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sábado, 18 de enero de 2014

Card. Koch: “Ha llegado la hora de reencontrarnos en el mismo altar”

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Al comienzo de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, presentamos nuestra traducción de una entrevista al Cardenal Kurt Koch, Presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, sobre la perspectiva del ecumenismo en el pontificado de Francisco.


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El Papa Francisco ha sido la gran “novedad” del 2013. Y “desde el punto de vista ecuménico, su pontificado ha comenzado de inmediato muy bien. En la fiesta de inauguración estaban presentes todos los representantes de las Iglesias. Estaba también el Patriarca ecuménico de Constantinopla y era la primera vez en la historia que un Patriarca estaba presente en la inauguración de un nuevo pontificado”. Por lo tanto, cuenta el cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, el balance ecuménico de este año – gracias también a Francisco – conquista un vistoso signo “más”. “Desde el punto de vista del contenido – añade enseguida el cardenal-, creo que hay una gran continuidad entre Benedicto XVI y Francisco porque a ambos les importa mucho el ecumenismo”.

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A propósito de contenidos, en la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”, el Papa Francisco toca puntos muy importantes como la colegialidad y el primado del Pontífice. ¿Cómo han sido recibidas estas aperturas?


Las reacciones a la Exhortación Apostólica que he recibido de los representantes de otras Iglesias son bellísimas. Han quedado muy impresionados, apreciando sobre todo el hecho de que esta Exhortación expresa una visión común. En el parágrafo dedicado al diálogo ecuménico, se advierte cómo los católicos pueden aprender de otras Iglesias. El Santo Padre cita como ejemplo de sinodalidad a la Iglesia ortodoxa. Y en mi reciente visita, el Patriarca de Moscú ha mencionado precisamente este punto.

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Cincuenta años atrás, el abrazo entre Pablo VI y el Patriarca Atenágoras. Parecía el comienzo de una historia nueva. ¿Qué ha sucedido luego?


Ha sido un gran evento: los líderes de la Iglesia ortodoxa y de la Iglesia católica se encontraban en Jerusalén después de de mil años de separación. Este encuentro provocó otro gran evento, que fue el fin de las excomuniones realizado conjuntamente por las dos Iglesias, en 1965, en la catedral del Fanar en Constantinopla y en la Basílica de San Pedro en Roma. Terminó así la era de la excomunión y se abrió la era de la comunión. En este sentido, el encuentro de Jerusalén marcó el inicio del diálogo de la caridad y de la verdad.

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Para conmemorarlo, el 25 de mayo, el Papa y el Patriarca Bartolomé se han dado cita en Jerusalén. ¿Qué se espera de este encuentro?


Es, en primer lugar, un acto de conmemoración de estos 50 años y espero que este encuentro pueda hacer reencontrar la pasión por la unidad que estaba presente en los tiempos de Pablo VI y Atenágoras. Si leo hoy los textos recogidos en el Tomos Agapis, emerge la pasión por la unidad. Atenágoras dice: “La hora ha llegado”. La hora de reencontrarnos en el mismo altar. Me parece que esta pasión por reencontrar la comunión eclesial y eucarística debe ser profundizada y revitalizada.

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¿Habrá una declaración común?


Cuál será el contenido de la declaración es algo que el Papa Francisco y el Patriarca deben todavía ver para saber qué decir en común a la Iglesia y al mundo. Este encuentro quiere ser un paso en el camino a realizar hacia el futuro.

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Usted se ha encontrado con el Patriarca Kirill. ¿Han hablado de un eventual encuentro con el Papa?


Sí, hemos hablado de un eventual encuentro entre el Santo Padre y el Patriarca de Moscú, pero el metropolita Hilarion siempre ha subrayado que la preparación es mucho más importante que la fecha, ya que sería la primera vez en la historia de las relaciones entre Moscú y Roma que un Patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa y un Papa de Roma se encuentran. Por lo tanto, es necesario preparar bien qué quieren hacer y decir, y esto forma parte de una fase preparatoria.

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Moscú, Constantinopla, Roma. Yo soy de Pablo, yo soy de Pedro. El tema de la inminente Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (18-25 de enero) es “¿Acaso Cristo ha sido dividido?”. ¿Qué paso adelante se pide a cada una de las Iglesias?


Pienso que es necesario tomar en serio la conciencia de que Cristo no puede estar dividido. El fundamento de todo el compromiso ecuménico es la oración sacerdotal de Jesús que dice que la unidad entre los discípulos de Cristo es la voluntad del Señor y todos nosotros que venimos de Pablo, Pedro y Andrés, tenemos la tarea y la responsabilidad de escuchar la voluntad de Jesús y de reencontrar esta unidad. Pablo, Pedro y Andrés eran seguramente personas diversas, con carismas diversos, pero todos eran amigos de Cristo.

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¿No le parece paradójico que precisamente el primado del Papa sea piedra de división?


Ya Pablo VI dijo que el primado es el obstáculo más profundo del ecumenismo. Pero esto es sólo un lado de la cuestión: el otro es que el primado es una gran oportunidad para el ecumenismo. Tomemos como ejemplo los tres encuentros de Asís que han convocado Juan Pablo II y Benedicto XVI: ¿quién podía invitar a todas las Iglesias, y a las otras religiones, sino el Papa de Roma? Juan Pablo II escribió en el libro “Cruzando el umbral de la esperanza” que el ministerio de Pedro es un ministerio de unidad y tiene un sentido profundo para el ecumenismo. Todos los Papas después del Concilio Vaticano II, desde Pablo VI hasta Francisco, son Papas ecuménicos que quieren la unidad y, en este sentido, su primado no sólo no es un obstáculo sino que es también un gran puente para el ecumenismo.

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Fuente:
Agencia SIR


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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viernes, 3 de enero de 2014

Mons. Gänswein: “La reforma de Francisco es la herencia de Benedicto”

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Presentamos nuestra traducción de este artículo, publicado en el sitio Korazym, sobre algunas declaraciones del Arzobispo Gänswein, Prefecto de la Casa Pontificia y secretario de Benedicto XVI, sobre el pontificado del Papa Francisco y la herencia espiritual del Papa emérito.

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“El Papa Francisco no quiere reformar la fe sino a los fieles”. Quien lo dice, en una larga entrevista transmitida por la Bayerisches Fernsehen, la televisión bávara, es Georg Gänswein. El Prefecto de la Casa Pontificia y secretario del Papa emérito ha estado, en las últimas semanas, muy presente en los medios alemanes. Una manera de aclarar directamente en su patria muchos de los equívocos que nacen, sobre todo, de la prensa italiana y americana, sobre el pontificado del Papa Francisco.


El Arzobispo, que tiene un rol completamente inédito en el Vaticano y es el “puente” entre dos pontificados, en la entrevista a la televisión bávara, transmitida el 1º de enero, ha señalado cómo ve la necesidad de reforma de la Iglesia: “Existe la bella expresión Ecclesia semper reformanda est, que significa que la Iglesia debe reformarse siempre. No es algo que haya sucedido solo ayer, sino que es la experiencia que acompaña a la Iglesia desde que existe y que es puesta también en práctica. También un árbol sano puede tener ramas muertas que es necesario cortar: esto es normal. No es una experiencia que ha sido hecha ahora con el Papa Francisco, sino que también los Papas precedentes lo han hecho. El Papa Francisco ha dicho que, sobre algunos puntos, quiere un nuevo inicio o nuevos desarrollos. Estamos en espera de ver sobre qué puntos intervendrá y cómo. Pero no veo ninguna revolución, y no es una respuesta al hecho de que antes no se habría realizado nada de lo que había sido decidido por el Concilio Vaticano II. Ni siquiera con la mejor voluntad puedo pensar que la Iglesia se encuentra en una situación tan catastrófica que sea hora de volver a ponerla de pie”.


Gänswein explicó que el mensaje del Papa Francisco está en perfecta continuidad con lo que han dicho sus predecesores: “El Papa Francisco subraya a menudo que debemos salir de nosotros mismos. La Iglesia no debe vive sólo para sí misma. Es un mensaje que también el Papa Benedicto ha pronunciado siempre. Es claro que la Iglesia existe para los seres humanos y para la fe. El Papa Francisco no quiere reformar la fe sino a los fieles. Es una distinción importante. La sustancia de la fe es la misma, con él, con sus predecesores, y también después de él. Pero se trata de la importancia de que los fieles vivan verdaderamente la fe, y hay diversas formas para vivirla y que es necesario sostener. Allí donde hay formas equivocadas, es necesario ayudar a corregirlas”.


En los medios alemanes, en el mes de diciembre de 2013, ha salido también otra importante entrevista que el Prefecto de la Casa Pontificia ha concedido a la revista político-cultural Cicero. La revista alemana ofrecerá en el próximo número una entrevista al cardenal Marx sobre el Papa Francisco. Georg Gänswein en la entrevista, concedida a Alexander Kissler, periodista y escritor, habla también de la situación del obispo de Limburg y de algunos temas candentes en Alemania.


El Arzobispo aclaró algunos pasajes de la Evangelii Gaudium sobre la “conversión del papado” y la presencia femenina en la Iglesia: “La fuerza del Papa Francisco – dice Gänswein -, junto a su gestualidad, es seguramente su lenguaje con imágenes. Pero una imagen significativa no puede contener toda la realidad. Cuando se habla de reforzar la presencia femenina muchos piensan en la cuestión del sacerdocio. Pero no conozco ningún pronunciamiento del Papa Francisco que haga pensar que él desea cambios en este sentido, al igual que antes el Papa Benedicto”. Gänswein habla además de los tres conceptos que dominan la predicación del Papa Francisco: misericordia, pobreza y el Diablo. “Veo una formación de espiritualidad ignaciana clásica. El Papa Francisco es completamente jesuita. Él obra como un fiel hijo de San Ignacio de Loyola”.


Una cosa es clara para el Arzobispo alemán: el llamado a la desmundanización de la Iglesia ha sido el testamento espiritual de Benedicto, como se ve en el gran discurso de Friburgo del 2011.


“Cada uno – dice Gänswein – ha tratado de interpretarlo según los propios intereses. Yo invito cordialmente a releer atentamente el discurso de Benedicto en Friburgo. Es necesario reconocer sencillamente que Francisco realiza lo que Benedicto ha pedido”. Y luego, para el Prefecto, “la Iglesia pobre no debe ser mal entendida. La pobreza aquí no significa miseria. La Iglesia debe tener espacio para lo bello, lo grande, lo noble, porque indican a Dios. El Papa Francisco tiene un concepto espiritual, y no sociológico, de la pobreza, que viene de la pobreza de Cristo. Y ha sido también profundamente marcado por sus experiencias como Arzobispo de Buenos Aires durante la difícil crisis económica argentina”.


Inevitable la pregunta sobre las elecciones del Papa Francisco que podrán condicionar a los sucesores, como la de vivir en Santa Marta: “El Papa Francisco – responde don Georg – no se ha mudado al apartamento papal porque le parecía demasiado grande y distante. Ha sido una decisión personal. Sobre esto no tengo ningún comentario. El apartamento papal es más modesto que las habitaciones de muchos párrocos u obispos en Alemania. Pero creo que, de algún modo, esta decisión condicionará el futuro”.


No podía faltar una valoración del pontificado de Benedicto XVI: “A una edad avanzada, Benedicto ha recibido la tarea más difícil del mundo y una herencia no fácil. Ha dedicado todas sus fuerzas, sus capacidades, sus experiencias, toda su persona, al ministerio petrino. Si se piensa en los muchos viajes al exterior, los innumerables encuentros, su herencia espiritual, la obra Jesús de Nazaret, hay que reconocer que Benedicto se ha entregado hasta el final. Han sido ocho años no fáciles para el Papa Benedicto y ocho años buenos para la Iglesia y para los fieles”.


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Fuente: Korazym


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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lunes, 23 de diciembre de 2013

Habla el Prefecto de Doctrina de la Fe: “El particularismo, como el centralismo, es una herejía”

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Presentamos nuestra traducción de la entrevista publicada en el Corriere della Sera al Arzobispo Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de 66 años de edad, elegido el año pasado para ese oficio por el Papa Benedicto XVI y confirmado en el mismo por el Papa Francisco.


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Hijo de un obrero, por dieciséis años docente en la Universidad Ludwig-Maximilian de Munich de Baviera, Müller es el teólogo elegido por Ratzinger como encargado de la propia Opera Omnia y, al mismo tiempo, el amigo y “discípulo” de Gustavo Gutiérrez, padre de la Teología de la Liberación. Así lo pintan como conservador o progresista, según el caso, “¡pero la esquizofrenia no es mía!”. Ciertamente tiene en claro su tarea: “El primer fin de la Congregación es promover la fe para la salvación del hombre, pero el segundo es defenderla”. Y no escapa a ninguna pregunta: desde los sacramentos a los divorciados en nueva unión hasta las nuevas “herejías”, incluyendo el “riesgo de particularismo” en la Iglesia: “Algunos interpretan la Evangelii Gaudium como si el Santo Padre quisiera favorecer una cierta autonomía de las iglesias locales, la tendencia a distanciarse de Roma. Pero esto no es posible. El particularismo, como el centralismo, es una herejía. Sería el primer paso hacia la autocefalía”.

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¿En qué sentido, Excelencia?


La Iglesia Católica está compuesta por iglesias locales pero es una. No existen iglesias “nacionales”, somos todos hijos de Dios. El Concilio Vaticano II explica en concreto la relación entre el Papa y los obispos, entre el primado de Pedro y la colegialidad. El Romano Pontífice y los obispos en forma individual son de derecho divino, instituidos por Jesucristo. También la colegialidad y la colaboración entre los obispos, cum Petro et sub Petro, tienen aquí su fundamento. Pero los patriarcados y las conferencias episcopales, históricamente y hoy, pertenecen sólo al derecho eclesiástico, humano. Los presidentes de las conferencias episcopales, aunque importantes, son coordinadores, nada más, ¡no son vice-papas! Cada obispo tiene una relación directa e inmediata con el Papa. No podemos tener una descentralización en las conferencias, existiría el peligro de un nuevo centralismo: con la presidencia que tiene todas las informaciones y los obispos inundados por documentos sin el tiempo de prepararse.

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¿Y qué quería decir Francisco cuando hablaba de “conversión del papado” y escribía que las conferencias deberían tener “alguna auténtica autoridad doctrinal”?


El Papa partía de la reflexión sobre el ejercicio del primado que Wojtyla hizo en el `95 con la Ut unum sint. El sentido es claro en la dimensión ecuménica y también respecto a la colegialidad. En cuanto a las conferencias, con ciertas condiciones, tienen una autoridad también magisterial: cuando, por ejemplo, preparan un catecismo local, se ocupan del misal, gobiernan universidades y facultades teológicas. Trabajan en la dimensión concreta, el Papa no puede saber todo lo que ocurre en cada país. Se trata de encontrar un equilibrio práctico. No podemos aceptar antiguos errores, como el conciliarismo, el galicanismo o lo opuesto a un cierto curialismo…

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El 2013 ha visto la renuncia de un Papa. ¿Ha cambiado algo en el papado?


Ciertamente la renuncia de Benedicto XVI ha sido sorprendente, un caso absolutamente nuevo: ha dicho que le faltaban las fuerzas para llevar a cabo esta gran tarea, tanto más pesada en el tiempo de la globalización de las informaciones. Ha decidido para que se pudiera elegir al nuevo Papa, y ahora Francisco es “el” Papa. Ratzinger es como un Padre de la Iglesia y su pensamiento permanecerá; Francisco se refiere a menudo también para subrayar la continuidad teológica. Pero solo una persona puede ser el Papa, no un colectivo. No hay dos. Es el fundamento y principio permanente de la unidad de la Iglesia. Elegido por los cardenales pero instituido por el Espíritu Santo.

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¿Y su rol ha cambiado? Francisco dice que la Iglesia “no es una aduana”…


Es cierto, ¡tampoco la Congregación lo es! El Papa tiene el carisma de expresarse no sólo con conceptos teológicos sino también a través de imágenes cercanas al corazón de la gente, que expresan la cercanía de Jesús a todos nosotros. Nosotros, los teólogos, corremos siempre el riesgo de cerrarnos en el mundo de la reflexión académica. Pero Francisco no va por otro lado: combina la ternura del pastor y la ortodoxia, que no es una teoría cualquiera, sino la recta doctrina expresada en la plenitud de la Revelación. El primer guardián de la fe es Pedro y su sucesor como Obispo de Roma. Y nosotros, en la Congregación, estamos en esto a su directo servicio.

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Sobre los divorciados y los vueltos a casar excluidos de los sacramentos, Hans Küng ha escrito: “El Papa quiere avanzar, el Prefecto de la Fe frena”.


Mire, en Maguncia tenemos una gran tradición del Carnaval… Yo estoy y estaré siempre con el Papa. La verdad es que no podemos aclarar estas situaciones con una declaración general. Sobre los divorciados y vueltos a casar civilmente, muchos piensan que el Papa o un Sínodo pueden decir: recibirán sin más la Comunión. Pero no es posible así. También la praxis ortodoxa de la “segunda unión” no es uniforme y los mismos ortodoxos la toleran sin favorecerla. Un matrimonio sacramental válido es indisoluble: esta es la praxis católica reafirmada por Papas y Concilios, en fidelidad a la Palabra de Jesús. Y la Iglesia no tiene la autoridad de relativizar la Palabra y los Mandamientos de Dios.

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Francisco ha dicho que los sacramentos no son para los “perfectos” y pueden ser una “ayuda”…


Ciertamente que el sacramento es una gracia, ¡no somos pelagianos! El Papa ha hecho referencia justamente a este aspecto medicinal. Pero hay condiciones objetivas. Una situación irregular en el matrimonio es un obstáculo objetivo para recibir la Eucaristía. No debe ser visto como un castigo: no lo es. Y no impide participar en la Misa.

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¿Y entonces no hay nada por hacer?


Las cosas no son así. Debemos buscar una combinación entre los principios generales y la situación particular, personal. Encontrar soluciones a los problemas individuales, pero siempre sobre el fundamento de la doctrina católica. No se puede adecuar la doctrina a las circunstancias: la Iglesia no es un partido político que hace encuestas para buscar consenso. Es necesario un diálogo concreto, pastoral. Hay situaciones diferentes que deben valorarse de manera diferente.

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¿La solución es la anulación del matrimonio?


Si se dan las condiciones para declararlo nulo, sí. Para esto tenemos los tribunales eclesiásticos…

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¿Pero es posible si tienen hijos?


Sí, no son los hijos los que hacen la validez sino el consenso entre cónyuges conscientes del sacramento. En muchos países hay sólo restos de la tradición cristiana, se ha perdido el sentido, hay una confusión total.

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¿Cuáles son hoy las nuevas herejías?


Los problemas se concentran en la antropología. Falta una conciencia de la dimensión trascedente del hombre, de su vocación divina. El sentido de la dignidad humana. Pienso en las nuevas esclavitudes, en los pobres, en el aprovechamiento de las mujeres, en los abusos no sólo sexuales sobre menores, en los enfermos vistos como un costo a eliminar, en la vida reducida a la funcionalidad productiva, en las condiciones de trabajo: una organización económica que tiende a destruir la vida de la familia con grave daño para la vida misma, los hijos…

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Habiendo fracasado las tratativas, ¿cuál es la posición de los lefebvristas?


A los obispos se les ha revocado la excomunión canónica por las ordenaciones ilícitas, pero permanece la sacramental, de facto, por el cisma: se han alejado de la comunión de la Iglesia. No cerramos la puerta, nunca, y los invitamos a reconciliarse. Pero también ellos deben cambiar de actitud, aceptar las condiciones de la Iglesia católica y el Sumo Pontífice como criterio definitivo de pertenencia.

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¿Qué puede decir del encuentro entre Francisco y Gutiérrez, el 11 de septiembre?


En las corrientes teológicas se dan momentos difíciles, se discute y se aclara. Pero Gutiérrez siempre ha sido ortodoxo. Nosotros, europeos, debemos superar la idea de ser el centro, sin tampoco subestimarnos. Ampliar los horizontes, encontrar un equilibrio: esto lo he aprendido de él. Para abrirme a una experiencia concreta: ver la pobreza y también la alegría de la gente. Un Papa latinoamericano ha sido un signo del Cielo. Gustavo estaba emocionado. También yo. Y también Francisco.

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Fuente: Corriere della Sera


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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jueves, 27 de junio de 2013

Cardenal Pell, consejero papal: “Se necesita una grandísima reforma pero hay que tratar un problema a la vez”

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George Pell, cardenal arzobispo de Sidney, representante del continente australiano dentro del “Consejo de los ocho cardenales” instituido recientemente por el Papa para ayudarlo en la acción de gobierno de la Iglesia y para estudiar una reforma de la Curia Romana, habla de la “grandísima reforma” que deberá hacerse en el Vaticano afrontando, sin embargo, “un problema a la vez”. Y el IOR, dice, “no es más que uno de los problemas.

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¿Cuál es, entonces, la reforma más urgente dentro de los sagrados muros?


La de los hombres. En el sentido de que el punto determinante es la capacidad y la competencia de los jefes de los diversos “ministerios” de la Curia. El verdadero nudo es este. Luego viene la reforma de las estructuras, las eventuales fusiones y lo demás. Pero antes hay que ver lo de los hombres, porque el trabajo de la Curia es delicado. Es un trabajo que debe llevarse a cabo a menudo en soledad, en aislamiento. No es sencillo.

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Recientemente, durante una audiencia privada, el Papa ha hablado de la existencia de un “lobby gay” en el Vaticano. ¿Es también éste uno de los tantos problemas?


No sé nada al respecto, y por lo tanto, no puedo decir nada. He hablado con el Papa que ciertamente es consciente, como lo soy yo, de que la Curia Romana está compuesta en gran parte por gente honesta, que trabaja bien y para el bien. Y es desde estas personas que se puede partir.

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Se dice que en el Cónclave ha perdido el “partido romano”. ¿Es así?


Decir así es demasiado. Creo, sin embargo, que algo de lo que todos son conscientes, también dentro de la misma Curia (italianos incluidos), es que se necesita más universalidad. Toda la Iglesia debe estar representada en el Vaticano.

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¿Se necesita un “moderador curiae”, una figura que coordine toda la Curia y al mismo tiempo interactúe con el Papa?


De por sí serviría. Pero la pregunta que me hago y que quiero hacer en estos meses de trabajo es: ¿qué diferencia hay entre el “moderator curiae” y el sustituto de la Secretaría de Estado? Es necesario responder bien porque la reforma de la Curia no debe significar más burocracia.

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Sobre el Consejo de los ocho cardenales se escuchan voces discordantes. Está quien lo ve como un órgano de poder real, una novedad amenazante para Roma, y quien cambio minimiza su importancia. ¿Qué es exactamente este Consejo?


Para mí es un “kitchen cabinet”, un grupo interno de consejeros que apoya al Papa en el gobierno. ¿Cómo se relacionará este grupo con la Curia? La respuesta todavía está por descubrirse. Sin duda es una opción de mayor colegialidad, una colegialidad que obviamente no puede ejercerse sin el primado de Pedro. Los obispos además son, según el Concilio Vaticano II, los sucesores de los Apóstoles y no delegados papales. En la Iglesia no existen precedentes recientes al respecto. Sólo es comparable el Consejo general de los jesuitas, donde los consejeros hablan, aconsejan y luego dejan que la última decisión sea del superior. Así haremos nosotros. Hablaremos, buscaremos soluciones para el gobierno y para la reforma, sabiendo bien que la última palabra es del Papa.

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¿La novedad del “Consejo de los ocho” traerá otras novedades en el ejercicio del ministerio de los obispos?


Es todavía pronto para decirlo. Ciertamente lo que cambiará en el futuro es el Sínodo de los Obispos. Pero no sabemos precisamente cómo tendrá lugar este cambio.

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¿Cuál es la novedad principal que, hasta ahora, ha traído el Papa Francisco?


Sobre todo, una novedad de estilo. Su modo sencillo de hablar captura a la gente, es indudable. El mensaje, sin embargo, es el de siempre, el mensaje del Dios único de Abraham, Isaac y Jacob.

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Benedicto XVI tenía muchos teólogos de referencia y en los cuales se inspiraba. Más allá de Hans Urs Von Balthasar y el mundo que giraba a su alrededor, los padres de la Iglesia, Agustín, san Buenaventura. ¿Qué referencias tiene el Papa Bergoglio?


Sobre todo, san Ignacio de Loyola y sus ejercicios espirituales. Y antes aún San Francisco de Asís. El Papa Bergoglio comprende la importancia de los símbolos y de las palabras de Francisco, que dijo: “Predicad el Evangelio, y si fuera necesario, usad también las palabras”. Bien y mal, fe y miedo, son aspectos siempre presentes y en tensión en la teología ignaciana que el Papa refleja fielmente. Su acercamiento es más pastoral que teológico. Y luego tiene siempre presente el tema, muy sentido en Argentina, de las desigualdades sociales.

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Fuente: La Repubblica


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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miércoles, 1 de mayo de 2013

La reforma franciscana de la Curia: expectativas y realidad

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El 13 de abril se ha hecho pública la noticia de que el Papa Francisco ha constituido un grupo de ocho cardenales para aconsejarlo en el gobierno de la Iglesia universal y para estudiar un proyecto de revisión de la Constitución Apostólica Pastor Bonus sobre la Curia Romana. La decisión ha despertado mucho interés, dando lugar a no pocas especulaciones. De esto ha hablado en una entrevista a L’Osservatore Romano el arzobispo Angelo Becciu, sustituto de la Secretaría de Estado.

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Sobre la reforma de la Curia se han sentido muchas voces: balance de poderes, moderadores, coordinadores, “superministerios de economía”, revoluciones…


En efecto, es un poco extraño: el Papa todavía no se ha encontrado con el grupo de consejeros que ha elegido y ya llueven los consejos… Después de haber hablado con el Santo Padre, puedo decir que en este momento es absolutamente prematuro adelantar cualquier hipótesis sobre la futura estructura de la Curia. El Papa Francisco está escuchando a todos, pero en primer lugar querrá escuchar a quienes ha elegido como consejeros. Sucesivamente se establecerá un proyecto de reforma de la Pastor Bonus, que obviamente deberá recorrer un camino.

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Se ha hablado mucho también del IOR, el Instituto para las Obras de Religión; alguno se ha atrevido a hablar de su supresión…


El Papa se ha sorprendido al ver que se le atribuían frases que nunca ha pronunciado y que tergiversan su pensamiento. La única referencia al respecto ha sido durante una breve homilía en Santa Marta, hecha espontáneamente, en la que ha recordado de modo apasionado que la esencia de la Iglesia consiste en una historia de amor entre Dios y los hombres, y que las diversas estructuras humanas, entre las cuales se encuentra el IOR, son menos importantes. La referencia ha sido en tono de broma, motivada por la presencia en la Misa de algunos empleados del Instituto, en el contexto de una seria invitación a no perder nunca de vista lo esencial de la Iglesia.

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¿Se debe prever que no es inminente una reestructuración de la conformación actual de los dicasterios?


No sé prever los tiempos. Sin embargo, el Papa nos ha pedido a todos nosotros, responsables de los dicasterios, que continuemos en nuestro servicio, si bien no ha querido proceder, por el momento, a ninguna confirmación en los oficios. Lo mismo vale para los miembros de las Congregaciones y de los Pontificios Consejos: el ciclo normal de confirmaciones o nombramientos, que se verifican al concluir los mandatos quinquenales, está por el momento suspendido, y todos continúan en el propio oficio “hasta nueva disposición” (donec aliter provideatur). Esto indica la voluntad del Santo Padre de tomarse el tiempo necesario de reflexión – y, no deberíamos olvidarlo, de oración – para tener un panorama profundizado de la situación.

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Respecto al grupo de consejeros, alguno ha llegado a sostener que tal opción puede poner en discusión el primado del Papa…


Se trata de un órgano consultivo, no decisional, y realmente no veo cómo la opción del Papa Francisco pueda poner en discusión el primado. Es cierto, en cambio, que se trata de un gesto de gran relevancia, que quiere dar una señal precisa sobre las modalidades con que el Santo Padre querrá ejercer su ministerio. No debemos olvidar, de hecho, cuál es la primera tarea asignada al grupo de los ocho cardenales: asistir al Pontífice en el gobierno de la Iglesia universal. No quisiera que la curiosidad por las disposiciones y las estructuras de la Curia Romana hagan pasar a segundo plano el sentido profundo del gesto realizado por el Papa Francisco.

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¿Pero la expresión “aconsejar” no es demasiado indefinida?


Por el contrario, el aconsejar es una acción importante, que en la Iglesia está definida teológicamente y encuentra expresión a muchos niveles. Piénsese, por ejemplo, en los organismos de participación en las diócesis y en las parroquias, o en los consejos de los superiores, provinciales y generales, en los Institutos de vida consagrada. La función de aconsejar debe ser interpretada en clave teológica: en una óptica mundana tendríamos que decir que un consejo sin poder deliberativo es irrelevante, pero esto significaría equiparar la Iglesia a una empresa. En cambio, teológicamente el aconsejar tiene una función de absoluto relieve: ayudar al superior en la obra del discernimiento, en el comprender aquello que el Espíritu pide a la Iglesia en un preciso momento histórico. Sin esta referencia, además, no se entendería tampoco el auténtico significado de la acción de gobierno en la Iglesia.

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¿Qué sentimientos experimenta al colaborar con el Papa Francisco?


He podido colaborar de cerca con el Papa Benedicto, ahora estoy continuando mi servicio con el Papa Francisco. Naturalmente cada uno tiene su propia personalidad, su propio estilo, y realmente me siento un privilegiado por este estrecho contacto con dos hombres enteramente dedicados al bien de toda la Iglesia, despreocupados de ellos mismos, inmersos en Dios y con una única pasión: hacer conocer la belleza del Evangelio a los hombres y las mujeres de hoy.

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Fuente: Il Sismografo


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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miércoles, 10 de abril de 2013

Diálogo católico-protestante: un balance del Cardenal Koch

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Esta semana el Papa Francisco recibió en audiencia al presidente de la Iglesia evangélica en Alemania, Nikolaus Schneider. En esta audiencia estuvo presente también el cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, el cual, en esta entrevista, comenta el estado actual del diálogo ecuménico entre católicos y protestantes, teniendo en cuenta la perspectiva del nuevo Papa y el próximo aniversario de la Reforma que tendrá lugar en el año 2017.

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¿Cuáles son sus impresiones sobre esta visita?


Esta visita estaba ya prevista, había sido programada una audiencia con el Papa Benedicto. Ha sido muy bello que el Papa Francisco se haya mostrado disponible de inmediato a conceder esta audiencia. Ha sido un encuentro muy cordial y amigable: el presidente Schneider ha felicitado al Papa por la elección y también le ha manifestado su alegría por el nombre elegido, ya que San Francisco de Asís, en realidad, pertenece a todas las Iglesias cristianas; ha manifestado también su participación en el dolor del Papa por las inundaciones que han golpeado a la Argentina y la esperanza de un buen futuro para el diálogo ecuménico.


En su respuesta, el Santo Padre ha ido de inmediato al nudo de la cuestión y ha hablado del testimonio común de los mártires, expresando su convicción de que si hoy somos perseguidos no es porque seamos católicos o protestantes, sino porque somos cristianos, y que esto nos une y representa, por lo tanto, un fundamento profundo de nuestra búsqueda ecuménica de la unidad. Luego ha retomado el concepto, muy estimado por Juan Pablo II, del ecumenismo de los mártires.


En la segunda parte del discurso el presidente Schneider ha hablado de la conmemoración, en el 2017, de la Reforma; ha dicho que no se trata de la glorificación de Lutero sino que – según las intenciones – deberá ser un “año de Cristo”. Ha expresado la esperanza de que también la Iglesia católica pueda participar. El Papa, con mucha cordialidad, haciendo referencia a la visita del Papa Benedicto al monasterio agustino de Erfurt, ha recordado que desea continuar por el camino indicado en aquella ocasión por el Papa Benedicto.

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¿En qué punto están los diálogos entre la Iglesia luterana y la Iglesia católica?


Nuestro interlocutor, obviamente, es la Federación luterana mundial: todos nuestros interlocutores son a nivel universal. En realidad, nuestro referente para la Iglesia evangélica en Alemania es la Conferencia episcopal alemana.


En lo que respecta al nivel universal, la Comisión internacional para el diálogo teológico con la Federación luterana mundial ha elaborado un documento sobre la conmemoración de la Reforma del 2017 bajo el título “From conflict to communion”, con tres puntos centrales: el primero, la gratitud y la alegría por lo que se ha verificado – en cuanto al acercamiento – en los últimos 50 años; el segundo, el reconocimiento de la culpa, referido al mal que en el curso de la historia nos hemos hecho mutuamente; y el tercero concierne a la esperanza de poder realizar nuevos pasos en el futuro. Este documento está listo, pero nosotros esperamos la traducción alemana antes de publicarlo.

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Volviendo a la conmemoración de la Reforma, en el 2017: ¿ha habido también una invitación al Papa para viajar a Alemania?


El presidente ha hecho una breve referencia: ciertamente, sería bello si también viniera el Papa… Es claro que el Papa no da todavía una respuesta porque Alemania es un país mientras que la Federación luterana es una entidad mundial…

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De la Iglesia evangélica a las Iglesias evangélicas, sobre todo a las Iglesias pentecostales: la Conferencia episcopal alemana tendrá aquí, en Roma, una conferencia a la cual ha sido invitado también usted. ¿En qué medida esto representa un desafío para la Iglesia católica en Alemania, o en general en los países de lengua alemana, si se los compara – por ejemplo – con América Latina?


Esta iniciativa se ubica todavía dentro de las competencias de mi predecesor, el cardenal Kasper, cuando era todavía obispo de Rottenburg-Stuttgart y guiaba la sección “Iglesia universal”. Ahora esta sección se ocupa intensamente desde hace tiempo de estos problemas y por eso organiza este congreso sobre el pentecostalismo; me han pedido asumir el patrocinio de esta iniciativa y tener la relación final. Estoy agradecido por esta iniciativa porque el pentecostalismo hoy es, desde un mero punto de vista numérico, la segunda realidad después de la Iglesia católica. Habría que hablar, por lo tanto, de una “pentecostalización” del cristianismo: es una situación completamente nueva para el ecumenismo. Y para mí es importante poder observar atentamente cómo este pentecostalismo se manifiesta en América Latina, en África, en Asia y en Europa para luego poder reflexionar sobre el modo en que se puede continuar y profundizar el diálogo ecuménico.

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¿Hay tal vez algunas dificultades, considerando el hecho de que no hay una unidad real en el frente de las Iglesias pentecostales, quiero decir, en el sentido de que no existe un referente propiamente dicho?


Ésta es la dificultad real: hay, de hecho, muchísimas comunidades y agrupaciones de este tipo. Es muy difícil establecer cómo llevar adelante este diálogo. Pienso que, desde el punto de vista del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, podemos en todo caso valorar esta situación sólo en colaboración con las Conferencias episcopales nacionales.

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Y desde el punto de vista teológico y pastoral, ¿qué preguntas hay que plantearse frente a estos grupos pentecostales?


La pregunta de fondo que debemos plantearnos obviamente es: “¿Por qué tantos fieles salen de nuestra Iglesia y se unen a estos grupos? ¿Qué es lo que los fascina?”. Esto implica también un examen de conciencia de nuestra parte sin, por otro lado, tomar los métodos de evangelización problemáticos realizados por estos grupos… Creo que las cuestiones teológicas principales se refieren al rol y al significado del Espíritu Santo en la teología, por lo tanto, la experiencia de fe en vista de la conciencia de la fe. Estos son desafíos decisivos. Junto a esto, hay luego agrupaciones fuertemente sincretistas, en las cuales se vuelve difícil encontrar todavía el fundamento cristiano.

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Fuente: Radio Vaticana


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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domingo, 7 de abril de 2013

“Obispo y pueblo”: Francisco y su diócesis de Roma

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Presentamos nuestra traducción de la interesante entrevista que el Cardenal Agostino Vallini, Vicario de Su Santidad para la Diócesis de Roma, ha concedido a L’Osservatore Romano en vísperas de la Santa Misa en que el Papa Francisco ha tomado posesión de la cátedra romana en la Basílica de San Juan de Letrán.

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En la tarde del 7 de abril – segundo domingo de Pascua, dedicado a la Divina Misericordia y llamado antiguamente in albis por el color blanco de las vestiduras de los nuevos bautizados – el obispo de Roma se sienta en su cátedra en Letrán. Y precisamente la relación decisiva del Papa Francisco con su diócesis ha estado en el centro del diálogo del cardenal vicario Agostino Vallini con quien escribe y con el director de nuestro periódico en vísperas de este momento importante. El purpurado ha tocado muchos temas: la maduración de la sensibilidad diocesana sobre todo después del Concilio Vaticano II, el significado de la renuncia al pontificado y la preciosa herencia de Benedicto XVI, el “milagro” del cónclave, el tiempo de la misión, el compromiso del clero en las 347 parroquias de la diócesis, el frente activo de la caridad en el momento ciertamente no fácil vivido por muchísimas personas y familias en la ciudad y en el país.

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La toma de posesión tiene lugar el domingo por la tarde, pero el Papa Francisco ha salido del cónclave sintiéndose ya plenamente obispo de Roma y ha querido que precisamente usted estuviese a su lado cuando se presentó a los fieles desde la Logia de las Bendiciones. ¿Qué ocurrió?


El cónclave es obra de Dios y ha sido un milagro. De esto estoy todavía más convencido después de haber vivido por primera vez esta experiencia de gracia. Se crea una atmósfera que hace que este momento sea único y distinto de cualquier otro acontecimiento humano. Se entra en el cónclave con la conciencia de una gran responsabilidad, que es la de contribuir a una obra de discernimiento, grande y compleja, para comprender y pedir al Señor la inspiración. Y luego se ora, se ora mucho. Yo, por ejemplo, el día de la elección, entre una votación y otra, he rezado tres veces el rosario. En la Sixtina no se habla ni se trata, se reza. Además, a este momento se llega después de días de reflexiones – ocho esta vez – y el tema no es el Papa sino la Iglesia, con todas sus realidades, bellas o menos bellas. Y se trata de una visión de la Iglesia universal. De modo casi especular se trata de comprender quién podría guiarla en este preciso momento histórico. El clima espiritual en el cual se ha desarrollado este cónclave ha estado marcado por momentos muy particulares, después de la renuncia de Benedicto XVI. Por lo tanto, había necesidad de la asistencia del Espíritu Santo. Y a mí me parece que el Señor se ha manifestado. También a través del entusiasmo de la acogida popular reservada al nuevo Pontífice: en este sentido, el sensus fidei que viene del pueblo ha sido una confirmación.

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¿Qué ha hecho más visible la obra de Dios en la elección del Papa Francisco?


Responder a esta pregunta implica algunas reflexiones profundas. En primer lugar, había que recoger una herencia preciosa y muy rica como la de Benedicto XVI, con el peso de las motivaciones que han acompañado su renuncia. Aquel 11 de febrero todos quedamos consternados. Desconcierto e incredulidad eran evidentes en los rostros de cada uno de nosotros. Se formaron inmediatamente grupos en los que se preguntaba qué había sucedido. Luego, poco a poco, se difundió aquel sentimiento de fe que nos une, alimentada sobre todo por la estima y por la devoción que acompañaba y acompaña la relación de cada uno de nosotros con Benedicto XVI: si ha hecho esto, nos decíamos, quiere decir que ha considerado que debía hacer algo importante para la Iglesia. Por lo tanto, la relectura de esta declaración, la reflexión sobre su magisterio, tan rico y fuerte, no podía más que hacer reflexionar sobre quién sería capaz de proseguir por esta línea e incluso darle nuevo y mayor vigor. Y así ha comenzado el intercambio de opiniones entre los cardenales. Luego, en la Capilla Sixtina, ha madurado el amplio consenso hacia Jorge Mario Bergoglio.

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¿Cuándo lo llamó el Papa?


Después de la elección, los cardenales van frente al elegido para manifestarle obediencia. En ese momento me dijo: “Usted es el cardenal vicario: ¿acepta estar cerca de mí?”. Naturalmente le respondí de inmediato que sí. Y pensaba que tal vez habría terminado allí. Luego me hizo llamar nuevamente y me dijo: “Venga, permanezca cerca de mí”.

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En poco más de medio siglo hemos pasado del último Papa romano al primero que viene del nuevo mundo, fuera del Mediterráneo, a través de Pontífices que han dedicado gran atención a la diócesis de Roma.


El surgimiento de la conciencia diocesana del pontificado en Roma se debe inicialmente a Juan XXIII, que trasladó el Vicariato a San Juan. Pablo VI acentuó esta conciencia no sólo con la reforma del Vicariato mismo sino también yendo a celebrar en las periferias, visitando parroquias y comunidades de la ciudad. Y luego Juan Pablo II ha visitado casi todas las parroquias. Pero no sólo: ha puesto en marcha y llevado a cabo la primera misión ciudadana, en preparación al año jubilar, y ha celebrado el Sínodo diocesano, del cual ha quedado como joya sintética una frase: “Iglesia de Roma, encuéntrate a ti misma fuera de ti misma; parroquia, encuéntrate a ti misma fuera de ti misma”. Y Benedicto XVI ha continuado en esta línea.

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¿Cómo será la relación entre el Papa Francisco y los romanos?


Que el Pontífice se siente en primer lugar obispo de Roma lo dicho y demostrado varias veces. En lo que respecta a los romanos, quiero contar un episodio reciente. El 23 de marzo estuve en la parroquia del Santísimo Sacramento en Tor de’ Schiavi, en la vía Prenestina. Al final de la Misa mucha gente me ha buscado en sacristía. He quedado sorprendido por la fuerza de su pedido: “¡Tráiganos al Papa!”. He tratado de hacerles entender que aún era pronto. Frente a su insistencia les he preguntado por qué y me han respondido: “No sabemos, pero lo queremos entre nosotros. Es una necesidad que sentimos en el corazón”. Esta es la dimensión de la relación que se ha creado con el Papa.

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Había dicho lo mismo a los jóvenes de Casal del Marmo que le preguntaban por qué había ido.


El Papa ha quedado asombrado. Estaba con él en el automóvil mientras se dirigía a Casal del Marmo. Ya apenas salió de la Puerta Santa Ana había una multitud extraordinaria esperándolo. Luego, a lo largo de todo el trayecto, dos filas de fieles han escoltado el paso del vehículo. Toda la vía Triunfal estaba invadida por gente que aplaudía y quería ver al Papa, al punto que hemos tenido que tener en todo los momento las ventanillas bajas. Y él seguía repitiendo: “Increíble, increíble”. No hay necesidad de muchos comentarios: Roma ya lo ama.

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¿El Papa querrá una relación más estrecha con los sacerdotes?


Sí, ya me lo ha pedido.

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¿Y habéis preparado un calendario?


No hemos tenido todavía tiempo para eso. Sin embargo, hemos concordado algunas fechas, como la visita a la parroquia de los santos Isabel y Zacarías el 26 de mayo. Luego se verá.

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¿Cuándo habéis hablado de todo esto?


Había pedido encontrarme con él ya algunos días después de la elección. Me llamó de inmediato. Era el 22 de marzo. Hemos hablado un largo rato y lo he informado sobre la realidad de la Iglesia de Roma, del espíritu de misión en las 347 parroquias de la diócesis, del servicio de los sacerdotes.

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Al propósito de esto, el Papa Francisco en los pasados días ha pedido explícitamente que las iglesias estén abiertas.


Es una confirmación de la impresión que he madurado escuchando las palabras del Papa Francisco en estos primeros días de pontificado. He sentido un fuerte impulso a nuestro compromiso pastoral por la ciudad. Hoy, como decía Juan Pablo II, no es ya tiempo de conservación de lo que existe sino que es tiempo de misión. El gran desafío es el de la fe. Ya no es posible presuponerla. Cada generación tiene necesidad de volver a proponer la fe. Hoy, en una ciudad como Roma, que no tiene ya un centro unificador, los únicos lugares de agrupación son las parroquias. Y yo puedo dar testimonio del gran trabajo que allí se lleva a cabo.

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El Papa Francisco ha recomendado a los sacerdotes salir de ellos mismos e ir hacia las periferias, entendiendo con esto los sufrimientos de los últimos, las pobrezas. ¿Los sacerdotes romanos están preparados?


Puedo asegurar que todos los sacerdotes que trabajan en las parroquias de la diócesis están preparados para hacer un ulterior esfuerzo de reflexión para buscar nuevos caminos y sobre todo un nuevo lenguaje para llegar hasta los así llamados nativos digitales. En lo que respecta a las periferias, creo poder dar testimonio de una de las más grandes alegrías de la Iglesia de Roma, es decir, la sensibilidad caritativa. El Papa invita a salir: los sacerdotes romanos ya lo hacen porque van al encuentro de los pobres, de los marginados. Al menos desde los tiempos de don Di Liegro, en Roma es fuerte esta conciencia. Aquí he descubierto la gran fuerza de la Caritas, no sólo la diocesana con sus grandes proyectos, sino la fuerza de la caridad. Y es una actividad en la cual confían tanto las instituciones públicas como los ciudadanos privados. Un pequeño signo de esta confianza está en la opción de destinar precisamente a la Caritas diocesana las monedas que son lanzadas por quienes vienen a Roma en la Fontana di Trevi. Las palabras de ánimo de nuestro obispo, por lo tanto, encuentran apoyo en la respuesta de los sacerdotes en su diócesis. En resumen, estamos en camino. Y en el próximo mes de septiembre el Papa Francisco se encontrará con sus sacerdotes al comienzo del nuevo año diocesano.

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Fuente: Il Sismografo


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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domingo, 17 de marzo de 2013

Benedicto y Francisco: dos Papas, una reforma

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Presentamos nuestra traducción del interesante análisis que el periodista alemán Peter Seewald, tan cercado al Papa Ratzinger – con el cual ha escrito tres libros-entrevista -, ofrece en este diálogo con un periódico italiano sobre la relación entre el nuevo pontificado del Papa Francisco y el del Papa emérito Benedicto XVI, ambos considerados por él “Papas reformadores”.

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Hay una línea precisa que une dos a Papas “reformadores”. Peter Seewald no tiene dudas. El escritor y periodista, biógrafo de Joseph Ratzinger, ha estado dividido, en las últimas semanas, entre la tristeza por el adiós del pontífice alemán y “la gratitud por todo lo que él ha hecho”.


Hoy, después de la elección de su sucesor, mira al futuro con la esperanza del hombre de fe. Jorge Mario Bergoglio seguirá aquel camino de renovación indicado por quien lo ha precedido. “Benedicto XVI ha purificado la nave de la Iglesia e instruido la tripulación. Francisco pondrá en movimiento los motores para hacerla proceder en el mar de nuestro tiempo”, explica el autor de “Luz del mundo” en esta entrevista al Corriere della Sera.

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¿Cómo juzga la elección hecha por el Cónclave?


Esta elección ha sido una sorpresa – y también no. Comienza algo nuevo. Para la Iglesia, pero también para el mundo. Con este pastor de alta espiritualidad se abre una nueva era. La decisión del colegio cardenalicio es la indicación más grande de un cambio de época.

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¿Cuáles han sido las razones de la convergencia sobre el nombre de Bergoglio?


Desde su primer gesto, la oración por Benedicto XVI, el nuevo Papa ha demostrado querer colocarse en el surco de su predecesor. También la elección del nombre lo confirma. Después de Benedicto, viene Francisco. Ambos son grandes, verdaderos reformadores de la Iglesia, cada uno en su época, cada uno a su modo. Una verdadera reforma no se mide, de hecho, sobre criterios terrenos, como sostienen hoy muchos medios de comunicación, sino que viene de la fe de la Iglesia misma.


Joseph Ratzinger es, por otro lado, un gran admirador de San Francisco, que estaba radicalmente opuesto al espíritu de su tiempo. Como cardenal me dijo en el 2000, durante nuestras conversaciones en Montecassino para el libro “Dios y el mundo”, que Francisco de Asís, en una gran crisis, había hecho algo decisivo: permanecer del lado de la Iglesia. El nombre de Francisco es ya un programa. La Iglesia, decía Ratzinger sobre aquel gran santo, tenía necesidad de una renovación carismática interna, de una nueva llama de Fe y no sólo del conocimiento de la administración y del orden político. Y esto vale también para hoy.

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¿Ha sido una derrota para los cardenales italianos?


No se trata de la victoria, o de la derrota, o de la prevalencia de un grupo particular. Era necesario encontrar a la mejor persona para el trabajo más difícil del mundo, se debía elegir al sucesor del apóstol Pedro. La elección de Bergoglio, que es de origen italiano, ha sido inteligente y sabia. Yo veo en él también una referencia a la patria de sus padres, la maravillosa Italia, al orgulloso catolicismo de este país, a la magnífica ciudad de Roma, sin la cual no sería el Vaticano la patria de todos los católicos del mundo.

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¿No existen diferencias entre Bergoglio y Ratzinger?


Ya la primera y muy sobria aparición del Papa Francisco ha dejado claro a todos que él quiere proseguir la obra de su predecesor, con su estilo y su carisma personal, pero con toda aquella humildad y sencillez que hemos aprendido a conocer de Benedicto XVI. Ahora es posible apreciar todavía mejor el gesto histórico de la renuncia.

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¿Cuáles serán las prioridades del nuevo Pontífice?


El Papa Benedicto ha preparado el terreno y abierto el camino. Francisco lo continuará, dando prioridad a la nueva evangelización, a la revelación del mensaje de amor y hermandad. Se podría decir, tal vez, que Juan Pablo II ha mantenido y estabilizado la nave de la Iglesia en medio de la tempestad. Benedicto XVI ha purificado esta nave, ha instruido la tripulación y la ha llevado sobre la ruta. Francisco pondrá en movimiento los motores para hacer proceder la nave en el mar de nuestro tiempo. No será fácil.

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¿Ha hablado recientemente con Benedicto XVI? ¿Dará todavía su contribución para delinear el futuro de la Iglesia?


Benedicto XVI se ha imaginado a sí mismo como el fin de lo antiguo y el comienzo de lo nuevo. Por así decir, ha construido un puente. No será un pensionado que se dedica al jardín. “Yo no desciendo de la cruz”, han sido sus palabras. Con la fe, la meditación y la oración nos ofrecerá un ejemplo de lo que tanta falta le hace hoy a la Iglesia y a todos nosotros. Y si bien ahora permanecerá en silencio, no olvidemos que a veces el silencio puede ser muy ruidoso.

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¿Todo esto será también de ayuda para el nuevo Papa?


He quedado muy impresionado por el hecho de que, desde el comienzo de su papado, en la logia de la Basílica de San Pedro, Francisco ha recogido tan directamente aquellas señales. La oración, el silencio profundo. No sabemos qué ocurrirá, pero es claro que es necesario crecer en la conciencia de vivir no sólo en la época después de Cristo, sino también una época antes de Cristo, como ha revelado el Evangelio. Yo veo este pasaje del Evangelio como un prólogo para el nuevo pontificado: “Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo”.

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Fuente: Il blog degli amici di Papa Benedetto XVI – Joseph Ratzinger


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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viernes, 22 de febrero de 2013

El Papa modifica los ritos litúrgicos de comienzo de Pontificado

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El pasado lunes 18 de febrero, en la audiencia concedida al Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, monseñor Guido Marini, Benedicto XVI ha aprobado, “con su Autoridad Apostólica”, algunas modificaciones al Ordo rituum pro ministerio Petrini initio Romae episcopi y ha dispuesto su publicación. Hemos pedido a Monseñor Marini que nos ilustre estas modificaciones y su significado.

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En primer lugar, ¿qué es el «Ordo rituum pro ministerii Petrini initio Romae episcopi»?


Como dicen las premisas al mismo Ordo en el n. 2, es el Ritual que “presenta las celebraciones previstas en tiempos diversos y en lugares vinculados a la sede episcopal de Roma en referencia a la cura pastoral de su Obispo sobre la entera grey del Señor”. Se trata, en otras palabras, del libro que contiene los textos litúrgicos usados en las celebraciones presididas por el nuevo Pontífice desde el momento del solemne anuncio de la Elección hasta la visita a la Basílica de Santa María la Mayor. El Ordo fue aprobado por Benedicto XVI, con Rescripto Ex audientia Summi Pontificis, el 20 de abril de 2005, al día siguiente de su elección como Sumo Pontífice. Debo decir que, en ese tiempo, la Oficina para las Celebraciones realizó, con competencia, un gran trabajo de estudio para la preparación y redacción del Ordo.

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El Pontífice, con las mismas modalidades, ha aprobado ahora algunas modificaciones. ¿Puede explicarnos el motivo de este acto?


Me parece poder identificar al menos dos. Sobre todo, el Santo Padre ha podido vivir en primera persona las celebraciones del comienzo de pontificado en el 2005. Aquella experiencia, con la reflexión posterior, probablemente sugirió algunas intervenciones con intención de mejorar el texto, en la lógica de un desarrollo armónico. En segundo lugar, con este acto, se ha querido proseguir en la línea de algunas modificaciones aportadas en estos años a las liturgias papales. Es decir, distinguir mejor la celebración de la Santa Misa de los otros ritos que no son estrictamente propios. Me refiero, por ejemplo, al rito de Canonizaciones, al del Resurrexit en el Domingo de Pascua y a la imposición del palio a los nuevos arzobispos metropolitanos.

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¿Qué ocurrirá en concreto?


Como ya he mencionado, tanto en la celebración para el inicio del ministerio del Obispo de Roma, como en la celebración para la toma de posesión de la Cátedra del Obispo de Roma en San Juan de Letrán, los ritos típicos serán colocados antes y fuera de la Santa Misa, y no ya dentro de ella.


En lo que respecta a la celebración del comienzo del ministerio del Obispo de Roma, el acto de la “obediencia” será realizado por todos los cardenales presentes en la concelebración. De este modo, ese gesto que en la Capilla Sixtina, inmediatamente después de la elección, es realizado por los cardenales electores, vuelve a tener una dimensión también pública y permanece abierto a todos los miembros del colegio cardenalicio, asumiendo al mismo tiempo un carácter de catolicidad. No se trata de una novedad, dado que todos recuerdan bien al comienzo del pontificado de Juan Pablo II el acto de obediencia realizado por todos los cardenales entonces presentes en la concelebración. Entre ellos basta pensar en las ya celebérrimas y conmovedoras fotografías que retratan el abrazo del Papa Wojtyla, tanto con el entonces cardenal Joseph Ratzinger, como con el cardenal Stefan Wyszyński.

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Entre los primeros actos del nuevo Obispo de Roma están previstas las visitas a las dos basílicas papales de San Pablo Extramuros y de Santa María la Mayor. ¿Ha sido dispuesto algún cambio al respecto?


A diferencia de lo que estaba indicado en el Ordo, el nuevo Pontífice podrá realizarlas cuando considere más oportuno, incluso a distancia de tiempo de la elección, y en la forma que considere más apropiada, sea una Santa Misa, la celebración de la Liturgia de las Horas, o un acto litúrgico particular como el actualmente prescrito.

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¿Ha sido contemplada alguna novedad también para la sección musical?


El actual Ordo, sin tener previstas otras posibilidades, indica un reportorio musical en su mayoría nuevo, compuesto con ocasión de la redacción del mismo Ordo. Conforme a lo dispuesto por Benedicto XVI con el presente acto, en cambio, se ofrece una mayor libertad en la elección de las partes cantadas, valorizando el rico repertorio musical de la historia de la Iglesia.

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Fuente: L’Osservatore Romano


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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miércoles, 20 de febrero de 2013

Don Bux: “La renuncia puede entenderse como un acto de gobierno que nos hace pensar en las divisiones internas ”

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Presentamos nuestra traducción de la entrevista que Asca ha realizado a Don Nicola Bux sobre el pontificado de Benedicto XVI, su decisión de renunciar al ministerio petrino y la elección del próximo Pontífice.

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A pocos días de la renuncia del Papa Ratzinger, Asca ha pedido al sacerdote amigo de Benedicto XVI expresar su pensamiento personal. De la arquidiócesis de Bari, Nicola Bux ha estudiado y enseñado en Jerusalén y en Roma. Profesor de liturgia oriental y de teología de los sacramentos en la Facultad Teológica de Puglia, y consultor de la revista teológica internacional Communio, Benedicto XVI lo ha nombrado perito en el Sínodo de los Obispos sobre la Eucaristía del 2005 y en el Sínodo sobre Medio Oriente cinco años después. Teólogo, de los más cercanos a Benedicto XVI sobre todo en materia litúrgica, Don Nicola Bux ha conocido a Joseph Ratzinger a mediados de los años ’80, cuando el actual Pontífice llegó a Roma desde Munich de Baviera para desarrollar el rol de Prefecto de Doctrina de la Fe. Cuenta Don Bux que “en aquel período he participado en los Ejercicios espirituales que Ratzinger predicaba a los sacerdotes de Comunión y Liberación”.

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¿Qué es lo que más le ha impresionado de él, cuáles son las afinidades intelectuales y teológicas entre vosotros?


Me han impresionado el espíritu de fe y el realismo; su “realismo” en mirar la realidad de la Iglesia y la del mundo. Me han impresionado estas cosas y también su modo de afrontar los problemas de manera razonable y no emotiva, con un sentir que está bien lejos tanto del “optimismo romántico” – como lo define el mismo Benedicto XVI – como del catastrofismo. Que es el modo en que un hombre de fe debe afrontar la vida.

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¿Cómo interpreta la decisión de la renuncia hecha por Benedicto XVI?


Sobre todo, para entender el gesto es necesario ponerse en una óptica de fe, no en una óptica mundana, que siempre tiende a contaminar también la Iglesia. Se han dado varias interpretaciones del gesto: desde la desacralización del papado hasta la revolución del poder eclesiástico, desde la democratización de la autoridad hasta la herida llevada al cuerpo eclesial, incluso intercambiando el pedido de perdón por sus defectos con la puesta en discusión de la infalibilidad pontificia… Pero las renuncias de Benedicto IX, Celestino V y Gregorio XII, ¿han producido todo esto? Ratzinger mismo ha profundizado en sus estudios que el primado petrino tiene una estructura martirológica: la responsabilidad del Obispo de Roma es absolutamente personal y no se puede diluir en la colegialidad episcopal, si bien interactúa siempre con ella. Es admirable la circunstancia del decreto de canonizaciones de los Mártires de Otranto.

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¿La responsabilidad de la que habla está vinculada con la “conciencia” a la que el Papa ha hecho siempre referencia, especialmente en sus batallas contra el relativismo contemporáneo?


Sí. Responsabilidad entendida en este sentido como la respuesta personal al Señor. Existe un límite insuperable de la conciencia, y existe no sólo para los creyentes sino para todos los hombres. ¿Recuerda al Grillo Parlante? Pinocho podía fingir que no estaba y finalmente arrojarle martillazos, pero continuaba hablando. Benedicto XVI ha profundizado este tema también refiriéndose al “Elogio de la conciencia” del Beato John Henry Newman, que en la carta al Duque de Norfolk propone un brindis por la conciencia y por el Papa. El ministerio petrino, a fin de cuentas, es la emergencia última del apelo a la conciencia de cada hombre.

En el discurso en latín pronunciado para anunciar al mundo su decisión, el Santo Padre dice claramente: “he examinado repetidamente mi conciencia ante Dios”. Respecto al relativismo contemporáneo que reduce la conciencia a hacer lo que se quiere, para nosotros está la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso. Es la voz de Dios. El único baluarte para preservar la dignidad del hombre en la relación con el mundo.

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El Papa se ha interrogado mucho y, por lo tanto, con gran sufrimiento espiritual. ¿Por eso usted habla de “estructura martirológica del primado petrino”?


Sí. El ministerio petrino tiene en sí una estructura martirológica que permite interrogarse continuamente, a conciencia, si aquello que se es y que se hace es adecuado a aquello que es inherente al ministerio de Romano Pontífice. Tal trabajo cotidiano puede convertirse en martirio. Éste es verdadero “martirio”. Seamos claros: la tarea de interrogarse es de todo ser humano. También el padre de familia debe preguntarse a sí mismo si se comporta adecuadamente por el bien de sus seres queridos. ¡Imagínese lo que quiere decir esto para un Sucesor de Pedro! Y luego hay algo de lo que es necesario darse cuenta…

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¿Qué?


Creo firmemente que aquello que cuenta en el realismo de este Papa es el no considerar como propiedad personal el ministerio, sino entenderlo como “servicio” al que ha sido llamado, para el cual se considera “siervo inútil” tal como ha dicho Jesús. Lo que importa es la sucesión apostólica siempre garantizada por el Espíritu Santo. El Papa, todo Papa, es un “anillo” en la “cadena” de la sucesión apostólica, desde Pedro hasta el final de los tiempos, cuando volverá el Señor. Teniendo presente esto, entonces se comprende muy bien que el Señor vela constantemente sobre la sucesión.

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El Papa es anciano, sus condiciones físicas están probadas. ¿Cuánto pueden haber incidido en la opción realizada?


Han incidido. Es cierto que el bienestar físico nunca ha sido un criterio de gobierno de la Iglesia. Nos lo ha mostrado Juan Pablo II. Pero con la pérdida de la salud disminuyen las capacidades de gobierno de la Iglesia que, aún siendo tarea del Papa, tendrían que ser ejercidas por otros cercanos a él. Si el Santo Padre hubiera razonado de este modo, habría disminuido aquel realismo del que siempre ha sido capaz.


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¿Usted quiere decir que el interrogar a la propia conciencia frente a Dios ha sido un modo de preguntarse si y cuánto fuese capaz de gobernar todavía la Iglesia de manera adecuada, sobre todo respecto al relativismo que Benedicto XVI ha combatido?


El relativismo ha generado una gran confusión, también en la Iglesia a nivel de doctrina y de pastoral. En mi opinión, la renuncia del Papa podría ser entendida como un acto de gobierno, una invitación a reflexionar sobre las divisiones, como mencionó en la homilía del Miércoles de Cenizas, y sobre la confusión provocada por ideas no católicas en la teología. Ha hecho, se diría, un paso atrás. Un paso atrás realizado para que la Iglesia pueda hacer dos pasos adelante.

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En pocas palabras, ha pensado en el bien de la Iglesia, como por otro lado ha dicho el lunes pasado, y no en sí mismo.


Permanecer escondido para el mundo, como el Señor después de la Ascensión, es el modo para estar todavía más presente en la Iglesia. Él es y seguirá siendo Benedicto XVI en la historia de la Iglesia, aun habiendo renunciado a ejercer el munus hasta la muerte.

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Muchos, comenzando por personas cercanas a Karol Wojtyla, han leído esta renuncia como un “bajarse de la Cruz”.


¿Usted ha visto la foto que ha dado vueltas por el mundo? ¿La de la cúpula de San Pedro con el rayo? Se ha dicho incluso que aquello era un signo de cólera divina por el acto del Santo Padre. ¿Y si se lo interpretase como un signo dirigido a todos nosotros? Así como el terremoto y la oscuridad sobre el Gólgota no estaban dirigidas al Hijo de Dios sino a los hombres que no lo habían reconocido como tal.

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¿Qué entiende por reforma de la Iglesia?


El concepto de reforma no debe ser entendido en la acepción protestante, o bien política, sino en la etimológica de “volver a dar forma”, volver a poner en forma. Hoy esto quiere decir corregir en la Iglesia las deformaciones de la liturgia que, como el Santo Padre ha observado varias veces, han llegado al límite de lo soportable; lo mismo a nivel moral… Y, en este sentido, el gesto del Papa es un acto de eficaz advertencia.

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¿Qué quiere decir gobernar hoy la Iglesia?


Quiere decir superar las divisiones internas provocadas sobre todo por los conflictos, incluso virulentos, sobre interpretaciones post-conciliares del Vaticano II. Benedicto XVI ha lanzado mensajes precisos en relación con la continuidad entre tradición e innovación, un mensaje que no puede ser desatendido de ninguna manera. El llamado a los católicos es a cerrar filas para superar unilateralidades y sectarismos.

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Benedicto XVI se ha esforzado mucho por la unidad de la Iglesia. Ha levantado la excomunión a la Fraternidad San Pío X, fundada por Monseñor Marcel Lefebvre, que sin embargo no ha sido readmitida plenamente en la Iglesia romana.


Es necesario continuar en este camino. También en esto el Santo Padre ha sido muy, muy paciente, en buscar la unidad: meta que se construye día a día. Ha sido y sigue siendo un ejemplo de caridad paciente hacia todos, como dice el Apóstol, y para el futuro Papa. Hasta que no se forme un solo rebaño bajo un solo pastor.

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¿Quién piensa que puede ser su sucesor? ¿Será un Papa italiano? ¿Un africano?


No quiero hacer previsiones. Lo que es cierto es que, como el mismo Ratzinger ha indicado, será una persona dotada de energía para llevar adelante la barca de Pedro. Una energía no sólo física y psicológica sino espiritual que viene de la Fe. Yo creo que es poco importante preguntarse quién vendrá después de él. En el Cónclave siempre hay algo que va más allá de las previsiones humanas. Si los cardenales se dejan guiar por la fe, el Espíritu Santo hará la opción más adecuada. El Papa no es el “dueño” de la Iglesia sino aquel que en primera persona debe rendir cuentas a Jesucristo del bien de toda la Iglesia.

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Está quien ha dicho que la renuncia del Pontífice ha sido un gesto de humildad.


Es necesario entender “humildad” en el sentido etimológico del término, que viene de humus, tierra. Humilde es aquel que está bien anclado en la tierra, en pocas palabras, un realista. Estamos todos llamados a ser humildes. En la fase final de muchos pontificados ha sido difundida la murmuración: el Papa ya no gobierna, lo hace su entorno… He aquí que cuando Benedicto XVI se ha dado cuenta de que ya no podía ejercer el ministerio de Supremo Pastor de la Iglesia universal, ha renunciado en plena conciencia y libertad por el bien de la Iglesia católica.

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Fuente: Il blog degli amici di Papa Ratzinger


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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