martes, 22 de septiembre de 2009

La estrategia de la tensión y un nuevo ataque al Papa

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Ofrecemos un análisis del blog Fides et Forma sobre la “estrategia de la tensión”, nombre que designa los múltiples ataques, ciertamente planificados, a la persona y a las directivas del Papa Benedicto XVI. Si bien en algunos aspectos nuestros puntos de vista difieren de los del autor, nos parece importante para tomar conciencia de esta triste realidad en vísperas de un nuevo ataque que, transmitido por la televisión sueca y con la colaboración de algunos obispos, intentará despertar nuevamente la polémica del “caso Williamson”.

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Somos testigos desde hace meses, por no decir desde hace al menos tres años, de una verdadera estrategia de la tensión por la cual grupúsculos de poderosos frondistas se oponen a las acciones y a las directivas de Su Santidad Benedicto XVI. Esta estrategia merece ser desvelada de una vez por todas y analizada en su más secreta fenomenología.


En el 2005, el Colegio Cardenalicio eligió como Papa al Cardenal Ratzinger. Del Cardenal se conocían sus posiciones medidas y prudentes respecto a las revoluciones realizadas en abierto contraste con las decisiones conciliares, pero siempre motivadas por el así llamado “espíritu del Concilio”. Ratzinger era considerado no sólo un hombre de confianza de Juan Pablo II, capaz de asegurar una continuidad indiscutida con el gran pontífice polaco, sino también el Prefecto del ex Santo Oficio, aquel que había sido capaz de sostener la ortodoxia católica en un período de gran tempestad ética y doctrinal.


Esa elección fue, para muchos, el signo de una profunda continuidad con el pontificado de Juan Pablo II. Esa elección ha sido, ciertamente, obra del Espíritu Santo. Sin embargo, es inútil negar que desde abril de 2005 el nuevo Papa se ha encontrado frente a un denso grupo de cardenales y obispos dispuestos a obstaculizar de todas las maneras su obra.


Ellos han elegido una estrategia sutil, fluida, flexible. Han decidido “exponer” al Papa para hundir definitivamente todo lo que él, con gran valentía e infinita bondad, ha decidido ofrecer al catolicismo, y para mostrarlo desde el abismo en que parecía definitivamente destinado a caer. Han comprendido, de manera muy evidente, que el único modo para derrotar al “enemigo” ideológico (en resumen, todo aquello que se opone a la mundanización de la Iglesia y al dogma intangible del Vaticano II entendido como ruptura con el pasado y como adhesión de la Iglesia al mundo) no era simplemente oponerse a ello sino, mas bien, facilitar su choque con el mundo.


Si el Santo Padre es atacado por los medios y por la “sociedad civil” (o mejor dicho, “incivil”) debido a sus posiciones “de trinchera” (como diría el neocatólico Tony Blair) sobre aborto, contracepción, eutanasia, etc., el deber de estos innovadores eclesiales resulta extremadamente facilitado. Su sutil habilidad para maniobrar aquellos pocos sistemas capaces de asegurar su victoria es, de este modo, cotidianamente premiada.


Y será claro para los lectores que tales sistemas pueden contarse con los dedos de una mano: allí se los encontrará fácilmente dando una vuelta entre la oficina de prensa y la oficina de los redactores de los discursos papales, pasando por el sotobosque curial de la Secretaría de Estado. A estos tres bastiones, prácticamente inatacables pero omnipotentes ya que todo lo filtran y todo lo controlan, aún sin ser lugares de prestigio visible e inmediato, deben ser agregadas algunas congregaciones y pontificios consejos, en pie de guerra desde sus vértices. A estas estructuras, deben añadirse las relaciones interpersonales y el carisma de los individuos, y se tendrá un panorama completo de las fuerzas en campo.


Ahora, sin embargo, es tiempo de recapitular, en forma breve y deteniéndonos sólo en las cuestiones más evidentes, lo que ha ocurrido en el curso de los últimos cuatro años:


2005

A pesar del íncipit del Pontificado en concomitancia con el referéndum sobre la ley 40, es necesario decir que este año, en general, va bien en todo. El Papa suscita el fervor de los jóvenes en Colonia, asombra con la apertura a Hans Kung que es recibido en el Vaticano, se pone en clara continuidad con Juan Pablo II, aún manifestando un estilo nuevo. En diciembre, sin embargo, comienzan las notas dolorosas. El discurso a la Curia Romana del 22 de diciembre de 2005 hace comprender que hay algo nuevo en el aire. El Papa introduce la hermenéutica de la continuidad y son muchos los que sienten temblar sus piernas solamente ante la idea de una “reinterpretación” del concilio. Sin embargo, aún es pronto para ponerse en acción.


2006


Sandro Magister, en enero, publica un artículo extremadamente detallado en el que identifica a los “adversarios” del nuevo Papa: 1) Neocatecumenales; 2) Fronda* interna cardenalicia; 3) Oficina encargada de las traducciones de las homilías, discursos y catequesis papales. Este análisis se mostrará muy fundamentado.


Es publicada la primera encíclica papal, “Deus Caritas est” y se redescubren afinidades entre el pensamiento de Ratzinger y el del gran teólogo Romano Amerio. Pero se trata todavía de cuestiones culturales. Debe llegar aún la primera exposición mediática mundial del Santo Padre: el caso Ratisbona.


El caso Ratisbona nace de un conjunto de ignorancia periodística, prejuicio antipapal, y profunda y continuada acción de la fronda interna del Vaticano. El discurso es publicado en árabe en el sitio de la Santa Sede sólo después de algunos meses. La Oficina de Prensa se muestra incapaz de encauzar las polémicas, presentando comunicados tardíos y poco incisivos. Comienzan a surgir voces intraeclesiales que parecen tomar distancia de las palabras del Papa, mostrando estupor ante lo afirmado. El discurso de Ratisbona, himno al logos y a la cultura clásica que está fundada sobre el logos, es indicado como el primer “incidente diplomático” del Papa Benedicto XVI. Personalmente, creo haber dado una pequeña contribución al análisis de la cuestión Ratisbona publicando la primera traducción completa de los diálogos de Manuel Paleólogo citados por el Santo Padre.


En noviembre, el caso del discurso fantasma a los obispos suizos. A fin de año, estalla el “caso Wielgus”. La responsabilidad del caso recae casi totalmente sobre la Congregación para los Obispos. El nuevo arzobispo de Varsovia es, en realidad, un colaboracionista del ex régimen comunista. Al Papa se le asegura que se trata de ilaciones. El 21 de diciembre, la Oficina de Prensa afirma que el Papa ha sido informado de manera exhaustiva y tiene plena confianza en el nuevo arzobispo. Luego salen a la luz los documentos de archivo. Wielgus es obligado a renunciar el 7 de enero de 2007.


2007


Continúa la acción de exposición del Pontífice y el lento trabajo de la fronda. En enero, el Cardenal Martini comienza a hacer sus potentes exteriorizaciones de antipapa filo-laicista y abierto a una revisión de las cuestiones relativas a la sacralidad de la vida. En marzo, fuerte llamado a los Neocatecumenales por parte del Papa y de los Ordinarios de Tierra Santa. Luego se publica “Jesús de Nazareth” y es una vez más Martini quien dispara contra el Papa teólogo, en las páginas del Corriere della Sera.


Pero el culmen llega en julio: ¡Motu Proprio Summorum Pontificum! Crecen así las voces del disenso, hospedadas en periódicos italianos y extranjeros. La fronda comprende que es el momento justo para salir al descubierto. Sus posiciones anti-“Misa en latín” serán leídas por la “sociedad civil” como un reclamo obligado al Papa “retro” que quiere llevar a la Iglesia un siglo atrás. El bombo comienza a sonar. Es guerra abierta. A fin de año, sale Mons. Piero Marini, después de haberse dado el gusto de hacer aparecer al Papa, en Viena, con ridículos ornamentos de color "pitufo".


2008


Golpes de ajuste en la Curia parecen poder garantizar mayor tranquilidad al Pontífice. Al mismo tiempo, el frente laicista instigado por la fronda, gracias a la exposición a la que el Papa es sometido desde hace al menos un año y medio, comienza a dar sus buenos frutos: en enero, el Papa no puede ir a la Universidad La Sapienza. Comienza, contemporáneamente, la polémica con el mundo judío. La liberación del Misal del 1962 hace surgir la cuestión de la oración por la conversión de los judíos. Hasta mayo de 2009, la tensión está en fase de crecimiento constante, pasando por la causa de beatificación de Pío XII y la apertura a los lefebvristas para que reingresen obedientes al seno de la Iglesia. El doble registro del ataque al Papa por parte de laicistas y frondistas se desarrolla gracias a las declaraciones cada vez más borderline del Cardenal Martini.


2009

Llega el annus horribilis. Todo nace por el denominado caso Williamson. Como fue revelado en febrero por Il Giornale y el Riformista, de acuerdo a un expediente que circuló en el Vaticano tras la explosión del caso, la dirección de esta enésima exposición papal estaría en Francia, pasando por algunos “topos” vaticanos. Ciertamente, algunos funcionarios en el Vaticano habrían señalado a la televisión sueca que transmitió la entrevista shock al obispo lefebvrista, en primer lugar que, en octubre de 2008 (fecha en que es grabada la entrevista a Williamson), el decreto de levantamiento de las excomuniones estaba sobre el escritorio del Papa. Y luego, pocos días antes del 21 de enero de 2009 (fecha en la que se transmitió la entrevista), que el 24 de enero sería publicado el decreto firmado por el Pontífice. La Secretaría de Estado subestima la situación respondiendo con un gravísimo retraso a la críticas y, además, con un terrible comunicado que parece poner el “reconocimiento del holocausto” entre los nuevos dogmas del catolicismo. El Papa está ya en el centro de la atención mediática. Una atención negativa y despiadada, instigada por numerosos obispos y cardenales prontos a lanzar entrevistas y comunicados capaces de aislar al Papa y de oscurecer su acción. Benedicto XVI, también a causa de las potentes injerencias judías que pretenden de él numerosas y reiteradas condenas al holocausto (con detalles concretos como los “seis millones de judíos asesinados”), decide aclarar la cuestión del levantamiento de la excomunión con una carta. Los medios le darán poquísima importancia.


Mientras tanto, en marzo llega el viaje a Camerún y Angola. Un pasaje mal entendido de la conferencia de prensa improvisada en el avión que lleva al Papa a África vuelve a encender la exposición papal en los medios mundiales. Llueven condenas, incluso de exponentes institucionales de algunos gobiernos europeos. Es el punto de no retorno. De ahora en más, todo lo que el Papa afirme será usado en su contra. En mayo, es el momento del viaje a Tierra Santa. Cada gesto del Papa es observado con especial atención: ya no se hace más que esperar alguna palabra para instrumentalizar o alguna acción para poder retomar. El Santo Padre, en el memorial del Yad Vashem, afirma que los judíos durante el genocidio fueron “killed” Se desencadena una protesta por parte judía: el Papa debía decir “murdered” y debía añadir que los asesinos eran alemanes y que las víctimas eran seis millones…


En julio, la publicación de “Caritas in Veritate” restablece una tregua momentánea. El Papa es apreciado por varias partes, el poder laicista lo felicita por las indicaciones contenidas en la encíclica. Todos hablan bien del Papa, e incluso Barack Obama estaría por convertirse al catolicismo después del positivo encuentro con Benedicto XVI. Pero, a la sombra del Palacio Apostólico, la estrategia de la tensión no parece cesar.


El miércoles 23 de septiembre, la televisión sueca se prepara para lanzar un segundo y descarado ataque antipapal, concebido como secuela de la infausta transmisión de enero. Los protagonistas son, esta vez, explícitamente del interior de la Iglesia Católica [el autor se refiere especialmente al cardenal Walter Kasper]. El ataque está dirigido, en última instancia, al Papa.


Este año no ha terminado aún. No creo pretender ser profeta preanunciando nuevas exposiciones mediáticas del Pontífice en el 2010. Sin embargo, para quien aún no hubiese entendido, no se trata de ataques dirigidos simplemente a la persona de Joseph Ratzinger sino de un ataque a la Iglesia Católica, un ataque que nace en su interior y tal vez intenta preparar el camino para pontificados posteriores que pongan finalmente una piedra lapidaria sobre la Tradición milenaria de la Iglesia con la consecuente adhesión completa al mundo y probable absorción en él.


* Con el término “fronda”, el autor del artículo se refiere a la conspiración por la cual se intenta socavar las bases del actual Pontificado y, de este modo, adquirir un cierto poder en la Iglesia, tal como desarrolla en el último párrafo.


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Fuente: Fides et Forma


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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viernes, 18 de septiembre de 2009

Carta a los obispos del mundo sobre educación religiosa

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La educación religiosa que se limita a presentar diferentes credos en un forma “neutral” causa confusión e indiferencia entre los jóvenes católicos, ha dicho el Vaticano.


La advertencia figura en una carta a los obispos del mundo publicada por la Congregación para la Educación Católica, coincidiendo con el inicio del año escolar. Afirma que las nuevas regulaciones de los gobiernos están reemplazando la verdadera educación religiosa con una “enseñanza sobre el fenómeno religioso en un sentido multi-denominacional, o una enseñanza sobre la ética y la cultura religiosas”.


Esta enseñanza puede estar incluso en contra de lo que los padres y la Iglesia quieren para sus hijos, dice la carta. Las escuelas que marginan la educación religiosa “pueden conducir al error a los alumnos, o serles perjudicial”.


La carta añade: “Más aún, si la educación religiosa se limita a la presentación de distintas religiones en una forma comparativa o ‘neutral’, crea confusión o genera relativismo o indiferentismo religioso”.


Firmada por el Cardenal Zenon Grocholewski, Prefecto de la Congregación, la carta cita a Juan Pablo II defendiendo enérgicamente el derecho de los católicos a la educación religiosa.


En un discurso en 1984, el último Papa decía que: “Las familias de creyentes tienen el derecho a tal educación; deben tener la garntía de que el estado… no sólo no pondrá en peligro la fe de sus hijos, sino que completará su formación integral con la educación religiosa apropiada”.


La carta dice que es tarea de la Iglesia el asegurarse de que la educación católica sea auténtica en todas las escuelas donde se imparta – sean estatales o de la misma Iglesia.


“La instrucción y educación católica que se imparte en las escuelas está sujeta a la autoridad de la Iglesia”.
La carta de la Congregación también subraya que “los educadores primeros y principales” de los niños son los padres. “Debe garantizarse siempre el derecho de los padres a elegir una educación en conformidad con su fe religiosa”, agrega.


Un oficial de la Congregación dijo al Herald que la carta responde a cambios en las leyes educativas “de muchos países, especialmente en Sudamérica, en Canadá y también en Europa”, donde la educación religiosa se ve cada vez más como “negativa o ajena a los intereses de la escuela”.
La carta fue citada también por el Obispo de Nottingham, y presidente del Servicio de Educación Católica (Catholic Education Service), Mons. Malcolm McMahon, en una misiva suya a las escuelas.
En ésta, dice que “ignorar o marginar las dimensiones moral o religiosa del individuo” dificultará la educación integral de los niños. Esta dimensión religiosa, dice, “contribuye a la formación global de las personas, y les da la posibilidad de transformar el conocimiento en sabiduría de vida”.

La carta del Vaticano se hace eco de distintas cuestiones planteadas por el revolucionario documento del Obispo Patrick O’Donoghue “Escuelas, ¿listas para la misión?”, que abogaba por un ethos católico más fuerte en las escuelas.


Una fuente involucrada con “¿Listas para la misión?” dijo que ambos documentos son una “declaración de los derechos inalienables de los niños y padres católicos” a una educación católica. Dijo que: “También son un enérgico llamamiento a los obispos y docentes a mantenerse firmes frente a los estados que buscan cada vez más imponer sus agendas de ‘ingeniería social’ en las escuelas católicas”.


Eric Hester, director de un colegio católico y ahora retirado, alabó el documento por su énfasis en el rol de los padres en la educación de los hijos. Dijo también que el presentar la religión en una forma neutral es “un problema particular en Inglaterra y Gales… porque los programas [usados por los docentes] no enseñan a fondo la fe”. Hester considera la carta como una “sonora condena” del plan del gobierno para la educación sexual obligatoria, ya que la carta insiste en el derecho de los padres a elegir una educación que esté de acuerdo con sus creencias. Daphne McLeod, director del grupo católico “Pro Ecclesia et Pontifice”, también dio la bienvenida al documento, pero dijo que será difícil para los padres el educar a sus hijos en la fe, ya que ellos mismos no fueron educados en la misma.


Una fuente vaticana dijo al American Catholic News Service que una parte importante de la preocupación de la Congregación está referida a la falta de fe de los docentes de educación religiosa. “Para que haya una instrucción religiosa auténtica de cualquier creencia, se necesita que la enseñe alguien que la vive. Es verdad que no es la meta del docente en esta situación el llevar a otros a la fe, pero en orden a poder presentar la fe en su plenitud, necesita estar en armonía con lo que enseña”. “Los contenidos específicos de la fe católica, tales como el el dogma de la Resurrección, deben ser explicados por un creyente; de lo contrario podrían ser presentados como un mito”, dijo.


El Obispo O’Donoghue, emérito de la diócesis de Lancaster, está de acuerdo en que es crucial que el docente de educación religiosa sea una persona de fe. “El docente necesita tener conocimiento de lo que la fe implica – no sólo saber un poco de Escritura y de educación, sino tener una profunda comprensión de lo que la fe implica. No es una asignatura más”.


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Fuente: The Catholic Herald

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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miércoles, 16 de septiembre de 2009

La previsión paulina del tiempo de las fábulas

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No hay que ser un gran iluminado para darse cuenta de que una construcción sin cimientos es candidata al derrumbe. Las bases firmes no garantizan que el edificio tendrá belleza o funcionalidad, pero esas cualidades no servirán de mucho si falta un buen fundamento.


Seguramente no es así en todas partes, ni en todas las comunidades, pero es innegable que una de las causas del alejamiento y la deserción de la Iglesia por parte de tantos cristianos para unirse a sectas o adherirse a filosofías extrañas, es la falta de bases doctrinales sólidas. Años y años apuntando a la belleza y a la funcionalidad en las catequesis, pero relegando lo más básico: el catecismo.


Muchas horas de encuentros catequísticos destinadas a transmitir unos pocos conceptos que, si bien son verdaderos, no pueden sustentarse sin otros que son fundamentales. Por poner algún que otro ejemplo: Que Jesús es nuestro amigo, es una verdad que debe decirse. Pero hay que enseñar primero quién es Jesucristo. Que la Misa es una fiesta, también puede ser un concepto válido, el cual no puede ser comprendido correctamente sin la noción fundamental de la Misa como Sacrificio de Cristo. Etcétera.


La catequesis es la educación de la fe de los niños, los jóvenes y los adultos. Comprende especialmente una enseñanza de la doctrina cristiana, dada de modo orgánico y sistemático, con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana (CT 18). La catequesis no es tanto una cuestión de método, sino de contenido, como indica su propio nombre: se trata de una comprensión orgánica (kat-echein) del conjunto de la revelación cristiana, capaz de poner a disposición de la inteligencia y el corazón la Palabra de Aquel que dio su vida por nosotros (Benedicto XVI a los Obispos de Francia 14/09/2008).


Pretender que un cristiano se mantenga siempre firme en su fe sin haberlo formado en sus fundamentos es temerario. Pero es lo que sucede con frecuencia. Basta con interrogar a los niños o jóvenes que ya han recibido la catequesis de iniciación sobre algunos aspectos centrales de la doctrina y la vida de Jesucristo, o pedirles que reciten las oraciones más sencillas, para darnos una idea de la realidad de nuestra catequesis.


Libros para catequesis repletos de imágenes, juegos, dinámicas y técnicas grupales, experiencias, celebraciones y un sinfín de propuestas creativas, con un contenido doctrinal lastimosamente exiguo.


Para peor, entre muchos de los catequistas se ha extendido la idea, tomada tal vez de la ciencia pedagógica, de que para enseñar algo a los niños se debe partir de las experiencias de vida de los mismos. Y como éste, hay muchos otros métodos, técnicas y recursos didácticos propuestos en los libros que utilizan los catequistas para guiarse. Quizás todas esas herramientas pedagógicas funcionen de maravilla en manos de expertos en educación que saben cómo utilizarlas para alcanzar el objetivo deseado. Pero nuestros catequistas no suelen tener esas habilidades. En consecuencia, los contenidos a transmitir se pierden en medio de los intentos para cumplimentar los pasos metodológicos que han de darse para lograr un “verdadero encuentro catequístico”.


Ese giro que años atrás quiso efectuarse hacia una catequesis más “vivencial” no siempre ha logrado lo que se pretendía. Porque lo vivencial acabó siendo, con frecuencia, mera expresión de lindos sentimientos, y no pocas veces, sentimentalismo pasajero. Pero lo que más hay que lamentar es la importante reducción de la transmisión de doctrina que se produjo.


Si en esa sintonía de lo “vivencial” guiáramos a los niños a la percepción de lo sagrado, al contacto con el Misterio, ya sería algo. Si les infundiéramos de algún modo la intuición de que en el Sagrario hay una Presencia majestuosa e inefable. Si les ayudáramos a adquirir una especial reverencia hacia las Sagradas Escrituras y lográramos despertar en ellos un interés por su lectura. Si los llevásemos a sentir hambre espiritual. Si los asombrásemos con nuestra actitud de estar en Misa como quienes contemplan un hecho milagroso, estremecedor. Si hiciéramos esto, estaríamos colocando a los niños a las puertas de la catequesis. Aunque no sería aún catequesis.


La constante preocupación de todo catequista debe ser la de comunicar la doctrina y la vida de Jesús (CT 6). Por lo tanto, es inútil querer abandonar el estudio serio y sistemático del mensaje de Cristo, en nombre de una atención metodológica a la experiencia vital. Porque nadie puede llegar a la verdad íntegra solamente desde una simple experiencia privada, es decir, sin una conveniente exposición del mensaje de Cristo (CT 22).


Por otra parte, la Iglesia nos dice que es un derecho de todo bautizado el recibir una enseñanza y una formación que le permitan iniciar una vida verdaderamente cristiana (CT 14). Si la enseñanza y la formación son un derecho que ha de garantizarse, el primer paso para poder hacerlo es la preparación de los catequistas. Que los encuentros catequísticos se desarrollen con una pobre transmisión de doctrina, responde, también, a la insuficiente formación de los catequistas. La Guía para los Catequistas dice que cualquier actividad apostólica que no cuente con personas bien formadas, está destinada al fracaso (GC 19). Si bien la preparación de los catequistas ha de abarcar muchos aspectos, el doctrinal ocupa un lugar central. Han de conocer a fondo el contenido esencial de la doctrina cristiana y comunicarlo luego de modo claro y vital, sin lagunas o desviaciones (GC 23).


Es cierto que en los tiempos que corren no se puede pretender como condición una formación tan elevada en los catequistas que termine haciendo inviable el desarrollo normal de las catequesis parroquiales. Pero también es cierto que hay que hacer algo al respecto, y pronto. ¿Qué sea eso? Es obvio que corresponde a los obispos y a los párrocos determinarlo.


Sin embargo, creo que no es descabellado, en primer lugar, exigir, como un mínimo para ser catequista, el conocimiento cabal del compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, una vida espiritual cuidada y el compromiso de una formación permanente. Y en segundo lugar, devolver su valor a la enseñanza doctrinal, poniendo toda la cuestión metodológica en el lugar que le corresponde.


El Papa, en el discurso citado, insiste en que una esmerada preparación de los catequistas permitirá la transmisión íntegra de la fe, a ejemplo de san Pablo, el más grande catequista de todos los tiempos. San Pablo, en medio de sus preocupaciones apostólicas, y en previsión a lo que vendría, exhortaba a proclamar la Palabra, a insistir a tiempo y destiempo, con toda paciencia y deseo de instruir. Porque “vendrá un tiempo en que la gente no soportará la doctrina sana, sino que, para halagarse el oído, se rodearán de maestros a la medida de sus deseos; y, apartado el oído de la verdad, se volverán a las fábulas” (2 Tm 4, 3-4).


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lunes, 14 de septiembre de 2009

El Concilio, la FSSPX y la Iglesia

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Claude Barthe

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Ofrecemos nuestra traducción de un artículo del Padre Claude Barthe sobre el futuro diálogo entre la Fraternidad de San Pío X y la Santa Sede en el cual se hace una presentación de los probables representantes por parte de Roma. El autor considera que los frutos de este diálogo pueden ser importantes para toda la Iglesia y transformarse en un elemento más - y muy importante - de la hermenéutica de la continuidad querida por el Santo Padre.

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El punto de partida de mi artículo – cuyas reflexiones comprometen sólo al que suscribe – es mi lectura en el último número de “La Nef” (septiembre 2009, p. 21) de una entrevista del Padre Manelli, Superior de los Franciscanos de la Inmaculada, con Christophe Geoffroy y Jacques de Guillebon. El Padre Manelli declara: “El Papa busca evitar rupturas, especialmente en la recepción del Concilio Vaticano II – es la famosa hermenéutica de la reforma en la continuidad. Pueden existir en el Concilio, sin embargo, algunas discontinuidades sobre puntos precisos: la cosa no tendría nada de escandaloso ya que este último ha querido ser ‘pastoral’, puede haber ‘errores’ que el Papa puede corregir, como Mons. Gherardini ha demostrado en un estudio que hemos publicado y que será pronto traducido al francés”.


Declaraciones similares, nuevas no ya por su tenor sino por la convicción con la que son ahora formuladas, están efectivamente cristalizadas por la “línea hermenéutica” que representa Mons. Brunero Gherardini, al cual Disputationes Theologicae ha dado amplio eco. Esta línea vuelve a poner en auge, renovándola considerablemente, la línea de la minoría conciliar – minoría de la que no se puede olvidar el importante rol en la elaboración del texto de “transición” o, dicho de manera más polémica, de “ambigüedad”. En pocas palabras: un cierto número de pasajes del Vaticano II es susceptible no sólo de precisiones sino también eventualmente de futuras correcciones.


De manera diversa, Mons. Nicola Bux, voz muy escuchada en la Congregación para la Doctrina de la Fe, declaraba a la agencia Fides el 29 de enero de 2009: “Ha sido constatado que no hay diferencias doctrinales sustanciales y que el Concilio Vaticano II, cuyos decretos fueron firmados por Mons. Lefebvre, no podía ser separado de la Tradición de la Iglesia en su conjunto. En un espíritu de comprensión, es necesario tolerar y corregir los errores marginales. Las divergencias pasadas o más recientes, gracias a la acción del Espíritu Santo, serán sanadas gracias a la purificación de los corazones, a la capacidad de perdón y a la voluntad de llegar a superarlas definitivamente”.


En este contexto de libertad teológica y de efervescencia de sanas disputationes en las cuales este sitio quiere participar, las conversaciones doctrinales que vendrán, implícitamente evocadas por Mons. Nicola Bux y que pronto se abrirán entre los teólogos que representan a la Congregación para la Doctrina de la Fe y los teólogos que representan a la Fraternidad de San Pío X, deberán lógicamente hacer progresar las cosas. En definitiva, es lo que se puede pensar teniendo en cuenta la calidad de los tres teólogos, los tres consultores de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que deberían participar en la discusión por delegación de la Santa Sede (en la medida en que las informaciones concernientes a los nombramientos sean exactas y quedando a salvo que el “equipo” constituido puede ser modificado, reducido o aumentado), bajo la mirada de Mons. Guido Pozzo, nuevo secretario de la Comisión Ecclesia Dei.


Mons. Pozzo, que ha enseñado de manera extremadamente clásica en la Universidad Lateranense, y que en “Le Figaro” del 8 de julio decía: “El punto débil de la Iglesia es que su identidad católica con frecuencia está poco clara”. Y agregaba: “no es que, renunciando a la propia identidad, la Iglesia está preparada o está en mejores condiciones para dialogar con el mundo, es exactamente lo contrario”, para terminar diciendo que “es necesario salir de esta ilusión optimística, casi irenista, que ha caracterizado al post-Concilio”. Él es, entre otras cosas, un especialista en las llamadas “notas teológicas” (el valor normativo que se puede atribuir a los textos doctrinales), de manera tal que las discusiones no podrán sino ocuparse del “valor normativo” de las declaraciones discutidas, de su valor en relación al contexto, de la eventual ausencia de obligación de fe que éstas comportan.


El Padre Charles Morerod, nuevo Secretario de la Comisión Teológica Internacional, que participaría en estas discusiones, es un dominico suizo que ha hecho la propia tesis sobre Lutero y Cayetano. Es decano de la facultad de filosofía de la Universidad Santo Tomás de Aquino, el Angelicum, y redactor de la edición francesa de la revista “Nova et Vetera”. Por pedido de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha trabajado mucho sobre cuestiones del anglicanismo. Es cercano al Cardenal Cottier, goza de la total confianza del Secretario de Estado, que fue anteriormente Secretario del Santo Oficio y del Papa mismo. En su importante bibliografía, se puede citar: “Tradition et unité des chrétiens”, “Le dogme comme condition de possibilité de l’œcuménisme”; “Œcuménisme et philosophie. Questions philosophiques pour renouveler le dialogue”.


Es ya conocido que el Padre Morerod participó, con los miembros de la Fraternidad de San Pío X, en las conversaciones doctrinales que se podrían definir “preliminares”. En una reunión pública realizada en el ámbito del GEC (Grupo de encuentro entre católicos), cerca de Saint-Philippe-du-Roule en París, el 26 de febrero de 2008, en el cual debatía con el Padre Gregoire Célier de la FSSPX, sobre el tema “Revisar y/o interpretar ciertos pasajes del Vaticano II”, los dos relatores habían llegado a una interesante convergencia. El Padre Morerod explicaba que le parecía: 1) que la posibilidad de una recepción del Vaticano II, “que se fundase sólidamente sobre el estado del magisterio anterior”, podría tener perfectamente su lugar en la Iglesia teniendo como condición, según su parecer, que esta interpretación no sea considerada como un rechazo del Vaticano II; 2) que podía ser admitida la no-confesión de ciertos puntos del Vaticano II, con “una cierta exigencia de respeto” por la enseñanza “oficial” del Vaticano II.


El Padre Karl Josef Becker, jesuita que también participaría en estas discusiones, nacido en 1928, teólogo muy estimado por Benedicto XVI, ha sido profesor externo en la facultad de teología de la Universidad Gregoriana (ha enseñado, en particular, la teológica sacramental y ha escrito sobre la justificación y la eclesiología). Ha publicado un artículo aparecido en L’Osservatore Romano del 5 de diciembre de 2006, en el cual todos han visto una aplicación del discurso del Papa de diciembre de 2005 y que mencionaré más adelante. Él defendía la tesis de que el “subsistit in” de Lumen Gentium 8 (la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia Católica) no quiere decir otra cosa que el tradicional “est” (la Iglesia de Cristo es, puramente y sencillamente, la Iglesia Católica). Y además, según la relectura muy voluntarista del Padre Becker, el subsistit in estaría destinado a reforzar el est, de lo que resultaría, según su valoración y criticando la parte del ecumenismo conciliar más difícil de poner en acuerdo con la doctrina tradicional, que la eclesialidad parcial de las iglesias separadas no es sostenible.


Fernando Ocáriz, el tercer teólogo que formaría parte del equipo de Pozzo para participar en los debates teológicos, ha nacido en 1944, es vicario general del Opus Dei, ha enseñado en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz y es autor de numerosísimas publicaciones. Su designación puede atribuirse ciertamente a su interés por la cuestión de la interpretación homogénea de la declaración sobre la libertad religiosa Dignitatis Humanae, a propósito del punto más sensible – la aparente sustitución de una teología de la tolerancia por la de la libertad religiosa en materia de “derecho público de la Iglesia” – sobre el cual él mismo ha escrito. Se puede afirmar sin grandes riesgos que él está por la fórmula que se puede definir “de transición” sobre la libertad religiosa en el Catecismo de la Iglesia Católica (CATIC 2104-2109).


En cuanto al Padre Charles Morerod, aprovechando la importante parte que ha asumido en los trabajos de la Anglican-Roman Catholic International Commision (ARCIC), ha demostrado en su “Œcuménisme et philosophie. Questions philosophiques pour renouveler le dialogue” que un diálogo ecuménico serio debería estar integrado por aclaraciones sobre los presupuestos filosóficos de las posiciones teológicas de los cristianos separados, presupuestos que pueden explicar ampliamente su incomprensión de los dogmas de la Iglesia.


Pero es principalmente su “Tradition et unité des chrétiens. Le dogme comme condition de possibilité de l’œcuménisme” que merece una particular atención para la cuestión que nos interesa. Esta obra representa un esfuerzo considerable de interpretación tradicional del ecumenismo con el fin de demostrar cómo el dogma católico en general y el de la infalibilidad pontificia en particular son los motores más eficaces del ecumenismo. Demostración paradójica (paradójica en la medida en que se sostiene comúnmente, para alegrarse o lamentarse, que el ecumenismo busca atenuar los lados angulosos del dogma católico). La paradoja se redobla cuando la pia interpretatio del sabio dominico hace una lectura tomista desde un punto de vista presente en el texto conciliar y frecuentemente criticado, la “jerarquía de las verdades”.


Según él, si se está de acuerdo con los separados en que, de ambas partes, ha habido mala comprensión de las respectivas posiciones, será necesario pronunciar al fin una fórmula obligatoria para todos – dicho de otra manera, un dogma – que manifieste que ya se entiende perfectamente y se está de acuerdo unívocamente en la expresión de la fe de los Apóstoles. Respecto al decreto conciliar sobre el ecumenismo en el n. 11 § 3, recuerda que la Tradición católica, especialmente recurriendo a Santo Tomás, ha afirmado siempre que el rechazo a creer en cualquier artículo de fe lleva a rechazar la autoridad de Dios, de la que depende la fe, y aniquila de hecho el motivo para creer y, por lo tanto, pulveriza la fe. Sin embargo, como expone también Santo Tomás, el conjunto de las verdades a creer se organiza según un cierto orden, que no suprime de ningún modo la importancia de cada artículo. El Padre Morerod explica que, entendida así, la “jerarquía de las verdades” no es, en el fondo, más que un método de catequesis elemental para explicar, por ejemplo, la Maternidad divina a partir de la Encarnación, un modo pedagógico de llevar a la fe católica a aquellos que se han alejado.


Las demostraciones en forma de puntualizaciones de los Padres Becker, Ocáriz, Morerod y muchos otros son muy cautivantes. El inconveniente es que éstas son necesarias porque los textos en cuestión (los que he evocado son el n. 8 de Lumen Gentium, el n.2 de Dignitatis Humanae y el n.11 de Unitatis Redintegratio, pero existen otros lugares de dificultad) no contienen las aclaraciones que habrían evitado todas las interpretaciones desviadas. ¿No es tal vez, hablando en general, la gran dificultad de tal o cual declaración del Vaticano II, la de haber producido el efecto que podría calificarse como un «velar nuevamente» el dogma [“réenveloppement du dogme” en el original] (por hacer alusión a la teoría del «desvelar» [“désenveloppement” en el original] que representa, según el Card. Journet, la función dogmática)? [N. del T.: En francés, la expresión “désenveloppement (desvelamiento) es próxima por el sonido pero distante por el significado a la de “développent” (desarrollo), muy evocada por el evolucionismo modernista, y, por lo tanto, está cargada de significado.]


Pero antes es necesario señalar que el fenómeno provocado por el discurso dirigido a la Curia Romana el 22 de diciembre de 2005 por un Papa teólogo, Benedicto XVI, sobre la interpretación correcta del Vaticano II, se sitúa en una fase histórica del “retorno al dogma” particularmente interesante. Se podría defender que el ejercicio de su cargo de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, especialmente desde 1985 (con la publicación de Informe sobre la Fe) hasta el 2005, ha constituido una especie de pre-pontificado de reinterpretación y de encuadramiento de los puntos sensibles del Vaticano II.


A lo sumo, lo que se dice y escribe hoy libremente en todas partes era ya perfectamente conocido: es decir, que la autoridad de los pasajes del Vaticano II que han parecido o parecen, prout sonant, no estar de acuerdo con las declaraciones dogmáticas anteriores, no tenían nada de dogmático. Del mismo modo, podría decirse que las reinterpretaciones en forma de puntualizaciones ortodoxas de aquellos pasajes, que hoy se multiplican por parte de plumas autorizadas para hablar, han existido siempre. Pero puede señalarse que estas dos vías conjugadas, las cuales toman hoy un carácter casi oficial, permanecen en cierta medida insatisfactorias: la primera vía (la no infalibilidad de los puntos contestados) porque es puramente negativa y no regula el fondo del debate; la segunda (la reinterpretación tomista de estos puntos) porque parece relativamente artificial o porque es, en todo caso y con toda evidencia, a posteriori.


Pero, sin embargo, así como en la vida espiritual el acceso a la vía mística no puede ahorrarse las purificaciones ascéticas, toda la actual efervescencia desencadenada o activada por el liberador discurso teológico del 2005, tiene un valor preparatorio a largo plazo – y sin duda, a larguísimo plazo– indispensable. Se me permitirá decir que la presente situación magisterial (hablo siempre, en este caso, únicamente de los puntos sensibles del Vaticano II y de ninguna manera de los progresos indiscutibles de este Concilio, como el decreto Ad gentes y, en mi opinión, la constitución Dei Verbum) es bastante inédita en la historia de los dogmas. No se trata, como clásicamente, de herejías externas y de sus condenas internas, sino de flujos doctrinales internos y de su rechazo, hasta ahora, al externo de la disputa. Se está en presencia de una crisis que se asemeja, si se quiere, a una crisis – muy tardía, es cierto - de adolescencia, en la cual lo mejor y lo peor se mezclan para acceder a la madurez.


Lo peor sería permanecer en el medio del vado. Por ejemplo, Unitatis Redintegratio no asigna al ecumenismo una finalidad claramente precisada en términos dogmáticos. Lo mejor está en la materia nueva que ha surgido -hablo siempre a título personal: sin querer disgustar a aquellos que quisieran retornar al “status quo ante”, es imposible pretender, por ejemplo, borrar el ecumenismo de la enseñanza de la Iglesia. Más exactamente será necesario, después de un trabajo teológico que no se ha interrumpido nunca en cuarenta años pero al cual un Papa teólogo le permite un desarrollo libre e inesperado, hacer del ecumenismo una enseñanza de la Iglesia en cuanto tal. Las dificultades de estos textos que llamo “de adolescencia” (ya que se me ha reprochado en todas partes el apelativo de “magisterio incompleto”) pueden ser entonces entendidas como interrogantes.


Me explico profundizando este ejemplo del ecumenismo. Leyendo el n.3 de Unitatis Redintegratio, se puede entender este texto como el reconocimiento tradicional de la existencia de algunos elementos de la Iglesia Católica, como el Bautismo, la Sagrada Escritura, a veces el Orden, en el seno de las comunidades separadas: “De entre el conjunto de elementos o bienes con que la Iglesia se edifica y vive, algunos, o mejor, muchísimos y muy importantes pueden encontrarse fuera del recinto visible de la Iglesia Católica”. Pero Unitatis Redintegratio añade, lo que aporta una dificultad considerable, una cierta legitimación de las comunidades separadas en cuanto tales: “Por consiguiente, aunque creamos que las Iglesias y comunidades separadas tienen sus defectos, no están desprovistas de sentido y de valor en el misterio de la salvación, porque el Espíritu de Cristo no ha rehusado servirse de ellas como medios de salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud de la gracia y de la verdad que se confió a la Iglesia”. Los términos del texto parecen decir, por lo tanto, que en cuanto separadas estas Iglesias serían “continuaciones” [“relais” en el original] de la Iglesia Católica. Lo cual estaría, si esa fuera la verdadera interpretación, en ruptura con la enseñanza anterior.


Y sin embargo, es preciso convenir que si – según la doctrina tradicional – algunos separados en buena fe acceden a la salvación a través de estos elementos católicos que se encuentran de facto en sus comunidades, no es su pertenencia concreta a estas comunidades separadas lo que puede (en el insondable misterio de Dios) aportarles estos elementos católicos saludables. Al mismo tiempo, es cierto que esta pertenencia es también el principal obstáculo objetivo para su retorno a la unidad de la Iglesia. Es claro que el dogma del pasado no ha hecho propio explícitamente este hecho, es decir que los elementos católicos que existan en las comunidades separadas pueden ser instrumento de la gracia para los cristianos separados en buena fe y por lo tanto que estos elementos pertenecen in voto a la Iglesia de Pedro y están en espera de ser revivificados por el retorno a la Iglesia Católica de los cristianos separados, los cuales se benefician de tales elementos (cosa que no tengo de ningún modo la pretensión de explicar en pocas líneas). En el fondo, es como si el “interrogante” del n. 3 de Unitatis Redintegratio testimoniase dos deficiencias, una respecto al pasado que decía demasiado poco y otra respecto al presente que, por el contrario, dice demasiado.


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Traducción: La Buhardilla de Jerónimo


Fuente: Disputationes Theologicae


Texto original francés: Disputationes Theologicae

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sábado, 12 de septiembre de 2009

Protestantismo y autoridad magisterial

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lutherbible

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Entre el 17 y el 23 de agosto, en asamblea general, la Iglesia Evangélica Luterana en Estados Unidos (ELCA) aprobó la posibilidad de realizar bendiciones de parejas homosexuales y de elegir como pastores a homosexuales (hombres y mujeres) no célibes.


Christopher Blosser, en su blog “Against the Grain” cita algunos extractos de las reflexiones de dos importantes pensadores luteranos una vez concluida la asamblea. El tema de la autoridad – y de su ausencia en el protestantismo - destaca por su importancia en ambos escritos.


En un artículo llamado “¿Cómo hizo ELCA para abandonar la gran tradición por el protestantismo liberal?”, Robert Benne dice lo siguiente:


Lo que resulta verdaderamente escalofriante de los debates de la asamblea es que los revisionistas parecieron citar a Jesús y a la Biblia tan entendida y persuasivamente como los ortodoxos. En los dos frentes se seleccionaron pasajes en apoyo de sus respectivas agendas y luego se entretejieron brillantemente formando argumentos. Ambos lados parecían tener la Biblia de su parte. Los revisionistas “contextualizaron” y relativizaron los textos relevantes. Los ortodoxos reclamaban una lectura según el sentido llano de la Escritura. Las confesiones luteranas fueron utilizadas con efectividad por ambos lados. Ningún agente u organismo de la iglesia transmitió una interpretación de autoridad. La Iglesia estuvo, y está, sin timón.


El principio luterano de la Sola Scriptura, adoptado por los evangélicos, no parecía suficiente en tales circunstancias. Parecía esencial una tradición autorizada de la interpretación de la Biblia. Se necesitaba más que la sola Biblia. Parece que los protestantes carecen de tal tradición de autoridad, por eso pelean y se dividen. En esta situación, la opción de cruzar el Tiber [frase utilizada para designar la conversión al catolicismo] parece todavía más tentadora.


Por su parte, Carl Braaten, en “El aroma de una botella vacía”, escribe:


El luteranismo puede contener en sus orígenes el germen de su propia inestabilidad. Cuando los primeros luteranos perdieron la autoridad magisterial de la Iglesia Católica Romana, no tuvieron una autoridad segura para poner en lugar de la anterior. Los “Solas” sonaban bien en teoría, pero al fin de cuentas la cuestión es quién tiene la autoridad para interpretarlos y aplicarlos en los tiempos cambiantes.


Los autores:


-Robert Benne es el Director del Centro para la Religión y la Sociedad, y una figura importante del pensamiento luterano en lo ético y social. Es el autor de numerosas publicaciones, como: The Ethic of Democratic Capitalism: A Moral Reassessment; Ordinary Saints: An Introduction to the Christian Life; The Paradoxical Vision: A Public Theology for the Twenty-first Century; Seeing is Believing: Vision of Life Through Film.


-Carl Braaten, teólogo luterano, fue profesor de la Escuela Luterana de Teología en Chicago. Es el autor de obras como: The Apostolic Imperative: Nature and Aim of the Church's Mission and Ministry; Justification: The Article by Which the Church Stands or Falls; No Other Gospel!: Christianity among the World's Religions; Mother Church: Ecclesiology and Ecumenism.

jueves, 10 de septiembre de 2009

La Vía Media Católica

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Dwight Longenecker

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El Padre Dwight Longenecker es un sacerdote católico convertido del anglicanismo. Fue ordenado en el año 2006 por la diócesis de Charleston, USA.


En su blog, “Standing on My Head” ha escrito una reflexión sobre la autoridad en la Iglesia Católica y su ausencia en el anglicanismo.

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La Vía Media Católica


Los anglicanos son muy aficionados al término “vía media” a la hora de describir su iglesia. La teoría sostiene que la Iglesia Anglicana representa un rumbo medio entre el catolicismo y el protestantismo. Esta vía media es inclusiva. Hay en ella lugar para todos, y las diferencias de doctrina y de principios morales necesitan ser tolerados de modo que esta amplia “vía media” sea capaz de dar cabida a todos. En su tiempo, el Cardenal Newman observó que la renombrada “vía media” no fue nunca más que una teoría. De hecho, la Iglesia Anglicana no es tanto una vía media cuanto una vía propia, vía que, por cierto, es amplia y complaciente. Incluye a cristianos que creen y se comportan en una forma “católica”. Incluye cristianos que creen y se comportan en forma “protestante”. Incluye cristianos que creen y se comportan como liberales. Pero no tenemos que imaginar que ésta es una amplia vía en la que todos caminan juntos. En realidad, existen como grupos delimitados dentro del grupo más amplio. La Comunión Anglicana es más una confederación de contradicciones que una comunidad de fe.


La tarde pasada, estaba contando mi historia de conversión a los miembros de un grupo parroquial, y les expliqué cómo me crié en una cristiandad sectaria. El evangelismo protestante en el que crecí era fisíparo y lleno de denominaciones independientes, de congregaciones independientes, y de cristianos independientes que no pertenecían realmente a ningún grupo. Dentro de este sectarismo, a menudo se encuentra la unidad de creencias dentro de una congregación o denominación, pero no se encuentra la unidad de forma. Cada grupo era una colección independiente y autónoma de individuos.


Cuando me hice anglicano, dejé la religión sectaria buscando la antigua Iglesia apostólica. La Iglesia de Inglaterra parecía una buena jugada. Ellos tenían los antiguos edificios, la antigua espiritualidad, la liturgia y la historia para apoyarlos. Más aún, no estaban divididos en incontables congregaciones y denominaciones independientes. Parecía que en ellos había un núcleo que se mantendría. Sin embargo, descubrí que había dejado el error sectario para pasarme al error latitudinario. El latitudinarismo es la herejía que permite que los miembros del grupo crean lo que les guste (y se comporten como gusten) porque no quieren ser excluyentes.


Como observa Newman, o bien uno cae en el error sectario y sacrifica la unidad de forma por la unidad de doctrina, o bien uno cae en el error latitudinario y sacrifica la unidad de doctrina por la unidad de forma. Ambos son extremos. Entonces, ¿dónde está la verdadera “vía media” entre ellos?


Sólo con una autoridad infalible se pueden mantener tanto la unidad de forma como la unidad de doctrina. La “vía media” se encuentra realmente en la fe católica. Con una autoridad infalible, se tiene la autoridad de enseñar que puede mantener la unidad de doctrina; y con una autoridad infalible como garante, la Iglesia puede también mantener la unidad de forma.


Los críticos dirán: “Sí, pero ustedes los católicos también están divididos entre ustedes. Tienen tradicionalistas y liberales, carismáticos y franciscanos y jesuitas y benedictinos, y la lista sigue, y sigue, y sigue”. Sí y no. Sí, tenemos muchas diferencias de opinión y, tristemente, no siempre disfrutamos de la unidad de doctrina con cada uno de los católicos. Sin embargo, el tema no es ése. El tema es que con una autoridad infalible, tenemos la fuente y el centro de la unidad de forma y de la unidad de doctrina.


Esta unidad no significa uniformidad. Los católicos podrán estar en desacuerdo con la autoridad infalible, pero la autoridad permanece. Podrán desobedecer y disentir, pero hay algo con lo que estar en desacuerdo y con lo que disentir. En la Iglesia Católica, la autoridad provee una roca sobre la que construir.


Tal y como las circunstancias lo están mostrando, todas las demás casas están construidas sobre arenas movedizas.

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Fuente: Standing on My Head

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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martes, 8 de septiembre de 2009

Posible declaración oficial

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La Congregación para el Culto Divino se negó a hacer más comentarios acerca de los informes que afirmaban que el Vaticano está considerando una “reforma de la reforma” de la liturgia, pero se espera pronto una declaración formal sobre el asunto.


Un oficial dijo al Register esta mañana que “todo está bajo estudio y está progresando”, pero agregó que no podía decir más hasta que el Cardenal Antonio Cañizares Llovera, prefecto de la Congregación, o la Oficina de Prensa de la Santa Sede, publiquen una declaración oficial.


A finales de agosto, el veterano observador vaticano Andrea Tornielli informó que los cardenales y obispos de la Congregación para el Culto Divino habían votado casi unánimemente, en su reunión plenaria de marzo, “a favor” de 30 propuestas destinadas a aumentar la reverencia en la liturgia.


Tornielli dijo que los obispos también reafirmaron la importancia de la recepción de la Comunión en la lengua en lugar de en la mano, y que el Cardenal Cañizares estaba estudiando la posibilidad de “recuperar” la práctica de celebrar la Misa con el sacerdote mirando a oriente. Sin embargo, existen informes contradictorios acerca de si estas dos últimas propuestas estaban o no incluidas en las proposiciones que Tornielli dijo que fueron entregadas al Papa Benedicto XVI el 4 de abril.


El subdirector de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el Padre Pasionista Ciro Benedettini, desestimó el informe de Tornielli diciendo que no había “proposiciones institucionales acerca de una modificación de los libros litúrgicos actualmente en uso”. Sin embargo, Tornielli sostuvo su historia, diciendo que no había mencionado “proposiciones institucionales”, sino que había informado que “había comenzado un período de estudio” acerca de lo que probablemente se transformará en una reforma a largo plazo después de muchas consultas.


La falta de claridad en esta historia se debe en parte a la ausencia de los oficiales principales, especialmente el Cardenal Cañizares que ha estado de vacaciones y regresa a Roma a fines de este mes. También el nuevo secretario de la Congregación para el Culto Divino, el arzobispo norteamericano Augustine Di Noia ha sido nombrado recientemente, y no está preparado para comentar ahora en nombre del cardenal.


“Estamos esperando que el cardenal regrese a fines de mes”, dijo hoy al Register el oficial de la Congregación para el Culto Divino. “Entonces habrá una declaración de lo oficina de prensa o del cardenal mismo”.

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Fuente: National Catholic Register

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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Asentimiento y obediencia que brotan de la fe

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Por Jerónimo


No dejan de sorprenderme la tranquilidad y el desenfado con que muchos católicos, de diferentes estados de vida, critican y arremeten contra las decisiones de los Papas y, peor aún, contra sus enseñanzas.


Ya de pequeños, cuando asistíamos al catecismo inicial, nos enseñaban que el Papa es el Vicario de Cristo y el Sucesor del Apóstol San Pedro.  El Papa es la autoridad a la que hay que obedecer porque Dios le encargó apacentar su rebaño y Él lo acompaña de una manera especial en su misión. No lo asiste únicamente con la llamada “infalibilidad” en cuestiones de fe y costumbres. Sería bastante ilógico pensar que el Espíritu Santo sólo asiste al Vicario de Cristo cuando éste debe hablar “ex cathedra” y luego lo abandona a sus solas fuerzas y luces.


Por eso, considero que cuando el Papa enseña o manda algo, lo enseñado o mandado por él no entra, sin más, en el terreno de lo discutible o de lo que debe ser evaluado y aprobado por cada uno, sino que, simplemente, se asume y se obedece. Y si la cuestión entra en discusión en alguna conversación o en el propio pensamiento, el debate ha de darse a un nivel que excluya por completo la posibilidad de no asumir la enseñanza papal como verdad o de no obedecer. Porque tengo la certeza de que lo enseñado por el Papa es la verdad, a la cual llegaré al final de mi discurso. Y aunque no llegase a alcanzarla, sé, por la fe, que lo que indica el Papa es un camino seguro para andar. Porque es a él y no a mí a quien se le han dado las Llaves, a quien se le encomendó apacentar el rebaño, a quien se le concedió el poder de atar y desatar.


Probablemente, alguien me argumentará echando mano a los “grandes errores” papales que han pasado a la historia como caballitos de batalla de los que atacan la autoridad petrina o la infalibilidad. Pero, como sabemos, los tan mentados errores se circunscriben a ámbitos que la Iglesia misma considera no abarcados en el don de la infalibilidad papal. Y si el que argumenta se refiere a errores en cuestiones litúrgicas o pastorales, le respondería que obedecer al Papa, salvo el gravísimo caso de objeción de conciencia, no le hará ningún daño, pero desobedecerle seguro que sí.


El Papa es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles, dice el Vaticano II . De acuerdo a la Lumen Gentium, tiene en la Iglesia, en virtud de su función de Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, la potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre con entera libertad.


Es cierto que el Código de Derecho Canónico dice que tenemos el derecho, y a veces incluso el deber, de manifestar a los Pastores sagrados nuestra opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestarla también a los demás fieles. Pero en el mismo párrafo dice que ese derecho se da en razón del propio conocimiento, competencia y prestigio, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres y la reverencia hacia los Pastores.


Conocimiento, competencia y prestigio. Son tres condiciones a reunir a la hora de opinar sobre asuntos relevantes de la vida de la Iglesia. Pero, en esta cultura nuestra en la que se opina de lo que sea, con fundamento o sin él, en la que lo importante es “participar”, las decisiones y enseñanzas papales terminan también siendo objeto de la opinión pública intraeclesial. Y ni se le pase por la mente a alguien proponer que algunas opiniones puedan ser mejores que otras. No. Al parecer, a todas ha de atribuirse el mismo peso, el mismo valor. Y si no se lo acepta así, le acusan a uno de hacer discriminación. Y si el que discrimina es competente en el asunto tratado, será señalado, además, como soberbio y falto de caridad evangélica. Como si fuera un pecado distinguir entre la opinión de quien tiene conocimiento, competencia y prestigio, de la opinión de quien no los tiene.


Por último, me parece una osadía el pretender someter las enseñanzas y disposiciones del Vicario de Cristo a evaluación con el fin de aprobarlas o no. En cuanto a la autoridad se refiere, por encima del Papa está sólo Dios y a la par del Papa no hay nadie. Y quien le descalifica pretende estar a la par o por encima de él, aunque lo niegue. Y eso no es bueno, ni hace bien a nadie. Con su particular estilo, el P. Castellani escribía:


Dios nos libre de burros y sus coces

Y de los hombres que se sienten dioses.


En fin, la humildad es una virtud a la que todos debemos aspirar. Para poder obedecer, para aceptar las enseñanzas y decisiones que no comprendemos, para no pensar que lo sabemos todo o lo podemos todo, y para que otras virtudes puedan anidar en nosotros.


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sábado, 5 de septiembre de 2009

Sigan sonriendo por Jesús

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Madre Teresa

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Hoy, 5 de septiembre, se celebra la memoria de la Beata Madre Teresa de Calcuta. Además de su reconocido testimonio de santidad, la Madre Teresa dejó como legado a la Iglesia distintas comunidades religiosas. En octubre de 1950, fundó la congregación de las Misioneras de la Caridad. Entre los años 1963 y 1984, fundó los Hermanos Misioneros de Caridad (1963), la rama contemplativa de las Hermanas (1976), los Hermanos Contemplativos (1979), y los Padres Misioneros de la Caridad (1984).


Además de las comunidades de vida religiosa, la Madre Teresa fundó también la obra de los Colaboradores de la Madre Teresa y los Colaboradores Enfermos y Sufrientes. A estos últimos, les escribió la siguiente carta el 9 de marzo de 1955.

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Mis muy queridos Hermanos y Hermanas,


Hace mucho tiempo que quiero escribir y cada vez sale el correo sin que lo haya hecho. Pero estén seguros de que cada una de nosotras reclama su amor ante el Trono de Dios y que allí cada día les ofrecemos a ustedes o mejor aún nos ofrecemos mutuamente a Cristo por las almas. Nosotros, Misioneros de la Caridad, qué agradecidos debemos estar – ustedes de sufrir y nosotras de trabajar. Completamos uno en otro lo que falta en Cristo. Qué hermosa vocación la nuestra, ser portadores del amor de Cristo en los barrios más miserables. Su vida de sacrificio es el cáliz, o más bien nuestros votos son el cáliz y sus sufrimientos y nuestro trabajo el vino, la hostia inmaculada. Juntos permanecemos sosteniendo el mismo cáliz y así con los Ángeles adoradores saciamos Su Sed ardiente por las almas.


Mis muy queridos hijos, amemos a Jesús con todo nuestro corazón y con toda nuestra alma. Llevémosle muchas almas. Sigan sonriendo. Sonrían a Jesús en sus sufrimientos, pues para ser verdaderos misioneros de la caridad deben ser víctimas alegres. Qué feliz soy de tenerlos a todos ustedes. Ustedes me pertenecen tanto como cada Hermana aquí me pertenece, y a menudo cuando el trabajo es muy duro pienso en cada uno de ustedes y le digo a Dios: mira a mis hijos sufrientes y por su amor bendice esta obra, y eso funciona inmediatamente. Como ustedes ven, son nuestro tesoro, la fuente de energía de las Misioneras de la Caridad.


Recen por mí, mis “otros yo”, y sigan sonriendo por Jesús y por mí.

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Tomado de “Ven, sé mi luz. Las Cartas privadas de la Santa de Calcuta”, de Brian Kolodiejchuk, M.C.

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jueves, 3 de septiembre de 2009

Consejos para un nuevo Papa

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Fumata Bianca

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Después de la elección de León XIII a la Sede de Pedro, el 20 de febrero de 1878, Don Bosco, que le había pronosticado el hecho, le escribió una breve carta de homenaje y le hizo llegar los siguientes pensamientos, redactados en estilo profético.

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Un pobre siervo del Señor, que a veces enviaba al Santo Padre Pío IX algunas cosas que juzgaba venían del Señor, es el mismo que ahora humildemente pero literalmente comunica a S.S. León XIII algunas cosas que parecen de no poca importancia para la Iglesia.


Exordio de las cosas más necesarias para la Iglesia.


Dice una voz.


Sí, quieren dispersar las piedras del santuario, abatir el muro y el antemuro y así introducir la confusión en la ciudad y en la casa de Dios. No lo conseguirán, pero harán mucho mal.


Al supremo regidor de la Iglesia en la tierra corresponde proveer, reparar los daños que causan los enemigos.


El mal comienza por la deficiencia de operarios evangélicos.


Es difícil encontrar levitas en las comodidades; por lo cual búsquense con gran solicitud entre la azada y el martillo, sin mirar a su edad y condición. Reúnanse y cultívense hasta que sean capaces de dar el fruto que los pueblos aguardan.


Todo esfuerzo, todo sacrificio hecho con este fin, es siempre poco en comparación del mal que se puede impedir y del bien que se puede obtener.


Los hijos del claustro que hoy viven desparramados sean recogidos, y si no pueden formar ya diez casas, arréglenselas para reconstruir aunque sea una sola, pero con toda su observancia regular.


Los hijos del siglo atraídos por la luz de la observancia religiosa irán a aumentar el número de los hijos de la oración y de la meditación.


Las familias religiosas recientes están llamadas por las necesidades de los tiempos. Con la firmeza de la fe, con sus obras materiales, deben combatir las ideas de quienes en el hombre sólo ven materia. Éstos desprecian con frecuencia a quien medita y a quien reza, pero serán obligados a creer en las obras de las que son testigos oculares.


Estas nuevas instituciones tienen necesidad de ser ayudadas, sostenidas, y favorecidas por aquellos a los que el Espíritu Santo puso para regir y gobernar la Iglesia de Dios.


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Tomado de "Escritos espirituales", de San Juan Bosco.

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El convento de Todos los Santos

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Convento de Todos los Santos

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Como habíamos adelantado hace casi dos meses, el convento – hasta hoy anglicano – de Todos los Santos ha sido recibido en la Iglesia Católica.


El blog Atonement Online, dirigido por el párroco de la primera parroquia católica de Uso Anglicano de los Estados Unidos, se hace hoy eco de la noticia, e informa que:


Las hermanas, que se pusieron en contacto con la arquidiócesis de Baltimore el año pasado para evaluar la posibilidad de ingresar a la comunión plena con la Iglesia Católica después de un período de 7 años de discernimiento, continuarán residiendo en su convento de Catonsville, donde la orden está presente desde 1917. Las primeras hermanas habían llegado a Baltimore en el año 1872.


“La Iglesia Católica ha servido a las necesidades de la gente de la Arquidiócesis de Baltimore por más de 200 años, y nuestras muchas comunidades de consagrados han sido compañeras invaluables en este esfuerzo”, dijo el Arzobispo Edwin O’Brien. “Nuestra arquidiócesis y nuestra misión como Iglesia de cuidar de los pobres se ven grandemente enriquecidas por tener entre nosotros a las Hermanas de Todos los Santos”.


Como también habíamos informado, dos de las hermanas permanecerán en el convento como anglicanas:


“El bien espiritual de todas las hermanas de Todos los Santos es nuestra prioridad, y haremos todo lo que podamos para apoyar tanto a aquellas que han ingresado en la comunión plena con la Iglesia Católica como a las dos hermanas que permanecen como anglicanas”, dijo el Arzobispo O’Brien.


Otra buena noticia es que también ha decidido entrar en la Iglesia Católica el capellán de las hermanas, el P. Warren Tanghe. El P. Tanghe fue en su momento secretario de Forward in Faith Norteamérica, la rama estadounidense de una organización internacional de anglo católicos.


Por su parte, el portal Virtue Online informa que el convento será en adelante un instituto de derecho diocesano.

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martes, 1 de septiembre de 2009

La orientación de la Liturgia según la ley vigente

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Padre Weishaupt

Padre Gero Weishaupt

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El Padre Gero P. Weishaupt, latinista y canonista, perito del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos, escribió algunas consideraciones acerca de la dirección de la celebración de la Santa Misa. El blog The New Liturgical Movement presenta el texto en inglés, del cual ofrecemos la siguiente traducción.

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La celebración “versus Deum” no es – junto con la Comunión en la boca y la lengua latina del culto – el sujeto de la “reforma de la reforma” de la liturgia deseada por el Papa Benedicto XVI, sino la implementación de la ley pertinente. Lo que está en juego es la corrección de un desarrollo equivocado después del Concilio Vaticano II.


Concilio Vaticano II

Es bien sabido que el Concilio Vaticano II no realizó ningún pronunciamiento acerca de la dirección de la celebración. Tampoco la constitución sobre la Liturgia Sacrosanctum Concilium prescribe nada sobre la construcción de nuevos altares. El primer documento no conciliar que dice algo al respecto es la instrucción Inter Oecumenici del 26 de septiembre de 1964 que, con sus normas, afirma ser una ejecución concreta de la constitución sobre la Liturgia. Conviene en primer lugar tomar el texto de la instrucción en latín, y luego una traducción:

“Præstat ut altare maius extruatur a pariete seiunctum, ut facile circumiri et in eo celebratio versus populum peragi possit..." (Sacra Congregatio Rituum [1964] 898, Nr. 91).


“Conviene que el altar mayor se construya separado de la pared, en orden a que se pueda girar fácilmente en torno a él y celebrar de cara al pueblo”.


La parte principal del texto es la separación del altar de la pared trasera (a pariete seiunctum).


Dos cosas llaman la atención en esta oración:


1. Solamente se hace una recomendación con respecto a la separación del altar de la pared trasera (præstat = conviene, es deseable).


2. Sólo se menciona una posibilidad de la celebración versus populum como el propósito de separar el altar de la pared trasera (ut ... possit = en orden a que ... uno pueda). En este caso, el ut es interpretado como un “ut” final (en orden a). Sin embargo, gramaticalmente es también posible una interpretación consecutiva: ut = de modo que. En este caso, tendría que traducirse como sigue:


“Conviene que el altar mayor se construya separado de la pared, de modo que se


pueda girar fácilmente en torno a él y celebrar de cara al pueblo”.


Si se toma el ut como consecutivo, el [poder] caminar alrededor y [la forma de la] celebración serían una consecuencia de la separación del altar. Con este cambio en la lógica causal de la afirmación, la referencia a la celebración (versus populum) sería más debilitada. Lo que le interesa al legislador es la posibilidad de separar el altar de la pared, no la celebración versus populum. Esto último tiene menor importancia.


Cualquiera sea el caso, la instrucción de 1964 habla solamente de la posibilidad de la celebración hacia el pueblo. Por otra parte, no es de ninguna manera una prescripción. En otras palabras, la celebración versus populum es permitida por la Inter Oecumenici, pero no prescripta.


El Misal de Pablo VI (el llamado “uso ordinario del Rito Romano”)


Es consecuente con esto, por tanto, que las rúbricas del Missale Romanum del Papa Pablo VI (“Novus Ordo”) no asuman la celebración versus populum, sino la celebración versus orientem (a la que se hace referencia en forma inadecuada y teológicamente incorrecta como “la celebración de espaldas al pueblo”) cuando dicen que el sacerdote en el Orate, Fratres, en el Pax Domini, el Ecce Agnus Dei y el ritus conclusionis se vuelve hacia el pueblo. Esta indicación sería superflua si las rúbricas del Novus Ordo previesen la celebración versus populum. También el Misal post-conciliar de Pablo VI asume que el sacerdote celebra la Misa vuelto hacia el altar, y no hacia el pueblo. La tercera Editio Typica del Missale Romanum revisado conserva estas rúbricas (Missale Romanum [2002], Ordo Missæ, 515, No. 28, 600, No. 127, 601, No. 132 f., 603, No. 141).


La Institutio Generalis del año 2000


Finalmente, en este contexto, es pertinente la Institutio Generalis de la tercera Editio typica del Missale Romanum publicada para el estudio en el 2000. En el número 299 dice lo siguiente:


Altare extruatur a pariete seiunctum, ut facile cirumiri et in eo celebratio versus populum peragi possit, quod expedit ubicumque possibile est.

“Constrúyase el altar separado de la pared, en orden a que” (o “de modo que”) “se le pueda rodear fácilmente y la celebración se pueda realizar de cara al pueblo, lo cual conviene que sea posible en todas partes”


En contraste con la instrucción Inter Oecumenici de 1964, la Institutio Generalis del 2000 añade y explica que la construcción del altar separado de la pared es útil y beneficiosa (expedit). El beneficio se refiere a la posición del altar, no a la dirección de la celebración. De ésta sólo se dice que es posible si se separa el altar de la pared (peragi possit). Aquí tampoco, entonces, se expresa ningún requerimiento de la celebración de cara al pueblo.


Esto significa que no hay ninguna obligación de celebrar versus populum. Esto queda también claro de una respuesta de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos del 25 de septiembre del 2000: “En primer lugar, debe tenerse en mente que la palabra expedit no constituye una obligación, sino una sugerencia que se refiere a la construcción del altar a pariete sejunctum [no adosado a la pared] y a la celebración versus populum”. La Congregación también explica: “La cláusula ubi possibile sit [donde sea posible] se refiere a diferentes elementos como, por ejemplo, la topografía del lugar, la disponibilidad de espacio, el valor artístico del altar existente, la sensibilidad de las personas que participan en las celebraciones en una iglesia particular, etc.”. La Institutio Generalis del 2000 considera la celebración versus populum como una posibilidad, sin excluir la celebración versus orientem.


Conclusión

Legalmente, por tanto, la celebración versus orientem es la forma normal de la celebración. Por razones de espacio o arquitectónicas, es posible disponer el altar separado de la pared, lo que hace posible la celebración hacia el pueblo, pero debe subrayarse que en tal altar, la celebración versus populum no es obligada, sino que se mantiene como una posibilidad.

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Fuente: The New Liturgical Movement


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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