrasse con la vida de un sacerdote en la Iglesia de Francia. “No hay oposición entre las dos ideas”, me contestó el abad. “Pero actualmente la vida de un sacerdote francés es una vida de soledad. Por consiguiente, se ha estado dando una especie de retorno a la idea de las comunidades religiosas. Las Canónigos Regulares de la Madre de Dios, dijo, dan a los jóvenes la oportunidad de vivir en una comunidad y también de ir al mundo – los canónigos participan en la tarea apostólica conduciendo peregrinaciones y campamentos de verano en toda Francia.


Se hace fácil olvidar que los canónigos han estado en Lagrasse sólo desde el 2004. Se mudaron desde un pequeño edificio en Gap, en los Alpes franceses (donde ahora vive una comunidad de Canónigas Regulares de la Madre de Dios bajo la autoridad del Abad de Lagrasse). Necesitaban espacio, y vieron Lagrasse como un proyecto digno de tomar en cuenta.


Pero la tarea era desalentadora: entre la revolución francesa y el 2004, la abadía y los edificios monásticos pertenecieron a distintas órdenes religiosas e incluso terminaron en manos de algunos excéntricos propietarios privados. Muchas partes de los edificios estaban en mal estado, y el abad dijo que al principio pensó que el movimiento era una “locura”. Ahora, sin embargo, la tarea parece superable, y una obra de caridad inglesa está proveyendo del crucial apoyo financiero.


Como invitado de la abadía, lo que me impresionó fue el sentido de que Lagrasse es una comunidad religiosa viva y en crecimiento. Todos tienen su parte: desde tocar el órgano hasta cuidar el jardín del siglo XV, desde arar la tierra hasta acolitar en Misa. La fe de los canónigos también es inspiradora. “¿Por qué te uniste a los Canónigos Regulares de la Madre de Dios?”, le pregunté a un joven hermano que se había graduado en el famoso colegio militar de Saint-Cyr. Sin titubeos, me contestó: “Para imitar la Vida de Cristo”.


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Fuente: The Catholic Herald

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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viernes 16 de octubre de 2009

Monseñor Walker Nickless y la Liturgia

Bishop Nickless 

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El Obispo de Sioux City, Walker Nickless, ha publicado una Carta Pastoral, llamada “Ecclesia Semper Reformanda”. En el blog del Padre Z se destacan los puntos más importantes, de los cuales ofrecemos nuestra traducción.


Para ver la Carta completa, en inglés.


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Nos hallamos ahora a cuarenta años de la clausura del Concilio. Aún quedan muchas preguntas por hacer y por responder. ¿Hemos comprendido el Concilio dentro del contexto de la entera historia de la Iglesia? ¿Hemos comprendido bien los documentos? ¿Los hemos hecho propios e implementado verdaderamente? ¿Es el estado actual de la Iglesia lo que el Concilio buscaba? ¿Qué salió bien? ¿Qué salió mal? ¿Dónde está el “nuevo Pentecostés” prometido?


Hermanos y hermanas míos, diré esto claramente. La “hermenéutica de la discontinuidad” es una falsa interpretación e implementación del Concilio y de la fe católica. Enfatiza el “compromiso con el mundo” hasta la exclusión del depósito de la fe. Esto ha causado estragos en la Iglesia, desmantelando sistemáticamente la fe católica para agradar al mundo, aguando lo que es distintivamente católico, e irónicamente haciéndolo completamente irrelevante e impotente para la misión de la Iglesia en el mundo. La Iglesia que busca simplemente lo que funciona o es “útil”, al final, se transforma en inútil.


Nuestra necesidad urgente en este tiempo es recuperar y fortalecer nuestra comprensión del depósito de la fe. Debemos tener una identidad y cultura distintivas como católicos, si vamos a comunicar el Evangelio efectivamente a los hombres de hoy y de nuestra diócesis. Ésta es nuestra misión. Observen que esta misión es doble, como fue el propósito del Concilio Vaticano Segundo. Se dirige a nosotros mismos dentro de la Iglesia (ad intra), y al mundo (ad extra). Lo primero es primario y necesario para lo segundo; lo segundo brota de lo primero. Es por esto que no hemos tenido el éxito que debiéramos haber tenido en llevar el mundo a Jesucristo y a Jesucristo al mundo. No podemos dar lo que no tenemos, no podemos cumplir nuestra misión de evangelizar si nosotros mismos no estamos evangelizados.


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Monseñor Walker Nickless señala, en este contexto, cinco prioridades pastorales:


1. Debemos renovar nuestra reverencia, amor, adoración y devoción al Santísimo Sacramento, dentro y fuera de la Misa. Una renovación de la espiritualidad eucarística necesariamente supone una continuada implementación de la reforma de la liturgia como la enseña autorizadamente el Magisterio de la Iglesia, la promoción de la Adoración Eucarística fuera de la Misa, la recepción regular del Sacramento de la Reconciliación y la devoción a la Santísima Virgen María, Madre de la Eucaristía y nuestra Madre.


2. Debemos fortalecer la catequesis en todos los niveles, comenzando con y enfocándonos en los adultos. Si nosotros, que se supone seamos maduros en la fe no conocemos la fe católica bien, ¿cómo podemos vivirla e impartirla a nuestros niños y a las futuras generaciones de católicos?


3. Las primeras dos prioridades pastorales – la renovación de la espiritualidad eucarística y la catequesis – fomentarán familias fieles que son el fundamento de la Iglesia y de la sociedad. Somos llamados a proteger, desarrollar y fomentar familias santas entre nosotros, sin las cuales la Iglesia y el mundo perecen.


4. Si renovamos la Eucaristía, la catequesis y la vida familiar de nuestra diócesis, simultáneamente estaremos fomentando una cultura donde los jóvenes puedan responder más fácilmente a los llamados radicales del sacerdocio ministerial y de la vida consagrada.


5. Debemos reconocer y abrazar el carácter misionero de la fe católica y la vocación de todos los católicos a ser, no sólo discípulos, sino también apóstoles.


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Sobre cada una de estas prioridades, el Obispo de Sioux City escribe un comentario. Acerca de la prioridad número uno, relativa a la espiritualidad eucarística, dice entre otras cosas:


Todo lo que hacemos y somos debiera brotar de nuestra participación en la Eucaristía y llevarnos nuevamente a ella. Es absolutamente central a nuestra identidad y fe como católicos. Nos permite comprometernos en nuestra misión. Sin una adecuada reverencia, amor, adoración y devoción a la Eucaristía y a la Liturgia estamos perdidos.


Cuando damos culto a Dios de esta forma, Él nos santifica, es decir, nos hace santos. Ésta es el segundo fin de la Liturgia.


Dado que, en la Liturgia de la Iglesia, encontramos a Dios en una forma única, el modo en que damos culto – los ritos externos, los gestos, los vasos sagrados, la música, el edificio mismo – debería reflejar la grandeza de la Liturgia Celestial. La Liturgia es mística, es nuestro misterioso encuentro con el Dios trascendente, que viene a santificarnos por medio del Sacrificio de Cristo hecho presente en la Eucaristía y recibido en la Santa Comunión. Debería irradiar la verdad y la bondad celestiales. Este resplandor, este esplendor de la verdad, es la belleza.


Nuestra liturgia debería irradiar verdadera belleza, reflejando la belleza de Dios mismo y de lo que Él hace por nosotros en Cristo Jesús. Debería elevar nuestra alma – en primer lugar a través del intelecto y de la voluntad, pero también por medio de nuestros sentidos y emociones – para adorar a Dios, ya que estamos teniendo parte en el culto eterno del Cielo. En este valle de lágrimas, la Liturgia debería ser las estrella polar, un lugar de maravilla y consuelo en el día a día de nuestras vidas, un lugar de luz y de elevada belleza, más allá del alcance de las sombras mundanas. Muchas personas entran en contacto con la Iglesia, y a veces con la oración y con Dios, sólo a través de la Misa dominical. ¿Acaso no deberíamos ofrecer una experiencia de belleza y trascendencia, convincentemente distinta de nuestras vidas diarias? ¿No debería ser cada faceta de nuestra ofrenda proporcionada a la realidad divina?


Es imperativo que recuperemos este asombro, recogimiento, reverencia y amor por la Liturgia y la Eucaristía. Para hacerlo, debemos sentir y pensar con la Iglesia entera en “reformar la reforma” del Concilio Vaticano Segundo. Debemos aceptar e implementar la corriente vigente de documentos litúrgicos magisteriales emanados de la Santa Sede: Liturgiam Authenticam (2001), la tercera Editio Typica del Misal Romano, con su nueva Instrucción General (2002), el Directorio sobre Piedad Popular y Liturgia (2002), Ecclesia de Eucharistia (2003), Spiritus et Sponsa (2003), Redemptionis Sacramentum (2004), Sacramentum Caritatis (2007), y Summorum Pontificum (2007).


Parece que no todo está bien con la Liturgia, y la Iglesia está tratando de ayudarnos. El péndulo oscila, la hermenéutica de la discontinuidad y las divisiones dentro de nuestra Iglesia se han visto y sentido en la Liturgia más que en ningún otro lugar.


La participación activa no excluye la activa pasividad del silencio, la quietud, el escuchar: de hecho, la demanda. Los que dan culto no son pasivos, por ejemplo, cuando escuchan las lecturas o la homilía, o cuando siguen las oraciones del celebrante y los cantos y música de la Liturgia. Éstas son experiencias de silencio y quietud, pero son, a su manera, profundamente activas.


La participación activa demanda que la comunidad entera sea adecuadamente instruida en los misterios de la Liturgia, de lo contrario la experiencia del culto degenera en una forma de ritualismo. Pero esto no significa un constante intento, dentro de la Liturgia misma, de hacer explícito lo implícito, dado que esto a menudo conduce a una verbosidad e informalidad que son ajenas al rito romano, y que terminan trivializando el acto de culto. Tampoco significa la supresión de toda experiencia subconsciente, experiencia vital en una liturgia que abunda en símbolos que hablan tanto a lo subconsciente como a lo consciente. El uso del vernáculo ciertamente ha abierto los tesoros de la Liturgia a todos los que toman parte en ella, pero esto no significa que la lengua latina, y especialmente los cantos tan magníficamente adaptados al genio del Rito Romano, deban ser completamente abandonados. Si se ignora la experiencia subconsciente en el culto, se crea un vacío afectivo y devocional, y la Liturgia puede transformarse en algo no sólo demasiado verbal, sino también demasiado cerebral.

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Fuente: What Does The Prayer Really Say?

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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jueves 15 de octubre de 2009

Las medidas litúrgicas de un conocido Arzobispo

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El Arzobispo de Colombo, Mons. Albert Malcolm Ranjith, ha publicado una Carta Circular sobre la Sagrada Liturgia, recordando algunas nociones, corrigiendo abusos y emanando normas referidas especialmente a las actividades de diversos movimientos y servicios religiosos. Ofrecemos una traducción al español, realizada por nuestro amigo Rodolfo Vargas Rubio, de este ejemplar documento episcopal que demuestra una gran comunión con el Sucesor de Pedro.

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A todos los Reverendos Padres, Hermanos y Hermanas y fieles laicos de Colombo


Queridos hermanos y hermanas:


Últimamente numerosos movimientos de renovación católica y personas particulares han estado dirigiendo muchos actos para-litúrgicos fuera de los normales horarios parroquiales. No obstante aprecie las muchas conversiones, los valores de testimonio, el renovado entusiasmo por la oración, la vibrante participación y la sed por la Palabra de Dios, yo, como obispo diocesano, dispensador en jefe de los misterios de Dios en la iglesia particular confiada a mi cuidado y, en consecuencia, moderador, promotor y custodio de toda la vida litúrgica en la Archidiócesis de Colombo, llamo vuestra amable atención sobre los siguientes aspectos litúrgicos y eclesiológicos de esta nueva situación, urgiéndoos seriamente a adheriros con efecto inmediato a las directivas expuestas en esta circular.


1. La Eucaristía es la celebración del Misterio Pascual por excelencia dado a la Iglesia por el mismo Jesucristo. Jesucristo es el principio de toda la liturgia en la Iglesia y, por lo tanto, toda liturgia es primariamente de origen divino. Ella es el ejercicio de Su oficio sacerdotal; de ahí que no se trate de una empresa meramente humana o de una innovación quimérica. Así pues, no es apropiado llamarla una simple celebración de vida. Hay mucho más que eso. Ella es la fuente y la cima de todo, de la cual mana toda gracia divina en la Iglesia. Este sacratísimo misterio ha sido transmitido a los Apóstoles por el Señor, y la Iglesia ha estado salvaguardando laboriosamente la celebración de este misterio a través de los siglos, dando lugar de ese modo a toda una sagrada tradición y a una teología no sujetas a la interpretación individual o privada. Por consiguiente, ningún sacerdote, sea diocesano, religioso o alguno invitado de fuera de la Archidiócesis o de cualquier otro país para dirigir especiales actos religiosos, está autorizado a cambiar, añadir, o quitar algo en el sagrado rito de la Misa. Esto no es nada nuevo y fue firmemente establecido en la constitución dogmática Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia del Concilio Vaticano II, promulgada en 1963 (nn. 22-23) y retomado más tarde repetidamente en varios documentos como la encíclica Ecclesia de Eucharistia del Papa Juan Pablo II, de venerada memoria, o la exhortación apostólica post-sinodal Sacramentum caritatis de Su Santidad el Papa Benedicto XVI (n. 55).


Ciertos elementos que deben ser indicados específicamente al respecto:


a) No se permite a los sacerdotes cambiar o improvisar la Plegaria Eucarística o cualquier otra oración inmutable de la Misa, inclusive si la intención es desarrollar algún elemento implícito en ella mediante el canto de varios coros o añadiendo explicaciones. Es necesario entender que la Liturgia de la Iglesia está estrechamente vinculada con su fe y tradición: Lex orandi, Lex credendi: ¡la regla de la plegaria es la regla de la fe! Es el Señor y no otro quien nos ha dado la liturgia; es por ello por lo que nadie más tiene derecho a cambiarla.


b) Los llamados elementos “Alaba y Adora” [Praise and worship] no están permitidos en ninguna parte del rito de la Misa. Música excesiva y demasiado alta, aplausos, largas intervenciones y gestos que perturban la sobriedad de la celebración, tampoco. Es muy importante que comprendamos la sensibilidad cultural religiosa del pueblo cingalés. Alrededor de nosotros, la mayoría son budistas, cuya forma de culto es sumamente sobria, y musulmanes e hinduistas, que tampoco crean ninguna conmoción con su culto. Sabemos, además, que hay en este país una fuerte oposición a las sectas cristianas fundamentalistas y nosotros, los católicos, nos hemos esforzado por explicar que el Catolicismo es diferente de tales sectas. Sin embargo, algunas de las prácticas “Alaba y Adora” son más parecidas a los actos religiosos de los fundamentalistas que a los de los del Catolicismo Romano. Respetemos, pues, nuestra diversidad y sensibilidad culturales.


c) La Palabra de Dios establecida no puede ser cambiada al azar y de cualquier manera y el salmo responsorial debe ser cantado sin sustituirlo por himnos de meditación. La dimensión contemplativa de la Palabra de Dios es de suma importancia. En algunos servicios para-litúrgicos, la gente tiende a una excesiva verbosidad. Es Dios quien habla y nosotros los que necesitamos escuchar; y escuchar requiere más bien silencio y contemplación que exuberancia cacofónica.


d) Los sacerdotes deben predicar acerca de la Palabra de Dios y de los misterios litúrgicos celebrados. Las predicaciones por los laicos están rigurosamente prohibidas durante las celebraciones litúrgicas.


e) La Santísima Eucaristía debe ser distribuida con el mayor cuidado y reverencia y sólo por aquellos que están autorizados. Todos los ministros, sean ordinarios como extraordinarios, deben estar revestidos con la adecuada indumentaria ministerial. Yo recomendaría a todos los fieles, incluyendo a los religiosos, que reciban la comunión reverentemente de rodillas y en la lengua. La práctica de la comunión “auto-servicio” está prohibida y humildemente pido a los sacerdotes que están permitiendo que los fieles se acerquen a tomar la comunión por sí mismos que suspendan de inmediato dicha práctica.


f) Se espera de todos los sacerdotes que se atengan a lo estipulado en el rito de la Misa, de modo que no haya lugar a comparaciones ni contrastes entre Misas, como si las celebradas por ciertos sacerdotes fueran superiores a las celebradas por los demás.


g) El Tetragrama YHWH no se debe pronunciar en las oraciones o himnos debido a su naturaleza sagrada (Carta de la Congregación para el Culto Divino sobre el Nombre de Dios, Prot. n. 213/08/L), lo cual tiene en cuenta la sensibilidad a este respecto de la comunidad judía, de la cual hemos heredado mucho en nuestro culto.


H) Las bendiciones litúrgicas están reservadas sólo a los ministros ordenados, es decir: obispos, sacerdotes y diáconos. Cualquier persona puede rezar sobre otra, pero se recomienda seriamente no usar gestos que puedan inducir en ilusión, confusión o malinterpretación.


2. Debe considerarse la celebración dominical de la Eucaristía de la comunidad parroquial como la práctica litúrgica central de los católicos. El Papa Juan Pablo II exhortó en su carta apostólica Dies Domini de 1998 a mantener y estimar la Eucaristía dominical como el acontecimiento central que une a todos los fieles de la comunidad local. A este respecto, una importante enseñanza es saber que el Dies Domini es el Dies Ecclesiae. Así pues, todos los sacerdotes, religiosos y laicos de una determinada parroquia deberían esforzarse por asistir a la Misa dominical de su iglesia parroquial, sin buscar “Misas de conveniencia” o Misas especiales celebradas por grupos particulares fuera de los límites de su parroquia.


Los movimientos religiosos, incluso si están aprobados, no deberían organizar celebraciones paralelas los domingos en la misma parroquia. Las casas religiosas que tienen Misas los domingos para sus miembros ancianos o en razón de la clausura de sus comunidades, deberían exhortar seriamente a los laicos y religiosos que asisten a esas misas a volver a las de sus comunidades parroquiales. El Papa Juan Pablo II explica las razones de no permitir a pequeños grupos que tengan sus propias celebraciones los domingos. Bajo el pretexto de buscar liturgias mejores y más vibrantes, se daña la integridad de la comunidad parroquial y se la destruye gradualmente. Los servicios dominicales paralelos fomentan indirectamente los cultos a la personalidad y llevan así a rupturas y divisiones en el cuerpo del Señor en la parroquia. En la Ordenación General del Misal Romano (edición típica de 2002) se dice: “Eviten [los fieles], por consiguiente, toda apariencia de singularidad o de división, teniendo presente que es uno el Padre común que tienen en el cielo, y que todos, por consiguiente, son hermanos entre sí” (n. 95).


Todos los movimientos que funcionan en la Archidiócesis deberían ofrecer su total cooperación para fomentar y alimentar la liturgia parroquial dominical, sin preocuparse tanto por edificar sus propios reinezuelos. ¡Donde hay división hay pecado! Las celebraciones de la Palabra que acaban con la bendición Eucarística no substituyen a la Eucaristía dominical. A este respecto, he indicado muy claramente a los sacerdotes de la Archidiócesis que obtengan mi personal licencia para asistir a dichos servicios para impartir la bendición Eucarística. Últimamente, algunos han empezado a tomar el Santísimo expuesto para ostentarlo de casa en casa, como si se tratase de una estatua que es traída y llevada. La bendición Eucarística debe celebrarse con sumo cuidado y con reserva, y no debe ser objeto de abuso para dar "apariencia católica" o servir de camuflaje a algo que puede no parecer tan católico al cabo de una interminable reunión. Tocar con la custodia las cabezas de los fieles está estrictamente prohibido.


En esta misma línea de pensamiento, no se les permite a los movimientos y grupos religiosos formar a sus propios hijos y grupos juveniles. Las estructuras parroquiales y diocesanas ya proveen a estas necesidades y debe hacerse uso de ellas sin multiplicar estructuras paralelas, no sea que se propicien comparaciones y hasta disensiones. En todo esto debemos salvaguardar apasionadamente la unidad de la Iglesia. Jesús rogó por la unidad de su pueblo y oró para que todos fueran uno (cf. Ioann. XVII, 21).


En un futuro próximo espero publicar un folleto en el que se explicarán en detalle muchas más cosas concernientes a la vida litúrgica de la Archidiócesis de Colombo. Humilde y respetuosamente pido a todos los sacerdotes, religiosos y laicos de la Archidiócesis de Colombo que presten su colaboración en salvaguardar la sacralidad de la liturgia en esta iglesia particular. Estoy seguro que estas instrucciones serán puestas inmediatamente por obra, de modo que las preocupaciones litúrgicas más urgentes sean pronto solventadas.


¡Gracias y que Dios os bendiga!


Con la seguridad de mis oraciones y mi cordial bendición, devotamente vuestro en Cristo,


+ Malcolm Ranjith

Arzobispo de Colombo

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Fuente: Arquidiócesis de Colombo


Descargar aquí el texto de la Carta en formato word

(incluye las notas).

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martes 13 de octubre de 2009

Optimismo moderno y odio a la Iglesia

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j ratzinger

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En la primera mitad de los años setenta, un amigo de nuestro grupo realizó un viaje a Holanda, donde la Iglesia cada vez hablaba más de sí misma, lo cual era visto por algunos como la imagen y esperanza de una Iglesia mejor para el mañana, y por otros como síntoma de una decadencia que era la lógica consecuencia de la actitud asumida. Esperábamos con cierta curiosidad el balance que nuestro amigo nos haría a su retorno.


Dado que era un hombre leal y un observador preciso, nos habló de todos los fenómenos de descomposición de los que ya algo habíamos oído: seminarios vacíos, órdenes religiosas sin vocaciones, sacerdotes y religiosos que grupalmente daban la espalda a su vocación, la desaparición de la confesión, la dramática caída de la frecuencia de asistencia a Misa, y así sucesivamente. Naturalmente fueron descritos también los experimentos y las novedades que no podían, a decir verdad, cambiar nada de las señales de decadencia sino que, más bien, las confirmaban.


La verdadera sorpresa del balance fue, sin embargo, la valoración conclusiva: a pesar de todo, una Iglesia grandiosa, ya que no había pesimismo por ninguna parte, todos iban llenos de optimismo al encuentro del futuro. El fenómeno del optimismo general hacía olvidar toda decadencia y toda destrucción, y bastaba para compensar todo lo negativo.


Hice mis reflexiones en silencio.


¿Qué se habría dicho de un hombre de negocios que sólo escribe en números rojos pero que, sin embargo, en lugar de reconocer sus pérdidas, buscar las razones y oponerse valientemente, se entrega a sus acreedores sólo con el optimismo? ¿Qué pensar de la glorificación de un optimismo que es, sencillamente, contrario a la realidad?


Traté de llegar al fondo de la cuestión y examinar las diversas hipótesis. El optimismo podía ser una simple una cobertura, detrás de la cual se escondía precisamente la desesperación que se buscaba superar de tal modo. Pero podía tratarse también de algo peor: que este optimismo metódico fuera producido por aquellos que deseaban la destrucción de la vieja Iglesia y que, sin demasiado ruido, con el manto de cobertura de la reforma, querían construir una Iglesia completamente diversa, a su gusto, a la que, sin embargo, no podían dar inicio para no develar demasiado pronto sus intenciones. Entonces, el público optimismo sería una especie de tranquilizante para los fieles con el fin de crear el clima apto para deshacer en paz a la Iglesia y adquirir así dominio sobre ella.


El fenómeno del optimismo tendría, por lo tanto, dos caras: por una parte, supondría la bienaventuranza de la confianza o, más bien, la ceguera de los fieles que se dejan calmar por buenas palabras; por otra parte, consistiría en una estrategia consciente para el cambio de la Iglesia en la que ninguna otra voluntad superior – voluntad de Dios – nos molestaría más, ni inquietaría más la conciencia, mientras que nuestra voluntad tendría la última palabra.


El optimismo sería, finalmente, la manera de liberarnos de la pretensión, considerada ya desagradable, del Dios viviente sobre nuestra vida. Este optimismo del orgullo, de la apostasía, se habría servido del optimismo ingenuo de la otra parte, más aún, lo habría alimentado, como si tal optimismo no fuese otra cosa que la esperanza cierta del cristiano, la divina virtud de la esperanza, mientras que en realidad era una parodia de la fe y de la esperanza.


Reflexioné también sobre otra hipótesis. Era posible que un optimismo de este estilo fuese simplemente una variante de la fe liberal en el progreso perenne: el sucedáneo burgués de la esperanza perdida de la fe. Llegué finalmente al resultado de que todos estos componentes actuaban juntos, sin que se pudiese decidir fácilmente cuál de ellos, y cuándo y dónde, tenía el peso predominante.


Un poco más tarde, mi trabajo me llevó a ocuparme del pensamiento de Ernst Bloch, para quien el “principio esperanza” es la figura especulativa central. Según Bloch, la esperanza es la ontología de lo aún no existente. Una correcta filosofía no debe aspirar a estudiar lo que es (esto sería conservadurismo o reacción) sino a preparar lo que aún no es. Dado que lo que es, es digno de perecer, el mundo verdaderamente digno de ser vivido debe ser aún construido. La tarea del hombre creativo es, por lo tanto, la de crear el mundo justo que aún no existe; para esta elevada tarea, sin embargo, la filosofía debe desarrollar una función decisiva: ella es el laboratorio de la esperanza, la anticipación en el pensamiento del mundo del mañana, anticipación de un mundo razonable y humano, no más formado por el suceso, sino pensado y realizado por nuestra razón.


Ahora bien, sobre el fondo de las experiencias recién narradas, lo que me sorprendió fue el uso del término “optimismo” en este contexto. Para Bloch (y para algunos teólogos que lo siguen), el optimismo es la forma y la expresión de la fe en la historia y, por lo tanto, es necesario para quien quiere servir a la liberación, a la evocación revolucionaria del mundo nuevo y del hombre nuevo. La esperanza es, por eso, la virtud de una ontología de lucha, la fuerza dinámica de la marcha hacia la utopía.


Leyendo a Bloch, pensaba que el “optimismo” es la virtud teologal de un Dios nuevo y de una religión nueva, la virtud de la historia divinizada, de una “historia” de Dios; por lo tanto, del gran dios de las ideologías modernas y de su promesa. Esta promesa es la utopía, a realizarse por medio de la “revolución” que representa, a su vez, una especie de divinidad mítica, por así decir una “dios hija” en relación con el dios-padre “Historia”.


En el sistema cristiano de las virtudes, la desesperación, es decir, la radical oposición a la fe y la esperanza, es calificada como pecado contra el Espíritu Santo porque excluye Su poder de sanar y de perdonar, negando así la redención.


En la nueva religión, le corresponde el hecho de que el “pesimismo” es el pecado de todos los pecados ya que la duda sobre el optimismo, sobre el progreso, sobre la utopía, es un asalto frontal al espíritu de la edad moderna, es la contestación de su credo fundamental sobre el cual se funda su seguridad, que sin embargo está continuamente amenazada por la debilidad de aquella divinidad ilusoria que es la historia.


Todo esto me vino de nuevo en mente cuando estalló el debate respecto a mi “Informe sobre la fe”, publicado en 1985. El grito de revuelta levantado por este libro sin pretensiones terminaba en la acusación: es un libro pesimista.


En algún lugar, se intentó incluso prohibir la venta porque una herejía de esta magnitud sencillamente no podía ser tolerada. Los poseedores del poder de opinión pusieron el libro en el index. La nueva inquisición hizo sentir su fuerza. Se demostró una vez más que no existe peor pecado contra el espíritu de la época que el ser culpable de una falta de optimismo.


De hecho, el planteo no fue: si es verdadero o falso lo que se afirma, si los diagnósticos son correctos o no; he podido constatar que no se molestaban en plantearse semejantes cuestiones pasadas de moda. El criterio era muy sencillo: es optimista o no. Y frente a este criterio, el libro era, sin más, un fracaso.


La discusión artificialmente encendida sobre el uso de la palabra “restauración”, que no tenía nada que ver con lo dicho en el libro, sólo fue parte del debate sobre el optimismo: parecía estar en cuestión el dogma del progreso.


Con la cólera que sólo un sacrilegio puede evocar, se atacaba esta negación del dios Historia y de su promesa. Pensé en un paralelo en el campo teológico.

El profetismo es asociado por muchos, por un lado, con la “crítica” (revolución), y por el otro, con el “optimismo”, haciéndolo criterio central, en esa forma, de la distinción entre verdadera y falsa teología.


¿Por qué cuento todo esto?


Yo creo que es posible comprender la verdadera esencia de la esperanza cristiana y revivirla, sólo si se miran de frente las imitaciones deformadoras que tratan de introducirse por todas partes. La grandeza y la razón de la esperanza cristiana salen a la luz sólo cuando nos liberamos del falso esplendor de sus imitaciones profanas.


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Fuente: Joseph Ratzinger, “Guardare Cristo”; año 1989 (pág. 35-39)


Tomado de Ratzinger.it


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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lunes 12 de octubre de 2009

De espaldas a la Belleza

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Presentamos la traducción del sermón pronunciado por el P. Franklyn M. McAfee, D. D., en la cripta del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción (USA), en una Misa celebrada en la Forma Extraordinaria.

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A thing of beauty is a joy forever
Its loveliness increases;
It will never pass into nothingness.
                                   John Keats


Cuando los enviados de Vladimir, el Príncipe de Kiev, regresaron tras haber participado en la Divina Liturgia en la Catedral de Hagia Sophia en Constantinopla a fines del siglo décimo, dieron este informe: “no sabíamos si estábamos en el cielo o en la tierra, ya que, por cierto, no existe en la tierra tal esplendor o belleza. No podemos describírsela; sólo esto sabemos: que Dios habita allí entre los hombres y que sus ceremonias sobrepasan el culto de todos los demás lugares. ¡No podemos olvidar la belleza!”.


El presidente John Adams, en una carta a su esposa Abigail, le contó sobre una visita a una “capilla romanista”: “La música consistía de un órgano y un coro de cantores; duró toda la tarde, excepto durante el sermón, y la asamblea cantaba muy dulce y exquisitamente. Aquí está todo lo que los ojos, los oídos y la imaginación pueden alcanzar. Todo lo que puede encantar y cautivar al simple y al rudo. Me pregunto cómo hizo Lutero para romper el hechizo”.


Santa Teresa de Ávila declaraba: “Siempre me conmueve la grandeza de las ceremonias de la Iglesia”. El amor a la belleza y su expresión en la obra de arte no son en sí mismos belleza, pero tal expresión es homenaje a Dios porque, según Santo Tomás de Aquino, “Belleza es uno de los nombres de Dios”. Así la Iglesia, cuando es convocada para celebrar los Divinos Misterios, utiliza todas las artes que apelan a los sentidos, porque lo bello es “id quod visum placet”, ‘visión de lo que’ al ser contemplado es agradable. La sobriedad del canto, el esplendor de los instrumentos, lo festivo de los ornamentos, la pompa del incienso, las velas, los vasos sagrados, el agua bendita – todo esto nos ayuda en nuestro culto al Dios Trino que creó la belleza, sostiene la belleza, redimió la belleza, y es Él la Belleza misma.


Tradicionalmente, la Iglesia ha revestido de misterio al Santo Sacrificio de la Misa. Haciendo uso de los bienes de la creación, la Iglesia, en su trascendencia, guía a sus hijos hacia Dios; y Dios, por los mismos medios, desciende hacia ellos. A veces, la Iglesia olvida esto. El Papa Benedicto XVI (como Cardenal Ratzinger) lamentaba: “Desde el Concilio Vaticano [Segundo], la Iglesia ha dado la espalda a la belleza”. Hace apenas algunos años, el Consejo Pontificio para la Cultura en Roma hizo esta petición: “¡devuelvan la belleza a los edificios eclesiásticos, devuelvan la belleza a los objetos litúrgicos!”. La Iglesia no sólo ha dado la espalda a la belleza, parece estar avergonzada de la misma. La Iglesia, que un tiempo fue la patrocinadora de las artes.


Nos hemos empobrecido. Usando una frase de Paul Claudel, “vivimos en una era privada de imaginación”. Según el filósofo Plotino, “el alma debe subir la escalera de lo bello antes de que pueda encontrar la visión de la Belleza Primera”. Pero, ¿qué sucede cuando se quitan los peldaños de la escalera?


Los científicos afirman que la mitad izquierda del cerebro se especializa en las matemáticas, el análisis, la ciencia y cosas por estilo. Es la parte derecha del cerebro la que es incurablemente romántica; su competencia es la poesía, el amor, el arte, la música. Es la parte derecha del cerebro la que es puesta en juego por una forma elevada de Liturgia. Un autor ha dicho: “durante una Misa vernácula más des-ritualizada, la parte derecha del cerebro, ese Homero o Shakespeare en miniatura que todos tenemos, es asfixiado a muerte”.


H.L. Menken, que escribía para un periódico de Baltimore y no era amigo de religión alguna, se encontró a sí mismo admirando a la Iglesia Católica, como dijo en 1923: “La Iglesia latina, a la que constantemente me encuentro admirando, a pesar de sus frecuentes imbecilidades pasmosas, ha conservado siempre claramente ante sí misma, el hecho de que la religión no es un silogismo sino un poema… Roma, por cierto, no sólo ha preservado la poesía original de la cristiandad; también ha hecho adiciones capitales a esa poesía – por ejemplo, la poesía de los santos, de María, de la liturgia misma”. “Una Misa Solemne”, concluía, “debe ser mil veces más impactante  que el sermón más poderoso que se haya proclamado bajo el cielo… a la vista de tal irresistible belleza, no es necesario cansar a los fieles con lógica; se los convence mejor dejándolos en paz”.


Escuchemos a los enemigos de la Iglesia. Tiemblan ante cada movimiento del incienso y ante cada una de las genuflexiones. En 1888, un adventista del séptimo día publicó un libro sobre la Prostituta de Babilonia. Cuando el juez Clarence Thomas fue nombrado para la Corte Suprema, el libro fue reeditado. El autor habla también sobre el culto litúrgico… recuerden que esto pertenece al siglo XIX: “Muchos protestantes suponen que la religión católica no es atrayente, y que el culto es una ceremonia aburrida y sin sentido. En esto se equivocan. Aunque el romanismo se basa en el engaño, no es una impostura burda y tosca. El servicio religioso de la Iglesia Romana es un ceremonial muy impresionante. Su magnífico despliegue y sus ritos solemnes fascinan los sentidos del pueblo y silencian la voz de la razón y la conciencia. El ojo se ve encantado. Las magníficas iglesias, las procesiones imponentes, los altares dorados, los santuarios adornados, las pinturas selectas, y la exquisita escultura llaman al amor de la belleza. El oído también es cautivado. La música no tiene igual. Las suntuosas notas del órgano en tono profundo, combinadas con la melodía de muchas voces que recorren las nobles cúpulas y las naves de sus grandiosas catedrales, no pueden dejar de impactar la mente con sobrecogimiento y reverencia. La pompa y ceremonia del culto católico tiene el poder seductor, fascinador, por el cual muchos son engañados; y se acercan a contemplar la Iglesia Romana como la misma puerta del Cielo”.


Fue de esta manera que muchos corazones endurecidos para con la Iglesia se derritieron; como en el caso de los “decadentes” – Baudelaire, Verlaine, Aubrey, Oscar Wilde y otros. La belleza puede entonces ser adecuadamente llamada evangélica, belleza evangélica, via pulchritudinis; puede abrir la senda para la búsqueda de Dios y “disponer los corazones y los espíritus para el encuentro con Cristo que es la Belleza de la Santidad Encarnada ofrecida por Dios a los hombres para su salvación”.


Según Santo Tomás de Aquino, para que algo sea considerado bello debe tener tres cualidades: integridad, armonía, claridad o resplandor. Cuando brota el resplandor, y las enseñanzas de la Iglesia se hacen manifiestas, la Iglesia Católica es reconocida como el lugar donde habita la verdad y el hogar de la belleza. Éste fue el caso con los “decadentes”. Hans Urs Von Balthasar ha escrito que cuando “el bien haya perdido su poder de atracción, cuando las pruebas hayan perdido su carácter conclusivo, entonces, será la belleza la que impere”.


El Papa Benedicto XVI, hablando de la visita de los delegados del Príncipe Vladimir de Kiev a Constantinopla, afirmó que la delegación y el príncipe aceptaron la verdad de la cristiandad no por lo convincente de sus argumentaciones teológicas sino por la belleza del misterio de sus liturgias.


El poeta Baudelaire escribió: “Es al mismo tiempo por medio de la poesía y a través de la poesía, por medio de la música y a través de la música, que el alma vislumbra el esplendor situado más allá de la tumba; y cuando un poema exquisito trae lágrimas a los ojos, esta lágrimas no son prueba de un gozo excesivo. Son testimonio de una melancolía irritada, una demanda de los nervios, de una naturaleza exiliada en lo imperfecto y que ahora desea tomar posesión de su mundo”.


Baudelaire fue influenciado significativamente en su idea de la belleza por un escritor norteamericano que él admiraba mucho, Edgar Allan Poe. Acerca de la belleza, Poe declara: “Tenemos aún una sed no saciada, la sed que pertenece a la inmortalidad del hombre. Es a la vez una consecuencia y una indicación de esta naturaleza perenne. Es el deseo de la palomilla por las estrellas. No es la mera apreciación de la belleza que tenemos delante, sino el velado esfuerzo por alcanzar la belleza que está más allá”.


¿Por qué, entonces, tiene que ser bella la Liturgia? Porque la belleza provee un vehículo para trascender nuestras vidas presentes y tocar los bordes del cielo. Cuando encontramos belleza finita, se engendra una añoranza más apasionada por la belleza absoluta e inmortal de la que la belleza temporal no es más que una efímera epifanía.


En la Epístola a los Hebreos, Cristo es llamado el “leiturgos”, el Liturgista que preside todos los rituales, Quien ofrece la Liturgia. Dado que Cristo es el “leiturgos” y Cristo es la Belleza Encarnada, toda belleza debe reflejarlo a Él, y toda belleza debe manar de Él en la Liturgia.


Cristo, la Palabra hecha Carne, es la más grande obra maestra. Cristo es la más perfecta sinfonía. Cristo es la pintura más encantadora. Cristo es el ritmo cósmico en el poema eterno.


San Juan de la Cruz decía: “Dios pasa a través de los matorrales del mundo, y dondequiera que cae Su mirada, transforma en belleza todas las cosas”.


San Pablo escribió a Timoteo: “Él es el Rey de reyes y el Señor de los señores, el único que posee la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible”. Y así y todo, en la Divina Liturgia de la Misa nos atrevemos a acercarnos a Él que vive en una luz inaccesible.


¿Cómo puedo describir la Liturgia? Puedo describirla con una palabra. En las cortes celestiales, entre los coros celestiales, no se habla sino una palabra, una sola palabra que los querubines y los serafines pronuncian ante la majestad de la liturgia cósmica del Cordero glorificado que estuvo muerto pero ahora ha resucitado, y esa palabra es…


Esa simple palabra es…


Esa gloriosa, triunfante palabra es…


Ahhh!!!

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Fuente: The New Liturgical Movement

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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domingo 11 de octubre de 2009

Entrevista a Mons. Fellay

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Presentamos la traducción al español de una entrevista a Mons. Bernard Fellay publicada en Revue Tradition, boletín del distrito africano de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Nótese el contraste entre la actitud y la posición del entrevistador y el tono de las respuestas del entrevistado.

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Con el levantamiento del decreto de excomunión, se llevarán a cabo las discusiones doctrinales entre Roma y la Fraternidad de San Pío X. ¿Cuál es el objetivo de estas discusiones?


El objetivo que deseamos alcanzar con estas discusiones doctrinales es una importante clarificación en la enseñanza de la Iglesia de los últimos años. De hecho, la Fraternidad de San Pío X, en unión con su fundador, el Arzobispo Lefebvre, tiene serias objeciones al Concilio Vaticano II y esperamos que las discusiones ayuden a disipar los errores o las severas ambigüedades que han sido difundidas desde entonces por un grupo de personas en la Iglesia Católica, como el mismo Juan Pablo II reconocía.

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¿Cuánto tiempo durarán estas discusiones? ¿Cuáles son los puntos principales que serán tratados, y en qué forma?


No tengo idea de cuánto durarán las discusiones. Dependerá, ciertamente, de las expectativas de Roma. Pueden durar un tiempo largo. Esto debido a que los temas son muy amplios. Nuestras principales objeciones al Concilio, en temas tales como la libertad religiosa, el ecumenismo y la colegialidad, son bien conocidas. Sin embargo, podrían plantearse otras objeciones, tales como la influencia de la filosofía moderna, las novedades litúrgicas, el espíritu mundano y su influencia en el pensamiento moderno que ha plagado la Iglesia.

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Ambas cruzadas de rosarios han dado fruto. Con respecto al Motu Proprio de julio de 2007, ¿cuál debe ser nuestra actitud hacia los sacerdotes que celebran ahora la Misa tradicional, incluso si no lo hacen exclusivamente, dado que dicen regularmente la nueva Misa?


Básicamente, donde sea que un sacerdote quiera regresar a la Misa tradicional, es nuestro deber acercarnos con una actitud positiva; debemos regocijarnos en esto, y esperar que la Misa produzca su fruto. Hoy ya vemos que esto es lo que sucede la mayoría de las veces. Hay también, por supuesto, sacerdotes que siguen indiferentes al antiguo rito. El tiempo mostrará quién es serio al respecto y quién no.

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¿Qué consejo puede dar a los fieles respecto a estos sacerdotes? ¿Cuál debería ser la aproximación del laicado hacia ellos?


Los fieles deben ser muy cuidadosos, y no ponerse a sí mismos en situaciones embarazosas. Antes de acercarse a estos sacerdotes, deberían consultar con nuestros sacerdotes. Las circunstancias son muy variadas: cada sacerdote es diferente, y hasta que no sea claro que la actitud del sacerdote hacia la Misa es auténtica, los fieles deben ser gentiles, pero manteniendo una posición cuidadosa.

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Por lo que conoce, ¿existe ahora un número mayor de sacerdotes que celebran exclusivamente la Misa de siempre?


Es difícil dar una respuesta exacta porque no hay un registro oficial, y porque muchos de aquellos que les gustaría celebrar la antigua Misa no se atreven. En muchos países hay una fuerte presión de la jerarquía para impedir su regreso. Muchos sacerdotes tienen que decirla en secreto por miedo. Sin embargo, creo que el número está creciendo modestamente.

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La crisis de la Iglesia es una crisis de fe. Llevará algún tiempo hasta que todos los sacerdotes digan solamente la “antigua” Misa. ¿Es correcto decir que, incluso si por medio de las discusiones doctrinales Roma retornara a la plenitud de la fe, habría siempre mucha oposición con respecto a la Misa y el Vaticano II?


Debemos ser realistas. El retorno, la restauración de la Iglesia, tomará tiempo. La crisis en la Iglesia ha afectado a todos los aspectos de la vida cristiana. Salir de esta situación tomará más que una generación de esfuerzo constante en la dirección correcta, quizá un siglo. Esto significa que debemos esperar resistencia. Pero esperemos que lo peor haya pasado, y que los signos de recuperación que hoy vemos sean semillas de realidad, y no sólo un sueño...

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La colegialidad ha sido un desastre para la Iglesia. ¿Podemos, no obstante y a pesar de todo, ver un ligero golpe “a la pared de la colegialidad” en el Motu Proprio de Benedicto XVI y más recientemente en el levantamiento del decreto de excomunión?


De hecho, las decisiones son realmente del Papa. Existe una forma de entender correctamente la verdadera colegialidad. Pablo VI añadió una “nota preliminar” al documento sobre la Iglesia, Lumen Gentium, que la colegialidad debe ser comprendida adecuadamente. El problema es que esta nota parece haber sido olvidada. La idea general que se ha propagado y que falsamente reduce significativamente los poderes del soberano pontífice es un peligro real para la Iglesia, y hace que gobernarla sea imposible. Así, los distintos actos del Papa dados “motu proprio” son buenos signos de una voluntad de gobernar la Iglesia personalmente y no corporativamente.

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Se sucedieron tantos comentarios, tanto a favor como en contra de las decisiones del Papa, que se vio obligado a escribir una carta de explicación a los obispos. ¿Es bueno que el Papa se encuentre a sí mismo “luchando contra la pared”, por decirlo así?


En realidad, depende del punto de vista. La autoridad del Papa fue verdaderamente sacudida por el tumulto de principios de este año. Sólo puede ser considerado como algo bueno por el efecto opuesto que traería en Roma, que nos permitirá comprender quién ama a la Iglesia y trabaja para edificarla y quién no.

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Por primera vez en 40 años vemos que la autoridad suprema de la Iglesia reconoce que existen problemas tanto teológicos como doctrinales. ¿No se da cuenta el Papa que la “iglesia conciliar” (para usar las palabras del Cardenal Benelli) y sus reformas están condenadas, y que es necesario un retorno a la tradición?


No estoy seguro de que todos vean en esta forma las discusiones doctrinales. Diría que para la mayoría de la jerarquía, estas discusiones son necesarias, no para la Iglesia, sino para nosotros y nuestro “retorno a la comunión plena” para que adoptemos las nuevas formas. De hecho, siento que estamos enfrentando una situación muy delicada. Se reconoce la realidad de la crisis, pero no los remedios. Decimos, y los hechos lo prueban, que la solución a la crisis es un retorno al pasado. Benedicto XVI dijo lo mismo. Él enfatiza la importancia de no romper con el pasado (hermenéutica de la continuidad), pero mantiene las novedades del concilio, considerando que no son un quiebre con este pasado. Según él, los únicos que están equivocados y rompen con el pasado son aquellos que van más allá del Concilio. Es una cuestión muy delicada.

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La posición del Papa sobre el ecumenismo no parece ser tan entusiasta como la de su predecesor. ¿Es porque ve el ecumenismo como algo más teológico, en oposición a “ut unum sint” con sus nefastas consecuencias para la Iglesia?


No creo que el Papa vea al ecumenismo como algo malo. Él aprecia el hecho que la Iglesia continúe en esta dirección, e incluso dijo que era irreversible... pero parece querer diferenciar entre los distintos credos, y favorecer aquellos que son más cercanos, como los ortodoxos, en lugar de los protestantes.

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Este año celebramos 25 años de la presencia de la Sociedad en África, específicamente el Priorato de Nuestra Señora de los Dolores en Johannesburgo. ¿Qué consejo o exhortación puede dar a nuestros parroquianos y a todos los fieles del distrito de África?


Gracias a Dios por este maravilloso aniversario. Dada la extensión de la crisis, 25 años es un gran logro que debemos agradecer. También demuestra gran fidelidad de los fieles. La fidelidad es una verdadera gloria. Implica la preservación de la fe, la resolución y la perseverancia en la batalla. Por eso, el mejor deseo que puedo ofrecerles – y a todos nosotros – es que sean más fieles que nunca.


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Fuente: Rorate Caeli

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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sábado 10 de octubre de 2009

Nuevos modelos de seguimiento de Cristo

Presentamos nuestra traducción de la entrevista que Mons. Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, ha concedido a L'Osservatore Romano con ocasión de la ceremonia de Canonización de cinco nuevos santos, que presidirá mañana el Papa Benedicto XVI.

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Después de la canonización del pasado 26 de abril, mañana es el turno de un segundo grupo de cinco santos. ¿Quiénes son?


Se trata de un polaco, un belga, dos españoles y una francesa. El nombre más conocido es el del padre Damián de Veuster, el héroe de Molokai, el protector de los leprosos. La suya es una epopeya de cultura evangélica. Habiendo partido como misionero, este sacerdote belga recibió de sus superiores la misión en Hawai. Allí se ofreció como voluntario para ir entre los leprosos de la isla de Molokai. A éstos les faltaba todo y vivían abandonados a sí mismos. En aquel entonces, los enfermos de lepra eran totalmente rechazados por la sociedad y vivían confinados en una zona secreta de la isla. Abandonada toda esperanza de sanación, los leprosos se corrompían en el vicio. Cuando llegó, el padre Damián encontró suciedad, ocio, degradación, violencia. Los cadáveres insepultos eran devorados por las bestias. Los ochocientos leprosos de la isla vivían en un caos infernal.

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San José Damián de Veuster

San Damián de Molokai

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¿Cuál fue la obra del padre Damián, que una película de hace algunos años hizo conocida al público en general?


La película corresponde sólo en parte a la durísima realidad. Ésta era mucho más trágica que en la representación cinematográfica. El padre Damián no se desanimó y comenzó enseguida su misión lavando, medicando, consolando, sepultando a los muertos. Trataba a los enfermos como a sus hermanos. Construyó para ellos casas acogedoras, encauzó el agua potable de las montañas cercanas, edificó dos hospitales y dos orfanatos, enseñó a cultivar la tierra. Él mismo, de joven, había sido un hábil campesino.


Entre los leprosos, más de doscientos eran católicos. Su extraordinaria caridad hizo multiplicar las conversiones. Construyó dos iglesias y algunas capillas. En la predicación decía con sencillez: “Nosotros, los leprosos”. Y los enfermos empezaron a considerarlo como uno de ellos. Después de once años de convivencia con los enfermos, el padre Damián descubrió que también él tenía lepra. Éste fue un momento que lo acercó aún más a sus desdichados hermanos. Intensificó su piedad eucarística con la celebración de la Misa, de los sacramentos, con la predicación, con las visitas a los enfermos.


El 28 de marzo de 1889 celebró su última Eucaristía. Se apagó el 15 de abril de 1889, a los 49 años. En el lecho de muerte, realizó su último gesto de caridad. Rogó a su médico que lo dejara y fuera a cuidar de una anciana enferma. Los 1166 leprosos de Molokai lo lloraron como a un padre y como a un buen hermano.

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¿Qué reflejo tuvo la figura del padre Damián en su patria?


Bélgica lo celebró enseguida como héroe nacional e hizo llevar sus restos mortales a la patria. En 1995, después de su beatificación, el obispo de Honolulu consiguió poder llevar a Molokai las reliquias de la mano derecha del padre Damián, que había consolado y bendecido a los hermanos.

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¿Y para nosotros hoy?


Padre Damián, imitando a Jesús en su actitud de acogida y de curación de los leprosos, es modelo de los misioneros cristianos, pero es también un gran benefactor de la humanidad. En él, el amor de Dios estaba acompañado por la práctica de la caridad hacia los leprosos, que pertenecen todavía a la humanidad más marginada de nuestra sociedad.

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¿Y el milagro para la canonización?


El milagro para su canonización concierne a la curación extraordinaria y científicamente inexplicable de una señora hawaiana de un cáncer maligno con metástasis extendidas.

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Santa María de la Cruz  Jugan

Santa María de la Cruz Jugan

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Otro modelo de caridad es una religiosa francesa.


Otra gran figura de la caridad evangélica es la hermana francesa María de la Cruz, en el siglo Jeanne Jugan (1792-1879), auténtica madre Teresa de Calcuta ante litteram. Era llamada, todavía en vida, la madre de los pobres. Desde joven acogía y servía a los ancianos pobres y abandonados. Iba por todos lados haciendo la colecta para su mantenimiento. Con la ayuda de otras jóvenes fundó la Congregación de las Pequeñas Hermanas de los Pobres y tomó el nombre de sor María de la Cruz. En 1845, la Academia de Francia la condecoró con el premio Montyon, destinado al francés pobre que haya hecho la acción más virtuosa. Su obra benéfica se difundió también en Europa. Murió a los 87 años en La Tour Saint-Joseph, dejando una congregación floreciente con más de 2300 religiosas. Nutrida de la Eucaristía, Jeanne Jugan fue una mujer fuerte, valiente, emprendedora, pero, al mismo tiempo, sencilla, humilde, modesta. Para los ancianos abandonados, ella era verdaderamente el rostro misericordioso y providente del Señor. La curación de un médico anestesista de adenocarcinoma en el esófago fue el milagro presentado para su canonización.

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San Segismundo Félix Felinski

San Segismundo Félix Felinski

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Entre los nuevos canonizados, hay también un obispo polaco.


El polaco Segismundo Félix Felinski (1822-1895), de familia noble, se comprometió a los catorce años con un voto de castidad frente a la imagen de la Anunciación. Después de los estudios de matemática en la universidad imperial de Moscú y cursos de especialización en París, frecuentó la Academia Eclesiástica Católica de San Petersburgo.


Ordenado sacerdote, fundó un refugio para los pobres y la Congregación de la Familia de María. Pío IX, en 1862, lo nombró arzobispo metropolitano de Varsovia. La capital polaca vivía un momento trágico. Desde hacía cuatro meses todas las iglesias habían sido cerradas por las autoridades rusas. Siguiendo las directivas de la Santa Sede, el nuevo obispo reconsagró la catedral e hizo reabrir todas las iglesias con la celebración de las cuarenta horas y la exposición del Santísimo Sacramento. En los dieciséis meses en los que gobernó la diócesis, mejoró la preparación del clero, la catequesis, la asistencia a los pobres. Fundó un asilo para los niños y una escuela que confió al cuidado de las hermanas fundadas por él. Pero principalmente reforzó la comunión del episcopado polaco con el Papa.


Con valentía se dedicó a la defensa de la libertad de la Iglesia frente al gobierno ruso. Por eso, el 14 de junio de 1863 fue deportado y exiliado en Yaroslavl, sobre el Volga. Allí permaneció por veinte larguísimos años. Su profunda fe y su gran bondad le merecieron, también en el exilio, el apelativo de “santo obispo polaco”. Liberado en 1883, no pudo volver a Varsovia. Pasó los últimos doce años en una ciudad de la actual Ucrania, donde construyó una escuela, un asilo para la infancia, una iglesia, y un convento para las hermanas de la Familia de María. Vivió pobre. Sin tener más que una vestimenta.


Son cuatro los pilares de su santidad: fe en la divina Providencia; devoción ardientísima por la Eucaristía; amor a la Virgen María, en honor de la cual compuso poesías y meditaciones; un gran amor por la Iglesia, a la que consideraba “el tesoro más grande sobre la tierra, el fin de su vida, el único amor sobre la tierra”. Monseñor Felinski permaneció fiel al lema: “Para ser polaco sobre la tierra, se requiere una vida noble y piadosa”. Murió en olor de santidad, en Cracovia, donde se encontraba de paso, el 11 de septiembre de 1895. Sus restos mortales están ahora custodiados en la catedral de Varsovia. El milagro para la canonización ha sido la curación de una hermana que sufría una grave anemia aplásica.

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San Francisco Coll y Guitart

San Francisco Coll y Guitart

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Los otros dos santos son religiosos españoles…


El primero, Francisco Coll y Guitart (1812-1875), es un dominico, fundador de las Hermanas Dominicas de la Anunciación. Viviendo en un período muy crítico para la Iglesia Católica en España, se dedicó a la preparación y a la difusión de la práctica del santo rosario. Fundó una congregación de hermanas con el fin de ocuparse de las niñas necesitadas, brindándoles instrucción y la posibilidad de seguir su vocación. El milagro para su canonización ha sido la sanación de una recién nacida, afectada por una encefalopatía hipóxico-isquémica


El otro santo español, Rafael Arnáiz Barón (1911-1938), es un fraile oblato de la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia. De familia acomodada, Rafael fue un niño fácil de educar, dócil, y naturalmente inclinado al bien. Amante del arte, se inscribió en la escuela superior de arquitectura. Habiendo visitado la trapa de San Isidro de Dueñas, se sintió atraído por la vida monástica y pidió ser admitido. Así, a los 22 años, se retiró al monasterio. Después de pocos meses, una grave forma de diabetes sacarina lo dejó casi ciego. Habiendo regresado con su familia en Oviedo, poco a poco se restableció su salud. Después de dos años, Rafael es readmitido en el monasterio, en la condición de “oblato”, es decir, de monje sin votos públicos y, desde el punto de vista jurídico, el último de la comunidad.

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San Rafael Arnáiz Barón

San Rafael Arnáiz Barón

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A causa de su débil salud, a menudo se ve obligado a alejarse del monasterio, adonde vuelve definitivamente en 1937. De profunda espiritualidad, así describe su experiencia religiosa: “Es la cuarta vez que abandono todo para seguir a Jesús, y creo que esta vez ha sido un milagro de Dios. La única cosa a la que aspiro en el monasterio es: unirme absoluta y enteramente a la voluntad de Jesús; vivir sólo para amar y sufrir; ser el último, excepto para obedecer”. Murió de coma diabético, a la edad de 27 años, el 26 de abril de 1938 y deja el recuerdo vivo de un heroísmo humilde y sonriente. Fue el joven rico que, fascinado por Jesús, se sacrifica a sí mismo por la redención del mundo, guiado y sostenido por María. El milagro para su canonización ha sido la curación de una grave enfermedad de una joven mujer embarazada.


En resumen, son cinco figuras de ejemplar existencia cristiana, hechas de amor a Jesús, de oración y de caridad, otras tantas invitaciones a todos los bautizados a usar sus talentos para introducir en la familia humana una cultura, no de odio y división, sino de misericordia y de paz.

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Fuente: Papa Ratzinger Blog


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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La verdadera reconciliación

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Iglesia de Kibuye, Ruanda

Iglesia de Kibuye, Ruanda

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Compartiré con vosotros mi experiencia de reconciliación con los presos, presuntos culpables de genocidio. Asimismo, os haré partícipes de los frutos de mi testimonio ante ellos y ante sus víctimas supervivientes.


Soy una superviviente del genocidio de los Tutsi de Ruanda en 1994. Gran parte de mi familia fue masacrada en nuestra iglesia parroquial. Sólo ver ese edificio me llenaba de horror y de rebelión, al igual que el encuentro con los presos, me llenaba de asco y de rabia.


Mientras vivía en este estado de ánimo, sucedió un acontecimiento que cambió mi vida y mis relaciones. El 27 de agosto de 1997, a la una, un grupo de la asociación católica las "Damas de la Misericordia Divina" me llevó a dos cárceles de la región de Kibuye, mi ciudad natal. Venían para preparar a los presos al Jubileo del año 2000. Decían: "Si has matado, si te comprometes a pedir perdón a la víctima superviviente, la ayudarás así a liberarse del peso de la venganza, del odio y del rencor. Si tú eres una víctima, te comprometes a perdonar a quien te ha hecho daño y así la ayudarás a liberarse del peso de su crimen y del mal que lleva dentro”. Este mensaje tuvo un efecto inesperado para mí y en mí...


Después de esto, uno de los presos se levantó con los ojos llenos de lágrimas y cayó de rodillas suplicando en voz alta: "misericordia". Me quedé petrificada al reconocer a un amigo de familia que había crecido con nosotros y con el cual habíamos compartido todo. Me confesó que él mismo había matado a mi padre y me contó los detalles de la muerte de mis parientes. Me invadió un sentimiento de piedad y de compasión: lo levanté, lo besé y le dije sollozando: “tú eres y sigues siendo mi hermano”.


Entonces sentí que un gran peso desaparecía... Recuperé la paz interior y le dije gracias a la persona que estaba todavía entre mis brazos. Con gran sorpresa, le oí gritar: “¡la justicia puede hacer su trabajo y condenarme a muerte, pero ahora yo estoy liberado!”. Yo también quería gritar a quien quisiera escucharme: “Ven a ver a quien me ha liberado, tú también puedes recuperar la paz interior”.


A partir de este momento, mi misión fue recorrer kilómetros para llevar el correo de los presos que pedían perdón a los supervivientes. Distribuí 500 cartas y llevaba también el correo de respuesta de los supervivientes a los presos, que volvían a ser mis amigos y hermanos... Esto permitió encuentros entre verdugos y víctimas. Han sido numerosos los gestos concretos para manifestar la reconciliación:


- Los presos construyeron un pueblo para las viudas y los huérfanos del genocidio;


- Construyeron también el monumento conmemorativo delante de la iglesia de Kibuye;


- Nacieron asociaciones de ex-presos con los supervivientes en las distintas parroquias y funcionan muy bien.


De esta experiencia deduzco que la reconciliación no es tanto querer reunir a dos personas o dos grupos en conflicto. Se trata, más bien, de que en cada persona vuelva a vencer el amor y dejar que acontezca la curación interior que permite la liberación mutua.


Y aquí radica la importancia de la Iglesia en nuestros países, pues ella tiene como misión ofrecer la Palabra: una palabra que sana, libera y reconcilia.

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Testimonio de la Hna. Geneviève Uwamariya, Hermana de Santa Maria de Namur, pronunciado el viernes 9 de octubre de 2009, en la II Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos que está celebrándose en Roma.

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jueves 8 de octubre de 2009

Retomar el movimiento litúrgico

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El pensamiento de Benedicto XVI sobre la renovación litúrgica querida por el Concilio, compartido por la mayor parte de los obispos, es que aquella contiene riquezas no plenamente exploradas (Sacrosanctum Concilium, n.3). Por eso la reforma litúrgica no es en absoluto perfecta ni está concluida: hay necesidad de correcciones e integraciones, pero procediendo de modo diferente de lo hecho en el tiempo postconciliar, no imponiendo más obligaciones que las necesarias, ilustrando las posibilidades y promoviendo el debate.


Para retomar el movimiento litúrgico deben conocerse los fundamentos teológicos de la liturgia descritos de modo sistemático en el Catecismo de la Iglesia Católica (art. 1077-1112), basado en la Constitución Sacrosanctum Concilium, que ayudarán a identificar los aspectos textuales y rituales necesitados de restauración.


No pocos sacerdotes entienden la liturgia como algo que se construye en un ámbito de su propiedad. Los documentos de la Congregación para el Culto Divino son muchos, pero sin aplicar, porque está en crisis la obediencia. Sin embargo, los obispos conocen el deber, en especial en las visitas pastorales, de corregir los abusos y recordar las sanciones canónicas. Se podría pensar en la institución, como la Iglesia ha hecho siempre en caso de emergencia, de un “visitador apostólico” para la liturgia. Esto, para la actual generación del clero.


Para las nuevas generaciones, es necesario que los rectores de los seminarios y los rectores de las facultades teológicas sean conscientes de las “deformaciones” y del “modo recto de celebrar” – la famosa ars celebrandi -, a fin de que se tenga en cuenta en la formación de los seminaristas y de los sacerdotes. A ese respecto, es necesario volver a enseñar cómo se celebran los sacramentos, y en particular la divina Eucaristía. El temor de reducir la liturgia a ceremonia ha hecho suprimir los “ensayos de liturgia” que sólo en pocos seminarios se han conservado, pero que, por el contrario, en los años de formación, sobre todo desde el momento en que se solicita la ordenación, constituyen una sólida escuela y un óptimo antídoto contra la concepción de una liturgia creada desde abajo.


Es necesario, además, promover encuentros con los sacerdotes y los seminaristas de los movimientos eclesiásticos que están más motivados y atentos a la disciplina de la Iglesia.


Es necesario explicar que la liturgia es sagrada y divina, desciende desde lo alto como la Jerusalén Celestial; el sacerdote la cumple en la persona de Cristo-cabeza, viviente en la Iglesia, en cuanto es ministro intermediario. El término liturgia alude a la “acción del pueblo santo”, en el sentido de que éste participa de la acción sagrada uniendo el propio ofrecimiento al del sacrificio de Jesucristo. Junto a liturgia es necesario reintroducir oportunamente el término “culto”, que indica la relación “cultivada” de reverencia y adoración del hombre con Dios.


Sobre este punto en particular podrá ayudar el estudio del magisterio eclesiástico y litúrgico de Pío XII (las encíclicas Mystici Corporis y Mediator Dei) y la tradición litúrgica del Oriente: la constitución Missale Romanum señala explícitamente tal riqueza de piedad y de doctrina. Piénsese, por recordar sólo la liturgia bizantina, en las oraciones penitenciales, larguísimas y repetidas; en los solemnes ritos de revestimiento del celebrante y del diácono; en la preparación de las ofrendas, que ya es en sí misma un rito completo; en la presencia constante, en las oraciones e incluso en la forma de preparar las partículas para la consagración, de la Santa Virgen, de los santos y de las jerarquías angélicas (que en la entrada del Evangelio son evocadas como invisiblemente concelebrantes, y con las cuales se identifica el coro en el himno Querubicon); en el iconostasio que distingue netamente el santuario del templo, el clero del pueblo; en la consagración ocultada frecuentemente por la cortina, evidente símbolo del Incognoscible, a quien la entera liturgia alude; en la posición del celebrante versus Deum cada vez que reza; en la comunión administrada siempre y sólo por el celebrante; en los continuos y profundos gestos de adoración de los que son signo las sagradas especies; en la actitud esencialmente contemplativa del pueblo. El hecho de que esa liturgia, incluso en las formas menos solemnes, dure mucho y sea definida como “tremenda e inenarrable”, “tremendos, celestes, vivificantes misterios”, etc., basta para indicar la concepción que tienen los orientales, sobre la que también los latinos podrían meditar.


Aprovéchese la ocasión para presentar la liturgia romana de modo comparado con las liturgias orientales, evidenciando las consecuencias ecuménicas, dado que el patriarca de Moscú ha expresado la aprobación por la iniciativa de Benedicto XVI de restaurar la tradición con el Motu Proprio. Se atenuará así el temor a la convivencia de formas rituales diversas. Varios ejemplos se encuentran ya en el misal romano de Pablo VI, como el rito de adoración de la cruz del Viernes Santo, que se puede hacer de dos formas. Entonces la solución a la exigencia de salvaguardar el rito antiguo, proponiéndolo y no imponiéndolo, ya había sido encontrada. La unidad católica se expresa precisamente a través de la complementariedad de las diversas formas rituales.


Propóngase a los sacerdotes hacer el ofertorio y la anáfora vueltos a la cruz, exhortando a los fieles a asumir la misma actitud de adoración; se puede hacer en particular en los tiempos de Adviento y de la Cuaresma, a fin de subrayar la dimensión escatológica de la liturgia. Allí donde el altar vuelto hacia el pueblo no tuviera delante un amplio estrado, se puede proveer uno; o bien se puede mirar a la cruz disponiéndola de modo colgante sobre el altar, o en el centro, delante o sobre él, a una altura que permita al sacerdote dirigirle la mirada tanto como a los fieles. Explíquese que la cruz no es un utensilio que obstaculiza la visión, sino la imagen más importante para ayudar a la mirada física e interior en la oración. Los ojos del sacerdote y de los fieles convergiendo sobre ella no vagarán alrededor, distrayéndose recíprocamente.


De esas premisas emergen las cuestiones fundamentales o prioridades de intervención puestas por la exhortación apostólica postsinodal Sacramentum Caritatis de Benedicto XVI:


- La “novedad” de la forma de la Eucaristía (nn. 10-11), que es en sí misma el más grande acto de adoración de la Iglesia (n.66) (Catecismo de la Iglesia Católica, 1078).


- La centralidad del tabernáculo (n. 69): su historia evidencia la conciencia alcanzada por la Iglesia de que el misterio está siempre presente, porque viene antes que cualquier otra cosa: soy yo quien debo hacerme presente a Él con la adoración; es su presencia permanente lo que despierta continuamente mi fe, no son mis capacidades. Cristo ha venido al mundo para estar con nosotros todos los días. De este conocimiento no se puede volver atrás. Cristo permanece presente en su Iglesia, en virtud del Espíritu Santo, a partir de la Eucaristía (n.12); está presente en la palabra, “cuando en la iglesia se lee la Escritura” (n.45). Cristo no está presente en el libro de las Escrituras o del Evangeliario: él es venerado – no adorado – porque es un signo que se refiere a Él, más no es Él.


El uso difundido de tener abierto el leccionario sobre el ambón tiene un significado similar – no igual – a la colocación estable del tabernáculo sobre el altar (en algunos lugares se ha colocado el Evangeliario directamente sobre el trono que está sobre el tabernáculo).


Al comienzo de la reforma litúrgica posconciliar no se pensaba que el tabernáculo fuera un obstáculo para la Misa hacia el pueblo. En efecto, las instrucciones litúrgicas recitan: “Es lícito celebrar la Misa vuelto hacia el pueblo también en un altar sobre el cual esté el tabernáculo, de pequeñas dimensiones, pero conveniente” (Inter Oecumenici, n.95 ed. Eucharisticum Mysterium, n.54). Sin embargo, comenzaba a tomar cuerpo la idea de que no era oportuna la presencia de Jesucristo en el tabernáculo, sobre el altar en que es celebrada la Misa, dado que Él se vuelve presente de ese modo con la consagración; así, “en cuanto es posible”, se sugería quitarlo “a causa del signo” (Eucharisticum Mysterium, n.55). Aparentemente este razonamiento es impecable. Pero lo que ocurrió fue que gran parte de los fieles no estaba en condiciones de distinguir los “diversos” o “principales modos de la presencia” de Jesucristo (Eucharisticum Mysterium, nn. 9 y 55) y los consideró más o menos la misma cosa. Aquí se ha abierto camino antes que en otros lados el relativismo. Por lo tanto, se debería enmendar el Ordenamiento del misal (n.314), retomando lo dicho arriba.


La liturgia cristiana por su naturaleza es bella (Sacramentum Caritatis, n. 35) y permanece tal si en todas sus partes (ritos, vestimenta, arte, canto) están en armonía (nn.40-52), por eso:


- La homilía debe conjugar palabra y sacramento, transmitiendo la doctrina de la Iglesia (n.46, nota 143); la palabra de Dios parte de la Escritura pero incluye la tradición, también ella fuente la revelación; luego transmite la enseñanza de la Iglesia, del Papa y de los obispos unidos con él, y debe hacer reflexionar sobre los temas principales del credo, de los sacramentos, de la moral y de la oración (véase la repartición del Catecismo). La homilía junto con la liturgia de la palabra no puede durar más que la liturgia eucarística.


- El saludo de la paz (n.49, nota 150) debe considerar el significado del lugar diferente en el rito romano y en los ritos orientales; no es superfluo recordar que el saludo del beso de la paz es una acción sacra, porque significa la unidad entre nosotros, y en especial con el Verbo, la comunión y la caridad (instrucción Redemptionis Sacramentum, n.71). Por eso la paz ante todo se implora con una oración - antes de la comunión en el rito romano -, no es obligatorio el gesto, sino que se debe evaluar la oportunidad (Ordenamiento general del misal romano, n.56b). El rito romano conserva el significado antiguo de los primeros cristianos: la paz como sinónimo de la comunión eucarística, porque a partir del Señor supera las barreras y reanuda la comunión de los hombres en una nueva unidad.


- El recurso a la concelebración, especialmente con muchos sacerdotes, debe ser redimensionado (n. 61); el Concilio la limitaba y nunca la impuso a los sacerdotes (Sacrosanctum Concilium, n. 57; Código de Derecho Canónico, can. 902). La concelebración favorece la percepción de la unicidad del sacerdocio en la Iglesia en torno al obispo, pero si es demasiado frecuente no recoge la función mediadora del sacerdote singular que, como se dijo antes, no es sólo el “presidente de la asamblea”; además priva a los fieles de poder participar en más lugares y horas de la Santa Misa. Por eso, el lema “más Misa y menos misas” es muy ambiguo y debe evitarse.


Al mismo tiempo, todo cristiano es ayudado a corresponder a la naturaleza de la liturgia. La fe es condición indispensable de la participación, la cual significa (Sacramentum Caritatis, n. 6):


a) Estar en la presencia: tener conciencia del misterio hasta llegar al ofrecimiento de sí (n. 52); ésta es la verdadera actualización en nosotros del sacrificio de Cristo (nn. 70-71).


b) Celebrar de modo participado interiormente: es el fin último de la catequesis mistagógica (n. 64); que significa sobre todo reverencia (n. 65) y adoración (n. 66). Todo esto es la condición fundamental para acercarnos a la comunión (n. 29).


La pertenencia eclesial es la otra condición previa de la participación (n. 76):


a) Tal pertenencia brota del nexo entre la Eucaristía y la Iglesia Católica (nn. 14-15), que son el “Cristo total” (n. 36), lo que quiere decir que en la liturgia deben resplandecer las notas de la Iglesia; una, santa, católica y apostólica; más que de inculturación, es decir de inmersión en la propia cultura (n.54), se debe hablar de “interculturalidad” de la liturgia (n. 78).


b) Lo que transmitimos, como dice el Apóstol, es una doctrina que no es nuestra (concepto de tradición) (n. 37).


c) La pertenencia se expresa ante el pueblo de Dios, con la obediencia del sacerdote a las normas de la liturgia (y del obispo al hacerlas respetar) (nn. 38-39); a la voluntad del Señor se remontan las normas e instituciones litúrgicas –piénsese en las minuciosas indicaciones por Él dadas a los discípulos para preparar la última cena -, Él es el autor originario y por eso deben tratarse con obediencia gozosa. La desobediencia a las normas de la liturgia es inmoral y responde a un falso concepto de libertad (Redemptionis Sacramentum, n. 7), por eso va detrás de la tentativa de la cultura dominante sin reglas y puntos firmes, cosa que también está en la raíz de la caída de la moralidad pública y privada. La lex orandi es ley, o sea, disciplina de la liturgia; de otro modo se sustituye el legalismo, tan vituperado, con la anarquía y la ilegalidad que son peores. La obediencia a la sagrada liturgia es medida de nuestra humildad.


d) El sacerdote obra en la persona de Cristo, en la liturgia debe ser y aparecer humilde como Él (n.23) (Misal Romano, editio typica I, 93; III, 60).


Deben recordarse las “condiciones” de la Santa Comunión (n. 29); repensarse su distribución en la mano (nn. 50-55); redescubrir la comunión espiritual, y aún antes la comunión eclesial (n. 56). Joseph Ratzinger recuerda que “la Eucaristía presupone el bautismo y también, repetidamente, la confesión. El Santo Padre (Juan Pablo II) lo ha puesto de relieve grandemente en su encíclica Redemptor hominis. La primera disposición de la buena nueva fue ‘Convertíos’; y suena así: el Cristo que nos invita a la mesa eucarística es siempre el mismo Cristo que exhorta a la penitencia y que repite el ‘convertíos’ (IV, 20). Donde desaparece la confesión, la Eucaristía ya no se discierne y así es destruida en cuanto Eucaristía del Señor”.


Sería deseable restaurar en toda la Iglesia el Miércoles Santo el rito de la reconciliación de los penitentes con la confesión individual, a fin de favorecer la toma de conciencia y la puesta en práctica de cuanto se ha dicho.


El objetivo de la participación de la liturgia es la eficacia en nosotros del sacrificio de Cristo (nn. 70-71); el “culto agradable a Dios” que, a través del testimonio (n. 79) y el martirio (n. 85), lleva Dios al hombre en Cristo único Salvador (n. 86).


La Eucaristía produce la transformación moral del hombre (nn. 82-83), o sea la santificación y la “divinización”, por eso se pide la “coherencia eucarística”.


La Sangre de Cristo es el precio de la dignidad del hombre: de aquí brotan las implicaciones sociales de la Eucaristía (nn. 89-91).


Con estas premisas teológicas y litúrgicas se pueden afrontar las principales “deformaciones”:


a) La transformación de la liturgia de oración o diálogo con Dios en exhibición de actores y desbordamiento de palabras: esto es favorecido por el hecho de que el sacerdote, estando delante del pueblo, es llevado fácilmente a mirar a su alrededor en vez de elevar la vista hacia lo alto o hacia la cruz, como el diálogo orante con Dios exigiría; así, los himnos, los salmos, el acto penitencial, las colectas, la oración universal y sobre todo la anáfora, que quiere decir oración sacrificial, son percibidas como una recitación ni siquiera demasiado seria, dado que con frecuencia sucede que la interrumpen para amonestar y dar indicaciones a los fieles.


b) La condena del concepto de sacrificio sustituido por el de cena, que ha asimilado la Eucaristía católica a la celebración de la cena protestante.


c) La desorientación creada por la recitación de la anáfora versus populum, que ha contribuido a confirmar que la Misa es una cena fraterna.


d) La sustitución total del latín por la lengua actual.


e) La revolución “artística”, que ha llevado en particular a cambiar la forma del altar transformándolo en una mesa y a descentrar el tabernáculo sustituyéndolo con la sede del sacerdote, cada vez más visible; por no hablar de la abolición de la valla sagrada del santuario y del cambio de lugar del baptisterio al presbiterio.


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Fuente: Nicola Bux, “La reforma de Benedicto XVI”, Cap. VII, extracto.

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lunes 5 de octubre de 2009

Los medios y el Papa: un año difícil

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El Cardenal Angelo Bagnasco, Arzobispo de Génova y Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, durante la Asamblea Plenaria del episcopado europeo que está realizándose en estos días en París, pronunció un interesante discurso que ofrecemos ahora en nuestra traducción al español.


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Saludo y agradezco a Su Eminencia, el Cardenal Presidente, y a todos los hermanos en el Episcopado por la invitación a ilustrar este significativo tema: “Los medios y el Papa: un año difícil”.


Se trata de un tema complejo y muy relevante, considerada la importancia que asumen en la actual sociedad globalizada los medios de comunicación y los riesgos relacionados a un uso indebido de los mismos, sobre todo hoy que, “de manera cada vez más marcada, en ocasiones la comunicación parece tener la pretensión no sólo de representar la realidad, sino también de determinarla gracias al poder y a la fuerza de sugestión que posee” (Benedicto XVI, Mensaje para la 42º Jornada mundial de las comunicaciones sociales, 24 de enero de 2008).


En base al análisis de la experiencia italiana, que ofrece un punto de observación privilegiado en muchos aspectos, se puede afirmar que, en un primer período, la representación mediática del pontificado de Benedicto XVI ha sido, en conjunto, adecuada y sustancialmente positiva.


Las perplejidades de algunos comentadores, ligadas en su mayoría a la proyección sobre el nuevo Pontífice de los estereotipos no siempre positivos referidos al cardenal Ratzinger, o a su presuntamente escasa capacidad comunicativa, pronto fueron superadas o redimensionadas por un juicio más atento a los contenidos del magisterio y por el reconocimiento del particular atractivo ejercido por el Papa sobre las multitudes, no obstante su estilo intencionalmente sobrio, centrado más en la palabra que en los gestos.


Este atractivo ha sido alimentado por algunos grandes eventos que se impusieron desde el punto de vista mediático, como por ejemplo la visita a la sinagoga de Colonia, realizada el 19 de agosto de 2005 durante el primer viaje a Alemania, o la visita al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, realizada el 28 de mayo de 2006 con ocasión del viaje a Polonia, o incluso la visita a la Mezquita Azul de Estambul, realizada el 30 de noviembre de 2006 durante el viaje a Turquía, o finalmente la lectio magistralis en la Universidad de Ratisbona del 12 de septiembre de 2006.


Además de estos eventos de notable impacto, la atención de los medios ha sido catalizada por las intervenciones de Benedicto XVI sobre los llamados “principios no negociables” o sobre las raíces cristianas de Europa, que han suscitado un debate vivaz en la opinión pública de los principales países europeos.


Una menor consideración se ha reservado, en cambio, a algunos encuentros llenos de significado para la vida ordinaria de la Iglesia, como las visitas a las parroquias de Roma, los diálogos con los grupos, y las catequesis de los miércoles, que en realidad representan, con frecuencia, la ocasión para una actividad de predicación y testimonio por parte del Papa que bien merecería mayor relieve y profundización.


Se advierte aquí el riesgo, que ha surgido ya desde el segundo año de pontificado y poco a poco se ha ido acentuando, de una representación mediática reduccionista que tiende a infravalorar al Papa testigo y predicador del Evangelio y a sobredimensionar al Papa intelectual y político, enfatizando las intervenciones consideradas potencialmente conflictivas y juzgadas más útiles para hacer noticia, y descuidando algunos temas de fondo que revelan las prioridades del pontificado. Estas bien conocidas prioridades pueden ser brevemente recordadas.


La primera está representada por Dios mismo, por la relación con Él y por la fe en Él a través del Señor Jesucristo que nos lo ha revelado. En esta perspectiva, se puede hablar también de una prioridad “cristológica”, manifestada particularmente en el libro “Jesús de Nazaret” que lleva a Benedicto XVI a reafirmar con fuerza que Jesucristo es el camino a Dios Padre, nuestro único Salvador, la verdadera sustancia de la fe cristiana.


La Iglesia debe hacer presente a Dios en este mundo y abrir a los hombres el acceso a Dios. Esta misión se realiza sobre todo a través de la oración, personal y litúrgica, y requiere preocuparse por la unidad de los creyentes: la oración y la unidad de los creyentes son ulteriores prioridades del actual pontificado que implican a todos, cada uno según la propia responsabilidad.


Una última prioridad que parece oportuno recordar aquí concierne a la clarificación de un auténtico concepto de libertad, necesario para la vida de la persona y para el bien de la sociedad. Al respecto, Benedicto XVI, rechazando toda ética y concepción referibles a lo que ha definido como “dictadura del relativismo”, subraya que la libertad de la persona es relacional por naturaleza y no puede excluir la responsabilidad hacia el otro. La libertad es tal, se puede observar, sólo en relación con el valor inalienable de cada vida, de la paz, de la justicia, de la solidaridad y de todos los bienes humanos fundamentales, a cuyo aprecio y respeto debe ser educada.


Si se ignora o descuida este cuadro de prioridades en el cual se colocan las diversas intervenciones del Pontífice, es difícil evitar representaciones parciales y engañosas, críticas ideológicas y preconcebidas, lecturas dirigidas a hacer decir al Papa aquello que con toda evidencia él no dice, hasta alimentar incluso formas de ostracismo extrañas a la dialéctica democrática.


En este tipo de derivas mediáticas se incluyen algunas polémicas recientes, como por ejemplo las que siguieron al célebre discurso de Ratisbona, al Motu Proprio que permite el uso de la liturgia preconciliar, a la remisión de la excomunión a los cuatro obispos lefebvristas, a las aclaraciones acerca de la naturaleza del diálogo interreligioso, o a las consideraciones sobre los límites del uso de preservativos realizadas durante el viaje a África.


En todos estos casos, una representación correcta habría permitido superar los malos entendidos y aclarar el alcance efectivo de intervenciones que, lejos de justificar algunas ásperas críticas que se registraron, en realidad desarrollan coherentemente algunas directrices del pontificado y las prioridades antes expuestas.


Por el contrario, se ha preferido una lectura parcial y muchas veces francamente incorrecta que lleva a preguntarse si en algunos componentes de la cultura y de los medios de comunicación no se está abriendo paso a un anticlericalismo interesado en esconder el verdadero rostro de la Iglesia y en distorsionar el significado de su mensaje, de modo que éste resuene como incoherente o anacrónico y la Iglesia parezca animada sólo por la voluntad de “levantar muros y cavar fosas”, sobre todo en materia de ética. Esta sería la Iglesia de los “no”, enemiga del hombre e indiferente a sus necesidades, oscurantista y contraria a la racionalidad científica.


En realidad, señalar los riesgos que la falta de respeto incondicional por el ser humano puede comportar para la dignidad del hombre no es ciertamente signo ni de hostilidad hacia la ciencia ni de obtusa resistencia hacia lo moderno; es deber de la Iglesia señalarlos y el hacerlo es, más bien, un síntoma de solicitud y de amistad: el amigo no puede no señalar un peligro.


La mayor parte de la Iglesia puede condensarse en el gran “sí” con que responde al amor del Señor, indicándolo a todos. Por eso habla principalmente de Dios y de la vida eterna, destinada a no terminar. Habla de esperanza y de felicidad. Algunos “no”, que en un cierto punto la Iglesia considera que debe decir, son la contracara exacta de una ética del “sí” y, aún más a fondo, de una ética del amor, en nombre de la cual no se puede intercambiar el mal por el bien para obtener un consenso tan fácil como efímero.


Tal vez se querría, por parte de algunos ambientes, una Iglesia alineada en forma supina a la opinión que se autoproclama prevalente y progresista, o una Iglesia simplemente muda. Las líneas de demarcación claras, que imponen opciones a veces lacerantes para las conciencias y casi siempre no fáciles, no están ciertamente en sintonía con un mundo donde la relatividad (o el relativismo) de la ética y de la moral sustrae la elección a la conciencia para entregarla a un limbo donde todo está más allá del bien y del mal.


Sin embargo, la Iglesia no puede faltar a la propia misión. Expresar libremente la propia fe, participar en el debate público en nombre del Evangelio, llevar serenamente la propia contribución a la formación de las orientaciones político-legislativas aceptando siempre las decisiones tomadas por la mayoría, no puede ser confundido con una amenazada a la laicidad del Estado.


La Iglesia no quiere imponer a nadie la propia moral “religiosa”: ella enuncia desde siempre, y no puede no enunciar, - junto a principios típicamente religiosos – los valores fundamentales que definen a la persona y garantizan su dignidad, sin alimentar polémicas pero privilegiando siempre el método de un debate sereno y constructivo y la búsqueda del bien común.


Un rol esencial para el conocimiento y la difusión de tales valores, recordados con ejemplar claridad por el magisterio de Benedicto XVI, corresponde hoy a los medios de comunicación. Es de desear que, en el ejercicio de una tarea tan delicada, prevalezcan siempre las razones y los criterios de una responsabilidad deontológica que, aunque no excluye la posibilidad de críticas fundadas y constructivas, encuentra su última verificación en la capacidad de contribuir al conocimiento y a la búsqueda de la verdad.


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Fuente: Papa Ratzinger Blog

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo


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domingo 4 de octubre de 2009

El sacerdocio en tierras de misión: dificultades y desafíos

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sacerdotes africanos

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Una ocasión para responder a la urgencia de un nuevo impulso a la misión evangelizadora de la Iglesia en un mundo en continua evolución. Pero también una ocasión de redención para los sacerdotes que se han dejado implicar por los males de una sociedad secularizada. Son algunos de los objetivos por alcanzar durante este Año Sacerdotal que han sido indicados por el arzobispo Robert Sarah, secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. En esta entrevista a L’Osservatore Romano, Monseñor Sarah se refiere a la difícil situación de los sacerdotes en los territorios de misión – principalmente en África y en Asia – e indica en el discernimiento, en la valoración de las vocaciones, en la correcta y sólida formación, en la oración, en la vida eucarística y en la ejemplar fidelidad al orden sagrado, los fundamentos para restituir credibilidad al testimonio de los sacerdotes “allí donde ha sido puesta en duda por el comportamiento incorrecto de algunos”.


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¿Qué puede significar el Año Sacerdotal para el mundo misionero?


Para el mundo misionero, este año reviste una función particular. Basta mirar las estadísticas. Dicen que la población mundial es de más de seis mil millones, de los cuales sólo dos mil millones son cristianos. Más de cuatro mil millones no conocen a Jesucristo: el 67% de la población mundial.


Todavía más preocupante es, sin embargo, esta sociedad occidental que vuelve a ser pagana y que evoluciona, en gran medida, en paradójica oposición a las propias raíces espirituales y culturales. Junto a su progreso material, se nota un grave y continuo retroceso moral. Con su potencia económica, científica, tecnológica y mediática, promueve una cultura de la muerte: aborto, eutanasia, libertad sexual total, nuevos modelos de matrimonio y de familia, una ética nueva en absoluta oposición a la voluntad de Dios. Por lo tanto, esta situación trágica de tantos hombres que no conocen a Jesucristo – Dios hecho hombre por amor al hombre – representa la urgencia actual de una nueva evangelización de la sociedad occidental. No podemos olvidar que nuestra misión permanente es llevar el Evangelio a cuantos aún no conocen a Cristo, único Redentor del hombre.


Esta misión evangelizadora universal requiere una Iglesia renovada, revitalizada con el perenne mensaje de Cristo. No es un personaje del pasado, no es un sabio de la historia antigua. Jesús es el viviente. Vive en los cristianos santos. Vive en los sacerdotes santos y continúa su misión redentora a través de la vida santa de sus discípulos. Benedicto XVI ha estado extraordinario al proponer un Año Sacerdotal después del Año Paulino, como para subrayar el vínculo entre los dos elementos: la evangelización y el sacerdocio. No existe un manual o una escuela del buen sacerdote. Pero existen ejemplos de sacerdotes santos para imitar, para invocar. La evangelización depende esencialmente de sacerdotes santos. Y la santidad del sacerdocio ministerial y bautismal es la energía y el motor de la misión. Por eso, consideramos este Año Sacerdotal como un año de gracia y de gran bendición para la Iglesia misionera.


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El Papa, en su primer viaje a África, ha recomendado mayor discernimiento en la elección de los candidatos al sacerdocio, invitando a mirar más la calidad que la cantidad de las vocaciones. ¿Cómo intenta el dicasterio favorecer esta elección?


El dicasterio misionero de Propaganda Fide anima constantemente a los obispos a confiar la misión de los seminaristas a sacerdotes modelo, ejemplares en su vida espiritual, humana, moral, y fieles al Magisterio de la Iglesia. De este modo, ellos pueden ayudar a los futuros presbíteros a adquirir, en los años de su preparación y en la sucesiva formación permanente, una conciencia clara de su identidad sacerdotal, una libre y alegre opción del celibato, de la castidad, de la pobreza y de la obediencia, a imitación de Cristo. La formación debe ser de calidad intelectual, espiritual, humana y pastoral de alto nivel, de modo que los sacerdotes ejerzan el ministerio sacerdotal in persona Christi capitis. La formación del sacerdote, sobre todo en un contexto moderno tan complejo como el actual, es algo que dura para toda la vida. Por lo tanto, es urgente que en las parroquias y en los seminarios se insista sobre el discernimiento, las cualidades humanas y sacerdotales, el sincero deseo de una vida santa en el seguimiento de Cristo hasta el final. Y este compromiso no concierne sólo a África sino a toda la Iglesia porque se trata de hacer más presente en el mundo a Cristo y más creíble a su Evangelio.


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San Juan María Vianney y San Pío de Pietrelcina son dos figuras de grandes confesores que han sido propuestas nuevamente por el Papa. ¿Usted cree que, en países como los africanos, el rol del confesor debe ser revalorizado?


Cada sacerdote debe buscar “hacer redescubrir a los fieles laicos el significado y la belleza de la penitencia sacramental, mostrándola como una exigencia íntima de la presencia eucarística”. Liberar al hombre del pecado haciéndole redescubrir el “torrente de la divina misericordia” y el amor infinito de Dios por el hombre: esta es la misión esencial del sacerdote. Por lo tanto, es central hacer que los sacerdotes redescubran su dignidad y privilegio al estar en el confesionario. Ellos mismos deben confesarse muy frecuentemente porque también ellos son pecadores perdonados. Los confesionarios deben volver a ser verdaderos hospitales de las almas, como decía el santo Cura de Ars. Aunque en África la confesión todavía es muy practicada, siempre hay que revalorizar y presentar el sacramento de la confesión. Y el Papa desea esto.


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A veces llegan de África los ecos de noticias poco confortantes a propósito del comportamiento de algunos sacerdotes. Un problema que, lamentablemente, también se experimenta en otras partes del mundo. ¿Usted piensa que este Año Sacerdotal puede servir para reencontrar y revivir más intensamente el sentido del ministerio sacerdotal?


En su carta con ocasión del Año Sacerdotal, el Papa expresa la alegría y el afectuoso aliento por la “fidelidad entusiasta de tantos sacerdotes que, a pesar de las dificultades e incomprensiones, perseveran en su vocación de "amigos de Cristo", llamados personalmente, elegidos y enviados por Él”. Pero constata: “Sin embargo, también hay situaciones, nunca bastante deploradas, en las que la Iglesia misma sufre por la infidelidad de algunos de sus ministros. En estos casos, es el mundo el que sufre el escándalo y el abandono”. La vida moral escandalosa de algunos sacerdotes infieles es un problema difundido. Ningún continente, ninguna Iglesia local, puede no estar profundamente herida por estos casos dolorosos.


Pero me limito a su pregunta. El fenómeno de inmoralidad sacerdotal parecería en crecimiento en África. Algunas Iglesia locales conocen demasiados casos de sacerdotes de conducta moral escandalosa, sacerdotes desobedientes, que viven fuera de la diócesis sin el permiso del obispo, que gestionan mal los bienes de la Iglesia, y así sucesivamente. Benedicto XVI ha concedido facultades especiales a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos para tratar, de modo diligente y apropiado, los casos escandalosos de sacerdotes que viven en discordancia con el celibato, la castidad sacerdotal y la obediencia. Sin embargo, existen en África sobre todo muchos sacerdotes fieles, muy bellas realidades donde se vive el sacerdocio con dignidad, orgullo y mucho sacrificio, abnegación y pobreza total. En estos últimos treinta años, han sido asesinados a causa de la fe más de 133 sacerdotes y obispos en África. Muchos sacerdotes han soportado sacrificios y sufrimientos, en espíritu de abnegación y de renuncia, por amor a Cristo.


Estoy seguro que la celebración del Año Sacerdotal será de gran ayuda a los sacerdotes y al pueblo de Dios para reforzar la amistad con Cristo, para pedir perdón por las infidelidades, y principalmente para retomar una conciencia más viva de la propia identificación con Cristo. Habrá una renovación espiritual intensa y un gran compromiso de parte de cada uno para pedir juntos perdón por todos los pecados de los sacerdotes.


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¿Qué iniciativas quieren poner en marcha para promover la celebración del Año Sacerdotal en todos los territorios de misión?


El cardenal Dias, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, ha enviado una carta a todos los obispos de los territorios de misión sometidos a nuestra jurisdicción para invitarlos a tomar con alegría y responsabilidad la gracia del Año Sacerdotal querido por Benedicto XVI. Exhorta a los obispos a aprovechar este año para reforzar en los sacerdotes y en los fieles laicos el reconocimiento de este sublime don de Dios. También sugiere algunas iniciativas, por ejemplo: retiros espirituales, conferencias, sesiones de formación, estudios de los documentos conciliares y postconciliares. El cardenal Dias anima a los obispos y a los sacerdotes de nuestros territorios a imitar a san Juan María Vianney. Algunas diócesis ya han respondido informándonos acerca de sus iniciativas. Estoy seguro de que todos los sacerdotes del mundo están felices de vivir este año de gracia. Y Propaganda Fide hará todo lo posible para acompañar este camino de renovación interior de los sacerdotes con su cercanía espiritual, su aliento y su oración.


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Fuente: L’Osservatore Romano


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo


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sábado 3 de octubre de 2009

De la Liturgia terrena a la Liturgia Celeste

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Presencia_Real

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A fines del año pasado, Tony Foley, de 41 años de edad, descubrió que tiene un cáncer terminal. En esta nota, publicada en The Catholic Herald, cuenta cómo ha venido enfrentando la realidad de su enfermedad.


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La vida humana es realmente asombrosa. Por momentos, uno puede sentirse casi un participante de la eternidad. La realidad de la muerte puede parecer distante y remota, algo que pertenece a otro espacio y tiempo. Pero luego, después de un estudio de rutina para evaluar el nivel de hierro, llega el mensaje: “Tienes cáncer de esófago y no es operable. Tienes meses, no años, de vida”.


En ese momento, todo lo anterior se cristaliza. La pregunta: “¿está sucediendo realmente?” se repite una y otra vez, en el medio de la noche, y temprano en la mañana. Para mi esposa y yo, las primeras seis semanas fueron una especie de pesadilla viviente. En el trabajo, alguien preguntó: “¿Cómo te fue?”. La respuesta más apta parecía ser el bajar el pulgar del anfiteatro romano, en lugar de incontables explicaciones a los colegas. No mucho después, me encontré con un colega enfrente de la máquina de café.  Había estado de traslado, y me dijo que dejaba la firma. Siendo un poco malvado, no pude resistirme a decir: “Yo también estoy dejando la firma”.


“¿A dónde vas?”


“Bueno, estoy muriendo de un cáncer terminal” (y una larga risa). Para ser justos con él, debo decir que lo tomó con calma. Si fuera irlandés como yo, la respuesta, estoy seguro de ello, habría sido un poco más teatral.


Pero, ¿por qué aceptarlo? ¿Por qué no reaccionar con un quejido solitario? ¿O, quizá, con el tan trillado: “Esto no es justo”? Porque todo es gracia, todo es don. Y es momento de devolver el don, libre y voluntariamente. Un fuerte sentido de la Providencia Divina me fortalece, el sentido de que he sido preparado para esto. Tanto mi esposa como yo habíamos tenido conversiones francamente dramáticas al tiempo de la muerte de Juan Pablo II y de la elección de Benedicto XVI. Desde entonces, la Liturgia, particularmente las liturgias monásticas benedictinas en abadías como Santa Cecilia, Quarr, Downside, Solesmes y Le Barroux se transformaron, para nosotros, en un anticipo de la Liturgia Celestial. ¿Qué decir del momento en que el cantor anuncia: “Deus, in adiutorium meum intende” (Dios mío, ven en mi auxilio). Nuestras almas vuelan a la estratosfera, y estamos entre los Ángeles. Entonces, después de cantar el Salmo, la inclinación para el “Gloria” es la promulgación, con el cuerpo, de lo que el alma proclama en ese momento: “Todo está bien, Dios está en los Cielos, y somos Sus hijos e hijas”.


Tan impregnado, como estoy, con la esperanza de encontrarme con un Señor tan maravilloso, no se abren las compuertas de la tristeza, aunque la tristeza viene a veces, particularmente cuando pienso en mi esposa y en toda mi familia (tengo madre, hermanos, una hermana, y más familiares en Irlanda. No tenemos hijos – sufro de una enfermedad genética llamada fibrosis cística, y por la razón y la fe no creemos que la des-personalización e instrumentación de la vida humana que implica la fertilización in vitro esté moralmente justificada, no obstante el gozo que trae una nueva vida).


Uno puede verse poseído por el gozo y, digamos también, puede comenzar a sentir un poco de agitación ante el pensamiento de salirse del tiempo y entrar en la eternidad. Pero el horror de la ruptura, y lo malo de la muerte no pueden negarse, por eso no es correcto sentirse demasiado gozoso.


Hay algo extraño en los funerales modernos que simplemente no puedo descifrar. ¿Por qué están todos tan animados? Pienso dejar instrucciones claras: ni bromas, ni ceremonia de beatificación (costumbre moderna). En lugar de esto, deseo que todos recen incesantemente para que mi purificación sea corta.


Ahora he llegado a comprender al salmista cuando dice: “No temerás el terror nocturno”. Los viajes en auto al monasterio de Le Barroux, por la noche, en las remotas Colinas de Provence en octubre, hicieron que el terror primordial de la noche me fuera lo suficientemente claro. Pero la Liturgia fue un tónico excelente para el corazón magullado, y el terror fue disipado por Cristo, nuestra esperanza. Se puede estar frente a la muerte y vivir con gozo y en paz, especialmente si uno tiene un amigo como San Pablo (y él es un amigo). Sus palabras, de la Carta de los Filipenses se han transformado en una jaculatoria para mí: “Para mí la vida es Cristo y la muerte una ganancia”.


¡Pase lo que pase, en Cristo soy vencedor!


Empecé la quimioterapia en noviembre, y pasé por tres sesiones de 21 días. Esto requirió tres viajes a mi hospital local para recibir dos drogas intravenosas, seguidas de 21 días de pastillas. Gracias a Dios, los efectos secundarios fueron menores – sensaciones extrañas en las terminaciones nerviosas, un dolor pleurítico y cansancio. La clave es que pude sentir que la quimioterapia tiene un efecto positivo, haciendo que el poder tragar no fuera tan complicado. Esto le agregó una dimensión surrealista a mi vida: ¡saber que soy un enfermo terminal, pero sin síntomas! Pero poco después de mi tercer quimioterapia, y apenas antes de Navidad, desarrollé una gripe que se me fue al pecho. Puedo decir que, habiendo vivido toda mi vida con fibrosis cística, el pecho es mi talón de Aquiles. Los pulmones de la persona que tiene esta enfermedad suelen ser colonizados por algún microbio malo, en mi caso por pseudomonas. Creo que la gripe impulsó a las pseudomonas a reírse un poco a mis expensas. En enero entré en el Royal Brompton por dos semanas en las que recibí tres drogas intravenosas y un anti-fungicida. Me parecía estar drogado todo el día. Debo agregar que los cuidados que recibí en el Brompton fueron de primera clase. Extrañamente, empeoré a poco de entrar en el hospital, y terminé con unas fiebres feroces, alcanzando los 40 grados centígrados.


El estar en el hospital tiene algo que ayuda a ser humilde – uno se ve enérgicamente golpeado por el hecho de que hay otros que están mucho más enfermos. Mi cama apuntaba a un joven de alrededor de 30 años que también tenía fibrosis cística. Sus sufrimientos eran difíciles de abarcar. Era como estar en frente de Cristo Crucificado; él tenía fiebre y estaba constantemente conectado a un equipo respiratorio, sea el oxígeno o un aparato especial designado para hacer llegar el aire a los pulmones. Su paciencia ante sus sufrimientos eran ejemplares. Otro joven en sus 30 años que, a simple vista, parecía estar bien, tenía un asma grave. Pero necesitaba una enorme cantidad de medicación para mantenerse vivo, incluyendo inyecciones en el medio de la noche. A pesar de sus sufrimientos tenía buen humor, era un buen compañero de habitación, e incluso logró dar algunos paseos para compartir algunas charlas. Luego, una mañana, su respiración estalló. Hubo un pandemonium mientras era llevado a terapia intensiva y le ponían un respirador artificial, al tiempo que se esforzaba desesperadamente para respirar. Fue muy angustiante. Pensé que se moría, y sólo espero que ahora esté recuperado.


Al ver el sufrimiento de los que te rodean, es inevitable que uno se hunda en lo profundo, y sí me hundí. Pero Dios estaba allí. Clamé, y Él me respondió. Realmente sólo cuando estamos en el absoluto fin de nuestra cuerda es que comenzamos a darnos cuenta de nuestra nada ante Dios, de que no hay nada que le podamos ofrecer fuera de nuestra libre voluntad, nuestros sufrimientos y nuestro tierno amor. ¿Qué más podríamos darle si el universo entero le pertenece? En esa profundidad podemos, si se nos concede la gracia, alcanzar a Dios, como Padre, y hablarle con ternura, sabiendo que Él nos ama infinitamente más que lo que nos amamos nosotros mismos.


Salí del hospital, y me regresó la calma. Esto le da algún respiro a mi pobre esposa. Visitarme era para ella una pesadilla: un viaje de cuatro horas en su día de trabajo como docente. Estoy más que agradecido por su amabilidad y sus cuidados y, cuando llega el dolor – como a veces sucede – mi dolor es por ella, que quedará sola cuando muera.


Desde entonces, he tenido radioterapia y otra sesión de quimioterapia, siguiendo a nuevos apretones en el esófago y al dolor al tragar. También he estado con mi esposa en la Abadía de Santa Cecilia en la Isla de Wight, donde me afilié como un oblato. De hecho, mi esposa se va a afiliar pronto. Estoy más que agradecido con la Hna. Claire, quien cuida de los oblatos, y con la abadesa que ha prescindido de algunas reglas para hacer una excepción en mi caso. Amo la liturgia benedictina, y me encanta ser un oblato novicio, ya que mis oraciones y sacrificios se mezclan con aquellos de las hermanas, formando un único coro de alabanza.


Todo lo que puedo hacer es dedicar cuanto tiempo sea posible a la oración para prepararme para el camino que tengo por delante, y recibir los tratamientos que existan para hacer más lento el avance del cáncer. Lo bueno es que este cáncer, al tiempo que es agresivo, parece ir gastándote con delicadeza en muchos casos. Uno simplemente se va apagando. Parece bastante apropiado, así que, por favor, ¡no hacer drama!


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Fuente: The Catholic Herald


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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viernes 2 de octubre de 2009

Al rescate de Europa

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Fieles checos con las banderas checa y vaticana

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Por Francesco


La visita que el Papa realizó a la República Checa, además de ser una nueva expresión del ejercicio de su ministerio en favor del “pequeño rebaño” que allí peregrina, ha sido un nuevo intento de rescatar a Europa de aquella “singular forma de apostasía de sí misma, antes que de Dios”, ya denunciada por el Pontífice hace dos años.


El viaje, largamente esperado tanto por el Obispo de Roma como por el pueblo checo, se presentaba desde sus inicios como un auténtico desafío. República Checa es, de hecho, un país de tradición cristiana que actualmente, y luego de haber padecido la dictadura comunista, se ha convertido en la región de Europa con la tasa más alta de ateísmo, donde el catolicismo ha quedado reducido a un pequeño número y donde se registra una bajísima participación en la Santa Misa dominical. A lo cual se suman las delicadas relaciones con los sucesivos gobiernos del post-comunismo que dificultan los procesos para devolver a la Iglesia lo que se le ha robado durante los difíciles años de la cortina de hierro (por ejemplo, la magnífica Catedral de San Vito). Este difícil panorama es confirmado por unas dolorosas declaraciones del Cardenal Arzobispo de Praga, de 77 años y cercano a dejar el cargo, en las cuales afirmó haber fracasado en su misión: “Durante los 20 años pasados en Praga, no he logrado alcanzar casi nada a nivel eclesiástico y tampoco a nivel político”.


A este país, corazón de Europa y dramático reflejo del continente que “parece haber emprendido un camino que lo podría llevar a despedirse de la historia” (cfr. Discurso del Papa en el 50º Aniversario de los Tratados de Roma), es adonde el Santo Padre ha llevado un fuerte mensaje sobre la auténtica libertad que “no es libertinaje, arbitrariedad, sino que está unida y condicionada por los grandes valores de la verdad, el amor, la solidaridad y el bien en general”. Así lo dijo a los periodistas en el avión que lo llevaba a Praga.


En la ceremonia de bienvenida, el Obispo de Roma se refirió al período comunista afirmando que “una tragedia particular para esta tierra fue el intento despiadado por parte del Gobierno de aquel tiempo de silenciar la voz de la Iglesia” y, al mismo tiempo, llamó a los actuales ciudadanos a que redescubran las raíces cristianas que han plasmado su cultura y a que hagan oír su voz frente a los desafíos del tercer milenio ya que “la verdad del Evangelio es indispensable para una sociedad próspera”. Al visitar al Niño Jesús de Praga, en la Iglesia de Santa María de la Victoria, el Vicario de Cristo elevó una oración por las familias y por los niños y recordó que “todo ser humano es hijo de Dios y por lo tanto hermano nuestro y, como tal, debe ser acogido y respetado”, añadiendo en la plegaria: “¡Que nuestra sociedad comprenda esta realidad!”.


Un momento particularmente importante fue el encuentro que el Santo Padre mantuvo con las autoridades civiles y diplomáticas de la República Checa. Allí, el Papa volvió al tema de la libertad recordando que ésta “presupone la búsqueda de la verdad —del verdadero bien— y, por lo tanto, encuentra su realización precisamente en conocer y hacer lo que es recto y justo” y, dando un paso más, afirmó que “para los cristianos la verdad tiene un nombre: Dios; y el bien tiene un rostro: Jesucristo”. A una sociedad que se declara mayoritariamente atea, el Sucesor de Pedro invitó a mirar la belleza de las iglesias, del castillo, de las plazas y de los puentes, una belleza que manifiesta fe, asegurando que “sería trágico que se admiraran tales ejemplos de belleza, pero ignorando el misterio trascendente que indican”. Luego de recordar que, como indica el lema de la República (“Veritas vincit”), realmente la verdad vence, se preguntó: “¿qué es más inhumano y destructivo que el cinismo, que quisiera negar la grandeza de nuestra búsqueda de la verdad, y que el relativismo, que corroe los valores mismos que sostienen la construcción de un mundo unido y fraterno?”.


El Papa quiso centrar su discurso durante el encuentro ecuménico en la importancia única del cristianismo para el momento actual de Europa, afirmando que “quienes fijan la mirada en Jesús de Nazaret con ojos de fe saben que Dios ofrece una realidad más profunda y, sin embargo, inseparable de la economía de la caridad operante en este: Él ofrece la salvación”. Y dado que “cuando Europa escucha la historia del cristianismo, escucha su propia historia”, se comprende “por qué los cristianos tienen el deber de unirse a otros para recordar a Europa sus raíces”. Por otra parte, el encuentro con el mundo académico, donde casi tres cuartos de los oyentes se declaran agnósticos o ateos, se caracterizó por una gran atención y respeto a las palabras de quien “ha sido profesor, atento al derecho de la libertad académica y a la responsabilidad en el uso auténtico de la razón, y ahora es el Papa quien, en su papel de Pastor, es reconocido como voz autorizada para la reflexión ética de la humanidad”, como se presentó a sí mismo el Pontífice. La acogida cordial brindada al Papa, diría luego el Profesor Giovanni Maria Vian (Director de L’Osservatore Romano), recordó, por contraste, “el episodio de intolerancia que obligó al Papa a renunciar a la visita a la universidad romana de La Sapienza”.


Los encuentros con la comunidad católica del país fueron un llamado a la esperanza y a la unión con Jesucristo. Al celebrar las Vísperas en la Catedral de San Vito, durante el primer día de su visita, el Pontífice trazó un diagnóstico de la realidad al afirmar que “la sociedad lleva todavía las heridas causadas por la ideología atea, y a menudo se siente fascinada por la mentalidad moderna del consumismo hedonista, con una peligrosa crisis de valores humanos y religiosos, y la deriva de un creciente relativismo ético y cultural”. En este contexto, el Papa quiso recordar que “sólo el conocimiento personal y la unión profunda con Cristo proporcionan la energía espiritual para realizar plenamente la vocación cristiana”. “Cristo es para todos”, dijo Benedicto XVI en el corazón de su discurso, provocando la ovación de todos los presentes. Al celebrar la Santa Misa en Brno, en la primera visita de un Papa a esta ciudad, afirmó que “sólo Cristo puede ser nuestra esperanza cierta” en el contexto actual de una sociedad “donde muchas formas de pobreza nacen del aislamiento, de no ser amados, del rechazo de Dios y de una originaria y trágica cerrazón del hombre que piensa que puede bastarse a sí mismo, o que es sólo un hecho insignificante y pasajero”.


El 28 de septiembre, memoria litúrgica de San Wenceslao y fiesta nacional de la República Checa, el Santo Padre celebró la Santa Misa en el lugar del martirio del santo. En su homilía, se refirió a la actualidad de la santidad preguntando: “¿en nuestros días la santidad es aún actual? ¿No es más bien un tema poco atrayente e importante? ¿No se buscan hoy más el éxito y la gloria de los hombres? ¿Cuánto dura, sin embargo, y cuanto vale el éxito terrenal?”. Para responder, el Papa acudió a los ejemplos de la historia reciente de Europa y afirmó que “el siglo pasado ha visto caer a no pocos poderosos, que parecían haber alcanzado alturas casi inalcanzables. De repente se encontraron privados de su poder” ya que “quien negaba y sigue negando a Dios y, en consecuencia, no respeta al hombre, parece tener la vida fácil y conseguir un éxito material. Pero basta rascar la superficie para constatar que, en estas personas, hay tristeza e insatisfacción”. En este contexto, el Papa animó al pueblo checo a la santidad, recordando que se necesitan personas “creyentes y creíbles” y que “no basta con parecer buenos y honrados, hay que serlo realmente”. “Bueno y honrado – concluyó Benedicto XVI – es aquel que no cubre con su yo la luz de Dios, que no se pone delante a sí mismo sino que deja transparentar a Dios”.


Finalizada la Santa Misa, el Papa dirigió un mensaje a los jóvenes, que estaban particularmente invitados a la celebración. Luego de agradecerles por haber acudido en gran número a la cita con el Vicario de Cristo (“¡Con vosotros también el Papa se siente joven!” dijo el Pontífice al inicio de sus palabras), los invitó a mirar la experiencia y la enseñanza de San Agustín, que “descubrió que sólo Jesucristo era la respuesta satisfactoria al deseo, suyo y de cada hombre, de una vida feliz, llena de significado y de valor”. El Papa resumió la fe cristiana precisamente en “el encuentro con Cristo, Persona viva que da a la vida un nuevo horizonte y con ello la dirección decisiva”. Luego de decirles, una vez más, que los jóvenes son la esperanza de la Iglesia y de invitarlos a “la gran reunión de los jóvenes con Cristo en la Iglesia”, en Madrid, para la Jornada Mundial de la Juventud del 2011, Benedicto XVI enumeró lo que quería pedir a los jóvenes: “que viváis con alegría y entusiasmo vuestra fe; que crezcáis en unidad entre vosotros y con Cristo; que recéis y que seáis asiduos en la práctica de los sacramentos, en particular de la Eucaristía y de la Confesión; que cuidéis vuestra formación cristiana permaneciendo siempre dóciles a las enseñanzas de vuestros Pastores”.


En la ceremonia de despedida, el Papa evocó una frase del escritor Franz Kafka (“Quien mantiene la capacidad de ver la belleza no envejece nunca”) y afirmó que “si nuestro ojos permanecen abiertos a la belleza de la creación de Dios y nuestras mentes a la belleza de su verdad, entonces podremos verdaderamente esperar seguir siendo jóvenes y construir un mundo que refleje algo de la belleza divina”. El Presidente de la República, a su vez, agradeció al Papa por haber llevado al pueblo checo una nueva esperanza. “Su gran fe, su valentía al expresar posiciones que no son siempre políticamente correctas y compartidas por todos, su compromiso a favor del respeto de las ideas y de los principios fundamentales de nuestra cultura y de la cristiandad, están aquí para darnos a todos un ejemplo y para animarnos”, dijo el Presidente.


En resumen, la visita del Santo Padre a la República Checa fue un nuevo llamado a todo el continente europeo para que redescubra y revalorice sus profundas raíces cristianas. El viaje ha sido, sin lugar a dudas, un importante evento que producirá sus frutos. Prueba de ello es que los enemigos de la Iglesia, siempre atentos en oscurecer y tergiversar las magníficas intervenciones del Sucesor de Pedro, no han podido lograr absolutamente nada a pesar de sus pobres intentos (que, ciertamente, no han faltado) de crear polémicas artificiales. “Los ecos de la visita entre los fieles son verdaderamente positivos. Me parece que esta visita ha tenido un profundo efecto en la situación y en la posición de la Iglesia en nuestra sociedad”, ha afirmado el Cardenal Vlk en una entrevista con Radio Vaticano. “Puedo afirmar – en la convicción de que no se trata sólo de una opinión personal – que su visita fue un éxito y tendrá un efecto duradero”, dijo el Presidente Klaus en la ceremonia de despedida. “Ha sido una visita extraordinaria”, fue el balance final del mismo Santo Padre, pocas horas antes de emprender el vuelo hacia Roma.


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Santos Ángeles Custodios

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angel_de_la_guarda

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Una criadita, colocada en casa de la familia Cinier, que vivía delante de la iglesia, iba a empezar la confesión. Tenía ya en los labios una acusación grave, pero se calló y la dejó para después. “¿Y aquello?, le dijo el Santo Cura de Ars- y precisó lo que quería ocultar-, no lo dices, y lo has cometido.” Estupefacta ante tal ante tal revelación, la penitente pensó: ¿Y cómo lo sabe? Y el Santo, respondiendo a esta idea, que otra parte de la muchacha no manifestó, le dijo: “Tu ángel de la guarda me lo ha contado”.


(De la vida de San Juan María Vianney)


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Cantemos hoy a los ángeles,
Custodios nuestros hermanos,
Que velan por los humanos
Y van de su bien en pos.


Ven siempre la faz del Padre,
Él los ampara benigno,
Y luchan contra el maligno
En las batallas de Dios.


¡Oh espíritus inmortales!
Tenéis por reina a María,
Sois su vital letanía,
Su enamorada legión.


Por vuestro medio nos llegan
Dones y gracias del cielo,
La fe, la luz, el consuelo,
La paz y la inspiración.


Terribles como un ejército
Bien ordenado en batalla,
Vuestra asistencia no falla
Contra la insidia infernal.


Silentes guardas y amigos,
De nuestra noche luceros,
Seréis nuestros compañeros
En la Patria Celestial.


La gloria a Dios que ha creado
Ejército tan prolijo:
Que adore sumiso al Hijo,
Su rey y su plenitud,
Y que al Espíritu Santo,
Terrenos y celestiales,
Le rindan universales
Tributos de gratitud.

Amén.

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Khristos Anesti

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jueves 1 de octubre de 2009

Yo seré el amor

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steresita

Santa Teresa del Niño Jesús

Doctora de la Iglesia

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Teniendo un deseo inmenso del martirio, acudí a las cartas de san Pablo, para tratar de hallar una respuesta. Mis ojos dieron casualmente con los capítulos doce y trece de la primera carta a los Corintios, y en el primero de ellos leí que no todos pueden ser al mismo tiempo apóstoles, profetas y doctores, que la Iglesia consta de diversos miembros y que el ojo no puede ser al mismo tiempo mano. Una respuesta bien clara, ciertamente, pero no suficiente para satisfacer mis deseos y darme la paz.


Continué leyendo sin desanimarme, y encontré esta consoladora exhortación: Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional. El Apóstol, en efecto, hace notar cómo los mayores dones sin la caridad no son nada y cómo esta misma caridad es el mejor camino para llegar a Dios de un modo seguro. Por fin había hallado la tranquilidad.


Al contemplar el cuerpo místico de la Iglesia, no me había reconocido a mí misma en ninguno de los miembros que san Pablo enumera, sino que lo que yo deseaba era más bien verme en todos ellos. Entendí que la Iglesia tiene un cuerpo resultante de la unión de varios miembros, pero que en este cuerpo no falta el más necesario y noble de ellos: entendí que la Iglesia tiene un corazón y que este corazón está ardiendo en amor. Entendí que sólo el amor es el que impulsa a obrar a los miembros de la Iglesia y que, si faltase este amor, ni los apóstoles anunciarían ya el Evangelio, ni los mártires derramarían su sangre. Reconocí claramente y me convencí de que el amor encierra en sí todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y lugares, en una palabra, que el amor es eterno.


Entonces, llena de una alegría desbordante, exclamé: “Oh Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor. Sí, he hallado mi propio lugar en la Iglesia, y este lugar es el que tú me has señalado, Dios mío. En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor; de este modo lo seré todo, y mi deseo se verá colmado”.


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Oración


Oh Dios, que abres las puertas de tu Reino a los pequeños y a los humildes, haz que sigamos confiadamente el camino de sencillez que siguió santa Teresa del Niño Jesús, para que, por su intercesión, también nosotros lleguemos a descubrir aquella gloria que permanece escondida a los sabios y a los prudentes según el mundo. Te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo, Nuestro Señor, que contigo vive y reina, en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.


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