jueves, 6 de septiembre de 2012

Un canadiense en la Curia Romana: ¿el candidato del Papa?

*

marc-ouellet-benedicto-xvi

*

Presentamos nuestra traducción de un interesante informe, realizado por Włodzimierz Rędzioch para la revista Inside the Vatican, y publicado por Zenit en su edición italiana, sobre el cardenal canadiense Marc Ouellet, actual Prefecto de la Congregación para los Obispos. El periodista comienza trazando un perfil del purpurado y fundamentando su opinión personal de que se trata del “candidato” de Benedicto XVI para su sucesión. Luego presenta el diálogo que mantuvo con el mismo Cardenal Ouellet, con ocasión del 2º aniversario de su nombramiento para tan importante oficio, en el cual el prelado habla del modo de trabajo en su dicasterio, de la delicada cuestión del nombramiento de nuevos obispos y de los grandes desafíos de la Iglesia actual, cuya situación define “alarmante” a causa de una notable “crisis de fe”.

***

Una vez pregunté al difunto cardenal Andrzej-Maria Deskur si después de la muerte de Pablo VI esperaba la elección de un cardenal no italiano. Para mi sorpresa, me respondió decididamente: “No sólo me esperaba la elección de un cardenal no italiano, sino de un purpurado concreto, el cardenal Karol Wojtyla”. Cuando le pedí que me explicase cómo nació su previsión, como gran conocedor de la Curia y de los “mecanismos” vaticanos, me respondió: “Se sabe que el nuevo Pontífice es elegido por los cardenales pero, en cierto modo, su gran elector es también su predecesor, que elige los miembros del Colegio Cardenalicio, determinando el resultado del Cónclave. Pablo VI apreciaba mucho al cardenal Wojtyla y diría que de algún modo lo preparó para sucederlo. Primero, lo quiso predicador de los ejercicios espirituales en el Vaticano para la Curia Romana, para hacer conocer su gran saber y su profunda espiritualidad. Luego lo nombró relator del Sínodo sobre la Evangelización: era una sorpresa para todos porque se esperaba un relator proveniente de algún país de misión. Pero de este modo también los cardenales del tercer mundo podían conocer al Arzobispo de Cracovia y apreciar su celo pastoral y misionero. No es de poca importancia el hecho de que Pablo VI animaba al cardenal Wojtyla a viajar por el mundo para conocer mejor la realidad de las Iglesias locales”.


Si cada Papa es un “gran elector” de su sucesor, si con sus decisiones y sus opciones personales “determina” de algún modo el resultado del Cónclave, entonces sería necesario analizar ciertos hechos para comprender quién podría ser el “candidato” de Benedicto XVI a su sucesión.


- Cuando en el año 2010 fue necesario elegir al nuevo Prefecto para una de las congregaciones más importantes, la Congregación para los Obispos, Benedicto XVI eligió al entonces arzobispo de Quebec, el cardenal Marc Ouellet.


- Cuando el 10 de marzo de 2011 era presentado, en la Sala de Prensa de la Santa Sede, el libro de Benedicto XVI “Jesús de Nazareth – De la entrada en Jerusalén a la Resurrección”, ¿quién presentaba esta importantísima obra del Papa teólogo? El cardenal Marc Ouellet.


- En abril se llevaron a cabo los ejercicios espirituales del movimiento Comunión y Liberación (una de las realidades más dinámicas en la Iglesia no sólo en Italia sino en varias partes del mundo). El 22 de abril, en la conclusión de los ejercicios, la Santa Misa para 26.000 participantes ha sido celebrada por el cardenal Ouellet (por otro lado, amigo del difundo fundador de CL, don Giussani).


- Cuando en los meses de abril-mayo, en Tréveris, Alemania, se realizaba la ostensión de la Sagrada Túnica de Jesús, el Papa eligió como su Legado al cardenal Ouellet, que el 13 de abril presidió las celebraciones de inauguración.


- Del 11 al 14 de mayo de 2012, en Lourdes, se desarrolló el 54º peregrinación internacional militar. El cardenal Ouellet presidió esa peregrinación.


- En junio se llevó a cabo en Irlanda el importantísimo 50º Congreso Eucarístico Internacional. El Papa mandó como su Legado al cardenal Ouellet.


- En mayo, del 21 al 24, se llevó a cabo en Roma la 64º Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana (una de las conferencias episcopales más numerosas del mundo, con muchos cardenales). ¿Quién ha celebrado, en la Basílica de San Pedro, la Misa para los 232 miembros de la CEI? El cardenal Marc Ouellet.


Obviamente no podemos leer en los pensamientos del Papa y saber por qué Benedicto XVI da tanta visibilidad al actual Prefecto de la Congregación para los Obispos, pero es un hecho innegable que este obispo canadiense se ha convertido, en pocos años, en uno de las personas más importantes de la Iglesia Católica. Su curriculum, rico de estudios y de muchas experiencias pastorales, explica este “ascenso”.


Marc Ouellet nació el 8 de junio de 1944 en Lamotte, en la diócesis canadiense de Amos. Su vocación nació en los años `60, que fueron en todo Occidente los años de la contestación; se contestaba toda autoridad, también en la Iglesia. A pesar de esta atmósfera poco favorable, el joven Marc logró seguir su vocación sacerdotal y en 1968 se convirtió en sacerdote diocesano. En 1972 decidió entrar en la Compañía de los Sacerdotes de San Sulpicio (sulpicianos), cuyo carisma es la formación de los sacerdotes.


Comienza, por estudios y trabajo, a viajar: en primer lugar a Colombia, luego a la Roma pontificia (estudia en el Angelicum y en la Gregoriana), y también a Austria (Inssbruk) y Alemania (Passau) para los estudios de lengua alemana. Los estudios y los viajes enriquecen mucho a este joven sacerdote del Quebec. En los años `70 y `80, trabajando en varios seminarios de Colombia, ha tenido la posibilidad de aprender la lengua española y conocer la Iglesia en América Latina, continente donde vive la mayor parte de los católicos del mundo.


Como teólogo, ha estado vinculado a la revista Communio y al gran teólogo suizo Hans Urs Von Balthasar. En 1996-1997 volvió a Roma para enseñar en el Instituto Juan Pablo II para la Familia. En el 2001 el Papa lo nombra Secretario del Pontificio Consejo para la Promoción de la unidad de los Cristianos pero su estadía es breve porque, al año siguiente, Juan Pablo II lo envía nuevamente a Canadá, nombrándolo como 14º Arzobispo metropolitano de Quebec y primado de Canadá, y elevándolo a la dignidad cardenalicia en el 2003.


En Canadá, el cardenal Ouellet ha debido afrontar la profunda secularización de la sociedad canadiense francófona, hasta poco tiempo atrás muy religiosa y vinculada a la Iglesia católica, así como la crisis vocacional. Lo hizo con gran celo y valentía, ganándose la estima de los fieles y del Papa. Cuando en el 2010 Benedicto XVI tuvo que elegir al sucesor del cardenal Re a la guía de la Congregación para los Obispos, la elección recayó sobre el arzobispo de Quebec. Y el cardenal Ouellet volvió una vez más a Roma para convertirse en uno de los más estrechos colaboradores del Santo Padre.


Con ocasión del segundo aniversario de su nombramiento como Prefecto de la Congregación para los Obispos, me he encontrado con el Card. Ouellet para hablar de su misión en la Iglesia.


***


Siete años después de su nombramiento como Arzobispo de Quebec, el 30 de junio de 2010 Benedicto XVI lo ha llamado al Vaticano para dirigir una de las congregaciones más importantes: la Congregación para los Obispos. ¿Ha sido difícil dejar la diócesis por un trabajo, si bien muy prestigioso, en la Curia?


Ha sido difícil porque durante siete años he establecido una relación pastoral y espiritual muy profunda con la gente de Quebec, que es mi Patria. No pensaba en otras tareas, por lo tanto, el llamado del Papa ha sido una sorpresa para mí. Pero debo decir que dejar Quebec y venir a Roma era para mí una separación afectiva difícil.

*

¿Podría decirnos, en pocas palabras, de qué se ocupa la Congregación para los Obispos?


La Congregación para los Obispos se ocupa de todo lo que concierne a las diócesis: la creación de las diócesis, su supresión, pero sobre todo la preparación de los nombramientos episcopales. Para preparar los nombramientos se necesita trabajar en estrecho contacto con los Nuncios Apostólicos y las Conferencias Episcopales para recoger toda la documentación que concierne a los eventuales candidatos para proponer al Santo Padre. Otra tarea de la Congregación es la de seguir el gobierno de las diócesis: intervenimos si hay problemas particulares en alguna diócesis que deben resolverse.

*

¿Quién lo ayuda en su tarea?


Los principales responsables de la Congregación son tres: el Prefecto, el Secretario y el Sub-Secretario. Luego tenemos cerca de 30 personas, la mayor parte de los cuales son sacerdotes, que trabajan en nuestro dicasterio.

*

Usted, como Prefecto de la Congregación para los Obispos, tiene este gran privilegio de encontrarse regularmente con el Santo Padre (habitualmente los sábados). ¿Cómo se desarrollan estos encuentros, se puede revelar?


Son encuentros de trabajo que se desarrollan con mucha sencillez y cordialidad. Todo el encuentro está concentrado en el informe que yo llevo conmigo: el Santo Padre lo recibe anticipadamente y por eso conoce su contenido. Entonces podemos intercambiar nuestras reflexiones y el Papa toma las decisiones.

*

En su opinión, Eminencia, ¿qué cualidades debería tener un obispo católico en este difícil momento de nuestra historia?


Debe ser un hombre de fe firme: lo más importante es la fe del pastor. Debe ser un hombre preparado intelectualmente, capaz no sólo de predicar la fe sino también de defenderla. Éste es un rasgo que san Pablo subraya cuando habla de los obispos.

Pienso que necesitamos hombres valientes. En la cultura se ven menos los valores cristianos y los medios de comunicación son a veces muy críticos con la Iglesia. Por lo tanto, se necesita coraje para afrontar estos ataques y para proteger a los fieles de todas estas corrientes anticristianas así como para hacerles mantener la fe.

*

¿Hay casos contrarios, es decir, el rechazo del candidato elegido para ser obispo?


Es cierto. Hay casos de rechazo. Si alguno rechaza, es necesario respetar la conciencia de la persona (alguien debe tener motivos serios para no aceptar). En ese caso se pide al Santo Padre que dispense a la persona de la aceptación del nombramiento para que la persona permanezca tranquila con la propia conciencia.

*

Detrás del rechazo de la aceptación del nombramiento episcopal, ¿puede existir sencillamente el miedo a esta tarea?


Si alguien tiene miedo significa que no tiene suficiente fe. Si no tiene fe, entonces es correcto que no acepte.

*

En su opinión, Eminencia, ¿el mecanismo de consultas para elegir un obispo funciona bien y permite al Santo Padre elegir al mejor candidato?


Eso espero, si bien no hay garantía al 100% de que los candidatos que presentamos al Santo Padre son los mejores posibles, porque también podemos equivocarnos. Pero el proceso de investigación es hecho con seriedad. Hay consultas con las personas competentes que, en el “secreto pontificio”, pueden decir todo aquello que saben y piensan, sin miedo de que sus declaraciones sean conocidas por las personas interesadas. De este modo se recogen informaciones sobre cada candidato que son analizadas durante la reunión plenaria de 30 cardenales y arzobispos, en la cual cada uno puede expresar su parecer y yo, como Prefecto, llevo al Santo Padre el resultado de ese discernimiento. Al Papa le corresponde la decisión final.

*

¿Qué entendemos por el “secreto pontificio?


Las personas interrogadas deben mantener el “secreto pontificio”, es decir, no revelar a nadie sobre quién han sido interrogadas, el contenido de sus declaraciones y ni siquiera el hecho de haber sido consultados.

*

¿El Santo Padre puede elegir autónomamente a su candidato, fuera de vuestras propuestas?


Ciertamente. Él es la Cabeza del Colegio de los sucesores de los Apóstoles y puede decidir en forma autónoma. Nuestra Congregación prepara los expedientes para el Santo Padre pero él recibe noticias e informaciones sobre las personas de muchas partes. Entonces, sin desatender los pareces de nuestra Congregación, puede decidir con toda libertad.

*

Una de las tareas de Su Congregación es la organización de las visitas de los obispos al Vaticano previstas por el derecho eclesiástico, las llamadas visitas “ad limina Apostolorum”. Pero en todo el mundo los obispos son ya cinco mil. ¿Qué tipo de dificultades crea este hecho?


La normativa dice que cada obispo debería realizar la visita “ad limina” cada 5 años, pero los obispos son muchos y, aunque la normativa no ha cambiado todavía, en la práctica los tiempos se han alargado a 7 años. Hay también un cierto límite para las visitas privadas al Papa: las tradicionales visitas privadas de los obispos de 15 minutos son todavía posibles pero más escasas. Ahora los obispos encuentran al Santo Padre en pequeños grupos.

*

Su rol de Prefecto de la Congregación para los Obispos lo pone en condición de conocer la realidad eclesiástica de muchos países y conocer a los obispos de todo el mundo. Desde este privilegiado punto de observación, ¿cómo ve la situación de la Iglesia católica y el “estado de la fe” en el mundo?


Hay una crisis de fe, especialmente en el mundo occidental. Por esta razón no por casualidad se habla desde hace años de la nueva evangelización y Benedicto XVI ha proclamado el Año de la Fe. La situación es alarmante y esto se ve en la disminución de las vocaciones y en las dificultades que encuentran los sacerdotes.


Pienso que la nueva evangelización se podrá hacer sobre la base de la renovada y más intensa comunión eclesial. Están bien las ideas nuevas, los proyectos nuevos, pero lo que convence es la verdadera comunión dentro de la Iglesia. Si nosotros no estamos en comunión unos con otros, entonces la presencia de Dios no es palpable y la Buena Noticia del Evangelio no pasa.

*

Los documentos que producen los diversos organismos de la Iglesia, los congresos que se organizan, tantas bellas palabras que se escuchan, no suscitan la fe de un hombre de hoy. La gente encuentra la fe, se acerca a la Iglesia, gracias a los verdaderos testigos del Evangelio. ¿Cómo hacer que los cristianos se conviertan en auténticos testigos del mensaje evangélico?


La familia es la clave para el futuro de la evangelización. Hoy existe la crisis antropológica: la ausencia de Dios hace desaparecer también el sentido del hombre. Por lo tanto, es necesario reencontrar la identidad del hombre. Tal identidad está siempre en relación con los otros y las relaciones fundamentales son las relaciones familiares. Es necesario redescubrir la gracia de Dios en el sacramento del matrimonio, que es la clave para el futuro. De familias nuevas y generosas nacen vocaciones.

*

Hablando de la familia y del matrimonio, quisiera recordar que usted, Eminencia, enseñaba en el Instituto Juan Pablo II para la Familia, en Roma. Hoy uno de los enemigos de la familia entendida como la unión de un hombre y una mujer es la ideología de género. ¿Cuáles son los riesgos de esta ideología que quiere imponer una nueva visión del hombre, una nueva antropología?


Es una nueva antropología que no tiene ya el fundamento divino, el fundamento bíblico. Nosotros somos creados a imagen y semejanza de Dios. Dios es relacional en la complementariedad de Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Entonces no sólo el individuo sino también la familia en su complementariedad es imagen de Dios. En cambio, esta ideología hace desaparecer la natural complementariedad de los sexos, la reduce a un factor cultural, niega que el hombre recibe su identidad de Dios y, en este sentido, niega la obra de Dios, convirtiéndose en una antropología sin Dios.


En la óptica de esta ideología el hombre puede elegir lo que quiere ser, puede “rehacerse” sólo, puede realizarse por sí mismo sólo sobre la base de la voluntad de poder. Ya en el Génesis se habla de esto: queremos ser como Dios, pero sin Dios. En cambio, Dios quiere “divinizarnos” en la Gracia, es decir, en el libre intercambio de amor entre Él y nosotros en Jesucristo. Los diversos lobbies quieren imponer a la gente esta ideología también a través de las legislaciones estatales. Entonces la Iglesia debe proponer la verdad sobre el hombre a la luz de la Revelación.

*

¿Cuáles son los grandes desafíos que debe afrontar hoy la Iglesia?


El gran desafío concierne a la globalización de las comunicaciones, que ha creado un mundo nuevo, un mundo digital. Debemos entonces ver cómo insertarnos en este mundo, cómo ponerlo también al servicio del Evangelio. Debemos estar presentes para ofrecer a todos la luz del Evangelio. En este campo yo no tengo soluciones técnicas y estratégicas, pero veo que aquí hay un gran desafío.

*

Usted, Eminencia, viaja a menudo y conoce bien las realidades eclesiales en el mundo. ¿Dónde ve los signos de esperanza en la Iglesia?


Los veo, en primer lugar, en los grandes movimientos eclesiales, en las muchas nuevas comunidades (pienso en los Focolares, en Comunión y Liberación, en la Comunidad de San Egidio, el Camino Neocatecumenal, el Movimiento Carismático, en Polonia en Fe y Luz). Allí hay una nueva evangelización en acto que ya produce frutos: he podido constatar esto en varias partes del mundo. En estas realidades existe el impulso hacia la vida evangélica y la vida de familia, nacen las nuevas vocaciones.

La realidad del Evangelio es el encuentro con Jesús, el Resucitado, que fascina y que hace nacer la comunión. Y donde hay comunión, está la Iglesia. Las nuevas comunidades son la nueva realidad de la Iglesia que puede revitalizar las parroquias y el tejido eclesial.


*

Usted, Eminencia, conoce bien América Latina, el continente más “católico”. ¿Cómo está cambiando la situación de la Iglesia bajo la presión de la secularización y del proselitismo de las sectas?


Diría que, a pesar de todo, la situación sigue siendo positiva. Por muchas décadas la Iglesia en América Latina apuntaba a los temas de la justicia.

*

La famosa opción preferencial por los pobres…


Así es. Este campo no se puede abandonar, pero no podemos resolver todos los problemas sociales del mundo. En cambio, recientemente – especialmente después de Aparecida – se ha apuntado a la principal misión de la Iglesia: anunciar a Jesús al mundo. Por lo tanto, veo también en América Latina un nuevo impulso para la misión: ha sido organizada una misión continental de 10 años de duración (del 2007 al 2017). Es un bello testimonio para todo el mundo. De modo que este continente sigue siendo para la Iglesia el “continente de la esperanza”.

***

Fuente: Zenit (edición en lengua italiana)


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

***

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Card. Ruini: “El Vaticano II fue una gran gracia y un desafío, a veces mal comprendido, y esto trajo graves daños”

*

Pope Receives Christmas Greetings Roman Curia WU_pzH7pKJRl

*

El Cardenal Camillo Ruini, que ha publicado recientemente en Italia un libro-entrevista sobre Dios, ha concedido una entrevista muy interesante al Corriere della sera, en la cual ha hablado de múltiples temas, como el Concilio Vaticano II, la cuestión de la fe en el mundo actual, la relación entre los dos últimos pontificados, y también la figura del recientemente fallecido Cardenal Martini así como sobre sus polémicas declaraciones en la entrevista póstuma publicada en estos días.

***

Cardenal Ruini, usted comienza contando que los editores le pedían un libro de memorias sobre los años en que guió la Iglesia italiana. ¿Por qué, en cambio, un libro sobre Dios?


Porque me parece enormemente más útil, y también más interesante. La existencia de Dios y nuestra relación con Él han sido el anclaje de mi vida y el centro de mis intereses intelectuales. Siento el deber de ofrecer este libro a la gente.

*

Usted sostiene haber tenido desde niño la certeza de la existencia de Dios. ¿Por qué?


Pienso que es una certeza bastante natural en el hombre, y en particular en el niño. Pero es también un don que Dios nos hace de modo libre. Por qué a alguno se lo hace de modo particularmente intenso, esto lo sabe sólo Él.

*

Sus padres no lo querían sacerdote…


Es cierto, en la familia hubo una oposición muy fuerte. Que me entristeció, pero no me frenó. Mi padre, que era médico, me impuso sin embargo una condición: ir a Roma. Temía que en el seminario de Reggio Emilia no me dieran bastante de comer – eran todavía años de pobreza. Y que no me habría graduado.

*

De los estudios en la Gregoriana usted recuerda la impostación tomista y neoescolástica, hoy considerada superada. ¿Esto qué significa? ¿Que los teólogos han renunciado a demostrar racionalmente la existencia de Dios?


Significa que la teología ha comenzado un camino nuevo: un diálogo, incluso crítico, con la cultura actual. Aún si la gran escolástica de Tomás a Buenaventura sigue siendo muy importante. Este cambio no implica la renuncia a la argumentación racional a favor de la existencia de Dios. Si bien la palabra “demostración” hoy gusta menos, porque parece indicar la necesidad de creer en Dios. Es, en cambio, una opción racionalmente motivada pero libre.

*

Conciliar fe y razón es uno de los principios del papado de Ratzinger, y emerge también en su libro. ¿Pero la evolución de las ciencias y de las biotecnologías no hace todavía más difícil esta tarea?


Las ciencias, por una parte, se vuelven cada vez más conscientes de los propios límites epistemológicos intrínsecos. Por otra, plantean preguntas cada vez más grandes y cada vez más radicales, no sólo respecto al hombre sino también al universo. En lugar de cerrarse, los caminos de la fe, y yo diría también de la filosofía, se abren cada vez más. El cientificismo, que considera objetivamente válido sólo el pensamiento científico, es hoy ya obsoleto. E incomoda a los mejores hombres de ciencia, que están lejos de jactarse de la autosuficiencia de la investigación científica.

*

Usted parece convencido de que, incluso en la era de la secularización, la fe y también la propuesta de vida de la Iglesia no están condenadas a ser minoritarias. ¿O no?


Cuantificar en estas materias es difícil. Vivir como cristianos hasta el fondo o seriamente es de pocos; y, según mi opinión, siempre lo ha sido. Creer en Dios puede ser de muchos. En América tenemos más del 80%, en Italia los porcentajes son un poco más bajos; aún si decrecen en la cultura alta y en los medios.

*

Como cabeza de los obispos usted consideró que el cristianismo no debía recluirse en una fortaleza sitiada, sino actuar a todo campo. ¿Es así?


Sí, pero la idea no es mía. Es de Juan Pablo II. Ya en el ’84, cuando lo conocí, decía que la ola de la secularización estaba detrás de nosotros. Entonces parecía un juicio apresurado; hoy es compartido por los sociólogos de la religión. Ciertamente la corriente secularizadora continúa siendo fuerte. Sobre esto no debemos hacernos ilusiones.

*

Dios, como usted lo piensa, ¿es común a las diversas religiones? ¿Cómo podemos estar seguros nosotros, los cristianos, de estar en lo correcto? ¿Cómo podemos estar seguros de que Jesús es realmente “la más alta y definitiva manifestación de Dios en la historia”?


Dios es, ciertamente, uno solo. Las diversas religiones, sin embargo, tienen de Él ideas muy diversas. Jesús mismo ha reivindicado tener una relación única con Dios, que se expresa en la palabra “hijo”. Y Dios ha confirmado esta pretensión inaudita de Jesús, resucitándolo de entre los muertos. La pretensión no viene de nosotros, viene de Cristo.

*

Según usted, ¿hay diferencia entre la fe de Wojtyla y la de Ratzinger? Nosotros tendemos a pensar que la primera era más sentimental y la segunda más racional.


Las diferencias están, obviamente no en los contenidos sino en el modo, en el estilo, también según la índole de cada uno y el don que Dios hace a cada uno. Pero los dos Papas son más similares de lo que parecería. Ambos son hombres de una inteligencia extraordinaria: Benedicto XVI, como todos saben, y Juan Pablo II, que era de una inteligencia fulminante y también teórica. Ambos hombres de fe firme y, diría, sencilla: se puede ser un gran teólogo, como el Papa Ratzinger, y tener la fe de las personas sencillas o de los niños.

*

Ha pasado medio siglo desde la apertura del Vaticano II. Aperturas clarividentes, interpretadas a veces de modo equivocado: parece ser ésta la síntesis que prevalece hoy en las jerarquías. ¿Usted lo cree así? ¿O no?


El Vaticano II ha sido, como ha dicho Juan Pablo II, la máxima gracia que ha recibido la Iglesia en el siglo XX. Precisamente por esto ha sido un desafío enorme, a veces mal comprendido. De esto han nacido daños muy grandes. En torno a esta valoración de fondo crece el consenso.

*

¿Cuáles daños?


La crisis del clero, de la vida consagrada. Muchos han dejado la práctica religiosa. La crisis de la forma católica de la Iglesia. El Concilio se dedicó mucho a la relación entre los obispos y el Papa, dando por adquirida la “tranquila adhesión” al entero cuerpo doctrinal de la Iglesia, como la definió Juan XXIII. En cambio, el Magisterio de la Iglesia ha sido puesto en discusión y a menudo desatendido también dentro de la Iglesia misma.

*

¿Cómo recuerda al cardenal Martini y cómo interpreta su figura? ¿Ha sido el “jefe de la oposición” dentro de la Iglesia wojtyliana y, para Italia, ruiniana?


No se trata de Ruini: el interlocutor de Martini era el Papa. Ha sido a menudo presentado como el antagonista. Pero nunca ha querido ser así. Sería incluso empobrecerlo. Ha sido una gran personalidad, un líder mundial, con muchos registros: espiritual, bíblico, dialógico, práctico; Martini era también un hombre que sabía gobernar en lo concreto. Enamorado de Cristo, del Evangelio y de la Iglesia, así como de la humanidad.

*

¿Cómo respondería a Martini que, en la última entrevista, dice: “La Iglesia está 200 años atrasada”?


Nunca he polemizado con él mientras estaba vivo, mucho menos lo haría ahora. En mi opinión, hay que distinguir dos formas de distancia de la Iglesia de nuestro tiempo. Una es un verdadero retraso, debido a los límites y pecados de los hombres de Iglesia, en particular a la incapacidad de ver las oportunidades que se abren hoy para el Evangelio. La otra distancia es muy diversa. Es la distancia de Jesucristo y de su Evangelio, y en consecuencia de la Iglesia, respecto a cualquier tiempo, incluido nuestro tiempo pero también aquel tiempo en que vivió Jesús. Esta distancia debe existir, y nos llama a la conversión no sólo de las personas sino también de la cultura y de la historia. En este sentido, también hoy la Iglesia no está atrasada sino que va más adelante, porque en aquella conversión está la clave de un futuro bueno.

*

El silencio de Dios frente al mal es usado como pretensión para negarlo. ¿Dios puede permitir incluso ataques a la Iglesia? ¿Cómo valora la cuestión de los documentos del Papa que fueron robados?


No sólo Dios puede permitir estos ataques, sino que siempre los ha permitido: forman parte de la lógica profunda del cristianismo. Jesús lo dijo claramente: “Como me han perseguido a mí, así os perseguirán a vosotros”. En cuanto a los documentos, es una cuestión triste, de la que ya se ha hablado demasiado.

*

Italia está en vísperas de elecciones delicadísimas. ¿La Iglesia tiene actualmente un interlocutor privilegiado? ¿Los valores católicos están representados en el actual gobierno? ¿Necesita Italia un nuevo centro que haga referencia a los valores católicos? ¿Usted ve nuevos posibles líderes?


Interlocutores de la Iglesia son todos los creyentes, y todos los italianos interesados en escucharla. Privilegiado puede decirse quién escucha más. Desde el congreso de Palermo de 1995, la Iglesia italiana prefiere no entrar en las cuestiones de agrupaciones políticas. E invita, no sólo a los católicos sino a todos los italianos dispuestos, a comprometerse políticamente por valores y contenidos que son sostenidos por la Iglesia, pero no son contenidos confesionales, sino más bien de interés general. En cuanto a los liderazgos, se toman y se ejercen, no los puede conferir nadie, mucho menos la Iglesia.

***

Fuente: Corriere della sera


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

***

lunes, 3 de septiembre de 2012

Martini, Ratzinger y el vínculo entre dos hombres de Iglesia

*

Martini

*

Tras el fallecimiento del Cardenal Carlo Maria Martini, Arzobispo emérito de Milán, se han multiplicado las valoraciones, positivas y negativas, sobre la figura del purpurado difunto, así como también sobre su relación con el actual Pontífice. En estos últimos años, de hecho, por parte de Benedicto XVI ha habido muchas muestras de estima a la persona y la obra del Cardenal Martini. Si bien podría parecer que no ha sido igual por parte del antiguo arzobispo ambrosiano, presentamos nuestra traducción de un interesante y revelador texto que, en 1997, el cardenal Martini escribió sobre el entonces cardenal Joseph Ratzinger.

***

Mi primer conocimiento de la obra del cardenal Joseph Ratzinger se remonta al final de los años sesenta. Eran años de grandes turbulencias espirituales y culturales. Me encontraba de retiro en una casa espiritual en la Selva Negra y trataba de preparar una conversación que debía tener en Italia con un grupo de sacerdotes. Me esperaba, como era usual en aquel tiempo, muchas preguntas, contestaciones, dificultades. Estaba buscando un libro que me ayudase a plantear las ideas de modo claro y sereno. Fue así que llegó a mis manos el texto alemán de la “Introducción al Cristianismo” de Joseph Ratzinger, editada poco antes (1968).


Recuerdo todavía hoy el gusto con que leí aquellas páginas. Me ayudaban a aclarar las ideas, a pacificar el corazón, a salir de la confusión. Sentía que venían de alguien que había meditado mucho sobre el mensaje cristiano y lo exponía con sabiduría y dulzura. Conservo todavía hoy aquellos apuntes. Fue en particular de aquella lectura que retuve el tema del “quizás sea verdad” con que se interroga el incrédulo, y que me guió luego para realizar la “Cátedra de los no creyentes”.


En aquella década había tenido otra ocasión de encontrarme, esta vez de manera más personal, con el entonces profesor Ratzinger. Me encontraba en Münster para una investigación sobre crítica textual, y participaba de vez en cuando en algunas otras lecciones en la Universidad. Fue así que, en vísperas de la fiesta del Corpus Domini, fui a escuchar una lección del profesor Ratzinger. Tenía como tema precisamente la Eucaristía y la adoración eucarística, e hizo referencias a la gran procesión ciudadana que realizaría al día siguiente. Me impresionó la pertinencia, la delicadeza, la claridad y el coraje de sus afirmaciones. Tenía frente a mí a un gran catedrático que no tenía miedo de hacer referencias a la vida concreta y a los eventos de una Iglesia local.


Un tercer momento de conocimiento más directo fue durante el Sínodo sobre la familia de 1980, del cual Ratzinger fue relator. Por un mes entero pude observarlo en el aula sinodal, ver con cuánta atención escuchaba los discursos que se hacían y con cuánta pertinencia intervenía y respondía. Me impresionó el hecho de que, en un momento particularmente delicado de los trabajos sinodales, confesó con sencillez que, habiendo trabajado hasta tarde en la noche, no había logrado, de hecho, terminar el texto que se esperaba, y por eso necesitaba retrasar su intervención. No sabía si admirar más su sabiduría o su sinceridad. Había sido muy prudente en no apresurar las conclusiones sobre un problema difícil y, al mismo tiempo, había tenido el coraje de reconocer que el grupo de trabajo no había logrado todavía terminar su tarea.


Cuando se convirtió en Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, tuve ocasiones más frecuentes tanto de leer sus escritos como de frecuentarlo en las sesiones ordinarias de la Congregación.


De este modo pude admirar más a este hermano en el episcopado que lleva a cabo un servicio doctrinal y pastoral de gran relieve junto al Sucesor de Pedro. Él está comprometido en servir al ministerio de unidad en la Iglesia universal en el área doctrinal. Una tarea difícil, porque es necesario, por un lado, aceptar y acoger la multiplicidad de las contribuciones en campo doctrinal que provienen de las diversas áreas del pensamiento y de la cultura: no se trata, de hecho, de reconducir todo a un pensamiento uniforme, sino de valorizar las diversidades. Por otra, es necesario defender la fe de sus falsificaciones y poner en guardia frente a los peligros.


Se trata de una tarea ardua y difícil, a la cual sólo se puede responder con la reflexión, la oración, la paciencia y la escucha. Es necesario aceptar también dar tiempo al tiempo. Hay cosas poco claras que se aclararán, hay intenciones recónditas que saldrán a la luz. La Iglesia confía en la fuerza del Espíritu Santo que sostiene a los pastores y guía el sentido de fe de los fieles.


El cardenal Ratzinger ha aplicado, como prefecto, el cambio realizado en la tarea de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de un rol meramente defensivo a un rol más propositivo, querido por las normas de Pablo VI en 1965. Se encuentra así frente a grandes desafíos: ¿cómo articular pluralismo y unidad en la fe? ¿Cómo garantizar la promoción de la inculturación del mensaje y, al mismo tiempo, la comunión y la comunicación entre los lenguajes en que el mismo se expresa? ¿Cuál es el límite entre las exigencias de la custodia del “depositum” y las del estímulo y promoción, con el fin de hacer al anuncio perceptible en los diversos horizontes hermenéuticos? ¿Cómo ayudar a los teólogos sin darles la impresión de sentirse bajo tutela o censura?


Me parece que la posición del Cardenal Joseph Ratzinger frente al problema de nuestra época depende, en primer lugar, de su fe y su rectitud; en segundo lugar, de su experiencia teológica y de su extraordinaria capacidad dialéctica; y finalmente, también, como para cada uno de nosotros, de su biografía. Él ha experimentado, en las universidades teológicas alemanas de los años sesenta y comienzo de los años setenta, las consecuencias de actitudes demasiado desenvueltas y fáciles, en particular de los estudiantes, hacia las riquezas de la tradición. Ha sentido personalmente la dureza de una contestación que partía de premisas incluso válidas, como la reconducción del cristianismo a su primitiva sencillez y pobreza y la preocupación por la justicia, pero que corría el riesgo de dejarse enredar, por una parte, por la política, y por otra por un olvido y casi un resentimiento hacia el camino de la gran tradición y hacia su sabiduría.


Son las preocupaciones que he leído con interés y con atención crítica sobre todo en sus libros, digamos así, “de batalla” o “de misión”, derivados de prédicas o de entrevistas, donde expresa con calor sus convicciones más allá de los complicados revestimientos del lenguaje científico. Me refiero, en particular, al conocidísimo libro “Informe sobre la fe”, salido en la primera mitad de los años ochenta. Recuerdo bien que tuve ocasión de reflexionar sobre él en particular durante un viaje a África, repensando en los diversos modos de anunciar el Evangelio en las diversas culturas y reflexionando, en el panorama de un curso de ejercicios espirituales que predicaba a los misioneros, sobre los modos de hablar de Dios hoy, confrontados con el lenguaje parabólico de Jesús.


El tema de la diversidad de los lenguajes y de su relación recíproca atraviesa, de hecho, toda la historia de la Iglesia y requiere una continua atención para valorar, en los casos difíciles, la continuidad de la única tradición. El camino de la Iglesia a lo largo de los siglos ha estado siempre atravesado por agitaciones doctrinales, por convulsiones y, al mismo tiempo, por aperturas fecundas, por impulsos y por horizontes nuevos. Cada uno de nosotros trata de entender y discernir para distinguir lo verdadero de lo falso, el oro de las escorias, y servir así a la verdad con lo mejor de las propias fuerzas y de la propia inteligencia, confiándose finalmente al misterio de Dios, que es siempre más grande que nuestro corazón y nuestra capacidad de expresarlo.


En este contexto, la pasión por la verdad que Joseph Ratzinger ha testimoniado coherentemente en todos estos años debe entenderse como respuesta al “pensamiento débil” de la post-modernidad. Es significativa la estima de la que goza Joseph Ratzinger también entre hombres de cultura no creyentes. Al mismo tiempo, no se puede esperar que una obra tan delicada reciba fácilmente el aplauso de todos ni que sean evitados casos dolorosos. Ha habido siempre casos difíciles en la historia de la Iglesia, y algunas veces el juicio posterior ha mostrado que tal vez se habría podido proceder de otra manera. Pero el juicio posterior queda para la posteridad, mientras que los contemporáneos deben actuar cada uno con la mayor buena conciencia y competencia posible. En estas cosas Joseph Ratzinger nos sirve de modelo y estímulo.

***

Fuente: Il blog degli amici di Papa Ratzinger


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

***

miércoles, 29 de agosto de 2012

A Roma para dar gracias al Papa por “Summorum Pontificum”

*

MISA-SANPEDRO2

*

Como se ha hecho público recientemente, distintos grupos de fieles que, agradecidos por el Motu proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI, celebran y difunden la Santa Misa en la Forma Extraordinaria del Rito Romano, han constituido en Roma un “Coetus Internationalis pro Summorum Pontificum”, con el fin de organizar una peregrinación a Roma para los primeros días de noviembre en la cual agradecerán al Santo Padre este documento y le manifestarán su fidelidad. La peregrinación concluirá con la celebración de la Santa Misa según el Misal del Beato Juan XXIII en la Basílica Vaticana. Presentamos la entrevista que el señor Thomas Murphy, secretario tanto de la Federación Una Voce como del flamante Coetus Internationalis, ha concedido para explicar un poco esta importante iniciativa.

***

Señor Thomas Murphy, usted es el portavoz oficial del Coetus Internacionalis pro Summorum Pontificum: ¿cuál es el objetivo de este Comité?


El Coetus Internationalis reúne varios grupos de fieles que trabajan, cada uno a su modo, en apoyo de Summorum Pontificum. Unir estos grupos en la caridad y trabajar juntos es nuestro primer objetivo. El objetivo principal del Coetus Internationalis es organizar una peregrinación a Roma el próximo fin de semana de Todos los Santos.


Aprovechamos la ocasión del Año Santo de la Fe y el 5º aniversario de Summorum Pontificum para invitar a asociaciones, grupos y movimientos de fieles, provenientes de toda Europa y del mundo, a unirse a nosotros en Roma para una manifestación de apoyo al Santo Padre y para darle gracias por la “Carta Magna” con la que ha “liberalizado” el Rito Gregoriano. Ésta es nuestra invitación a todos los fieles: a afirmar nuestra fe católica y nuestra fidelidad al Romano Pontífice y expresar nuestro convencimiento de que también la liturgia tradicional en latín es un instrumento para la nueva evangelización, incluyendo su fascinación en los jóvenes y su universalidad.


La peregrinación se concluirá con una Misa Pontifical en la Forma Extraordinaria del Rito Romano, el sábado 3 de noviembre a las 10 hs en la Basílica de San Pedro, corazón del catolicismo.

*

¿Cuáles son los movimientos que han adherido a la iniciativa?


La lista de los movimientos se amplía casi cada día. Tenemos intención de presentar un elenco inicial con ocasión del anuncio oficial de la peregrinación, el 10 de septiembre, pero algunos movimientos merecen particular mención desde ahora. Hablo también en calidad de Secretario de la Federación Internacional Una Voce (FIUV), que ha dado su notable apoyo al Coetus Internationalis. Las asociaciones miembros de nuestra Federación presentes en los cinco continentes, en particular Una Voce Italia, han aportado su preciosa contribución a los trabajos del Coetus Internationalis.


Una excelente contribución ha sido dada también por el Coetus nationalis pro Summorum Pontificum (CNSP), que reúne a los grupos y organizaciones de la península italiana, entre los cuales algunas de nuestras asociaciones de Una Voce. Quisiera también hacer una mención de honor de la magistral y bien conocida asociación francesa Notre-Dame-de-chrétienté, organizadora de la peregrinación anual a Chartres, y a la Foederatio Internationalis Juventutem, los jóvenes que apoyan Summorum Pontificum y que se han hecho conocer con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud; asociaciones, éstas, que han confirmado su adhesión al Coetus Internationalis en los pasados días.


El apoyo de estos grupos y movimientos es fundamental si queremos alcanzar nuestros objetivos: no sólo crear una caritativa unidad y colaboración entre todos los que apoyan el Summorum Pontificum, sino también dirigir nuestros agradecimientos al Romano Pontífice por Summorum Pontificum y, sobre todo, profesarle nuestra fidelidad durante la próxima peregrinación en los primeros días de noviembre. Repito la invitación a cada grupo que apoya Summorum Pontificum a unirse al Coetus Internationalis.

*

¿Puede decirnos algunos otros detalles sobre los desarrollos de la organización de la peregrinación, como, por ejemplo, el nombre del celebrante?


Estamos trabajando duramente, a pesar de la pausa estival, sacrosanta en Roma. El nombre del celebrante será hecho público con ocasión del anuncio oficial de la peregrinación en el mes de septiembre.


Además de la Misa en la Basílica de San Pedro, invitamos a cada grupo que venga a Roma a organizar en la Ciudad Eterna una ceremonia religiosa o un encuentro de oración durante aquel fin de semana de Todos los Santos. Con este fin, nuestro capellán, el Padre Claude Barthe, autor de numerosos libros y artículos en materia litúrgica, se pondrá en contacto con los grupos de peregrinos y con los sacerdotes presentes en Roma para la ocasión. Cualquiera que estuviese interesado puede contactar nuestra Secretaría en la dirección cisp@mail.com o escribir a secretary@fiuv.org.

*

El anuncio oficial de la peregrinación se dará el 10 de septiembre, apenas ocho semanas antes de la Misa del 3 de noviembre. El tiempo es poco. ¿Cuántos peregrinos esperan que vengan a Roma?


Es cierto: los tiempos son breves. Sin embargo, el Coetus Internationalis ha llevado a cabo ya mucho trabajo, de manera discreta, en los muchos meses precedentes. He sabido que los peregrinos previstos en Roma están estimados entre los 3000 y 4000, provenientes de todo el mundo.


*

Usted ha dicho que es también el secretario de la FIUV. ¿Qué rol ha desarrollado la FIUV en esta peregrinación y cómo se ubica entre sus actividades?


Siendo la más antigua organización de laicos activa para la conservación de la liturgia tradicional en latín, la Federación Internacional Una Voce ha estado involucrada desde el comienzo en la organización de la peregrinación. Nuestra red de Asociaciones y Federaciones en 33 países en los cinco continentes atribuye gran importancia a la colaboración y a la íntima unión en la caridad. Era natural, por lo tanto, que la FIUV fuese uno de los primeros y decisivos sostenedores del Coetus Internationalis.


Nuestra Federación va a Roma cada dos años para una Asamblea General de los Socios, pero estábamos ansiosos de realizar un particular esfuerzo para celebrar el 5º Aniversario del Summorum Pontificum y demostrar nuestra fidelidad al Papa durante el Año de la Fe. La peregrinación a Roma del próximo mes de noviembre será la ocasión ideal para repetir lo que los católicos hacen desde siempre: una peregrinación a las tumbas de los Apóstoles y una declaración pública de su fidelidad al Papa.


Lo que hay de peculiar en el Coetus Internationalis, y esto debería interesar a todos aquellos que apoyan el Summorum Pontificum, es su estar por encima de las divisiones. Se trata de un sencillo acto de amor por parte de muchas almas reunidas en los diversos movimientos católicos, que tratan todas de incluirse en nuestra única y visible expresión de fe, de agradecimiento y de fidelidad. A todos aquellos que comparten nuestra fe católica, que comparten nuestra gratitud por Summorum Pontificum y que comparten nuestra fidelidad al Santo Padre, a todos aquellos que escuchan mis palabras digo: “¡Vengan con nosotros a Roma!”.

***

Fuente: Messainlatino


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

***

lunes, 27 de agosto de 2012

Card. Barbarin: “Si un Parlamento se cree el buen Dios, entonces estamos en peligro”

 

*

photo_1218791052614-1-0

*

El periódico Avvenire ha entrevistado al Cardenal Philippe Barbarin, Arzobispo de Lyon y Primado de las Galias, sobre la realidad de la Iglesia en esa Nación, en vísperas del Año de la Fe y en medio del enfrentamiento al plan del gobierno socialista de introducir en Francia el matrimonio entre personas del mismo sexo. Ofrecemos nuestra traducción en lengua española.

***

“El Año de la Fe es un hermoso regalo, para Francia y para toda la Iglesia. Ya hemos vivido un Año del sacerdocio extraordinario, con la impresión, en Lyon, de ser por un año como la aldea de Ars. El Año de la Fe nos permitirá profundizar el Credo y conocer mejor el Catecismo de la Iglesia Católica. Es lo que el Papa ha querido hacer el año pasado con los jóvenes, en la JMJ de Madrid, ofreciendo su Youcat”. El cardenal Philippe Barbarin, primado de las Galias en calidad de arzobispo de Lyon, es conocido por su compromiso en el diálogo ecuménico e interreligioso, pero también por el eco particular de sus intervenciones a nivel nacional. La semana pasada, Le Figaro abrió en primera página con un llamamiento del prelado que ha sonado como una advertencia para la clase política: “No se debe desnaturalizar el matrimonio”.

*

¿Qué significa hoy la clásica expresión “Francia, hija primogénita de la Iglesia”?


Hace referencia a una historia muy rica que debemos recordar y por la cual es necesario dar gracias a Dios. Pero hay que tener cuidado de no dejarse invadir por el pasado, por ser tan maravilloso. El Señor nos espera en el presente y futuro. Lyon, por ejemplo, recuerda a sus mártires del siglo II, convertidos en una fuente de evangelización de las Galias y del norte de Europa. Pero recordamos que la palabra griega mártir quiere decir testigo. Este impresionante punto inicial de nuestra Iglesia nos lleva a plantearnos una pregunta esencial: “¿Somos los servidores y los testigos del Señor?”.

*

¿Cómo se expresa, en los modos más elocuentes, el impulso misionero de la Iglesia?


En Francia somos muy afortunados. Hay extranjeros que me confían su admiración frente a las iniciativas, múltiples y vigorosas, tomadas para la nueva evangelización. Tenemos escuelas teológicas y movimientos espirituales muy vivaces y audaces. Basta pensar en el nuevo studium de Notre Dame de Vie, en Venasque, o en el de la facultad de Notre Dame en París, o en el renacimiento de los dominicos en Toulouse. Conocemos un desarrollo impresionante de las nuevas comunidades, similar al de Brasil. Algunas, como Emmanuel y Chemin Neuf, tienen ya cerca de 40 años de experiencia. Se pueden evocar también las innumerables innovaciones misioneras, a través de la música y los conciertos, o nuevos sitios de internet de evangelización. En mi diócesis vivimos la hermosa experiencia de los “Trabajadores de la Fe”, en la estela del llamado lanzado por Juan Pablo II durante el Jubileo del año 2000.

*

¿Dónde se encuentran las principales dificultades?


En cierto sentido, somos actualmente muy pobres, ya que piezas enteras se han derrumbado: muchos monasterios y seminarios han cerrado. El clero envejece y esto provoca un sufrimiento real, a veces incluso una cierta desestabilización de nuestras comunidades. Cada año, en Lyon, ordeno dos o tres sacerdotes, y mueren cerca de veinte. Al mismo tiempo, constatamos un verdadero dinamismo, una sorprendente vitalidad. No quisiera ser un optimista ingenuo, ni un sombrío pesimista. Hay situaciones alarmantes en numerosas diócesis y fuerzas de renovación un poco por todas partes.

*

¿La presencia y la palabra de los católicos en la sociedad continúan siendo un desafío?


Tenemos libertad de palabra y el deber de expresarnos por el bien de la sociedad, sobre todo en esta fase de duda sobre el futuro de nuestra civilización. A veces tengo la impresión de que nuestra democracia está cortando el árbol sobre el que vive. En Francia hemos visto al poder perder la cabeza cuando se convirtió en una “monarquía absoluta” y se comenzó a hablar de un “rey sol”. Espero que no entremos en una era de “democracia absoluta”, olvidando que toda forma de poder está hecha, en primer lugar, para servir. Se dice a menudo que la democracia es el “régimen menos malo”. Tratando de permanecer en escucha y de respetar el bien de todos, un Parlamento debe votar una ley financiera y legislar. Pero si se arroga el derecho de cambiar los fundamentos de la sociedad, es decir, si se cree el buen Dios, entonces estamos en peligro. También un Parlamento puede conducir un país al abismo. Siempre es difícil permanecer humildes frente al poder.

*

Lanzado a menudo, ¿el debate sobre la laicidad esconde fallas profundas?


Francia vive las secuelas de un viejo conflicto. Con la ley de separación de 1905, el Estado se compromete a garantizar la libertad de culto y confía a los creyentes la responsabilidad financiera de la Iglesia. Esto honra a los católicos: la formación de un seminarista cuesta 20 mil euros al año. El problema es que, detrás de la palabra laicidad, se esconde a menudo un cierto odio a la religión. Por lo tanto, sí una República laica, pero no una mentalidad laicista. El ex-Presidente de la República había promovido una “laicidad positiva”, lo que prueba bien que ella no lo es espontáneamente. Normalmente, esta palabra no debería requerir adjetivos. Pero, de hecho, Francia se debate todavía entre dos viejas corrientes: respetar la religión o combatirla.

***

Fuente: Avvenire


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

***

martes, 21 de agosto de 2012

Cuando Pablo VI respondió al ‘68 con el Año de la Fe

*

101316_100015_Papa-Paolo-VI_380

*

Presentamos nuestra traducción de este interesante artículo de Angela Ambrogetti, publicado en Korazym.

***

Si septiembre será el mes del Líbano y de las Iglesias de Oriente Medio, con el viaje del Papa y la entrega del documento que recoge los resultados del Sínodo del 2010, octubre estará dedicado al Concilio Vaticano II. Benedicto XVI ha querido que la próxima Asamblea Sinodal estuviese dedicada a la Nueva Evangelización y que las celebraciones por los 50 años de la apertura de la gran Asamblea conciliar fuesen coronadas por la apertura del Año de la Fe. Se reúnen así dos eventos queridos por dos grandes Pontífices. El Concilio, convocado de modo inesperado por Juan XXIII, y el Año de la Fe, que Pablo VI quiso en los años post-conciliares para contrastar una deriva de la que todavía hoy se sienten los efectos.


El 11 de octubre, entonces, no será sólo un momento celebrativo, con los jóvenes en Plaza San Pedro con antorchas para recrear la atmósfera del “discurso de la Luna” del Papa Juan. El 11 de octubre será una ocasión para releer qué ha significado la apertura del Concilio. Un shock para cardenales, obispos y fieles, una profecía para la Iglesia que veía y anticipaba la atmósfera del ’68.


Todo nace sólo del corazón de un Papa, Juan XXIII, que para algunos no tenía nada que decir y que debía ser de transición. Al releer hoy aquellas páginas de historia y crónica parece entreverse la miopía de un mundo eclesial que imaginaba que nunca tendría que mirar al mundo contemporáneo. Y sin embargo, el problema era real. Había una enorme disparidad entre las finalidades indicadas por el Papa y los instrumentos a disposición de la Iglesia en aquellos primeros años ’60. Escribe pocos años después Benny Lai: “La situación de la Iglesia era menos tranquila de lo que parecía en la superficie. Dentro de los ambientes eclesiásticos se habían desarrollado, en el área cultural franco-alemán, tendencias innovadoras tanto en campo teológico como bíblico”. ¿Un fermento que el Papa quería detener? El Papa Juan, después del anuncio del 25 de enero de 1959, dedicó cada tarde a la preparación de la Asamblea, hasta aquel 11 de octubre de 1962, cuando todavía el Papa pensaba cerrar los trabajos para Navidad. Comenzó así también una cierta narrativa que veía en el Papa Roncalli al gran reformador, innovador. Con el tiempo se vio que, en efecto, el Papa era bastante conservador y tocó precisamente a su sucesor, Pablo VI, navegar en un post-Concilio tan borrascoso que requería una “puesta a punto”.


Evidentemente no fue suficiente. Pero el Papa, que conocía la Curia, sabía que fuera de los Muros Leoninos el fermento era grande y, a veces, hasta demasiado descompuesto. “Nos – dijo en la homilía de la Misa que concluía, el 28 de junio de 1968, el Año de la Fe – somos conscientes de la inquietud que agita a algunos ambientes modernos en relación a la fe. Estos no han escapado al influjo de un mundo que se está transformando enteramente, en el que tantas verdades son o completamente negadas o puestas en discusión. Más aún: vemos también a algunos católicos que se dejan llevar por una especie de pasión por los cambios y las novedades. Sin duda, la Iglesia tiene constantemente el deber de proseguir los esfuerzos para profundizar y presentar, de modo cada vez más apropiado a las generaciones que se suceden, los inescrutables misterios de Dios, fecundos para todos de frutos de salvación. Pero, al mismo tiempo, hay que tener sumo cuidado para que, mientras se realiza este necesario deber de investigación, no se derriben verdades de la doctrina cristiana. Si esto sucediera —y vemos dolorosamente que hoy sucede en realidad—, ello llevaría a una general perturbación y perplejidad en muchas almas fieles”.


El Papa “progresista”, como también en este caso se lo quería presentar, era perfectamente consciente de que en los momentos de mayor impulso reformador había que tener los pies sobre la tierra. Se lo entendió plenamente más tarde, cuando el ala más conservadora del Concilio tomó el camino de aquello que hoy es ya casi un cisma. Marcel Lefebvre reaccionó más a las interpretaciones que al Concilio mismo, pero luego sus seguidores han emprendido un camino totalmente divergente del seguido por Juan Pablo II primero y por Benedicto XVI hoy. Y es precisamente a Benedicto XVI quien tiene hoy la tarea que un día fue de Pablo VI. Después de la profecía, la reflexión; después de un Papa que lleva el Concilio a las Iglesias locales, un Papa que recuerde que la Iglesia es una en la riqueza de las diversidades. Después del entusiasmo de la adolescencia del Vaticano II, la madurez de una juvenil y meditada energía. Porque la Iglesia es joven, y la Nueva Evangelización profetizada por Juan Pablo II debe volverse concreta cotidianeidad en un mundo lacerado entre la tentación de lo viejo y la indiferencia de lo más nuevo.


***

Fuente: Korazym


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

***

viernes, 17 de agosto de 2012

Crisis de fe en la Iglesia de Alemania: “Sin asimilación del Catecismo, la fe se desvanece”

*

media-242796-2

*

Presentamos algunos extractos de un artículo de Andrea Galli, publicado en Avvenire, sobre la compleja realidad de la Iglesia en Alemania, en vísperas del Año de la Fe convocado por el Santo Padre, junto con la entrevista a Mons. Willhelm Inkamp, sacerdote alemán, historiador de la Iglesia y consultor de las Congregaciones para las Causas de los Santos y para el Culto Divino. Como rector del santuario bávaro de Maria Vesperbild, Mons. Inkamp se destaca por su empeño en promover la visión litúrgica del Papa Benedicto XVI. Es, además, un observador autorizado de la compleja situación del catolicismo alemán.

***

El Año de la Fe visto y vivido por la Iglesia alemana será un año especial. No sólo es alemán el Papa que lo ha convocado, y alemán el nuevo Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, caso único en la historia. Alemania misma, con todo su peso, es un caso ejemplar de la secularización que ha investido brutalmente a Europa, y no sólo del norte.


Durante este pontificado no han faltado las agitaciones, advertidas hasta en Roma. Como el memorándum firmado por un grupo de 143 exponentes de diversas facultades de teología que, partiendo del escándalo de los abusos sexuales cometidos en algunas estructuras eclesiales, han propuesto un nuevo comienzo para la Iglesia alemana bajo la bandera de una ruptura: entre otras cosas, con el magisterio en el campo de la ética sexual, con la estructura jerárquica de la Iglesia misma, con el celibato sacerdotal.


Pero también en la Carta sobre la remisión de la excomunión a los cuatro obispos lefebristas – aquella en que Benedicto XVI recordó que “en amplias zonas de la tierra la fe está en peligro de apagarse como una llama que no encuentra ya su alimento” – alguno ha visto una referencia a ambientes y personalidades del catolicismo alemán en estas dramáticas palabras: “Me ha entristecido el hecho de que también católicos, que en el fondo hubieran podido saber mejor cómo están las cosas, hayan pensado que debían herirme con una hostilidad dispuesta al ataque”.


Precisamente en Alemania, de hecho, a pesar de que la presencia de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X es bastante menor que en Francia, el intento de superar el cisma realizado por Lefebvre ha desencadenado reacciones polémicas.


A una comunidad eclesial gloriosa y compleja, atravesada todavía por instancias de renovación traumática y por tensiones que se remontan a los años `60 y `70, pero que al mismo tiempo ha dado a la Iglesia universal un Pontífice y uno de los mayores teólogos contemporáneos, a una Iglesia que ha visto una erosión constante de las vocaciones y del mismo número de fieles (150 los nuevos seminaristas registrados en el 2011, 100.000 los católicos menos cada año a partir del 2000), pero que continúa teniendo un gran impulso caritativo (450 millones de euros donados para proyectos de caridad y misioneros en los cinco continentes), Benedicto XVI ha indicado en persona las directivas para vivir el Año de la Fe.


Lo ha hecho en su viaje apostólico a Alemania en septiembre del año pasado y en los discursos que ha pronunciado. En uno en particular, al Consejo del Comité central de los católicos, ha querido tocar un punto difícil. La Iglesia alemana está “organizada de manera óptima pero – preguntó Ratzinger –, detrás de las estructuras, ¿hay una fuerza espiritual correspondiente, la fuerza de la fe en el Dios vivo? Debemos decir sinceramente que hay un desfase entre las estructuras y el Espíritu”.


El sentido teutónico del orden y la organización ha hecho de las 27 diócesis, de las curias y de su aparato máquinas eficientísimas e imponentes. Con un millón y medio de empleados, la Iglesia católica y la evangélica son juntas el segundo dador de trabajo en Alemania después de la administración pública. La Iglesia católica da trabajo en particular a cerca de 650 mil personas, de las cuales 500 mil empeñadas en la Caritas. Por esta desproporción entre aparato y fe auténticamente vivida – que concierne también al mundo de la teología, de la que Alemania continúa siendo una reserva de primordial importancia para autores, publicaciones y facultades -, así como por el riesgo de prestar excesiva atención a cuestiones en el fondo secundarias, ha venido la advertencia del Papa: “Si no llegamos a una verdadera renovación en la fe, toda reforma estructural será ineficaz”.


Entrevista a Mons. Willhelm Inkamp


De entre los posibles frutos del inminente Año de la Fe, ¿de cuáles tiene más necesidad la Iglesia alemana?


Es necesaria una verdadera recepción del Catecismo de la Iglesia Católica, que debe convertirse en un fundamento vinculante para la transmisión de los contenidos de la fe. Esto vale para la preparación a los sacramentos, para el plan de formación y para los programas didácticos de los profesores de religión, obviamente hasta la preparación de los sacerdotes.

*

Usted es el rector de un santuario muy famoso, signo de un amor secular del catolicismo alemán por la Virgen. ¿Este amor existe todavía o la importancia de María debe ser redescubierta?


Incluso sólo el título de “Mater Ecclesiae” muestra la importancia que la Virgen María tiene para este Año de la Fe. Ella es la “Puerta de la fe” y, por eso, también la “Puerta del Cielo”. En el santuario de Maria Vesperbild florece y arde el amor por la Madre de Dios. Y la piedad popular tendrá un significado especial en el Año de la Fe.

*

Una actitud de contestación al Magisterio y un cierto espíritu anti-romano sobreviven en las Iglesias de lengua alemana, a pesar de que se han revelado estériles y en el post-Concilio han desertificado muchas comunidades cristianas. ¿Por qué resisten todavía?


Respecto al sentimiento anti-romano, Hans Urs Von Baltashar ya ha dicho todo lo que había para decir. Lamentablemente esto es un continuum en la historia de la Iglesia alemana. Para decirlo de un modo un poco fuerte, Febronio (NdR: 1701-1790, canonista alemán que negaba al Papa el derecho de pronunciarse sobre la conducta de las Iglesias nacionales) vive todavía, y muchos teólogos alemanes nunca han ido más allá del Concilio de Pistoya (NdR: 1786, condenado por el Papa Pío VI, se propuso una reforma de la Iglesia en sentido jansenista). El sentimiento anti-romano es, en el fondo, un resto del siglo XVIII.

*

¿Por qué la Iglesia y la misma fe resultan tan poco convincentes a muchos jóvenes?


El aparato eclesial, con su complicado sistema de comisiones y de consejos, no es percibido en su grandeza espiritual sino como un simple ente de derecho público que se esfuerza en todos los aspectos por tener relevancia social. Pero los efectos a largo plazo, por ejemplo de las Jornadas Mundiales de la Juventud o de los nuevos movimientos eclesiales, podrían cambiar las cosas.

*

Es típico hoy que a sacerdotes y personalidades de la Iglesia se les pida pronunciarse sobre cualquier tema que concierne a la vida social: ecología, trabajo, derechos humanos… Está quien sostiene que sería mejor concentrarse en los contenidos de la fe, dejando de lado el resto. ¿Usted qué piensa de eso?


Estoy plenamente de acuerdo. Sin la asimilación del Catecismo, de la que hablaba antes, la fe se evapora, se desvanece. También aquí, sin embargo, existe la esperanza de una corrección, por ejemplo con proyectos como el Youcat (NdR: el Catecismo de los jóvenes difundido en la JMJ de Madrid).

*

La fe se expresa también a través de signos: ¿cuáles deberían redescubrirse?



Se necesita una especial introducción a los sacramentales. La piedad popular conoce bien su profundo significado, son un tesoro para redescubrir y para ofrecer nuevamente. Me parece que es urgente una pastoral que piense cómo lograrlo.

***

Fuente: Avvenire


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

***

viernes, 10 de agosto de 2012

Benedicto XVI a Mons. Brugués: “Mi sueño era ser Bibliotecario de la Iglesia Romana”

*

A_opt

*

En esta interesante entrevista que el Arzobispo Jean-Louis Brugués, nuevo Archivista y Bibliotecario de la Santa Iglesia Romana, ha concedido a L’Osservatore Romano, el prelado narra que Benedicto XVI, al confiarle el oficio, le confesó que, antes de ser elegido Papa, su sueño era precisamente ocuparse de dicha tarea. Presentamos nuestra traducción de la entrevista.

***

Después de los cardenales Tisserant y Tauran, un francés es nuevamente cabeza de la Biblioteca Apostólica Vaticana. ¿Una suerte de continuidad en la tradición?


Si mis cálculos son correctos, a partir de 1550, cuando el título entró en uso con el cardenal Marcello Cervini, que luego sería Papa en 1555, yo soy el 47º archivero y bibliotecario de la Santa Iglesia Romana. Si se mira la larga lista de mis predecesores, que abraza casi siete siglos, se nota la aplastante mayoría de italianos. ¿Pero es correcta la expresión italiana? Antes de la unificación de la península, los cardenales de Venecia, Florencia, Nápoles, Milán, ¿podían ser llamados italianos? Esta es una cuestión que dejo a los historiadores.


En esta larga lista aparecen algunos nombres no italianos: un inglés, un alemán, un austríaco, dos o tres españoles, según se considere a uno nacido en Italia pero de familia ibérica, y entre estos tres un catalán. Luego encontramos tres franceses antes que yo. Por lo tanto, soy el cuarto. Considerando los caminos personales de cada uno de estos cuatro, son muy diferentes. El primer francés, que se llamaba Jean-Baptiste Pitra, ya el nombre es un poco italiano, ha sido bibliotecario entre 1869 y 1882. Era un monje de la congregación benedictina de Solesmes, nacida algunos años antes. Era un historiador, pero ha jugado un rol bastante importante durante el concilio Vaticano II. El segundo es el cardenal Eugene Tisserant, que era más bien un especialista de lenguas orientales antiguas, y el tercero Jean-Louis Tauran, diplomático de alto nivel.


¿Se puede hablar de tradición de cuatro personas francesas tan diferentes? Tal vez sí. Lo que tenemos en común los franceses, si bien habiendo conocido recorridos diversos, pienso que es la preocupación del humanismo, una cierta búsqueda literaria y un cierto gusto, se podría decir también curiosidad, por el hecho político y la evolución de las ideas.

*

¿Hay algún aspecto que lo haya impresionado particularmente en la figura del cardenal Tisserant, definido por Pablo VI “gran talento”, “energía poderosa”?


Cuando fui nombrado bibliotecario he recibido como regalo un libro sobre el cardenal Tisserant y he notado que en él estaba la preocupación de unir la investigación científica, lo más escrupulosa posible, con un interés por los acontecimientos que ha vivido durante su existencia. No todos los franceses presentan este gran talento y esta energía; pero en él se ha manifestado. Ha tenido una vida extraordinaria, porque ha conocido de cerca, y las describe en sus escritos, dos guerras mundiales, la crisis del modernismo, el apogeo de los sistemas coloniales y su desaparición. Ha estado presente en tres cónclaves y ha jugado un rol de primer plano en el concilio Vaticano II. Ha sido una gran personalidad a la altura de los grandes acontecimientos que ha conocido.

*

La Biblioteca Apostólica Vaticana es una inmensa mina también para la catequesis.


Cuando el Papa me recibió para confiarme el nuevo oficio, me dijo una frase que me ha hecho reflexionar. Me confió que, antes de convertirse en Papa, tenía un sueño: ir a la Biblioteca como bibliotecario y archivista. Un sueño, me dijo, que querría ahora realizar a través de mí. No me ha dicho cómo. Mi empeño ahora es buscar cómo puedo realizarlo. Cuando se mira la riqueza y la potencia de las catequesis del Papa – trátese de las audiencias de los miércoles o de las prédicas, por no hablar de sus altísimos discursos, como por ejemplo los de Ratisbona, Londres o el del Parlamento federal de Alemania – no es posible no imaginar que este hombre, tan dotado para la catequesis, no haya pensado en un vínculo directo con la Biblioteca.

*

¿Cuál es la naturaleza de este vínculo?


Me he planteado esta pregunta y me he dicho: debe ser como la quilla del barco, que no se ve. En efecto, pocas personas logran verla. Así es para la Biblioteca: son pocos, además de los especialistas, los que la conocen, los que entienden la gran cantidad de trabajo que se lleva a cabo en la Biblioteca y en los Archivos. Son precisamente estas instituciones las que permiten a la barca de la Iglesia mantenerse a flote y avanzar. Si no estuviese la quilla, el barco estaría sometido a los vientos doctrinales de cualquier naturaleza o a las modas. Es esta quilla la que da a la obra catequética de la Iglesia y a la enseñanza su profundidad. Si puedo usar las palabras de Simone Weil, es la que permite a la misión educativa de la Iglesia recibir todos los dones de la gracia. Mi predecesor, el cardenal Raffaele Farina, amaba repetir que la memoria es un elemento esencial de la misión de la Iglesia.

*

¿Qué representa la memoria para usted?


He llegado a una doble convicción. La Iglesia es la institución más antigua de la humanidad. Es más antigua que las universidades, las ciudades y los sistemas políticos. Y, por lo tanto, su memoria no es sólo propia sino de una buena parte de la humanidad. Es por eso que la Biblioteca tiene por naturaleza una vocación universal. No es sólo un lugar donde se deposita sino que es también un medio para beneficiarse de su tesoro la mayor parte de la humanidad. A propósito de tesoros, el Papa me ha confiado que considera recibido en la Biblioteca un instrumento maravilloso. Entonces he comprendido que los fondos de la Biblioteca y el Archivo con como las joyas de la corona de la Iglesia. La Iglesia hace con frecuencia, sino esencialmente, memoria. Se necesitan, sin embargo, los instrumentos para hacerlo. Y precisamente a través de la Biblioteca y el Archivo, la Iglesia se ha dado los instrumentos para su memoria y para la memoria de buena parte de la humanidad.


La segunda convicción está todavía más enraizada en mi mente: cuando una persona anciana pierde la memoria, ya no sabe cómo orientarse en la existencia. La memoria es la condición de la identidad y, en consecuencia, del futuro. Quien pierde la memoria, pierde la posibilidad de orientarse. Es cierto para los individuos, pero también lo es para las sociedades y las instituciones. Una sociedad que pierde su memoria después de un incidente histórico, o voluntariamente por razones ideológicas, es en realidad una sociedad que se separa de su propio futuro. Por eso considero con mucha pena que las materias de la memoria – pienso, en particular, en la cultura general, pero también en la historia – estén desapareciendo de las escuelas y de la universidad. Creo que nuestra sociedad se expone a una gran crisis de amnesia y en consecuencia está imposibilitada de progresar. La memoria es la condición para todo progreso social.

*

En una sociedad en que las nuevas tecnologías se extienden cada vez más, ¿cómo ve el futuro del libro?


Cuando llegue a la Biblioteca quisiera, antes que nada, encontrarme con cuantos trabajan allí, pero también comprender sus dimensiones técnicas. No creo justamente que la aparición de las nuevas tecnologías de comunicación pueda un día suprimir el libro y reemplazarlo. El libro, por su constitución, es como un amigo. Como algo que se puede consultar, que se puede tocar, e incluso sentir su olor. Es algo que permanece donde nosotros queremos, que no cambia mucho de aspecto físico y que está a nuestra disposición. Todo esto no podemos hacerlo con los nuevos medios de comunicación. Por lo tanto, el libro es nuestra vida íntima.

*

Vista su experiencia en el dicasterio de la Educación Católica, ¿considera la Biblioteca un instrumento para educación?


Cuando el cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado, me llamó para comunicarme la fecha de mi nombramiento, me hizo notar que hay un vínculo directo entre la misión de secretario de la Congregación para la Educación Católica y la Biblioteca y el Archivo: precisamente el de la memoria. Hasta ahora, he tenido la fortuna y la posibilidad de trabajar en aquel que a menudo llamaba el dicasterio del futuro porque, trabajando con los jóvenes, se trabaja en el futuro y la esperanza. Ahora llego al dicasterio de la memoria. ¿Cuál es el vínculo entre las dos realidades? Nuestras escuelas, un poco en todas partes del mundo, están sometidas a presiones muy fuertes, se lo ve en las universidades. Se quisiera que respetasen las leyes del mercado y fuesen, primero que nada, instrumento de formación profesional. En la práctica, quien sale de las universidades debe ser inmediatamente empleable en el mercado. Este es el peligro de instrumentalización que se corre en los sistemas ultra liberales. La escuela es otra cosa. Es la que permite al niño crecer, desarrollarse, tomar conciencia de lo que es y de lo que puede hacer. Hay toda una dimensión de formación humana, física, intelectual y espiritual, que debe ser asegurada por las escuelas y las universidades. Ocupándome de ahora en más de este ministerio de la memoria seguiré defendiendo la causa de la dimensión humanista al servicio del hombre, de la educación, de las escuelas y de las universidades.

*

Por lo tanto, ¿lo esperan nuevos desafíos?


Al llegar al Vaticano, cerca de cuatro años y medio atrás, nunca habría pensado que un día me convertiría en prefecto de la Biblioteca. Concluido el noviciado de los dominicos, el maestro me dijo al final del curso que para el futuro podía elegir tanto la enseñanza como la actividad de gobierno. Me he dado cuenta que, en el curso de mi vida, he hecho ambas cosas. He sido profesor de teología moral en Francia y en el exterior, superior de comunidad, de provincia religiosa, luego obispo de Angers, una diócesis donde existe una gran universidad católica, la del Oeste. Estos dos aspectos en mi vida siempre se han nutrido mutuamente. Me he beneficiado del uno y del otro. Ahora, en la Biblioteca y el Archivo, pienso continuar haciendo aquello que he hecho hasta ahora porque, a través de estos instrumentos únicos, la Iglesia lleva a cabo una misión de enseñanza. El profesor que está en mí se reencuentra con la responsabilidad de estos instrumentos maravillosos, con el añadido de una tarea de gobierno. De hecho, entre la Biblioteca y el Archivo trabajan cerca de 150 personas, en su mayoría laicos, además de unos cincuenta asociados. Dentro del Vaticano, por lo tanto, representa una gran empresa. Estando en comunicación con el circuito de las grandes bibliotecas del mundo, lo vivo como un desafío que me estimula particularmente.

***

Fuente: Il blog degli amici di Papa Ratzinger


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

***

miércoles, 8 de agosto de 2012

Card. Turkson: “Los cristianos son atacados física y psicológicamente pero seguiremos con nuestra misión”

*

75293706.optim

*

La violencia contra los cristianos en varias parte del mundo va en aumento, como lo demuestran las noticias de los últimos meses y como el mismo Papa denunció a comienzos de este año al afirmar, en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2011, que “los cristianos son actualmente el grupo religioso que sufre el mayor número de persecuciones a causa de su fe”. L’Osservatore Romano ha entrevistado, sobre este tema, al Cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, Presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz. Ofrecemos nuestra traducción.


***

Los cristianos en el mundo son, con creciente frecuencia, objeto de violencia. Detrás de estos episodios, ¿hay motivaciones solamente religiosas, o tal vez el motivo debe buscarse en que, en algunos países, los cristianos son objetivos indefensos y, por lo tanto, más fáciles de alcanzar, y los asesinatos se convierten en instrumentos de presión para otros fines?


Hay algo de cierto. En muchísimas situaciones los cristianos son objeto de violencia, a veces sufrida físicamente, pero a veces también sufrida en forma psicológica. El objetivo es sin duda lo que un cristiano representa. Un credo, un punto de vista desde el que se mira lo que ocurre en el mundo, un estilo de vida que tiene una identidad propia. Nuestros denigradores dicen que pertenecemos un poco al Medioevo, al pasado, aún si luego no tienen nada para demostrarlo.


¿Los cristianos objetivo sensible en cuanto indefensos y, por lo tanto, fáciles de atacar? Es difícil responder. Es cierto que, en muchas partes del mundo, en África sobre todo, nuestras iglesias están construidas no precisamente allí donde hay mayor densidad de población. Más bien se prefiere edificarlas en lugares más próximos a las misiones, a las casas de los sacerdotes, y los cristianos, para llegar a ellas, deben realizar un pequeño viaje, casi como si fuese una pequeña peregrinación. En cambio, las mezquitas de los musulmanes están siempre en los lugares más frecuentados, en medio de sus fieles. Por lo tanto, probablemente en este sentido somos más indefensos.


Pero yo diría que el tener que defenderse no forma parte de nuestra naturaleza. No pensamos que debamos hacerlo a causa de nuestra religión. Creemos en un Dios que no tiene necesidad de ser defendido. Tiene necesidad solamente de ser amado, conocido, testimoniado. Nuestra pertenencia a la Iglesia no se nutre de pensamientos sobre cómo defendernos, sobre cómo imponer nuestro culto. Pensamos sólo en cómo dar testimonio de Dios. Los otros tal vez tienen un punto de vista distinto al nuestro. Piensan que la religión es algo a defender, que el suyo es un dios a defender. No, este no es precisamente el modo de concebir nuestra fe, nuestra misión.


Las estructuras sociales de la Iglesia están entre y para la gente, sin distinciones de ningún género. Vivimos en medio del pueblo en la cotidianeidad, para restituir esperanza, para transmitir un mensaje de amor, el mensaje de Dios. Cuando rezamos, sobre todo en mi África, lo hacemos juntos, a veces aparte, para no molestar. Si luego otros nos consideran, por esto, débiles y objetivos fáciles de golpear, esto no significa que nos dejaremos desanimar en el cumplimiento de nuestra misión: ella es y sigue siendo la de dar testimonio, convencidos de que en Dios no hay nada que temer.

*

Por lo tanto, ¿la tesis de las motivaciones religiosas es la más acreditada?


Si se miran ciertas situaciones, sobre todo allí donde el integrismo está más enraizado, ciertamente viene la tentación de motivar la violencia con el fanatismo religioso, dispuesto hasta a eliminar al otro, es decir, a quien sigue un credo diverso. Un ejemplo típico es lo que ocurre en la India, donde algunos grupos de hindúes radicales no soportan en absoluto la presencia de los cristianos. En ciertas realidades el cristianismo es considerado como una religión extraña, que viene de fuera y por lo tanto es enfrentado, incluso con métodos violentos. En este sentido, hay un fondo de verdad si se habla de motivaciones religiosas. También en algunos países de religión islámica este aspecto puede parecer evidente, aún si a menudo se confunde con la cuestión racial, por ejemplo en Zambia y más en general en el norte de África. No obstante, es innegable que en algunas situaciones, a veces precisamente en ciertas partes de África, hay algunos grupos políticos que explotan la motivación religiosa.


*

Usted ha hecho referencia a la violencia psicológica…


Y está bien no olvidarla. La violencia psicológica es más sutil, pero no menos devastadora. Y no se limita a países en los cuales la mayoría de los creyentes es diversa de la cristiana. Pensemos en muchos países, también occidentales, en los cuales por su mera presencia en puestos públicos, como puede ser un bar o un aeropuerto, un sacerdote se convierte en objeto de escarnio o de todos modos es mirado como si fuese una persona equivocada en un lugar que no es suyo.


Recuerdo que una vez, en mi casa, en Ghana, se me acercó un hombre en actitud irrisoria y me preguntó si no me sentía avergonzado de mostrarme en público con sotana, dado que ya nos encontrábamos en el período post-cristiano. Según él, representaba algo que pertenece al pasado. Por lo tanto, para él, ya no tenía sentido continuar usando hábitos que, de algún modo, según la opinión corriente, recuerdan a la Edad Media. Lamentablemente esta es la situación. Ciertamente no se pueden cambiar los valores cristianos no aceptados por todos para seguir las modas y las nuevas corrientes culturales.


Sin embargo, es suficiente que la Iglesia se oponga o no comparta ciertas posiciones, impulsadas a veces por lobbys interesados, para que sea acusada de anti-modernidad. Ciertas acusaciones llevadas al exceso pueden provocar luego el resentimiento y la violencia. Claro que, para nosotros, la modernidad no tiene nada que ver. Se trata de seguir la voluntad de Dios revelada en el Evangelio. Y esto no tiene nada que ver con la modernidad.


*

El reconocimiento y la consiguiente defensa de la libertad de religión, ¿podrían ayudar a desactivar los episodios de violencia?


La libertad de religión no se pide sólo para los cristianos. Todas las religiones deben sentirse libres. Así como se reclama la libertad de conciencia, toda persona, partiendo de su dignidad humana, debe ser reconocida titular de todos los derechos, así como de todos los deberes, que regulan el buen vivir en común. Por lo tanto, cada uno debe tener también la libertad de practicar la propia fe, cualquiera que sea. Afirmar la propia libertad religiosa no debe llevar a la negación de la libertad religiosa del otro y sobre todo no puede y no debe fomentar la persecución religiosa. Se trata sólo de reconocer y conceder al otro lo que es reconocido y concedido a nosotros mismos. Es sencillamente así.


*

¿Cuánto podrían ayudar, en este período, las medidas fundadas en la ética y en la justicia social a resolver la crisis económica y financiera que está resquebrajando la comunidad mundial, hasta poner en peligro la misma democracia?


Seguimos hablando de la ética, pero no todos tienen una idea precisa de ella. Nosotros ofrecemos al mundo la ética cristiana, según la cual debemos saber vivir no simplemente de fraternidad sino también de gratuidad. Debemos comprender que la fraternidad humana es una realidad a vivir, y no contentarnos simplemente con frases o afirmaciones. Pertenece a la naturaleza misma de los seres humanos, que es muy lineal. El mundo económico-financiero, en cambio, parte siempre de alguna presunción antropológica no precisamente correcta.

*

¿Cuál, por ejemplo?


El hecho de que, en una cierta situación económica, la persona humana actuará siempre del mismo modo. Es una presunción que se encuentra en la base de muchas especulaciones. La Iglesia en esto tiene mucho para decir. Aún si a menudo se le niega el derecho de hablar. Cuando está de por medio la persona humana, ella no sólo tiene el derecho sino también el deber de hacerlo. En esta situación particular tiene, sobre todo, el deber de hacerlo. Actuar en el campo económico y financiero como si el hombre fuese un cuerpo sin significado quiere decir pensar que la persona humana ya no vive de su misma naturaleza.


Es como si el pecado original, el alejamiento de Dios hasta su negación, comenzara a asomarse nuevamente en la historia del mundo. Es necesario prestar la máxima atención al mal que se insinúa entre nosotros, que existe y que de algún modo nos amenaza. Pienso, por ejemplo, en la avaricia imperante en el mundo financiero cuando se impulsa a apuntar al propio beneficio más allá de todo límite. Si esta es la situación, si la persona humana se dirige hacia esta deriva, la Iglesia tiene ciertamente algo para decir. Lo dice y continuará diciéndolo.


***

Fuente: L’Osservatore Romano


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

***

lunes, 6 de agosto de 2012

El Papa completa su trilogía: prepara la encíclica sobre la fe

*

1246961784_0

*

Presentamos nuestra traducción de este artículo del vaticanista Paolo Rodari, publicado en Palazzo Apostolico, sobre la novedad de que el Papa está preparando una nueva encíclica durante sus vacaciones de verano.

***

Cuando el 24 de abril del 2005, en la homilía que inauguró el Pontificado, Benedicto XVI dijo que su tarea, y la de la Iglesia, era “conducir a los hombres fuera del desierto, hacia el lugar de la vida, hacia el amistad con el Hijo de Dios”, probablemente ya pensaba que llegaría hasta aquí. ¿Hasta dónde? A la decisión de escribir una encíclica sobre la fe, la cuarta, la tercera dedicada a las virtudes concernientes a Dios, es decir, las virtudes teologales. Una noticia dada en las horas pasadas en Les Combes, en Introd, por el Secretario de Estado Tarcisio Bertone, que ha explicado también que el Papa ha concluido la preparación del tercer libro de la obra sobre Jesús de Nazaret, dedicado a las narraciones de la Infancia de Jesús (Die Kindheitsgeschichten). El libro, escrito en alemán, debe ahora ser traducido.


Una encíclica dedicada a la fe, por lo tanto, ¿para decir qué? El Papa dio una idea el pasado 11 de octubre, en la Carta apostólica Porta Fidei con la cual convocó un año dedicado a la fe. Dijo que “sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común”. Mientras que la Iglesia no puede aceptar que “la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta”.


La fe antes que las preocupaciones sociales y políticas, por lo tanto, un presupuesto no secundario en la visión de las cosas del Papa alemán. Se sabe que él tiene en mente a Pablo VI y su decisión, en ciertos aspectos explosiva, de convocar un año de la fe en 1967, tiempos de agitación y, en la Iglesia, también de concesiones: el actuar antes que el creer, los años del post-Concilio, las verdades de fe diluidas por el viento de la renovación. Pablo VI pensó en un momento solemne para que en toda la Iglesia hubiese “una auténtica y sincera profesión de la misma fe”.


Una profesión por parte de todos, para que el creer fuese purificado de las derivas y de las traiciones: “Las grandes transformaciones que se verificaron en aquel año – escribió Ratzinger – hicieron que la necesidad de dicha celebración fuera todavía más evidente”. Esta concluyó con la profesión de fe del Pueblo de Dios, para testimoniar cómo los contenidos esenciales que desde siglos constituyen el patrimonio de todos los creyentes tienen necesidad de ser confirmados de manera nueva con el fin de dar un testimonio coherente en condiciones históricas diversas a las del pasado.


No es casualidad que la encíclica salga no sólo en el año dedicado a la fe, sino también en el que se festeja el 50º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II (11 de octubre de 1962) y en el 20º aniversario de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica (11 de octubre de 1992).


Ratzinger trabajó largo tiempo, como prefecto del ex Santo Oficio, en la preparación de un Compendio del Catecismo. Para él, como para Pablo VI más de cuarenta años atrás, el Catecismo es el camino al cual aferrarse no sólo para aprender y divulgar una fe correcta, sino también para interpretar y volver a proponer del modo más correcto las enseñanzas del Vaticano II.



Pablo VI, el 30 de junio de 1968, pronunció como conclusión de su Año de la Fe su “Credo del Pueblo de Dios”. El 24 de noviembre de 2013, fiesta de Cristo Rey, Benedicto XVI celebrará “una Eucaristía en la cual se renovará solemnemente la profesión de la fe”. En pocas palabras, una continuidad absoluta. ¿Será también la fecha en que hará pública su cuarta encíclica? Difícil decirlo. El Papa Ratzinger ha demostrado, en la preparación de su último libro sobre Jesús de Nazaret, no amar las carreras. Se tomará el tiempo necesario para su última esperadísima “circular”.


***

Fuente: Palazzo Apostolico


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

***