sábado, 10 de noviembre de 2012

Motu Proprio “Latina lingua”: el Papa instituye una Academia para promover el latín

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Presentamos nuestra traducción del Motu Proprio “Latina lingua”, que ha sido publicado hoy por la Santa Sede, por el cual el Papa Benedicto XVI, con la intención de promover el conocimiento y el uso de la lengua latina, instituye una Pontificia Academia de Latinidad.

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Carta Apostólica en forma de Motu Proprio “Latina lingua” con la cual se instituye la Pontificia Academia Latinitatis


1. La lengua latina ha sido siempre tenida en altísima consideración por la Iglesia Católica y por los Romanos Pontífices, los cuales han promovido asiduamente el conocimiento y la difusión, habiendo hecho de ella la propia lengua, capaz de transmitir universalmente el mensaje del Evangelio, como ya es afirmado con autoridad por la Constitución Apostólica Veterum sapientia de mi Predecesor, el Beato Juan XXIII.


En realidad, desde Pentecostés, la Iglesia ha hablado y ha rezado en todas las lenguas de los hombres. Sin embargo, las Comunidades cristianas de los primeros siglos usaron ampliamente el griego y el latín, lenguas de comunicación universal del mundo en que vivían, gracias a las cuales la novedad de la Palabra de Cristo encontraba la herencia de la cultura helenista-romana.


Después de la desaparición del Imperio romano de Occidente, la Iglesia de Roma no sólo continuó valiéndose de la lengua latina, sino que se hizo, en cierto modo, custodia y promotora de ella, tanto en ámbito teológico y litúrgico, como en el de la formación y de la transmisión del saber.


2. También en nuestros tiempos, el conocimiento de la lengua y de la cultura latina resultan muy necesario para el estudio de las fuentes de las que se sirven, entre otras, numerosas disciplinas eclesiásticas, como por ejemplo, la Teología, la Liturgia, la Patrística y el Derecho Canónico, como enseña el Concilio Ecuménico Vaticano (cfr Decr. Optatam totius, 13). Además, en esta lengua están redactadas, en su forma típica, para evidenciar el carácter universal de la Iglesia, los libros litúrgicos del Rito romano, los documentos más importantes del Magisterio pontificio y las Actas oficiales más solemnes de los Romanos Pontífices.


3. En la cultura contemporánea se nota, sin embargo, en el contexto de un generalizado debilitamiento de los estudios humanistas, el peligro de un conocimiento cada vez más superficial de la lengua latina, incluso en el ámbito de los estudios filosóficos y teológicos de los futuros sacerdotes. Por otra parte, precisamente en nuestro mundo, en que ocupan tanto lugar la ciencia y la tecnología, se encuentra un interés renovado por la cultura y la lengua latina, no sólo en aquellos continentes que tienen las propias raíces culturales en la herencia grecorromana. Esta atención es muy significativa ya que no concierne solamente a los ámbitos académicos e institucionales, sino también a los jóvenes y estudiosos procedentes de naciones y tradiciones muy diversas.


4. Es, por eso, urgente sostener el empeño de un mayor conocimiento y un uso más competente de la lengua latina, tanto en el ámbito eclesial, como en el mundo más vasto de la cultura. Para dar relieve y resonancia a ese esfuerzo, resultan muy oportunas la adopción de métodos didácticos adecuados a las nuevas condiciones y la promoción de una red de relaciones entre las instituciones académicas y entre los estudiosos, con el fin de valorizar el rico y multiforme patrimonio de la cultura latina.


Para contribuir a alcanzar esos objetivos, siguiendo las huellas de mis venerados Predecesores, con el presente Motu Proprio instituyo hoy la Pontificia Academia de Latinidad, dependiente del Pontificio Consejo para la Cultura. Es dirigida por un Presidente, ayudado por un Secretario, nombrados por mí, y por un Consejo Académico.


La Fundación Latinitas, constituida por el Papa Pablo VI, con el Quirógrafo Romani Sermonis, del 30 de junio de 1976, se extingue.


La presente Carta Apostólica en forma de Motu Proprio, con la cual apruebo ad experimentum, por un quinquenio, el único Estatuto, ordeno que sea publicada en L’Osservatore Romano.


Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 10 de noviembre del 2012, memoria de San León Magno, en el octavo año de Pontificado.


BENEDICTUS PP XVI


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Fuente: Il blog degli amici di Papa Ratzinger


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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jueves, 8 de noviembre de 2012

La Comunión Anglicana tiene nuevo Primado: ¿a la deriva?

 

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Presentamos nuestra traducción del artículo de Cantuale Antonianum sobre la elección del sucesor del Arzobispo Rowan Williams como Primado de la Comunión Anglicana. El elegido sería el obispo Justin Welby, de posturas claramente liberales, lo cual acentuaría el ya evidente declive de esta comunidad eclesial.

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Después de la singular elección del Papa copto, confiada a un niño, he aquí hoy un nuevo nombramiento eclesial de relevancia.


Parece ya cierto que mañana será designado por Su Majestad Isabel II, el Reverendo Justin Welby, hasta ahora obispo de Durham, como sucesor del Arzobispo de Canterbury y Primado de la Comunión Anglicana Dr. Rowan Williams, que se retirará del oficio el mes próximo. Lo refiere el sitio de la BBC, dado por seguro el nombramiento.


El arzobispo designado ha ganado el lugar sobre por sobre otros prelados más renombrados que él: es obispo desde hace sólo un año en la cuarta sede en orden de precedencia, y ha sido elegido en lugar del arzobispo de York, el evangélico John Sentamu, o del combativo Michael Nazir Ali, de Rochester.


Justin Welby no está ciertamente a la altura teológica de su predecesor: antes de ser sacerdote ha trabajado varios años como gerente para la compañía petrolífera ELF. Luego sintió la llamada y se hizo ministro de Dios. Es descrito, por quien lo conoce, como un obispo left-wing, de izquierda, en el sentido de liberal, modernizante y devoto de lo políticamente correcto, discursos sobre economía, finanzas, inclusión, calentamiento global, cuestiones de género…


Se dice de él que es “muy astuto” y “capaz de cambiar aquello en que cree si es lo que hay que hacer”. La referencia es a las uniones homosexuales, sobre las cuales no se ha expresado oficialmente. Ha escrito, recordando su pasado laboral, “Managing the Church: Order and Organization in a Secular Age”, y esto ya puede dar una idea de su eclesiología. No por casualidad el obispo Welby es también, desde el 2011, miembro del Parlamento inglés, uno de los 26 Lords Spiritual (es decir, aquellos que se sientan en la así llamada “banca de los obispos” en la Cámara Alta, la Cámara de los Lores). Aquí su ficha como parlamentario. En resumen, un verdadero representante del establishment.


Naturalmente, lo ha afirmado varias veces, cree “… en la ordenación de las mujeres como obispos” y añade, palabras suyas, “mantengo esta posición como resultado de un atento estudio de las escrituras y del examen de la tradición” (“…I hold these views as a result of careful study of the scriptures and examination of the tradition”).


Quien todavía tenía algo de esperanza dentro de la Iglesia de Inglaterra, ahora la ha perdido del todo. No hay más lugar, mucho menos bajo el nuevo arzobispo, para la doctrina católica del Orden (y no sólo para esa doctrina…).


Nacido el día de la Epifanía de 1956, el nuevo arzobispo electo está casado con Caroline Eaton, de la cual ha tenido seis hijos. Ha perdido en un accidente de auto en 1983, en Francia, una hija de sólo siete meses.


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Fuente: Cantuale Antonianum


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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jueves, 1 de noviembre de 2012

El Cardenal George y la “profecía” de los cuatro obispos

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Cierta vez, hablando con un grupo de sacerdotes, el Cardenal George, Arzobispo de Chicago, afirmó que él morirá en una cama, su sucesor en prisión, y quien lo suceda será mártir. En su columna semanal en el periódico arquidiocesano, retomó esas afirmaciones – que, aclaró, no buscaban ser proféticas sino ayudar al Pueblo de Dios a tomar conciencia – y las completó con la frase final, no publicada en ese momento. Este artículo de Sandro Magister, cuya traducción ofrecemos, presenta estas declaraciones del Cardenal de Chicago.

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El cardenal Francis George, de 75 años, arzobispo de Chicago y anterior presidente de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, estaba entre los designados para participar en el Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización, concluido el pasado 28 de octubre. Pero no ha podido tomar parte por estar sufriendo nuevamente por un tumor, como algunos años atrás.


¿Qué habría dicho en el aula del Sínodo, si hubiera estado presente? La última de las “columnas” que escribe cada semana para el periódico de su arquidiócesis, el Catholic New World, parece responder precisamente a esta pregunta. Ésta tiene por título “El lado equivocado de la historia” y es una fuerte crítica – desde el lado de Cristo – de aquel moderno dragón que es la corriente de secularismo que embiste a la sociedad occidental. He aquí los pasajes centrales, que hacen una directa referencia a las elecciones presidenciales americanas para luego referirse a Occidente y al mundo. Con una instructiva alegoría sobre el futuro de la Iglesia.

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[...] La actual campaña política ha llevado al descubierto en nuestra vida pública el sentimiento antirreligioso, en gran parte explícitamente anticatólico, que está creciendo desde hace décadas en nuestro país. La secularización de nuestra cultura es un problema mucho más amplio que las causas políticas o los resultados de la presente campaña electoral, por más importante que sea.


Hablando algunos años atrás a un grupo de sacerdotes, sin ninguna referencia al actual debate político, he tratado de expresar de un modo bastante dramático a lo que puede llevar una completa secularización de nuestra sociedad. Estaba respondiendo a una pregunta y nunca se transcribió lo que dije, pero mis palabras fueron capturadas por el smartphone de alguno y ahora circulan en Wikipedia y en otros lugares del mundo de la comunicación electrónica. Soy citado (correctamente) mientras decía que preveía para mí morir en una cama, para mi sucesor morir en prisión, y para su sucesor morir como mártir en la plaza pública. Pero las citas omiten la frase final que añadí a propósito del otro obispo que sucedería al obispo pensado como mártir: “Su sucesor recogerá los escombros de una sociedad en ruinas y poco a poco ayudará a reconstruir una civilización, como la Iglesia ha hecho tantas veces en el curso de la historia humana”. Lo que dije no es “profético” sino que es un modo de ayudar a la gente a pensar más allá de las categorías habituales, que limitan y a veces envenenan el discurso tanto privado como público [...]


El himno no oficial del secularismo, hoy, es “Imagen” de John Lennon, en el que somos animados a imaginar un mundo sin religiones. Pero nosotros no debemos imaginar un mundo similar; el siglo XX nos ha dado terribles ejemplos de tales mundos.


En lugar de un mundo que vive en paz porque está sin religiones, ¿por qué no imaginar un mundo sin Estados naciones? [...] La amenaza más grande a la paz del mundo y a la justicia internacional es el Estado nacional convertido en maligno, que pretende un poder absoluto, que toma decisiones y fabrica “leyes” que superan sus competencias. [...]


Un mundo que se ha alejado de aquel Dios que lo ha creado y redimido corre inevitablemente hacia la ruina. Está del lado equivocado de la única historia que al final importa. El sínodo sobre la nueva evangelización se ha tenido en Roma este mes de octubre precisamente porque enteras sociedades, especialmente en Occidente, se han puesto del lado equivocado de la historia [...]


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Fuente: Settimo Cielo


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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jueves, 25 de octubre de 2012

Card. Filoni: “A cinco años de la carta a la Iglesia en China, el Papa espera una respuesta”

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Presentamos nuestra traducción de una reflexión que el Cardenal Fernando Filoni, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, ha escrito a cinco años de la importante Carta del Santo Padre Benedicto XVI a los católicos chinos, la cual nunca ha recibido una respuesta por parte de las autoridades de la República Popular China. La reflexión del purpurado hace un balance de la compleja situación actual de la Iglesia en China y ofrece algunas propuestas concretas para el futuro.

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El 2007 representa un año clave para la Santa Sede respecto a China: diez años antes, Hong Kong había vuelto bajo la soberanía de Pekín y treinta años antes (1977), Deng Xiaoping había abierto China. Por algunos años (1992-2001) yo he vivido en Hong Kong ocupándome de la Iglesia de aquel país que salía de largas y dramáticas persecuciones. Por razones de oficio, algunas veces he viajado a Pekín, encontrando favorables impresiones sobre el desarrollo económico de la nación. También para el futuro de la Iglesia se nutrían esperanzas: su historia de sufrimiento y de fidelidad, con sus confesores y mártires, provocaban una extraordinaria fascinación. Parecía que ya no pudiese sufrir más de lo que ya había sufrido, especialmente durante la Revolución Cultural (1966-1976). Sin embargo, los problemas, tanto internos a la Iglesia como en las relaciones con el Estado, eran enormes.


También entre China y la Santa Sede había grandes dificultades: históricas, culturales, políticas, de comprensión recíproca y de valoración de las cuestiones. Juan Pablo II había muerto en el 2005 con el deseo de visitar China y dejando una rica herencia de amor apasionado por la Iglesia en China, de atención paternal por quien se había alejado de la comunión plena con el Sucesor de Pedro, de vivo aprecio y de sentimientos de amistad por el pueblo chino. Yo fui testigo directo de esto en no pocas ocasiones. En el 2007, Benedicto XVI, examinando a fondo el status quo, consideró que los tiempos para las relaciones entre China y la Santa Sede eran objetivamente lejanos y por eso se necesitaba trabajar para allanar el camino. La primera tarea era manifestar públicamente cuál era la actitud de la Santa Sede frente a la compleja situación de la Iglesia en China, luego cuál debía ser la actitud que se esperaba internamente de la Iglesia china y en las relaciones con el Estado, y finalmente qué actitud tenía la Santa Sede respecto al Estado chino.


En este contexto nació y fue preparada la Carta a los Obispos, a los presbíteros, a las personas consagradas y a los fieles laicos de la Iglesia Católica en la República Popular China, publicada el 27 de mayo de 2007.


La Santa Sede y la compleja situación de la Iglesia en China


Después de años de estudio, la Santa Sede tenía la clara percepción de que la Iglesia en China, en su conjunto, no había sido nunca cismática. Cuando estuve en Hong Kong usaba una analogía para describir lo que había ocurrido. Desde su comienzo histórico, la evangelización en China había tenido lugar en fidelidad al Evangelio. Cristo era su única fuente y la Iglesia que de allí había nacido fluía como un río de agua límpida, a pesar de las vueltas y revueltas por los accidentes del terreno, es decir, de la historia. Un terremoto político que comenzó en 1950 alteró la vida. Por eso, una parte de las aguas comenzó a fluir bajo tierra, y otra parte continuó fluyendo en la superficie. Sucedió, por lo tanto, que una parte de la Iglesia no aceptó los compromisos y el control político, la otra los aceptó por cálculo existencial. Nos preguntábamos: ¿volverían esas aguas a fluir juntas, libre y abiertamente? Ciertamente en el Corazón de Cristo, mar infinito de Misericordia, allí habría una común conclusión. Pero en el curso de la historia, ¿sería posible que la Iglesia en China se presentase de nuevo visiblemente unida?


El objetivo de la Carta del Papa Benedicto XVI, como ya se dice en el parágrafo 2, es ofrecer orientaciones respecto a la vida de la Iglesia y a la obra de evangelización en China. Por lo tanto, no tiene un principal objetivo político. Según el Papa, de hecho, la Iglesia en China debería reencontrar en sí misma la voluntad y las energías para proceder hacia la reconciliación. Se necesitaba, por lo tanto, eliminar prejuicios e interferencias, divisiones y conspiraciones, odio y ambigüedad. Por eso era necesario comenzar un proceso de verdad, de confianza, de purificación y de perdón.


Los sujetos interesados eran: la así llamada Iglesia “clandestina”, o sea, no oficialmente reconocida por las autoridades civiles, y la así llamada Iglesia “patriótica”, o sea, oficialmente reconocida por las autoridades civiles. Pero estaban también la Sede Apostólica y las autoridades de Pekín.


Estos sujetos, de hecho, interactuaban creando una multiplicidad de relaciones abiertas y escondidas, prudentes e imprudentes, violentas y cautas.


Por lo tanto, ¿la reconciliación no habría sido nunca posible sin, al mismo tiempo, un diálogo entre la Santa Sede y Pekín?


El diálogo entre las las dos “corrientes”


A primera vista, hay que reconocer que lo auspiciado en la Carta del Papa ha conocido dificultades. Esto fue causado por las presiones externas sobre la misma Iglesia, pero también por las incomprensiones entre las dos “corrientes”. Décadas de separación han cavado surcos y elevado muros, de modo que las profundas heridas internas a la Iglesia están todavía presentes.


Se sabe, sin embargo, que el diálogo tiene como presupuesto la búsqueda de la verdad y como fin el perdón y la reconciliación. Si el Papa escribe que la solución de los problemas existentes no puede ser perseguida a través de un conflicto permanente, esto debe ser tomado en consideración por las dos “corrientes” de la Iglesia en China. Por lo tanto, el punto muerto puede ser superado por ambas “corrientes” en la fidelidad y en la obediencia al Sucesor de Pedro, principio y fundamento perpetuo y visible de la fe y de la comunión

(cf. Conc. Vat. II, Lumen gentium, 18).


El diálogo entre la Santa Sede y las autoridades chinas


La Carta de Benedicto XVI a la Iglesia en China se abre con la declaración, pública y clara, de que la Santa Sede está dispuesta a un diálogo respetuoso y constructivo con las autoridades de Pekín, subrayando que la solución de los problemas existentes no puede ser buscada a través de un conflicto permanente (n.4). Esta manifestación abierta de buena voluntad y de disponibilidad nunca ha faltado. Ciertamente el proceder de la Sede Apostólica y de un país grande y en evolución como China puede ser diverso, pero nos preguntamos: ¿se debe esperar para siempre?


Por su parte, ¿bajo qué condiciones la Santa Sede accede al diálogo (no sólo con China, sino con todos los países del mundo)? Supuestos algunas preliminares como la confianza recíproca, la igual dignidad, la voluntad clara de acceder y de proseguir también en las dificultades, la Santa Sede pone los propios parámetros de referencia en las características queridas para la Iglesia por su Fundador: la unidad, incluida la de los Obispos entre ellos y con el Papa; la santidad, incluyendo la dignidad y la idoneidad de sus pastores; la catolicidad, es decir, la universalidad; la totalidad y la integridad de la fe; y la apostolicidad, en relación a su origen y estructura. La Santa Sede es consciente de que tales características son encarnadas y vividas en el contexto concreto de cada pueblo, transformando íntimamente los auténticos valores culturales mediante su integración en el cristianismo. Por eso la Iglesia en China, así como en otros países, tendrá expresiones particulares, que permitan a sus fieles ser y sentirse plenamente católicos y plenamente chinos.


Es con referencia a tales características que se han manifestado los altibajos en estos cinco años desde la publicación de la Carta de Benedicto XVI a los católicos chinos. Por cuestiones de brevedad, podría identificar tres recientes obstáculos surgidos en el camino entre la Santa Sede y las Autoridades chinas:


1. La VIII Asamblea Nacional de los Representantes Católicos, organizada por las autoridades de Pekín en el 2010, ha incrementado el control del Estado sobre la Iglesia y en particular la política de las tres autonomías. Luego ha habido un encarnizamiento hacia el clero llamado “clandestino” para que adhiriese a la Asociación Patriótica, una institución puesta al control de la Iglesia en China con el fin de hacerla independiente de la catolicidad y del Papa. A su vez, la misma Asociación ha incrementando el propio control también sobre la comunidad llamada “oficial”, es decir, sobre los propios obispos, clero, lugares de culto, finanzas, seminarios (por ejemplo, un oficial del gobierno había sido nombrado vice-rector del Seminario Mayor de Shijiazhuang, induciendo a los seminaristas a la huelga y la protesta).


2. El control riguroso sobre los nombramientos de los Obispos ha llevado a la elección de candidatos a menudo discutibles, cuando no moralmente y pastoralmente inaceptables, si bien gratos a las autoridades políticas; nombramientos luego edulcorados con la elección que a menudo los participantes, con cartas y en otras formas, se han apresurado a contestar por serias razones.


3. Las consagraciones episcopales, tanto legítimas como ilegítimas, han sido forzadas a través de la intromisión en los ritos de obispos ilegítimos, creando dramáticas crisis de conciencia, tanto en los obispos consagrados como en los obispos consagrantes.


Tal vez algunas reacciones de la Santa Sede no han sido bien acogidas porque no se entendieron o porque no se tuvo presente que estaban dictadas por la preocupación de permanecer fieles a determinados valores, que pertenecen a la doctrina y a la tradición de la Iglesia y, por lo tanto, garantizan su misma identidad. En cambio, en la raíz de todas estas intervenciones, ha habido siempre un sincero y profundo respeto por los católicos chinos.


La Iglesia china y el Estado


En el contexto de la misión que ha recibido de Cristo, la Iglesia en China reivindica la libertad de cumplir la propia misión, sin interferencias civiles y en el respeto tanto de las leyes del Estado como de los principios de verdad, de justicia y de colaboración. Una vez, un anciano sacerdote chino me decía: “¡A nosotros, los católicos en China, se nos concede sólo la libertad del pájaro en la jaula!”. La Iglesia en China, en verdad, no pide privilegios, ni intenta ponerse en el lugar del Estado, como tampoco quiere identificarse de ningún modo con la comunidad política, siendo ellas, Iglesia y comunidad política, recíprocamente autónomas; de buen grado, en cambio, la Iglesia ofrece su propia contribución al bien común.


En concreto, la situación sigue siendo grave. Algunos obispos y sacerdotes están segregados o privados de la libertad, como recientemente ha ocurrido en el caso del obispo Ma Daqin de Shanghai por haber declarado su voluntad de dedicarse al ministerio pastoral a tiempo pleno, deponiendo cargos que, por otro lado, no son tampoco competencia de un Pastor. El control sobre las personas y sobre las instituciones ha crecido y se recurre cada vez más fácilmente a sesiones de adoctrinamiento y a presiones.


Ante la ausencia de libertad religiosa o en presencia de fuertes límites, ¿no le corresponde a toda la Iglesia defender los legítimos derechos de los fieles chinos y en primer lugar a la Santa Sede dar voz a quien no la tiene?


A cinco años del documento pontificio, ¿es posible aún tener esperanza?


Los intentos de diálogo que se han dado entre Roma y Pekín han mostrado grandes límites. Un diálogo sincero y respetuoso, abierto y leal, como ha pedido el Papa en la carta, es deseable y requiere contactos directos y estables entre las dos partes. Los resultados que se habían auspiciado en más de veinte años de contacto, de hecho, han faltado, mientras que no han faltado noticias incompletas o erradas, incomprensiones, acusaciones y rigideces.


Nos preguntamos: ¿no ha llegado tal vez el tiempo de pensar en un nuevo modo de dialogar, también más abierta y a un nivel más equivalente, donde ya no sea posible que intereses particulares socaven las voluntades, la confianza y la estima recíproca? La Santa Sede tiene un diálogo abierto y franco con muchos países. Por ejemplo, la Santa Sede y Vietnam han encontrado un modus operandi et progrediendi. También Pekín y Taipei tienen Comisiones estables de altísimo nivel para tratar cuestiones de interés recíproco. ¿No es posible esperar un adecuado y sincero diálogo con China?


China es un gran país y los chinos están por todas partes. Desde que, en 1978, ha comenzado a abrirse a la realidad mundial, ¡cuántos sacerdotes, clérigos, religiosos, religiosas y laicos se han formado en los seminarios y en los institutos católicos de todo el mundo! ¿Acaso alguna vez se les ha pedido que renuncien a su identidad nacional? ¿Acaso han sido forzados a seguir una fe contra su conciencia? Si los migrantes chinos piden el bautismo (y no son pocos), ¿no gozan de los mismos derechos que los otros bautizados? Y en un mundo que se abre y se interrelaciona cada vez más, ¿se puede pensar en un aislamiento de los católicos chinos sólo porque viven en su país?


¡Cuántas veces he hablado con amigos chinos que me comentan su orgullo de pertenecer al propio país, pero que se sienten humillados en cuanto católicos en su propia casa, mientras que son muy estimados y apreciados en otras partes! ¿Pueden las Autoridades chinas ser insensibles al grito de tantos conciudadanos? Incluso señales que, en estos cinco años, han generado positivas expectativas, se han debilitado; pienso, por ejemplo, en el majestuoso concierto ofrecido al Papa por la Orquesta Filarmónica China y por el Coro de la Obra de Shanghai (2008), iniciativa que, de todos modos, sigue siendo histórica y totalmente positiva.


Una mejor comprensión de la Carta a los católicos chinos


La Carta del Papa al clero y a los fieles chinos sigue siendo válida. Los acontecimientos de estos cinco años en la Iglesia en China han reiterado su valor, oportunidad y actualidad. Después de incertidumbres, dudas, miedos y restricciones que han retrasado su conocimiento y comprensión, ahora se abre un tiempo en que el documento pontificio puede ser mejor comprendido, puede representar un punto de partida para el diálogo en la Iglesia en China y puede estimular el diálogo entre la Santa Sede y el Gobierno de Pekín. El Papa Benedicto XVI espera que se realice pronto el deseo de su venerado Predecesor, Juan Pablo II, quien ya una década atrás había declarado: “No es un misterio para nadie que la Santa Sede, en nombre de toda la Iglesia católica y, según creo, en beneficio de toda la humanidad, desea la apertura de un espacio de diálogo con las Autoridades de la República Popular China, en el cual, superadas las incomprensiones del pasado, puedan trabajar juntas por el bien del pueblo chino y por la paz en el mundo” (Carta, n. 4). Por lo tanto, un diálogo que manifieste el debido aprecio por los católicos chinos, hijos fieles de su Pueblo, y produzca frutos de armonía y de paz, que van más allá del bien de la Santa Sede y de la Iglesia.


La Carta, de todos modos, sigue siendo un documento de carácter prevalentemente religioso y sirve para allanar el camino a la reconciliación en la verdad y sin ambigüedad en la Iglesia en China.


El documento pontificio, por lo tanto, me parece todavía un admirable punto de referencia que pone bien en evidencia la pasión del Papa por la verdad, la justicia política y el amor por su pueblo. Pero es también un texto en el que se conjugan la doctrina católica, la visión política y el bien común. Espera una respuesta.


22 de octubre de 2012


Card. Fernando Filoni

Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos


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Fuente: AsiaNews


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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miércoles, 24 de octubre de 2012

La sorpresa del Papa: en noviembre creará 6 nuevos cardenales

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Al finalizar la audiencia general de esta mañana, el Santo Padre Benedicto XVI ha dado el sorpresivo anuncio – esta vez no anticipado, como suele suceder, por los vaticanistas – de que el próximo 24 de noviembre celebrará un “pequeño” Consistorio para la creación de 6 nuevos cardenales. Entre los nuevos miembros del Colegio Cardenalicio, que a continuación presentamos, no hay ningún italiano, más aún, ningún europeo.


El Santo Padre, que recordó que “los cardenales tienen el deber de ayudar al Sucesor de Pedro en el desarrollo de su ministerio de confirmar a los hermanos en la fe y de ser principio y fundamento de la unidad y de la comunión de la Iglesia”, invitó a todos “a rezar por los nuevos elegidos, pidiendo la maternal intercesión de la Santísima Virgen María, para que sepan amar siempre con valentía y dedicación a Cristo y a su Iglesia”.


Los elegidos por el Papa para recibir la dignidad cardenalicia son:


1. Mons. James Michael Harvey, de 63 años de edad, Prefecto de la Casa Pontificia desde 1998, a quien tiene intención de nombrar Arcipreste de la Basílica Papal de San Pablo Extramuros, sucediendo en ese oficio al actual Arcipreste, el cardenal Monterisi.

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2. Su Beatitud Béchara Boutros Rai, de 72 años de edad, Patriarca de Antioquía de los Maronitas (Líbano) desde el año pasado, cuando fue elegido por el Santo Sínodo de la Iglesia Maronita, una de las más numerosas Iglesias Orientales Católicas, y recibió la comunión eclesiástica del Papa Benedicto XVI, a quien recibió el mes pasado en su Sede Patriarcal.

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3. Su Beatitud Baselios Cleemis Thottunkal, Arzobispo Mayor de Trivandrum de los Siro-Malankares (India), de 53 años de edad, elegido en el año 2007 como cabeza de la Iglesia Siro-Malankar, que restauró su comunión con la Sede de Pedro en 1930 y que fue elevada a Iglesia arzobispal mayor por el Beato Juan Pablo II en el año 2005.

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4. Mons. John Olorunfemi Onaiyekan, Arzobispo di Abuja (Nigeria), de 68 años de edad, elegido y consagrado obispo por el Beato Juan Pablo II en 1990, cuando lo nombró obispo coadjutor de Abuja, sede de la que sería titular en 1992, y finalmente primer arzobispo en 1994.

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5. Mons. Rubén Salazar Gómez, Arzobispo de Bogotá (Colombia), de  70 años de edad, nombrado hace dos años por el Santo Padre para ocupar la sede primada de Colombia, donde ya como arzobispo de Barranquilla ocupaba el oficio de Presidente de la Conferencia Episcopal, en el que fue reelegido recientemente. Es también primer Vicepresidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

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6. Mons. Luis Antonio Tagle, Arzobispo de Manila (Filipinas), que con 55 años de edad es el segundo más joven de los nuevos purpurados, desde el año pasado Arzobispo de una de las más importantes sedes asiáticas, por varios años miembro de la Comisión Teológica Internacional y actualmente a cargo de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de su nación.

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La Buhardilla de Jerónimo

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El Papa reorganiza las competencias de la Curia, con la mirada puesta en los seminarios

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Presentamos nuestra traducción de esta noticia del vaticanista Andrea Tornielli en la que hace referencia a próximos cambios en las competencias de la Curia Romana, que concentrarían en la Congregación para el Clero, guiada por el Cardenal Mauro Piacenza, la responsabilidad sobre los seminarios del mundo.

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El anuncio, dado un poco en silencio por el cardenal Gianfranco Ravasi por medio de una entrevista en L’Osservatore Romano, de la unificación de la Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia con el Pontificio Consejo para la Cultura, no será un caso aislado. Otros cambios, de hecho, están en vista. En la mañana del pasado jueves 18 de octubre Benedicto XVI se ha encontrado con los cardenales Zenon Grocholewski y Mauro Piacenza, respectivamente Prefectos de las Congregaciones para la Educación Católica y para el Clero, junto al arzobispo Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización.


El objetivo de la pequeña cumbre era discutir y establecer una transferencia de competencias que involucra a los tres dicasterios vaticanos. El más significativo concierne al paso de la competencia sobre los seminarios de Educación Católica a Clero. Hoy es la Congregación guiada por Grocholewski la que se ocupa tanto de las universidades católicas como de la formación en los seminarios. El proyecto de transferir esta competencia al dicasterio guiado por el cardenal Piacenza tiene una larga historia, y una indicación en este sentido por parte de Benedicto XVI había llegado ya en el 2008. Pero luego ha habido dificultades y discusiones internas, y así la decisión al respecto había sido “congelada”.


En Italia la separación entre quien forma a los sacerdotes desde el punto de vista humano, espiritual y pastoral dentro de los seminarios, y quien se ocupa de su formación intelectual en las facultades teológicas y en los ateneos pontificios, es un dato de hecho. Mientras en muchos otros países, donde hay un inferior número de facultades teológicas, los profesores viven en los seminarios y los roles a veces se superponen. La reorganización en estudio debería, por lo tanto, asignar al dicasterio que se ocupa del clero la competencia sobre la formación interna en los seminarios.


Pero si el “ministerio” vaticano para los sacerdotes podría ahora ganar una competencia, perdería otra.  De hecho, está previsto que la catequesis, hasta ahora una de las materias de las que se ocupa la Congregación para el Clero, pase al recientemente creado dicasterio para la Nueva Evangelización, instituido por Benedicto XVI y guiado por el arzobispo Fisichella. La catequesis y la difusión de las enseñanzas del Catecismo de la Iglesia Católica, el texto publicado en 1992 a cargo del entonces cardenal Joseph Ratzinger que acoge las enseñanzas del Concilio Vaticano II, es un elemento fundamental para la transmisión de la fe y la nueva evangelización. Y, por lo tanto, el nuevo Pontificio Consejo se ocupará de esto directamente.


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Fuente: Vatican Insider


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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lunes, 22 de octubre de 2012

La señal del Papa: el retorno del fanón, símbolo del “escudo de la fe”

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En esta breve pero interesante entrevista, cuya traducción en lengua española ofrecemos, Don Nicola Bux explica las motivaciones y el significado de una sorpresiva introducción en la liturgia pontificia de las Canonizaciones, celebradas ayer en el Vaticano, junto a la anunciada modificación del rito: el retorno del fanón papal, un ornamento exclusivo del Romano Pontífice, que se encontraba en desuso desde los primeros años del pontificado de Pablo VI y que, hasta el día de ayer, sólo había sido usado en una ocasión por el Beato Juan Pablo II.

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Don Nicola Bux, ¿por qué Benedicto XVI ha utilizado el fanón papal?


El fanón se usa sobre la casulla, y está formado por dos mucetas superpuestas la una a la otra; la inferior es más larga que la superior. Es de tela blanca y dorada, con largas líneas perpendiculares, separadas por una franja amaranto o roja. Sobre el pecho tiene una cruz bordada en oro.

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¿Cuál es el significado litúrgico del fanón papal?


Simboliza el escudo de la fe (cfr. Efesios 6, 16: “Tened siempre embrazado el escudo de la fe, para que en él se apaguen todas las flechas incendiarias del maligno”) que protege la Iglesia católica, representada por el Papa. Las bandas verticales de color dorado y plateado representen la unidad y la indisolubilidad de la Iglesia latina y oriental.

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Por primera vez, el domingo pasado, el rito de la Canonización ha sido anticipado antes del comienzo de la Misa. Había sucedido también con el Consistorio para la creación de nuevos cardenales en febrero y, aún antes, con el canto de la Kalenda la noche de Navidad. ¿Cuál es el motivo de estas opciones?


La razón es lograr que se perciba cada vez mejor la diferencia entre lo que pertenece al rito eucarístico de la Misa y lo que en cambio se añade a él excepcionalmente. Hoy cada vez más se tiende a añadir a la Misa otros ritos, o hacer mezclas indebidas, o a superponer frecuentemente otros ritos sacramentales. Todo esto termina impidiendo que los fieles perciban los márgenes del Sacrificio Eucarístico, así como de los distintos sacramentos y sacramentales, llevando a reducir la Misa a un programa que se completa a gusto.

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¿No existe el riesgo de que a, los ojos de los creyentes y de todo el mundo, la imagen del Papa usando vestiduras litúrgicas en desuso o las continuas modificaciones en la estructura de los ritos presididos por él puedan presentar a Benedicto XVI como un Pontífice anticuado al que le gusta usar vestimentas de museo?


Ningún riesgo, sino la señal de que, en la Iglesia, hay continuidad de Magisterio: lo que era sagrado sigue siendo sagrado. El ornamento usado por primera vez por Benedicto XVI en esta Canonización ha sido usado por Juan Pablo II, así como por Pablo VI, por Juan XXIII, por Pío XII.


Aquello que hoy debe volver a comprenderse es que los ornamentos litúrgicos no siguen las modas humanas sino que quieren dar gloria a Dios. Los sacerdotes y los obispos hasta el Papa son ministros, es decir, siervos – el Papa es servus servorum Dei -, por lo tanto, frente a la Majestad divina deben presentarse con la mayor dignidad. La riqueza de los ornamentos es el signo de esto, si bien nunca bastante adecuado, y a él debe corresponder la pureza del corazón y la castidad del cuerpo, como escribe san Francisco en la Carta a los Fieles.


Lo sagrado no va nunca al museo. La actual tendencia a la exhibición en museos de los objetos sagrados tiene algo de patológico cuando no está justificada por el motivo de salvaguardar su conservación. Los ornamentos son, en gran parte, fruto de donaciones del pueblo de Dios para conferir esplendor al culto divino.


La modificación de la estructura de los ritos corresponde a la exigencia de restaurar lo que se ha deformado por el paso del tiempo o las concesiones a las modas del momento, para permitir a los ritos expresar más claramente la lex credendi de la Iglesia. A diferencia de la beatificación, la canonización, por ejemplo, es un acto solemne del Magisterio pontificio, que declara ex cathedra, es decir, de modo infalible, que algunos de sus hijos gozan con seguridad de la visión beatífica de Dios en el Paraíso, y pueden ser invocados como intercesores y señalados como ejemplos para toda la Iglesia y no sólo para las Iglesias particulares.

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Fuente: Orticalab


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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domingo, 21 de octubre de 2012

Testigos de la fe: los siete nuevos santos del Año de la Fe

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Al comienzo del Año de la Fe, el Santo Padre preside hoy las Canonizaciones por las cuales ofrecerá a la Iglesia siete nuevos santos, testigos de la fe para nuestro tiempo. Presentamos la entrevista que el Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, ha concedido a L’Osservatore Romano para ilustrar las figuras de los que hoy serán elevados al honor de los altares: la nativa norteamericana Catalina Tekakwhita, el sacerdote jesuita Santiago Berthieu, el joven catequista filipino Pedro Calungsod, el sacerdote italiano Juan Bautista Piamarta, la religiosa española María Carmen Sallés y Naranguersa, la religiosa alemana Mariana Cope y la laica alemana Ana Schäffer.

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¿Cómo podemos interpretar estas canonizaciones en pleno desarrollo del Sínodo y a pocos días de la apertura del Año de la Fe?


En el Año de la Fe, estas canonizaciones celebran a hombres y mujeres, grandes y pequeños, que han vivido con heroísmo su fe bautismal. El Papa no podía dar un mensaje más claro para el comienzo de este Año bendito. La fe, de hecho, no sólo debe ser acogida y motivada, sino sobre todo vivida y testimoniada, incluso con heroísmo. La Iglesia pide hoy a sus hijos superar el respeto humano y ser explícitos en la afirmación y la defensa de su identidad cristiana. Nuestra cultura, que está tan orgullosa de defender los derechos fundamentales de la libertad de conciencia y del respeto de las otras convicciones religiosas, es enormemente enriquecida por la coherencia de vida y por la perfección de la caridad de los cristianos.

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Dos sacerdotes, dos religiosas y tres laicos: se puede decir que el pueblo de Dios está enteramente representado. ¿Qué es lo que une a estas figuras eclesiales tan lejanas, en el tiempo, entre ellas?


El hilo conductor es su santidad, que es la vocación de todo bautizado: “Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” (Mt 5, 48). El concilio Vaticano II ha dedicado un amplio capítulo de la Constitución dogmática sobre la Iglesia precisamente a la “vocación universal a la santidad en la Iglesia”, afirmando que todos están llamados a la santidad, tanto aquellos que pertenecen a la jerarquía, como aquellos que son dirigidos por la jerarquía. A todos, de hecho, está dirigida la palabra del apóstol Pablo: “Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación” (1Tes. 4, 3).


En nuestro caso, tenemos al jesuita francés Jacques Berthieu (1838-1896), misionero en Madagascar. Impresionaba profundamente su celo evangelizador y su fe inmensa. Fue asesinado in odium fidei con un golpe en la nuca, mientras trataba de defender a sus fieles de los ataques de los rebeldes, que veían en los misioneros a aquellos que, llevando a Cristo, habían hecho perder el poder a las divinidades paganas y a sus amuletos.


En el grupo de los siete beatos hay también otro mártir. Se trata del joven catequista filipino Pedro Calungsod (1654-1672), uno de los muchos muchachos que acompañaban a los misioneros jesuitas españoles en misión en las islas del Océano Pacífico, hoy denominadas Marianas. Fue martirizado, junto al beato Diego Luis de San Vitores, con un golpe de lanza. Sus cuerpos fueron abandonados, con una gran piedra atada a los pies, en el fondo del océano. El hecho causó enorme impresión entre los cristianos, que recordaban a Pedro como un joven virtuoso, fiel a Cristo y entusiasta de su fe. Con su martirio, Pedro dio prueba de ser un valiente soldado del Señor Jesús (cfr. 2 Tim. 2, 3).

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Muchos padres sinodales, en sus intervenciones, han subrayado la ejemplaridad de los santos para una evangelización más eficaz. ¿Cree que la Iglesia debe dar más importancia al valor testimonial de sus fieles?


Desde los orígenes, la Iglesia ha sido bendecida por el testimonio de sus fieles. Los mártires son, de hecho, los “testigos” heroicos de la fe, hasta el don de la propia vida. Santos mártires y santos confesores son todos testigos calificados del Evangelio de Cristo. Ellos reflejan a su Señor, imitándolo con una existencia de pobreza, de pureza de corazón, de misericordia, de caridad. Los santos, como san Francisco de Asís, evangelizan con su existencia enteramente evangélica de completa asimilación a su Señor y Maestro. Hoy, sobre todo, el pueblo de Dios tiene necesidad de maestros, pero sobre todo de testigos santos.

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En estas figuras de santidad, ¿qué aspecto es más actual para la Iglesia y para la sociedad?


Su fidelidad al bautismo. Esto significa que ellos han hecho fructificar los talentos espirituales recibidos en el bautismo, es decir, las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad. Con el ejercicio de su caridad hacia Dios y hacia el prójimo ellos hacen resplandecer a la Iglesia, como la casa de la misericordia que acoge a los desheredados, que consuela a los afligidos, que instruye a los ignorantes, que cura a los enfermos. Esta santidad – como demuestra nuestra civilización del amor – ayuda a promover un tenor de vida más humano también en la misma sociedad terrena. Desde este punto de vista, los santos se revelan también como los verdaderos benefactores de la ciudad del hombre.
El sacerdote bresciano, Juan Bautista Piamarta (1841-1913), por ejemplo, es fundador de la Congregación de la Sagrada Familia de Nazaret y de las Humildes Siervas del Señor. Son dos instituciones cuyo objetivo es la formación cristiana y la orientación profesional de los jóvenes. Este apostolado es todavía hoy altamente benéfico para aquellos jóvenes que, sin la adquisición de un oficio, se encontrarían abandonados a la ignorancia y a la indigencia.


También la religiosa española, María del Monte Carmelo (1848-1911), fundadora de las hermanas Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza, se ha ocupado de la formación cristiana y profesional de las muchachas.


Como se ve, estos dos santos, siguiendo el ejemplo de Jesús que pasaba por los pueblos y las ciudades haciendo el bien, enriquecen a la sociedad con aspectos concretos de la caridad cristiana, mediante la instrucción escolástica, la orientación profesional, la asistencia a los trabajadores, el cuidado de su formación humana y cristiana. De este modo, el Evangelio se encarna en la sociedad, promoviendo una vida más buena y honesta.

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Hay dos mártires, Pedro Calungsod y Jacques Berthieu, en el grupo que el Papa canoniza. ¿Por qué hay todavía hoy tanta hostilidad con los cristianos en muchas partes del mundo?


La historia de la Iglesia está marcada desde el comienzo por el martirio de sus hijos inocentes. Por otro lado, entre las bienaventuranzas evangélicas, que describen los comportamientos esenciales de los discípulos de Cristo, está también la persecución: “Felices vosotros cuando os insulten, os persigan y se os calumnie en toda forma a causa de mí. Estad alegres y contentos porque vuestra recompensa será grande en los cielos” (Mt. 5, 11-12).


Jesús mismo, el inocente cordero sin mancha, fue injustamente condenado a muerte y crucificado. Pero la muerte fue vencida por Aquel que es el Autor de la Vida, que después de tres días resucitó, revelando la verdadera meta de la existencia terrena: la vida eterna. El pasado 13 de octubre, dos días después del comienzo del Año de la Fe, han sido beatificados en Praga 14 frailes franciscanos, asesinados in odium fidei por los enemigos de la Iglesia de Cristo. ¿Por qué las persecuciones anticristianas? Porque las tinieblas tienen miedo de los hijos de la luz y no dudan en suprimirlos. En vano, sin embargo, porque la sangre de los mártires es fecunda semilla de cristianos. La muerte, como el mal, no tiene nunca la última palabra.

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Entre los nuevos santos está la primera nativa norteamericana en ser elevada al honor de los altares. ¿Qué significado reviste para estos pueblos y para quienes los han discriminado?


Digamos, en primer lugar, que la Iglesia nunca ha discriminado a nadie. Se ha interesado siempre – puede verse a la beata Madre Teresa de Calcuta – por la asistencia y la protección de los seres más débiles y marginados. Más aún, a menudo ha sido la precursora de muchos derechos humanos, que hoy son considerados no negociables, como la defensa de los más pequeños y de los más pobres. Es conocida la carta que Meshkioassang, jefe de una tribu indígena de América del Norte, escribió el 13 de marzo de 1885 al Papa para manifestar todas las virtudes de esta joven y pedir el reconocimiento de su santidad para ofrecerla a la veneración de sus hermanos indígenas. La Iglesia no ha dejado de escuchar el pedido del jefe de la tribu. En el consistorio del sábado 18 de febrero de 2012, Benedicto XVI ha respondido al pedido hecho por las 27 tribus de católicos nativos americanos, repartidos entre los Estados Unidos del Norte y Canadá, anunciando la canonización de la beata Catalina Tekakwitha para el 21 de octubre de 2012.


La glorificación de Kateri Tekakwitha (1656-1680), hija de un jefe mohawk, pagano, y de una algonquina, ferviente cristiana, ha suscitado gran alegría y entusiasmo entre los nativos americanos. Es un gran honor para este pueblo orgulloso y valiente, que ve en este acto solemne de la Iglesia, su madre espiritual, el reconocimiento oficial del heroísmo de su joven hija, del temperamento dulce y caritativo, que vivía trabajando y rezando en los bosques de su tierra. Dedicándose completamente al amor de Jesús, hizo el voto de virginidad perpetua. En febrero de 1680, agotada por la enfermedad, murió diciendo: “Jesús, te amo”. Una vez más se había verificado la bienaventuranza evangélica: “Felices los que tienen el corazón puro porque verán a Dios” (Mt. 5, 8). La pureza angelical es el impactante mensaje que la joven Tekakwitha deja a la Iglesia y al mundo de hoy, tan lejano de la sencillez divina de esta joven.

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Entre los nuevos santos hay cuatro mujeres y tres hombres. ¿Es tal vez un signo de la mayor atención de la Iglesia hacia las mujeres?


En este caso se trata de la simple maduración de las respectivas causas y, por lo tanto, de coincidencia fortuita. También este campo, de todos modos, la Iglesia siempre ha dado gran espacio a sus hijas. Podemos pensar en la autoridad concedida a las abadesas de los monasterios y también en la libertad de movimientos y decisiones que tienen las superioras generales de las congregaciones religiosas.

Pero es más importante detenerse un segundo en las figuras de estas dos santas, ambas con un gran deseo de ser misioneras. Ana Schäffer, sin embargo, no pudo realizar este sueño por estar afectada por incidentes y enfermedades, que la obligaron por largo tiempo a permanecer en cama. Aceptó su enfermedad como camino de santificación personal y de edificación del prójimo.

Marianne Cope, en cambio, es conocida como Madre Mariana de Molokai. Como san Damián de Veuster, también ella se prodigó con heroísmo y abnegación en la asistencia a los leprosos. En la Iglesia la santidad está siempre acompañada por la caridad hacia los necesitados. Esta benéfica proyección social hace del Evangelio el libro de la vida para la humanidad entera.

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Fuente: Il Sismografo

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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miércoles, 17 de octubre de 2012

Con un nuevo Motu Proprio, el Papa reforma el Pontificio Consejo para la Cultura

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Presentamos esta entrevista que el Cardenal Gianfranco Ravasi ha concedido a L’Osservatore Romano sobre el Motu proprio “Pulchritudinis fidei”, del Papa Benedicto XVI, por el cual son fusionados el Pontificio Consejo para la Cultura y la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia.

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Arte y fe, proyectos humanos y acción del Espíritu, misterio y signo se han entrelazado y fusionado inseparablemente en la historia: “Ecclesiae historiam esse quoque inseparabiliter culturae et artium historiam” (“la historia de la Iglesia es también, inseparablemente, historia de la cultura y del arte”) se lee en el Motu proprio Pulchritudinis fidei con el cual la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia es unida al Pontificio Consejo para la Cultura. Aprobado el pasado 30 de julio por Benedicto XVI y publicado en las “Acta Apostolicae Sedis” del 3 de agosto, el documento pontificio entrará en vigor el próximo 3 de noviembre. Hemos pedido al cardenal Gianfranco Ravasi que nos hable de los motivos y las consecuencias de esta fusión.

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La exigencia de una coordinación única ha crecido a lo largo de los años, se lee en el documento: ¿por qué?


Alguna nota histórica: Pío XI en 1924 creaba la Pontificia Comisión Central para el Arte Sacro en Italia, específicamente encargada del cuidado del patrimonio histórico-artístico de la Iglesia, pero con exclusiva competencia para el territorio italiano. Juan Pablo II, por su parte, con la Constitución Apostólica Pastor Bonus (28 de junio de 1988) la había transformado luego en la Pontificia Comisión para la Conservación del Patrimonio Artístico e Histórico de la Iglesia, vinculándola a la Congregación para el Clero. El mismo Pontífice la transforma sucesivamente en la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia con el Motu proprio Inde a pontificatus (25 de marzo de 1993). Juan Pablo II, unificando el Pontificio Consejo para la Cultura y el Pontificio Consejo para el Diálogo con los No Creyentes, subrayaba al mismo tiempo la exigencia de “una estrecha relación entre el trabajo de este Pontificia Consejo y la actividad a la que está llamada la Pontificia Comisión para la Conservación del Patrimonio Artístico e Histórico de la Iglesia”, desde entonces denominada Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia. En el mismo documento se dispone que la Comisión “no estará ya establecida en la Congregación para el Clero, sino que será autónoma, con un propio presidente que formará parte de los miembros del Pontificio Consejo para la Cultura, con el cual mantendrá contactos periódicos, para asegurar una sintonía de finalidades y una fecunda colaboración recíproca”.


La unificación de los dos organismos sella, de este modo, un camino de convergencia, implementado también en los ordenamientos de muchas naciones – es un uso difundido, en Italia y en el Consejo de Europa – hacia una visión cultural amplia y articulada en su organicidad y unidad, en el que también el extraordinario patrimonio histórico-artístico de la Iglesia, producido a lo largo de los siglos, con sus más específicas exigencias de tutela, conservación y valorización, recibe su más digna colocación en el ámbito de las actividades culturales promovidas por la Santa Sede.

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¿La Comisión se convertirá, por lo tanto, en un departamento dentro del Pontificio Consejo para la Cultura?


Sí, como Fe y arte, el Patio de los Gentiles, o el recientemente constituido dedicado al Deporte. También la Unesco hoy protege la “cultura inmaterial”; a la base del nuevo concepto de cultura no está ya la idea del siglo XVIII de una aristocracia intelectual, sino un concepto antropológico, la elaboración consciente de cada obra de la creatividad humana; el arco de las actividades no se puede seleccionar por fragmentos, se necesita una mirada de conjunto. Entre las áreas de competencia del departamento está obviamente también la colaboración con la Fundación para los Bienes y las Actividades Artísticas de la Iglesia.

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¿Las prioridades que están la agenda?


Debemos proceder a un análisis de la aplicación de los documentos ya publicados en la Iglesia universal en cuestión de bibliotecas, inventarios y catalogación, archivos y museos. Un gran artífice, en esto, ha sido el cardenal Francesco Marchisano, y de esto se ocupará de modo particular monseñor Carlos Moreira Azevedo, delegado del Pontificio Consejo para la Cultura.


Se necesitan modelos concretos y direcciones de método para ofrecer elementos de gestión cultural, que permitan encontrar recursos financieros, y para adaptar a una gradualidad realista y eficaz las orientaciones existentes según las posibilidades de las diversas iglesias. Los ejemplos de esto podrían ser muchísimos: pienso en el caso de Arequipa en Perú, donde se conservan millares de volúmenes provenientes de las bibliotecas de la orden de los recoletos, o en el patrimonio bibliotecario en riesgo de dispersión en el Salvador. Son bienes que son heridos inexorablemente por el ambiente climático y necesitan rápidas intervenciones de tutela. En esto la informática nos puede ayudar mucho, para hacer accesibles a todos, por ejemplo, los tesoros escondidos en una pequeña parroquia aislada en los Andes.


Después de la atención a la preservación de los bienes culturales, debemos desarrollar su valorización y su goce al servicio de la nueva evangelización y de la dimensión estética en el pensamiento contemporáneo. Es necesario evitar una impostación sólo conservadora de los bienes, es fundamental una fruición que genere gusto, que sea capaz de “lavar los ojos” a quien está acostumbrado a ver sólo cosas feas, edificios horrendos, imágenes banales.

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“La belleza sirve para entusiasmar en el trabajo, el trabajo para resurgir” escribía Juan Pablo II en la Carta a los artistas, citando un verso del poeta polaco Cyprian Norwid. ¿Qué piensa de esto?


El trabajo no falta. Arte y fe deben recordarse de nuevo que son hermanas y la Iglesia no debe olvidar la importancia del elemento simbólico en el anuncio de la fe, en el presente, para continuar haciendo aquello que siempre ha hecho en el pasado. Basta pensar en la explosión de belleza de las iglesias romanas, desde las más famosas hasta las más olvidadas, como Santa Bibiana, absorbida y casi vuelta invisible por las vías de la estación de Termini: ¿quién conoce sus bellísimas columnas y la estatua de Bernini en su interior?


Fruición y tutela, a largo plazo, están estrechamente vinculadas; en el fondo, se protege sólo lo que se ama, por lo tanto hacer conocer y apreciar es también el mejor modo para tutelar. Los dos tercios de una pinacoteca pueden ser leídos sólo si se conoce la Biblia; en un estatuto sienés del siglo XIV, los artistas hablan de sí mismos como de “predicadores por imágenes” con la tarea de mostrar los grandes misterios de la salvación a quien no podría conocerlos de otra manera. La Biblia es también una mina de narraciones sugestivas, de “versículos que valen más que una obra de Shakespeare”, como escribe George Steiner hablando de la noche de la pitonisa de Endor y la caída final de Saúl en el primer libro de Samuel (28, 7-25).


En la Bienal de Venecia trataremos de continuar haciendo aquello que la Iglesia ha hecho siempre: dialogar con los artistas, proponiéndoles en este caso dejarse inspirar por la poderosa narración del Génesis. Mucho deseo de ofender, en el arte contemporáneo, es el signo de una nostalgia violenta por lo divino. El Crucifijo es todavía percibido como un símbolo potentísimo en medio de tantas otras imágenes inertes a nivel de comunicación.

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¿Y la música sagrada?


Después del éxito del concurso sobre el Credo en la Sagra Musicale Umbra, al que han llegado más de doscientas partituras, quisiera seguir el consejo de Muti y de Chailly, recuperando el patrimonio del barroco italiano; como Porpora, por ejemplo: los Wiener Philarmoniker, después de un reciente concierto, se han asombrado de su música. El Stabat Mater, signo luminoso de un sentido religioso profundo, ha sido escrito por un muchachito (Pergolesi era jovencísimo cuando lo compuso).


Con la estructura del díptico podríamos recuperar un gran texto sagrado y musical conectándolo a algo contemporáneo, de modo que haya una mutua conexión entre pasado y presente. También los textos de muchas canciones de música pop están imbuidos de un anhelo espiritual muy fuerte; no por casualidad los muchachos gastan su dinero en la entrada de un concierto, porque sienten que la música exterioriza, hace aflorar a la superficie y expresa su búsqueda de significado sepultada u olvidada. Y el mismo drama personal de muchos artistas – por dar un ejemplo entre los muchos posibles, la muerte prematura de Amy Winehouse, de cuyos álbumes me ha hablado recientemente el nuncio en Guatemala – debe hacer reflexionar: nos hace comprender cuán concreto es en nuestra época el choque entre la esperanza y el deseo de vida y el aniquilamiento como consecuencia extrema y trágica del nihilismo.

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Fuente: Il Sismografo


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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martes, 16 de octubre de 2012

“Cuando el Papa reza tres veces”: es modificado el Rito de canonización

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El próximo domingo 21 de octubre se celebrará, en Plaza San Pedro, la canonización de siete nuevos santos, uno de los acontecimientos importantes del Año de la Fe que está viviendo la Iglesia. Además, en esta ocasión, el Santo Padre utilizará por primera vez un nuevo Ritual para las ceremonias de canonización, preparado por la Oficina para las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice, que realiza algunas modificaciones al ritual hasta ahora vigente y recupera algunos signos del antiguo ritual. Presentamos nuestra traducción de la entrevista que Mons. Guido Marini, Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, ha concedido a L’Osservatore Romano.


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Entonces, ¿el rito de canonización ya no se realizará durante la celebración eucarística?


Exactamente, como ya ha ocurrido, por otro lado, para los otros ritos: piénsese en el rito del Resurrexit, el domingo de Pascua; en el consistorio para la creación de nuevos cardenales, a partir del pasado 18 de febrero; y en la bendición y imposición de los palios a los arzobispos metropolitanos, en la reciente solemnidad de los santos Pedro y Pablo.

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¿Cuál es el motivo de fondo?


Evitar que dentro de la celebración eucarística estén presentes elementos que no pertenecen estrictamente a la misma, manteniendo así intacta la unidad, como es pedido por la Constitución conciliar sobre la sagrada liturgia Sacrosanctum Concilium. Además, no es modificada una tradición consolidada sino sólo una práctica reciente. La canonización es fundamentalmente un acto canónico, en el cual están involucrados el munus docendi y el munus regendi. El munus santificandi entra en escena como segundo momento y está constituido por el acto de culto que sigue a la canonización.

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En pocas palabras, para decirlo con el documento del Vaticano II citado por usted, ¿“sana tradición y legítimo progreso”?


Ciertamente, si bien en este caso específico la renovación del rito de canonización se inserta en el surco del camino comenzado por Benedicto XVI en el 2005. Fue entonces que la Congregación para las Causas de los Santos, con comunicación del 29 de septiembre, dispuso – luego de las conclusiones del estudio de las razones teológicas y las exigencias pastorales sobre los ritos de beatificación y canonización aprobados por el Santo Padre – que la canonización seguiría siendo presidida por el Pontífice en San Pedro, mientras que la beatificación sería celebrada por un representante suyo, normalmente el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, en las diócesis interesadas. La canonización, en efecto, es una sentencia definitiva, con la cual el Sumo Pontífice decreta que un siervo de Dios, ya incluido entre los beatos, sea insertado en el catálogo de los santos y se venere en la Iglesia universal con el culto debido a todos los canonizados. Se trata, por lo tanto, de un acto preceptivo y universal. La autoridad ejercida por el Papa en la sentencia de la canonización será ahora todavía más visible a través de algunos elementos rituales.

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Más allá del cambio de lugar del Rito, que tendrá lugar enteramente antes del comienzo de la Misa, ¿cuáles son estos elementos rituales?


En primer lugar, el triple pedido, durante el cual el cardenal Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos se dirigirá al Santo Padre para pedirle que proceda a la canonización de los siete beatos. Es por lo tanto recuperada, si bien de forma renovada, la antigua tradición según la cual el Papa reza con insistencia para pedir la ayuda del Señor en la realización del importante acto. En particular, en respuesta a la segunda petición, él invocará al Espíritu Santo y, después de tal invocación, será entonado el himno del Veni Creator. En segundo lugar, el canto del Te Deum, presente en el Rito de canonización hasta 1969, acompañará la colocación y la veneración de las reliquias de los nuevos santos.

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Respecto a la procesión con las reliquias de los nuevos santos, ¿está prevista alguna otra modificación?


La habitual procesión se detendrá brevemente frente al Santo Padre que, así, podrá venerar las reliquias. Una vez que sean colocadas ante el altar, las reliquias serán incensadas por el diácono.

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La revisión del rito de canonización, como ya los otros ritos, ¿comporta también una simplificación?


Diría que sí. Y también esto es un aspecto importante del rito renovado, junto al de su reforma en armónica continuidad con una tradición ya secular. De este modo es posible realizar el “esplendor de la noble sencillez” auspiciado por el concilio Vaticano II. Las Letanías de los santos acompañarán la procesión inicial, resultando anticipadas respecto a la praxis actual. Ocurría así durante el pontificado de Pío XII, a partir de 1946. Serán además omitidas las biografías de los nuevos santos por parte del Prefecto, dado que el Santo Padre, como es costumbre, las presentará brevemente durante la homilía. No está ya previsto, finalmente, el saludo personal del Pontífice por parte de los postuladores, que podrán encontrarlo brevemente después de la Misa, en la sacristía de la basílica Vaticana.

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Fuente: L’Osservatore Romano


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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viernes, 12 de octubre de 2012

Benedicto XVI: “Después de 50 años, también hoy estamos felices, pero con una alegría más sobria y humilde”

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Para recordar la noche del 11 de octubre de 1962 en la que, después de la inauguración del Concilio Vaticano II, una multitud con antorchas colmó la Plaza San Pedro haciendo que el Papa Juan XXIII se asomara por la ventana del Palacio Apostólico y pronunciara espontáneamente aquellas inolvidables palabras que luego pasarían a la historia como el “discurso de la Luna”, la diócesis de Roma organizó, ayer por la noche, una procesión con velas hacia la Plaza en la que, luego de un momento de oración, desde la misma ventana del Palacio Apostólico, el Papa Benedicto XVI pronunció unas bellas palabras de saludo y bendición, que ahora ofrecemos en nuestra traducción al español.


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"Cincuenta años atrás, en este día, también yo estuve aquí en la Plaza con la mirada hacia esta ventana donde se asomó el Papa bueno, el Beato Papa Juan, y nos habló con palabras inolvidables, palabras llenas de poesía, de bondad, palabras del corazón. Estábamos felices, llenos de entusiasmo.


El gran Concilio Ecuménico estaba inaugurado, estábamos seguros de que debía venir una nueva nueva primavera de la Iglesia, un nuevo Pentecostés, una nueva presencia fuerte de la Gracia liberadora del Evangelio.


También hoy estamos felices, traemos alegría en nuestro corazón, pero diría que una alegría tal vez más sobria, una alegría humilde. En estos cincuenta años hemos aprendido y experimentado que el pecado original existe y se traduce siempre de nuevo en pecados personales que pueden también convertirse en estructuras de pecado. Hemos visto que en el campo del Señor hay siempre también cizaña. Hemos visto que en la red de Pedro se encuentran también peces malos. Hemos visto que la fragilidad humana está presente también en la Iglesia, que la barca de la Iglesia está navegando también con el viento en contra, con tempestades que amenazan la barca. Y alguna vez hemos pensado: ¿El Señor dónde está? ¡Nos ha olvidado! Esto es una parte de las experiencias de estos cincuenta años.


Pero hemos tenido también la nueva experiencia de la presencia del Señor, de su bondad, de su fuerza. El fuego del Espíritu Santo, el fuego de Cristo, no es fuego devorador, destructivo, es un fuego silencioso, es una pequeña llama de bondad, de bondad y de verdad que transforma, de luz y calor. Hemos visto: el Señor no nos olvida, también hoy con su modo humilde, el Señor está presente y da calor a los corazones, muestra vida, crea carismas de bondad y de caridad que iluminan el mundo y son para nosotros garantía de la bondad de Dios. Sí, Cristo vive, está con nosotros también hoy y podemos estar felices también hoy porque su bondad no se apaga y es fuerte también hoy.



Finalmente me animo a hacer mías las inolvidables palabras del Papa Juan. Id a casa, dad un beso a los niños y decidles que es de parte del Papa. Con esto, de todo corazón, os imparto mi bendición".

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Fuente: Korazym


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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