lunes, 17 de agosto de 2009

"¡Resista, Maestro, resista!"

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BARTOLUCCI CON PAPA BENEDETTO XVI° DUE

Su Santidad Benedicto XVI y Mons. Bartolucci

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Ofrecemos la traducción al español de una valiosa entrevista a Monseñor Domenico Bartolucci, de 92 años, nombrado por Pío XII Maestro "ad vitam" de la Capilla Sixtina pero alejado del cargo en 1997, debido a la intervención de Mons. Piero Marini, una medida que fue vigorosamente rechazada por el entonces Cardenal Joseph Ratzinger. El título del post, de hecho, hace referencia a las palabras que el mismo Ratzinger dijo a Mons. Bartolucci meses antes de que éste cesara en el cargo.

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Maestro, la reciente publicación del Motu Proprio “Summorum Pontificum” ha traído un soplo de aire fresco en el desolador panorama litúrgico que nos rodea; también usted puede ahora, por lo tanto, celebrar la “Misa de siempre”.


Pero, a decir verdad, yo siempre la he celebrado ininterrumpidamente, a partir de mi ordenación… tendría dificultad, en cambio, no habiéndola dicho nunca, en celebrar la Misa del rito moderno.

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¿Nunca abolida, entonces?


Son las palabras del Santo Padre, aún si algunos fingen no entenderlas y si muchos en el pasado han sostenido lo contrario.

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Maestro, será necesario conceder a los denigradores de la Misa antigua que esta última no es “participada”…


¡No digamos disparates! He conocido la participación de los tiempos antiguos tanto en Roma, en la Basílica, como en el mundo, como aquí abajo en el Mugello, en esta parroquia de este bello pueblo, un templo poblado de gente llena de fe y de piedad. El Domingo, en las vísperas, el sacerdote habría podido limitarse a entonar el “Deus in adiutorium meum intende” y luego ponerse a dormir sobre el asiento… los campesinos habrían continuado solos y los jefes de familia habrían pensado en entonar las antífonas.

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¿Una velada polémica, Maestro, respecto al actual estilo litúrgico?


Yo no sé si, ¡ay de mí!, han estado en un funeral: “aleluya”, aplausos, frases risueñas, uno se pregunta si esta gente leyó alguna vez el Evangelio; Nuestro Señor mismo lloró sobre Lázaro y su muerte. Aquí, con este sentimentalismo insípido, no se respeta ni siquiera el dolor de una madre. Yo les habría mostrado cómo asistía al pueblo a una Misa de difuntos, con qué compunción y devoción se entonaba aquel magnífico y tremendo “Dies Irae”.

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¿La reforma no ha sido hecha por gente consciente y doctrinalmente formada?


Discúlpeme, pero la reforma ha sido hecha por gente árida, se lo repito, árida. Y yo los he conocido. En cuanto a la doctrina, el Cardenal Ferdinando Antonelli, de venerada memoria, solía decir a menudo: ¿“qué hacemos liturgistas que no conocen la teología?”.

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Estamos de acuerdo con usted, Monseñor, pero es cierto también que la gente no entendía…


Queridísimos amigos, ¿han leído alguna vez a San Pablo: “no importa saber más allá de lo necesario”, “es necesario amar el conocimiento ‘ad sobrietatem’”. De aquí a algunos años se intentará entender la transubstanciación como se explica un teorema de matemática. ¡Pero si ni siquiera el sacerdote puede comprender hasta el fondo tal misterio!

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¿Pero cómo se llegó, entonces, a esta distorsión de la liturgia?


Fue una moda, todos hablaban, todos “renovaban”, todos pontificaban, en la estela del sentimentalismo, de reformas. Y las voces que se levantaban en defensa de la Tradición bimilenaria de la Iglesia eran hábilmente calladas. Se inventó una especie de “liturgia del pueblo”… cuando escuchaba estas frases, me venían en mente las palabras de mi profesor del seminario que decía: “la liturgia es del clero para el pueblo”, ella desciende de Dios y no sale desde abajo. Debo reconocer, sin embargo, que aquel aire hediondo se ha hecho menos denso. Las jóvenes generaciones de sacerdotes son, tal vez, mejores que las que las han precedido, no tienen los furores ideológicos dominados por un modernismo iconoclasta, están llenos de buenos sentimientos pero les falta formación.

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¿Qué quiere decir, Maestro, con que “les falta formación”?


¡Quiero decir que queremos los seminarios! Hablo de aquellas estructuras que la sabiduría de la Iglesia había cincelado elegantemente durante los siglos. No se da cuenta de la importancia del seminario: una liturgia vivida, los momentos del año son vividos “socialmente” con los hermanos… el Adviento, la Cuaresma, las grandes fiestas que siguen a la Pascua. Todo esto educa, ¡y no se imagina cuánto! Una retórica tonta dio la imagen de que el seminario arruina al sacerdote, de que los seminaristas, alejados del mundo, permanecen encerrados en sí mismos y distantes de la gente. Todas fantasías para disipar una riqueza formativa plurisecular y para remplazarla luego con nada.

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Retornando a la crisis de la Iglesia y al cierre de muchos seminarios, ¿Usted es partidario de un retorno a la continuidad de la Tradición?


Mire, defender el rito antiguo no es ser del pasado sino ser “de siempre”. Vea, se comete un error cuando a la misa tradicional se la llama “Misa de San Pío V” o “Tridentina”, como si fuese la Misa de una época particular: es nuestra Misa, la romana, es universal en los tiempos y en los lugares, una única lengua desde la Oceanía hasta el Ártico.


Por lo que respecta a la continuidad en los tiempos, quisiera contarles un episodio. Una vez estábamos reunidos en compañía de un Obispo, cuyo nombre no recuerdo, en una pequeña iglesia del Mugello, y llegó la noticia de la repentina muerte de un hermano nuestro, propusimos celebrar enseguida una Misa pero nos dimos cuenta de que sólo había misales antiguos. El Obispo rechazó categóricamente celebrar. No lo olvidaré nunca y reitero que la continuidad de la liturgia implica que, salvo minucias, se pueda celebrar hoy con aquel viejo misal polvoriento tomado de un estante y que hace cuatro siglos sirvió a un predecesor mío en el sacerdocio.

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Monseñor, se habla de una “reforma de la reforma” que debería limar las deformaciones que vienen de los años sesenta...


La cuestión es bastante compleja. Que el nuevo rito tenga deficiencias es ya una evidencia para todos y el Papa ha dicho y escrito varias veces que debería “mirar al antiguo”; sin embargo, Dios nos guarde de la tentación de los líos híbridos; la Liturgia, con la “ele” mayúscula, es la que nos viene de los siglos, ella es la referencia, no se la debe corromper con compromisos “a Dio spiacenti e a l’inimici sui” [que desagradan a Dios y a sus enemigos].

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¿Qué quiere decir, Maestro?


Tomemos, como ejemplo, las innovaciones de los años sesenta. Algunas “canciones populares” beat y horribles y tan de moda en las iglesias en el ’68, hoy ya son trozos de arqueología; cuando se renuncia a la perennidad de la tradición para hundirse en el tiempo, se está condenado al cambiar de las modas. Me viene a la mente la Reforma de Semana Santa de los años cincuenta, hecha con una cierta prisa bajo un Pío XII ya cansado. Y bien, sólo algunos años después, bajo el pontificado de Juan XXIII (quien, más allá de lo que se diga, en liturgia era de un tradicionalismo convencido y conmovedor), me llegó una llamada de Mons. Dante, ceremoniero del Papa, que me pedía preparar el “Vexilla Regis” para la inminente celebración del Viernes Santo. Respondí: “pero lo han abolido”. Se me respondió: “el Papa lo quiere”. En pocas horas, organicé las repeticiones de canto y, con gran alegría, cantamos de nuevo lo que la Iglesia había cantado por siglos en aquel día. ¡Todo esto para decir que, cuando se hacen desgarros en el tejido litúrgico, esos agujeros son difíciles de cubrir y se ven! Nuestra liturgia plurisecular debemos contemplarla con veneración y recordar que, en el afán de “mejorarla”, corremos el riesgo de hacerle sólo daños.

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Maestro, ¿qué papel tuvo la música en este proceso?


Tuvo un rol importante por varias razones. El melindroso cecilianismo, al cual ciertamente Perosi no fue ajeno, introdujo con sus aires pegadizos un sentimentalismo romántico nuevo, que nada tenía que ver con aquella densidad elocuente y sólida de Palestrina. Ciertas extravagancias de Solesmes habían cultivado un gregoriano susurrado, fruto también de aquella pseudo restauración medievalizante que tanta suerte tuvo en el siglo XIX.


Cundía la idea de la oportunidad de una recuperación arqueológica, tanto en música como en liturgia, de un pasado lejano del cual nos separaban los así llamados “siglos oscuros” del Concilio de Trento… Arqueologismo, en resumen, que no tiene nada que ver con la Tradición y que quiere restaurar lo que tal vez nunca ha existido. Un poco como ciertas iglesias restauradas en estilo “pseudo-románico” por Viollet-le-Duc.


Por lo tanto, entre un arqueologismo que quería remitirse al pasado apostólico, prescindiendo de los siglos que nos separan de ellos, y un romanticismo sentimental, que desprecia la teología y la doctrina en una exaltación del “estado de ánimo”, se preparó el terreno para aquella actitud de suficiencia respecto a lo que la Iglesia y nuestros Padres nos habían transmitido.

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¿Qué quiere decir, Monseñor, cuando en el ámbito musical ataca a Solesmes?


Quiero decir que el canto gregoriano es modal, no tonal; es libre, no ritmado, no es “uno, dos tres, uno dos tres”; no se debía despreciar el modo de cantar de nuestras catedrales para sustituirlo con un susurro pseudo-monástico y afectado. No se interpreta un canto del Medioevo con teorías de hoy sino que se lo toma como ha llegado hasta nosotros; además, el gregoriano sabía ser también canto de pueblo, cantando con fuerza nuestro pueblo expresaba su fe. Esto Solesmes no lo entendió, pero todo esto sea dicho reconociendo el gran y sabio trabajo filológico que hizo con el estudio de los manuscritos antiguos.

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Maestro, ¿en qué punto estamos, entonces, de la restauración de la música sagrada y de la liturgia?


No niego que haya algunos signos de restablecimiento. Sin embargo, veo el persistir de una ceguera, casi una complacencia por todo lo que es vulgar, grosero, de mal gusto e incluso doctrinalmente temerario… No me pida, por favor, que dé un juicio sobre las “chitarrine” y sobre las “tarantelle” que todavía nos cantan durante el ofertorio… El problema litúrgico es serio, no se debe escuchar a aquellas voces que no aman a la Iglesia y que se lanzan contra el Papa. Y si se quiere sanar al enfermo, hay que recordar que el médico piadoso hace la llaga purulenta…

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Fuente: Disputationes Theologicae


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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domingo, 16 de agosto de 2009

Ars celebrandi y participación activa

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Benedicto XVI y Arzobispo Hughes

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Ofrecemos este interesante artículo del Arzobispo Alfred C. Hughes sobre el arte de celebrar la Sagrada Liturgia.

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El arzobispo Malcolm Ranjith, [ex] Secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, dio recientemente la ponencia de apertura de la Conferencia Litúrgica “Gateway” en St. Louis. En ella, trató el tema central que necesita ser afrontado si deseamos cumplir con la visión expresada en la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Concilio Vaticano II: el arte de celebrar la Sagrada Liturgia.


En primer lugar, nos es de ayuda reconocer que el término “arte” se refiere usualmente a las habilidades creativas que contribuyen a la “belleza”. Sin embargo, cuando se aplica este término a la Liturgia, las habilidades humanas están subordinadas a la realidad divina que está aconteciendo. Cuando el centro de atención está puesto en lo humano, separado de lo divino, la celebración de la Liturgia termina sufriendo.


No debería haber tensión entre el arte de celebrar y la participación plena, activa y fructuosa de todos los fieles. Desafortunadamente, en la primera fase de implementación de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Concilio Vaticano II, se puso un énfasis muy grande en la actividad externa de los fieles. Como resultado, la búsqueda de la participación plena ha gravitado más hacia la inclusión de ministerios litúrgicos para laicos que hacia las disposiciones interiores requeridas para hacer que la participación sea más fructuosa. En la Sagrada Liturgia, es Cristo el que obra. Lo que es de una importancia extrema es que estemos interiormente unidos a Él en la ofrenda sacrificial que Él hizo una vez en la historia, y que es re-presentada en la celebración sacramental de la Liturgia. El Artista es el Señor. A nosotros nos toca estar unidos con Él.


Así, el arte de celebrar bien no es tanto cuestión de una serie de acciones puestas juntas en una unidad armoniosa, sino que más bien se trata de una comunión profundamente interior con Cristo y con Su acción salvífica de entrega sacrificial. Esto significa que el sacerdote necesita sumirse en una actitud de fe y de oración profundamente reverente, totalmente concentrada y llena de anonadamiento. El sentido de sobrecogimiento del sacerdote debe ser tangible. Su deseo de vivir lo que está celebrando debe poder reconocerse en su vida.


Además, la Sagrada Liturgia es una acción que ha sido confiada a la Iglesia. El celebrante no es el dueño de la Liturgia. No es algo suyo que pueda alterar. La Liturgia es un don, un tesoro, que debe ser respetado y recibido con sentido de reverencia, que debe ser protegido contra una inapropiada secularización.


Cristo mismo es el Celebrante principal. En la constitución apostólica [en realidad se trata de una exhortación apostólica post-sinodal] Sacramentum Caritatis, el Papa Benedicto XVI afirma enérgicamente esta verdad: “Es necesario, por tanto, que los sacerdotes sean conscientes de que nunca deben ponerse ellos mismos o sus opiniones en el primer plano de su ministerio, sino a Jesucristo. Todo intento de ponerse a sí mismos como protagonistas de la acción litúrgica contradice la identidad sacerdotal. Antes que nada, el sacerdote es servidor y tiene que esforzarse continuamente en ser signo que, como dócil instrumento en sus manos, se refiere a Cristo. Esto se expresa particularmente en la humildad con la que el sacerdote dirige la acción litúrgica, obedeciendo y correspondiendo con el corazón y la mente al rito, evitando todo lo que pueda dar precisamente la sensación de un protagonismo suyo inoportuno”.


Uno de los grandes riesgos de celebrar la Misa de cara al pueblo es que el sacerdote se vea tentado a llamar la atención sobre sí mismo. Todos somos humanos. Pero el centro de la acción es Cristo. La forma en que hablamos y actuamos debe llamar la atención sobre esta verdad. Por consiguiente, la celebración debería estar dominada por un sentido de sobrecogimiento y de misterio, con un silencio apropiado y en un espíritu de oración. Lo que hacemos es la Divina Liturgia. Es eclesial en su forma y en su formación. No debiera ser sujeto de ajustes personales. Es por esto que el arte apropiado de celebrar implica la adhesión fiel a las normas litúrgicas en todas sus riquezas.


El Santo Cura de Ars escribió: “Todas las buenas obras juntas no tienen el valor del Sacrificio de la Misa, porque son obras de los hombres, mientras que la Santa Misa es obra de Dios. El martirio no es nada en comparación, es el sacrificio que el hombre hace de su vida a Dios; pero la Misa es el Sacrificio que Dios ofrece al hombre de Su Cuerpo y de Su Sangre”.


Dios nos conceda a todos los sacerdotes la gracia de realizar y cumplir este rol asombroso de un modo tal que podamos fomentar “la participación plena, activa y fructuosa de todos los fieles”.

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Fuente: Arquidiócesis de New Orleans


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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viernes, 14 de agosto de 2009

Stella Matutina

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0815-ASUNCION-DE-MARIA

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Estrella de la Mañana tras la noche oscura, y precursora siempre del Sol.


En este mundo de la vista y de los sentidos, ¿cuál será la manera de representarnos simbólicamente los esplendores de ese mundo superior que se encuentra más allá de nuestras percepciones corporales? ¿Cuáles serán las señales y las promesas más verdaderas, por pobres que sean, de lo que esperamos ver de hermoso y de singular en el más allá? Sean las que sean, seguro que la Santísima Madre de Dios puede reclamarlas como suyas. Y así es en realidad: dos de esos símbolos se le atribuyen como títulos en las Letanías: las estrellas del cielo y las flores de la tierra. María es al mismo tiempo la Rosa Mystica y la Stella Matutina.


Y de esos dos, ambos muy apropiados, el de Estrella de la Mañana es el que mejor le sienta, y eso por tres razones.


La primera, porque la rosa es de esta tierra, mientras que la estrella está colocada en lo alto del cielo. María ya no tiene parte alguna en este mundo de aquí abajo. A las estrellas del cielo no les afecta el cambio, ni la violencia del fuego, del agua, de la tierra o del aire; se hacen visibles, siempre brillantes y maravillosas, en todas las partes del globo y a todas las razas humanas.


En segundo lugar, porque la rosa tiene una vida efímera; su decadencia es tan cierta como grácil y fragante fue su mediodía. Pero María, como las estrellas, permanece para siempre tan brillante hoy como el día de su Asunción, tan pura y tan perfecta cuando su Hijo venga a juzgarnos como lo es hoy.


Y finalmente, es un privilegio de María el ser la Estrella de la Mañana, la Estrella que anuncia el Sol. Ella no brilla por sí misma, ni con luz propia, sino que es un reflejo de su Redentor y el nuestro, lo glorifica. Cuando ella aparece en la oscuridad, sabemos que Él está a las puertas. Él es el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin. Él viene pronto, y trae con Él su salario, para dar a cada uno según sus trabajos. “Sí, Yo vengo pronto. Amén. Ven, Señor Jesús”.

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John Henry Newman, “Meditaciones sobre las Letanías”

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jueves, 13 de agosto de 2009

Tenemos algo que decir

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Arzobispo Dolan

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El Arzobispo de Nueva York, Mons. Timothy Dolan, participó en la 127º Convención anual de los Caballeros de Colón en los Estados Unidos. Allí habló de los desafíos que la Iglesia Católica enfrenta en ese país. Ofrecemos la traducción de la noticia, tomada del blog del Padre Z.

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El Arzobispo de Nueva York presenta un repertorio de desafíos para la Iglesia Católica en los estados Unidos.


El Arzobispo Timothy Dolan, de Nueva York, habló con CNA la semana pasada y dijo que la Iglesia Católica enfrenta, en este momento, muchos desafíos, cuatro de los cuales son: la vocación al matrimonio, el estado de las parroquias y escuelas católicas, el gran número de católicos no practicantes, y finalmente las dificultades ante una cultura que desesperadamente busca mantener a la Iglesia y a la moral fuera del ámbito público.


Hablando con CNA en Phoenix, Arizona, durante la 127º Convención Anual de los Caballeros de Colón, el arzobispo señaló que ama su nueva designación como Arzobispo de Nueva York, pero esto no le impide ver que su arquidiócesis de 2,6 millones de católicos, y la Iglesia misma en Estados Unidos, se enfrenta actualmente con algunos desafíos serios.


“Oh, Señor mío, hay montones de desafíos, los desafíos nunca escasean”, comenzó diciendo el arzobispo, explicando que el primer desafío para todos los católicos es el mismo que Jesús dio el Domingo de Pentecostés: “Vayan por el mundo y anuncien el Evangelio”.


Luego el arzobispo desglosó las palabras de Jesús en cuatro desafíos prácticos que la Iglesia enfrenta para anunciar el Evangelio a todos los hombres, y mencionó primero la inestabilidad del matrimonio y la familia.


“Allí es donde tenemos la verdadera crisis vocacional”, dijo señalando que “sólo el 50% de nuestros jóvenes católicos contraen matrimonio”.


“Tenemos una crisis en la vocación a un matrimonio que sea para toda la vida, que implique el darse por completo, con amor y fidelidad. Si nos preocupamos de esto, tendremos todos los sacerdotes y religiosas que necesitamos para la Iglesia”, dijo Dolan.


El segundo desafío que enfrenta la Iglesia, según el arzobispo Dolan, es el de “mantener y fortalecer la bendita infraestructura que tenemos en la Iglesia Católica en los Estados Unidos”. Esta infraestructura, las parroquias, escuelas, programas de educación religiosa, obras de caridad y hospitales católicos han “fortificado a la Iglesia” por “más de 200 años”. Ahora, sin embargo, estas mismas instituciones tienen que realizar grandes esfuerzos debido a sus dimensiones y costos.


La meta no es sólo mantenerlas, continuó, sino que necesitan ser fortalecidas, ya que “ahora más que nunca, la Iglesia necesita tener un rostro público”.


La Iglesia necesita tener un buen perfil público, debido a que hay “muchas personas a las que les gustaría excluir a la Iglesia de cualquier forma de testimonio público y no podemos permitir que esto suceda”, dijo el arzobispo de Nueva York.


En cuanto al tercer desafío para la Iglesia Católica en Estados Unidos, Dolan lo describe simplemente como “entrar en contacto e invitar a nuestra gente a que vuelva a casa”.


“Me asusta sobremanera el descubrir que, en el espectro religioso de los Estados Unidos, el segundo grupo más identificable es el de las personas que dicen: ‘Solía ser católico’”.


Nosotros los obispos tenemos que hacer algo al respecto, insistió. “Tenemos que decir: ‘No, no existe el ex-católico. Tu catolicismo está, de hecho, en tu ADN. Y, te guste o no, eres engendrado en él de la misma manera que en una familia natural’”.


“Puedes decir: ‘Estoy alejado de mi familia natural, ya no pierdo más el tiempo con ellos, tengo cosas que hacer’. Pero aún sigues siendo miembro de esa familia y es muy común que, tarde o temprano, hagas las paces con ella y vuelvas a casa”, continuó.


En comparación con esto, “la Iglesia es nuestra familia sobrenatural”, explicó. “Puede ser que estés disgustado con ella, puede ser que no aparezcas para la cena del Domingo, puede haber cosas que te enfurezcan... pero aún eres un miembro”.


La Iglesia “es tu familia sobrenatural, y, ¿sabes qué?, te necesitamos y queremos que vuelvas a casa. Siempre eres bienvenido”.


El ultimo desafío que enumeró es el de confrontar “una cultura” con “muchas voces estridentes que quieren dejar fuera del ámbito público a Dios, a la moral, a la virtud y a la Iglesia”.


Explicó que estas voces son las que dicen que “la religión está bien como un pasatiempo individual... pero no nos la impongan al resto de nosotros”.


Sin la voz de la Iglesia, sostiene Dolan, “nuestro ámbito público queda reducido, como si la Iglesia no fuera parte del mismo, y lo que hace que Estados Unidos sea grande es que la religión siempre ha tenido un lugar fuerte y respetado”. Aquellos que quieren excluir la voz de la Iglesia, dijo, están involucrados en un “secularismo galopante”.


También explicó que “hay quienes tienen influencia e impacto en la sociedad y quieren quitarle fuerza a la religión; nosotros no podemos dejar que esto suceda” porque la nación, los individuos, el mundo y la cultura se pondrían peor.


“Tenemos algo que decir y, ¿saben qué?, queremos decirlo”, declaró.

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Fuente: What Does The Prayer Really Say?


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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martes, 11 de agosto de 2009

Cardenal Pell: Newman contra los “errores de la época”

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Newman

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En el aniversario de la muerte de Newman, el Cardenal George Pell de Sydney ha hecho comentarios incisivos sobre la importancia de Newman y de su pronta beatificación. El Padre Z ofrece en su blog un sumario de los puntos principales del texto. Aquí presentamos nuestra traducción al español de los mismos.

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Dictadura del relativismo


Uniendo a Newman con el análisis del Papa Benedicto XVI de la “dictadura del relativismo”, Pell enfatiza que la comprensión de Newman sobre la conciencia está “dentro de la línea de la tradición cristiana, que sostiene la visión de que nosotros no creamos la verdad, sino que estamos bajo ella”. Incluso la conciencia, por tanto, debe “ser juzgada por la conformidad con la verdad y con la Palabra de Dios”. Como Newman declara en su Carta al Duque de Norfolk, la conciencia, de hecho, se realiza y perfecciona sólo cuando abraza la fe y la moral enseñada por la Iglesia Católica.


Newman sabe que, separada de esta vocación a la verdad objetiva, la conciencia degenera de ser un discernimiento de qué es lo correcto a ser “el derecho de la propia voluntad”. De esto surge “la dictadura del relativismo”, según la cual la verdad se sacrifica a las pasiones y opiniones humanas.


El énfasis contemporáneo en la primacía de la conciencia, que a menudo apela a la inspiración de Newman, pasa por alto sistemáticamente este aspecto de su enseñanza, según Pell. Para Newman, de hecho, la “verdad, especificada como la Palabra de Dios, tiene la primacía”. Sin esto, lo que la gente llama “conciencia” se convierte, según Newman, en una “falsificación”. Pell sugiere que el relativismo promovido por la conciencia “falsificada” lleva inexorablemente a “la dictadura de los números, del poder y la manipulación”. Cuando se da por supuesto que la “conciencia” de cada uno es “igualmente válida”, inevitablemente son las opiniones de aquellas conciencias más determinadas y mejor posicionadas para imponerse, las que prevalecen.


Verdad y política


Hablando de otra conexión entre el pensamiento de Newman y el del Papa Benedicto XVI, el Cardenal Pell sostiene que desde el principio, la fe cristiana se ha presentado a sí misma, sobre todo, como verdad. En esto se distingue de lo que Pell llama las concepciones “míticas” de la religión. Tales concepciones de la religión son “utilizadas para justificar disposiciones políticas y sociales – en este sentido, hoy se dice que la religión cumple una importante función terapéutica – pero no reclaman que la religión pertenezca al orden de la realidad en cuanto tal”. Para Newman, sin embargo, el cristianismo no puede ser alineado con otras religiones y reducido a un instrumento de cohesión social. Su pretensión de verdad lo hace permanentemente resistente a los recurrentes esfuerzos del Estado por someterlo y controlarlo.


En su “comprensión muy específicamente cristocéntrica y teocéntrica de la conciencia”, y también en su insistencia en la pretensión de verdad del cristianismo, Pell sostiene que Newman puede renovar la oposición de la Iglesia a la tiranía ejercida por la “ciencia” y el poder secular. “Un conocimiento que excluya radicalmente la dimensión trascendente de la vida”, dice Pell, “en parte se ha cegado a sí mismo. La disminución del conocimiento que se cierra a la fe es una de las razones por las que Newman insistía en que, si bien el valor del conocimiento es absoluto, el conocimiento mismo “categóricamente no es el bien más alto”. Pell nos recuerda que el testimonio que Newman dio de esta verdad tiene una importancia muy urgente para nuestro propio tiempo, en el que asuntos como “la humanidad de los niños por nacer; la humanidad de los ancianos, los discapacitados y los enfermos; y el tema de la injusticia de las malas condiciones de trabajo se ven amenazados por la dictadura de una pericia profesional divorciada de la luz de la fe”.


Por todas estas razones, escribe el Cardenal Pell, la beatificación de Newman aporta “un poderoso auxilio espiritual para nuestro esfuerzo de responder a algunos de los más importantes y dañinos errores intelectuales de nuestro tiempo”.

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Fuente: What Does The Prayer Really Say?


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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lunes, 10 de agosto de 2009

He visto a Lorenzo...

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San Lorenzo 

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En la fiesta litúrgica de San Lorenzo, ofrecemos un extracto de las revelaciones de la Beata Ana Catalina Emmerich referentes a la vida del santo diácono y mártir.

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"He visto a San Lorenzo, español, natural de la ciudad de Huesca. Su madre se llamaba Paciencia; del nombre del padre no me acuerdo. Ambos eran muy piadosos cristianos. No todos eran allí cristianos. Las casas de éstos estaban señaladas con una cruz tallada en piedra. Unas cruces eran sencillas y otras dobles.


Vi que Lorenzo tenía una devoción extraordinaria al Santísimo Sacramento y que próximamente desde los once años había sido dotado por Dios de una maravillosa sensibilidad para conocer la proximidad de la Eucaristía, aunque el Santísimo fuera llevado ocultamente. Dondequiera que fuese llevado, él le acompañaba y le adoraba con mucho fervor. Sus piadosos padres, que no tenían tanto celo, tachaban de excesivo el suyo.


Vi una prueba conmovedora de su amor al Santísimo Sacramento. Supo Lorenzo que un sacerdote llevaba secretamente la comunión a una leprosa, que habitaba una miserable cabaña junto a la muralla de la ciudad. Siguió por devoción secretamente al sacerdote hasta la cabaña y estuvo escuchando y orando mientras la enferma recibía la Comunión. Diósela en efecto el sacerdote, pero en el momento de recibirla la enferma vomitó, y con eso salió de la boca la sagrada forma. El sacerdote, de cuyo nombre no me acuerdo, llegó a ser santo; pero entonces se hallaba en grande apuro sin saber cómo sacar de aquella inmundicia el Sacramento.


Todo esto lo vio el niño Lorenzo desde su escondite, y no pudiendo contenerse, impulsado por su amor al Santísimo, penetró en la habitación y venciendo la natural repugnancia, se echó sobre el vómito y tomó en sus labios el Cuerpo del Señor. Vi que en premio de esta heroica acción recibió de Dios un gran valor y una fortaleza invencible. He visto también de una manera con que no puedo describir, que él nació no de la sangre ni de la voluntad de la carne, sino de Dios.


Vile como niño recién nacido y entendí que fue engendrado por sus padres en medio de la mortificación, después de haber recibido dignamente los santos sacramentos, en pudor y penitencia; que en el momento de ser engendrado fue consagrado a Dios y que por esta razón le había sido dada esta temprana devoción y este sentimiento de la presencia de Jesús en el Santísimo Sacramento. Yo tuve mucha alegría de ver aquí un niño engendrado como yo siempre creía que se debe en el matrimonio cristiano.


Después de aquella acción heroica no tardó Lorenzo en dirigirse a Roma, previo el consentimiento de sus padres. Allí le vi yo, en compañía de los más santos sacerdotes, visitar a los enfermos y encarcelados. No tardó en hacerse querer muy especialmente del Papa Sixto, que le ordenó de diácono. Le vi ayudar a Misa al Papa y vi que el Pontífice después de comulgar le daba a él la Comunión bajo ambas especies. Le vi también dar el Sacramento a los cristianos. No había comulgatorio como ahora. Los diáconos alternaban en el servicio de la Iglesia; pero vi que Lorenzo siempre ayudaba a Sixto.


Cuando éste fue encarcelado, en pos de él corrió Lorenzo y le llamó para que no le dejase; y vi que Sixto, por divina inspiración, le anunció su próximo martirio y le mandó que repartiera entre los pobres los tesoros de la Iglesia. Vile ir con mucho dinero en el pecho a una viuda llamada Ciriaca, en cuya casa había escondidos muchos cristianos y enfermos, y le vi lavarles a todos los pies humildemente, y socorrer imponiéndole las manos a aquella viuda que hacía tiempo padecía violentos dolores de cabeza, y curar enfermos y paralíticos, restituir la vista a los ciegos y distribuir abundantes limosnas entre ellos. La viuda le ayudaba en todas estas cosas, aún en convertir en dinero los tesoros de la Iglesia.


Vile entrar en una cueva y después en las catacumbas, y ayudar a todos y distribuir limosnas y dar la sagrada Comunión e infundir valor y consuelo, pues había en él fortaleza de alma sobrenatural e inocente y grave serenidad. Vile ir con Ciriaca a la cárcel donde estaba el Papa, y decirle cuando éste fue conducido al martirio que ya había distribuido los tesoros, y que como ministro del altar quería seguirle al martirio. El Papa le predijo otra vez su muerte. Después fue preso por los soldados por haber hablado de tesoros.” (Vio también el martirio de San Lorenzo y todas las circunstancias de la conversión de Romano e Hipólito y las curaciones en la cárcel, como refiere su vida, así como las apariciones de los ángeles y los consuelos que de ellos recibió en su martirio y la substancia de lo que le dijeron).


“Los tormentos no se acababan. Duraron toda la noche con extraordinaria crueldad. Entre dos lugares de suplicio había un espacio de columnas, donde estaban todos los instrumentos de martirio. El ingreso en aquel lugar era franco y había muchos espectadores. Allí fue martirizado hasta ser tostado en las parrillas. Después de ser confortado por el ángel, volviéndose en las parrillas habló alegremente. Por sí mismo se había colocado sobre ellas sin dejarse atar.


Conocí que por favor divino había dejado de sentir en gran parte aquel tormento, y que estaba en él como en un lecho de rosas. Otros mártires habían padecido más espantosos dolores. Sus vestidos de diácono eran blancos. Tenía una faja en la cintura, una estola, un cuello redondo sobre los hombros y un manto ceñido como el de San Esteban. Vi que fue sepultado por Hipólito y el sacerdote Justino, y que muchos lloraron en su sepulcro, sobre el cual se dijo Misa. Lorenzo se me apareció una vez que yo sentía escrúpulos sobre si había de comulgar. Me preguntó sobre el estado de mi espíritu y me dijo después de oírme, que podía comulgar al día siguiente.”

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Tomado de “Vida y visiones de la Venerable Ana Catalina Emmerich”, del Padre Carlos Schmoeger.

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domingo, 9 de agosto de 2009

Card. Ouellet: "¡Pongámonos de parte de Pedro!"

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Card. Ouellet

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En una conferencia breve pero contundente ante 90 obispos, 8 cardenales y 1000 Caballeros, el Primado de Canadá y Arzobispo de Québec Marc Ouellet trató el tema de la unidad en la 127º Convención Suprema anual de los Caballeros de Colón.


Ouellet habló del “duro invierno” que el Papa Benedicto tuvo que “sufrir” este último año, al tiempo que fue “duramente criticado tanto dentro como fuera de la Iglesia y no fue defendido adecuadamente por aquellos que comparten su ministerio”.


Las dos mayores controversias que provocaron críticas al Papa en los últimos meses de parte de los principales medios de comunicación liberales e incluso de parte de algunos miembros de la jerarquía de la Iglesia, fueron el levantamiento de las excomuniones de los obispos de la Sociedad de San Pío X, y las declaraciones del Papa contra el uso de los condones. Aunque el Cardenal Ouellet mencionó solamente “el esfuerzo del Papa por traer al grupo cismático de los lefevbristas a la comunión plena”, destacó que el Papa fue criticado “por éste y otros varios motivos”.


Otra controversia – la de los comentarios sobre el uso del condón – causó una protesta internacional contra el Papa, incluso de parte de miembros de la Iglesia. El SIDA “es una tragedia que no puede ser superada sólo con dinero, que no puede ser superada por medio de la distribución de condones, lo que incluso agrava los problemas”, dijo el Pontífice a los periodistas en el avión papal, el 17 de marzo de este año.


Los comentarios fueron seguidos de pesadas críticas por parte de líderes mundiales, incluso católicos, y hasta por críticas veladas de obispos en Portugal, Alemania y Canadá. Dos Cardenales, uno retirado y otro en activo estuvieron entre los que no apoyaron al Papa.


Aunque hubo varios Cardenales y obispos que defendieron al Santo Padre, la defensa del Papa estuvo lejos de ser algo global.


“En todos los niveles de conducción de la Iglesia, la unidad con Pedro y la solidaridad con él no ha sido un gran logro en este año”, dijo Ouellet en su conferencia.


En un entusiasta llamado a la unidad con el Papa y como afirmación de su autoridad de enseñar, el Cardenal Ouellet dijo: “Es ya tiempo de actuar, y de tomar partido con nuestro Santo Padre, quien es admirablemente tranquilo y coherente en el cumplimiento de todas sus tareas. Es una gran bendición para nosotros la calidad de su enseñanza”.


El Cardenal de Quebec felicitó a los Caballeros por el lema de la convención: “Estamos con Pedro, en solidaridad con nuestros obispos y sacerdotes”.


“Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a dar un testimonio más fuerte de nuestra amorosa fidelidad a la Iglesia y a su Pastor principal, el sucesor de Pedro”, dijo. “La unidad en la Iglesia es la llave para la realización de su misión”.


El Primado de Canadá señaló nefastas penurias de la Iglesia como fruto de la desunión con el Papa. “Cuando hay falta de unidad dentro de la Iglesia, vemos rápidamente una disminución en las vocaciones y en la asistencia a la Iglesia, y también la desintegración de la vida familiar”, dijo.


Concluyendo, el Cardenal Ouellet dijo: “Pongámonos de parte del sucesor de Pedro, nuestro Papa, en este tiempo de desafíos, aceptando con coraje nuestro tarea cristiana de construir en todas partes la unidad y la solidaridad”.

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Fuente: Life Site News


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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miércoles, 5 de agosto de 2009

Ranjith: "No me arrepiento de lo que dije sobre la Liturgia de la Iglesia"

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Ranjith

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En el día en que Monseñor Ranjith ha tomado posesión de la Arquidiócesis de Colombo, en Sri Lanka, ofrecemos una entrevista que el prelado ha concedido al periódico italiano Avvenire.

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“Me siento honrado de que el Papa Benedicto me haya elegido como nuevo arzobispo de Colombo, la capital de mi patria, en este momento particular de su historia. Así como me sentí honrado cuando, tres años y medio atrás, me llamó de nuevo a Roma para ser su colaborador en la Curia Romana en el campo – tan importante para él – de la liturgia”.


El arzobispo Albert Malcolm Ranjith Patabendige Don ha recibido con gran serenidad el nombramiento, publicado el 16 de junio, como arzobispo de Colombo, en Sri Lanka. Para Ranjith, de hecho, se trata de un retorno a los orígenes. El 10 de julio Benedicto XVI lo recibió en audiencia. Hoy tomará posesión de la diócesis. Avvenire lo ha entrevistado en la víspera de la partida para Colombo.

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Excelencia, el nombramiento como arzobispo de Colombo ocurre en un momento delicado de la historia del país…


En efecto, ha concluido recientemente el conflicto que por cerca de treinta años ha atormentado al país. A causa de la intransigencia mostrada por los rebeldes y de la dificultad de encontrar una solución aceptable para todos, el gobierno ha tomado la decisión de hacerla terminar de una vez por todas liberando los territorios ocupados por los mismos rebeldes tamiles de su control. El país estaba harto de esta situación y no podía permitir un tipo de “gobierno” paralelo ilegítimo en una parte de su territorio. Pero, al mismo tiempo, todos entienden que esto no significa necesariamente una paz verdadera y duradera. Una cosa es ganar una guerra, otra obtener la victoria de los corazones. Es aquí donde será necesario un proceso para reconstruir la armonía entre las dos etnias, los cingaleses y los tamiles.

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Usted conoce desde hace tiempo al presidente de Sri Lanka, con el que tiene una relación de estima recíproca…


Esto es cierto, y creo que él tiene necesidad del apoyo y de la guía espiritual de los representantes de las diversas religiones para realizar este cambio cultural de modo que las diversas etnias y religiones puedan convivir pacíficamente en una nueva sociedad. Hay varios grupos de integristas que no quieren ver en el país una sociedad pluricultural. Son bastante poderosos y también están bien organizados.

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¿Qué rol podrá tener la Iglesia Católica de Sri Lanka en el proceso de pacificación que usted desea?


La Iglesia ya tiene un rol importante porque está presente tanto en la mayoría cingalesa de la población – que es predominantemente de religión budista – como en la minoría tamil – que es más bien de religión hinduista. Con esto no quiero decir que entre cingaleses y tamiles hay un conflicto de naturaleza religiosa, pero es indudable que el elemento religioso juega un papel importante. Esta división constituye un nuevo desafío para las mismas religiones: el desafío de deber superar las barreras étnicas. La Iglesia lo ha logrado mejor y por eso podrá ser de ayuda, tal vez como un puente inter-étnico.

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¿Este rol de mediación de la Iglesia Católica es apreciado por las autoridades civiles? ¿Y por las religiosas?


Normalmente, también los jefes religiosos hindúes y budistas parecen apreciar nuestro trabajo de pacificación y de mediación. No escondo, sin embargo, el hecho de que existen algunos sectores de los intelectuales budistas que nos miran con sospecha. Son los mismos sectores que desde hace tiempo promueven la promulgación de una ley contra las conversiones. Ellos verían como humo en los ojos un aumento de prestigio de la Iglesia Católica vinculado con nuestro rol de mediación entre las dos etnias.

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Excelencia, después de tres años y medio, deja el cargo de Secretario de la Congregación para el Culto Divino…


Sigo estando profundamente agradecido al Papa por haberme llamado a Roma para colaborar con él en un campo decisivo como el de la liturgia. En estos años, he tenido la alegría de poder vivir de cerca la acción del Papa y su insistencia sobre la renovación de la Iglesia, íntimamente vinculada con la renovación de la vida litúrgica.

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¿Cómo se ha encontrado en su trabajo en la Congregación?


Tuve la oportunidad de trabajar con dos purpurados – Francis Arinze primero, y Antonio Cañizares Llovera por algunos meses – verdaderamente a la altura de la situación. He buscado, en estos pocos años, asegurar que haya más debate y reflexión sobre aquellos aspectos de la liturgia que desafortunadamente han sido puestos al margen pero que, de hecho, pertenecen a lo esencial, como indican también diversos escritos del Papa sobre la materia. Respecto al futuro, estoy seguro de que con el cardenal Cañizares la liturgia de la Iglesia está verdaderamente en buenas manos.

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¿Y en la Curia Romana?


Como es sabido, en total he pasado ocho años en el servicio de la Santa Sede. Esta experiencia me ha enriquecido mucho, ampliando los horizontes y haciéndome gustar el misterio de aquel vínculo íntimo entre la Iglesia y el Señor y Su acción santificadora por medio de ella, a menudo en el silencio, con paciencia y a pesar de las dificultades, obstáculos y diversidad de puntos de vista humanos que envuelven incluso a sus discípulos.

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¿No se ha arrepentido de algunas declaraciones lanzadas en el pasado y que parecieron demasiado críticas con respecto a la situación actual de la vida litúrgica de la Iglesia y demasiado positivas con respecto al mundo tradicionalista, ligado a los así llamados ritos preconciliares?


Tal vez a veces he usado tonos un poco fuertes, pero sinceramente no me arrepiento de lo que dije. La historia y el Señor me juzgarán.

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Después de la experiencia romana, ¿con qué espíritu vuelve a su país?


Con gran esperanza, porque creo que la Iglesia Católica tiene una gran misión para el futuro del mundo y particularmente de Asia. Y en esta misión confiada a nosotros como Iglesia, el rol del Papa es fundamental. Él es Pedro y para nosotros, los católicos, es el Vicario de Cristo. Él representa para nosotros el rol guía del mismo Cristo en la historia, su solicitud por la salvación del mundo. Es precisamente por eso que los fieles, especialmente los más sencillos, quieren tanto al Papa. Es con esta humilde certeza que vuelvo con gozo a mi país, donde los católicos aman y rezan siempre por el Papa. Esperando poderlo recibir si – como se oye decir – realmente decide hacer un viaje pastoral a Asia.

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Fuente: Papa Ratzinger Blog


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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martes, 4 de agosto de 2009

Las Almas del Purgatorio

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En el Catecismo de la Iglesia Católica, encontramos una breve y hermosa enseñanza sobre el Purgatorio:


· Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.


· La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820; 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura, (por ejemplo, 1 Co 3,15; 1Pe 1,7) habla de un fuego purificador: Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquel que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12,31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro.


· Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: "Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado" (2 Ma 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el Sacrificio Eucarístico (cf DS 856) para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos: Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su padre, (cf. Jb 1,5)  ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos (San Juan Crisóstomo, hom. in 1 Cor 41,5).

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La oración por las Almas del Purgatorio es una de las más bellas prácticas de la piedad católica.


Como preparación para la Conmemoración de los Fieles Difuntos, “La buhardilla de Jerónimo” invita a los lectores a rezar desde el 4 de agosto hasta el 1º de noviembre, cada día por un grupo determinado de Almas. Semana a semana iremos publicando las intenciones que correspondan a cada día, y todos rezaremos alguna oración por dichas intenciones. Quien desee descargar el archivo con las 90 intenciones puede hacerlo aquí.


Con nuestros humildes sacrificios y oraciones, podemos ayudar a un gran número de almas en su camino hacia la Patria Eterna. Ellas mismas, a su vez, sabrán cómo ayudarnos a nosotros en esta vida y en la hora de nuestra muerte.


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lunes, 3 de agosto de 2009

Carta abierta a Monseñor Fellay

Hace algunos días, el sacerdote barnabita Giovanni Scalese publicaba en su blog una "Carta abierta a Monseñor Fellay" que, por su interés, se difundió rápidamente en sitios católicos italianos y posteriormente fue traducida y difundida en francés y portugués. El Padre Scalese afirmó luego que tiene motivos fundados para pensar que llegó a destino. A continuación, ofrecemos nuestra traducción al español de esta interesante carta al Superior de la FSSPX.

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Excelencia Reverendísima,


No sé si esta “carta abierta” llegará alguna vez a Sus manos. Yo la confío a los ángeles para que se la entreguen personalmente. Ya otra vez escribí un artículo teniendo en mente vuestra Fraternidad; lo publiqué sobre este blog (fue mi primer post) y milagrosamente llegó a destino: fue retomado por vuestros sitios y definido “muy interesante”.


Esta vez me dirijo a Usted porque sé que están en curso los preparativos de los diálogos doctrinales con la Santa Sede, pedidos por ustedes desde hace largo tiempo y finalmente, con el levantamiento de las excomuniones, concedidos por el Papa Benedicto XVI. Por lo que sé, Usted ya ha estado en Roma para tomar los primeros contactos con la Congregación para la Doctrina de la Fe.


Personalmente, siempre he sido del parecer de que no hay necesidad de “diálogos” para la readmisión en la comunión de la Iglesia Católica. Lo único necesario, según mi parecer, debería ser la profesión de fe prevista por los sagrados cánones. Una vez que compartimos la misma fe, deberíamos estar en plena comunión. Sobre el resto, que no está incluido en esta profesión de fe, considero que es siempre posible discutir libremente pero estando el interior, no en el exterior de la Iglesia. La aceptación de un Concilio, que se ha autodefinido “pastoral”, no debería ser, según mi opinión, una condición para la readmisión en la comunión eclesiástica. Estoy de acuerdo en que es más urgente que nunca una reflexión sobre el valor y la interpretación del Vaticano II, pero no me parece que esto deba ser objeto de una tratativa entre la Santa Sede y la Fraternidad de San Pío X; me parece, más bien, un problema que concierne a toda la Iglesia. Es por este motivo que he propuesto varias veces en este blog que el próximo Sínodo de los Obispos esté dedicado a la interpretación del Concilio.


Sin embargo, según parece, sea de parte de vuestra, sea de parte de la Sede Apostólica, una aclaración sobre el Vaticano II es considerada como una condición previa a cualquier otro tipo de acuerdo. De aquí, la necesidad de “diálogos doctrinales”. Así que, visto que tales diálogos doctrinales existirán, permítame darle algún consejo. No porque pretenda saber más que Usted sino sólo para expresarle, en espíritu de caridad fraterna, lo que siento en este delicado momento.


En primer lugar, cuando venga a Roma para discutir con la CDF, no venga como quien deniega o, peor, rechaza el Concilio. Esto significaría el fracaso inmediato de cualquier diálogo. Venga, más bien, como alguien que acepta el Vaticano II por aquello que ha querido ser y efectivamente ha sido, es decir, un concilio pastoral. Diga también al Card. Levada que la única cosa que ustedes rechazan – y sobre esto, estamos todos de acuerdo – es la absolutización y la ideologización del Concilio, no el Concilio en cuanto tal. Dígale también que ustedes encuentran en los documentos del Vaticano II algunos textos ambiguos. También sobre esto, el Card. Levada debería estar de acuerdo con Usted. El mismo Pablo VI encontró ambiguo el tratamiento de la colegialidad episcopal realizado por la Lumen Gentium, tal es así que sintió la necesidad de adjuntar a esta constitución una “Nota praevia”. Añada que, habiendo ambigüedades en los textos conciliares, se hace necesaria una obra de interpretación. Pero, por favor, no se presente con la pretensión de ser Usted o su Fraternidad los intérpretes autorizados del Concilio. Pida, más bien, que sea la Sede Apostólica quien dé una interpretación auténtica a las partes más oscuras. Algo ya ha sido hecho (la llamada “Nota praevia”; la explicación del significado de la expresión “subsistit in”), pero aún queda mucho por hacer. El criterio general de tal interpretación ya ha sido indicado por Benedicto XVI en el discurso a la Curia Romana del 22 de diciembre de 2005: la hermenéutica de la reforma en contraposición a la hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura. Y dígale que ustedes, sobre esto, no sólo están plenamente de acuerdo con el Santo Padre sino que también quieren ponerse a su completa disposición para ayudarlo en esta obra de relectura del Concilio en el surco de la ininterrumpida Tradición de la Iglesia.


Excelencia Reverendísima, estoy seguro de que sobre cuánto he escrito hasta ahora, Usted se encuentra de acuerdo en gran parte. Me parece percibirlo por el tono de sus últimas intervenciones, mucho más conciliadoras y posibilistas que hace un tiempo. Pero sé también que debe hacer frente, en el interior de la Fraternidad, a posiciones más maximalistas que le advierten sobre ser demasiado conciliador en las relaciones con la Santa Sede. En mi humilde opinión, debería hacer entender a estos hermanos suyos que no puede ganarse nada, en este momento, permaneciendo en posiciones intransigentes. El Santo Padre ya ha dado muchos pasos hacia ustedes; ahora son ustedes quienes deben dar algunos pasos hacia él.


Esto no significa ceder en los principios; porque, si realmente les preocupa la suerte de la Iglesia, no hay nada mejor, para hacer valer aquellos principios, que la Iglesia misma. Permaneciendo afuera, ustedes dejarían a la Iglesia en manos de aquellas fuerzas destructivas que, poco a poco, la están llevando a la ruina. Mientras ustedes rechacen el Concilio, estas fuerzas tendrán una excusa para decir: “¿Ven? Ellos están fuera de la Iglesia, porque rechazan el Concilio; nosotros somos la verdadera Iglesia porque aceptamos, defendemos y realizamos el Concilio”. Si también ustedes aceptan el Concilio, aquellos quedarán desconcertados; y, en ese punto, se revelará quién es verdaderamente católico y quién no lo es; quién interpreta el Concilio a la luz de la Tradición y quién lo interpreta ideológicamente, apelando a su supuesto “espíritu”.


Esto no significa tampoco traicionar la herencia del Arzobispo Lefebvre. Usted sabe mejor que yo que vuestro Fundador participó en el Concilio, dando una notable contribución a las discusiones y a la elaboración de sus documentos, los cuales aprobó y firmó en su totalidad. ¿Por qué? ¿No se daba cuenta de la ambigüedad en ellos contenida? Evidentemente esperaba que se pudiese dar una interpretación ortodoxa. Fue sólo cuando vio que la interpretación y la aplicación del Concilio se habían convertido en monopolio de los modernistas cuando endureció sus posiciones. Estoy convencido de que, si hubiese visto que había espacio en la Iglesia para continuar sus batallas desde el interior, no habría llegado nunca a una ruptura con la Sede Apostólica. Ahora que este espacio existe, y es el mismo Sumo Pontífice quien lo ofrece, me parecería absurdo no aprovechar esta ocasión irrepetible. Se trata de elegir entre permanecer en el seno de la Iglesia y desarrollar allí un rol, ciertamente difícil pero precioso para la salvaguardia de la Tradición y la revitalización de la Iglesia misma, o preferir permanecer al margen o incluso fuera de la Iglesia, con el riesgo de transformarse en el sarmiento separado de la vid, destinado a secarse.


Excelencia, discúlpeme si me he permitido intervenir sobre estas delicadas cuestiones. Le puedo asegurar que, de mi parte, no hay ninguna pretensión ni ningún interés, sino sólo el deseo de ver el restablecimiento de la plena comunión en la Iglesia. La Iglesia tiene necesidad de ustedes y ustedes tienen necesidad de la Iglesia.


Aprovecho la ocasión para confirmarme, con sentimientos de distinguido respeto, de Vuestra Excelencia Reverendísima devotísimo,


Giovanni Scalese, CRSP

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Fuente: Senza peli sulla lingua


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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domingo, 2 de agosto de 2009

¡Nos ama tanto!

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San Pedro Julián Eymard

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Sólo hay en nosotros una facultad de amar, la cual tiende a diferentes objetos y por motivos también distintos. Hay algunos que aman locamente a sus padres, a sus amigos, y no saben, sin embargo, amar a Dios.


Lo que se hace con la criatura debe hacerse con Dios. Sólo que a Dios hay que amarle sin medida y siempre en aumento. El alma que ama de esta manera no tiene sino una sola facultad, una sola vida: Nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento. “¡Allí está!”, y vive subyugado por este pensamiento. Cuando esto sucede hay correspondencia y comunidad de vida entre Jesucristo y nosotros.


¿Por qué no hemos de llegar a este punto? Para buscar ejemplos de virtud en la Vida mortal de Jesucristo, se retrocede más de dieciocho siglos. Jesucristo podría decirnos: “Me habéis amado en el Calvario porque allí borré vuestros pecados; me habéis amado en el pesebre de Belén, porque me visteis dulce y amable… ¿Por qué no me habéis amado en el Santísimo Sacramento, donde estuve de continuo con vosotros? Vosotros no tenéis que hacer otra cosa que llegaros a mí. ¡Allí estaba yo a vuestro lado!”.


¡Ah!, en el día del Juicio no serán nuestros pecados los que nos causarán mayor espanto ni lo que más se nos echará en cara, porque los pecados se nos habrán perdonado para no recordarlos más, ¡sino que Nuestro Señor Jesucristo nos echará en cara el no haber correspondido a Su Amor! ¡Me has amado menos que a las criaturas! – nos dirá. ¡No has cifrado en mí tu felicidad! ¡Me has amado bastante para no ofenderme mortalmente, pero no lo suficiente para vivir de mí!


Parece que nosotros podríamos decirle: “¿Estamos acaso obligados a amar de este modo?”. Bien sé que no existe ningún precepto escrito de amar así; pero no hace falta que esté escrito. No lo vemos expresamente escrito, pero todo lo proclama altamente: es una ley escrita en nuestro corazón.


Lo que me causa espanto es la conducta de los cristianos que, ocupándose de buen grado y seriamente de todos los demás misterios y fomentando con interés el culto de este o aquel santo, ¡no hagan al menos otro tanto por Nuestro Señor en la Eucaristía!


¿Y por qué será esto o qué razón habrá para obrar así? ¡Ah!, es porque no puede uno mirar atentamente al Santísimo Sacramento sin verse obligado a exclamar: “¡Preciso es que yo lo ame, es necesario que le visite, no puedo dejarle solo, veo que me ama demasiado!”.


Todo lo demás son cosas lejanas, cosas de historia. Eso ya no cautiva tanto al corazón. Podrá, sí, causar admiración; pero lo que al presente debemos hacer es entregarnos, habitar y vivir con Nuestro Señor.


La Eucaristía es la más noble aspiración de nuestro corazón: ¡amémosla apasionadamente! Se le ocurrirá decir a alguno: “Esto es una exageración”. En efecto, ¡el amor no es más que una exageración! Exagerar es ir más allá de lo que la ley exige, y por lo mismo el amor debe exagerar. El amor que Jesucristo nos demuestra quedándose con nosotros sin honores y sin servidumbre, ¿no es también exagerado?


Quien se atiene exclusivamente al estricto cumplimiento de su deber, no ama. No ama sino aquel que siente dentro de sí la pasión del amor. Y vosotros tendréis la pasión de la Eucaristía cuando Jesucristo en el Santísimo Sacramento sea vuestro pensamiento habitual, cuando vuestra felicidad consista en ir a sus pies y cuando vuestro deseo permanente sea complacerle.


¡Ea, vayamos y entremos en Nuestro Señor! ¡Amémosle por Él mismo! ¡Sepamos olvidarnos de nosotros mismos y darnos a este Buen Salvador! Inmolémonos, al menos un poco, por Él. ¿No veis esos cirios y esta lámpara, cómo se consumen sin dejar nada, sin reservarse nada? ¿Por qué no hemos de ser también para Jesucristo un holocausto del que nada quede?


¡No, no; no vivamos nosotros, sino que Jesucristo Sacramentado sea el que viva en nosotros! ¡Nos ama tanto!


Tomado de “Obras Eucarísticas” de San Pedro Julián Eymard

viernes, 31 de julio de 2009

Monseñor Fellay responde

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FEllay

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Ofrecemos el texto en español de una larga e interesante entrevista que Monseñor Bernard Fellay, Superior de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, ha concedido a la agencia APcom.

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El Papa se encuentra en el Valle de Aosta para transcurrir un período de vacaciones. Se encuentran a dos pasos de él. ¿Han tenido algún contacto o ha habido algún tipo de comunicación entre su entorno y ustedes?


No, absolutamente no. No ha habido ningún contacto. Durante las vacaciones, debemos dejar al Papa en paz. Las cosas prosiguen con el Vaticano, con las personas encargadas de los diálogos. Pero no hemos molestado al Papa. Son sus vacaciones.

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Monseñor Fellay, ¿tiene previsto un viaje a Roma próximamente? ¿Ha sido fijada la fecha de inicio de los diálogos? Y vuestra comisión, ¿ya han pensado por quién estará compuesta? ¿Cuántas personas la forman?


No hay aún una fecha fijada para el inicio del diálogo pero podemos suponer que será en otoño. Iré a Roma para ese período pero no hay nada de preciso. La Comisión está ya formada por 3-4 personas pero todavía no podemos dar los nombres, también para evitar cualquier presión

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¿Considera que en el Vaticano hay una sensibilidad excesiva respecto a las expectativas del mundo judío, sobre el “caso Williamson” así como sobre la oración del Viernes Santo?


Sí, lo pienso. Yo mismo estoy incómodo – salvo en lo ocurrido sobre el caso de monseñor Williamson – cuando veo judíos que se ocupan de los asuntos de la Iglesia Católica. No es su religión. Que nos dejen en paz. Son cuestiones que conciernen a la Iglesia Católica. Si nosotros queremos rezar por los judíos, rezaremos por los judíos de la manera que queramos. No sé si ellos rezan por nosotros, pero diría que es un problema de ellos.

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Entonces, ¿el Papa y el Vaticano sufren presiones del mundo hebreo?


Ciertamente. Es una cuestión extremadamente delicada y candente, y pienso que debemos salir de este clima que no es bueno. Ha habido una desafortunada concomitancia de eventos que no debería ocurrir nunca. En este contexto, se puede entender el enojo de los judíos. Yo lo entiendo y deploro lo que ha ocurrido.

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En el motu proprio “Ecclesiae Unitatem”, el Papa considera que “las cuestiones doctrinales, obviamente, permanecen y, hasta que no sean aclaradas, la Fraternidad no tiene un estatuto canónico en la Iglesia y sus ministros no pueden ejercer en modo legítimo ningún ministerio”. ¿Qué piensa?


Pienso que no hay mucho que haya cambiado. Lo que ha cambiado es que esta nueva disposición concentrará nuestras relaciones en las cuestiones doctrinales. Pero no es un cambio, es un proceso que va adelante y que habíamos pedido ya en el 2000; el camino sigue adelante. Lo que escribe el Papa está en la línea del discurso habitual de Roma, desde el `76, por lo tanto no es nuevo.


Nosotros tenemos una posición clara que llevamos adelante desde hace tiempo y que mantenemos aún si estamos en contraste con esta ley. Existen razones serias que justifican el hecho de ejercitar legítimamente este ministerio. Son las circunstancias en las cuales se encuentra la Iglesia, que nosotros llamamos “estado de necesidad”. Por ejemplo, cuando una gran catástrofe golpea a un país, queda fuera de uso la estructura ordinaria, el sistema entra en crisis, y entonces todos aquellos que pueden ayudar, ayudan. Y, por lo tanto, no es nuestra voluntad personal sino la necesidad de los fieles la que exige la ayuda de todos aquellos que pueden ayudar. Y este estado de necesidad está muy extendido en la Iglesia – hay ciertamente algunas excepciones – para poder asegurar, conscientemente, el ejercicio legítimo del apostolado.

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¿Qué status jurídico desean para la Fraternidad de San Pío X? ¿Una prelatura, una sociedad de vida apostólica, o qué cosa?

Dependerá de Roma, obviamente, que es la autoridad que decide esta estructura. Su perspectiva es la voluntad de respetar al máximo la realidad concreta que nosotros representamos. Mi esperanza es que estemos suficientemente protegidos en el ejercicio del apostolado para poder hacer el bien, sin estar siempre impedidos en la acción por razones jurídicas. Aún si no tengo preferencias, el deseo es una prelatura. Sobre los tiempos, no puedo expresarme, depende todo de Roma.

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Para Williamson, el Concilio Vaticano II es una “torta envenenada” que debe ser tirada en el basurero; para Tissier de Malleraris, el Concilio debe ser “borrado”; y para Alfonso de Galarreta, no hay “mucho que salvar” del Concilio: ¿hay una grieta en el interior de la Fraternidad de San Pío X? ¿Cómo piensa resolverla? El Vaticano sostiene que, en el interior de la Fraternidad, hay divisiones.

Me atrevo a decir que no veo unión ni siquiera en el Vaticano. El problema en la Iglesia de hoy no somos nosotros. Nosotros nos convertimos en un problema sólo porque decimos que hay un problema. Además, aún si podemos tener la impresión de declaraciones opuestas o incluso contradictorias, no hay fracturas internas. Por ejemplo, sobre el Concilio, podemos decir que casi todo ha de ser rechazado. Pero, por otra parte, se puede también decir que hay que intentar salvar lo que sea posible. Pero no podremos nunca decir todos lo mismo. El Concilio es una mezcla: hay de lo bueno y de lo malo. También cuando el Papa sostiene que quiere una hermenéutica de la continuidad, que no quiere una ruptura, rechaza el Concilio interpretado como ruptura.

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¿Monseñor Williamson es un problema?


Es un problema totalmente marginal. Lo que él ha dicho no tiene nada que ver con la crisis de la Iglesia, con el problema de fondo que nosotros tratamos por 30 años después del Concilio; es una cuestión histórica. La cuestión de saber cuántos y cómo los judíos murieron no es una cuestión de fe, ni siquiera una cuestión religiosa: es una cuestión histórica. Obviamente, estoy convencido de que él no ha tratado este tema cómo habría debido y tomamos distancias. Pero sobre las posiciones religiosas de la Fraternidad respecto al Concilio, no veo ningún problema con Williamson.

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Williamson dice que el Concilio es una “torta envenenada” que debe ser tirada en el basurero. ¿No le parece una frase un poco fuerte? ¿Usted está de acuerdo?


Es una frase polémica pero no la condeno. Muchas declaraciones hoy son hechas en clave polémica, es una provocación para intentar hacer reflexionar a la gente. Diría el concepto de otro modo pero no sé si no estoy de acuerdo. Diría el concepto de otro modo, diría que debemos superar el Concilio para retornar a lo que la Iglesia ha enseñado siempre y de lo que la Iglesia no puede separarse y, en un determinado momento, debemos superar al Concilio que se ha querido pastoral pero no doctrinal. Que ha querido ocuparse de la situación contingente de la Iglesia. Pero las cosas cambian y muchas en el Concilio están ya superadas.


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El obispo Williamson había prometido permanecer en silencio y continúa hablando: ¿será sancionado? Si continúa sosteniendo que no es posible un compromiso con Roma sobre el Concilio, ¿será expulsado?


No es cierto que Williamson hable a menudo. Es rarísimo… una vez ha dicho una cosa y luego no le hemos pedido callar sobre todas las cosas. El campo sobre el que le hemos pedido silencio era muy limitado. La suya ha sido una salida momentánea. La minimizo al máximo… no hay que exagerar… por el momento, no veo ninguna razón de expulsión. Depende de él, de las situaciones en las que cuales se ha metido. Por el momento, hay un proceso en curso, ha dañado seriamente la reputación; no imagino ahora nada más que la situación en la que ya está. Dependerá de lo que él diga. Está ya suficientemente castigado, puesto al margen, sin ningún cargo.

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Y sobre el Concilio, ¿aceptarán el compromiso con Roma?


No debemos hacer ningún compromiso sobre el Concilio. No tengo ninguna intención de hacer un compromiso. La verdad no soporta el compromiso. No queremos un compromiso, pedimos claridad sobre el Concilio.

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Las recientes ordenaciones de los sacerdotes han sido vistas como una provocación, ¿no era mejor evitarlas en este momento delicado?


No ha sido una provocación. Algunos obispos han aprovechado la ocasión para hablar de provocación. Pero ni para Roma ni para nosotros ha sido una provocación. Es como quitar la respiración a una persona. Nosotros somos una sociedad sacerdotal cuyo objetivo es formar sacerdotes. Y, por lo tanto, impedir el acto último de de formación, que es la ordenación, es como impedir a alguien respirar. Por otra parte, ha estado siempre previsto y hemos sabido siempre que, levantando la excomunión, se ha formado una situación nueva que es mejor que la precedente pero no perfecta. Para nosotros es normal seguir adelante con nuestras actividades y, por lo tanto, también con las ordenaciones.

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L’Osservatore Romano ha hablado de Calvino, Michael Jackson, Harry Potter, Oscar Wilde. ¿Qué piensa de esto?


Me pregunto: ¿es verdaderamente el rol de L’Osservatore Romano ocuparse de estas cosas? Ésta es una primera pregunta. Y la segunda pregunta es: lo que dicen sobre estas personas, ¿es realmente lo correcto? Tengo una mirada más bien crítica sobre estas presentaciones.

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¿Piensa que, con este Papa, se podrá llegar finalmente a una conclusión en la larga cuestión de los lefebvristas?


Creo que hay ciertamente una buena esperanza. Pienso que debemos rezar mucho, son cuestiones muy delicadas. Son 40 años que estamos en estas condiciones y no por cuestiones personales sino verdaderamente por cosas serias que afectan la fe y el futuro de la Iglesia. Vemos ciertamente en el Papa una voluntad auténtica de ir hasta el fondo del problema y esto lo acogemos con satisfacción. Rezamos y esperamos que, con la gracia del buen Dios, llegaremos a algo bueno para la Iglesia y para nosotros.

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¿Qué piensa de Benedicto XVI?


Es una persona íntegra, que toma muy seriamente la situación y la vida de la Iglesia.

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Fuente: Papa Ratzinger Blog


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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