jueves, 16 de abril de 2009

A las puertas de la Pascua sin entrar aún del todo en ella

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Benedicto XVI

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AD MULTOS ANNOS, SANCTE PATER!


En el día en que nuestro Santo Padre Benedicto XVI cumple 82 años, elevamos a Dios una ferviente oración rogándole que continúe bendiciendo la vida de nuestro amado Papa, sosteniéndolo en su ministerio petrino y concediéndole las fuerzas necesarias para ser pastor manso y firme de su rebaño.


En esta feliz circunstancia, transcribimos un breve texto del libro “La sal de la tierra”, una conversación del entonces Cardenal Ratzinger con el periodista Peter Seewald, donde el actual Pontífice hablaba de la particular coincidencia entre el día en que nació y fue bautizado y la fiesta de la Pascua.

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Cardenal Ratzinger, usted nació en Marktl am Inn -Alta Baviera- un 16 de abril de 1927, en un Sábado Santo. ¿Eso se ajusta a su modo de ser?


Sí. A mí me alegra mucho haber nacido en ese día, en la vigilia de Pascua, cuando es ya inminente pero aún no es, aún está escondida. Además, me parece muy significativo porque indica lo que es mi propia historia en la realidad, lo que es mi situación personal: estar a las puertas de la Pascua, sin entrar todavía del todo en ella.

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Sus padres se llamaban José y María. Cuatro horas después de nacer, exactamente a las 8.30 de la mañana, sus padres le llevaron a bautizar. Debió ser un día muy agitado.


Yo no recuerdo nada, claro está. Mis hermanos me contaron que fue un día de una gran nevada, de mucho frío, a pesar de ser un 16 de abril. Pero eso no tiene nada de particular en Baviera.

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De todas formas, no deja de ser raro que le bauticen sólo cuatro horas después de nacer. ¿A qué tanta prisa?


Es cierto. Fue así de rápido -cosa que a mí me alegra sobremanera- porque coincidió con que era Sábado Santo. En aquella época todavía no se festejaba la noche pascual, se celebraba la Resurrección a primera hora de la mañana, con la bendición del agua que después serviría para los bautizos durante todo el año. Y como en la iglesia iba a tener lugar la Liturgia del Bautismo, mis padres se dijeron «bueno, ¡pues el chico ya está aquí!», «si le llevamos a la iglesia, le bautizarán con las primeras aguas bautismales.» Y así fue. A mí aún me emociona esa coincidencia de nacer a la misma hora en que la Iglesia preparaba el agua para los bautismos y el hecho de haber sido el primer bautizado con aquellas aguas bautismales recién bendecidas. Me sobrecoge esa coincidencia que me vincula con el tiempo pascual, y esa estrecha unión entre mi nacimiento y mi bautismo.

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miércoles, 15 de abril de 2009

Un lugar en la mesa

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cardinal-ricard

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El Jueves Santo, el Cardenal Jean-Pierre Ricard, arzobispo de Burdeos, recibió a todos los sacerdotes de su diócesis para la cena. Tomando en serio la reciente decisión del Papa (el levantamiento de la excomunión de los obispos de la FSSPX el 21 de enero), invitó a todos los sacerdotes católicos y a los priores que ejercen el ministerio dentro de la arquidiócesis de Burdeos y Bazas, incluyendo al prior de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X – siendo ésta la primera vez que éste último ha cenado con sus hermanos de la diócesis o de otras comunidades, especialmente con aquellos que dependen de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei.


El Cardenal recordó el discurso que hizo el Papa Benedicto XVI en Francia el pasado septiembre: “Nadie está de más en la Iglesia. Todos, sin excepción, han de poder sentirse en ella como en su casa, y nunca rechazados”.


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Fuente: Rorate Caeli


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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martes, 14 de abril de 2009

Elogio vaticano al documento del obispo de Lancaster

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Fit for Mission

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Hace algunos meses, hacíamos referencia a un interesante documento de Mons. O'Donoghue, obispo de Lancaster, en el que afirmaba que la Iglesia de Inglaterra y Gales estaba perdiendo su identidad católica. Ahora ha sido el Cardenal Antonio Cañizares, prefecto de la Congregación para el Culto Divino, quien ha elogiado el documento por aquellas partes en las que habla de la sagrada Liturgia.

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Otra importante figura vaticana ha intervenido para elogiar al excelente documento “Iglesia, ¿lista para la Misión?” del Obispo O'Donoghue. En esta ocasión, el Cardenal Cañizares Llovera, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, ha dicho:


“Esta Congregación está agradecida por la referencia que Su Ilustrísima hizo a las muchas ‘sombras’ que han obstaculizado la celebración de la Liturgia en los recientes años, y por su observación de la necesidad de que brille la luz de la obediencia particularmente en la celebración de la Liturgia, ya que los sacerdotes y el pueblo ‘no tienen una libertad ilusoria por la cual pensar que podemos hacer lo que queremos’” (“Iglesia, ¿lista para la Misión?”, p.54).


El Cardenal Cañizares expresó también la gratitud de la Congregación hacia el Obispo Patrick O’Donoghue por “insistir en que espera que todos dentro de su diócesis sigan las necesarias normas litúrgicas”.


Hablando del documento en su conjunto, el Cardenal dijo: “La consideración minuciosa de este documento, su competente presentación, y el deseo global de la publicación de Su Ilustrísima de tratar las cuestiones que la Iglesia afronta no sólo en la diócesis de Su Ilustrísima sino en toda Inglaterra, hacen de ‘Iglesia, ¿lista para la Misión?’ una lectura oportuna”.


El Obispo O’Donoghue dijo: “En las semanas que nos acercan a la publicación de mi nuevo documento ‘¿Listos para la Misión? Matrimonio: Un Curso de Preparación’, me han sido de gran aliento los elogios dados por el Cardenal Llovera a mi previo trabajo sobre la Liturgia. La Sagrada Liturgia es siempre la sangre vital de la Iglesia, y siempre debe ser tratada como un precioso encuentro entre la Vida de Dios y la vida de Su pueblo”.


“Mi preocupación es que en una Iglesia en la que muchos católicos no practicantes e incluso no creyentes se presentan a ellos mismos y presentan a sus hijos para la recepción de los Sacramentos – por la razón que sea – los Sacramentos no sean degradados ni tratados irrespetuosamente, sin importar si esto sucede sin intención”.

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Fuente: The hermeneutic of continuity


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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La siguiente frontera de los progresistas: un cristianismo ateo

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Christian_Atheism

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Por ahora, seguimos en el ámbito del moribundo protestantismo histórico (que no debe ser confundido con aquellas denominaciones protestantes carismáticas y pentecostales, rígidas y moralistas al límite del sectarismo, y en gran expansión). Pero la experiencia de los últimos cuarenta años nos enseña que el catolicismo no es inmune a las influencias (mejor dicho, a las “pulmonías”) que provienen del protestantismo, transmitidas por aquellos virulentos gérmenes patógenos que son teólogos progresistas, liturgistas iconoclastas, innovadores obstinados, etc. Quién sabe si llegaremos también nosotros a resultados como éstos.


¿De qué estamos hablando? En Holanda, un pastor protestante ateo (debería ser un oxímoron, ¿no es cierto?), que se había hecho conocer publicando un manifiesto ateo, invita al Sínodo general de su “Iglesia” (las comillas son nuestras) a abrir un debate sobre la existencia de Dios. Muchos miembros de la “Iglesia” estarían convencidos de la utilidad de un debate de este género, como escribe este pastor, Klaas Hendrikse, al secretario general de su “Iglesia”, el pastor Arjan Plaisier. De hecho, según una encuesta reciente, uno de cada seis miembros ya no cree en la existencia de Dios o no está seguro de ella.


El pastor Hendrikse recuerda que la “Iglesia” protestante se considera tradicionalmente muy abierta. Él explica que su convicción, según la cual Dios no existe, se ha reforzado. [Y ahora, disfruten de lo que sigue: ¡es increíble!]. Explica en su libro: “La inexistencia de Dios no es un obstáculo para mí sino una condición preliminar para creer en Dios. Yo soy un creyente ateo. Dios no es para mí un ser sino una palabra que designa aquello que puede existir entre las personas. Si, por ejemplo, una persona os dice `No te abandonaré´ y luego mantiene esta afirmación, sería absolutamente apropiado llamar a esto Dios”. (ProtestInfo/eni: fuente Journal Chrétien).


La posición de este pastor está lejos de ser algo aislado: un caso asombroso ha ocurrido en Dinamarca, donde un pastor de la Iglesia de Estado, Thorkild Grosboll, ateo declarado, continuó ejerciendo su “ministerio” a pesar de que la obispa intentó removerlo. Sus afirmaciones para nada ambiguas son del estilo: “Dios pertenece al pasado. Está realmente tan fuera de moda que me sorprende que la gente moderna pueda creer en su existencia. Estoy totalmente harto de palabras vacías sobre milagros y vida eterna” (Ude og Hjemme, 24, 2005: fuente: wikipedia). Miren el argumento: Dios es una cosa pasada y fuera de moda. Esto nos recuerda “Las cartas del Diablo a su sobrino” de C.S. Lewis: el anciano diablo Escrutopo enseña al joven demonio Orugario que no es necesario perder tiempo convenciendo a los hombres de que Dios no existe: ¡la verdad no le interesa a nadie! Es mucho más útil hacer creer que el ateísmo está acorde con los tiempos, está de moda, es la convicción de las personas correctas y desenvueltas… Precisamente aquello que piensa el pastor Thorkild.


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Fuente: Messainlatino.it


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo


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domingo, 12 de abril de 2009

¡Feliz Pascua de Resurrección!

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Resurrección

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"Desde la aurora de Pascua una nueva primavera de esperanza llena el mundo; desde aquel día nuestra resurrección ya ha comenzado, porque la Pascua no marca simplemente un momento de la historia, sino el inicio de una condición nueva: Jesús ha resucitado no porque su recuerdo permanezca vivo en el corazón de sus discípulos, sino porque Él mismo vive en nosotros y en Él ya podemos gustar la alegría de la vida eterna.


Por tanto, la resurrección no es una teoría, sino una realidad histórica revelada por el Hombre Jesucristo mediante su «pascua», su «paso», que ha abierto una «nueva vía» entre la tierra y el Cielo (cf. Hb 10,20). No es un mito ni un sueño, no es una visión ni una utopía, no es una fábula, sino un acontecimiento único e irrepetible: Jesús de Nazaret, hijo de María, que en el crepúsculo del Viernes fue bajado de la cruz y sepultado, ha salido vencedor de la tumba. En efecto, al amanecer del primer día después del sábado, Pedro y Juan hallaron la tumba vacía. Magdalena y las otras mujeres encontraron a Jesús resucitado; lo reconocieron también los dos discípulos de Emaús en la fracción del pan; el Resucitado se apareció a los Apóstoles aquella tarde en el Cenáculo y luego a otros muchos discípulos en Galilea.


El anuncio de la resurrección del Señor ilumina las zonas oscuras del mundo en que vivimos. Me refiero particularmente al materialismo y al nihilismo, a esa visión del mundo que no logra transcender lo que es constatable experimentalmente, y se abate desconsolada en un sentimiento de la nada, que sería la meta definitiva de la existencia humana. En efecto, si Cristo no hubiera resucitado, el «vacío» acabaría ganando. Si quitamos a Cristo y su resurrección, no hay salida para el hombre, y toda su esperanza sería ilusoria. Pero, precisamente hoy, irrumpe con fuerza el anuncio de la resurrección del Señor, que responde a la pregunta recurrente de los escépticos, referida también por el libro del Eclesiastés: «¿Acaso hay algo de lo que se pueda decir: "Mira, esto es nuevo?"» (Qo 1,10). Sí, contestamos: todo se ha renovado en la mañana de Pascua. «Mors et vita / duello conflixere mirando: dux vitae mortuus / regnat vivus» - Lucharon vida y muerte / en singular batalla / y, muerto el que es Vida, / triunfante se levanta. Ésta es la novedad. Una novedad que cambia la existencia de quien la acoge, como sucedió a lo santos."


Del Mensaje Urbi et Orbi pronunciado hoy por Su Santidad Benedicto XVI.

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Desde esta Buhardilla, queremos desear a todos nuestros lectores y bloggers amigos que la alegría del Señor Resucitado sea siempre su fortaleza y que esta novedad, "que cambia la existencia de quien la acoge", los renueve interiormente en estas fiestas pascuales.


¡Feliz Pascua de Resurrección!

jueves, 9 de abril de 2009

En el corazón del misterio de la salvación

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Benedicto XVI

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Entrevista que Monseñor Guido Marini ha concedido a L’Osservatore Romano sobre las celebraciones litúrgicas del Sacro Triduo Pascual presididas por Su Santidad Benedicto XVI.


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¿Puede indicarnos un tema de fondo, la idea guía del sacro triduo 2009?


Está en una frase del Evangelio de Juan: “Los amó hasta el extremo” (13, 1). Los ritos litúrgicos de la Semana Santa nos conducen al corazón del misterio de la salvación, al centro del designio providencial mediante el cual Dios ha querido salvar a la humanidad. Cada celebración, con la modalidad propia del signo litúrgico, hecho de palabras, gestos, silencios, imágenes, música y canto, intenta conducir a la contemplación dolorosa del misterio de la miseria humana. Éste último, a su vez, es iluminado por el misterio de la infinita misericordia del Salvador: sólo en Cristo resucitado de la muerte, “camino, verdad y vida”, encuentra luz el misterio del hombre. Todo debe dejar revelar la belleza del rostro de Dios, cuyos rasgos son la verdad y el amor, la Verdad que es Amor: “los amó hasta el extremo”.

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¿Qué consecuencias pueden tener estas consideraciones para los fieles, en lo cotidiano de cada día?


De la contemplación somos conducidos a la práctica de la vida: porque la mirada atenta al desarrollo del misterio de la salvación es auténtica en la medida en que cada uno recorre, en la propia existencia cotidiana, el paso del pecado a la gracia, de la lejanía de Dios a la cercanía con Él, de la mediocridad a la santidad.

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¿De eso se trata la actualidad de la Pascua?


Diría que sí. En virtud de la celebración litúrgica, el misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor no es sólo un hecho de la historia pasada sino también un acontecimiento para el hoy de cada hombre y al que todos pueden llegar para tener en don la vida. Cristo, resucitado de la muerte, es el Viviente.

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A un mes del viaje del Papa a Tierra Santa, también se muestra evidente la referencia a los lugares de la Encarnación, con un doble gesto.


Es costumbre que las colectas recogidas en la Misa crismal del Jueves santo sean entregadas para brindar ayuda a alguna realidad necesitada. Para este año, ha sido elegido la comunidad católica de Gaza.


Además, debe añadirse que en el Vía Crucis del Coliseo, los últimos dos en tomar la gran cruz de madera serán dos frailes de la Custodia franciscana de Tierra Santa.

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Vayamos al calendario de las celebraciones. Se inicia el jueves 9 de abril, por la mañana, con la Misa crismal en la basílica de San Pedro. ¿Cuáles son las peculiaridades de este rito particularmente importante para los sacerdotes?


Con Benedicto XVI concelebrarán 1600 sacerdotes del clero secular y religioso de la diócesis de Roma y de los colegios romanos. En esta circunstancia, renovarán las promesas sacerdotales.


Además, serán bendecidos los óleos de los catecúmenos y de los enfermos y el crisma. La presentación del óleo de los catecúmenos estará acompañada por algunos neófitos que serán bautizados la noche de Pascua; la presentación del óleo de los enfermos por enfermos que recibirán el sacramento de la Unción; la del crisma por jóvenes confirmandos y por dos diáconos que pronto serán ordenados sacerdotes.


Tres de las ánforas que contienen los óleos son de Mario Toffetti, al cual se debe también la fuente bautismal usada para la Vigilia Pascual y para los bautismos en la Capilla Sixtina. El óleo para la celebración es ofrecido por la cooperativa “Arte y alimentación SL” de Castelserás en España; la esencia perfumada para el crisma, por el consorcio del Bergamotto, de Reggio Calabria. Al final de la Misa, los óleos serán llevados a San Juan de Letrán donde serán distribuidos a los sacerdotes de la diócesis de Roma para la administración de los sacramentos durante el año.

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Y en la catedral de Roma, el Papa celebrará la Misa en la Cena del Señor, destinando la colecta a los católicos de Gaza. Además del gesto del lavatorio de los pies, ¿cuáles serán las otras características de esta celebración?


Benedicto XVI se sentará en la cátedra papal: la de San Juan es, de hecho, la cátedra propia del obispo de Roma. El Pontífice, además, realizará el gesto del lavatorio de los pies a doce sacerdotes, canónigos lateranenses. Por lo tanto, se vuelve a proponer el mismo gesto de Jesús a los apóstoles, revelación del misterio de Dios y signo de donación total de la vida. Además, como es costumbre, Benedicto XVI distribuirá la Comunión a algunos miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede. Al final, se realizará la breve procesión con la reposición del Santísimo Sacramento en el altar de la capilla de San Francisco.

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Son dos las citas para el viernes 10: primero, en la basílica Vaticana, para la celebración de la Pasión del Señor; luego, en el centro de Roma, para el sugestivo Vía Crucis en el Coliseo. ¿Qué es lo que une estos dos momentos?


La centralidad de la cruz. La suave iluminación de la basílica será el signo del clima penitencial de la primera celebración. Al inicio, Benedicto XVI se arrodillará algunos minutos frente a la cruz, rezando en silencio, en signo de pedido de perdón y de penitencia; luego, mostrará la cruz, presentándola para la adoración de los fieles y la besará quitándose los zapatos, siempre en signo de penitencia. El crucifijo, austero y artístico, que será usado para la ostensión se remonta al pontificado de León XIII. El relato de la Pasión será cantado por tres diáconos con la participación de la Capilla Sixtina. La homilía será realizada por el predicador de la Casa Pontificia, el capuchino Raniero Cantalamessa.


La sede papal, como ya ha sucedido en otras ocasiones, será colocada frente a la estatua de San Pedro, en la nave central de la basílica. Los cardenales diáconos que asistirán al Pontífice son Stanislaw Rylko y Giovanni Lajolo.


En cuanto al Vía Crucis, ya es conocido que los textos han sido preparados por el obispo salesiano de Guwahati, monseñor Thomas Menamparampil. Podemos añadir que las imágenes del libro para que utilicen los fieles son un producto típico del arte indio. Su autora es Sor Marie Claire Naidu, de la iglesia de la Asunción de la Santísima Virgen María, en Bangalore.


En el anfiteatro, las antorchas que son llevadas junto a la cruz serán portadas por dos jóvenes de la diócesis de Roma; mientras que la cruz pasará por las manos del cardenal vicario, Agostino Vallini, de una familia, de dos religiosas indias y de una joven india, de un discapacitado, de dos niñas de África, de un enfermo en silla de ruedas acompañado por dos asistentes, y de los nombrados frailes de Tierra Santa.

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El sábado a la noche, a las 21 hs., la Vigilia Pascual en la basílica Vaticana, que san Agustín llamaba la “madre de todas las vigilias”. ¿Algún detalle más?


El inicio de la celebración tendrá lugar en el atrio frente a la basílica, donde tendrá lugar el rito de la bendición del fuego y del encendido del cirio pascual, preparado como de costumbre por la Comunidad del camino neocatecumenal. En la basílica, el paso de la oscuridad a la luz simbolizará el ingreso de la Luz que es Cristo, camino, verdad y vida, en el mundo tenebroso del pecado, de la soledad y de la muerte. EL Papa administrará el Bautismo, la Confirmación y la primera Comunión a cinco catecúmenos adultos preparados por el Vicariato de Roma: dos hombres y tres mujeres, entre los cuales una china de cincuenta y seis años. Los cinco recibirán la Comunión bajo las dos especies de pan y vino, Cuerpo y Sangre del Señor. La colocación de la pila bautismal de Toffetti en el centro, a los pies de la Confesión, junto con el cirio pascual, intenta subrayar también la importancia simbólica de la fuente bautismal, en la Liturgia de la Vigilia Pascual.

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Terminamos con la Pascua de Resurrección y con las novedades ya mencionadas para los fieles que encontrarán la plaza San Pedro adornada, como es costumbre, con las flores ofrecidas por los holandeses.


Al inicio de la celebración, está previsto el rito del Resurrexit con la apertura de la imagen del Resucitado. Se trata del nuevo Acheropita, un ícono realizado prestando la debida atención al prototipo medieval. El nuevo ícono, como el antiguo, está constituido por la imagen del Salvador –sentado en el trono – con dos puertas laterales. Este año, para una mayor adhesión al significado original de este rito (que antiguamente era realizado antes y fuera de la Misa, en la basílica lateranense, desde donde el Papa procedía procesionalmente hasta Santa María la Mayor donde celebraba la Eucaristía), el rito es colocado antes del inicio de la celebración.


El Papa, además, realizará el rito de la aspersión en recuerdo del bautismo como acto penitencial que introduce a la celebración de los Santos Misterios del Señor; y, a diferencia de los años pasados, realizará una breve homilía.


Al final, al término de la Misa – asistido por los cardenales Agostino Cacciavillan, protodiácono, y Julián Herranz – impartirá como de costumbre la bendición urbi et orbi desde la logia central de la basílica Vaticana.


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Fuente: L’Osservatore Romano


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo


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miércoles, 8 de abril de 2009

El Triduo Pascual: notas históricas

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triduo

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Traducción del artículo publicado por el Padre Matias Augé sobre la historia del Sagrado Triduo Pascual.


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Los primeros testimonios explícitos de la celebración anual de la Pascua son de la mitad del siglo II y provienen de las Iglesias de Asia Menor que celebraban la Pascua el 14 de Nisán, día en que los judíos tenían prescrito inmolar los corderos. Estos cristianos, llamados precisamente “cuartodecimanos”, convencidos de que la muerte de Cristo había sustituido el Pesah judaico, celebraban la Pascua ayunando el 14 de Nisán y terminaban el ayuno con la celebración eucarística que tenía lugar al final de la vigilia nocturna entre el 14 y el 15 de Nisán. Las otras iglesias, guiadas por Roma, celebraban la Pascua el domingo después del 14 de Nisán.


Eusebio de Cesarea (+ 339-490) nos informa en su Historia Eclesiástica (5, 23-25) que esta diversidad de fechas provocó una seria controversia entre Roma y las Iglesias del Asia Menor, polémica que llegó a su culmen en tiempos del papa Víctor (193-203). La controversia no consistía en el dilema de si la Pascua recuerda la muerte o si en cambio recuerda la resurrección de Cristo sino en el dilema de si la Pascua debía ser celebrada en el día de la muerte o en el día de la resurrección de Cristo. Es de notar que, en el curso del siglo III, se impone la fecha dominical de la Pascua.


Las más antiguas fuentes que testimonian la celebración anual de la Pascua provienen del área del Asia Menor y son: la Epístola de los Apóstoles, texto apócrifo escrito en torno al 150; la homilía Sobre la Pascua de Melitón de Sardes, del año 165 aproximadamente; una homilía Sobre la Santa Pascua de un Anónimo cuartodecimano de fines del siglo II; más otros textos menores. En estos documentos, la celebración de la Pascua se presenta esencialmente como un ayuno riguroso, generalmente de dos o tres días, seguidos de una asamblea nocturna de oración y lecturas (aparece la lectura de Ex. 12: la inmolación del cordero pascual), concluida luego por la celebración eucarística.


En Occidente, los testimonios sobre las celebraciones pascuales son escasos en los primeros cuatro siglos; luego, en cambio, en los siglos V-VII, son más abundantes. San Ambrosio (+397) y san Agustín (+430) hablan del “triduo sacro” (o “sacratísimo”) para indicar los días en que Cristo ha sufrido, ha reposado en el sepulcro y ha resucitado. En cuanto a la celebración del Triduo sacro en Roma, cerca del año 416, una carta del papa Inocencio I al obispo Decenzio de Gubbio, aunque no habla de “triduo”, menciona una celebración especial de la pasión el viernes y de la resurrección el domingo, y también el ayuno del viernes y del sábado. Este mismo documento testimonia que el jueves antes de Pascua no hacía referencia alguna al Triduo sacro pero era el día de la reconciliación de los penitentes. Luego, en el siglo VII, la reconciliación de los penitentes es insertada en el marco de una Misa matutina celebrada en los Títulos romanos (cfr. Sacramentario Gelasiano, nn. 352-367). El mismo Gelasiano (nn. 391-394) es testigo de una segunda Misa, que inicia desde el ofertorio, celebrada en la tarde del jueves en los Títulos, cuyo tema central es la doble “entrega” (= traditio): la entrega que Judas hace de Jesús a sus enemigos, y la entrega que Jesús hace de sí mismo a los discípulos en la Eucaristía. En la Basílica lateranense, en cambio, el Papa celebra a mediodía una Misa conmemorativa de la Cena del Señor, en el curso de la cual son bendecidos el crisma y los oleos (cfr. Gelasiano, nn. 375-390; Gregoriano nn. 328-337).


El Pontifical Romano-germánico del siglo X conoce sólo la Misa crismal (n. XCIX, 222) y la de la tarde (n. XCIX, 252) anticipada ya a la hora tercia, y coloca la reconciliación de los penitentes antes de la Misa crismal (n. XCIX, 224). Los libros litúrgicos del siglo XIII y el Misal Romano pos-tridentino de 1570 tienen sólo el formulario correspondiente a la Misa que recuerda la institución eucarística. La confección del crisma y la bendición de los óleos tienen lugar en las catedrales y son reportadas por los Pontificales (cfr. Pontifical Romano de 1596, Parte III). En el siglo XVI, la única Misa del Jueves santo ya ha sido anticipada a la mañana. Con respecto a la conservación y adoración del Santísimo Sacramento en el Jueves santo, las primeras manifestaciones las encontramos en los siglos XII-XIII (recordemos que en 1264 Urbano II instituyó la fiesta del “Corpus Domini”). La centralidad que progresivamente adquiere la adoración de las especies sacramentales en la piedad del pueblo cristiano es uno de los elementos decisivos que hará del Jueves santo un día del Triduo sacro.


El Viernes santo en Roma, en el siglo V, según las homilías de san León y la ya citada carta del papa Inocencio I, se celebra exclusivamente una liturgia de la Palabra. A mitad del siglo VII, la liturgia papal nos ha transmitido sólo las oraciones solemnes que pertenecen a la liturgia de la Palabra (cfr. Gregoriano, nn. 338-355). En la misma época, en las iglesias presbiterales de los Títulos, la liturgia de la Palabra es unida a la adoración de la Cruz y a la comunión de todos los participantes con pan y vino consagrados el día anterior (cfr. Gelasiano, nn. 395-418). En los libros litúrgicos de la alta Edad Media, la comunión no es practicada siempre. En los libros litúrgicos del siglo XIII, está prescrita sólo la comunión del Pontífice. Surgirá así la costumbre que reservará la comunión únicamente al presidente de la celebración. Esta norma pasa al Misal de Pío V de 1570 y permanece en vigor hasta la reforma de Pío XII de 1956, que permitirá de nuevo la comunión de todos los participantes.


El Sábado santo fue originariamente un día alitúrgico, dedicado a la oración, a la penitencia y al ayuno.


Momento culminante y núcleo del que ha nacido el Triduo Sacro es la Vigila pascual. En el siglo VII, tiene una rica estructura ritual basada en tres elementos fundamentales: celebración de la Palabra, celebración del bautismo y celebración eucarística (para la liturgia papal: Gregoriano, nn. 362-382; para la liturgia de los Títulos presbiterales: Gelasiano, nn. 425-462). Es de notar que la liturgia de los Títulos inicia con el encendido y bendición del cirio pascual, rito que es acogido sólo más tarde en la liturgia papal. La celebración de la Vigilia tiende cada vez más a anticiparse a las horas de la tarde hasta que con el Misal de Pío V de 1570 es fijada en la mañana del sábado. En este contexto, aparece y se consolida la Misa del domingo de Pascua: el Gelasiano (nn. 463-467) y el Gregoriano (nn. 383-391) ofrecen cada uno un formulario dominical en el cual la resurrección es presentada como parte del único misterio pascual. Las fuentes posteriores hablarán ya de domingo “de Resurrección”. Respecto al ordenamiento de las lecturas bíblicas de la Vigilia pascual, los autores no están de acuerdo en la interpretación de los datos provistos por los antiguos Leccionarios y Sacramentarios. Según la opinión más común, la antigua liturgia romana conocía dos esquemas de lecturas: uno que forma parte del Gregoriano (nn. 36-372) con cuatro lecturas del Antiguo Testamento más dos del Nuevo, y otro que forma parte del Gelasiano (nn. 431-443) con diez lecturas del Antiguo Testamento más dos del Nuevo. Posteriormente, en el Misal Romano de 1570, las lecturas llegarán a ser hasta doce del Antiguo Testamento más dos del Nuevo. La reforma de Pío XII de 1956 reduce las lecturas y conserva las dos del Nuevo (Col. 3, 1-4; Mt. 28, 1-7).


El Triduo Sacro forma parte de lo que hoy llamamos Semana Santa, la cual tenía ya en los siglos VI-VII su propia personalidad celebrativa, cuyo núcleo central es la pasión del Señor, tema que en los antiguos Sacramentarios da el nombre al domingo que precede al de Pascua. El rito de los Olivos, que en Jerusalén caracterizaba este domingo en la segunda parte del siglo IV, llegará a Roma sólo a fines del siglo X.


Concluyendo, notamos que en el progresar del medioevo se verifican algunos desarrollos en la celebración del Triduo Sacro que resquebrajarán cada vez más la armonía y unidad primitivas. Se verifica sobre todo una cierta descomposición de la unidad teológica de la pasión-muerte-resurrección en beneficio de la pasión-muerte del Señor que, entre otras cosas, se puede “representar” mejor. Surge además una tendencia a hacer la liturgia drama sagrado en la misma acción litúrgica y en las manifestaciones folklóricas que la acompañan y prolongan.


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Fuente: Messainlatino.it


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo


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domingo, 5 de abril de 2009

Vivir la verdad del misterio de la cruz

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Domingo de Ramos_ Benedicto XVI

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"La palabra sobre el grano de trigo muerto forma parte de la respuesta de Jesús a los griegos, es su respuesta. Luego, sin embargo, Él formula una vez más la ley fundamental de la existencia humana: `Quien ama la propia vida, la pierde, y quien odia la propia vida en este mundo, la conservará para la vida eterna´ (Jn. 12, 25). Quien quiere tener su vida para sí mismo, vivir sólo para sí, estrechar todo a sí mismo y explotar todas las posibilidades – ese, precisamente, pierde la vida. Ésta se hace aburrida y vacía. Sólo en el abandono de uno mismo, sólo en el don desinteresado del yo en favor del tú, sólo en el “sí” a la vida más grande, propia de Dios, también nuestra vida se hace amplia y grande. De este modo, este principio fundamental, que el Señor establece, en última instancia es simplemente idéntico al principio del amor. El amor, de hecho, significa salir de uno mismo, donarse, no querer poseerse a uno mismo sino más bien hacerse libre de uno mismo: no replegarse sobre sí mismos – qué será de mí - sino mirar hacia delante, hacia el otro – hacia Dios y hacia los hombres que Él me envía. Y este principio del amor, que define el camino del hombre, es una vez más idéntico al misterio de la cruz, al misterio de la muerte y de la resurrección que encontramos en Cristo. Queridos amigos, es tal vez relativamente fácil aceptar esto como gran visión fundamental de la vida. En la realidad concreta, sin embargo, no se trata de reconocer simplemente un principio sino de vivir su verdad, la verdad de la cruz y de la resurrección. Y por esto, de nuevo, no basta una única gran decisión. Es sin duda importante atreverse a la gran decisión fundamental, atreverse al gran “sí” que el Señor nos pide en cierto momento de nuestra vida. Pero el gran “sí” del momento decisivo de nuestra vida - el “sí” a la verdad que el Señor nos pone delante – debe luego ser cotidianamente reconquistado en las situaciones de todos los días en las que, siempre de nuevo, debemos abandonar nuestro yo, ponernos a disposición, cuando en el fondo quisiéramos, en cambio, aferrarnos a nuestro yo. A una vida recta pertenece también el sacrificio, la renuncia. Quien promete una vida sin éste don siempre nuevo de sí, engaña a la gente. No existe una vida exitosa sin sacrificio. Si echo una mirada retrospectiva sobre mi vida personal, debo decir que precisamente los momentos en los que he dicho “sí” a una renuncia, han sido los momentos grandes e importantes de mi vida".


De la homilía pronunciada hoy por el Santo Padre Benedicto XVI, en la Santa Misa de Domingo de Ramos en la Pasión del Señor.

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sábado, 4 de abril de 2009

El cuidado en las traducciones de los textos litúrgicos

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Todos sabemos de la importancia que reviste para la liturgia que los textos que se utilizan en la distintas ceremonias estén debidamente elaborados, tanto desde el punto de vista teológico como del estético. En esto juegan un papel fundamental los traductores a las diversas lenguas.


La instrucción Liturgiam authenticam aclara que “las traducciones no deben extender o restringir el significado del término original y los términos que recuerden motivos publicitarios o que tienen tonos políticos, ideológicos o semejantes, deben evitarse. Los manuales de estilística para composición vernácula, de corte académico y profano, no deben ser utilizados acríticamente, ya que la Iglesia posee temas muy específicos y un estilo de expresión apropiado para cada uno de ellos. La traducción es un esfuerzo de colaboración dirigido a mantener la mayor continuidad posible entre el original y los textos en las lenguas vernáculas. El traductor no debe poseer solamente capacidad técnica, sino también confianza en la divina misericordia y espíritu de oración, así como prontitud para aceptar, de buena gana, la revisión de su trabajo por parte de otros” (ver la síntesis oficial de la instrucción).


The Catholic Messenger informa de un nuevo nombramiento en la comisión encargada de la traducción de los textos litúrgicos a la lengua inglesa (ICEL). Se trata de la designación del P. Andrew Wadsworth como secretario general de la misma. Durante años, esta comisión ha sido muy criticada por el enfoque y los resultados de sus traducciones. He aquí la noticia:


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Un sacerdote inglés con afinidad por la forma extraordinaria de la Misa ha sido nombrado secretario general de la International Commission on English in the Liturgy (ICEL). El nombramiento pone de relieve la transformación de una agencia que en un momento fue la cruz de los católicos conservadores en el mundo de habla inglesa.


El Padre Andrew Wadsworth, sacerdote de la arquidiócesis de Westminster, comenzará su trabajo con la ICEL en septiembre. Lingüista consumado, guiará el proceso de culminación de la nueva traducción de la ICEL al Misal Romano. Su nombramiento, anunciado el 30 de marzo, llega con la aprobación de la Congregación vaticana para el Culto Divino.


La ICEL es un organismo internacional supervisado por las conferencias episcopales de las naciones de habla inglesa, que proporciona las traducciones para los textos litúrgicos oficiales, publicados originalmente en latín. Cuando los textos son aprobados por las distintas conferencias episcopales y autorizados por el Vaticano, estas traducciones se convierten en los textos autorizados en inglés.


Durante años, la ICEL fue blanco de duras críticas por parte de los católicos de mentalidad tradicionalista, quienes denunciaban que la comisión estaba realizando cambios injustificados en los textos originales. Haciendo uso de un enfoque conocido como “equivalencia dinámica”, los traductores de la ICEL frecuentemente eliminaban palabras o incluso frases de los textos en latín, o los sustituían por términos propios que no se ajustaban al lenguaje original. Los críticos de los traductores denunciaban que el acercamiento de la ICEL minimizaba consistentemente la “dimensión vertical” o el sentido de asombro en la Liturgia, y acentuaba un acercamiento más popular, políticamente correcto.


Los reclamos en torno a las traducciones de la ICEL se hicieron más agudos en los ’90, con un acalorado debate acerca del uso del lenguaje “inclusivo”, que quitaba de la Liturgia los pronombres de género específico. El Vaticano advirtió contra la eliminación de referencias proféticas a Jesús y a la Paternidad de Dios.


En el 2001, la marea comenzó a cambiar, con la publicación de la instrucción vaticana Lithurgiam Authenticam, que puso énfasis en que las traducciones de los textos litúrgicos deben adherir cercanamente al sentido y a las palabras de los originales latinos. Reconociendo el particularmente vigoroso debate sobre las traducciones litúrgicas en los países de habla inglesa, el Vaticano también estableció una nueva comisión de prelados, la comisión Vox Clara, para la revisión del trabajo de los traductores de la ICEL.


Estos movimientos del Vaticano, provocaron una serie de cambios en la composición de la ICEL y en el enfoque utilizado para las traducciones litúrgicas. La nueva traducción de la Misa por parte de la ICEL, que está cerca de su culminación, ha encontrado dura oposición en los católicos liberales, quienes en su momento eran los principales defensores del trabajo de la ICEL.


La designación del Padre Wadsworth – quien en un momento fue oficial de la Latin Mass Society, y que ha sido prominente en la colaboración para preparar a los sacerdotes ingleses en el uso de la forma extraordinaria – subraya la transformación que la ICEL ha sufrido en la pasada década.


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Fuente: The Catholic Messenger

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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viernes, 3 de abril de 2009

El Cardenal Castrillón corrige al Arzobispo de Manila

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Card. Castrillon

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Hace algunos meses, se hizo pública una normativa del cardenal Rosales, Arzobispo de Manila, en la que limitaba en gran medida y de forma arbitraria la celebración de la Misa Gregoriana, en contra de lo establecido por el Motu Proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI (esta resolución puede verse en Panorama Católico). Ofrecemos ahora la siguiente noticia en la que se informa que el Cardenal Castrillón, Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, ha corregido al cardenal Rosales y le ha pedido que reconsidere su posición.

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El titular de la comisión vaticana Ecclesia Dei ha reprendido al Arzobispo de Manila, cardenal Gaudencio Rosales, por establecer condiciones “excesivamente restrictivas” sobre el uso de la Misa Tridentina, diciendo que éstas están “en directa contradicción” con los deseos del Papa Benedicto XVI.


“Sus ‘Normativas Arquidiocesanas’ simplemente no son aceptables tal como están, y le pido que las reconsidere”, dijo el presidente de Ecclesia Dei, el cardenal Darío Castrillón Hoyos, en una carta del 6 de marzo, vista por The Tablet esta semana. Dice: “las normativas que permiten sólo una Misa mensual en una capilla de la Catedral Metropolitana” están en violación de las normas establecidas en el Motu Proprio Summorum Pontificum para el uso extendido de la Misa Tridentina, publicado por el Papa en el 2007. El cardenal Castrillón dijo que el decreto papal es “parte de la ley universal de la Iglesia” y no puede ser limitado por la “ley particular” de un obispo diocesano. La arquidiócesis de Manila asiste a más de 2,8 millones de católicos.


“No hay ninguna razón legítima por la que esta Misa [Tridentina] no pueda y no deba ser celebrada en cualquier iglesia o capilla de su arquidiócesis”, dice el cardenal Castrillón en su carta al Arzobispo de Manila.


Insiste en que el Cardenal Rosales promueva activamente la implementación del Motu Proprio “ayudando a los sacerdotes que deseen aprender cómo celebrar” la Misa del antiguo rito, para la que dice que sólo se requiere que el sacerdote sea “razonablemente competente en latín” y que haya fieles que deseen asistir a su celebración. La arquidiócesis de Manila publicó las normativas para la Misa Tridentina en su página web el año pasado. Pero fueron rápidamente quitadas cuando los adherentes al antiguo rito protestaron a Roma.

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Fuente: What Does The Prayer Really Say?


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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jueves, 2 de abril de 2009

¿Nuevo Arzobispo de Westminster?

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Vincent Nichols

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Según informa hoy Ruth Gledhill para The Times, mañana viernes se hará público el nombramiento del Arzobispo de Birmingham Vincent Nichols como arzobispo de Westminster y nuevo primado de la Iglesia Católica en Inglaterra y Gales.


Damian Thompson del Telegraph se hace eco de la noticia, y afirma que Monseñor Vincent Nichols ha contribuido “enormemente” a elevar el perfil del catolicismo en su arquidiócesis.


En los últimos meses se han sucedido distintos rumores acerca de los candidatos para suceder al Cardenal Cormac Murphy-O'Connor. De confirmarse la elección de Monseñor Nichols, se trataría, según el mismo Damian Thompson de una muy “buena noticia”.

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ACTUALIZACIÓN:
La Santa Sede en su
boletín informativo ha anunciado oficialmente el nombramiento de Monseñor Vincent Nichols como arzobispo de Westminster.


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miércoles, 1 de abril de 2009

Totus tuus ego sum

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Juan Pablo II

Su Santidad Juan Pablo II

(18/5/1920 – 2/4/2005)

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“«Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor» (cf. Mt 24, 42). Estas palabras me recuerdan la última llamada, que llegará en el momento en el que quiera el Señor. Deseo seguirle y deseo que todo lo que forma parte de mi vida terrena me prepare para ese momento. No sé cuándo llegará, pero al igual que todo, pongo también ese momento en las manos de la Madre de mi Maestro: «Totus tuus». En estas mismas manos maternales lo dejo todo y a todos aquellos a los que me ha unido mi vida y mi vocación. En estas manos dejo sobre todo a la Iglesia, así como a mi nación y a toda la humanidad. Doy las gracias a todos. A todos les pido perdón. Pido también oraciones para que la misericordia de Dios se muestre más grande que mi debilidad e indignidad”.


Del testamento del Santo Padre Juan Pablo II

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Último Vía Crucis

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“« ¡No tengáis miedo!» (Mt 28, 5). Las palabras del ángel de la resurrección, dirigidas a las mujeres junto al sepulcro vacío, se convirtieron en una especie de lema en labios del Papa Juan Pablo II, desde el inicio solemne de su ministerio petrino. Las repitió muchas veces a la Iglesia y a la humanidad en camino hacia el año 2000, luego durante aquella meta histórica, y también después, en el alba del tercer milenio. Siempre las pronunció con inflexible firmeza, primero blandiendo el báculo pastoral que culmina en la cruz y luego, cuando sus energías físicas estaban decayendo, casi agarrándose a él, hasta aquel último Viernes santo en el que participó en el vía crucis desde su capilla privada estrechando la cruz entre sus brazos. No podemos olvidar ese último y silencioso testimonio de amor a Jesús. También esa elocuente escena de sufrimiento humano y de fe, en aquel último Viernes santo, indicaba a los creyentes y al mundo el secreto de toda la vida cristiana. Su « ¡No tengáis miedo!» no se apoyaba en las fuerzas humanas, ni en los éxitos obtenidos, sino solamente en la palabra de Dios, en la cruz y en la resurrección de Cristo. Este abandono en Cristo se puso de manifiesto de un modo cada vez más evidente a medida que era despojado de todo, al final incluso de la palabra misma. Como aconteció a Jesús, también a Juan Pablo II, al final, las palabras dejaron su lugar al sacrificio extremo, al don de sí mismo. Y la muerte fue el sello de una existencia totalmente entregada a Cristo, configurada a él incluso físicamente por los rasgos del sufrimiento y del abandono confiado en los brazos del Padre celestial. Como atestiguan los que estuvieron cerca de él, sus últimas palabras fueron: «Dejad que vaya al Padre»; así culminaba una vida totalmente orientada a conocer y contemplar el rostro del Señor.”


De la homilía del Papa Benedicto XVI en el tercer aniversario de la muerte de Juan Pablo II, 2 de abril de 2008.

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