jueves, 22 de enero de 2009

Una noticia maravillosa

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Lefevbre

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La web entera se hace hoy eco de una noticia de gran trascendencia para el catolicismo: el Papa Benedicto XVI levanta la excomunión a los obispos ordenados por Marcel Lefebvre.


Mientras esperamos que se haga oficial la noticia y el texto mismo del decreto pontificio (cada una de las palabras del mismo tendrá capital importancia para lo que siga), nos unimos en la oración pidiendo a Dios por la unidad de Su Iglesia.

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martes, 20 de enero de 2009

Rezar al pie de la Cruz

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frmarkey

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Una vez más el blog del Padre Z ofrece la columna de un boletín parroquial. En esta ocasión, el que escribe es el Padre Greg Markey, de la Parroquia St. Mary en Norwalk, CT. En ella, el sacerdote trata sobre el trabajo que ha venido realizando en la parroquia, y sobre algunas nuevas disposiciones y recomendaciones.

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Los últimos dos domingos, he dedicado la “Columna del Pastor” a las Resoluciones para el Nuevo Año. Primero, recomendé que siguiendo la dirección del Papa Benedicto XVI, ya no se reciba la Santa Comunión en la mano, y que comience a recibirse en la lengua. Segundo, he recomendado que comencemos a corregirnos de usar el Nombre del Señor en vano. Esta semana recomendé que todos en la parroquia se hagan el propósito de participar en la Misa según la Forma Extraordinaria de las 9:30, al menos unas pocas veces durante el próximo año.

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Para comenzar a comprender el porqué, quizá sea mejor hacer una pregunta: En el día de hoy, ¿cuántos católicos siquiera se dan cuenta de que en la Iglesia hay una crisis litúrgica? Muchas parroquias durante la era del post-concilio Vaticano II cayeron en prácticas litúrgicas irregulares, en tal grado que el Papa Juan Pablo II necesitó comisionar para la Iglesia universal un documento jurídico en el 2004, en orden a tratar el asunto: “Así, no se puede callar ante los abusos, incluso gravísimos, contra la naturaleza de la Liturgia y de los sacramentos, también contra la tradición y autoridad de la Iglesia, que en nuestros tiempos, no raramente, dañan las celebraciones litúrgicas en diversos ámbitos eclesiales. En algunos lugares, los abusos litúrgicos se han convertido en habituales” (Redemptionis Sacramentum, 4).

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Que un abuso sea habitual significa que, en la Misa, ni el clero ni el laicado siquiera se dan cuenta que la Sagrada Misa, en la que se ofrece el verdadero culto a Dios, y que forma la identidad católica como ningún otro acto, está siendo deformada. Tal ignorancia de la naturaleza de la liturgia llevó al hoy Papa Benedicto XVI, entonces Cardenal Joseph Ratzinger, a escribir en el 2000: “La educación litúrgica actual, tanto de los sacerdotes como de los laicos, es deficiente en gran medida y esto es deplorable. Queda mucho por hacer al respecto”. Tristemente, estos intentos por parte de Roma para corregir los abusos litúrgicos parecen haber sido virtualmente ignorados por gran parte de la Iglesia a nivel parroquial.

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Desde que llegué aquí, a la Iglesia de St. Mary en el 2003, he intentado dedicarme a estos asuntos y, como todos saben, he hecho de la renovación litúrgica una prioridad para la parroquia. Lo primero que hice como pastor fue simplemente poner a la Iglesia de St. Mary en conformidad con las normas de la Iglesia. En los siguientes años, he introducido el canto de las partes de la Misa en latín en todas las Misas, dependiendo de la Misa y de la ocasión, como requieren los documentos: “…procúrese que los fieles sean capaces también de recitar o cantar juntos en latín las partes del ordinario de la Misa que les corresponde” (Sacrosanctum Concilium, 54). En tercer lugar, he reservado el servicio del altar a los varones, en orden a promover las vocaciones al sacerdocio. Finalmente, he intentado imbuir a la liturgia de un espíritu sacro, evitando los saludos y acciones profanas, e intentando crear un programa de música sacra que refleje verdaderamente nuestra antigua y rica herencia.

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Más importante: he intentado explicar a todos acerca de los motivos por los que estaba haciendo esto. En estos años, he dado numerosas clases vespertinas sobre liturgia, he dado homilías y escrito columnas en el boletín, intentando explicar el espíritu propio de la liturgia, y las normas litúrgicas auténticas de la Iglesia.

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Muchos católicos que se habían visto justamente ofendidos por la profanación de lo sagrado, abrazaron con gozo estos cambios. Otros, aunque no familiarizados con la teología litúrgica, han llegado a comprender mejor por qué una liturgia reverente es una mejor experiencia de oración, y también han apoyado estos cambios.

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Sin embargo, las decisiones que he tomado han sido duras para algunos, y ha habido no pocas quejas. Algunas veces me entristecieron las palabras desmesuradas de personas que venían a criticar al sacerdote por ofrecer la Misa según las normas litúrgicas. Esto es para mí un símbolo de la actual crisis litúrgica: muchos años de una liturgia más informal, y de incluso abusos litúrgicos habituales, son difíciles de superar. Más aún, el hecho de que pocas parroquias implementen lo que el Magisterio pide, hace que los cambios en la Iglesia de St. Mary parezcan incluso más extraños.

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¿Cuántos católicos comprenden realmente lo que la Misa es: la re-presentación del Sacrificio de la Cruz de Cristo a Dios Padre? (CATIC 1367). Algunos llegan todavía a la Misa dominical o esperando los abusos litúrgicos, o esperando verse entretenidos por el sacerdote, en lugar de descubrir la verdadera razón por la que venimos – la de adorar a Dios, ofreciendo el Sacrificio perfecto, según los medios que nos son dados por la Madre Iglesia.

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Si tan solo nos diéramos cuenta que las novedades y la creatividad del sacerdote en la Misa nos alejan de esta realidad trascendente, y que todo esto hace que el acto sagrado sea profanado, quedando a cargo de la mera personalidad del sacerdote. ¡No! Como decía el Padre Pío, debemos rezar humildemente como San Juan y Nuestra Señora al pie de la Cruz. Me gustaría tanto que los comentarios que se me hacen sobre la Misa reflejasen esta comprensión.

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Fuente: What Does the Prayer Really Say?

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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domingo, 18 de enero de 2009

El Santo Sacrificio y la orientación litúrgica

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Jesús es clavado en la cruz

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El blog del Padre Z se hace eco de un artículo aparecido en el boletín de la Parroquia San Patricio en Ann Arbor, MI. En el mismo, un fiel de la parroquia habla de su experiencia al participar en la Misa (Novus Ordo) celebrada “ad Orientem” por el párroco, el P. Gerald Gawronski. Ofrecemos aquí nuestra traducción.

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Hace unas pocas semanas cuando el Padre Gerald anunció que iba a empezar a celebrar la Misa de los domingos a las 10:30 ad Deum (frase latina para indicar cuando el sacerdote dice la Misa de cara al Tabernáculo), no estaba seguro si eso me llegaría a gustar o no. He leído muchos libros sobre liturgia, y conozco lo que dice al respecto la Instrucción General del Misal Romano – es decir, conozco las “reglas y regulaciones”. Pero no estaba seguro de cuanto me gustaría realmente una vez que comenzara a hacerlo, y cómo esto afectaría mi experiencia subjetiva de ir a Misa. Por eso decidí intentar que mi mente se deshiciera de toda la teología que había estudiado en los libros que he leído, y dedicarme simplemente a observar la Misa como cualquier persona que entrara al templo desde la calle, como una pizarra en blanco.

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Varias cosas me impactaron de esta experiencia: primero, creo que existe una gran belleza estética en el hecho de que el sacerdote diga la Misa de cara al Señor. Todo parece subir unido al altar: la belleza en la parte posterior de los ornamentos (que vemos muy raramente), la elevación de la Hostia en frente del crucifijo recordando el Sacrificio de Cristo, la unidad del sacerdote, los ministros y la asamblea entera orando y orientándose hacia el Misterio que se lleva a cabo sobre el altar. Creo que la unión de todos estos elementos hizo de la experiencia algo trascendente – a la vez que se quita nuestra atención del rostro del sacerdote, y se vuelve a poner el centro en el Sacrificio de Cristo. Esto nos recuerda que la Misa no es un asunto del sacerdote o su “performance”, sino que se trata de Jesús, que Se ofrece a Sí mismo a Dios Padre.

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Otra hermosa verdad teológica me llegó mientras observaba al Padre Gerald consagrando la Hostia sobre el altar, escondida de la vista de la asamblea, y elevada súbitamente después de la consagración. La elevación me hizo recordar algo maravilloso, como el sol que súbitamente se eleva por detrás de las montañas y llega a la tierra – de la misma manera en que la Escritura se refiere a Cristo como “el Sol de Justicia que trae la salud en sus rayos” (Mal 3,20)

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El hecho de que la consagración se realice fuera de la vista de la Asamblea, y que no veamos la Hostia consagrada hasta la elevación, me trajo a la mente una profunda verdad: si bien el sufrimiento y la Muerte de Cristo fueron públicos, también fueron escondidos. Mucha gente fue testigo de la muerte física de Cristo: las mujeres, el discípulo Juan, y los centuriones romanos. Pero en otro sentido, el verdadero sufrimiento de Cristo fue velado. Nadie es capaz de llegar a ver la agonía que Él soportó para quitar los pecados del mundo, para cargar con el rechazo completo del amor, y la desolación que esto trajo consigo. Ningún ser humano es capaz de comprender este sufrimiento. Esto es con lo que me quedé de la Misa: la consagración se realiza en secreto, velada, como la agonía interior de Nuestro Señor en Su Muerte, pero inmediatamente seguida por la elevación ante todo el pueblo, de la misma manera en que Él fue levantado en la Cruz, para que todo el mundo Le contemplara.

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En fin, he descubierto que no he perdido nada al tener la experiencia de la Misa celebrada con el sacerdote de cara al altar, más aún, me vi muy enriquecido. La Misa fue una experiencia más hermosa y edificante, y volvió a centrar mi atención en el Sacrificio que se realizaba sobre el altar, y sobre el cual trata, en definitiva, toda la liturgia: el Amor Divino que Se ofrece a Sí mismo por la salvación de la humanidad. En lo que a mi respecta, lo que sea que me ayude a comprender esto más firmemente es una adición bienvenida. Menciono esto porque creo que es bueno que lo discutamos. Hablé con el Padre Gerald el otro día en la Iglesia, y él me preguntó que pensaba acerca de la Misa celebrada de esta forma, y este artículo es mi respuesta. ¿Qué piensan ustedes?

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Fuente: What Does The Prayer Really Say?

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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sábado, 17 de enero de 2009

La experiencia de volver a Casa

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Entre el 13 y el 14 de enero, la Penitenciaría Apostólica realizó un Simposio en Roma.


Se ha escrito mucho en la web acerca de uno de los temas tratados en el mismo: los pecados y las censuras “reservadas” a la Sede Apostólica. Pero éste no ha sido el único tema que trató el Simposio. De hecho, uno de los principales objetivos de la Penitenciaría ha sido el dar un nuevo énfasis al Sacramento de la Reconciliación.


Entre las conclusiones del Simposio, se lee:


“Recuperar el gusto de la experiencia personal por la Misericordia de Dios es la prioridad que deben tener presentes los seminaristas y sacerdotes si quieren hacer redescubrir al Pueblo de Dios el tesoro de la gracia y el contenido del Sacramento de la Reconciliación”.


Aprovechamos la ocasión para ofrecer algunas frases tomadas del libro “El examen de conciencia. Para vivir como redimidos”, del P. Marko Iván Rupnik.

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El examen de conciencia es una de las partes integrantes del Sacramento de la Penitencia. Cuando la persona hace el examen de conciencia, tiene la posibilidad de volver a visitar momentos dolorosos de oscuridad, y de volver a encontrarlos en el Amor salvífico de Cristo.


En el examen, se siente la necesidad de la Iglesia como lugar del perdón sacramental. En la conversación con el Señor, se llega a admitir los pecados: esto provoca el arrepentimiento, el llanto, la petición del perdón, la renovación del compromiso, del voto, de la alianza.


El examen de conciencia empieza con la invocación del Espíritu Santo y con un silencio religioso. Al comienzo se recoge la mirada del Señor, y con ella se examina la jornada. Solamente la Pascua – Cruz, Muerte y Resurrección de Cristo – es la verdadera clave de lectura de la vida.


En el examen de conciencia se nos da la posibilidad de ofrecer todo lo que no ha sido ofrecido. Provoca un crecimiento continuo en la virtud. La primera virtud que se consolida en el hombre con el examen de conciencia es la virtud de la caridad. Lo primero que hace el examen de conciencia es “ordenar la caridad”, y la ordena sobre la base de los Mandamientos de Dios, sobre todo del primero: amar a Dios, y al prójimo como a uno mismo.


El examen de conciencia es el ejercicio de una toma de conciencia cada vez más fuerte de nuestra relación con el Señor. Gracias a la familiaridad con el Señor, favorecida por el ejercicio del examen, sabemos vivir en la Presencia del Señor. Al mismo tiempo, el examen favorece una conciencia exacta de lo que somos, de todo el camino que hemos hecho, y de lo que todavía nos queda por hacer.


No es un examen escrupuloso, sino una experiencia feliz de la Redención, donde se aprende ese sano realismo que nos hace desmitificar los perfeccionismos moralistas, voluntaristas o psicologistas. En el tiempo que vivimos, existe el riesgo de reducir la Iglesia y la fe cristiana a un “supermercado” de valores, sobre todo éticos y morales. La Iglesia es el ámbito de la fe, del discernimiento, y de la libertad de los hijos de Dios.


Solamente la Misericordia de Dios nos mueve a una conversión justa. Aunque seamos pecadores, culpables de una cosa determinada, nos descubrimos amados por Dios… y tanto, que Cristo ha subido a la Cruz para redimirnos. La sorpresa de descubrirse amados es la decisión más fuerte y radical para renunciar al mal y para abrazar una vida virtuosa. Descubrirse amados conmueve, lleva al arrepentimiento, a reconocer el pecado y a pedir perdón. El arrepentimiento nos hace volver a Casa.

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domingo, 11 de enero de 2009

Posible nombramiento

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Según reporta Rorate Caeli, el semanario religioso francés ultra progresista Golias informa sobre la posible sustitución de algunas cabezas de importantes dicasterios, ya que han alcanzado o pronto alcanzarán el límite de edad.


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El Cardenal Re, Prefecto de los Obispos, alcanzará el límite de edad el próximo 30 de enero. En el artículo de Golias se incluyen otros rumores, pero ninguno tan interesante como este: uno de los nombres que más resuenan para ocupar el puesto en la Congregación para los Obispos es el del Cardenal George Pell, de Sydney.


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viernes, 9 de enero de 2009

¿Cambios en la Comisión Ecclesia Dei?

Extracto de un informe de la publicación francesa bimensual Monde et Vie, sobre rumores respecto a una reforma de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei:

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El Papa desea utilizar el nombramiento de su mano derecha [Cardenal Cañizares Llovera] al mando de la Congregación para el Culto Divino para llevar a cabo una profunda reorganización de la Comisión Ecclesia Dei, de la cual el Cardenal Cañizares es miembro. Según el rumor, que parece ser apenas un corrillo entre bastidores (*), el Cardenal Castrillón Hoyos, que hace tiempo ha sobrepasado el límite de edad, cedería su lugar a su actual segundo, Mons. Camille Perl, amigo personal del Papa Ratzinger, quien sería consagrado obispo para el acontecimiento.

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Y la Comisión sería entonces sujeta a la Congregación para el Culto Divino, responsabilizándose , dentro de ese Dicasterio, de la Forma Tradicional del Rito Romano, bajo la guía del Cardenal Cañizares. […]

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Además, el supuesto responsable, Mons. Perl, es ciertamente quien mejor conoce en Roma el mundo tradicionalista, sus giros, sus vueltas o sus desvíos. Él ha sido escuchado por el Papa durante mucho tiempo. En más de una ocasión, su diplomacia ha hecho maravillas.


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Fuente: Rorate Caeli


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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(*) Actualización: nos han hecho notar que esta información había sido publicada con anterioridad por The New Liturgical Movement, y que en su traducción del francés existe una variante respecto de la fuente de la que nos hemos servido, y es la siguiente:


Según el rumor, que parece no ser sólo un corrillo entre bastidores…


Agradecemos la gentileza de habernos informado.


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Apariciones marianas: ¿habrá un nuevo directorio?

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Días pasados, trascendió en varios medios que la Santa Sede estaría por publicar un directorio para el tratamiento de las apariciones marianas. Si bien todavía no hay declaraciones oficiales al respecto, el rumor parece tener algún sustento, habida cuenta de que se han dado a conocer, incluso, algunos detalles del presunto documento. Bruno Volpe publica hoy un artículo basado en la entrevista que realizó al Padre De Fiores, en la cual indaga sobre el tema.

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“Yo no sé nada de un directorio, menos aún de un ajuste del Papa Benedicto XVI respecto a las apariciones marianas”: lo afirma el profesor Stefano De Fiores, docente de mariología, sacerdote. Un sitio en internet ha dado noticia de un presunto “directorio” del Papa sobre el tema de las apariciones marianas, afirmando incluso que habrían sido consultados insignes mariólogos. Es lógico pedir la opinión del profesor Stefano De Fiores, reconocido hoy como el más renombrado mariólogo en Italia.

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“Le digo que yo no sé nada respecto de este presunto documento y menos aún que yo haya sido contactado por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Efectivamente, opino que ha de existir la exigencia de un poco de orden en esta materia, pero esto era una cosa ya dada. Hace tiempo que oigo voces sobre el tema, pero siempre se trata de voces y rumores, sin certeza alguna”.

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En suma, el mariólogo parece desmentir la información dada en exclusiva.

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“Entre tanto, ya existe un documento sobre el tema que data de los años 70; bastaría aplicarlo e invitar a los obispos a una mayor sobriedad y rigurosidad en el asunto de las apariciones marianas. Pero de allí a afirmar que está por salir un directorio, no es procedente. He oído a otros mariólogos, pero ninguno sabe nada”.

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¿Y Medjugorie?: “fenómeno complejo. Es estudiado con la debida atención. Entre tanto, tres comisiones han juzgado atendibles los textos, y además en ese lugar se han producido numerosas conversiones, lo cual quiere decir que existe algo sobrenatural. Obviamente, la Iglesia mantiene la debida prudencia, natural en estos casos. Recuerde que detrás de Medjugorie se esconden fenómenos variados, que van de la religión a la política”.

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Mientras tanto, nadie habla sobre el tema en la Sala Stampa vaticana. […]


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Fuente: Pontifex


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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domingo, 4 de enero de 2009

Los ardides del mundo

“Cuando a uno lo lanzan a una aventura como ésta, debe despedirse de esperanzas y temores, de lo contrario la muerte o la liberación llegarán ambas demasiado tarde para salvar su honor y su razón”. (C. S. Lewis)

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bruja

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Cada vez son más las señales que indican que hoy en día el verdadero cristiano tiene que remar contra la corriente sin desfallecer. En esta “aventura” nos enfrentamos diariamente a los astutos e ingeniosos ardides del mundo.  Al leer en el blog de Luis Fernando que a partir del próximo lunes, dos autobuses de Barcelona llevarán como publicidad el siguiente mensaje: “Probablemente Dios no existe. Disfruta la vida", recordé este imperdible pasaje de las Crónicas de Narnia. La bruja que reinaba en Bajotierra tenía prisionero al príncipe Rilian. Jill, Scrubb y el singular Barroquejón habían llegado allí a fin de rescatarlo, pero la bruja utilizó sus artes para dominarlos. Se proponía hacerles dudar de cada recuerdo que tuvieran tanto del mundo que existía sobre Bajotierra como del mismo Aslan, para subyugarlos luego.


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La Bruja no dijo absolutamente nada, sino que caminó muy despacio por la habitación, siempre mirando de fijo al Príncipe. Al llegar a una pequeña caja pegada en la pared cerca de la chimenea, la abrió y sacó primero un puñado de polvo verde y lo arrojó al fuego. No ardió mucho, pero exhaló un aroma dulce que producía sueño. Y durante toda la conversación que siguió, el olor se hizo más fuerte y fue llenando el cuarto, embotando el pensamiento. En seguida, sacó un instrumento musical muy semejante a una mandolina.


Empezó a tocar con sus dedos, rasgueando una melodía tan repetida y monótona, que a los pocos minutos casi no la notabas. Pero mientras menos la notabas, más se te metía en el cerebro y en la sangre. Esto también dificultada el poder pensar. Después de rasguear un rato (y el aroma dulce se hacía cada vez más intenso), comenzó a hablar con una voz melodiosa y tranquila.


—¿Narnia? —dijo— ¿Narnia? A menudo escuché a su Señoría pronunciar ese nombre en sus delirios. Querido Príncipe, estás muy enfermo. No hay ninguna tierra que se llame Narnia.


—Pero claro que la hay, Señora —dijo Barroquejón— Sucede que yo he vivido allí toda mi vida.


—¿De veras? —dijo la Bruja—. Dime, te lo ruego, dónde está ese país.


—Allá arriba —repuso Barroquejón con firmeza, señalando hacia lo alto—. No... no sé exactamente dónde.


—¿Cómo? —exclamó la Reina, con una risa bondadosa, suave, musical—. ¿Existe un país arriba entre las piedras y el cemento del techo?


—No —replicó Barroquejón, batallando un poco por recuperar el aliento—. Está en el Mundo de Encima.


—¿Y qué es o dónde está, hazme el favor, este, cómo lo llamas, Mundo de Encima?


—¡No te hagas la tonta! —exclamó Scrubb, que luchaba duro contra el encantamiento del aroma dulzón y del rasgueo—. ¡Como si no lo supieras! Está encima, encima, donde puedes ver el cielo y el sol y las estrellas. Pero, si tú has estado allá. Allí nos conocimos.


—Te pido perdón, amiguito —se rió la Bruja (nunca has oído una risa más adorable)—. No recuerdo haberte conocido. Pero muy a menudo encontramos a nuestros amigos en los sueños. Y a menos que todos sueñen lo mismo, no puedes pedirles que lo recuerden.


—Señora —dijo el Príncipe, con dureza—. Ya he dicho a su Gracia que soy el hijo del Rey de Narnia.


—Y vas a ser, amigo querido —dijo la Bruja con voz tranquilizadora, como si le siguiera el juego a un niño—, vas a ser rey de muchas tierras inventadas por tus fantasías.


—Nosotros estuvimos ahí también —dijo bruscamente Jill.


Estaba sumamente enojada, porque sentía que el hechizo la estaba envolviendo por momentos. Pero, en realidad, el hecho de que pudiera todavía sentirlo, probaba que la magia aún no funcionaba totalmente.


—Y tú eres Reina de Narnia también, no lo dudo, preciosa —dijo la Bruja en el mismo tono zalamero y medio burlón.


—No soy nada de eso —contestó Jill, dando una patada en el suelo—. Nosotros venimos de otro mundo.


—¡Pero este juego es mucho más bonito que el otro! —exclamó la Bruja—. Cuéntanos, damisela, dónde está ese otro mundo. ¿Qué barcos y carros viajan entre ese mundo y el nuestro?


Por supuesto que a Jill se le vinieron montones de cosas a la cabeza inmediatamente: el Colegio Experimental, Adela Pennyfather, su hogar, equipos de radio, cines, automóviles, aviones, cupones de racionamiento, colas. Pero parecían borrosas y muy lejanas. (Tran... tran... tran... sonaban las cuerdas del instrumento de la Bruja). Jill no podía acordarse de los nombres de las cosas de nuestro mundo. Y ahora no se le vino a la mente la idea de que la estaban hechizando, puesto que ya la magia había tomado toda su fuerza; y, claro, mientras más hechizada estás, más segura te sientes de que no estás en absoluto embrujada. Se encontró diciendo (y fue un alivio decirlo):


—No. Supongo que ese otro mundo debe ser sólo un sueño.


—Sí. Es sólo un sueño —afirmó la Bruja, rasgueando siempre.


—Sí, sólo un sueño —repitió Jill.


—Ese mundo no ha existido jamás —dijo la Bruja.


—No —dijeron Jill y Scrubb—, jamás existió ese mundo.


—Nunca hubo otro mundo fuera del mío —dijo la Bruja.


—Nunca hubo otro mundo fuera del tuyo —repitieron los demás.


Barroquejón todavía batallaba fuerte.


—No entiendo muy bien lo que ustedes quieren decir por un mundo —dijo resollando como un hombre al que le falta el aire—. Puedes tocar ese violín hasta que se te duerman los dedos, pero no me harás olvidar a Narnia; y a todo el resto del Mundo de Encima. No lo volveremos a ver, no me extrañaría nada. Debes haberlo ocultado y oscurecido como éste, qué sé yo. Es muy posible. Pero yo sé que estuve allí alguna vez. He visto el cielo lleno de estrellas. He visto el sol saliendo del mar en las mañanas y escondiéndose detrás de las montañas en las noches. Y lo he visto en el cielo, a mediodía, cuando no podía mirarlo por su luminosidad.


Las palabras de Barroquejón tuvieron un efecto extraordinario. Los otros tres volvieron a respirar y se miraron como si acabaran de despertar.


—¡Claro, esto es! —gritó el Príncipe—. ¡Por supuesto! Aslan bendiga a este honrado renacuajo del pantano. En estos últimos minutos todos estábamos soñando. ¿Cómo pudimos olvidarlo? Claro que hemos visto el sol.


—¡Claro que sí, por Dios santo! —exclamó Scrubb—. ¡Estupendo, Barroquejón! Eres el único inteligente de todos nosotros, no lo dudo.


Entonces se escuchó la voz de la Bruja, suavemente arrulladora como la de una paloma en lo alto de un olmo en un viejo jardín a eso de las tres, en la mitad de una tarde soñolienta de verano; y dijo:


—¿Qué es ese sol de que hablan ustedes? ¿Quieren significar algo con esa palabra?


— Sí, sabemos requetebién lo que significa —respondió Scrubb.


—¿Puedes decirme cómo es? —preguntó la Bruja (tran, tran, tran, sonaban las cuerdas).


—Permíteme, Señoría —dijo el Príncipe, muy fría y cortésmente—. ¿Ves esa lámpara? Es redonda y amarilla y da su luz a toda la habitación; y además cuelga del techo. Bueno, lo que llamamos sol es como esa lámpara, sólo que muchísimo más grande y más brillante. Ilumina con su luz todo el Mundo de Encima y cuelga del cielo.


—¿Cuelga de dónde, mi señor? —preguntó la Bruja; luego, mientras todavía pensaban cómo responderle, ella agregó con otra de sus suaves risas de plata—. ¿Ven? Cuando tratan de pensar claramente cómo será este sol, no pueden decírmelo. Lo único que me pueden decir es que se parece a la lámpara. Vuestro sol es un sueño; y no hay nada en ese sueño que no haya sido copiado de la lámpara. La lámpara es real; el sol es nada más que un cuento, un cuento de niños.


—Sí, ahora lo comprendo —dijo Jill, con tono pesado y desesperado—. Debe ser así.


—Y al decirlo le pareció muy sensato.


Lenta y gravemente la Bruja repitió: “No hay sol”. Y ellos no dijeron nada. Repitió con una voz más blanda y profunda: “No hay sol”. Después de una pausa, y luego de un gran esfuerzo mental, los cuatro dijeron al mismo tiempo: “Tienes razón. No hay sol”. Fue un alivio tan grande darse por vencidos y decirlo...


—Nunca existió el sol —dijo la Bruja.


—No. Nunca existió el sol —repitieron el Príncipe, y el Renacuajo del Pantano, y los niños.


En esos últimos minutos, Jill tuvo la sensación de que había algo que debía recordar a toda costa. Y lo había logrado, pero era tremendamente difícil decirlo. Sentía un peso inmenso sobre sus labios. Por último, con un esfuerzo pareció sacar todo lo bueno que tenía adentro.



—¡Existe Aslan! —dijo.

—¿Aslan? —dijo la Bruja, acelerando muy ligeramente el ritmo de su rasgueo


—¡Qué lindo nombre! ¿Qué significa?


—El es el gran León que nos trajo desde nuestro mundo —repuso Scrubb— y nos envió a buscar al Príncipe Rilian.


—¿Qué es un león? —preguntó la Bruja.


—¡Córtala ya! —exclamó Scrubb—. ¿No lo sabes? ¿Cómo podemos describírtelo? ¿Has visto alguna vez un gato?


—Por supuesto —contestó la Reina—. Me encantan los gatos.


—Bueno, un león se parece un poco, un poquito no más, en verdad, a un inmenso gato, con melena. Pero no como la melena de un caballo, te fijas, sino más bien como la peluca de un juez, Y amarillo. Y terroríficamente fuerte.


La bruja movió su cabeza.


—Ya veo —dijo— que no nos irá mejor con vuestro león, como lo llaman ustedes, que con vuestro sol. Han visto lámparas y se han imaginado una lámpara más grande y mejor y la han llamado sol. Han visto gatos, y ahora quieren un gato más grande y mejor, y lo han llamado león. Bien, es una bonita invención, pero, para ser sincera, les sentaría mejor si fueran más jóvenes. Y vean que no pueden inventar nada en sus fantasías sin copiarlo del mundo real, este mundo mío, que es el único. Pero hasta ustedes, niños, ya están grandes para tales juegos. Y en lo que toca a vos, mi señor Príncipe, que sois un hombre adulto ya, ¡qué vergüenza! ¿No te ruborizas con estos jugueteos? Vengan todos. Dejen esas triquiñuelas infantiles. Tengo trabajo para ustedes en el mundo real. No hay Narnia, ni Mundo de Encima, ni cielo, ni sol, ni Aslan. Y ahora, todos a la cama. Y empecemos mañana una vida más sensata. Pero primero, a la cama; a dormir; un sueño profundo, con blandas almohadas; a dormir sin sueños tontos.


El Príncipe y los dos niños estaban de pie con las cabezas colgando, las mejillas sonrojadas, los ojos entrecerrados; no les quedaba una gota de fuerza; el hechizo estaba casi cumplido. Pero Barroquejón, reuniendo con desesperación todas sus energías, caminó hasta el fuego. Entonces realizó un acto de gran valentía. Sabía que no le haría tanto daño como a un humano, pues sus pies (que estaban descalzos) eran palmeados y duros y de sangre fría como los de un pato. Pero sabía que le dolería muchísimo; y así fue. Con sus pies desnudos pisoteó el fuego, convirtiendo gran parte de éste en cenizas sobre el hogar de la chimenea.


Y en ese instante sucedieron tres cosas. La primera, el pesado aroma dulzón se hizo menos intenso. Porque, aunque no se apagó totalmente el fuego, se consumió una buena parte, y lo que quedaba olía fuertemente a renacuajo del pantano quemado, el cual no es un olor de brujería. Esto permitió que instantáneamente se aclararan las mentes de todos. El Príncipe y los niños levantaron la cabeza de nuevo y abrieron los ojos.


La segunda fue que la Bruja, con una voz fuerte y terrible, totalmente diferente de los dulces tonos utilizados hasta ahora, gritó:


—¿Qué estás haciendo? ¡Atrévete a tocar una vez más mi fuego, porquería de barro, y haré arder como fuego la sangre en tus venas!


La tercera fue que el mismo dolor hizo que en un segundo se despejara la mente de Barroquejón y supiera exactamente lo que estaba pasando. No hay como un buen sacudón de dolor para disolver algunos tipos de magia.


—Una palabra, Señora —dijo, alejándose de la chimenea, cojeando por el dolor—. Una palabra. Todo lo que has dicho es muy cierto, no me extrañaría nada. Soy un tipo al que siempre le ha gustado conocer lo peor para luego enfrentarlo lo mejor posible. Así que no negaré nada de lo que has dicho. Pero aun así queda algo más que decir. Supongamos que sólo hayamos soñado o inventado todas esas cosas, árboles y pasto y sol y luna y estrellas y el propio Aslan. Supongamos que así fuera. Entonces todo lo que puedo decir es que, en ese caso, las cosas inventadas parecen ser mucho más importantes que las verdaderas. Supongamos que este foso negro que es tu reino sea el único mundo. Bueno, a mí se me ocurre que es harto pobre. Y eso es lo divertido, si te pones a pensar. Nosotros somos sólo niñitos imaginando un juego, si es que tú tienes la razón. Pero cuatro niñitos jugando un juego pueden hacer un mundo de juguete que le gana muy lejos a tu tan verdadero mundo hundido. Por eso me voy a quedar con el mundo de los juegos. Estoy del lado de Aslan en ese mundo, aunque no exista un Aslan que lo gobierne. Voy a vivir lo más como narniano que pueda aunque no haya ninguna Narnia. Por lo tanto, agradecemos mucho tu cena y, si estos dos caballeros y esta dama están dispuestos, abandonaremos tu corte de inmediato y partiremos en la oscuridad a pasar nuestras vidas en la búsqueda de Sobretierra. No creo que nuestras vidas vayan a ser muy largas; pero sería una pérdida mínima si el mundo es un lugar tan aburrido como tú dices.


—¡Bravo! ¡Viva el buen Barroquejón! —gritaron Scrubb y Jill.


Pero de pronto el Príncipe exclamó:


—¡Cuidado! Miren a la Bruja.


Cuando la miraron, se les pusieron los pelos de punta. El instrumento musical cayó de sus manos. Sus brazos parecían estar pegados a sus costados. Sus piernas se entrelazaron y desaparecieron sus pies. La larga cola verde de su falda se volvió más gruesa y sólida y parecía formar una sola pieza con la retorcida columna de sus piernas unidas. Y esa verde columna retorcida se doblaba y oscilaba como si no tuviera articulaciones o como si fueran sólo articulaciones. Tenía la cabeza echada muy hacia atrás y a medida que su nariz se alargaba y se alargaba, las demás partes de su cara parecieron desaparecer, excepto sus ojos. Eran ahora unos abrasadores y enormes ojos, sin pestañas ni cejas. Toma tiempo describir todo esto; pero sucedió tan rápido que uno apenas alcanzaba a verlo. Mucho antes de que hubiera ocasión de hacer algo, el cambio era completo, y la gran serpiente en que se había transformado la Bruja, verde como el veneno y gruesa como la cintura de Jill, había enrollado dos o tres anillos de su repugnante cuerpo en las piernas del Príncipe. Veloz como un relámpago, lanzó otro lazo tratando de sujetar el brazo de la espada. Pero el Príncipe estuvo más rápido. Levantó los brazos y le quedaron libres; el nudo viviente se cerró sólo hasta su pecho, listo para quebrar sus costillas como si fuera leña a medida que se fuera estrechando.


El Príncipe cogió el cuello de la criatura con su mano izquierda, tratando de apretarlo hasta estrangularla. Tenía su cara (si puedes llamar cara a eso) a unos diez centímetros de la suya. La lengua dividida por la mitad como un tenedor bailaba horriblemente entrando y saliendo, pero no pudo alcanzarlo. Rilian echó hacia atrás la espada con su mano derecha para asestar el golpe lo más fuerte que fuera posible. Entretanto, Scrubb y Barroquejón habían sacado sus armas y corrían en su ayuda. Los tres golpes cayeron al mismo tiempo: el de Scrubb (que ni siquiera traspasó las escamas y no valió de nada) en el cuerpo de la serpiente bajo la mano del Príncipe; pero el golpe del Príncipe y el de Barroquejón dieron ambos en el cuello. Mas ni eso logró matarla del todo, aunque empezó a soltar un poco su abrazo a las piernas y el pecho de Rilian. Con repetidos golpes le cortaron la cabeza.


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Lewis, C. S., “Las crónicas de Narnia”, Libro IV: “ La silla de Plata”

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sábado, 3 de enero de 2009

¿Qué tenemos que hacer?

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leo_castellani

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Hay mucha gente desanimada por la política. Andan preguntando: “¿Qué tenemos que hacer?”. Algunos ni siquiera preguntan, sino que resueltamente dicen: “No hay nada que hacer”.


Para un cristiano, la respuesta es muy sencilla: hay que salvar el alma.


--¿Y la Patria?


-Salvar la Patria también, de ese modo.


--Primero salvar el alma, y ¿después?...


-No. Las dos cosas juntas. A la vez. Pero la segunda condicionada a la primera. Al mismo tiempo y una en ancas.


--No entiendo – dice el argentino, que le gusta más que el alma la política.


-Es muy sencillo. Ustedes, que se llaman nacionalistas


--¡Alto!


-¡Perdón!; ustedes, los nacionalistas –algunos, digo, no todos-, más bien muchos, exceptuando lo presente…


--Ahorre salvedades…


-Muchas veces quieren poner orden afuera, sin tener primero orden adentro. Mucho hablar de disciplina… para los demás. Mucho clamar por la jerarquía y algunos en la práctica no practican ni respetan ninguna jerarquía. ¡Dios, Patria, Hogar!... Algunos con el hogar andan cimarrones, y a Dios no lo conocerían si lo encuentran en la calle. ¿Qué van a hacer por la Patria? Nadie da lo que no tiene.


--Vos querés que primero seamos santos y después hagamos política.


-Ningún santo ha hecho política. Santos a estas horas deberían ya serlo, empezando por mí. No. No hay primero ni segundo en este asunto: las dos cosas son la mesma cosa. Para algunos, por vocación de Dios, salvar el alma es lo mismo que salvar la Patria. Cuanto a mí, por vocación también, yo tengo que empezar por el otro lado; pero en finiquito, es lo mismo.


--¿Y nosotros?


-Ustedes dicen que lo que viene sucediendo es un desastre nacional. Los desastres sirven para purificar. Purificarse. Todo desastre es una prueba. Dejarse probar y salir probado. Examen de conciencia: poco echar la culpa al prójimo y mucho mirar por las culpas propias. ¿Negarán ustedes, los que se llaman nacionalistas


--¡Un momento, cura!


-Perdón, ¿negarán ustedes, los nacionalistas, que tienen culpas tremebundas?


--Las reconocemos ante Dios, pero no admitimos discusión.


-No deseo discutirlas.


--En concreto ¿qué hay que hacer?


-En concreto, hacer todo el bien que uno pueda alrededor suyo, a corta distancia, lo que está a mano, sin embarazarse de grandes planes, de grande empresas, de grandes proyectos, de grandes revoluciones. Lo que dice la fábula de el ladrón. ¡Miren qué mal les fue…


--Miren qué mal nos fue…


-Perdón. Miren qué mal nos fue con el famoso “castigar a los culpables y recobrar los bienes mal habidos”. Nos castigaron a nosotros; y si nos descuidamos, nos van a quitar hasta los bienes bien habidos.


--¿Y adónde deja usted el martirio?


-El martirio lo dejo para mí. Eso no es para ustedes. Ustedes son los que se las dan de políticos…


--¡Basta, cura!


-Perdón; ustedes son políticos. Cuando un político va al martirio, fracasó. El político tiene la obligación de triunfar. Sólo el cura tiene la obligación de fracasar… porque el cura, cuando fracasa bien, triunfa a su manera: “Mihi vivere Christus est et mori lucrum”.


--¿y cómo es esa acción que usted denomina a corta distancia?


-Les voy a poner primero un ejemplo y después la teoría. Hace poco se constituyó una S.R.L. [sociedad de responsabilidad limitada] de ganaderos, unos diez hermanos, primos, hijos y nietos, y labraron un contrato al uso antiguo, de esos en que al principio se nombraba a Dios; y no a cualquier Dios, sino a la Santísma Trinidad y hasta al mismo Jesucristo, si a mano viene. Aquí tienen el preámbulo del contrato. Esto llamo yo acción nacionalista a corta distancia, acción de raíz y no de hojas. Léanlo.


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N. N. Hermanos, S.R.L.

Preámbulo


Dios puso alma en el hombre, para que ésta lo guiara hacia su fin verdadero.

Encabezamos los estatutos de nuestra asociación de trabajo con este preámbulo, que contiene los principios cristianos fundamentales que inspiran nuestra acción, para que nos marque el rumbo permanente a seguir.


Por varias generaciones los N. N. han vivido unidos al campo argentino; de la “buena tierra” que trabajaron y trabajan según las leyes de Dios y las costumbres de los hombres, les ha venido todo lo que tienen.


Hoy, cuando el mundo está revuelto, cuando parece que se ha perdido el rumbo y cuesta encontrar la huella, descendientes de Manuel N.N., en lo más profundo de su sentimiento, han concebido la idea de unirse más todavía, sumando a su misma sangre, a su idéntico concepto cristiano respecto a la existencia humana, a su coincidencia en la apreciación de la vida, iguales intereses en el trabajo.


Padres, hijos y nietos, todos educados en la misma escuela, han aprendido a admirar las mismas virtudes, a cultivar las mismas cualidades; y por sobre todas las cosas, a querer entrañablemente a la tierra y a su trabajador.


Al morir, el abuelo Manuel dio a sus hijos los consejos del labrador a los suyos.


Ese mandato más que nada es lo que procurarán cumplir; y su fin verdadero, el único absolutamente único; es vivir en la tierra como Dios manda y como Cristo enseñó.


Por eso y como gratitud con el campo, esta reunión de varones de una misma sangre prometen conservar las puras tradiciones de la familia.


Bajo el Signo de la Cruz, símbolo de Quien está por encima de todo, guiará sus afanes la pasión de ser justos, en el más grande sentido de la palabra.


Recíproca comprensión, bondad ilimitada, confianza, fe y caridad, deberán tener sus actos todos.

Resumiendo: Unidos trabajarán la tierra, que regarán con sudor; y el fruto que les dé emplearán sólo para subsistir y mejorar conforme a las leyes de Dios. (Provincia de Buenos Aires, enero 17 de 1946).


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-¿Lo han leído? ¿Qué les parece?


--Estupendo escrito. ¿Quién lo hizo?


-Un joven capitán del Ejército, que es al mismo tiempo hacendado, y quiere salvar su alma al mismo tiempo que –si es posible- la Patria. No antes ni después. Al mismo tiempo. ¿Quieren ahora la teoría?


--¡No! Déjenos primero meditar esto.


-Meditar para imitar, imitar para mejorar. Hasta pronto.


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P. Leonardo Castellani en “Cristo ¿vuelve o no vuelve?”


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miércoles, 31 de diciembre de 2008

Ecumenismo: balance anual y perspectivas

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BenedictoXVI_BartolomeI

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L’Osservatore Romano ha realizado ayer una entrevista al Cardenal Walter Kasper, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, acerca de la situación actual del ecumenismo. Ofrecemos nuestra traducción.

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Nuevo clima con Moscú. Perspectivas impensables de diálogo teológico con los ortodoxos sobre el rol del obispo de Roma. Métodos innovadores para confrontarse con el fragmentado mundo protestante, también sobre temas difíciles. Contraofensiva a la invasión de las sectas. Convicción de que el deseado viaje del Papa a Tierra Santa quitará prejuicios e incomprensiones con los judíos sobre la oración del Viernes Santo y sobre Pío XII.


En palabras del cardenal Walter Kasper, “hay optimismo porque hay realismo”. Y si el balance del 2008 para el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos es “ampliamente positivo”, para el 2009 se abren “perspectivas inesperadas, impensables hasta hace pocos años atrás”, tanto con los ortodoxos como con los protestantes. El cardenal no esconde las dificultades, “algunas inéditas”, del camino ecuménico. “No debemos olvidar nunca –dice- que la unidad de los cristianos no la organizamos nosotros sino que es un don del Espíritu Santo. Hoy estamos en un punto tan avanzado que, años atrás, quizá ni siquiera los más optimistas habrían previsto”…


Con L’Osservatore Romano, en esta entrevista, el cardenal presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos hace el balance del estado de salud del ecumenismo y de las relaciones con el judaísmo.

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La asamblea plenaria de fin de año del Pontificio Consejo ha trazado el cuadro de las relaciones ecuménicas. ¿Positivo o negativo?


Es un momento de cambios rápidos de la situación ecuménica pero, en una valoración global, el balance es ampliamente positivo. “Recepción y futuro del compromiso ecuménico” ha sido el tema de la plenaria que nos ha permitido mirar al pasado, al camino recorrido, pero especialmente encontrar nuevas ideas, nuevo impulso, nuevo entusiasmo para proseguir el diálogo en toda dirección.

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¿Cuáles han sido los eventos ecuménicos más importantes del 2008?


En un año, el Patriarca de Constantinopla Bartolomé I ha venido tres veces a Roma: con el Papa ha abierto el Año Paulino y ha hablado, por primera vez en la historia, en el Sínodo de los obispos, en el espléndido escenario de la Capilla Sixtina. Siempre este año, el Papa ha acogido a los Catholicós armenios apostólicos, Karekin II de Etchmiadzin y Aram I de Cilicia. Se ha hecho normal lo que hasta hace pocos años atrás era inimaginable o, por lo menos, extraordinario. Estas visitas son eventos profundos, pasos hacia adelante de excepcional significado. En el 2008 hemos celebrado también los cien años de la Semana de oración por la unidad de los cristianos.


Hay todo un movimiento irreversible, cuyo crecimiento está a la vista, y que involucra personas, parroquias, diócesis, asociaciones, movimientos. Estos diálogos tienen siempre implicaciones mayores de carácter social y cultural.

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Tal vez es por esto que hoy se ponen en agenda cuestiones delicadas que antes ni siquiera eran mencionadas.


Ahora se habla fraternalmente acerca de todo con todos. En este diálogo franco es positivo que no se escondan más las diferencias que aún permanecen, o que no se eludan los problemas. Es normal que nazcan nuevas cuestiones pero es decisiva la voluntad de afrontarlas.

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Discusión ecuménica, ecumenismo espiritual y amistad parecen ser los ingredientes de este momento del diálogo.


¡Y no deben ser separados! Están creciendo cada vez más las relaciones de amistad que contribuyen a hacer caer tantas barreras producidas por el poco conocimiento recíproco. La red de relaciones fraternas auténticas que se está ampliando es, evidentemente, un elemento decisivo.


Somos conscientes de que el ecumenismo no es sólo un intercambio de ideas. El diálogo teológico sobre la verdad es fundamental; sin embargo, sólo funciona junto al diálogo de la caridad. El corazón del diálogo sigue siendo el ecumenismo espiritual: no se va a ninguna parte sin la oración, sin la conversión personal y comunitaria. El diálogo no es un desafío con los otros sino, sobre todo, con nosotros mismos.

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Con los ortodoxos, el diálogo teológico se dirige al “rol del Obispo de Roma en la comunión de la Iglesia del primer milenio”. Éste es, de hecho, el tema de la próxima sesión de la comisión mixta internacional.


El documento de Rávena ha abierto una perspectiva de reflexión sobre la relación existente entre primado y sinodalidad en la Iglesia. Tanto Benedicto XVI como Bartolomé I han hablado recientemente en términos positivos: esto es signo del nivel de recepción que ha tenido ese documento.


En Rávena, las Iglesias ortodoxas han hablado de Iglesia universal y también de un primado universal que puede ser sólo del Obispo de Roma. Precisamente en la línea de Rávena estamos preparando el boceto de un documento para presentarlo a la próxima sesión de la comisión mixta que será hospedada por los ortodoxos en otoño. Ya hemos encontrado una lectura común del primer milenio. Ahora no debemos detenernos.

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En Rávena, el patriarcado de Moscú no participó en los trabajos por un problema con el patriarcado de Constantinopla. ¿ Está prevista su presencia en el próximo encuentro?


En la medida de nuestras posibilidades; hemos hecho presente insistentemente tanto en Moscú como en Constantinopla la necesidad de recomponer la fractura que se produjo, como se sabe, por la cuestión de Estonia. Hemos hablado con delicadeza pero también con franqueza. Por lo que sabemos, se han dado pasos importantes para encontrar una solución. Hemos lamentado que Moscú haya abandonado la reunión en Rávena, estaríamos felices de reencontrarnos todos juntos en la próxima sesión de la comisión. Dependerá mucho del nuevo Patriarca de Moscú.

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¿Cómo están en Moscú las relaciones con los católicos?


Las relaciones han mejorado mucho. Puedo afirmar que, en la situación actual, no tenemos problemas particulares. Hay una nueva situación, un clima amigable. En mayo, he encontrado al Patriarca Alejo II en Moscú. He sido recibido con particular hospitalidad y he reconocido la voluntad de avanzar en el diálogo y en las relaciones, tanto en las palabras del Patriarca como en las de los numerosos metropolitas con los que he tenido diálogos.


He encontrado la misma muy buena acogida también recientemente cuando fui a Moscú para los funerales del Patriarca.

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¿Qué recuerdo tiene de Alejo II?


Se sabe que el Patriarca Alejo II ha tenido desencuentros con la Iglesia Católica. Pero hemos superado juntos esta situación. Es un hombre que tiene grandes méritos. Basta pensar que ha comenzado su servicio en 1990, recogiendo la triste herencia del tiempo del comunismo. Ha sabido dar un fuerte impulso al renacimiento de la Iglesia ortodoxa rusa haciéndola reflorecer, partiendo casi de cero. Es también gracias a Alejo II que hoy tenemos un diálogo cada vez mejor con el patriarcado de Moscú.

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Ahora hay expectativa por la elección del nuevo Patriarca.


Esperamos que sea verdaderamente un pastor para su Iglesia. Un hombre que quiera avanzar junto a nosotros en el diálogo y en la profundización de nuestras relaciones.

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¿Cuáles son las novedades con las otras Iglesias ortodoxas?


Tenemos buenas relaciones con todas las Iglesias ortodoxas y queremos mejorarlas cada vez más. En Rumania, por ejemplo, el Patriarca Daniel ha iniciado hace poco más de un año su servicio como sucesor de Teoctist: es un hombre que conoce bien la Iglesia Católica, muy abierto al diálogo. Lo mismo podemos decir para las Iglesias orientales ortodoxas: al inicio del 2009 hospedaremos aquí, en Roma, un nuevo encuentro de la comisión mixta. Esperamos llegar a un acuerdo para un documento sobre la naturaleza, estructura y misión de la Iglesia.

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También en Atenas, desde hace casi un año, está el nuevo
Arzobispo ortodoxo, Ieronimos, que ha sucedido a Christodoulos.


No conozco personalmente al nuevo arzobispo Ieronimos. Tengo en programa un viaje a Atenas a comienzo del año precisamente para comenzar con él un diálogo abierto, nuevo, positivo. Sé que es un hombre humilde, de fuerte espiritualidad. Tenemos grandes esperanzas.

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¿En qué punto está el diálogo con las comunidades surgidas de la Reforma?


Los notables progresos en esta dirección los debemos también a la nueva metodología adoptada: la hemos llamado Harvest Project, proyecto de recolección. Consiste en reasumir los diálogos con los partner con los que hemos establecido relaciones después del Concilio Vaticano II para individuar los nuevos pasos a realizar juntos.


La definición oficial es “consenso/convergencia ecuménica sobre algunos aspectos fundamentales de la fe cristiana identificados en los reportes de los primeros cuatro diálogos bilaterales internacionales en los que ha participado la Iglesia Católica desde el Concilio Vaticano II”.

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¿Con quiénes aplican el nuevo método y qué resultados se han obtenido hasta ahora?


Los cuatro diálogos bilaterales internacionales son con la Federación Luterana Mundial, el Consejo Mundial Metodista, la Comunión Anglicana, y la Alianza Reformada Mundial. Con franqueza reconocemos estar en una situación intermedia. Mucho se ha logrado, mucho queda aún por hacer. Más allá de las cuestiones históricas, hay sobre todo problemas abiertos en la hermenéutica, en la antropología y en la eclesiología. Ahora, con el Harvest Project, afrontamos también las cuestiones más complejas que tienen nuevas implicaciones y contenidos.

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¿Cuáles son los problemas más serios para el diálogo?


La fragmentación interna de estas comunidades. Pienso en los anglicanos. He participado en la Conferencia de Lambeth en verano. He sido recibido con amistad pero he constatado sus problemas internos sobre cuestiones éticas y sobre la ordenación de las mujeres. Esto hace mucho más difícil el diálogo. El mismo obstáculo se registra también en otras direcciones del mundo protestante.

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¿Cuáles serán los próximos pasos?


Miramos con confianza los acontecimientos del 2009: la celebración, en Augsburgo, del décimo aniversario de la histórica Declaración conjunta con los luteranos sobre la doctrina de la justificación y la conmemoración de Calvino a quinientos años de su nacimiento. En el 2010, está ya previsto un encuentro ecuménico en Munich de Baviera. Y celebraremos también ecuménicamente los cien años de la famosa Conferencia de Edimburgo que, en 1910, ha dado comienzo al movimiento ecuménico del siglo veinte.

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El reciente Sínodo ha dicho que la Palabra de Dios es un punto de encuentro para todos los cristianos.


El Sínodo ha sido importantísimo, desde el punto de vista ecuménico. La Palabra de Dios es central sobre todo para los protestantes: sé que los delegados fraternos han quedado positivamente impresionados por la discusión. Sobre la Biblia nos hemos separado y sobre la Biblia debemos reunirnos. La lectura común, el estudio, la meditación, la lectio divina se presentan como métodos apropiados para acercarnos especialmente a los protestantes.

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Luego está el desafío de las sectas.


Es una oleada que constituye un desafío. No hay un diálogo directo, ni siquiera con las distintas denominaciones pentecostales, independientes. Hemos abierto un diálogo con nuestros obispos y teólogos en Asia, en África y en América Latina. La contraofensiva a la invasión de las sectas debe nacer primariamente de nuestra reflexión interna. Es lo que ha reconocido también el Celam en la Conferencia de Aparecida. Nos debemos preguntar: ¿por qué tanta gente deja nuestra Iglesia? ¿Qué cosa busca en otras partes y por qué se refugia en las sectas?

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A su dicasterio se le ha confiado el diálogo con el judaísmo. ¿Cómo ha ido en el 2008?


El hecho de que con los judíos haya un diálogo ya arraigado es casi un milagro, si se piensa en la complejidad de la historia. También en esta dirección hemos hecho progresos y ha sido valiosa la intervención de un rabino en el Sínodo.


No faltan los problemas. Dos en particular. El primero ha surgido por la oración por los judíos en la liturgia del Viernes Santo. Debe decirse que, después de mi declaración, confirmada por el cardenal Secretario de Estado, la cuestión se ha aclarado. Tal vez en Italia ha habido un poco más de alboroto que en el resto del mundo. Razonablemente, de esta oración no puede venir un obstáculo al diálogo.

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La otra cuestión se refiere a la beatificación de Pío XII.


Que la beatificación del Papa Pacelli sea un proceso interno de la Iglesia Católica ha sido comprendido y aceptado en el mundo judío. Confiamos ahora que las investigaciones históricas den cada vez más claridad sobre la obra de Pío XII a favor de los judíos en esos años. Estoy convencido de que el esperado viaje del Papa a Tierra Santa sería decisivo para superar prejuicios e incomprensiones que marcan nuestras relaciones con el judaísmo. Debo también señalar, me refiero en particular al último encuentro común desarrollado en Budapest, que con los judíos hablamos cada vez menos del pasado y siempre más de los desafíos concretos de hoy sobre el rol de la religión en la civilización moderna.

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Fuente: L’Osservatore Romano


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo


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lunes, 29 de diciembre de 2008

La formación para el servicio presbiteral

A nadie es ajena la realidad de crisis que atraviesa el clero en muchos lugares. Tampoco es novedad que una de las principales causas de tales crisis se halla en las fallas de la formación que muchos sacerdotes recibieron en sus respectivos seminarios.

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Hace sólo unos meses, Luis Fernando Pérez publicaba una entrada en su blog en referencia a esta problemática. Allí decía: “algunos seminarios son más un destroza-vocaciones, una fábrica de malos sacerdotes, que una herramienta de formación de buenos curas”.

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El Cardenal Ratzinger escribió hace unos años un texto valiosísimo sobre este asunto. Trata, justamente, sobre la naturaleza del seminario y la correcta formación de los futuros sacerdotes. Este texto podría ser de mucha ayuda para aquellos que tienen la responsabilidad de educar a los seminaristas, y a nosotros puede darnos una profunda y adecuada visión sobre el tema. Recomendamos enfáticamente su lectura.

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Descargue desde aquí el documento.

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domingo, 28 de diciembre de 2008

Mons. Guido Marini y la liturgia papal

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Santo Padre y Monseñor Marini

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Ofrecemos nuestra traducción de una valiosa entrevista que el diario italiano Il Tempo ha realizado hoy a Monseñor Guido Marini, Maestro de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice.

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El Papa, desde la logia central de la Basílica Vaticana, el día de Navidad, con muceta y estola. Nada de capa pluvial, mitra o báculo, tratándose de una bendición solemne que no comporta un particular rito litúrgico. Muceta y estola solamente.


Así lo han seguido cientos de millones de personas de todas partes del mundo. ¿Una elección de sobriedad y sencillez? No, simplemente una búsqueda de orden, de limpieza, también en los ornamentos, en la era de la globalización mediática. Benedicto XVI presta atención también a estos particulares, atento a no generar confusiones, sobre todo a no diluir el misterio o la celebración de los sacramentos en la trituradora de imágenes. Pero es sobre la liturgia donde la atención papal es del todo particular. Bastaba seguir, apenas unas horas antes, el solemne rito de la Misa de la noche de Navidad para darse cuenta. La “Kalenda” al final de la vigilia y antes de la liturgia; los largos silencios; los fieles recibiendo la Comunión de rodillas; el crucifijo en el centro del altar y de los candeleros, bellos pero tal vez molestos para las tomas televisivas, el homenaje floral de los niños puesto al final de la Misa.


Y los cambios no terminan aquí. En esta delicada partida, tiene a su lado un monseñor joven (43 años) y “sutil” como Guido Marini, licenciado en derecho canónico. Desde hace catorce meses es el maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias. Ha sustituido al obispo Piero Marini, quien ha estado por años al lado de Juan Pablo II. Sacerdote genovés modesto, un poco tímido, pero con las ideas claras y lúcidas. Un hombre piadoso, dulce y con una sonrisa desarmante que lo hace inmediatamente simpático. Ésta es una de sus primeras e inusuales entrevistas.

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Monseñor Guido Marini, ¿quiénes han sido sus maestros?


Cuando ingresé al seminario, era arzobispo el cardenal Giuseppe Siri. He sido ordenado sacerdote por el cardenal Canestri. Siete años como secretario de Canestri y siete con el cardenal Dionigi Tettamanzi. El cardenal Tarcisio Bertone me ha nombrado responsable de la oficina de las escuelas de la arquidiócesis, director espiritual en el seminario donde enseñaba derecho canónico. Luego canciller de la curia y prefecto responsable de la catedral. Con el cardenal Tettamanzi he dado mis primeros pasos como ceremoniero.

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“Liturgia, culmen de la vida de la Iglesia, tiempo y lugar de relación profunda con Dios”, como dice Benedicto XVI. ¿De dónde le ha venido este amor por la Liturgia?


Ha sido un amor juvenil en el sentido de que mi vocación tiene sus raíces en la liturgia; el amor por el Señor ha sido también amor por la liturgia como lugar de encuentro con el Señor. En Génova siempre ha habido un importante movimiento litúrgico.

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Supongo que ha sido el cardenal Tarcisio Bertone, convertido en Secretario de Estado de la Santa Sede, quien propuso su nombre a Benedicto XVI.


Sí, la propuesta me ha llegado por medio del cardenal Bertone. “El Papa – me dijo – está pensando en tu nombre”.

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Con el Papa bávaro, ¿estamos presenciando una operación de restyling litúrgico o algo más profundo?


Es algo más profundo en la línea de la continuidad, no de la ruptura. Hay un desarrollo en el respeto de la tradición.

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Desde que usted ha llegado, ha habido cambios o correcciones. Algunos imperceptibles, otros más notorios.


El cambio es diversificado. Uno ha sido la colocación del crucifijo en el centro del altar para indicar que el celebrante y la asamblea de los fieles no se miran sino que miran juntos al Señor que es el centro de su oración. El otro aspecto es la Comunión distribuida por el Santo Padre a los fieles en la boca y de rodillas. Esto es para poner en evidencia la dimensión del misterio, la presencia viva de Jesús en la Santísima Eucaristía. También la actitud y la postura son importantes porque ayudan a la adoración y a la devoción de los fieles.

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El Papa Benedicto es el primer Papa que no tiene la tiara en su escudo. Ha cambiado el palio de su inicio de ministerio apostólico y ha abandonado el característico báculo, del artista Scorzelli, donado por los milaneses a Pablo VI. Ese báculo en forma de cruz había sido usado también por el Papa Luciani y por Juan Pablo II. Papa Ratzinger ha elegido una férula. Una simple cruz.


Como usted dice, el báculo papal es la férula, la cruz sin el Crucificado, dándole un uso regular y habitual, y no sólo extraordinario. Junto a estas consideraciones, se ha impuesto una cuestión práctica, un báculo más ligero, y lo hemos encontrado en la sacristía papal.

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Ya hemos mencionado la introducción del silencio en la Misa. En Roma, en el centro de la cristiandad, las liturgias se muestran en su espléndida solemnidad. Y la lengua de Cicerón, el latín, despunta sobre todas. Se piensa en anticipar el signo de la paz y en un saludo final distinto por parte del celebrante. La intención es recuperar plenamente el carácter no arbitrario del culto. La creatividad y espontaneidad como una amenaza...


No sería tan drástico y ni siquiera me gusta la expresión, usada por algunos, de “saneamiento litúrgico”. Es un desarrollo que valoriza ulteriormente lo que ha hecho ilustremente y por tantos años, como maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias, mi predecesor, el obispo Piero Marini. Las cuestiones que usted menciona acerca del cambio del signo de la paz y otros asuntos no le competen a mi oficio sino a la Congregación para el Culto Divino y al nuevo prefecto, el cardenal Antonio Cañizares. Yo tengo el deber de esforzarme para que se realice, de un modo ejemplar, la unidad y la catolicidad de todos aquellos que participan en las celebraciones de la Santa Misa papal.

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¿Cuándo veremos al Papa Benedicto celebrar la Misa en latín, según el rito romano extraordinario, el de San Pío V? El motu proprio, personalmente, lo he interpretado como un acto de liberalidad, de apertura, y no de cierre.


No lo sé. Muchos fieles se han servido de esta posibilidad. Decidirá el Papa, si lo cree oportuno.

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En la Exhortación Apostólica Post-sinodal sobre la Liturgia, Joseph Ratzinger se ha detenido en muchos aspectos. Incluso ha propuesto que las iglesias estén dirigidas hacia Oriente, hacia la ciudad santa de Jerusalén. El Papa, un año atrás, ha celebrado la Misa en la Capilla Sixtina, de espaldas al pueblo. ¿Quién lo ha propuesto?


Lo he propuesto yo. La Capilla Sixtina es un cofre de tesoros. Parecía forzado alterar la belleza, construyendo un palco artificial, postizo. En el rito ordinario, éste celebrar “de espaldas al pueblo” es una modalidad prevista. Pero lo subrayo: no se da las espaldas a los fieles sino que celebrante y fieles se dirigen juntos hacia el único punto que importa que es el crucifijo.

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“El Papa viste Cristo, no Prada” se ha leído en L’Osservatore Romano. El look de Benedicto XVI impresiona e intriga. Ornamentos, mitras, cruces pectorales, cátedras en las que se sienta, mucetas y estolas. Estamos frente a un Papa elegante. ¿Es una invención periodística?


Decir “elegante”, en el lenguaje de hoy, parecería significar un Papa que ama los aspectos exteriores y mundanos. Un ojo atento advierte que hay una búsqueda que une tradición y modernidad. No es la lógica de un inaceptable retorno al pasado sino un reequilibrio entre pasado y presente. Es la búsqueda, si se quiere, de la belleza y la armonía que son revelación del misterio de Dios.

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¿Qué cosas veremos en Camerún y Angola? Las liturgias africanas son pintorescas, populares, hay allí una totalidad que se expresa incluso con la danza, los tambores. Usted será puesto a prueba...


(Ríe). Recién ahora estamos preparando el viaje. Buscaremos poner juntamente lo que vale para todos con las tradiciones locales. Con su sola presencia, el Papa refiere a la Iglesia una, santa, católica. Encontraremos la síntesis entre lo que une a la Iglesia en el rito romano y los aspectos típicos, las sensibilidades culturales. Inculturación de la fe y de la liturgia, y dimensión universal.

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La liturgia es un sedimento, un patrimonio milenario. El Misal está entretejido de citas de la Biblia y de los Padres de la Iglesia de Oriente y de Occidente. Salmos responsoriales, oraciones o colectas, el sacramentario que es la parte central de la Misa. Es un patrimonio inviolable. ¿Usted consulta al Papa cada vez que hay una celebración? ¿Qué tipo de comunicación hay?


Muy sencillo. El Papa es consultado en las cosas relevantes y antes de una celebración tiene todos los textos. Por lo general, le enviamos notas escritas y él responde por escrito, de su puño.

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Usted está haciendo una experiencia fuerte y extraordinaria. ¿Hay episodios que lo han tocado?


Sí, es una experiencia fuerte. Me ha impresionado el viaje del Papa a Estados Unidos. Siendo mi primer viaje internacional con el Santo Padre, estaba el sabor de la novedad. Un viaje emocionante por el afecto y la calidez, por el clima espiritual. Y me ha impresionado la entrega del palio a los metropolitanos, en junio. Un arzobispo metropolitano, de rodillas, se ha dirigido así al Papa: “Padre Santo, vengo de una diócesis en la que mi predecesor ha sufrido el martirio por la fe. Rece por mí para que también yo pueda ser un mártir”. He comprendido aún más qué significa ser Iglesia.

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¿Hay gran sintonía, feeling, entre usted y el Papa?


De mi parte es absoluta.

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Usted que tiene la suerte de estar cerca de él, ¿cómo definiría al Papa Benedicto XVI?


Combina una excepcional altura intelectual con una grandísima sencillez y dulzura. Es un trato característico de su figura espiritual y humana. Es una realidad que compruebo y toco con la mano. El hecho de estar cerca del Papa, de este Papa, es una gran gracia para mi sacerdocio.


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Fuente: Il Tempo


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo


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