sábado 7 de noviembre de 2009

Anglicanos que “cruzan el Tíber”

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Tiber2

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Compartimos con nuestros lectores la alegría de la entrada en la Iglesia de dos anglicanos. Por un lado, distintos medios de habla inglesa hablan hoy de la conversión al catolicismo del sacerdote anglicano G.P. Taylor, famoso por sus libros de contenido cristiano para niños (uno de los cuales, llamado “Shadowmancer”, fue número uno en ventas en Inglaterra durante 15 semanas en el año 2003). Por otro lado, el Padre Nick De Keyser, después de tres décadas dedicadas al anglicanismo, se une a la Iglesia Católica Romana.


El Padre De Keyser, de 60 años de edad, que ha sido rector de la Iglesia de Todos los Santos en Stock por más de 6 años, al ser entrevistado, expresó: “La mayoría de los miembros de la parroquia está bastante asombrada por la noticia”.


“No ha habido críticas al respecto”.


Esto sucede en un momento en que existen controversias en torno al ofrecimiento del Papa a los clérigos de la Iglesia [anglicana] de Inglaterra para unirse a la Iglesia Católica reteniendo algunas prácticas anglicanas.


No obstante, dijo que la reciente invitación del Papa a los sacerdotes de la Iglesia de Inglaterra no fue un factor en su decisión.


“Es un ofrecimiento muy generoso y gentil de parte del Papa, pero tomé mi decisión antes de esto”.


“Me he criado en una Iglesia evangélica de Inglaterra, y siento que he recorrido el espectro completo”.


“Se me hizo claro que Dios me estaba guiando al Catolicismo romano, y he regresado a la Iglesia indivisa y a la roca de la que fuimos sacados”.


Dialogando acerca de si comparte el descontento de muchos sacerdotes anglicanos sobre la inserción de mujeres [en el sacerdocio] de la Iglesia de Inglaterra, dijo: “Puede haber sido un ligero factor, pero voy a la Iglesia Católica Romana por razones positivas, y siento que es allí donde Dios me está llamando”.


“Muchos sacerdotes están muy preocupados acerca del camino que la Comunión Anglicana ha estado transitando en los últimos pocos años”.


El Padre Nick, casado y con dos hijos, renunciará oficialmente a su ministerio en la Iglesia [anglicana] de Inglaterra el día 18 de diciembre, y será recibido en la Iglesia Católica el día siguiente.


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Fuente: thisistotalessex.co.uk

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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Forma Extraordinaria en Holanda

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De Tiltenberg

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El Seminario Mayor de la diócesis holandesa de Haarlem brindará un curso sobre la celebración de la Forma Extraordinaria para sacerdotes y seminaristas.

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El día 7 de julio de 2007 el Papa Benedicto XVI publicó la Carta Apostólica “Summorum Pontificum”. En ella, el Papa decide que el Misal Romano del Papa San Pío V, que fue reeditado en 1962 por el Beato Juan XXIII, será ahora la expresión extraordinaria de la misma “legis orandi” de la Iglesia, y habrá de tenerse en apropiada consideración debido a su uso venerable y antiguo (art. 1). El Seminario de San Willibrordo en Tiltenberg organizará un curso destinado a sacerdotes y seminaristas para aprender este rito, tal como fue anunciado en la jornada de formación permanente para sacerdotes jóvenes, el día 2 de noviembre.


En su Motu Proprio, el Papa Benedicto XVI enfatiza que la Liturgia es expresión de la fe, de modo que la Liturgia y la oración definen la fe (lex orandi, lex credendi). Es por esto que la Iglesia pide que los textos litúrgicos, tales como las oraciones y las aclamaciones, sean autorizados por las autoridades de la Iglesia, y por lo que el Concilio Vaticano II enfatiza que nadie puede cambiar, quitar o agregar textos por su propia autoridad (Sacrosanctum Concilium 22, par. 3). La importancia de esta decisión se hace inmediatamente clara cuando uno considera el cercano vínculo entre la fe de la Iglesia y su expresión en la Liturgia.


En la formación de los sacerdotes y los diáconos se presta especial atención a que los estudiantes tengan un completo conocimiento de los libros litúrgicos y de la práctica de las distintas acciones litúrgicas sacerdotales y diaconales, incluyendo en primer lugar la Santa Misa, pero también los demás Sacramentos, la Adoración, las Vísperas, bendiciones, funerales, etc. También deben aprender los ministerios que se reciben en el curso de la formación, principalmente el de acólitos. Los seminaristas recibirán esta enseñanza de parte del sacerdote responsable para esto en el Seminario, el P. J. Bunschoten. Será asistido por el Diácono J. Versteeg, que trabajará mayormente con los candidatos para el diaconado permanente. El maestro de ceremonias del Seminario, Rudy Kinds, los asistirá en esto. El Padre Bunschoten ha estado celebrando el rito tridentino y tiene el conocimiento y las habilidades requeridas para enseñar este rito a otros sacerdotes y a los candidatos a los Sagradas Órdenes.


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Fuente: Rorate Caeli

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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viernes 6 de noviembre de 2009

Llamamiento al Papa Benedicto XVI

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Appello al Papa

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Nos hacemos eco del importante “Llamamiento al Papa Benedicto XVI para volver a un Arte sacro auténticamente católico”, una iniciativa en cuya elaboración han participado algunos reconocidos eclesiásticos y que ha sido firmada por varios laicos, de diversas profesiones.


Ofrecemos, a continuación, la parte introductoria del texto y el Llamamiento con el cual se concluye. Para leer la totalidad del texto, que consta de 7 breves capítulos, puede descargarse aquí el documento completo, cuya lectura recomendamos muy especialmente.


Para adherir a este Llamamiento, debe enviarse un email a appelloalpapa@gmail.com, indicando el nombre, apellido, lugar de residencia y profesión. Los nombres de los firmantes se podrán consultar públicamente en este sitio.

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Llamamiento a Su Santidad, el Papa Benedicto XVI, para volver a un Arte sacro auténticamente católico


Iglesia y arte


a. Beatísimo Padre, desde hace muchos años la Iglesia Católica experimenta, “con gran turbación, confusión y perplejidad de sus fieles” en palabras de su venerado predecesor Juan Pablo II, una nueva época –muy opuesta a las precedentes– en su bimilenaria y armoniosa relación con todas las musas del Arte. Una nueva época marcada por la rebelión y el desprecio del arte contemporáneo hacia “las formas vivas o las formas de los seres vivos” según la definición de Ortega y Gasset; es decir, de desprecio hacia el realismo figurativo que durante milenios ha caracterizado el deseo de los diferentes lenguajes artísticos de ilustrar con riqueza, armonía y esplendor todas la realidades invisibles, para dar un lugar digno a la Hostia consagrada.


b. La vía para la recuperación de una buena relación entre el arte y la Iglesia Católica ya fue indicada en 1964 por Su Santidad el Papa Pablo VI, en el memorable “Discurso a los artistas”, del que Usted quiere ahora, con su gesto paterno, indicar la relevancia. Su amado predecesor indicaba por aquel entonces los siguientes puntos para el relanzamiento de un “pacto” entre los artistas y la Iglesia:


I. “Si queremos dar, volvemos a decir, autenticidad y plenitud al momento artístico religioso, a la Misa, es necesaria su preparación, su catequesis. En otras palabras, es necesario hacerla tomar o acompañar por la instrucción religiosa. No es lícito inventar una religión, hace falta saber qué ha sucedido entre Dios y el hombre, cómo Dios ha decretado algunas relaciones religiosas que hay que conocer para no volverse ridículo, balbuciente o aberrante. Es necesario estar instruidos. Y Nos pensamos que en el ámbito de la “Misa del artista”, aquellos que quieran manifestarse como verdaderos artistas, no tendrán dificultad en asumir esta sistemática, paciente y tan benéfica y provechosa información.


II. “Existe además una necesidad del laboratorio, esto es, de la técnica para hacer bien las cosas. Y aquí cedemos la palabra a vosotros, que diréis qué es necesario para que la expresión artística que hay que dar en estos momentos religiosos tenga toda su riqueza de expresividad de modos y de instrumentos, y si es precisa también la novedad”.


III. “Añadiremos, por último, que no basta con la catequesis ni con el laboratorio. Es necesaria la característica indispensable del momento religioso: la sinceridad. No se trata sólo de arte, sino de espiritualidad. Hace falta entrar en la celda interior de uno mismo y dar al momento religioso, artísticamente vivido, eso que aquí se expresa: una personalidad, una voz cavada en la profundidad del ánimo, una forma que se distingue de cualquier disfraz de escenario, de cualquier representación puramente exterior; es el Yo que se encuentra en su síntesis más plena y quizá más fatigosa, pero también más gozosa. Es preciso que aquí la religión sea verdaderamente espiritual, y entonces sucederá para vosotros aquello que la fiesta de hoy, la Ascensión, nos hace contemplar. Cuando uno entra en sí mismo para encontrar todas estas energías y dar la escalada al cielo –en ese cielo donde Cristo se ha refugiado– nos sentimos, en un primer momento, inmensamente, infinitamente lejanos”.


c. Santidad, cuarenta y cinco años después de aquellas palabras, los resultados son modestos, por no decir decepcionantes. Vemos crecer día a día edificios sagrados despojados de lo sacro y construidos sin ningún conocimiento de la liturgia, sino modelados sobre el funcionalismo o sobre el antojo irreflexivo y arbitrario del arquitecto creador. Vemos que en nuestras iglesias abundan imágenes y simbolismos como mucho genéricamente “religiosos”, pero que no ilustran ninguna realidad genuinamente católica o, aún peor, que distorsionan la verdad suma de la Encarnación. Vemos nuestros sagrados Leccionarios rebosar de pueriles y deformes dibujos que parecen una digna introducción a aquellas celebraciones que Vuestra Santidad, cuando era cardenal, había ya estigmatizado como “liturgias degeneradas en show” (“Prefacio” a La reforma de la liturgia romana, de Klaus Gamber), que pueden devastar y ridiculizar las propias capacidades de las musas del Arte de significar e ilustrar las cosas de Dios. Y escuchamos cada vez más melodías y cantos que, por su carácter prosaico, no tienen ya nada que ver con la solemne tradición de la melopeya Gregoriana. En resumen, el arte y la arquitectura sacras no parecen favorecer hoy el encuentro dulce y vivificante con el único Dios verdadero, sino más bien obstaculizarlo y pervertirlo constantemente.


I. Las causas de la situación actual

II. Las referencias teológicas

III. El encargo

IV. Los artistas

V. El Espacio Sagrado

VI. Música sacra y Cántico litúrgico

VII. Adecuación litúrgica y “Naodomia”


Llamamiento


Por todas las razones aquí expuestas, con la seguridad de recibir de Su Santidad la escucha paterna y por ello la atención misericordiosa del Vicario de Cristo, os suplicamos, Beatísimo Padre, que queráis leer en este nuestro sincero llamamiento la más apremiante preocupación por las terribles condiciones en las que se encuentran hoy todas las artes que han acompañado siempre la sagrada liturgia; además de una modesta, humildísima petición de auxilio a Su Santidad para que el arte y arquitectura sacras puedan volver a ser y a mostrarse verdadera y profundamente católicas; para que así las multitudes de fieles –también los más sencillos e ignorantes– puedan volver a asombrarse y a deleitarse con esta noble y penetrante belleza aún y siempre presente en la casa del Señor, y de ella volver a guardar en el corazón las más altas y nuevas enseñanzas; para que en definitiva la Iglesia pueda revelarse – también en esta era de mundanas, irracionales y deseducativas barbaries– la única verdadera, concienzuda y atenta promotora y custodia de un arte nuevo y verdaderamente “original”, en condiciones hoy también –como siempre ha aflorado en tiempos precedentes– de retomar el vigor de la antigüedad, de su ínclito y eterno Origen, es decir, del sentido más íntimo de la Belleza que resplandece en la Verdad de Cristo.

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Descarga del documento completo en español


Sitio oficial “Appello al Santo Padre”

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Consecuencias del "diálogo a toda costa"

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Mons. Luigi Negri

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La polémica sentencia emitida por la Corte de Estrasburgo prohibiendo la exposición del crucifijo ha provocado una respuesta masiva, imponente e importante, por parte de la Iglesia Católica. Han tomado la palabra el cardenal Secretario de Estado, el “vocero” papal, el prefecto de la Congregación para los Obispos, los presidentes de los Consejos pontificios para el Diálogo interreligioso, para la Pastoral de los migrantes, para la Unidad de los cristianos, el Observador permanente de la Santa Sede ante el Consejo de Europa, la Conferencia Episcopal Italiana y varios obispos italianos en forma particular.


Si, por un lado, sorprendieron las inusuales palabras del cardenal Kasper afirmando que “esta manifestación de secularismo agresivo debería ser una señal para despertarnos y levantar un poco la voz”, sin duda la declaración de Mons. Luigi Negri, obispo de San Marino-Montefeltro, se destaca por sobre las demás al presentar el hecho como una “consecuencia de demasiado irenismo y aperturismo que atraviesa al mundo católico desde hace décadas”. Presentamos, a continuación, nuestra traducción del comunicado de Mons. Negri.

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La decisión tomada por la Corte de los Derechos humanos de Estrasburgo era ampliamente previsible y, en ciertos aspectos, esperada. En estas instituciones se está catalizando sustancialmente todo el peor laicismo que tiene una connotación objetivamente anticatólica y tiende a eliminar, incluso con la violencia, la presencia cristiana de la vida de la sociedad y, además, los símbolos de esta presencia. Otros ya han indicado, sobre todo la Conferencia Episcopal Italiana, la mezquindad cultural de esta decisión, la miopía, como ha dicho la Santa Sede, pero yo creo que es correcto decir que se trata de una voluntad subversiva hacia la presencia cristiana, conducida con una ferocidad sólo comparable a la aparente objetividad o neutralidad de las instituciones del derecho. Sin embargo, es también correcto – como hacían nuestros antepasados, y nosotros a menudo hemos olvidado esta lección -, que nos preguntemos si nosotros, como pueblo cristiano y, además, quisiera decir como eclesiásticos, no tenemos algunas responsabilidades por esta situación. Siempre es correcto leer en profundidad si, de algún modo, hemos corrido el riesgo de ser cómplices.


El asunto de Estrasburgo, en su brutalidad, es también una consecuencia de demasiado irenismo que atraviesa al mundo católico desde hace décadas, por el cual la preocupación fundamental no es nuestra identidad sino el diálogo a toda costa, estar de acuerdo con las posiciones más distantes. Este respeto de la diversidad de las posiciones culturales y religiosas, sostenido por la idea de una sustancial equivalencia entre las diversas posiciones y religiones, que hace perder al catolicismo su absoluta especificidad. Un irenismo, un aperturismo, una voluntad de diálogo a toda costa, que es recompensada de la única manera en que el poder humano recompensa siempre estas desordenadas actitudes de compromiso: el desprecio y la violencia.


Es necesario renovar la conciencia de la propia identidad, de la propia especificidad como acontecimiento humano y cristiano frente a cualquier otra posición, y prepararnos para vivir el diálogo con todas las otras posiciones, no sobre la base de una desmovilización de la propia identidad sino como expresión última, crítica, intensa, de nuestra identidad.


Finalmente, resultará tal vez una prueba significativa, una prueba que puede ser formativa, una prueba por medio de la cual – como a menudo nos recuerda la tradición de los grandes Padres de la Iglesia -, Dios continúa educando a su pueblo. Pero es necesario que el juicio sea claro y no se frene en reacciones emotivas sino que se lea en profundidad la tarea que tenemos delante: recuperar nuestra identidad eclesial y comprometernos en el testimonio frente al mundo.


Este acontecimiento ha impresionado profundamente al Obispo y a la Iglesia de San Marino-Montefeltro; el día 12 de noviembre, a las 18.30 hs en el Santuario del Crucificado de Talamello, el Obispo presidirá una Liturgia de reparación frente a lo que, objetivamente, es un gesto de rechazo del Crucificado. Al mismo tiempo, en las diversas realidades parroquiales de toda la Diócesis, los Párrocos han sido invitados a preparar este momento a través de oportunas iniciativas.

Pennabili, 4 de noviembre de 2009.


+ Luigi Negri

Obispo de San Marino-Montefeltro

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Fuente: Diócesis de San Marino-Montefeltro


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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jueves 5 de noviembre de 2009

Conferencia sobre “Summorum Pontificum” en Roma

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Burke Mass

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Una conferencia largamente esperada se realizó en Roma entre el 16 y el 18 de octubre, a solo unos pocos pasos del Vaticano, con el lema: “Un gran don para la Iglesia entera. Sobre el Motu Proprio Summorum Pontificum de Su Santidad el Papa Benedicto XVI”. El éxito de este importante evento es innegable, y estuvo marcado con un saludo papal a los participantes.


El evento fue organizado por la asociación “Amicizia Sacerdotale Summorum Pontificum” y el grupo de laicos “Giovane e Tradizione”. La Conferencia fue presidida, dirigida y concluida por el organizador y fundador de las dos organizaciones mencionadas, el teólogo dominico Padre Vincenzo Nuara.


La Conferencia, precedida por un retiro para los sacerdotes el viernes 16 de octubre, comenzó propiamente el día 17. El gran número de jóvenes sacerdotes, seminaristas y religiosos, muchos de ellos menores de 30 años, fue una clara señal de que los actuales “signos de los tiempos” están indicando un claro retorno a las raíces de la fe, doctrina y espiritualidad cristianas.


Después de la celebración de la Santa Misa en la Forma Extraordinaria por parte de Monseñor Athanasius Schneider, el P. Nuara brindó un notable discurso de apertura de la Conferencia, en el que recordó a su audiencia que desde la promulgación del Motu proprio, la vida de muchos de los presentes había cambiado. Lamentando las dificultades en torno a la aplicación del texto pontificio, el P. Nuara recordó el significado ascético de sufrir por una causa justa: es precisamente por los dolores soportados en silencio y abandono por aquellos sacerdotes y fieles que están adheridos de corazón al rito tradicional que comenzará la verdadera reforma de la Iglesia.


La primera ponencia estuvo a cargo de Monseñor Schneider, Obispo auxiliar de Karaganda (Kazajastán), sobre el tema: “La santidad y la belleza de la Liturgia de los Santos Padres”. Según el prelado, el culto a Dios debe llevarse a cabo con conciencia de la Santidad Divina. Esta noción fundamental e ineludible ha estado presente ya en los primeros y muy antiguos textos litúrgicos que nos llegan de la Tradición. En la práctica, es exactamente lo opuesto a lo que la corriente “moda” litúrgica, macerada de valores humanísticos y mundanos, ha intentado imponer en las últimas décadas. El simbolismo y la expresividad gestuales son esenciales para la adecuada comprensión del Misterio que se está celebrando. Para el prelado, nada – absolutamente nada –debe quedar librado al azar, la improvisación o la discreción humana.


Le siguió una presentación del Profesor Roberto de Mattei, presidente de la Fundación Lepanto, que habló sobre “El Catolicismo y la Romanità en la Iglesia hoy”. Presentó una síntesis de la importancia de Roma y de la tradición romana dentro de la visión católica. Notó que la tradición romana no es meramente una nota suplementaria de valor secundario usada para identificar la verdadera Iglesia de Dios; en lugar de esto, es la quintaesencia del catolicismo. No es por casualidad que los enemigos de la Iglesia son también los enemigos de las tradiciones romana y latina (verdaderas). El modernismo, inaugurado por el anti-romanismo luterano, demuestra dos fenómenos que son, en realidad, contraimagen uno de otro. Por un lado, busca purificar la cristiandad de la tradición romana – como lo hacen todas las sectas protestantes, el jansenismo, y luego el modernismo y el neomodernismo. Por otra parte, se exalta la antigua Roma hasta crear una especia de ídolo anti-católico: podemos pensar en Federico II, Maquiavelo, los gibelinos, jacobinos y el nacionalismo laico de los 1800’s.


En la misma mañana, hubo dos breves pero importantes discursos dados por el Vice-presidente de la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia y para la Arqueología Sagrada, Dom Michael John Zielinski, y por el Presidente del Instituto Pontificio de Música Sacra, Monseñor Valentino Miserachs Grau. Ambos remarcaron la importancia para el arte sacro y la música de la Iglesia de sus lazos con las tradiciones litúrgicas latinas y gregorianas. Ambos prelados criticaron muchas evoluciones artísticas y musicales recientes, que esconden aquella santidad que es tan necesaria para el culto cristiano y la espiritualidad de los fieles.


Después del almuerzo fue calurosamente recibida la ponencia de Monseñor Guido Pozzo, Nuevo Secretario de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei. El Prelado reiteró la importancia de la Liturgia tradicional para la continuidad de la doctrina católica, y señaló que, a pesar de las corrientes dificultades, la implementación del Motu proprio continuará expandiéndose.


Fue ansiosamente esperada la ponencia del P. Stefano M. Manelli, fundador de los “Franciscanos de la Inmaculada”, una de las familias más jóvenes y prominentes de la “reforma franciscana”. El distinguido sacerdote trató extensamente y con sentidos alegatos el vínculo inseparable que existe entre la vida religiosa – que él ha vivido por más de medio siglo – y la Liturgia. La actual decadencia litúrgica, a menudo señalada por el Papa Benedicto XVI, ciertamente ha tenido impacto en las vocaciones sacerdotales y religiosas, como también en la secularización de los monasterios, conventos e institutos que alguna vez habían florecido. La decisión de los Franciscanos de la Inmaculada de retornar a la Misa y oficios litúrgicos tradicionales está dando preciosos frutos, tanto en términos del número de vocaciones como en términos del mejoramiento de la vida espiritual, en las comunidades masculinas y femeninas. Según el P. Manelli, el Motu proprio anima especialmente a los religioso a retomar las prácticas litúrgicas y ascéticas antiguas; haciendo esto, formarán esos verdaderos oasis de santidad que los fieles encuentran cada vez más necesarios.


El último fue el renombrado teólogo Monseñor Brunero Gherardini, autor de un importante y reciente estudio sobre los valores (y limitaciones) de los documentos del Concilio. Después de haber recordado a la audiencia que el Motu proprio fue publicado como una “sanatio”, demostró el verdadero sentido de la Tradición, como un estandarte de la continuidad dogmática y magisterial. Con perspicacia y profundidad teológica, Monseñor Gherardini demostró la oposición entre la Tradición viviente, entendida en el sentido católico – es decir, la infinita capacidad del Magisterio de proclamar “nuevos” dogmas que de hecho son ya parte de la Divina Revelación – y la así llamada “tradición viviente” inventada por el modernismo, que usa esta expresión para ajustar el dogma y la doctrina a las casi infinitas variaciones de la frágil mente humana.


El Padre Nuara clausuró la Conferencia agradeciendo a todos los invitados, y señalando que la Conferencia misma era resultado de la Gracia de Dios, y su éxito un verdadero milagro.


El domingo 18 de octubre, los participantes tuvieron el gozo de asistir a la Solemne Misa pontifical celebrada por Monseñor Raymond Leo Burke, Prefecto de la Signatura Apostólica, en la Basílica de San Pedro. Debe señalarse que la Misa final, así como las que se celebraron durante la Conferencia, contó con la asistencia de miembros de todos los institutos que usan el antiguo Misal: desde la Fraternidad de San Pedro hasta el Instituto de Cristo Rey, desde los Franciscanos de la Inmaculada hasta el Instituto Buen Pastor; así como también con la participación del bien conocido Monseñor Perl.


La unidad de la “familia católica tradicional”, aún en medio de tantas dificultades, no es el menor de los logros de las iniciativas del P. Vincenzo Nuara.


Durante el Ángelus del mismo día, el Santo Padre saludó a todos los participantes de la Conferencia, apoyando así esta importante iniciativa.

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Fuente: The New Liturgical Movement

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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Carta de obispos argentinos a legisladores

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Obispos de San Justo

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San Justo, 4 de Noviembre de 2009


Al Señor Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación

Dr. Eduardo Alfredo Fellner

Estimado Señor Diputado:


Reciba nuestros más cordiales saludos y deseos de Paz y Bien en Jesucristo, Señor de la Historia; que le rogamos extienda a todos los integrantes de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, remitiéndoles una copia de la presente.


Las circunstancias nos obligan a escribirle en nuestro doble carácter, de ciudadanos y Obispos, Titular y Auxiliar de la Diócesis de San Justo -La Matanza-. El bien común temporal es el fin de toda actividad política -y la legislativa lo es en grado sumo-, no es ajeno a nuestro ministerio episcopal, cuya finalidad es también el bien común, aunque en un sentido más amplio. Precisamente esta convergencia en el bien común de nuestras tareas, es la que requiere dirigirnos a Ud. y, por su intermedio, a todos los Señores Diputados de la Nación, para que tengan en cuenta estas consideraciones, referidas a diversos proyectos de ley, en estudio en vuestra honorable Cámara. Me refiero en concreto a los expedientes cuyos números de ingreso son: 1854-D-2008 y 1737-D-2009, referidos a la pretensión de legalizar las uniones del mismo sexo con el status jurídico del matrimonio.


Al respecto, resulta obvio decir que cada cosa diferente debe tener su propia denominación. Por ejemplo, no se puede llamar perro indistintamente al gato y al perro; puesto que son dos animales diferentes. Ambos son mamíferos, vertebrados y cuadrúpedos, pero ¿qué duda cabe que un perro es un perro y un gato es un gato?, son dos realidades diferentes.


Con relación a estos proyectos de ley, nos vemos en la obligación de explicar a los diputados firmantes de los mismos que, así como un perro no es un gato ni viceversa, la unión estable de un varón y una mujer abierta a la vida –desde siempre conocida como matrimonio, que deriva del latín matri munus, o sea “el oficio de la madre”, es algo completamente diferente a cualquier otro tipo de unión con connotaciones sexuales. En las convivencias homosexuales va de suyo que no hay madre posible, ni nadie que realice su misión, tampoco hay marido ni mujer, no hay esposos, no hay hijos... En síntesis, no hay nada que tenga que ver con el matrimonio.


En un análisis sintético pero más profundo de la cuestión, es también evidente que los matrimonios de verdad –no las caricaturas de los mencionados proyectos de ley-, son necesarios para la subsistencia y el progreso de la República Argentina. Necesitamos más habitantes que aseguren el recambio poblacional, y que nos permitan con su trabajo, hacer producir las inmensas riquezas naturales de nuestra Patria común. Ya lo descubrió Aristóteles cuatro siglos antes del nacimiento de Cristo. El bien común depende de las familias fundadas en verdaderos matrimonios. Y es esa función insustituible de bien común, la que justifica la regulación especial y privilegiada del matrimonio y la familia.


En cambio, las uniones del mismo sexo, no sólo no edifican el bien común, sino que lo dificultan seriamente. Significan por definición: menos matrimonios, menos hijos, menos familias. Si ese efecto negativo fuera promovido por las leyes, ya no se podría hablar de “bien” común, sino que habría que calificarlo como una legislación que promueve el “mal común”. Lamentablemente debemos constatar que estamos en presencia de una decadencia moral, que cuando es profunda y estable, termina afectando la capacidad de percibir la realidad tal cual es. Por lo tanto, el bien común exige no legalizar ni promover estas uniones antimatrimoniales.


Para favorecer a las mismas se esgrimen razones afectivas y se aduce que no podrían coartarse los afectos de dichas personas. En realidad, ni el derecho ni las leyes se meten con los afectos de nadie. Si los afectos tuvieran alguna relevancia jurídica, habría por ejemplo: un registro de amigos, el afecto más natural y abarcativo en la vida de toda persona humana; además, en materia de matrimonio, sería un requisito para la validez del mismo, que haya amor entre los contrayentes. Sin embargo, jamás existieron ni una cosa ni la otra. Sencillamente porque los afectos quedan al margen de todo ordenamiento jurídico. Si los cónyuges se casan por amor, por dinero o cualquier otro interés, es asunto suyo. No interesa a las leyes ni a los jueces. Únicamente les incumbe a ellos y al Justo Juez que los juzgará –como a todos, y allí no habrá inmunidad parlamentaria que valga-, en el Juicio Universal.


No podemos dejar de subrayar que se aduce a favor de dicha regulación, la necesidad de contar con una protección jurídica por diversas razones de tipo económico. Esto es igualmente falso. En efecto: en materia de previsión social, cada homosexual puede –y debe- aportar a la Caja de Jubilaciones y Obra Social que le corresponda, y tendrá la cobertura que corresponda en justicia a cualquier ciudadano. Va de suyo, que sería injusta la pretensión de alguna pensión como conviviente. Ello por muchos motivos, ya que también conviven hermanos, tíos con sobrinos u otros parientes, sin que ello de lugar a pensión de ninguna naturaleza. Simplemente porque la pensión es justa cuando premia a quien, para atender a la familia –en especial a los hijos-, no pudo trabajar fuera de su casa, o lo hizo en forma limitada. Pero aquí no hay familia, ni sacrificio de ninguna especie. Es más, si se dieran pensiones a los convivientes del mismo sexo, necesariamente disminuiría la compensación a los verdaderos esposos, que como fruto de su amor hacen posible la subsistencia de la Nación. Tales prestaciones serían gravemente injustas y contrarias al bien común. Un nuevo “mal común”.


Y en cuanto a la adquisición y disposición de los bienes, las reglas jurídicas del condominio y la sociedad de hecho son suficientes para proteger económicamente a los convivientes del mismo sexo. Se que este es un punto sensible, por la sencilla razón que las convivencias homosexuales son de una notable fragilidad; en general duran muy poco como muestran todas las estadísticas de todos los países del mundo. No se trata de una observación académica, pero apunta al corazón antropológico de la cuestión: el que es igual no puede complementarme, puesto que sólo puede aportarme lo que ya poseo y, por eso mismo, no lo necesito. Todos los seres humanos tenemos la certeza de nuestra imperfección, no sólo porque hay quienes tienen nuestras mismas dotes de modo más elevado, sino que nuestra falta de perfección es aún más profunda: la especie humana se integra con los dones y el genio de la mujer, más los dones y el genio del varón. Solos, siempre estaremos incompletos.


Finalmente, debemos recordar a los Señores Diputados, que los tratados de derechos humanos con jerarquía constitucional, sólo reconocen la familia basada en el matrimonio heterosexual (Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, art. 23, inc. 2 y Convención Americana sobre Derechos Humanos, art. 17, inc. 1, entre otros textos). Los proyectos de marras son, pues, inconstitucionales.


Ahora bien, y para concluir: si las uniones homosexuales no son ni podrán ser nunca un matrimonio –sino más bien todo lo contrario: un verdadero antimatrimonio-, además, su promoción va directamente contra el bien común –para transformarse en un verdadero mal común-. Y a ello, le añadimos que los afectos quedan al margen del derecho y las leyes; y que existen otras alternativas ya legisladas, que son aptas para regular las relaciones económicas entre los integrantes de dichas uniones. Sumados todos estos elementos explicados muy sintéticamente, va de suyo que dichos proyectos de ley deben ser archivados lo antes posible.


Señor Presidente y distinguidos Señores Diputados, reciban Uds. un afectuoso saludo, nuestra bendición y oración por vuestra importante tarea legislativa, todo ello en Cristo Jesús, que es la Vida y la fuente de todos los auténticos valores.


¡ DIOS ES AMOR!


+Baldomero Carlos Martini , Obispo de San Justo

+Damián Santiago Bitar, Obispo Auxiliar de San Justo


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Fuente: Notivida.  Boletín del 4 de noviembre de 2009

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miércoles 4 de noviembre de 2009

Primeros pasos en la TAC

El Sínodo de la Traditional Anglican Communion en Gran Bretaña aprobó unánimemente dos resoluciones. Es el primer Sínodo Nacional de la TAC en responder a las nuevas provisiones canónicas de la Santa Sede con respecto a los anglicanos.


La Traditional Anglican Communion cuenta en Gran Bretaña con alrededor de 20 comunidades, algunas de ellas muy pequeñas.


Aquí presentamos la traducción del texto oficial.


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Esta Asamblea, que representa a la Traditional Anglican Communion en Gran Bretaña, ofrece su gozoso agradecimiento al Papa Benedicto XVI por su próxima Constitución Apostólica que permite la reunión corporativa de anglicanos con la Santa Sede, y pide al Primado y al Colegio de Obispos de la Traditional Anglican Communion que tome los pasos necesarios para implementar esta Constitución.


Es la respetuosa opinión de esta Asamblea que el Obispo Robert Mercer CR podría ser considerado para la posición de Ordinario en Gran Bretaña.


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Fuente: TAC UK

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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martes 3 de noviembre de 2009

Pablo VI y Benedicto XVI

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El próximo domingo 8 de noviembre, Benedicto XVI visitará la ciudad de Brescia, tierra natal del Papa Pablo VI, para rendir homenaje a la figura de su predecesor por quien siempre ha manifestado admiración y amor sincero. Presentamos la traducción de una entrevista al Cardenal Giovanni Battista Re, también él bresciano, en la que pone de manifiesto la continuidad entre los dos pontificados.


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“Sobrehumano”: así definió Benedicto XVI, el 3 de agosto del año pasado, “el mérito de Pablo VI al presidir la asamblea conciliar, al llevarla felizmente a término y al gobernar la agitada fase del post-concilio”. Por su parte, Pablo VI definió a Ratzinger “insigne maestro de teología”. ¿Cuándo nació este “feeling” entre los dos Pontífices?


Después del concilio Vaticano II. De hecho, si bien el profesor Ratzinger estuvo presente en el concilio como perito, no parece que Pablo VI lo haya encontrado en ese período. Los peritos conciliares con los que Montini tuvo contactos directos fueron principalmente monseñor Carlo Colombo, el franciscano Umberto Betti y los jesuitas William Bertrams y Sebastian Tromp.


Pablo VI comenzó sólo después a seguir el trabajo teológico del entonces profesor Ratzinger. En su biblioteca personal estaba, desde 1970, el volumen Introducción al cristianismo de Joseph Ratzinger. Actualmente, ese volumen se conserva precisamente en la biblioteca del Instituto Pablo VI de Brescia.


El 25 de marzo de 1977, Pablo VI nombró al profesor Ratzinger como arzobispo de Munich y Freising, y lo creó cardenal en el Consistorio del 27 de junio siguiente, calificándolo – según las palabras expresadas en aquella ocasión – como “insigne maestro de teología”. Esto demuestra su profunda admiración.


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Si nos referimos a su camino pastoral, ¿qué tienen en común los dos Pontífices?


En principio, el inicio de su ministerio episcopal ha sido casi similar. Monseñor Montini, a fines de 1954, se encontró de repente frente a la misión de guiar la diócesis más grande por número de sacerdotes, de parroquias y de instituciones, y de afrontar los complejos problemas pastorales de la ciudad de Milán que, desde el punto de vista económico y social, representaba, más que otras grandes ciudades, el rápido crecimiento de nuestro país después de la reconstrucción post-bélica, pero al mismo tiempo estaba marcada, desde el punto de vista religioso, por el avance de la secularización.


Del mismo modo, monseñor Ratzinger, en 1977, por voluntad del mismo Pablo VI, como he dicho, fue puesto a cargo de la gran arquidiócesis de Munich y Freising, pasando del mundo académico a la vida pastoral, en un contexto marcado por los notables desafíos impuestos a la misión evangelizadora de la Iglesia por los profundos cambios sociales entonces en acto.


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En cuanto a la formación, los dos Pontífices parecen muy diversos el uno del otro.


Efectivamente, provienen de raíces, de ambientes formativos, de tradiciones y experiencias un poco diversas. Son dos personalidades muy diferentes pero ambas de excepcional inteligencia y profunda espiritualidad, comprometidas en el diálogo con la modernidad. El joven prelado bresciano había ejercido el ministerio sacerdotal en Roma, en los ambientes universitarios de la FUCI, logrando mantener después, a pesar del crecimiento de la responsabilidad, un círculo de amigos pertenecientes al mundo de la cultura, con los cuales compartía una apasionada profundización de la verdad, en un constante esfuerzo de diálogo con el mundo contemporáneo con un lenguaje abierto a los grandes interrogantes de la humanidad.


La relación del profesor Joseph Ratzinger con sus numerosos estudiantes universitarios estuvo ciertamente inspirada por el mismo amor por el estudio y por el mismo deseo de ver crecer en el corazón de los jóvenes alumnos la semilla de la verdad que hace libres.


De aquí se desprende un rasgo singular común a ambos Papas: su cultura y su apertura al diálogo. Pablo VI apreció profundamente a los hombres de cultura y a los artistas, y buscó abrir un diálogo también con muchos de ellos que estaban alejados de la fe católica. Él amó intensamente nuestro mundo moderno, acerca del cual dirá en el testamento: “no se piense que se ayuda al mundo adoptando sus criterios, su estilo y sus gustos, sino procurando conocerlo, amándolo y sirviéndolo”. Su primera encíclica estará dedicada en gran parte al diálogo; un diálogo inspirado por un profundo anhelo pastoral.


Así es también Benedicto XVI. Es un hombre de cultura superior, abierto al diálogo con el mundo, que ha vivido por años en las aulas universitarias. En una conferencia de 1982, el teólogo Ratzinger dijo: “¿Pero qué es, en realidad, el diálogo? El diálogo no se realiza simplemente por el hecho de hablar: las meras charlatanerías representan la degradación y el fracaso del diálogo. El diálogo nace solamente donde no está sólo el hablar sino también el escuchar, y donde en el escuchar se realiza el encuentro; en el encuentro, la relación; y en la relación, la comprensión como profundización y transformación de la existencia”.


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¿En qué se puede identificar la continuidad entre los dos pontificados?


Ambos Pontífices se destacan por la fidelidad al concilio Vaticano II y por el compromiso en defender el verdadero espíritu del concilio. En el discurso a la Curia Romana, con ocasión de la Navidad de 2005, Benedicto XVI, afrontando el tema de la recepción del concilio y hablando de la hermenéutica de la continuidad y de la discontinuidad, confirmaba de hecho la interpretación del concilio Vaticano II dada, en su momento, por Pablo VI: continuidad en la renovación.


Esta solicitud por la correcta interpretación del concilio muestra el gran amor de los dos Papas por la Iglesia, llamada a custodiar y transmitir el depositum fidei y a ser comunidad unida por el amor. Pablo VI, en su primera encíclica Ecclesiam suam, presentando el rostro de la Iglesia, en la parte referida a su renovación, se detuvo sobre la caridad, preguntando: “¿No es acaso la caridad el descubrimiento cada vez más luminoso y más gozoso que la teología, por una lado, y la piedad, por otro, van haciendo en la incesante meditación de los tesoros de la Escritura y de los sacramentos, de los que la Iglesia es heredera, depositaria, maestra y dispensadora?” Y concluía preguntándose: “¿No es ésta acaso la hora de la caridad?


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Una pregunta que ha sido retomada por Benedicto XVI en su primera encíclica, Deus Caritas est.


Sí, a esa pregunta ha dado respuesta en la segunda parte de la encíclica, presentando a la Iglesia como “comunidad de amor” e indicando a la comunidad eclesial que su tarea es la caridad. Además, ambos Papas, convencidos de la preciosidad de la fe, están particularmente comprometidos en servir a la verdad de la fe y en ofrecer esta verdad a cuantos la buscan.


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También la fe es un terreno de encuentro natural para los dos Pontífices.


Ciertamente. Fue grande el esfuerzo de Pablo VI por recordar los puntos capitales de la fe de la Iglesia, en un momento en el que no faltaban tomas de posición de carácter doctrinal que parecían sacudir las supremas certezas de la fe. Al respecto, basta recordar muchos discursos suyos pero principalmente el “Credo del Pueblo de Dios”.


Así hoy, Benedicto XVI invita continuamente a repensar qué quiere decir ser cristianos en nuestro tiempo: sea en la dimensión personal de la fe y en la eclesial del anuncio cristiano, sea en la dimensión ética ya que la fe plasma la calidad del modo de actuar. Precisamente como decía Pablo VI: “el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, y si escucha a los que enseñan es porque dan testimonio”.


Unos meses antes de su muerte, el Papa Montini, trazando un balance de su pontificado en la Basílica Vaticana el 29 de junio de 1978, concluía: “Fidem servavi: podemos decir así, con la humilde y firme conciencia de no haber traicionado nunca la santa verdad”.


También por el magisterio del Papa Benedicto XVI es evidente el gran compromiso por la cuestión de la verdad de la fe cristiana en la actual situación histórica y en relación con las formas de racionalidad hoy predominantes. Él presta gran atención a la relación entre la fe y la razón, y pide que los espacios de la razón sean ampliados. Es, de hecho, un sostenedor de la armonía entre fe y razón y está convencido de que la luz de la razón humana y la luz de la fe, cuando caminan juntas, se convierten en fuente de bendición para la persona humana y para la sociedad.


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¿Y respecto a la relación con las otras Iglesias y confesiones cristianas?


Tanto el Papa Montini como el Papa Ratzinger consideran al compromiso por el ecumenismo como parte integrante del servicio petrino. Un avance importante en este ámbito, como se sabe, se verificó en la clausura del concilio Vaticano II, el 7 de diciembre de 1965, con la eliminación de la memoria de la Iglesia católica y de la Iglesia ortodoxa de las excomuniones recíprocamente pronunciadas en el 1054. Fue un evento que dio inicio a una nueva etapa de relaciones entre las dos Iglesias, con sentimientos de respeto mutuo y de amistad.


En la memoria de todos permanece el encuentro, en Jerusalén, entre Pablo VI y el Patriarca de Constantinopla, Atenágoras. De particular significado ecuménico, en el Pontificado de Benedicto XVI, son las palabras con que, precisamente al inicio de su pontificado, dijo que el compromiso ecuménico estaba para él entre las finalidades prioritarias. De hecho, el nuevo Papa ha buscado enseguida intensificar los contactos y las relaciones con los líderes de las Iglesias ortodoxas y de las diversas comunidades eclesiales. Basta recordar, al respecto, la presencia en Roma, para la apertura del Año paulino, del Patriarca Bartolomé, y las peregrinaciones del Papa a Turquía, en noviembre de 2006, y a Tierra Santa, en el pasado mes de mayo.


Otra circunstancia indicativa del diálogo particularmente intenso con las Iglesias ortodoxas es la presencia, desde el pontificado de Pablo VI en adelante, de una delegación del Patriarcado ecuménico de Constantinopla cada año en la basílica vaticana con ocasión de la solemnidad de los santos apostales Pedro y Pablo. En el 2008 estuvo presente el mismo Patriarca Bartolomé.


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¿Es posible determinar este espíritu de continuidad en la última encíclica de Benedicto XVI, Caritas in veritate, releyéndola a la luz de la gran encíclica montiniana Populorum progressio?


Diría que, examinando estos dos grandes documentos magisteriales, el espíritu de continuidad aparece con luminosa evidencia. En toda la encíclica social de Benedicto XVI está presente la perspectiva indicada por Pablo VI en la Populorum progressio. Todo el primer capítulo de la Caritas in veritate es una reanudación y un nuevo lanzamiento de los principios de la Populorum progressio. Al respecto, Benedicto XVI escribe en el número 8: “A más de cuarenta años de la publicación de la Encíclica, deseo rendir homenaje y honrar la memoria del gran Pontífice Pablo VI, retomando sus enseñanzas sobre el desarrollo humano integral y siguiendo la ruta que han trazado, para actualizarlas en nuestros días”. En los últimos capítulos, la Caritas in veritate hace propias tres perspectivas de la encíclica Populorum progressio.


La primera es la idea de que “el mundo sufre por la falta de pensamiento”. La Caritas in veritate desarrolla esta reflexión subrayando el tema de la verdad del desarrollo y advirtiendo la exigencia de una interdisciplinariedad ordenada de los saberes y de las competencias al servicio del progreso humano.


La segunda es que “no hay humanismo auténtico si no está abierto al Absoluto”. La Caritas in veritate está articulada en la perspectiva de un humanismo verdaderamente integral, de cada hombre y de todo el hombre, iluminado por la luz que viene de Dios.


Por último, allí donde Pablo VI hacía un llamamiento a la caridad y a la verdad y exhortaba a trabajar con el corazón y con la inteligencia, la Caritas in veritate plantea este tema ya en el íncipit y lo articula en varios pasajes, viendo en el origen del subdesarrollo una falta de fraternidad y de solidaridad.


Ambos Papas están convencidos de que la primera contribución al bien de cada hombre y de cada mujer y al desarrollo integral de los pueblos está en el anuncio de la verdad de Cristo, que educa las conciencias y enseña la auténtica dignidad de las personas, promoviendo la formación de una cultura que responda verdaderamente a todas las preguntas del hombre.


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Pensando en un santo, ¿quién, según usted, ha inspirado más la vida de los dos Pontífices?


Creo que, teniendo que indicar a uno que los una y que haya sido fuente de inspiración para ambos, se puede pensar en san Benito. En Joseph Ratzinger esto aparece evidente también en la elección del nombre tomado como Pontífice y, sobre todo, en su asidua práctica del ora et labora, asumido como regla cotidiana de acción y constantemente propuesto a los sacerdotes y a los fieles como itinerario de formación cristiana.


Por su parte, Pablo VI ha nutrido siempre simpatía por los benedictinos con los cuales ha tenido numerosas relaciones desde su juventud. En los años de la adolescencia, el joven Montini frecuentaba la abadía benedictina que entonces existía cerca de Chiari. El 24 de octubre de 1964, Pablo VI fue a Montecassino para consagrar la iglesia reconstruida de la abadía y, en aquella ocasión, proclamó patrono de Europa a san Benito, señalándolo como uno de los principales artífices de las raíces cristianas del viejo continente a cuya espiritualidad es necesario acudir todavía hoy. Por algunos aspectos, lo es todavía más san Agustín, profundamente estudiado por ambos.


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Si tuviera que indicar un único elemento para expresar la continuidad de estos dos grandes pontificados, ¿cuál sería?


Diría que el amor por Cristo y por su Iglesia. Un amor que se convierte también en valiente claridad para denunciar dificultades y errores: amor en la verdad, caritas in veritate. Fuerte fue el grito de denuncia pronunciado por Pablo VI, el 29 de junio de 1972: “Se creía que después del concilio habría venido una jornada de sol para la historia de la Iglesia. Ha venido, por el contrario, una jornada de nubes, de tempestad, de oscuridad… Por alguna grieta ha entrado el humo de Satanás en el templo de Dios”.


Casi como eco de estas palabras suenan las meditaciones escritas por el cardenal Ratzinger para el Vía Crucis en el Coliseo del 2005, en aquel inolvidable Viernes Santo cuando Juan Pablo II, extenuado, casi aferrado al crucifijo, en un vehemente “ícono” de sufrimiento”, escuchó en silencioso recogimiento las palabras de aquel que, pocas semanas después, se habría convertido en su sucesor en la cátedra de Pedro. “¿No debemos pensar también – ha sido su vibrante invitación en la meditación de la novena estación - en lo que debe sufrir Cristo en su propia Iglesia? En cuántas veces se abusa del sacramento de su presencia, y en el vacío y maldad de corazón donde entra a menudo. ¡Cuántas veces celebramos sólo nosotros sin darnos cuenta de él! ¡Cuántas veces se deforma y se abusa de su Palabra! ¡Qué poca fe hay en muchas teorías, cuántas palabras vacías!”. Y este amor vibrante por la Iglesia vuelve a traer a la mente las palabras de Pablo VI, que nos ha dejado en su “Pensamiento frente a la muerte”.


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Fuente: L’Osservatore Romano

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo


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lunes 2 de noviembre de 2009

Descansen en paz

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Purgatorio

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Oración del Cardenal John Henry Newman


Oh Dios de todas las almas; Jesús Amante de las almas, Te encargo a todos los difuntos, los que partieron con la señal de la fe y duermen el sueño de la paz. Te suplico, oh Señor y Salvador, que Te dignes recibirlos ante Tu presencia, del mismo modo que por Tu Misericordia para con nosotros Te has hecho Hombre.


Señor, recuerda que son Tus creaturas, creadas por Ti, Único, Vivo y Verdadero Dios; no hay otro Dios fuera de Ti, y no hay nadie que pueda igualarse a Tus obras. Que sus almas se alegren con Tu Luz; no recuerdes las faltas que cometieron por el exceso de sus pasiones o por costumbres de su naturaleza corrompida.


Aunque han pecado, siempre han creído en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; y antes de morir se han reconciliado contigo a través del verdadero arrepentimiento y de los Santos Sacramentos de Tu Iglesia.


Oh Señor benévolo, Te suplicamos no recuerdes los pecados y la ignorancia de su juventud, pero por Tu gran Misericordia acuérdate de ellos en Tu Gloria celestial. Que se abran ante ellos los cielos, y que los Ángeles se alegren junto con ellos. Que San Miguel Arcángel los lleve a Ti. Que Tus Ángeles les salgan a su encuentro y los introduzcan en la Jerusalén celestial. Que los reciba San Pedro, a quien entregaste las llaves del Reino celestial. Que San Pablo se ponga a su lado. Que interceda por ellos San Juan, Tu discípulo amado, a quien fueron revelados los misterios celestiales. Que oren por ellos todos los Apóstoles, que han recibido el poder de atar y desatar. Que todos los Santos y los Elegidos que en este mundo han sufrido por Tu Nombre, les muestren benevolencia para liberarlos del Purgatorio y que sean recibidos en la Gloria de Tu Reino, donde Tú, con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas como Dios Único por los siglos de los siglos.


Vengan a socorrerlos todos los Santos de Dios, imploren para ellos la liberación del castigo, vengan a su encuentro todos los Ángeles, reciban sus almas y llévenlas ante el Señor. Dadles, Señor, el descanso eterno. Y brille para ellos la Luz que no tiene fin. Descansen en paz. Amén.


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sábado 31 de octubre de 2009

Clarificación de la Oficina de Prensa de la Santa Sede

Clarificación del director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el P. Federico Lombardi sobre las especulaciones acerca del asunto del celibato en la anunciada constitución apostólica sobre los ordinariatos personales para los anglicanos que ingresan en la comunión plena con la Iglesia Católica.


Ha habido una extendida especulación, basada en observaciones supuestamente informadas del corresponsal italiano Andrea Tornielli, respecto a que el retraso en la publicación de la Constitución Apostólica sobre los Ordinariatos Personales para la entrada de los anglicanos a la plena comunión con la Iglesia Católica, anunciada el 20 de octubre de 2009 por el cardenal William Joseph Levada, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se debe a algo más que a "razones técnicas". De acuerdo con esta especulación, existiría una cuestión sustancial en la raíz del retraso, dígase, un desacuerdo sobre si el celibato será la norma para los futuros clérigos de la Provisión.


El Cardenal Levada ofreció los siguientes comentarios acerca de esta especulación: “Si se me hubiera preguntado, con gusto habría clarificado cualquier duda sobre mis palabras en la conferencia de prensa. Tal especulación no tiene sustancia. Nadie en el Vaticano me ha mencionado tal cuestión. El retraso es puramente técnico, en el sentido de asegurar consistencia en el lenguaje canónico y las referencias. Las cuestiones de traducción son secundarias; la decisión de no retrasar la publicación para esperar que sea publicado el texto ‘oficial’ en latín en las Acta Apostolicae Sedis fue tomada hace un tiempo”.


Los borradores preparados por el grupo de trabajo y presentados para el estudio y la aprobación a través del proceso acostumbrado seguido por la Congregación, han incluido todos ellos la siguiente afirmación, que actualmente está en el artículo VI de la Constitución:


§1 Aquellos que ejercieron el ministerio como diáconos, presbíteros u obispos, y que cumplen con los requisitos establecidos por el derecho canónico y no están impedidos por irregularidades u otros impedimentos, pueden ser aceptados por el Ordinario como candidatos para las Sagradas Órdenes en la Iglesia Católica. En el caso de los ministros casados, se han de observar las normas establecidas en la Carta Encíclica del Papa Pablo VI “Sacerdotalis Coelibatus”, n. 42, y en la Declaración “In June”. Los ministros no casados deben atenerse a la norma del celibato clerical del CIC can. 277 §1.


§2 El Ordinario, en plena observancia de la disciplina del celibato clerical en la Iglesia latina, por regla general (pro regula) admitirá sólo a hombres célibes al orden del presbiterado. Puede también pedir al Romano Pontífice, como una derogación del can 277, §1 la admisión de hombres casados a la orden del presbiterado, caso por caso, según los criterios objetivos aprobados por la Santa Sede.


Este artículo se ha de entender como consistente con la actual práctica de la Iglesia, según la cual ex ministros anglicanos casados pueden ser admitidos al ministerio sacerdotal en la Iglesia Católica sobre una base de caso por caso.


En cuanto a los futuros seminaristas, fue considerado como puramente especulativo si habría algunos casos en los que podría pedirse una dispensa de la regla del celibato. Por esta razón, se han de desarrollar criterios objetivos juntamente entre el ordinariato personal y la Conferencia Episcopal – presentados para la aprobación de la Santa Sede – acerca de tales posibilidades (por ejemplo, seminaristas casados que ya están en formación)


El Cardenal Levada dijo que anticipa que el trabajo técnico sobre la Constitución y las Normas estará completado para fin de la primera semana de noviembre.


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Fuente: Boletín de la Santa Sede

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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viernes 30 de octubre de 2009

El Himno Akathistos a la Madre de Dios

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SANTA-ANA

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Quien haya tenido la oportunidad de oír el canto del Akathistos a la Madre de Dios, de elevar su mente y corazón a la Virgen a través de este antiquísimo himno, se preguntará quizás por qué no se canta en las iglesias, por qué no es enseñado a los fieles o, al menos, a los coros parroquiales. Sin duda habrá parroquias donde se cante, pero son las menos.


Nos pareció bien colocar en La Buhardilla un artículo a través del cual pudiésemos darlo a conocer y poner también a disposición de los lectores algún material que fuera útil para su aprendizaje en forma personal, y para llevarlo a sus respectivas parroquias si lo considerasen apropiado. Se trata de un archivo compactado (.zip) que contiene el texto completo del himno, cuatro videos con el canto de algunas estrofas, e imágenes de partituras.


Ojalá este humilde aporte pueda servir para que en algún otro lugar se entone tan valioso himno para gloria y honor de la Santísima Virgen María.


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Reseña del Himno

El Akathistos a la Madre de Dios (la palabra griega Akathistos significa literalmente “estando no sentado” o “estando de pie”), es llamado así porque se debía cantar o rezar en esa posición en acto de veneración a la Santísima Virgen María. Otros creen que el nombre se deriva del hecho de que cuando fue cantado por primera vez , lo hicieron los sacerdotes y el pueblo estando de pie toda la noche. Es el himno mariano más famoso del Oriente cristiano y quizás de la Iglesia entera.


Pertenece al grupo de cantos “abecedarios” porque las letras iniciales de cada estrofa corresponden a las letras del alfabeto griego . La estructura métrica del texto es de una perfección suma, difícil de verter desde su lengua original a otros idiomas. El Akathistos fue traducido y se canta en todas las lenguas del rito bizantino, tanto de la Iglesia Católica como de la Ortodoxa. En el año 800 fue traducido al Latín por Cristóbal, obispo de Venecia, ejerciendo así una notable influencia en la himnografía medieval. La liturgia bizantina recita seis estrofas en los cuatro primeros viernes de cuaresma y en la oración de completas, y todo entero el viernes quinto por la tarde, o por la mañana del quinto sábado de cuaresma (llamado por eso sábado de akathistos). En caso de calamidad pública se canta a petición de los fieles. Cuando se recita entero se le divide en cuatro partes o estaciones, entre las cuales se pueden intercalar algunos salmos o cánticos, que se cantan estando sentados.


Está compuesto de 24 estrofas, de las cuales algunas se proclaman y otras se cantan. Es muy rico en figuras e imágenes poéticas, que desarrollan temas relacionados con el relato lucano de la anunciación y los episodios mateanos de los magos y la huida a Egipto. El himno se divide en dos partes: la primera es evangélica o histórica, y la segunda de carácter dogmático. Las primeras 12 estrofas escenifican la narración evangélica en una serie de preciosos cuadros. Las 12 restantes exponen algunos de los más importantes artículos de la fe mariana de la Iglesia: perpetua virginidad, maternidad divina, mediación de gracia desde el Cielo.


En su estructura literaria uniforme, tras la primera y las demás estrofas impares, que son temáticas, sigue una letanía a la Virgen, que en la intención del autor quiere ser una representación más imaginativa y poética del tema tratado antes. Las estrofas pares concluyen con la aclamación Aleluya, que todos son capaces de cantar excepto Herodes (ver Estrofa 10).


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San Romano el Cantor

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Con respecto al autor, se puede decir que fue un poeta maravilloso, a la vez que un gran teólogo y contemplativo. El himno se ha atribuido a varios escritores, como Sergio de Constantinopla (610-638), San Germán de Constantinopla (+722 ) o San Juan Damasceno (siglo VIII) . Otros lo atribuyeron a San Romano el Cantor (+562) o a algún imitador suyo. Si la noticia de que se compuso y se cantó para celebrar la liberación de Constantinopla en el 626 del asedio de las tropas unidas de persas y de ávaros fuese cierta, quedarían excluidos todos los escritores alejados de esa fecha. Pero algunos se inclinan por la hipótesis de que el himno alude a otros asedios de Constantinopla, a los que ocurrieron bajo Constantino IV (677) o León III (718) por parte de los árabes. De ser así, debiera fecharse entre el 677 y el 718, lo cual no parece muy acertado. También están quienes han atribuido el himno a Georgios Pisides (comienzos del siglo VII), diácono, archivista y sacristán de Santa Sofía, cuyos poemas encuentran un eco tanto en el estilo como en el contenido del Akathistos. Finalmente, los estudios más recientes de especialistas contemporáneos afirman que es posterior a una homilía de Basilio de Seleucia (+469), de quien dependería verbalmente una de las estrofas del himno, y a su vez anterior a una composición de San Romano el Cantor sobre el patriarca José, inspirada en el Akathistos. Este estudio lo ubicaría entonces entre mediados del siglo V y mediados del siglo VI. Lo cual termina coincidiendo con la tradición, que remonta su origen hasta comienzos del siglo VI , fecha en que la Iglesia bizantina habría incluido el Akathistos en su liturgia, como la más alta expresión del culto a la Santísima Virgen María.


El himno Akathistos es común a todos los cristianos de rito bizantino, tanto católicos como ortodoxos. Se le atribuye un importante valor ecuménico, ya que contiene en forma orante todo cuanto la Iglesia de los primeros siglos ha creído sobre María, con el consenso universal, dado que las fuentes que lo inspiran son la Sagrada Escritura, la doctrina definida en los Concilios ecuménicos de Nicea (325), de Éfeso (431) y de Calcedonia (451), y la reflexión de los Padres orientales de los siglos IV y V.


En los últimos años este himno se ha difundido mucho, también en las comunidades de fieles de rito latino. Especialmente han contribuido a su conocimiento algunas solemnes celebraciones marianas que tuvieron lugar en Roma, con la asistencia del Papa Juan Pablo II y con amplia resonancia eclesial. Este himno antiquísimo, que constituye el fruto maduro de la más antigua tradición de la Iglesia indivisa en honor de María, es una llamada e invocación a la unidad de los cristianos bajo la guía de la Madre del Señor: Tanta riqueza de alabanzas, acumulada por las diversas manifestaciones de la gran tradición de la Iglesia, podría ayudarnos a que ésta vuelva a respirar plenamente con sus "dos pulmones", Oriente y Occidente.

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Para descargar el archivo mencionado (19 MB) pulse aquí

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Videos para el aprendizaje del himno Akathistos

El siguiente video contiene la parte cantada de la primera estrofa:


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El siguiente video contiene la parte cantada de la tercera estrofa:



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El siguiente video contiene la parte cantada de la quinta estrofa:


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