lunes, 5 de octubre de 2009

Los medios y el Papa: un año difícil

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El Cardenal Angelo Bagnasco, Arzobispo de Génova y Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, durante la Asamblea Plenaria del episcopado europeo que está realizándose en estos días en París, pronunció un interesante discurso que ofrecemos ahora en nuestra traducción al español.


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Saludo y agradezco a Su Eminencia, el Cardenal Presidente, y a todos los hermanos en el Episcopado por la invitación a ilustrar este significativo tema: “Los medios y el Papa: un año difícil”.


Se trata de un tema complejo y muy relevante, considerada la importancia que asumen en la actual sociedad globalizada los medios de comunicación y los riesgos relacionados a un uso indebido de los mismos, sobre todo hoy que, “de manera cada vez más marcada, en ocasiones la comunicación parece tener la pretensión no sólo de representar la realidad, sino también de determinarla gracias al poder y a la fuerza de sugestión que posee” (Benedicto XVI, Mensaje para la 42º Jornada mundial de las comunicaciones sociales, 24 de enero de 2008).


En base al análisis de la experiencia italiana, que ofrece un punto de observación privilegiado en muchos aspectos, se puede afirmar que, en un primer período, la representación mediática del pontificado de Benedicto XVI ha sido, en conjunto, adecuada y sustancialmente positiva.


Las perplejidades de algunos comentadores, ligadas en su mayoría a la proyección sobre el nuevo Pontífice de los estereotipos no siempre positivos referidos al cardenal Ratzinger, o a su presuntamente escasa capacidad comunicativa, pronto fueron superadas o redimensionadas por un juicio más atento a los contenidos del magisterio y por el reconocimiento del particular atractivo ejercido por el Papa sobre las multitudes, no obstante su estilo intencionalmente sobrio, centrado más en la palabra que en los gestos.


Este atractivo ha sido alimentado por algunos grandes eventos que se impusieron desde el punto de vista mediático, como por ejemplo la visita a la sinagoga de Colonia, realizada el 19 de agosto de 2005 durante el primer viaje a Alemania, o la visita al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, realizada el 28 de mayo de 2006 con ocasión del viaje a Polonia, o incluso la visita a la Mezquita Azul de Estambul, realizada el 30 de noviembre de 2006 durante el viaje a Turquía, o finalmente la lectio magistralis en la Universidad de Ratisbona del 12 de septiembre de 2006.


Además de estos eventos de notable impacto, la atención de los medios ha sido catalizada por las intervenciones de Benedicto XVI sobre los llamados “principios no negociables” o sobre las raíces cristianas de Europa, que han suscitado un debate vivaz en la opinión pública de los principales países europeos.


Una menor consideración se ha reservado, en cambio, a algunos encuentros llenos de significado para la vida ordinaria de la Iglesia, como las visitas a las parroquias de Roma, los diálogos con los grupos, y las catequesis de los miércoles, que en realidad representan, con frecuencia, la ocasión para una actividad de predicación y testimonio por parte del Papa que bien merecería mayor relieve y profundización.


Se advierte aquí el riesgo, que ha surgido ya desde el segundo año de pontificado y poco a poco se ha ido acentuando, de una representación mediática reduccionista que tiende a infravalorar al Papa testigo y predicador del Evangelio y a sobredimensionar al Papa intelectual y político, enfatizando las intervenciones consideradas potencialmente conflictivas y juzgadas más útiles para hacer noticia, y descuidando algunos temas de fondo que revelan las prioridades del pontificado. Estas bien conocidas prioridades pueden ser brevemente recordadas.


La primera está representada por Dios mismo, por la relación con Él y por la fe en Él a través del Señor Jesucristo que nos lo ha revelado. En esta perspectiva, se puede hablar también de una prioridad “cristológica”, manifestada particularmente en el libro “Jesús de Nazaret” que lleva a Benedicto XVI a reafirmar con fuerza que Jesucristo es el camino a Dios Padre, nuestro único Salvador, la verdadera sustancia de la fe cristiana.


La Iglesia debe hacer presente a Dios en este mundo y abrir a los hombres el acceso a Dios. Esta misión se realiza sobre todo a través de la oración, personal y litúrgica, y requiere preocuparse por la unidad de los creyentes: la oración y la unidad de los creyentes son ulteriores prioridades del actual pontificado que implican a todos, cada uno según la propia responsabilidad.


Una última prioridad que parece oportuno recordar aquí concierne a la clarificación de un auténtico concepto de libertad, necesario para la vida de la persona y para el bien de la sociedad. Al respecto, Benedicto XVI, rechazando toda ética y concepción referibles a lo que ha definido como “dictadura del relativismo”, subraya que la libertad de la persona es relacional por naturaleza y no puede excluir la responsabilidad hacia el otro. La libertad es tal, se puede observar, sólo en relación con el valor inalienable de cada vida, de la paz, de la justicia, de la solidaridad y de todos los bienes humanos fundamentales, a cuyo aprecio y respeto debe ser educada.


Si se ignora o descuida este cuadro de prioridades en el cual se colocan las diversas intervenciones del Pontífice, es difícil evitar representaciones parciales y engañosas, críticas ideológicas y preconcebidas, lecturas dirigidas a hacer decir al Papa aquello que con toda evidencia él no dice, hasta alimentar incluso formas de ostracismo extrañas a la dialéctica democrática.


En este tipo de derivas mediáticas se incluyen algunas polémicas recientes, como por ejemplo las que siguieron al célebre discurso de Ratisbona, al Motu Proprio que permite el uso de la liturgia preconciliar, a la remisión de la excomunión a los cuatro obispos lefebvristas, a las aclaraciones acerca de la naturaleza del diálogo interreligioso, o a las consideraciones sobre los límites del uso de preservativos realizadas durante el viaje a África.


En todos estos casos, una representación correcta habría permitido superar los malos entendidos y aclarar el alcance efectivo de intervenciones que, lejos de justificar algunas ásperas críticas que se registraron, en realidad desarrollan coherentemente algunas directrices del pontificado y las prioridades antes expuestas.


Por el contrario, se ha preferido una lectura parcial y muchas veces francamente incorrecta que lleva a preguntarse si en algunos componentes de la cultura y de los medios de comunicación no se está abriendo paso a un anticlericalismo interesado en esconder el verdadero rostro de la Iglesia y en distorsionar el significado de su mensaje, de modo que éste resuene como incoherente o anacrónico y la Iglesia parezca animada sólo por la voluntad de “levantar muros y cavar fosas”, sobre todo en materia de ética. Esta sería la Iglesia de los “no”, enemiga del hombre e indiferente a sus necesidades, oscurantista y contraria a la racionalidad científica.


En realidad, señalar los riesgos que la falta de respeto incondicional por el ser humano puede comportar para la dignidad del hombre no es ciertamente signo ni de hostilidad hacia la ciencia ni de obtusa resistencia hacia lo moderno; es deber de la Iglesia señalarlos y el hacerlo es, más bien, un síntoma de solicitud y de amistad: el amigo no puede no señalar un peligro.


La mayor parte de la Iglesia puede condensarse en el gran “sí” con que responde al amor del Señor, indicándolo a todos. Por eso habla principalmente de Dios y de la vida eterna, destinada a no terminar. Habla de esperanza y de felicidad. Algunos “no”, que en un cierto punto la Iglesia considera que debe decir, son la contracara exacta de una ética del “sí” y, aún más a fondo, de una ética del amor, en nombre de la cual no se puede intercambiar el mal por el bien para obtener un consenso tan fácil como efímero.


Tal vez se querría, por parte de algunos ambientes, una Iglesia alineada en forma supina a la opinión que se autoproclama prevalente y progresista, o una Iglesia simplemente muda. Las líneas de demarcación claras, que imponen opciones a veces lacerantes para las conciencias y casi siempre no fáciles, no están ciertamente en sintonía con un mundo donde la relatividad (o el relativismo) de la ética y de la moral sustrae la elección a la conciencia para entregarla a un limbo donde todo está más allá del bien y del mal.


Sin embargo, la Iglesia no puede faltar a la propia misión. Expresar libremente la propia fe, participar en el debate público en nombre del Evangelio, llevar serenamente la propia contribución a la formación de las orientaciones político-legislativas aceptando siempre las decisiones tomadas por la mayoría, no puede ser confundido con una amenazada a la laicidad del Estado.


La Iglesia no quiere imponer a nadie la propia moral “religiosa”: ella enuncia desde siempre, y no puede no enunciar, - junto a principios típicamente religiosos – los valores fundamentales que definen a la persona y garantizan su dignidad, sin alimentar polémicas pero privilegiando siempre el método de un debate sereno y constructivo y la búsqueda del bien común.


Un rol esencial para el conocimiento y la difusión de tales valores, recordados con ejemplar claridad por el magisterio de Benedicto XVI, corresponde hoy a los medios de comunicación. Es de desear que, en el ejercicio de una tarea tan delicada, prevalezcan siempre las razones y los criterios de una responsabilidad deontológica que, aunque no excluye la posibilidad de críticas fundadas y constructivas, encuentra su última verificación en la capacidad de contribuir al conocimiento y a la búsqueda de la verdad.


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Fuente: Papa Ratzinger Blog

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo


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domingo, 4 de octubre de 2009

El sacerdocio en tierras de misión: dificultades y desafíos

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Una ocasión para responder a la urgencia de un nuevo impulso a la misión evangelizadora de la Iglesia en un mundo en continua evolución. Pero también una ocasión de redención para los sacerdotes que se han dejado implicar por los males de una sociedad secularizada. Son algunos de los objetivos por alcanzar durante este Año Sacerdotal que han sido indicados por el arzobispo Robert Sarah, secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. En esta entrevista a L’Osservatore Romano, Monseñor Sarah se refiere a la difícil situación de los sacerdotes en los territorios de misión – principalmente en África y en Asia – e indica en el discernimiento, en la valoración de las vocaciones, en la correcta y sólida formación, en la oración, en la vida eucarística y en la ejemplar fidelidad al orden sagrado, los fundamentos para restituir credibilidad al testimonio de los sacerdotes “allí donde ha sido puesta en duda por el comportamiento incorrecto de algunos”.


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¿Qué puede significar el Año Sacerdotal para el mundo misionero?


Para el mundo misionero, este año reviste una función particular. Basta mirar las estadísticas. Dicen que la población mundial es de más de seis mil millones, de los cuales sólo dos mil millones son cristianos. Más de cuatro mil millones no conocen a Jesucristo: el 67% de la población mundial.


Todavía más preocupante es, sin embargo, esta sociedad occidental que vuelve a ser pagana y que evoluciona, en gran medida, en paradójica oposición a las propias raíces espirituales y culturales. Junto a su progreso material, se nota un grave y continuo retroceso moral. Con su potencia económica, científica, tecnológica y mediática, promueve una cultura de la muerte: aborto, eutanasia, libertad sexual total, nuevos modelos de matrimonio y de familia, una ética nueva en absoluta oposición a la voluntad de Dios. Por lo tanto, esta situación trágica de tantos hombres que no conocen a Jesucristo – Dios hecho hombre por amor al hombre – representa la urgencia actual de una nueva evangelización de la sociedad occidental. No podemos olvidar que nuestra misión permanente es llevar el Evangelio a cuantos aún no conocen a Cristo, único Redentor del hombre.


Esta misión evangelizadora universal requiere una Iglesia renovada, revitalizada con el perenne mensaje de Cristo. No es un personaje del pasado, no es un sabio de la historia antigua. Jesús es el viviente. Vive en los cristianos santos. Vive en los sacerdotes santos y continúa su misión redentora a través de la vida santa de sus discípulos. Benedicto XVI ha estado extraordinario al proponer un Año Sacerdotal después del Año Paulino, como para subrayar el vínculo entre los dos elementos: la evangelización y el sacerdocio. No existe un manual o una escuela del buen sacerdote. Pero existen ejemplos de sacerdotes santos para imitar, para invocar. La evangelización depende esencialmente de sacerdotes santos. Y la santidad del sacerdocio ministerial y bautismal es la energía y el motor de la misión. Por eso, consideramos este Año Sacerdotal como un año de gracia y de gran bendición para la Iglesia misionera.


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El Papa, en su primer viaje a África, ha recomendado mayor discernimiento en la elección de los candidatos al sacerdocio, invitando a mirar más la calidad que la cantidad de las vocaciones. ¿Cómo intenta el dicasterio favorecer esta elección?


El dicasterio misionero de Propaganda Fide anima constantemente a los obispos a confiar la misión de los seminaristas a sacerdotes modelo, ejemplares en su vida espiritual, humana, moral, y fieles al Magisterio de la Iglesia. De este modo, ellos pueden ayudar a los futuros presbíteros a adquirir, en los años de su preparación y en la sucesiva formación permanente, una conciencia clara de su identidad sacerdotal, una libre y alegre opción del celibato, de la castidad, de la pobreza y de la obediencia, a imitación de Cristo. La formación debe ser de calidad intelectual, espiritual, humana y pastoral de alto nivel, de modo que los sacerdotes ejerzan el ministerio sacerdotal in persona Christi capitis. La formación del sacerdote, sobre todo en un contexto moderno tan complejo como el actual, es algo que dura para toda la vida. Por lo tanto, es urgente que en las parroquias y en los seminarios se insista sobre el discernimiento, las cualidades humanas y sacerdotales, el sincero deseo de una vida santa en el seguimiento de Cristo hasta el final. Y este compromiso no concierne sólo a África sino a toda la Iglesia porque se trata de hacer más presente en el mundo a Cristo y más creíble a su Evangelio.


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San Juan María Vianney y San Pío de Pietrelcina son dos figuras de grandes confesores que han sido propuestas nuevamente por el Papa. ¿Usted cree que, en países como los africanos, el rol del confesor debe ser revalorizado?


Cada sacerdote debe buscar “hacer redescubrir a los fieles laicos el significado y la belleza de la penitencia sacramental, mostrándola como una exigencia íntima de la presencia eucarística”. Liberar al hombre del pecado haciéndole redescubrir el “torrente de la divina misericordia” y el amor infinito de Dios por el hombre: esta es la misión esencial del sacerdote. Por lo tanto, es central hacer que los sacerdotes redescubran su dignidad y privilegio al estar en el confesionario. Ellos mismos deben confesarse muy frecuentemente porque también ellos son pecadores perdonados. Los confesionarios deben volver a ser verdaderos hospitales de las almas, como decía el santo Cura de Ars. Aunque en África la confesión todavía es muy practicada, siempre hay que revalorizar y presentar el sacramento de la confesión. Y el Papa desea esto.


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A veces llegan de África los ecos de noticias poco confortantes a propósito del comportamiento de algunos sacerdotes. Un problema que, lamentablemente, también se experimenta en otras partes del mundo. ¿Usted piensa que este Año Sacerdotal puede servir para reencontrar y revivir más intensamente el sentido del ministerio sacerdotal?


En su carta con ocasión del Año Sacerdotal, el Papa expresa la alegría y el afectuoso aliento por la “fidelidad entusiasta de tantos sacerdotes que, a pesar de las dificultades e incomprensiones, perseveran en su vocación de "amigos de Cristo", llamados personalmente, elegidos y enviados por Él”. Pero constata: “Sin embargo, también hay situaciones, nunca bastante deploradas, en las que la Iglesia misma sufre por la infidelidad de algunos de sus ministros. En estos casos, es el mundo el que sufre el escándalo y el abandono”. La vida moral escandalosa de algunos sacerdotes infieles es un problema difundido. Ningún continente, ninguna Iglesia local, puede no estar profundamente herida por estos casos dolorosos.


Pero me limito a su pregunta. El fenómeno de inmoralidad sacerdotal parecería en crecimiento en África. Algunas Iglesia locales conocen demasiados casos de sacerdotes de conducta moral escandalosa, sacerdotes desobedientes, que viven fuera de la diócesis sin el permiso del obispo, que gestionan mal los bienes de la Iglesia, y así sucesivamente. Benedicto XVI ha concedido facultades especiales a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos para tratar, de modo diligente y apropiado, los casos escandalosos de sacerdotes que viven en discordancia con el celibato, la castidad sacerdotal y la obediencia. Sin embargo, existen en África sobre todo muchos sacerdotes fieles, muy bellas realidades donde se vive el sacerdocio con dignidad, orgullo y mucho sacrificio, abnegación y pobreza total. En estos últimos treinta años, han sido asesinados a causa de la fe más de 133 sacerdotes y obispos en África. Muchos sacerdotes han soportado sacrificios y sufrimientos, en espíritu de abnegación y de renuncia, por amor a Cristo.


Estoy seguro que la celebración del Año Sacerdotal será de gran ayuda a los sacerdotes y al pueblo de Dios para reforzar la amistad con Cristo, para pedir perdón por las infidelidades, y principalmente para retomar una conciencia más viva de la propia identificación con Cristo. Habrá una renovación espiritual intensa y un gran compromiso de parte de cada uno para pedir juntos perdón por todos los pecados de los sacerdotes.


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¿Qué iniciativas quieren poner en marcha para promover la celebración del Año Sacerdotal en todos los territorios de misión?


El cardenal Dias, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, ha enviado una carta a todos los obispos de los territorios de misión sometidos a nuestra jurisdicción para invitarlos a tomar con alegría y responsabilidad la gracia del Año Sacerdotal querido por Benedicto XVI. Exhorta a los obispos a aprovechar este año para reforzar en los sacerdotes y en los fieles laicos el reconocimiento de este sublime don de Dios. También sugiere algunas iniciativas, por ejemplo: retiros espirituales, conferencias, sesiones de formación, estudios de los documentos conciliares y postconciliares. El cardenal Dias anima a los obispos y a los sacerdotes de nuestros territorios a imitar a san Juan María Vianney. Algunas diócesis ya han respondido informándonos acerca de sus iniciativas. Estoy seguro de que todos los sacerdotes del mundo están felices de vivir este año de gracia. Y Propaganda Fide hará todo lo posible para acompañar este camino de renovación interior de los sacerdotes con su cercanía espiritual, su aliento y su oración.


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Fuente: L’Osservatore Romano


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo


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sábado, 3 de octubre de 2009

De la Liturgia terrena a la Liturgia Celeste

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A fines del año pasado, Tony Foley, de 41 años de edad, descubrió que tiene un cáncer terminal. En esta nota, publicada en The Catholic Herald, cuenta cómo ha venido enfrentando la realidad de su enfermedad.


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La vida humana es realmente asombrosa. Por momentos, uno puede sentirse casi un participante de la eternidad. La realidad de la muerte puede parecer distante y remota, algo que pertenece a otro espacio y tiempo. Pero luego, después de un estudio de rutina para evaluar el nivel de hierro, llega el mensaje: “Tienes cáncer de esófago y no es operable. Tienes meses, no años, de vida”.


En ese momento, todo lo anterior se cristaliza. La pregunta: “¿está sucediendo realmente?” se repite una y otra vez, en el medio de la noche, y temprano en la mañana. Para mi esposa y yo, las primeras seis semanas fueron una especie de pesadilla viviente. En el trabajo, alguien preguntó: “¿Cómo te fue?”. La respuesta más apta parecía ser el bajar el pulgar del anfiteatro romano, en lugar de incontables explicaciones a los colegas. No mucho después, me encontré con un colega enfrente de la máquina de café.  Había estado de traslado, y me dijo que dejaba la firma. Siendo un poco malvado, no pude resistirme a decir: “Yo también estoy dejando la firma”.


“¿A dónde vas?”


“Bueno, estoy muriendo de un cáncer terminal” (y una larga risa). Para ser justos con él, debo decir que lo tomó con calma. Si fuera irlandés como yo, la respuesta, estoy seguro de ello, habría sido un poco más teatral.


Pero, ¿por qué aceptarlo? ¿Por qué no reaccionar con un quejido solitario? ¿O, quizá, con el tan trillado: “Esto no es justo”? Porque todo es gracia, todo es don. Y es momento de devolver el don, libre y voluntariamente. Un fuerte sentido de la Providencia Divina me fortalece, el sentido de que he sido preparado para esto. Tanto mi esposa como yo habíamos tenido conversiones francamente dramáticas al tiempo de la muerte de Juan Pablo II y de la elección de Benedicto XVI. Desde entonces, la Liturgia, particularmente las liturgias monásticas benedictinas en abadías como Santa Cecilia, Quarr, Downside, Solesmes y Le Barroux se transformaron, para nosotros, en un anticipo de la Liturgia Celestial. ¿Qué decir del momento en que el cantor anuncia: “Deus, in adiutorium meum intende” (Dios mío, ven en mi auxilio). Nuestras almas vuelan a la estratosfera, y estamos entre los Ángeles. Entonces, después de cantar el Salmo, la inclinación para el “Gloria” es la promulgación, con el cuerpo, de lo que el alma proclama en ese momento: “Todo está bien, Dios está en los Cielos, y somos Sus hijos e hijas”.


Tan impregnado, como estoy, con la esperanza de encontrarme con un Señor tan maravilloso, no se abren las compuertas de la tristeza, aunque la tristeza viene a veces, particularmente cuando pienso en mi esposa y en toda mi familia (tengo madre, hermanos, una hermana, y más familiares en Irlanda. No tenemos hijos – sufro de una enfermedad genética llamada fibrosis cística, y por la razón y la fe no creemos que la des-personalización e instrumentación de la vida humana que implica la fertilización in vitro esté moralmente justificada, no obstante el gozo que trae una nueva vida).


Uno puede verse poseído por el gozo y, digamos también, puede comenzar a sentir un poco de agitación ante el pensamiento de salirse del tiempo y entrar en la eternidad. Pero el horror de la ruptura, y lo malo de la muerte no pueden negarse, por eso no es correcto sentirse demasiado gozoso.


Hay algo extraño en los funerales modernos que simplemente no puedo descifrar. ¿Por qué están todos tan animados? Pienso dejar instrucciones claras: ni bromas, ni ceremonia de beatificación (costumbre moderna). En lugar de esto, deseo que todos recen incesantemente para que mi purificación sea corta.


Ahora he llegado a comprender al salmista cuando dice: “No temerás el terror nocturno”. Los viajes en auto al monasterio de Le Barroux, por la noche, en las remotas Colinas de Provence en octubre, hicieron que el terror primordial de la noche me fuera lo suficientemente claro. Pero la Liturgia fue un tónico excelente para el corazón magullado, y el terror fue disipado por Cristo, nuestra esperanza. Se puede estar frente a la muerte y vivir con gozo y en paz, especialmente si uno tiene un amigo como San Pablo (y él es un amigo). Sus palabras, de la Carta de los Filipenses se han transformado en una jaculatoria para mí: “Para mí la vida es Cristo y la muerte una ganancia”.


¡Pase lo que pase, en Cristo soy vencedor!


Empecé la quimioterapia en noviembre, y pasé por tres sesiones de 21 días. Esto requirió tres viajes a mi hospital local para recibir dos drogas intravenosas, seguidas de 21 días de pastillas. Gracias a Dios, los efectos secundarios fueron menores – sensaciones extrañas en las terminaciones nerviosas, un dolor pleurítico y cansancio. La clave es que pude sentir que la quimioterapia tiene un efecto positivo, haciendo que el poder tragar no fuera tan complicado. Esto le agregó una dimensión surrealista a mi vida: ¡saber que soy un enfermo terminal, pero sin síntomas! Pero poco después de mi tercer quimioterapia, y apenas antes de Navidad, desarrollé una gripe que se me fue al pecho. Puedo decir que, habiendo vivido toda mi vida con fibrosis cística, el pecho es mi talón de Aquiles. Los pulmones de la persona que tiene esta enfermedad suelen ser colonizados por algún microbio malo, en mi caso por pseudomonas. Creo que la gripe impulsó a las pseudomonas a reírse un poco a mis expensas. En enero entré en el Royal Brompton por dos semanas en las que recibí tres drogas intravenosas y un anti-fungicida. Me parecía estar drogado todo el día. Debo agregar que los cuidados que recibí en el Brompton fueron de primera clase. Extrañamente, empeoré a poco de entrar en el hospital, y terminé con unas fiebres feroces, alcanzando los 40 grados centígrados.


El estar en el hospital tiene algo que ayuda a ser humilde – uno se ve enérgicamente golpeado por el hecho de que hay otros que están mucho más enfermos. Mi cama apuntaba a un joven de alrededor de 30 años que también tenía fibrosis cística. Sus sufrimientos eran difíciles de abarcar. Era como estar en frente de Cristo Crucificado; él tenía fiebre y estaba constantemente conectado a un equipo respiratorio, sea el oxígeno o un aparato especial designado para hacer llegar el aire a los pulmones. Su paciencia ante sus sufrimientos eran ejemplares. Otro joven en sus 30 años que, a simple vista, parecía estar bien, tenía un asma grave. Pero necesitaba una enorme cantidad de medicación para mantenerse vivo, incluyendo inyecciones en el medio de la noche. A pesar de sus sufrimientos tenía buen humor, era un buen compañero de habitación, e incluso logró dar algunos paseos para compartir algunas charlas. Luego, una mañana, su respiración estalló. Hubo un pandemonium mientras era llevado a terapia intensiva y le ponían un respirador artificial, al tiempo que se esforzaba desesperadamente para respirar. Fue muy angustiante. Pensé que se moría, y sólo espero que ahora esté recuperado.


Al ver el sufrimiento de los que te rodean, es inevitable que uno se hunda en lo profundo, y sí me hundí. Pero Dios estaba allí. Clamé, y Él me respondió. Realmente sólo cuando estamos en el absoluto fin de nuestra cuerda es que comenzamos a darnos cuenta de nuestra nada ante Dios, de que no hay nada que le podamos ofrecer fuera de nuestra libre voluntad, nuestros sufrimientos y nuestro tierno amor. ¿Qué más podríamos darle si el universo entero le pertenece? En esa profundidad podemos, si se nos concede la gracia, alcanzar a Dios, como Padre, y hablarle con ternura, sabiendo que Él nos ama infinitamente más que lo que nos amamos nosotros mismos.


Salí del hospital, y me regresó la calma. Esto le da algún respiro a mi pobre esposa. Visitarme era para ella una pesadilla: un viaje de cuatro horas en su día de trabajo como docente. Estoy más que agradecido por su amabilidad y sus cuidados y, cuando llega el dolor – como a veces sucede – mi dolor es por ella, que quedará sola cuando muera.


Desde entonces, he tenido radioterapia y otra sesión de quimioterapia, siguiendo a nuevos apretones en el esófago y al dolor al tragar. También he estado con mi esposa en la Abadía de Santa Cecilia en la Isla de Wight, donde me afilié como un oblato. De hecho, mi esposa se va a afiliar pronto. Estoy más que agradecido con la Hna. Claire, quien cuida de los oblatos, y con la abadesa que ha prescindido de algunas reglas para hacer una excepción en mi caso. Amo la liturgia benedictina, y me encanta ser un oblato novicio, ya que mis oraciones y sacrificios se mezclan con aquellos de las hermanas, formando un único coro de alabanza.


Todo lo que puedo hacer es dedicar cuanto tiempo sea posible a la oración para prepararme para el camino que tengo por delante, y recibir los tratamientos que existan para hacer más lento el avance del cáncer. Lo bueno es que este cáncer, al tiempo que es agresivo, parece ir gastándote con delicadeza en muchos casos. Uno simplemente se va apagando. Parece bastante apropiado, así que, por favor, ¡no hacer drama!


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Fuente: The Catholic Herald


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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viernes, 2 de octubre de 2009

Al rescate de Europa

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Fieles checos con las banderas checa y vaticana

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Por Francesco


La visita que el Papa realizó a la República Checa, además de ser una nueva expresión del ejercicio de su ministerio en favor del “pequeño rebaño” que allí peregrina, ha sido un nuevo intento de rescatar a Europa de aquella “singular forma de apostasía de sí misma, antes que de Dios”, ya denunciada por el Pontífice hace dos años.


El viaje, largamente esperado tanto por el Obispo de Roma como por el pueblo checo, se presentaba desde sus inicios como un auténtico desafío. República Checa es, de hecho, un país de tradición cristiana que actualmente, y luego de haber padecido la dictadura comunista, se ha convertido en la región de Europa con la tasa más alta de ateísmo, donde el catolicismo ha quedado reducido a un pequeño número y donde se registra una bajísima participación en la Santa Misa dominical. A lo cual se suman las delicadas relaciones con los sucesivos gobiernos del post-comunismo que dificultan los procesos para devolver a la Iglesia lo que se le ha robado durante los difíciles años de la cortina de hierro (por ejemplo, la magnífica Catedral de San Vito). Este difícil panorama es confirmado por unas dolorosas declaraciones del Cardenal Arzobispo de Praga, de 77 años y cercano a dejar el cargo, en las cuales afirmó haber fracasado en su misión: “Durante los 20 años pasados en Praga, no he logrado alcanzar casi nada a nivel eclesiástico y tampoco a nivel político”.


A este país, corazón de Europa y dramático reflejo del continente que “parece haber emprendido un camino que lo podría llevar a despedirse de la historia” (cfr. Discurso del Papa en el 50º Aniversario de los Tratados de Roma), es adonde el Santo Padre ha llevado un fuerte mensaje sobre la auténtica libertad que “no es libertinaje, arbitrariedad, sino que está unida y condicionada por los grandes valores de la verdad, el amor, la solidaridad y el bien en general”. Así lo dijo a los periodistas en el avión que lo llevaba a Praga.


En la ceremonia de bienvenida, el Obispo de Roma se refirió al período comunista afirmando que “una tragedia particular para esta tierra fue el intento despiadado por parte del Gobierno de aquel tiempo de silenciar la voz de la Iglesia” y, al mismo tiempo, llamó a los actuales ciudadanos a que redescubran las raíces cristianas que han plasmado su cultura y a que hagan oír su voz frente a los desafíos del tercer milenio ya que “la verdad del Evangelio es indispensable para una sociedad próspera”. Al visitar al Niño Jesús de Praga, en la Iglesia de Santa María de la Victoria, el Vicario de Cristo elevó una oración por las familias y por los niños y recordó que “todo ser humano es hijo de Dios y por lo tanto hermano nuestro y, como tal, debe ser acogido y respetado”, añadiendo en la plegaria: “¡Que nuestra sociedad comprenda esta realidad!”.


Un momento particularmente importante fue el encuentro que el Santo Padre mantuvo con las autoridades civiles y diplomáticas de la República Checa. Allí, el Papa volvió al tema de la libertad recordando que ésta “presupone la búsqueda de la verdad —del verdadero bien— y, por lo tanto, encuentra su realización precisamente en conocer y hacer lo que es recto y justo” y, dando un paso más, afirmó que “para los cristianos la verdad tiene un nombre: Dios; y el bien tiene un rostro: Jesucristo”. A una sociedad que se declara mayoritariamente atea, el Sucesor de Pedro invitó a mirar la belleza de las iglesias, del castillo, de las plazas y de los puentes, una belleza que manifiesta fe, asegurando que “sería trágico que se admiraran tales ejemplos de belleza, pero ignorando el misterio trascendente que indican”. Luego de recordar que, como indica el lema de la República (“Veritas vincit”), realmente la verdad vence, se preguntó: “¿qué es más inhumano y destructivo que el cinismo, que quisiera negar la grandeza de nuestra búsqueda de la verdad, y que el relativismo, que corroe los valores mismos que sostienen la construcción de un mundo unido y fraterno?”.


El Papa quiso centrar su discurso durante el encuentro ecuménico en la importancia única del cristianismo para el momento actual de Europa, afirmando que “quienes fijan la mirada en Jesús de Nazaret con ojos de fe saben que Dios ofrece una realidad más profunda y, sin embargo, inseparable de la economía de la caridad operante en este: Él ofrece la salvación”. Y dado que “cuando Europa escucha la historia del cristianismo, escucha su propia historia”, se comprende “por qué los cristianos tienen el deber de unirse a otros para recordar a Europa sus raíces”. Por otra parte, el encuentro con el mundo académico, donde casi tres cuartos de los oyentes se declaran agnósticos o ateos, se caracterizó por una gran atención y respeto a las palabras de quien “ha sido profesor, atento al derecho de la libertad académica y a la responsabilidad en el uso auténtico de la razón, y ahora es el Papa quien, en su papel de Pastor, es reconocido como voz autorizada para la reflexión ética de la humanidad”, como se presentó a sí mismo el Pontífice. La acogida cordial brindada al Papa, diría luego el Profesor Giovanni Maria Vian (Director de L’Osservatore Romano), recordó, por contraste, “el episodio de intolerancia que obligó al Papa a renunciar a la visita a la universidad romana de La Sapienza”.


Los encuentros con la comunidad católica del país fueron un llamado a la esperanza y a la unión con Jesucristo. Al celebrar las Vísperas en la Catedral de San Vito, durante el primer día de su visita, el Pontífice trazó un diagnóstico de la realidad al afirmar que “la sociedad lleva todavía las heridas causadas por la ideología atea, y a menudo se siente fascinada por la mentalidad moderna del consumismo hedonista, con una peligrosa crisis de valores humanos y religiosos, y la deriva de un creciente relativismo ético y cultural”. En este contexto, el Papa quiso recordar que “sólo el conocimiento personal y la unión profunda con Cristo proporcionan la energía espiritual para realizar plenamente la vocación cristiana”. “Cristo es para todos”, dijo Benedicto XVI en el corazón de su discurso, provocando la ovación de todos los presentes. Al celebrar la Santa Misa en Brno, en la primera visita de un Papa a esta ciudad, afirmó que “sólo Cristo puede ser nuestra esperanza cierta” en el contexto actual de una sociedad “donde muchas formas de pobreza nacen del aislamiento, de no ser amados, del rechazo de Dios y de una originaria y trágica cerrazón del hombre que piensa que puede bastarse a sí mismo, o que es sólo un hecho insignificante y pasajero”.


El 28 de septiembre, memoria litúrgica de San Wenceslao y fiesta nacional de la República Checa, el Santo Padre celebró la Santa Misa en el lugar del martirio del santo. En su homilía, se refirió a la actualidad de la santidad preguntando: “¿en nuestros días la santidad es aún actual? ¿No es más bien un tema poco atrayente e importante? ¿No se buscan hoy más el éxito y la gloria de los hombres? ¿Cuánto dura, sin embargo, y cuanto vale el éxito terrenal?”. Para responder, el Papa acudió a los ejemplos de la historia reciente de Europa y afirmó que “el siglo pasado ha visto caer a no pocos poderosos, que parecían haber alcanzado alturas casi inalcanzables. De repente se encontraron privados de su poder” ya que “quien negaba y sigue negando a Dios y, en consecuencia, no respeta al hombre, parece tener la vida fácil y conseguir un éxito material. Pero basta rascar la superficie para constatar que, en estas personas, hay tristeza e insatisfacción”. En este contexto, el Papa animó al pueblo checo a la santidad, recordando que se necesitan personas “creyentes y creíbles” y que “no basta con parecer buenos y honrados, hay que serlo realmente”. “Bueno y honrado – concluyó Benedicto XVI – es aquel que no cubre con su yo la luz de Dios, que no se pone delante a sí mismo sino que deja transparentar a Dios”.


Finalizada la Santa Misa, el Papa dirigió un mensaje a los jóvenes, que estaban particularmente invitados a la celebración. Luego de agradecerles por haber acudido en gran número a la cita con el Vicario de Cristo (“¡Con vosotros también el Papa se siente joven!” dijo el Pontífice al inicio de sus palabras), los invitó a mirar la experiencia y la enseñanza de San Agustín, que “descubrió que sólo Jesucristo era la respuesta satisfactoria al deseo, suyo y de cada hombre, de una vida feliz, llena de significado y de valor”. El Papa resumió la fe cristiana precisamente en “el encuentro con Cristo, Persona viva que da a la vida un nuevo horizonte y con ello la dirección decisiva”. Luego de decirles, una vez más, que los jóvenes son la esperanza de la Iglesia y de invitarlos a “la gran reunión de los jóvenes con Cristo en la Iglesia”, en Madrid, para la Jornada Mundial de la Juventud del 2011, Benedicto XVI enumeró lo que quería pedir a los jóvenes: “que viváis con alegría y entusiasmo vuestra fe; que crezcáis en unidad entre vosotros y con Cristo; que recéis y que seáis asiduos en la práctica de los sacramentos, en particular de la Eucaristía y de la Confesión; que cuidéis vuestra formación cristiana permaneciendo siempre dóciles a las enseñanzas de vuestros Pastores”.


En la ceremonia de despedida, el Papa evocó una frase del escritor Franz Kafka (“Quien mantiene la capacidad de ver la belleza no envejece nunca”) y afirmó que “si nuestro ojos permanecen abiertos a la belleza de la creación de Dios y nuestras mentes a la belleza de su verdad, entonces podremos verdaderamente esperar seguir siendo jóvenes y construir un mundo que refleje algo de la belleza divina”. El Presidente de la República, a su vez, agradeció al Papa por haber llevado al pueblo checo una nueva esperanza. “Su gran fe, su valentía al expresar posiciones que no son siempre políticamente correctas y compartidas por todos, su compromiso a favor del respeto de las ideas y de los principios fundamentales de nuestra cultura y de la cristiandad, están aquí para darnos a todos un ejemplo y para animarnos”, dijo el Presidente.


En resumen, la visita del Santo Padre a la República Checa fue un nuevo llamado a todo el continente europeo para que redescubra y revalorice sus profundas raíces cristianas. El viaje ha sido, sin lugar a dudas, un importante evento que producirá sus frutos. Prueba de ello es que los enemigos de la Iglesia, siempre atentos en oscurecer y tergiversar las magníficas intervenciones del Sucesor de Pedro, no han podido lograr absolutamente nada a pesar de sus pobres intentos (que, ciertamente, no han faltado) de crear polémicas artificiales. “Los ecos de la visita entre los fieles son verdaderamente positivos. Me parece que esta visita ha tenido un profundo efecto en la situación y en la posición de la Iglesia en nuestra sociedad”, ha afirmado el Cardenal Vlk en una entrevista con Radio Vaticano. “Puedo afirmar – en la convicción de que no se trata sólo de una opinión personal – que su visita fue un éxito y tendrá un efecto duradero”, dijo el Presidente Klaus en la ceremonia de despedida. “Ha sido una visita extraordinaria”, fue el balance final del mismo Santo Padre, pocas horas antes de emprender el vuelo hacia Roma.


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Santos Ángeles Custodios

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Una criadita, colocada en casa de la familia Cinier, que vivía delante de la iglesia, iba a empezar la confesión. Tenía ya en los labios una acusación grave, pero se calló y la dejó para después. “¿Y aquello?, le dijo el Santo Cura de Ars- y precisó lo que quería ocultar-, no lo dices, y lo has cometido.” Estupefacta ante tal ante tal revelación, la penitente pensó: ¿Y cómo lo sabe? Y el Santo, respondiendo a esta idea, que otra parte de la muchacha no manifestó, le dijo: “Tu ángel de la guarda me lo ha contado”.


(De la vida de San Juan María Vianney)


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Cantemos hoy a los ángeles,
Custodios nuestros hermanos,
Que velan por los humanos
Y van de su bien en pos.


Ven siempre la faz del Padre,
Él los ampara benigno,
Y luchan contra el maligno
En las batallas de Dios.


¡Oh espíritus inmortales!
Tenéis por reina a María,
Sois su vital letanía,
Su enamorada legión.


Por vuestro medio nos llegan
Dones y gracias del cielo,
La fe, la luz, el consuelo,
La paz y la inspiración.


Terribles como un ejército
Bien ordenado en batalla,
Vuestra asistencia no falla
Contra la insidia infernal.


Silentes guardas y amigos,
De nuestra noche luceros,
Seréis nuestros compañeros
En la Patria Celestial.


La gloria a Dios que ha creado
Ejército tan prolijo:
Que adore sumiso al Hijo,
Su rey y su plenitud,
Y que al Espíritu Santo,
Terrenos y celestiales,
Le rindan universales
Tributos de gratitud.

Amén.

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Khristos Anesti

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jueves, 1 de octubre de 2009

Yo seré el amor

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Santa Teresa del Niño Jesús

Doctora de la Iglesia

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Teniendo un deseo inmenso del martirio, acudí a las cartas de san Pablo, para tratar de hallar una respuesta. Mis ojos dieron casualmente con los capítulos doce y trece de la primera carta a los Corintios, y en el primero de ellos leí que no todos pueden ser al mismo tiempo apóstoles, profetas y doctores, que la Iglesia consta de diversos miembros y que el ojo no puede ser al mismo tiempo mano. Una respuesta bien clara, ciertamente, pero no suficiente para satisfacer mis deseos y darme la paz.


Continué leyendo sin desanimarme, y encontré esta consoladora exhortación: Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional. El Apóstol, en efecto, hace notar cómo los mayores dones sin la caridad no son nada y cómo esta misma caridad es el mejor camino para llegar a Dios de un modo seguro. Por fin había hallado la tranquilidad.


Al contemplar el cuerpo místico de la Iglesia, no me había reconocido a mí misma en ninguno de los miembros que san Pablo enumera, sino que lo que yo deseaba era más bien verme en todos ellos. Entendí que la Iglesia tiene un cuerpo resultante de la unión de varios miembros, pero que en este cuerpo no falta el más necesario y noble de ellos: entendí que la Iglesia tiene un corazón y que este corazón está ardiendo en amor. Entendí que sólo el amor es el que impulsa a obrar a los miembros de la Iglesia y que, si faltase este amor, ni los apóstoles anunciarían ya el Evangelio, ni los mártires derramarían su sangre. Reconocí claramente y me convencí de que el amor encierra en sí todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y lugares, en una palabra, que el amor es eterno.


Entonces, llena de una alegría desbordante, exclamé: “Oh Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor. Sí, he hallado mi propio lugar en la Iglesia, y este lugar es el que tú me has señalado, Dios mío. En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor; de este modo lo seré todo, y mi deseo se verá colmado”.


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Oración


Oh Dios, que abres las puertas de tu Reino a los pequeños y a los humildes, haz que sigamos confiadamente el camino de sencillez que siguió santa Teresa del Niño Jesús, para que, por su intercesión, también nosotros lleguemos a descubrir aquella gloria que permanece escondida a los sabios y a los prudentes según el mundo. Te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo, Nuestro Señor, que contigo vive y reina, en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.


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lunes, 28 de septiembre de 2009

Littlemore, el Cardenal Newman y su “cor ad cor loquitur”

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cloister

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El sitio web de la Causa de Canonización del Cardenal Newman publica una interesante entrevista realizada a la Hermana Mary Dechant, miembro de la Familia Espiritual “La Obra”.

La Hermana trabaja en el establecimiento “The College” en Littlemore, lugar donde Newman fue recibido en la Iglesia Católica el día 9 de octubre de 1845.

Presentamos nuestra traducción al español.

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¿Cuál fue la conexión entre John Henry Newman y Littlemore?


Newman fue nombrado vicario de Santa María Virgen, la Iglesia de la Universidad de Oxford en 1828. Littlemore, situado en los alrededores de Oxford, había sido parte de la parroquia de Santa María durante siglos. Por esto, Newman también se convirtió en el vicario de Littlemore. No obstante ser un celebrado intelectual con una enseñanza de peso, él amaba cuidar de sus parroquianos, y visitaba la pequeña y hasta ese entonces bastante abandonada aldea de Littlemore varias veces a la semana. Construyó una iglesia para el lugar, Santa María y San Nicolás, entre 1835 y 1836, y una escuela en 1838. Siguió siendo vicario de Santa María y de Littlemore hasta septiembre de 1843, cuando renunció a su ministerio debido a que sus dudas sobre la validez de la Iglesia [anglicana] de Inglaterra eran demasiado fuertes.

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¿Cuándo se mudó allí permanentemente? ¿Por qué?


Newman se mudó a Littlemore en abril de 1842 para crear un lugar de oración y estudio. En 1841 había publicado el Tracto 90 en el que, con una serie de doctos argumentos, intentaba reconciliar los 39 artículos de la Iglesia [anglicana] de Inglaterra con la cristiandad católica. El resultado fue un intenso conflicto tanto en la Universidad como entre los obispos anglicanos. Newman se daba cuenta de que tenía que encontrar una respuesta a la apremiante pregunta: ¿estaba equivocado, o la Iglesia [anglicana] de Inglaterra estaba en cisma? En Littlemore alquiló “Las Cabañas” en College Lane, que había sido uno de los lugares de descanso de los carruajes. Allí reacomodó las construcciones según sus necesidades. El antiguo establo se transformó en su biblioteca, y el granero en pequeñas cabañas donde él y sus amigos pudieran compartir una vida de estudio, oración y penitencia. Al edificio lo llamó “la casa de la Bienaventurada Virgen María en Littlemore”.

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Es bien sabido que fue en Littlemore donde Newman se convirtió a la Iglesia Católica. Cuéntenos algo más al respecto.


Newman y sus amigos en Littlemore compartían un deseo: encontrar la verdad, para poder servir mejor a Dios. Todos se habían criado en la Iglesia de Inglaterra, pero cada vez estaban menos convencidos de que fuera la verdadera Iglesia de Cristo. Para Newman este proceso fue particularmente difícil, considerando la gran influencia intelectual y espiritual que había ejercido en la Iglesia de Inglaterra. Sabía que la decisión de dejar el anglicanismo traería consecuencias para muchas otras personas. Después de años de oración, ayuno y estudio, vio claramente que la Iglesia Católica Romana era la misma Iglesia que la Iglesia de los Apóstoles y de los primeros cristianos. Supo en conciencia que tenía que unirse a ella si quería ser salvado.


La Providecia Divina lo ayudó, enviándole al Beato pasionista Dominic Barberi. Los dos se habían encontrado brevemente en 1844, y Newman había quedado impresionado por su santidad. Cuando Newman ya se había decidido a ser recibido en la Iglesia en octubre de 1845, oyó que el Beato Dominic viajaría por Oxford. A través de un amigo mutuo John Dobrée Dalgairns, Newman le pidió al pasionista que lo visite en Littlemore. Cuando bien entrada la tarde del 8 de octubre Dominic Barberi llegó al lugar, empapado por el viaje, Newman no dudó un instante, se arrodilló frente a él y le pidió ser recibido en la Iglesia. Luego comenzó su confesión general, que había preparado los días previos, y que duró varias horas. El rito de recepción, que incluyó el Bautismo bajo condición, tomó lugar en la capilla contigua a la habitación privada de Newman, la tarde del 9 de octubre. Dos de sus amigos, Richard Stanton y E. S. Bowles fueron recibidos al mismo tiempo. Newman nunca se arrepintió de su decisión. En su Apologia, pero también en muchas cartas, da testimonio de la paz interior que siempre lo acompañó como católico, a pesar de que, como es bien sabido, no se vio libre de dificultades tanto de fuera como de dentro de la Iglesia.

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Cuéntenos sobre la Familia Espiritual “La Obra” y cómo llegó a verse involucrada con Newman y Littlemore.


La Familia Espiritual del Trabajo se originó en Bélgica en 1938. La Madre Julia Verhaeghe, nuestra Fundadora, se inspiró en la cartas de San Pablo. Ella fue un instrumento de Dios para traer a la Iglesia un nuevo carisma. La fundación recibió el reconocimiento pontificio como una “familia de vida consagrada” en el 2001. Nuestra primer tarea es crecer en la unidad con el Dios Trino y entre nosotras, vivir en una fe confiada, con firme esperanza y sincero amor fortalecidas por los Sacramentos y una vida de oración. Somos llamadas a reflejar la belleza de la Iglesia como Familia de Dios. Estamos amorosamente disponibles para servir a la Iglesia en las formas en que nos guíe la Divina Providencia. No tenemos un apostolado específico y no excluimos ninguno.


La Madre Julia no conocía sobre Newman cuando la comunidad se inició. En los ’60, un sacerdote le aconsejó leer una antología de Newman. A la Madre Julia le impresionó mucho, y reconoció en Newman un alma gemela. A principios de los ’70 le pidió a nuestra Hermana Lutgart Govaert que hiciese su doctorado en la mariología de Newman. Poco a poco, la Madre Julia fue reconociendo que era Voluntad de Dios que “La Obra” ayudase a hacer que el don particular del amor de John Henry Newman por Cristo y Su Verdad fuera fructífero para la Iglesia en nuestros tiempos. En el Año Santo 1975, “La Obra” organizó un Simposio sobre Newman. Para la preparación, hicimos contactos personales con el Oratorio, con muchos expertos internacionales sobre Newman, con la Jerarquía de la Iglesia, y con estudiantes y eruditos de las universidades y seminarios de Roma.


Para entonces, Newman estaba casi olvidado en los círculos académicos de Roma, algo que hoy es difícil de imaginar. El Simposio ayudó a inspirar a los estudiantes de las universidades pontificias romanas a estudiarlo, y ayudó a desterrar el prejuicio de que Newman no era valorado en Roma. Como continuación del Simposio, el Papa pidió que se estableciera un Centro newmaniano en nuestra casa en Roma, en la Via Aurelia. Gradualmente, estudiantes y eruditos comenzaron a frecuentar la biblioteca que iba en rápido crecimiento; se desarrolló una viva correspondencia con estudiosos y amigos de Newman en todo el mundo, y el Centro se transformó en un lugar de encuentro y de fraternidad cristiana. En 1976, la Hermana Lutgart fue enviada a Inglaterra, donde trabajó en el Oratorio de Birmingham durante cinco años y ayudó a establecer “Los Amigos del Cardenal Newman”. Hasta el momento, los sacerdotes y las hermanas de la Familia Espiritual “La Obra” han escrito cinco disertaciones doctorales y cinco licenciaturas y masters. La vida y los escritos de Newman han sido un don extraordinario a la cristiandad. Como teólogo, filósofo y maestro, penetró los misterios de nuestra fe, exploró su relación con la razón humana, y presentó con una fuerza inigualable las obligaciones que de ellos se desprenden para nuestras vidas.


En 1986, los Padres del Oratorio de Birmingham preguntaron si las hermanas de nuestra Familia podían ir a vivir a Littlemore, para ayudar en la dirección de “The College” y dar la bienvenida a los visitantes. Desde entonces, se ha hecho mucho en ese lugar tan querido por Newman. Littlemore se ha vuelto a transformar en un lugar de oración y de estudio. Además del de Littlemore, “La Obra” ha establecido Centros newmanianos en Bregenz (Austria) y Budapest (Hungría), con bibliotecas especializadas en Newman que contienen artículos que no se encuentran fácilmente en cualquier parte. Han llegado estudiantes y expertos de todos los continentes en sus investigaciones sobre Newman. En Littlemore, ofrecemos alojamiento a los estudiosos y amigos de Newman en nuestras habitaciones para huéspedes. Hemos publicado varios libros sobre Newman y hemos dado muchas conferencias sobre su vida y sus escritos; dos de nuestras hermanas dieron cursos de Newman en la Ponitificia Universidad Urbaniana en Roma. Cada año producimos un boletín informativo y lo publicamos en cuatro idiomas. Tenemos una página web con una bibliografía continuamete actualizada de Newman, que es visitada frecuentemente por los estudiosos y amigos de Newman.


La erudición de Newman estuvo siempre íntimamente unida con su vida de oración. Desde el inicio de nuestros trabajos en torno a Newman, los que se acercaban para estudiar en nuestra biblioteca newmaniana en Roma han querido unirse a la oración de la comunidad. En los lugares en donde estamos y por todo el mundo, a través de la comunicación, animamos a la gente a que pida a Newman su intercesión por sus intenciones y a que se una a las muchas personas que rezan a Dios por la canonización de Newman.

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¿Qué clase de visitantes reciben actualmente en Littlemore?


En Littlemore, experimentamos cuán amado y conocido es Newman en todo el mundo. Los visitantes llegan de los cinco continentes. Muchos de ellos son católicos, pero no exclusivamente. Newman también atrae profundamente a cristianos no católicos. Los visitantes vienen solos o en grupos. Les ofrecemos una visita guiada por la antigua biblioteca que ahora contiene – además de la excelente colección de libros, reunidos con la ayuda de los muchos “Amigos de Newman” – una exhibición permanente sobre Newman, que nos ofrece la oportunidad de narrar su vida. El punto culminante es la visita a la habitación de Newman y a su capilla, en la que el Señor Eucarístico ha estado presente desde 1990. Los grupos pequeños a meundo tienen el privilegio de celebrar la Misa en la capilla. Podemos mostrar a los visitantes la iglesia parroquial anglicana, Santa María y San Nicolás, construida por Newman, y otros sitios en Littlemore que son de interés para los que se acercan por Newman. Si los grupos lo desean, los guiamos a los principales lugares asociados con Newman en Oxford: Santa María, y las dos facultades de Newman, Trinity u Oriel. En Littlemore hay disponibles ocho habitaciones para los que vienen por retiros individuales, por estudio, o simplemete para tomar nuevas fuerzas por estar en este lugar de paz.


Buscamos vivir según el lema de Newman cor ad cor loquitur, ya sea en nuestros cuidados diarios de Littlemore y sus jardines, en el mantenimiento de este lugar tan importante en la historia de la cristiandad en Inglaterra, o en nuestra recepción de aquellos que vienen a rezar, a visitar o a quedarse. En el mismo espíritu ofrecemos también eventos especiales a lo largo del año, como la peregrinación newmaniana anual, la caminata nocturna de Oxford a Littlemore entre el 8 y el 9 de octubre, organizada junto con el Oratorio de Oxford, las Cuarenta Horas de oración antes de Cuaresma, etc. Por casi dos décadas, el grupo Cor ad Cor se ha reunido mensualmente para una tarde de lectura y debate, y para la adoración eucarística en la capilla de Newman. También estamos involucrados en la parroquia católica local en diferentes formas (la catequesis, la música en las celebraciones litúrgicas, la organización de jornadas de oración, la visita de los ancianos en sus hogares, etc.), y mantenemos contacto con personas de distintos orígenes a los que tratamos de ayudar en sus vidas de fe. Tenemos el privilegio de poder ser los guardianes de este lugar de gracia, donde Newman encontró “una respuesta a sus oraciones” (Letters and Diaries of John Henry Newman Vol 11, p. 133).

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En definitiva, ¿cuál es el mensaje de Littlemore?


Sobre todo, Littlemore nos ayuda a comprender la profunda conexión, en la vida de Newman, entre el estudio, la oración, y el amor al pueblo de Dios. Ésta es la llave para comprender su conversión. Actualmente, muchos desean separar la caridad de la verdad. Newman, en contraste con esto, nos enseña la íntima conexión en la vida cristiana del pensamiento, la caridad pastoral y la amistad con todos y con Dios. Divorciar su obra intelectual de su vida, tanto de clérigo anglicano como de sacerdote católico, es no comprender la unidad de su personalidad – perfeccionada por la Gracia – y su profunda importancia para nuestros tiempos.

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Fuente: Cause for the Canonisation of Cardinal Newman

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo


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sábado, 26 de septiembre de 2009

Corrección en el Catecismo para Adultos norteamericano

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COVER, INSIDE PAGES OF U.S. CATHOLIC CATECHISM FOR ADULTS

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Hace algunos meses informábamos de la publicación de una Nota de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos en la que se aclaraban algunas ambigüedades en torno al documento “Reflexiones sobre la alianza y la misión”. Este documento que trataba, entre otras cosas, de la relación de la Iglesia con el pueblo judío, contenía afirmaciones “no lo suficientemente precisas, y potencialmente desorientadoras”, según la Nota publicada entonces por los obispos norteamericanos.


Ahora ha sido el turno del Catecismo Católico para Adultos de los Estados Unidos, que también ha sido objeto de algunas modificaciones.

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La Congregación para el Clero ha aprobado una pequeña modificación en el Catecismo Católico para Adultos de los Estados Unidos, clarificando la enseñanza sobre la Alianza de Dios con el pueblo judío. La Conferencia Episcopal de los Estados Unidos anunció a fines de agosto que el Vaticano otorgó la recognitio a la revisión de una frase del catecismo que había sido aprobado por los obispos norteamericanos en junio del 2008. La frase revisada dice: “Al pueblo judío, al que Dios eligió primero para escuchar Su Palabra, ‘le pertenecen la filiación, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto y las promesas; a ellos pertenecen también los patriarcas, y de su raza, según la carne, es el Cristo’”. La frase original decía: “Así, la Alianza que Dios hizo con el pueblo judío por medio de Moisés, permanece eternamente válida para ellos”.


En una declaración, la Conferencia Episcopal afirmó que “la clarificación refleja la enseñanza de la Iglesia de que todas las alianzas que Dios hizo previamente con el pueblo judío se cumplen en Jesucristo a través de la Nueva Alianza establecida por medio de Su Muerte sacrificial en la Cruz”.

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Fuente: America Magazine


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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viernes, 25 de septiembre de 2009

Habla el Cardenal Castrillón: "La verdad encontrará su camino"

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Cardenal Castrillon

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El Cardenal Castrillón Hoyos, como informó hoy Infocatólica, concedió una entrevista a “Süddeutsche Zeitung” en la cual se refirió al “caso Williamson” y a las afirmaciones del obispo de Estocolmo que provocaron el resurgimiento de la cuestión. Ofrecemos ahora gran parte de dicha entrevista, tomándola de la traducción italiana de Fides et Forma.

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Usted afirmó que no estaba en conocimiento de la entrevista de Williamson. ¿Qué habría hecho el Papa si lo hubiera sabido?


No quisiera alegar hipótesis sobre lo que el Papa habría podido hacer. Me refiero solo a lo que él sabía en el momento en que el levantamiento de la excomunión se hizo público. En ese momento, ninguno de nosotros conocía mínimamente las afirmaciones de Williamson. ¡Ninguno de nosotros! ¡Y ninguno tenía el deber de conocerlas!

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¿Usted no sabía nada ni siquiera en el 2009?


Sabía sólo que la STV lo había entrevistado con ocasión de la ordenación de un diácono. Y fue el 5 de febrero cuando tuve conocimiento de lo que había afirmado. La Nunciatura me ha dado la información en un sobre sellado.

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Ahora el Obispo de Estocolmo, Anders Arborelius, afirma haber informado a la Nunciatura de Estocolmo desde noviembre de 2008.


Deploro mucho esta afirmación poco seria porque es falsa. Es una calumnia difundir este tipo de informaciones. Nosotros guardamos todos los documentos en forma digital. El Obispo Arborelius tendría que decir cómo, a quién y cuándo ha dado esa información, y si lo ha hecho en forma escrita u oral.

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La revista Der Spiegel ha referido la entrevista de Williamson en el 2008. ¿Nadie la leyó en el Vaticano?


Es posible que el departamento alemán de la Secretaría de Estado conociera este informe. Pero yo no.

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El Padre Fellay, General de la FSSPX, ¿podría haber sabido ya el contenido de la entrevista a Williamson si hemos de creer en la carta que envió a la SVT el 21 de enero para prevenir la transmisión?


No sé nada.

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Williamson ¿dijo haberlo conocido durante un almuerzo?


En aquel tiempo, hacía poco que era Presidente de Ecclesia Dei. Y allí observé durante un almuerzo a un grupo de personas en sotana. Por eso, pregunté a mi secretario quienes eran. Él me dijo que eran lefebvristas. Fue así que los invité a comer.

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¿Qué impresión le produjeron?


La impresión de que son gente buena, pero tal vez demasiado fijada en la idea de que todo el mal del mundo tiene su fuente en la reforma del Concilio. Traté de relajar un poco el ambiente y bromeé diciendo que si hubiese querido elegir una lengua para la Misa habría preferido el arameo, la lengua de Cristo, dado que no sabía quien había tenido la mala idea de cambiar la lengua del Señor por la de sus perseguidores. A ellos les pareció una broma muy mala. Después de este encuentro, llegó el diálogo con Juan Pablo II y luego otro, en agosto del 2005, con el Papa Benedicto.

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¿Nos puede hacer una descripción de Richard Williamson?


Es un hombre honesto, de algún modo excéntrico. No necio, pero obsesivo y testarudo.

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¿Un hombre honesto?


Él dice lo que piensa. Williamson no me parece de aquellos que quieren engañarte. Más bien, es una persona sin inhibiciones que mantiene posiciones extremistas, pero con una sencilla y honesta convicción.

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¿Usted comparte las posiciones de la FSSPX?


La FSSPX piensa que ellos están defendiendo la verdad sobre la sagrada tradición y que no pueden ser excomulgados por esto. Esto puede ser comprendido, aunque no comparta tales opiniones. En cuanto a esto, es indiscutible que ellos han quebrantado una ley fundamental de la Iglesia.

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¿Usted se ha preguntado si vuestras decisiones podían tener consecuencias políticas?


La excomunión de los cuatro obispos no es un acto político. Es un acto de misericordia. Es, por lo tanto, un problema teológico y pastoral, no una interferencia de la Iglesia en la esfera política. Por eso no me preocupo. Mi trabajo no es juzgar a un hermano obispo. Esta es la tarea de la Congregación para los Obispos y de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

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Pero la Iglesia Católica tiene una opinión sobre antisemitismo y holocausto…


El rechazo por parte de la Iglesia de toda violencia injusta sufrida por el pueblo judío es claro. Este tipo de genocidio racial es un crimen inmoral contra la humanidad.

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¿Por qué, entonces, no ha bloqueado el levantamiento de la excomunión a un negador del holocausto?


Williamson ha sido excomulgado por su ordenación episcopal ilegítima, no por sus teorías, juicios o afirmaciones sobre el holocausto. ¡Mirar los problemas en otro sentido es un típico error alemán!

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El cardenal Re se ha sentido engañado por usted…


Por lo que sé, nunca me ha dicho eso. Pero sé bien que ha dicho algunas palabras incautas sobre mí a la prensa. Por eso, le escribí una carta en la cual le dije que si alguien hubiese sabido anticipadamente de la entrevista sobre el holocausto, tendría que haber sido sólo él. Él ha trabajado por muchos años en la Secretaría de Estado. Hoy es la cabeza de la Congregación para los Obispos. Es su tarea monitorear a los Obispos.

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¿Este escándalo ha cambiado sus relaciones con el Papa?


¡Sí, para mejor! Nosotros hemos trabajado muy estrechamente, no sólo porque él es el Vicario de Cristo sino también porque es un teólogo de primera categoría, un defensor de la Fe, y tiene siempre confianza en mí. Esto no ha cambiado.

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¿Se ha sentido golpeado por los medios?


He tenido una notable experiencia con los medios y ahora me tratan ásperamente. No he pedido nunca rectificaciones, porque es inútil. La verdad encontrará su camino. Y la única verdad es la que le he dicho.

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Fuente: Fides et Forma


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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Un pequeño rebaño recibe a un gran pastor

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Catedral de San Vito

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En vísperas del viaje que Benedicto XVI realizará, “en el corazón de Europa”, a la República Checa, presentamos una interesante reflexión del Cardenal Miloslav Vlk, Arzobispo de Praga, sobre la compleja realidad que encontrará el Papa. Al mismo tiempo, invitamos a nuestros lectores a acompañar con la oración esta nueva peregrinación apostólica del Vicario de Cristo.

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La visita del Papa a una Iglesia local es siempre un evento grande, extraordinario y único para todos los fieles. La comunión con el Papa, que se realiza cotidianamente en la plegaria eucarística recordando su nombre, en la visita se hace concreta, tangible. Los fieles de nuestro país han podido recibir tres veces al Papa Juan Pablo II desde la caída del comunismo. Han sido momentos vividos con gran alegría por todos.


Durante el comunismo, la figura del Papa era vista con desprecio por el régimen. El Papa, “enemigo del pueblo”, era calumniado, atacado, humillado por los comunistas. El Vaticano era considerado colaborador del imperialismo capitalista. Tal vez por este motivo, el Papa se convirtió para los fieles sencillamente en el “padre”. Nuestras diócesis estaban sin obispos porque eran llevados a las afueras o puestos en prisión. La Iglesia, los sacerdotes y los fieles eran perseguidos. En este doloroso contexto, era casi evidente que el Papa se convirtiese para nosotros en “el obispo”, “el padre” de todos.


Es fácil comprender el significado que tuvo la visita de Juan Pablo II en 1990, después de la caída del comunismo. El duro pasado había hecho florecer un especialísimo amor del pueblo hacia el Papa. Un amor que ha permanecido intacto hasta nuestros días en muchos fieles.


Esperamos la visita de Benedicto XVI desde el 2005, es decir, desde la primera vez que lo invitamos. Solamente se esperaba el momento oportuno. El año pasado, al recibir al nuevo embajador checo ante la Santa Sede, Pavel Vosalik, el Papa mencionó el deseo de visitar nuestro país. Era precisamente el año jubilar de san Wenceslao, por los 1100 años de su nacimiento.


San Wenceslao, mártir, ocupa un puesto central en la historia espiritual de nuestra tierra: es el santo, el mártir y, al mismo tiempo, es el príncipe, el soberano, el patrono principal de la Iglesia en nuestro país. La abuela de san Wenceslao, santa Ludmila, fue bautizada por san Metodio en el siglo IX. Ha sido ella quien transmitió la fe al nieto Wenceslao, quien lo educó, quien lo crió.


Cuando Wenceslao estaba al gobierno, el cristianismo estaba estrecha e indisolublemente ligado a la vida de la nación. Fuentes históricas describen a Wenceslao como un gobernante muy atento a las necesidades del prójimo, especialmente hacia los pobres, los marginados, los que estaban amenazados. Sabía darse plenamente, servir sin fijarse en su condición de gobernante. Así daba testimonio de su ser cristiano a los contemporáneos paganos. Su modo de vivir era inspiración para otros. Ha sido él, “príncipe eterno”, quien dejó en herencia su preciosa corona, símbolo de su misma fe, a todos los reyes que han venido detrás de él. Pero él ha sido y sigue siendo el iniciador, aquel que ha llevado los valores cristianos a las raíces de nuestra nación.


En el himno sagrado a san Wenceslao, que hasta el siglo IX era adoptado como himno nacional, se canta: “Tú eres el heredero de la tierra checa”. San Wenceslao es símbolo de la nación y de la Iglesia, que en él encuentran su vínculo. Estoy muy feliz de que el Papa estará en nuestra diócesis precisamente en el día de la fiesta de san Wenceslao, el 28 de septiembre, fiesta nacional. Quisiera recordar, al respecto, que en la basílica de San Pedro, en Roma, en la parte derecha del transepto, se encuentra el altar dedicado a san Wenceslao, acompañado por los santos Cirilo y Metodio, apóstoles de nuestra fe. Es así que nuestra nación, pequeña pero rica en santos, está vinculada con la Iglesia de Roma.


La espera de la visita del Papa Benedicto XVI la vivimos en estrecha comunión con todas las nueve diócesis, especialmente aquellas en la que el Papa estará. También para la preparación del programa hemos trabajado todos juntos.


El camino propuesto para la preparación espiritual de los fieles se ha basado en los tres pilares de nuestra fe: la fe, la esperanza y la caridad. Cada uno de los obispos ha preparado cartas pastorales que luego han sido leídas durante la Liturgia dominical. Los temas centrales han sido precisamente la fe, la esperanza y la caridad. Los sacerdotes, luego, han profundizado las temáticas en sus homilías cotidianas.


Para cada fiel se ha preparado un folleto titulado “Preparémonos para la visita del Santo Padre Benedicto XVI a la República Checa – Invitación y desafío a la preparación para el encuentro”. Hay oraciones, pensamientos e inspiraciones para la reflexión individual, familiar y comunitaria. Además, en todas las diócesis han sido distribuidas pequeñas imágenes del Papa con una oración para vivir la visita en un clima de gracia, en el deseo de que pueda traer frutos abundantes para la Iglesia y la sociedad. En los últimos días de preparación se ha desarrollado una novena en todas las iglesias del país. Durante toda la novena, en la capilla del arzobispado, se han reunido muchos empleados para rezar juntos por el Papa.


Los medios de comunicación de la Conferencia episcopal, los medios de comunicación de las diócesis, la radio católica Progias y la televisión católica Noe han trabajado para acompañar la preparación y favorecer la participación también de quienes físicamente no han podido hacerlo. También los medios, tanto las radios como los periódicos nacionales, han difundido numerosas informaciones sobre la visita. La llegada del Papa es, sin duda, el evento más grande del año. Por lo tanto, hay mucha atención en todas partes.


Es cierto que la que se presentará al Papa como comunidad eclesial ocupa el puesto de “pequeño rebaño”. En el censo del año 2001, cerca del 29 por ciento de los más de 10 millones de habitantes se han declarado católicos; cerca del 5 por ciento, pertenecientes a las otras iglesias. El 66 por ciento restante no es ateo en el verdadero sentido de la palabra, como a veces se dice en nuestro país. Son, más bien, “deístas”: quiere decir que admiten la existencia de un Dios pero, según ellos, no se ocupa de los hombres. Ha dejado la tierra a los hombres que ahora son los dueños. Es una mentira difícil de quitar.


Después de la caída del comunismo, la Iglesia goza de plena libertad. Aún hay, sin embargo, muchos problemas que quedaron desde el período totalitario. Por ejemplo, el Estado no ha resuelto hasta ahora las injusticias realizadas por el régimen comunista. Principalmente, no ha restituido los bienes eclesiásticos robados por los comunistas. Estos bienes continúan en manos del Estado. La Iglesia depende económicamente del Estado: paga los salarios de los sacerdotes, contribuye al mantenimiento de las oficinas diocesanas, en menor medida ayuda también al mantenimiento de los edificios eclesiásticos. Solo que estas financiaciones son el fruto de los bienes de la Iglesia en las manos del Estado.


Algunos años atrás, dos comisiones, una por cada parte, redactaron un acuerdo entre la Santa Sede y el Gobierno de la República Checa. Ambas partes firmaron los acuerdos pero el Parlamento nunca los ha ratificado. Vivimos todavía hoy, por lo tanto, en un estado “provisional”, casi precario. Pero ya estamos acostumbrados a vivir así. Al menos, la vida de este “pequeño rebaño” sigue adelante. Mientras que, en el período de la dominación comunista, no era así. Los fieles laicos no podían participar activamente en la vida de la Iglesia; hoy, en cambio, colaboran cada vez más activamente en las parroquias. Muchos se comprometen, por ejemplo, en la Caritas que “es el rostro de la Iglesia frente a la sociedad”. Cada año recibimos a muchos nuevos catecúmenos. Entre ellos, hay muchos jóvenes y muchos adultos convertidos.


Sin embargo, en amplios sectores de la sociedad civil, la relación con la Iglesia es vivida con una cierta indiferencia. Se advierte sustancialmente, para con la Iglesia, una opinión negativa. Se encuentra un poco al margen de la sociedad. Se la ve más bien como una asociación privada, prácticamente insignificante.


Es por eso que, para nosotros, la visita del Papa asume un gran significado. Tanto más ahora, después de que la bellísima encíclica Caritas in veritate ha sido ya publicada en checo y ampliamente difundida. El nuestro es un país pequeño y, desde el punto de vista eclesial, numéricamente no muy significativo. Hasta ahora, el Papa ha visitado países mucho más significativos en este sentido. Un motivo más para hacer de su visita a nuestra nación, a nuestra pequeña Iglesia, una visita de gran valor. Nosotros, pequeño rebaño, junto a él, seremos considerados y nos sentiremos parte integral de la Iglesia universal.


Queremos recibir al Papa como a Cristo mismo, el cual ha dicho a los apóstoles: “Quien a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lucas 10, 16) y “quien reciba al que yo envíe, me recibe a mí” (Juan 13,20). EL Papa viene con la fuerza de la palabra de Cristo, que ha dicho a Pedro: “Y tú… confirma a tus hermanos” (Lucas 22, 32).

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Fuente: L’Osservatore Romano


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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jueves, 24 de septiembre de 2009

La propuesta del Cardenal Zen

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El Cardenal Joseph Zen, obispo emérito de Hong Kong, escribió un mensaje publicado en el sitio web de la diócesis en el que lanzó una propuesta desafiante al gobierno chino, con ocasión de los 60 años de la fundación de la República Popular.

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Con ocasión de los 60 años de la fundación de la República Popular China, el cardenal Joseph Zen, obispo emérito de Hong Kong, sugirió al presidente Hu Jintao liberar a todos los obispos católicos que están en prisión.


En un mensaje, firmado por él y publicado ayer en el sitio web de la diócesis de Hong Kong, el card. Zen dice: “A 60 años de la fundación de la República Popular, es el momento de que los dirigentes tengan el coraje de corregir los errores del pasado, liberando a los líderes religiosos que han sido privados de la libertad (por mons. Su Zhimin [obispo de Baoding (Hebei)], secuestrado hace décadas, mons. Jia Zhi Guo [obispoo de Zhengding], secuestro el pasado marzo); es el momento de que los dirigentes desciendan de sus posiciones para dialogar directamente con nuestros obispos, porque son ellos los jefes de la Iglesia”. El purpurado sugiere también al gobierno de Pekín “sentarse con sinceridad a la mesa [de las negociaciones] con la Santa Sede para encontrar modos de consultarse recíprocamente, aceptables para ambos, y así coexistir en armonía”.


En el mensaje, el cardenal Zen elogia algunas palabras de Hu Jintao que le han suscitado un “hilo de esperanza”. Hablando frente al National Committee of the Chinese People’s Political Consultative Conference (CPPCC), el pasado 20 de septiembre, Hu dijo que la función de este organismo es “promover la democracia, reforzar la solidaridad, coordinar las relaciones, resolver las contradicciones”.


El purpurado comentó que esto es precisamente “lo que el pueblo espera del Estado”. Él dijo que no ha podido más que aplaudir cuando escuchó afirmar a Hu que “el CPPCC debe comprometerse en promover… el desarrollo armonioso en las relaciones con las religiones…, con los connacionales en la patria y en el exterior”. Y que el CPPCC “debe preservar el principio de poner al hombre en el centro, escuchar la voz del pueblo…, hacer conocer la situación social y la opinión pública, ofreciendo consejos y sugerencias”.


Y a propósito de la armonía “en las relaciones con las religiones”, el cardenal Zen hace notar que lo expresado por Hu Jintao es “precisamente lo que Benedicto XVI desea cuando dice `espero que los fieles en China puedan vivir en paz su vida de fe y contribuir al desarrollo de su patria´”.


Según el cardenal Zen, el programa expresado por Hu Jintao es “un desafío sin precedentes… pero también una gran oportunidad”.


Lamentablemente, continúa el obispo emérito de Hong Kong, en China hay “algunos que sólo buscan el interés inmediato (oportunistas) y no quieren abandonar el protagonismo y el poder”. Éstos “se preocupan solamente por mantener el propio poder y sus intereses sin tener en cuenta los verdaderos interesantes y la política del Estado”. Todo esto lleva a un “punto muerto” y a demoras que provocan “daños”.


El cardenal se refiere, en forma genérica, a personalidades “de la ultra-izquierda” que continúan oponiendo la fe cristiana al patriotismo. No es difícil ver en estas personalidades (no nombradas) a los jefes de la Asociación Patriótica y del ministerio de los asuntos religiosos.


“La fe – concluye el cardenal Zen – no está, de ningún modo, opuesta al amor por la Patria”.

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Fuente: Asianews


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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