lunes, 9 de febrero de 2009

"Unánime gratitud" de la Fraternidad

Ofrecemos una noticia sobre la nota publicada hoy por la Oficina de prensa de la FSSPX donde son confirmadas las dos noticias adelantadas por el blog español La Cigüeña de la Torre, y en la cual se hace referencia a la nueva entrevista a Mons. Williamson, que ha sido publicada hoy y cuya traducción hemos ofrecido en el post anterior.


Actualización: Panorama Católico ofrece la traducción del comunicado completo.

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La Fraternidad Sacerdotal de San Pío X ha pedido al obispo Richard Williamson profundizar en la historicidad de la Shoah – que el obispo negacionista se ha comprometido a estudiar sobre el texto “Auschwitz. Técnica y operación de las cámaras de gas” (Jean Claude Pressac, 1989), “en un lapso de tiempo razonable”.

En una nota publicada por la oficina de prensa de los lefebvristas, se confirma que Williamson ha “aceptado”, el pasado 31 de enero, la decisión del superior general, monseñor Bernard Fellay, de retirarlo de la dirección del seminario que dirigía desde el 2003 en La Reja, cerca de Buenos Aires.


“Antes de que fuera publicada, la entrevista que Monseñor Williamson ha concedido a Spiegel el 9 de febrero –afirma la nota- ha sido presentada como una negativa a la petición formulada el 4 de febrero por la Santa Sede” de tomar distancia de sus declaraciones sobre la Shoah.


“Hoy los lectores disponen no sólo de algunos extractos sino de la entrevista entera y pueden notar, de este modo, que Monseñor Williamson no rechaza volver sobre las afirmaciones hechas a la televisión sueca el primero de noviembre de 2008 (difundidas el 21 de enero de 2009) sino que no quiere afirmar nada de lo que no esté convencido. Es por ello que comenzó a estudiar la obra de Jean Claude Pressac que refuta las tesis negacionistas: “Auscwitz. Técnica y operación de las cámaras de gas” (1989).


“Lejos de ser una negativa, o incluso una maniobra dilatoria, - añade la nota – la iniciativa de Monseñor Williamson expresa una voluntad de informarse objetivamente, estudiando la tesis opuesta a aquella a la que adhería hasta ahora. ¿Acaso es preferible – se preguntan los lefebvristas – ver a Monseñor Williamson en una posición anti-negacionista únicamente por la orden recibida?”


“La sinceridad de una posición de ese tipo sería más que sospechosa a los ojos de todos. Pero de inmediato, ha renovado la condena de la Iglesia contra el antisemitismo: «Esto es evidente en una religión cuyos fundadores y todos los individuos importantes en su temprana historia eran judíos», afirma. Él declara que su estudio tomará tiempo. ¿La verdad histórica sufrirá por este retraso? ¿Los hechos científicos corren el riesgo de no ser más hechos con el pasar del tiempo? ¡Ciertamente no! Al contrario de lo que afirma el periodista del Spiegel, la Fraternidad no ha impuesto ningún ultimátum a monseñor Williamson, sino que le ha pedido estudiar estas cuestiones en un lapso de tiempo razonable. No se lo puede criticar por tomarse un tiempo para llegar a conclusiones convincentes”.


Ya que, finalmente, Monseñor Williamson “no intenta perjudicar en modo alguno la obra de la Fraternidad”, él “ha aceptado, el 31 de enero, la decisión del superior general de apartarlo del cargo de director del seminario de La Reja (Argentina)”. Williamson, Fellay, y los otros dos obispos a los que el Papa, el 21 de enero, ha levantado la excomunión latae sentenciae en la que habían incurrido en 1988, subraya la nota, han escrito al papa el 29 de enero para expresar “su unánime gratitud”.

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Fuente: Papa Ratzinger Blog


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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Nueva entrevista de Mons. Williamson

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Mons Williamson

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Ofrecemos nuestra traducción de la entrevista que Monseñor Richard Williamson ha concedido, con el permiso de sus superiores, al periódico alemán Spiegel, de la cual ya están haciéndose eco muchos medios internacionales.


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El Vaticano le ha pedido retirar su negación del Holocausto y lo ha amenazado con no permitirle reanudar sus actividades como obispo. ¿Cómo reaccionará?


A lo largo de mi vida, siempre he buscado la verdad. Por este motivo, me he convertido al catolicismo y me hice sacerdote. Ahora solo puedo decir algo, la verdad de la que estoy convencido. Ya que hay muchas personas honestas e inteligentes que lo ven de distinta manera, yo debo examinar nuevamente las pruebas históricas. Dije lo mismo en mi entrevista con la televisión sueca: se trata de pruebas históricas, no de emociones. Y si yo encuentro estas pruebas, me corregiré. Pero esto llevará tiempo.

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¿Cómo puede un católico instruido negar el Holocausto?


Me he ocupado del tema en los años ’80. Leí, entonces, una variedad de artículos sobre la materia. En la entrevista he citado el informe Leuchter, que me parecía atendible. Ahora me dicen que ha sido refutado científicamente. Ahora pienso investigarlo.

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¿Podría ir personalmente a Auschwitz?


No, no viajaré a Auschwitz. He ordenado el libro de Jean-Claude Pressac. Se llama “Auschwitz: Technique and Operation of the Gas Chambers”. Una impresión me está siendo enviada y voy a leerlo y estudiarlo.

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La Sociedad de San Pío X le ha fijado un ultimátum para fin de febrero. ¿Es posible una ruptura con ellos?


En el antiguo testamento, el profeta Jonás dice a los marineros, cuando el barco está en peligro:Tómenme y arrójenme al mar, y el mar se les calmará; porque yo sé que es a causa de mí que ha sobrevenido esta gran tempestad”.


La Sociedad tiene una misión religiosa, que está sufriendo por mi causa. Yo examinaré ahora las pruebas históricas. Si no me parecen convincentes, haré todo lo que esté a mi alcance para asegurar que no haya más daños a la Iglesia y a la Sociedad.

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¿Qué significa para usted el levantamiento de las excomuniones?


Nosotros solo queremos ser católicos, nada más. No hemos desarrollado nuestras propias enseñanzas sino que nos hemos limitado a preservar aquello que la Iglesia siempre ha enseñado y practicado. Y en los años ’60 y ’70, cuando todo se ha cambiado en nombre del Concilio, fue de pronto un escándalo. Como resultado, fuimos forzados a los márgenes de la Iglesia, y ahora que las Iglesias vacías y un clero envejecido dejan claro que estos cambios fueron un fracaso, estamos retornando al centro. Para nosotros, los conservadores, esto es así: si esperamos lo suficiente, queda probado que estamos en lo correcto.

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El Concilio Vaticano II cuenta como uno de los más grandes logros de la Iglesia Católica. ¿Por qué no lo reconocen completamente?


Es absolutamente poco claro lo que se supone que reconozcamos. Un documento importante se llama “Gaudium et Spes”, o Gozo y Esperanza. En él los que lo han escrito hablan con gran entusiasmo acerca de la capacidad que tiene el turismo masivo para unir a la gente.


Pero difícilmente pueda uno esperar que una sociedad conservadora adopte los viajes organizados. Habla de miedos y de penurias. Y luego se menciona una Guerra nuclear entre las superpotencias. Verá, mucho de esto ya está anticuado. Estos documentos del Concilio son siempre ambiguos. Debido a que nadie supo exactamente lo que se suponía que esto significaba, todos comenzaron a hacer según lo que deseaban, poco después del Concilio. Esto ha resultado en este caos teológico que tenemos hoy. ¿Qué se supone que reconozcamos, la ambigüedad o el caos?

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¿Es realmente consciente de que está dividiendo a la Iglesia con sus visiones extremas?


Sólo la violación de los dogmas, es decir, de los principios infalibles, destruye la fe. El Concilio Vaticano II declaró que no proclamaría ningún nuevo dogma. Hoy, los obispos liberales actúan como si existiese un tipo de super-dogma que todo lo abarca, y lo usan como justificación para una dictadura del relativismo. Esto contradice los textos del Concilio.

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Su posición acerca del judaísmo es consistentemente antisemita.


San Pablo lo puso de esta forma: Los judíos son amados en consideración a nuestro Padre, pero son nuestros enemigos en consideración al Evangelio.

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¿Intenta seriamente usar la tradición católica y la Biblia para justificar su antisemitismo?


El antisemitismo significa hoy muchas cosas, por ejemplo, cuando uno critica las acciones israelíes en la Franja de Gaza. La Iglesia siempre ha entendido la definición de antisemitismo como el rechazo a los judíos por sus raíces judías. Esto es condenado por la Iglesia. Incidentalmente, esto es evidente en una religión cuyos fundadores y todos los individuos importantes en su temprana historia eran judíos. Pero también era claro, debido al gran número de cristianos judíos en la temprana cristiandad, que todos los hombres necesitan a Cristo para su salvación – todos los hombres, incluyendo a los judíos.

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El Papa viajará pronto a Israel, donde planea visitar el Memorial del Holocausto. ¿También se opone a esto?


Hacer una peregrinación a Tierra Santa es un gran gozo para los cristianos. Le deseo al Santo Padre todo lo mejor en su viaje. Lo que me preocupa acerca de Yad Vashem es que el Papa Pío XII es atacado allí, aunque ninguno salvó a más judíos que él durante el período nazi. Por ejemplo, el hizo confeccionar certificados bautismales para los judíos perseguidos para protegerlos contra el arresto. Estos hechos fueron distorsionados para significar exactamente lo opuesto. Por otra parte, espero que el Papa también tendrá el ojo y el corazón puestos en las mujeres y los niños que fueron heridos en la Franja de Gaza, y que hablará en apoyo de la población cristiana de Belén, que está ahora entre paredes.

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Sus declaraciones han causado gran herida e indignación en el mundo judío. ¿Por qué no pide perdón?


Si me doy cuenta de que he cometido un error, pediré perdón. Pido a todo ser humano que me crea cuando digo que no dije deliberadamente nada falso. Estaba convencido de que mis comentarios eran acertados, basado en mi investigación en los ‘80. Ahora debo revisar todo nuevamente, y mirar la evidencia.

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¿Reconoce al menos los derechos humanos universales?


Cuando los derechos humanos fueron declarados en Francia, cientos de miles fueron asesinados en toda Francia. Donde los derechos humanos son considerados un orden objetivo para que el estado implemente, hay constantemente políticas anti-cristianas. Cuando se trata de preservar la libertad de conciencia individual frente al estado democrático, entonces los derechos humanos juegan una función importante. El individuo necesita estos derechos contra un país que se comporta como un Leviatán. Pero el concepto cristiano de estado es diferente, de manera que las teorías cristianas de los derechos humanos enfatizan que la libertad no es un fin en sí misma. El punto no es libertad de algo, sino libertad para algo. Para el bien.

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Sus declaraciones y el levantamiento de su excomunión han provocado protestas en todo el mundo. ¿Puede comprender esto?


Una simple entrevista en la televisión sueca ha dominado las noticias durante semanas en Alemania. Si, eso sí me sorprende. ¿Sucede así con todas las violaciones de la ley en Alemania? Difícilmente. No, soy sólo un instrumento aquí, de manera que pueda tomarse acción contra la SSPX y contra el Papa. Aparentemente, el catolicismo de izquierda de Alemania aún no ha perdonado que Ratzinger se haya convertido en Papa.

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Texto original: Spiegel


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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domingo, 8 de febrero de 2009

Benedicto XVI: la valentía de la Verdad

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BENEDICTO XVI

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Ayer se cumplieron dos semanas desde que el decreto del Papa se hizo público. Han sido dos semanas nada fáciles y ciertamente densas en las que hemos podido apreciar gestos de valentía que nos han alegrado y han contribuido al bien de la Iglesia pero, por desgracia, también hemos visto actitudes cobardes que, con intención o sin ella, han provocado dolor al Santo Padre y a la Iglesia.


Ya hemos manifestado, en otra ocasión, que no es posible culpar de todo esto a una supuesta posición poco clara de la Iglesia sobre el antisemitismo o a la rehabilitación de un obispo que niega la Shoah. Es evidente que la molestia se debe, más en general, a que la Fraternidad de San Pío X esté más cerca de la plena comunión. Y detrás de ello, debemos ser sinceros, la molestia está dirigida finalmente al Papa Benedicto XVI y a su “idea de Iglesia”. Pero aquí surge el problema: ¿estamos ante una “idea de Iglesia” de Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI? ¿O se trata, más bien, de la Iglesia de Jesucristo, la Iglesia Católica, de cuya fidelidad a su Divino Fundador es garante el Sucesor de Pedro?


El gran error de tantos “teólogos” disidentes, que en estos días han despertado de su letargo para criticar al Vicario de Cristo, es creer (o más bien, intentar hacer creer) que su rebelión es contra un modelo de Iglesia, del cual el actual Papa sería exponente. De ese modo, bajo la excusa de estar en contra de “la Iglesia según Ratzinger”, se ponen en contra de la Tradición bimilenaria de la Iglesia de Jesucristo. En estos teólogos y sus postulados, que muchas veces encuentran eco lamentablemente incluso en sacerdotes y obispos, se ve con claridad a qué peligrosos extremos puede llevar una interpretación pésima y arbitraria del Concilio Vaticano II, arrancándolo del contexto de la “entera y única Tradición de la Iglesia y de su fe”(cfr. discurso del Card. Ratzinger a los obispos de Chile).


En el lado opuesto, encontramos posturas como la del Padre Floriano Abrahamowicz que ha manifestado en reiteradas ocasiones y a pesar de las advertencias de sus superiores, afirmaciones que están abiertamente en contra del Magisterio de la Iglesia y del Romano Pontífice, y que no tienen ninguna relación con lo que siempre ha sostenido y sigue sosteniendo la Fraternidad de San Pío X. Si bien los medios de comunicación, con su sutil engaño, han presentado su expulsión de la Fraternidad como una condena a sus posturas negacionistas sobre la Shoah, el verdadero motivo puede encontrarse en frases como: “el que ordena el injurioso decreto de «levantamiento de excomunión» es Joseph Ratzinger, que continúa inconmovible en el ecumenismo modernista del Concilio Vaticano II […], incurriendo en la excomunión de San Pío X reservada a los modernistas. ¡Un excomulgado levanta una censura inexistente!”, y también: “este decreto lleva inevitablemente a la unión de hecho con la Iglesia Conciliar, condenada por la Iglesia Católica”, e incluso: “rezamos por Joseph Ratzinger para que abjure del modernismo y abrace la fe católica y por la Fraternidad de San Pío X para que permanezca fiel a la obra de Mons. Lefebvre”. Teniendo en cuenta estas afirmaciones, propias de una hermenéutica de la ruptura “a la inversa”, se entiende bien que la medida de la Fraternidad al expulsarlo ha sido un nuevo gesto valiente y necesario. No puede haber confusión. La Fraternidad no comparte, ni nunca lo ha hecho, ese tipo de afirmaciones. No es cierto, de ninguna manera, que respondan al espíritu de Mons. Lefebvre. El hecho de que la Fraternidad las rechace tajantemente, imponiendo una severa pena a quien las ha expresado, deja claro (aún para aquellos que dicen dudar de ello) que la Fraternidad está con el Papa y que es fiel a la Iglesia, y nos brinda la esperanza de que los diálogos tan esperados producirán el buen fruto de la plena comunión, que redundará en bien de toda la Iglesia.


En medio de estas dos posturas, que aún siendo opuestas entre sí tienen en común el daño que producen en las almas y su oposición a la verdad, nos encontramos con el camino señalado por el Santo Padre. Se trata del camino auténtico, del camino de la Iglesia, del camino de la Verdad. Como el mismo Benedicto XVI afirmaba cuando aún era cardenal, “el Papa no es el órgano capaz de proclamar una Iglesia diferente sino el dique de contención frente a la arbitrariedad. Él debe ser el garante de la obediencia, de que la Iglesia no haga lo que quiera”. Cuando fue elevado a la Sede de Pedro, el Papa habló en estos términos de “sus” planes como Sumo Pontífice: “mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino de ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia”. Por eso, a pesar de que Hans Kung y don Abrahamowicz (por mencionar dos nombres que evoquen las dos posturas erróneas) no puedan o no quieran aceptarlo, el Santo Padre señala y recorre con valentía el camino de la Verdad, asumiendo el sufrimiento que esto implica porque, como él mismo ha afirmado, “el rasgo definitorio de la verdad es que merece la pena sufrir por ella”.


Y es el amor a la Verdad el que se refleja cuando el Papa actúa, trabaja y sufre con el fin de que todos en la Iglesia permanezcan fieles a la Tradición; cuando se esfuerza porque también los últimos cuarenta años sean leídos en esta continuidad dos veces milenaria del Cuerpo Místico de Cristo; cuando rechaza firmemente una hermenéutica de la ruptura que termina provocando una autodemolición de la misma Iglesia; cuando, fiel a la misión del Sucesor de Pedro, se ocupa de buscar y promover la unidad de todos los fieles cristianos; cuando continúa dando testimonio de la Verdad, que es Cristo, aún sufriendo por ello desprecio y persecución. La situación actual de la Iglesia de Cristo, con tan violentos ataques desde tantos frentes, podría provocar miedo o desesperación. Pero podemos seguir adelante con confianza, ¡tenemos Papa!

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sábado, 7 de febrero de 2009

Más buenas noticias desde la FSSPX

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Obispos de la FSSPX

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El siempre bien informado blog de la La Cigueña de la Torre, que fue el primero en mencionar el decreto de levantamiento de las excomuniones publicado el 24 de enero, ha informado hoy que los cuatro obispos de la Fraternidad han enviado una carta a la Santa Sede agradeciendo el decreto del Papa. La carta es conciliadora y parece que ha sido muy bien recibida en Roma. Al mismo tiempo, el conocido blogger informa que Mons. Williamson ha cesado en el cargo de Rector de Seminario de La Reja, en Argentina, y ha decidido retirarse al silencio y estudio. Si bien estas noticias no han sido confirmadas oficialmente, pueden darse por muy seguras proviniendo de este blog español.

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viernes, 6 de febrero de 2009

Polonia semper fidelis

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Benedicto en Jasna Gora

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Los Obispos de Polonia han elogiado al Santo Padre por haber levantado las excomuniones a los cuatro obispos de la Fraternidad de San Pío X, calificando su decisión como un acto de gran valentía. Es de destacar la actitud de este episcopado que marca una diferencia con la de tantos otros obispos que, en lugar de manifestar su agradecimiento al Papa por sus esfuerzos por la unidad de la Iglesia, han expresado su preocupación sobre la conveniencia de dichas medidas, o lo que es peor, han hablado directamente de una supuesta inoportunidad de las mismas. Ofrecemos una traducción de gran parte de este comunicado.

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Varsovia, 6 de febrero de 2009


Amado Santo Padre:

En nombre de los obispos de la Conferencia Episcopal Polaca, deseo expresar a Su Santidad nuestra gratitud por los recientes gestos y actos que han mostrado la preocupación del Sucesor de San Pedro por la unidad de la Iglesia de Cristo.


Abrir la puerta al diálogo con el fin de sanar una dolorosa división es un acto de gran valentía y auténtica caridad pastoral, […].


Confiamos en que este gesto paternal será recibido con la misma voluntad y apertura por parte de los obispos y fieles de la Fraternidad de San Pío X, y los llevará a aceptar sin reservas la totalidad de la enseñanza y disciplina de la Iglesia, incluyendo el Concilio Vaticano II y el Magisterio de los últimos Papas.


En respuesta a su pedido de oración, le aseguramos, Santo Padre, que la Iglesia en Polonia está apoyando constantemente al Sucesor de Pedro en su preocupación por todas las Iglesias y ruega al Señor para que cada paso hacia la reconciliación de los fieles cristianos pueda producir sus frutos. […].


† Józef Michalik

Arzobispo Metropolitano de Przemyśl

Presidente de la Conferencia Episcopal Polaca


† Stanisław Gądecki
Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Polaca


† Stanisław Budzik
Secretario General de la Conferencia Episcopal Polaca


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Fuente: Rorate Caeli

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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Un histórico discurso de gran actualidad

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Cardenal_Ratzinger

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Dos semanas después de las ordenaciones episcopales realizadas por Monseñor Lefebvre sin mandato pontificio, el entonces Cardenal Ratzinger viajó a Chile como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En el encuentro con el episcopado de esa nación, el actual Papa se refirió precisamente a la cuestión que se abría con aquellas ordenaciones. Si bien hay partes de ese discurso que han perdido su actualidad en estos 20 años (y, gracias a Dios, en algunos casos se trata de evoluciones positivas) hay otras que aún la conservan y que pueden incluso iluminar la actual situación así como los próximos diálogos entre la FSSPX y la Santa Sede.


Fue precisamente en ese importante discurso donde el Cardenal Ratzinger criticó a quienes pretendían considerar al Vaticano II como un “superdogma”. Además, el Prefecto de la Doctrina de la Fe intentó analizar qué errores se cometieron en la Iglesia que dieron lugar a tan trágicos acontecimientos, qué verdades dejaron de vivirse y de amarse. El Cardenal Ratzinger afirmaba que “un cristiano nunca puede ni debe alegrarse de una desunión”, palabras particularmente actuales si pensamos en la amargura de muchos con el levantamiento de las excomuniones. El actual Papa también afirmaba que “es una contradicción que sean precisamente aquellos que no han dejado pasar por alto ninguna ocasión para vocear en todo el mundo su desobediencia al Papa y a las declaraciones magisteriales de los últimos 20 años, los que juzgan esta postura demasiado tibia y piden que se exija una obediencia omnímoda hacia el Vaticano II”.


Sin duda, este histórico discurso puede orientarnos en algunos aspectos del siguiente paso en las relaciones entre la Fraternidad y la Santa Sede, paso que, con la gracia de Dios y la firme voluntad del Santo Padre, se llevará a cabo a pesar de toda la oposición y de toda la polémica fabricada que hemos visto en estos días y que seguiremos viendo. Ofrecemos el texto completo, que hemos tomado desde la revista Humanitas, de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

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¡Estimados y queridos hermanos!


En primer lugar, querría agradecer de corazón su invitación tan amable para visitar vuestro país, y también para ofrecerme esta ocasión de encuentro y de diálogo fraterno. No me hago la ilusión de que se pueda conocer un país con una estadía de pocos días; sin embargo, es muy importante para mí la oportunidad de poder ver los lugares donde ustedes trabajan, y tener en alguna medida la experiencia del ambiente de la vida de la Iglesia en esta tierra.


El fin de mis palabras es encarecer el diálogo que queremos tener mutuamente. De modo general, suelo aprovechar la ocasión que me brindan estos encuentros para exponer brevemente algunas de las cuestiones de mayor importancia del trabajo en la Congregación para la Doctrina de la Fe. Sin embargo, el cisma que parece abrirse con las ordenaciones de obispos del 30 de junio, me lleva a apartarme, por esta vez, de esa costumbre. Hoy querría simplemente comentar algunas cosas sobre el caso que concierne a Mons. Lefebvre. Más que detenerse en lo ocurrido, me parece que puede tener mayor trascendencia valorar las enseñanzas que puede sacar la Iglesia, para hoy y para el día de mañana, del conjunto de los acontecimientos. Para ello, querría anticipar, en primer lugar, algunas observaciones sobre la actitud de la Santa Sede en los coloquios con Mons. Lefebvre, y continuar después con una reflexión sobre las causas generales que originan esta situación y que, por encima del caso particular, nos atañen a todos.


I. La actitud de la Santa Sede en los coloquios con Lefebvre


En los últimos meses hemos invertido una buena cantidad de trabajo en el problema de Lefebvre, con el empleo sincero de crear para su movimiento un espacio vital adecuado en el interior de la Iglesia. Se ha criticado a la Santa Sede por esto desde muchas partes. Se ha dicho que había cedido a la presión del cisma; que no había defendido con la fuerza debida el Concilio Vaticano II; que, mientras actuaba con gran dureza con los movimientos progresistas, mostraba demasiada comprensión con la rebelión restauradora. El desarrollo ulterior de los acontecimientos ha refutado suficientemente estas aseveraciones. El mito de la dureza del Vaticano, cara a las digresiones progresistas, ha resultado una elucubración vacía. Hasta la fecha, se han emitido fundamentalmente amonestaciones, y en ningún caso penas canónicas en el sentido propio. El hecho de que Lefebvre haya denunciado al final el acuerdo firma­do, muestra que la Santa Sede, a pesar de haber hecho concesiones verdaderamente amplias, no le ha otorgado la licencia global que deseaba. En la parte fundamental de los acuerdos, Lefebvre había reconocido que debía aceptar el Vaticano II y las afir­maciones del Magisterio postconciliar, con la autoridad propia de cada documento. Es una contradicción que sean precisamente aquellos que no han dejado pasar por alto ninguna ocasión para vocear en todo el mundo su desobediencia al Papa y a las declaraciones magisteriales de los últimos 20 años, los que juzgan esta postura demasiado tibia y piden que se exija una obediencia omnímoda hacia el Vaticano II. También se pretendía que el Vaticano había concedido a Lefebvre un derecho al disenso, que se niega persistentemente a los componentes de tendencia progresista. En realidad, lo único que se afirmaba en el convenio -siguiendo a la Lumen Gentium en su núm. 25- era el simple hecho, de que no todos los documentos del Concilio tienen el mismo rango.


En el acuerdo se preveía también explícitamente que debía evitarse la polémica pública, y se solicitaba una actitud positiva de respeto a las medidas y declaraciones oficiales. Se concedía, asimismo, que la confraternidad pudiera presentar a la Santa Sede -quedando intacto el derecho de decisión de ésta- sus dificultades en cuestiones de interpretación y de reformas en el ámbito jurídico y litúrgico. Todo esto ciertamente muestra suficientemente que Roma ha unido, en este difícil diálogo, la generosidad en todo lo negociable, con la firmeza en lo esencial. Es muy reveladora la explicación que el mismo Mons. Lefebvre ha dado de la retractación de su asentimiento. Declaró que ahora había comprendido que el acuerdo suscrito apuntaba solamente a integrar su fundación en la “Iglesia del Concilio”. La Iglesia Católica en comunión con el Papa es, para él, la “Iglesia del Concilio” que se ha desprendido de su propio pasado. Parece que ya no logra ver que se trata sencillamente de la Iglesia Católica con la totalidad de la Tradición, a la que también pertenece el Concilio Vaticano II.


II. Reflexiones sobre las causas más profundas del caso Lefebvre


El problema planteado por Lefebvre, sin embargo, no se termina con la ruptura del 30 de junio. Sería demasiado cómodo dejarse llevar por una especie de triunfalismo, y pensar que este problema ha dejado de serlo desde el momento en que el movimiento de Lefebvre se ha separado netamente de la Iglesia. Un cristiano nunca puede ni debe alegrarse de una desunión. Aunque con toda seguridad la culpa no pueda achacarse a la Santa Sede, es nuestra obligación preguntarnos qué errores hemos cometido, qué errores estamos cometiendo. Las pautas con que se valora el pasado, desde la aparición del decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II, deben, como es lógico, tener valor también para el presente. Uno de los descubrimientos fundamentales de la teología del ecumenismo es que los cismas se pueden producir únicamente cuando, en la Iglesia, ya no se viven y aman algunas verdades y algunos valores de la fe cristiana. La verdad marginada se independiza, queda arrancada de la totalidad de la estructura eclesial, y alrededor de ella se forma entonces el nuevo movimiento. Nos debe hacer reflexionar el hecho de que no pocos hombres, más allá del círculo más restringido de los miembros de la confraternidad de Lefebvre, están viendo en este hombre una especie de guía o, por lo menos, un aleccionador útil. No es suficiente remitirse a motivos políticos, o a la nostalgia y otras razones secundarias de tipo cultural. Esas causas no serían suficientes para atraer también, y de modo especial, jóvenes, de muy diversos países, y bajo condiciones políticas o culturales, completamente diferentes. Ciertamente, la visión estrecha, unilateral, se nota en todas partes; sin embargo, el fenómeno en su conjunto no sería pensable si no estuvieran también en juego elementos positivos, que generalmente no encuentran suficiente espacio vital en la Iglesia de hoy. Por todo ello, deberíamos considerar esta situación primordialmente como una ocasión de examen de conciencia. Debemos dejarnos preguntar en serio sobre las deficiencias en nuestra pastoral, que son denunciadas por todos estos acontecimientos. De este modo podremos ofrecer un lugar a los que están buscando y preguntando dentro de la Iglesia, y así lograremos convertir el cisma en superfluo, desde el mismo interior de la Iglesia. Querría nombrar tres aspectos que, según mi opinión, tienen un papel importante a este respecto.


a) Lo santo y lo profano


Hay muchas razones que pueden haber motivado que muchas personas busquen un refugio en la vieja liturgia. Una primera e importante es que allí encuentran custodiada la dignidad de lo sagrado. Con posterioridad al Concilio, muchos elevaron intencionadamente a nivel de programa la «desacralización», explicando que el Nuevo Testamento había abolido el culto del Templo: la cortina del Templo desgarrada en el momento de la muerte de cruz de Cristo significaría –según ellos– el final de lo sacro. La muerte de Jesús fuera de las murallas, es decir, en el ámbito público, es ahora el culto verdadero. El culto, si es que existe, se da en la no-sacralidad de la vida cotidiana, en el amor vivido. Empujados por esos razonamientos, se arrinconaron las vestimentas sagradas; se libró a las iglesias, en la mayor medida posible, del esplendor que recuerda lo sacro; y se redujo la liturgia, en cuanto cabía, al lenguaje y gestos de la vida ordinaria, por medio de saludos, signos comunes de amistad y cosas parecidas.


Sin embargo, con tales teorías y una tal praxis se desconocía completamente la conexión real entre el Antiguo y el Nuevo Testamento; se había olvidado que este mundo todavía no es el Reino de Dios y que «el Santo de Dios» (Io 6,69) sigue estando en contradicción con el mundo; que necesitamos de la purificación para acercarnos a Él; que lo profano, también después de la muerte y resurrección de Jesús, no ha llegado a ser lo santo. El Resucitado se ha aparecido sólo a aquellos cuyo corazón se ha dejado abrir para Él, para el Santo: no se ha manifestado a todo el mundo. De este mundo se ha abierto el nuevo espacio del culto, al que ahora estamos remitidos todos; a ese culto que consiste en acercarse a la comunidad del Resucitado, a cuyos pies se postraron las mujeres y le adoraron (Mt 28,9). No quiero en este momento desarrollar más este punto, sino sólo sacar directamente la conclusión: debemos recuperar la dimensión de lo sagrado en la liturgia. La liturgia no es festival, no es una reunión placentera. No tiene importancia, ni de lejos, que el párroco consiga llevar a cabo ideas sugestivas o elucubraciones imaginativas. La liturgia es el hacerse presente del Dios tres veces santo entre nosotros, es la zarza ardiente, y es la Alianza de Dios con el hombre en Jesucristo, el Muerto y Resucitado. La grandeza de la liturgia no se funda en que ofrezca un entretenimiento interesante, sino en que llega a tocarnos el Totalmente-Otro, a quien no podríamos hacer venir. Viene porque quiere. Dicho de otro modo, lo esencial en la liturgia es el misterio, que se realiza en el rito común de la Iglesia; todo lo demás la rebaja. Los hombres lo experimentan vivamente, y se sienten engañados cuando el misterio se convierte en diversión, cuando el actor principal en la liturgia ya no es el Dios vivo, sino el sacerdote o el animador litúrgico.


b) La no-arbitrariedad de la fe y su continuidad 


Defender el Concilio Vaticano II, en contra de Monseñor Lefebvre, como válido y vinculante en la Iglesia, es y va a seguir siendo una necesidad. Sin embargo, exis­te una actitud de miras estrechas que aísla el Vaticano II y que ha provocado la oposición. Muchas exposiciones dan la impresión de que, después del Vaticano II, todo haya cambiado y lo anterior ya no puede tener validez, o, en el mejor de los casos, sólo la tendrá a la luz del Vaticano II. El Concilio Vaticano Segundo no se trata como parte de la totalidad de la Tradición viva de la Iglesia, sino directamente como el fin de la Tradición y como un recomenzar enteramente de cero. La verdad es que el mismo Concilio no ha definido ningún dogma y ha querido de modo consciente expresarse en un rango más modesto, meramente como Concilio pastoral; sin embargo, mu­chos lo interpretan como si fuera casi el superdogma que quita importancia a todo lo demás.


Esta impresión se refuerza especialmente por hechos que ocurren en la vida corriente. Lo que antes era considerado lo más santo –la forma transmitida por la liturgia–, de repente aparece como lo más prohibido y lo único que con seguridad debe rechazarse. No se tolera la crítica a las medidas del tiempo postconciliar; pero donde están en juego las antiguas reglas, o las grandes verdades de la fe –por ejemplo, la virginidad corporal de María, la resurrección corporal de Jesús, la inmortalidad del alma, etc.–, o bien no se reacciona en absoluto, o bien se hace sólo de forma extremadamente atenuada. Yo mismo he podido ver, cuando era profesor, cómo el mismo obispo que antes del Concilio había rechazado a un profesor irreprochable por su modo de hablar un poco tosco, no se veía capaz, después del Concilio, de rechazar a otro profesor que negaba abiertamente algunas verdades fundamentales de la fe. Todo esto lleva a muchas personas a preguntarse si la Iglesia de hoy es realmente todavía la misma de ayer, o si no será que se la han cambiado por otra sin avisarles. La única manera para hacer creíble el Vaticano II es presentarlo claramente como lo que es: una parte de la entera y única Tradición de la Iglesia y de su fe.


c) La unicidad de la verdad 


Dejando ahora aparte la cuestión litúrgica, los puntos centrales del conflicto son, actualmente, el ataque contra el decreto sobre la libertad religiosa y contra el pretendido espíritu de Asís. En ellos Lefebvre traza las fronteras entre su posición y la de la Iglesia Católica de hoy. No es necesario añadir expresamente que no se pueden aceptar sus afirmaciones en este terreno. Pero no vamos a ocuparnos aquí de sus errores, sino que queremos preguntarnos dónde está la falta de claridad en nosotros mismos. Para Lefebvre, se trata de la lucha contra el liberalismo ideológico, contra la relativización de la verdad. Evidentemente, no estamos de acuerdo con él en que el texto del Concilio sobre la libertad religiosa o la oración de Asís, según las intenciones queridas por el Papa, son relativizaciones. Sin embargo, es verdad que, en el movimiento espiritual del tiempo postconciliar, se daba muchas veces un olvido, incluso una supresión de la cuestión de la verdad; quizás apuntamos aquí al problema crucial de la teología y la pastoral de hoy.


La «verdad» apareció de pronto como una pretensión demasiado alta, un «triunfalismo» que ya no podía permitirse. Este proceso se verifica de modo claro en la crisis en la que han caído el ideal y la praxis misionera. Si no apuntamos a la verdad al anunciar nuestra fe, y si esa verdad ya no es esencial para la salvación del hombre, entonces las misiones pierden su sentido. En efecto, se deducía y se deduce la conclusión que, en el futuro, se debe buscar sólo que los cristianos sean buenos cris­tianos, los musulmanes buenos musulmanes, los hindúes buenos hindúes, etc. Pero, ¿cómo se puede saber cuándo alguien es «buen» cristiano o «buen» musulmán? La idea de que todas las religiosas son, hablando con propiedad, solamente símbolos de lo incomprensible en último término, gana terreno rápidamente también en la teología y ya entra profundamente en la praxis litúrgica. Allí donde se produce ese fenómeno, la fe como tal queda abandonada, pues consiste precisamente en que yo me confío a la verdad en tanto que reconocida. Así, cierta­mente, tenemos todas las motivaciones para volver al buen sentido también en esto. Si conseguimos mostrar y vivir de nuevo la totalidad de lo católico en estos puntos, entonces podemos esperar que el cisma de Lefebvre no será de larga duración.


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jueves, 5 de febrero de 2009

Sacerdotes alemanes: "Nuestros obispos no lo defienden pero nosotros estamos con el Papa"

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Benedicto en Alemania

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Ofrecemos la traducción de un importante comunicado de un grupo de sacerdotes católicos de Alemania que manifiestan su solidaridad al Santo Padre Benedicto XVI y su conmoción ante las reacciones inadecuadas, incluso las de sus propios obispos (basta recordar, al respecto, las nefastas declaraciones del Cardenal Lehmann).

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Comunicado del Priesternetzwerk

(Network de sacerdotes católicos)


Vista la campaña desencadenada contra nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, en relación al levantamiento de las excomuniones de los cuatro obispos de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, el Network de Sacerdotes Católicos expresa su profunda conmoción:


- Por las reacciones, a veces inexactas y por lo general llenas de agresión, de gran parte de la prensa alemana.


- Por la actitud ambigua y evasiva, en parte abiertamente crítica del Papa, de la que algunos representantes del Episcopado alemán no están inmunes.


- Por la inoportuna y grave intromisión de políticos alemanes en los asuntos internos de la Iglesia, que viola las más elementales reglas de decencia.


Las indescriptibles faltas de un obispo de la Fraternidad de San Pío X son, aparentemente, una ocasión bien recibida por una mayoría de católicos – sacerdotes y laicos – para disminuir y desafiar al Papa indebidamente. Si la prensa popular alemana afirma que la presente crisis provocará que una mayoría de católicos no obedezca más al Papa, nosotros afirmamos lo contrario: el estallido de odio contra el Papa Benedicto XVI muestra una vez más el bajo nivel al que ha caído el catolicismo en Alemania. Es para pensar el hecho de que, en estos días, falten completamente voces que invoquen el sentido común y la confianza en la autoridad del Papa. El hecho de que algunos docentes de facultades teológicas pongan la frutilla a la torta era de esperar y no es necesario mencionarlo específicamente.


En la vergüenza de esta situación, manifestamos una vez más al Santo Padre nuestra total solidaridad sin reservas. Le agradecemos por sus esfuerzos incansables por la unidad de la Iglesia. Y le aseguramos nuestras especiales oraciones, en estos tiempos difíciles, especialmente en la celebración de la Santa Misa.


Maguncia/ Aanche/ Fulda; 4 de febrero de 2009.

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Fuente: Messainlatino


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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miércoles, 4 de febrero de 2009

Nota de la Secretaría de Estado (en español)

Publicamos nuestra traducción de la nota recientemente publicada por la Secretaría de Estado de la Santa Sede acerca del levantamiento de las excomuniones a los Obispos de la FSSPX y las declaraciones del Obispo Williamson.

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Ante las reacciones suscitadas por el reciente Decreto de la Congregación para los Obispos, con el que se levanta la excomunión a los cuatro Obispos de la Fraternidad de San Pío X, y en relación a las declaraciones negacionistas o reduccionistas de la Shoah por parte del Obispo Williamson de la misma Fraternidad, se considera oportuno considerar algunos aspectos de la situación.


1. Remisión de la excomunión

Como ya se ha publicado con anterioridad, el Decreto de la Congregación para los Obispos, con fecha de 21 de enero de 2009, ha sido un acto con el que el Santo Padre fue benignamente al encuentro de reiterados pedidos por parte del Superior General de la Fraternidad de San Pío X.


Su Santidad ha querido quitar un impedimento que afectaba la apertura de una puerta al diálogo. Él ahora espera que una igual disponibilidad sea expresada por los cuatro Obispos en total adhesión a la doctrina y a la disciplina de la Iglesia.


La gravísima pena de la excomunión latae sententiae, en la que dichos Obispos incurrieron el 30 de junio de 1988, declarada luego formalmente el 1º de julio del mismo año, era una consecuencia de su ordenación ilegítima por parte de Monsenor Marcel Lefebvre.


El levantamiento de la excomunión ha liberado a los cuatro Obispos de una pena canónica gravísima pero no ha cambiado la situación jurídica de la Fraternidad de San Pío X que, al momento actual, no goza de ningún reconocimiento canónico en la Iglesia Católica. También los cuatro Obispos, si bien absueltos de la excomunión, no tienen una función canónica en la Iglesia y no ejercen lícitamente un ministerio en ella.


2. Tradición, doctrina y Concilio Vaticano II


Para un futuro reconocimiento de la Fraternidad de San Pío X es una condición indispensable el pleno reconocimiento del Concilio Vaticano II y del Magisterio de los Papas Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y del mismo Benedicto XVI.


Como ya se ha afirmado en el Decreto del 21 de enero de 2009, la Santa Sede no dejará de profundizar con los interesados, en los modos juzgados oportunos, las cuestiones que aún permanecen abiertas para poder alcanzar una plena y satisfactoria solución de los problemas que han dado origen a esta dolorosa fractura.


3. Declaraciones sobre la Shoah


Las posiciones de Mons. Williamson sobre la Shoah son absolutamente inaceptables y firmemente rechazadas por el Santo Padre, como Él mismo ha remarcado el 28 de enero pasado cuando, refiriéndose a aquel feroz genocidio, reiteró su plena e indiscutible solidaridad con nuestros hermanos destinatarios de la Primera Alianza y afirmó que la memoria de aquel terrible genocidio debe inducir a “la humanidad a reflexionar sobre el imprevisible poder del mal cuando conquista el corazón del hombre”, añadiendo que la Shoah es “para todos advertencia contra el olvido, la negación o el reduccionismo, porque la violencia hecha contra un solo ser humano es violencia contra todos”.


El Obispo Williamson, para una admisión a funciones episcopales en la Iglesia, deberá también tomar distancia en un modo absolutamente inequívoco de sus posiciones sobre la Shoah, no conocidas por el Santo Padre al momento del levantamiento de la excomunión.


El Santo Padre pide el acompañamiento de la oración de todos los fieles para que el Señor ilumine el camino de la Iglesia. Que aumente el compromiso de los Pastores y de todos los fieles en apoyo de la delicada y pesada misión del Sucesor del Apóstol Pedro como “custodio de la unidad” en la Iglesia.


Desde el Vaticano, 4 de febrero de 2009.


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martes, 3 de febrero de 2009

Basta de mentiras: seamos claros

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El Papa en la Sinagoga de Colonia

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Parece haber quedado ya muy claro que lo que en un principio quiso presentarse como un “lógico rechazo al levantamiento de la excomunión a un Obispo ultra-tradicionalista que profirió declaraciones graves negando el Holocausto”… era en realidad una campaña destinada a desacreditar al Santo Padre Benedicto XVI, tergiversando sus buenas intenciones y frustrando su búsqueda de la unidad de la Iglesia en el ejercicio del ministerio petrino.


En este contexto, es realmente admirable que sigan llegando a la Santa Sede pedidos de clarificación de la posición de la Iglesia, del Papa y de la Fraternidad de San Pío X frente al antisemitismo. Estos pedidos llegan desde una gran variedad de ámbitos: distintas asociaciones judías, autoridades de algunas naciones (basta pensar en la canciller alemana, Angela Merkel), teólogos que aún llamándose católicos hace tiempo que han cruzado el umbral de lo auténticamente católico, e incluso cardenales, obispos y sacerdotes (por ejemplo, el Cardenal Arzobispo de Viena).


Podríamos preguntarnos si la posición de la Santa Sede, la del Papa Benedicto XVI, o incluso la de la FSSPX, son o han sido en algún momento ambiguas. Este necesario examen de conciencia toma, tal vez, un segundo y la respuesta es: no. Son posiciones clarísimas, que no admiten ambigüedad. A este respecto, ofreceremos luego la traducción del comunicado que hoy difundió la Sala de Prensa Vaticana respondiendo una vez más a dichos pedidos de aclaración y remitiendo a cuatro textos del Papa Benedicto cuyo vínculo también ofrecemos. Brindamos, además, la traducción de una declaración reciente de Monseñor Fellay (máxima autoridad de la Fraternidad) donde deja muy clara la opinión oficial sobre este tema.


Sin embargo, antes de ofrecer dichos textos, nos parece oportuno añadir un comentario. Considerando que estas posiciones son tan claras, sería absurdo continuar con estos pedidos de clarificación y más absurdo aún sería ponerlos como excusa para otro tipo de motivaciones. El Papa, cuyo lema episcopal es cooperator veritatis, nos ha enseñado que “no habrá paz si no se vive en la verdad”. Por eso, nuestro llamado es a la verdad. Sería beneficioso para todos que aquellos que sólo quieren atacar al Vicario de Cristo, o a la Fraternidad de San Pío X, o que estén ofendidos porque el Papa busque la unidad, o que no se encuentren a gusto con la doctrina de la Iglesia, o que consideren que la Iglesia es aquello que ellos se han inventado según un falso “espíritu del concilio”, manifiesten abiertamente sus pensamientos. Lo que es inadmisible es que continúen excusándose en mentiras con el fin de ocultar sus verdaderas intenciones.

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Comunicado de la Sala de Prensa de la Santa Sede


A propósito de las nuevas solicitudes de aclaración de la posición del Papa y de la Iglesia Católica sobre el tema del Holocausto, el Director de la Sala de Prensa recuerda que el pensamiento del Papa sobre el tema del Holocausto ha sido expresado con mucha claridad en la Sinagoga de Colonia el 19 de agosto de 2005, en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau el 28 de mayo de 2006, en la sucesiva Audiencia General del 31 de mayo de 2006, y aún recientemente al final de la Audiencia General del 28 de enero pasado con palabras inequívocas, de las que recordamos solamente las siguientes: “A la vez que renuevo con afecto la expresión de mi plena e indiscutible solidaridad con nuestros hermanos destinatarios de la Primera Alianza, espero que la memoria del Holocausto impulse a la humanidad a reflexionar sobre el imprevisible poder del mal cuando conquista el corazón del hombre. Que el Holocausto sea para todos advertencia contra el olvido, la negación o el reduccionismo…”.


La condena a declaraciones que niegan el Holocausto no podía ser más clara y, por el contexto, resulta evidente que se refería también a las posiciones de Mons. Williamson y a todas las posiciones análogas.


En esa ocasión, el Papa mismo ha explicado también claramente el objetivo del levantamiento de las excomuniones que no tiene nada que ver con una legitimación de las posiciones negacionistas del Holocausto, claramente condenadas por él.

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Declaraciones de Monseñor Bernard Fellay al periódico Famille Chrétienne


“Nosotros condenamos firmemente todo acto asesino contra un inocente. ¡Es un crimen que clama venganza al cielo! Sobre todo cuando se dirige a un pueblo entero. Rechazamos toda acusación de antisemitismo. De manera total y absoluta. Rechazamos cualquier forma de aprobación de lo que ha ocurrido bajo Hitler. Es algo abominable. El Cristianismo pone la caridad por encima de todo. San Pablo, hablando de los judíos, proclama:”Yo mismo desearía ser maldito, separado de Cristo, a favor de mis hermanos” (Rom. 9, 3). Los judíos son “nuestros hermanos mayores”, en el sentido de que tenemos algo en común, la antigua Alianza. Es cierto que el reconocimiento de la venida del Mesías nos separa.


Es muy interesante notar que la Iglesia no ha esperado al Concilio para establecer una línea de acción respecto a los judíos. Desde los años ’30, y también durante la guerra, diversos documentos de la Iglesia de Roma han establecido una posición muy justa: ¡las abominaciones del régimen hitleriano deben ser condenadas! Pío XI había dicho “espiritualmente todos somos semitas”. Es una verdad que brota directamente de las Sagradas Escrituras. Como también afirma San Pablo, “somos hijos de Abraham”.


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Textos originales de las declaraciones:

 Papa Ratzinger Blog y Sacri Palazzi


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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Con el Sucesor de Pedro

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Apoyo al Santo Padre

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Haciendo click sobre la imagen, es posible acceder a una carta de apoyo al Santo Padre Benedicto XVI que será enviada a la Santa Sede con las firmas de todos los que han  manifestado su adhesión.


Junto a esto, invitamos especialmente a todos a continuar orando por el Sucesor de Pedro para que Dios nuestro Señor bendiga su vida y su ministerio, y lo defienda de sus enemigos.

"Expediente Williamson": ¿un complot contra el Papa?

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Curia

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Ofrecemos la traducción de una nota que el vaticanista Paolo Rodari ha escrito para Il Riformista. En ella, el periodista hace referencia a un expediente, que circula en estos días por la Curia Romana, en el que se explica la hipótesis de que todo el asunto relacionado con las declaraciones de Monseñor Williamson a la televisión sueca ha formado parte de un plan para desacreditar al Santo Padre Benedicto XVI, un plan que ha contado incluso con la colaboración de alguien desde dentro de Vaticano. Si bien desearíamos que esta noticia fuera falsa, es bueno aclarar que la información de Rodari suele ser fidedigna y que, en este caso, coincide con un artículo de su colega Andrea Tornielli y con una nota de Rorate Caeli.


Seguiremos informando. Mientras tanto, algún eminentísimo señor cardenal se queja de lo poco que se habló este tema dentro de la Curia Romana... o bien, leyendo entre líneas, de que Su Santidad no lo haya consultado antes de ejercer su ministerio petrino.

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Se llama “expediente Richard Williamson” y da vueltas hace algunos días en los sagrados palacios vaticanos. Se trata de algunas gruesas páginas que quieren explicar, en los mínimos detalles, cómo ha podido ocurrir que la noticia del levantamiento de las excomuniones a los cuatro obispos lefebvristas, firmada por la Congregación para los Obispos el pasado 21 de enero y hecha pública el 24, se haya convertido en un boomerang para el Papa Benedicto XVI con motivo de las declaraciones negacionistas sobre el Holocausto lanzadas por Williamson, uno de los cuatro obispos.


El expediente, que está circulando en estos días en las altas esferas de la curia romana y al que Il Riformista tuvo acceso, informa fechas y hechos y llega a hipotizar que, detrás de la elección de la televisión pública sueca Svt de difundir el 21 de enero la entrevista al obispo británico que ha suscitado tantas reacciones negativas, se oculta una maniobra con el fin de desacreditar a Benedicto XVI. Una maniobra que se ha realizado fuera de los muros vaticanos, gracias a la ayuda de alguien desde dentro, alguien descontento con la apertura del Pontífice hacia los cismáticos-tradicionalistas.


En esencia, el expediente intenta explicar cómo ocurrió que un acto de “paternal misericordia” – así presentaba, la Sala de Prensa Vaticana, el decreto de levantamiento de las excomuniones querido por Ratzinger y firmado por el cardenal Re – que no significa absolutamente la reintegración de los lefebvristas a la plena comunión con Roma sino un incipit para eventuales progresos en este sentido, haya sido ampliamente interpretado como una decisión mediante la cual el Papa readmitía en la Iglesia Católica a un grupo de fieles antisemitas que niegan la Shoah.


El expediente habla de fechas. En primer lugar, a la del primero de noviembre. Fue aquel día, de hecho, que el periodista Ali Fegan de la televisión sueca entrevistó a Williamson. Le preguntó sobre algunas declaraciones negacionistas sobre la Shoah que él había dicho años atrás en Canadá. Y el obispo respondió lo que todos saben: “Las cámaras de gas nunca existieron” y los judíos asesinados no fueron más de trescientos mil. Palabras despreciables - el expediente no lo oculta – pero no es éste el punto. Lo que el expediente quiere demostrar es que la televisión sueca, influencia por un sugeridor, ha querido arrebatar a Williamson las declaraciones que conocemos sobre la Shoah para usarlas en el momento oportuno, es decir, tres días antes de la salida de la noticia del levantamiento de las excomuniones, precisamente el 21 de enero, el mismo día en que el decreto de levantamiento era enviado a Econe, a la oficina del superior general de la Fraternidad de San Pio X, monseñor Bernard Fellay.


El expediente plantea la hipótesis de que quien ha sugerido a Fegan preguntar a Williamson algo acerca del Holocausto (recordándole lo que el obispo había dicho años antes en Canadá) ha sido una periodista francesa, Fiammetta Venner. ¿Quién es ella? Es una conocida activista del movimiento homosexual francés, y también de los movimientos abortista y laicista. Es una asidua expositora en los congresos sobre la laicidad del Gran Oriente de Francia. Venner, que en septiembre pasado había enviado a la prensa (con ocasión del viaje del Papa a Francia) un volumen firmado junto a su compañera Caroline Fourest y significativamente titulado “Les Nouveaux Soldats du pape. Légion du Christ, Opus Dei, traditionalistes”, ha intervenido en el amplio documental dedicado a los lefebvristas en el cual la televisión sueca puso al aire también la entrevista a Williamson. Aquí la periodista – al otro del Tíber, los autores del expediente juran que no es casual – ha acusado a la FSSPX de conexiones con el ambiente político de la extrema derecha francesa, abriendo el camino para las sucesivas acusaciones de fascismo y antisemitismo.


Por lo tanto, según el expediente vaticano, tenemos una entrevista grabada el 2 de noviembre en la cual una parte, por sugerencia de una periodista francesa de poca sintonía con el mundo tradicionalista de su país (principalmente con el mundo lefebvrista), se dedica a las tesis negacionistas sobre el Holocausto. Y luego tenemos un vacío de dos meses y medio. O sea, tenemos la decisión de la televisión sueca ( tal vez sugerida por alguien dentro de los muros vaticanos) de esperar hasta el 21 enero para poner al aire la entrevista grabada el 2 de noviembre, es decir, hasta el día exacto en que el cardenal Re firma el decreto de levantamiento de las excomuniones a los cuatro lefebvristas. ¿Sólo una coincidencia? Puede darse pero probablemente no: por lo tanto, según la hipótesis del expediente, sería en Francia […] donde nació la voluntad de desacreditar a Benedicto XVI en el momento en que tomaba una de las decisiones más explosivas de su pontificado. Una voluntad de desacreditar al Papa y, por lo tanto, de bloquear el ya difícil proceso de reacercamiento de los lefebvristas a la Iglesia.


En los días pasados, el periódico alemán Der Spiegel se arriesgó a hipotizar que los responsables de las comunidades judías más importantes del mundo, entre ellas “el Consejo Central de los judíos en Alemania”, habían sido informados precedentemente sobre las declaraciones negacionistas del obispo pero no habían querido manifestar su propia contrariedad para intervenir contra el Papa sólo después, estando las cosas hechas. El expediente vaticano no considera fundados los argumentos de Der Spiegel y no lo cita, pero destaca aspectos controvertidos de una polémica historia que hoy, una semana y medio después de la firma del levantamiento de las excomuniones, está aún lejos de ser resuelta.

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Texto: Il Riformista


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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domingo, 1 de febrero de 2009

¡Cum Petro et sub Petro!

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Benedicto XVI

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En estos días, en los que continúan levantándose injustamente feroces críticas y violentos ataques contra nuestro Santo Padre Benedicto XVI, desde esta Buhardilla nos unimos a tantos católicos que renuevan con fuerza su adhesión, fidelidad, obediencia y amor filial al Vicario de Cristo y Sucesor de Pedro.


Ofrecemos ahora nuestra traducción al español (realizada, a su vez, desde la versión italiana de Papa Ratzinger Blog) de una magnífica nota editorial que ha publicado hoy el blog amigo  Rorate Caeli.

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“¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que parecen sepulcros blanqueados: hermosos por fuera, pero por dentro llenos de huesos de muertos y de podredumbre! Así también son ustedes: por fuera parecen justos delante de los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad.


¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que construyen los sepulcros de los profetas y adornan las tumbas de los justos, diciendo: “Si hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no nos hubiéramos unido a ellos para derramar la sangre de los profetas”! De esa manera atestiguan contra ustedes mismos que son hijos de los que mataron a los profetas


¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo podrán escapar a la condenación de la Gehena? Por eso, yo voy a enviarles profetas, sabios y escribas; ustedes matarán y crucificarán a unos, azotarán a otros en las sinagogas, y los perseguirán de ciudad en ciudad”. (Mateo 23, 27-34)


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¡Avergüéncese, “católicos liberales”, fariseos de la “nueva primavera”! Ustedes, que proclaman tolerar a todos y respetar la diversidad pero desprecian a aquellos cuyo único deseo es conservar la pureza de lo que siempre ha sido enseñado y las oraciones que se ofrecen desde siempre porque su presencia en la Iglesia desde el origen está en contraste con la nueva “casa” que ustedes intentan construir.


¡Avergüéncese, “progresistas”, escribas oficiales del “espíritu del Concilio”! Ustedes edifican monumentos a “Juan, el Papa bueno”, pero rechazan todo lo que él ha sostenido en el ámbito de la doctrina tradicional y de la belleza de la Liturgia. Rinden homenaje a Pablo VI, pero han hecho todo lo posible para ignorar el documento más importante de su magisterio, la “Humanae Vitae”, desacreditándolo a los ojos del mundo. Ustedes han difamado a Juan Pablo II cada día de su pontificado pero ahora lo elogian ya que han encontrado un nuevo chivo expiatorio, Benedicto XVI, un hombre que, como última tarea sobre la tierra, ha aceptado la pesada carga del Pescador, buscando conducir a la unidad a la grey que Dios le ha confiado.


Ustedes crucifican a Pedro en la plaza pública, entregándolo a los enemigos de la Iglesia de Cristo. Lo odian por su esfuerzo de rehabilitar lo que la Iglesia siempre ha creído y el modo en que la Iglesia siempre ha rezado. Lo persiguen porque ha quitado la infamante marca de la “excomunión”, que antes despreciaban pero ahora consideran como cosa buena.


¡Hipócritas! Ustedes se complacen con los abortistas y con los políticos que promueven la cultura de la muerte, pero tergiversan el legítimo gesto de misericordia de Pedro haciéndolo pasar por un acto de inconsciente debilidad. Serpientes liberales, víboras pseudo-conservadoras, ustedes “atestiguan contra ustedes mismos” a causa de la incesante persecución que realizan a Pedro. Pero Pedro seguirá trabajando por la unidad en la caridad, la caridad en la Verdad.


Los que aman al Vicario de Cristo continuarán rezando cada día para que él “no huya ante los lobos” y pueda perseverar en la misión que se propuso llevar a término. ¿Y ustedes? “A ustedes la casa les quedará vacía".


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