domingo, 13 de junio de 2010

Un decisivo paso adelante en el camino ecuménico

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El viaje del Papa a Chipre ha sido un gran paso adelante en el camino de acercamiento entre la Iglesia católica y la Iglesia greco-ortodoxa, cuyos frutos no dejarán de hacerse sentir también en el diálogo con el Patriarcado de Moscú. De esto está seguro el cardenal Walter Kasper, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, que ha seguido de cerca a Benedicto XVI en los tres días de la visita. “Traigo conmigo – dice el cardenal en esta entrevista concedida a nuestro periódico – la imagen de la alegría de un pueblo que está familiarizado con el sufrimiento.

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¿Qué significado ecuménico atribuye al viaje del Pontífice a Chipre?


Se ha tratado de una visita muy importante, en primer lugar desde el punto de vista pastoral. Las Iglesias católicas en Oriente Medio viven una situación particular y difícil. Por lo tanto, para ellas ha sido un bien sentirse, también físicamente, junto al Papa. Se ha tratado, sin embargo, de un acontecimiento realmente muy significativo desde el punto de vista ecuménico e incluso político – aún no siendo este el fin del viaje – dada la situación de división de la isla.

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En vísperas del viaje, se había creado un clima de grandes expectativas por los encuentros ecuménicos: incluso se sugirió la hipótesis de una posible mediación por parte del Arzobispo ortodoxo de Chipre Crisóstomo II para eventuales desarrollos en las relaciones entre Iglesia católica y Patriarcado ortodoxo de Moscú.


No hay nada de cierto en todo esto. No hay necesidad de ninguna obra de mediación con el Patriarcado de Moscú porque las relaciones son directas, muy respetuosas y muy bien establecidas. Más aún, diría que estamos en el camino de la normalización de nuestras relaciones con Moscú. Un proceso que, por otro lado, ya se había puesto en marcha antes de la elección de Benedicto XVI. Durante los funerales de Juan Pablo II, por ejemplo, el Patriarcado de Moscú estuvo muy cerca de nosotros. No sé en que se basaban las expectativas en vísperas de este viaje a Chipre. Ciertamente, Crisóstomo II hablará con el Patriarca Kirill de esta visita y creo que hablará muy bien. Es todo. La visita de Benedicto XVI a Chipre, sus encuentros con la Iglesia ortodoxa, deben ser considerados por lo que realmente han sido, es decir, pasos significativos en el camino de acercamiento entre las dos Iglesias, que ya está en un buen punto. Esencialmente, ha confirmado lo cerca que estamos y cómo las diferencias se van atenuando. El Arzobispo ortodoxo de Chipre es una persona muy fuerte, decidida, inteligente. Pero, sobre todo, es una persona abierta, capaz de mirar a su alrededor y de comprender las situaciones. Con Benedicto XVI hay una óptima sintonía: ha sido así desde el inicio. Cuando vino a Roma, quedó sorprendido por la familiaridad con la que fue recibido, y no sólo por el Papa. Y la cortesía con la que nos recibió en su casa ha sido extraordinaria. Con el Pontífice tiene una relación particular. Ha dado una demostración de esto delante de todos cuando, durante la Misa en el palacio del deporte en Nicosia, en el momento del intercambio de la paz, subió al altar y fraternalmente abrazó y besó al Papa. Lo mismo había hecho recibiéndolo en Paphos. Son gestos significativos.

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¿No le parece que ha mostrado también gran confianza en el rol que el Pontífice asume en el escenario internacional por su autoridad moral, al punto de pedirle ayuda por los sufrimientos que padecen los ortodoxos chipriotas a causa de la división de la isla?


El Arzobispo, lo repito, es una persona inteligente y abierta. Sabe que, en este momento, los cristianos están viviendo una situación muy difícil. En todo Medio Oriente son minoría y corren el riesgo de serlo cada vez más a causa de la emigración. Por lo tanto, sabe bien que es mejor que los cristianos afronten este momento unidos. Ninguna Iglesia puede enfrentarse con ciertas situaciones si permanece sola. Tiene necesidad de la solidaridad de las otras Iglesias hermanas. En este contexto, por ejemplo, para las Iglesias católicas de Medio Oriente será muy importante la próxima asamblea especial del Sínodo de los Obispos. Ellas serán llamadas a reflexionar sobre el sentido de estar juntas, de estar efectivamente en comunión, sobre el sentido del testimonio que están llamadas a dar juntas. Son estos los motivos que impulsan también a los ortodoxos a mirar con atención la próxima asamblea, en la cual participarán con sus delegados.

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¿En qué ha podido percibir los frutos positivos que este encuentro ha traído en lo inmediato?


En la familiaridad de la relación entre el Pontífice y el Arzobispo, en la disponibilidad de todo el Santo Sínodo para con el Papa y el séquito papal. Yo personalmente ya estuve en Chipre otras dos veces en los pasados meses y pude experimentar el progreso del entendimiento entre las dos Iglesias, sobre todo la determinación con la cual Crisóstomo II persigue este objetivo: el año pasado, por ejemplo, participé en el encuentro de la comisión teológica internacional en Paphos, donde pude constatar su convicción y su fuerza, también frente a las inevitables contestaciones. Existe realmente el deseo de unidad.

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¿Ha tenido la misma impresión en lo que respecta a las relaciones entre las Iglesias católicas en Oriente Medio?


Efectivamente, ha habido algún problema, algún momento de incomprensión: nada asombroso pero creo que también para esto es muy importante la asamblea sinodal. Son Iglesias que viven lejos entre ellas y no se encuentran muy a menudo. Por lo tanto, será importante que comiencen a hacerlo, precisamente gracias a esta reunión sinodal. Sobre este tema puedo dar un testimonio personal ya que cada año voy a Jerusalén y participo en encuentros entre los patriarcas de estas Iglesias, los cuales, en estas circunstancias, toman conciencia efectivamente del carácter común de ciertas problemáticas. A mí me piden involucrar a la Iglesia católica universal para que no falte la solidaridad internacional.

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¿Qué se lleva consigo a Roma de este viaje?


En primer lugar, la imagen de la gran alegría marcada en los rostros de la gente en torno al Papa. Si es cierto que los cristianos son una minoría, es también cierto que son capaces de ofrecer una demostración de gran entusiasmo, capaz de encender los ánimos también de los no católicos. Y me han asegurado que, más allá de las ceremonias oficiales, no había nada preparado y preconfeccionado. Por lo tanto, se ha tratado sobre todo de gestos espontáneos. Traigo conmigo la alegría de un pueblo que habitualmente debe enfrentarse con el sufrimiento.

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Fuente: L’Osservatore Romano


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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No hagamos un regalo al enemigo

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Santa Misa de conclusión del Año Sacerdotal

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En estos últimos días se ha hablado bastante, en medios católicos, de la inesperada decisión de no proclamar a San Juan María Vianney patrono de todos los sacerdotes. Esta iniciativa, que fue comunicada por la Congregación para el Clero ya desde el anuncio del Año Sacerdotal aunque no fue mencionada por el Papa en su discurso, fue confirmada muy recientemente por la Oficina de Prensa. Sin embargo, finalmente no se realizó.


Dejando a un lado las valoraciones sobre la omisión de este acto, hay que reconocer que San Juan María Vianney sí fue reconocido como un modelo válido para los sacerdotes de nuestros tiempos en todas las iniciativas promovidas por la Santa Sede durante este año así como también en los discursos papales. De hecho, ha sido por el aniversario de su muerte que se convocó este Año Sacerdotal e incluso en la misma homilía de la Misa de clausura, Benedicto XVI afirmó que el Santo Cura de Ars es un “modelo del ministerio sacerdotal en nuestros días”. Lo que no se ha hecho, por razones que desconocemos, es la proclamación de este santo sacerdote como patrono de todos los sacerdotes del mundo, manteniendo el tradicional título de “patrono de los párrocos”.


En algunos de los análisis sobre la cuestión, pareció insinuarse la imagen de un Pontífice débil, que no logra imponer su voluntad, que termina siendo absorbido por círculos de poder que lo rodean y no le permiten gobernar, logrando que renuncie a realizar aquellos actos que considera necesarios. Esta visión, tal vez favorecida por la desilusión ante la ausencia de un gesto esperado y por la constatación de una real oposición al Papa en algunos ambientes de la Curia, no corresponde con la realidad. El Papa, en estos años de Pontificado, nos ha demostrado precisamente lo contrario. Esta característica suya es reconocida tanto por aquellos que están más cerca de él como por sus más fervientes enemigos. Es un hombre coherente, que cuando considera que debe realizar algo, lo hace, independientemente de las críticas que por ello reciba o de las consecuencias que ello provoque.


Sobre este tema, el vaticanista Salvatore Izzo publicó, en el conocido “Papa Ratzinger Blog”, un valioso comentario, cuya traducción aquí presentamos.

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Ayer y hoy hemos visto un Papa muy valiente, lúcido, sólido, capaz de gastarse hasta el fondo por la Iglesia y sobre todo de asumir sobre sí mismo – como Jesús sobre la Cruz – tanto el dolor de las víctimas inocentes de los abusos como las culpas de aquellos sacerdotes criminales. Todo con una transparencia de intenciones que sinceramente me conmueve y que pienso, y espero, podrá revelarse realmente sanadora para la Iglesia. Pues bien, ¿cómo podemos pensar que un hombre así pueda ser rehén de las oficinas de la Curia (comprendiendo, en esta expresión, desde el Secretario de Estado hasta el portavoz, pasando por los jefes de dicasterio)? A mí me parece bien claro que no estamos frente a ningún sabotaje: la decisión de proclamar o no proclamar al Cura de Ars patrono de los sacerdotes concierne al Papa y sólo a él. Si ha decidido suspenderla, es una elección asumida responsablemente, sobre la cual no me permito expresar críticas ni hacer hipótesis. Es absurdo también pensar que el problema sea la demora de algún amanuense en la preparación del Motu proprio.


Las resistencias a la acción de Benedicto XVI, también en una parte de la Curia, lamentablemente son reales, pero no conciernen a los actos que competen directamente al Papa, el cual hoy habría podido tranquilamente proceder – si hubiese querido hacerlo –, anunciando la proclamación y reenviando el documento a una fecha sucesiva. Por desgracia, hay muchas otras decisiones que el Papa toma y que muchos en la Iglesia tratan de obstaculizar, como hemos visto con el Motu proprio sobre la forma extraordinaria del rito latino y también con las oposiciones de algunos episcopados frente a nombramientos como el del auxiliar de Linz y al levantamiento de las excomuniones a los obispos lefebvristas. Estas resistencias, Joseph Ratzinger las conoce bien y sabe cómo afrontarlas. No hay necesidad de inventarnos otras que no son verosímiles. Debemos tener cuidado de no provocar, en quienes apoyan al Papa con sus oraciones, un síndrome de asedio que finalmente le haría parecer débil. No es así. Benedicto XVI, en efecto, no es un Papa desarmado. No hagamos un regalo al “enemigo”, del que nos ha hablado en la homilía de hoy, acreditando esta idea que algunos medios repiten con tediosa insistencia. Su fuerza es la de la razón sostenida por una fe profunda, como hemos visto en Plaza San Pedro esta mañana, y también la semana pasada en Chipre, y un mes atrás en Fátima. No debemos temer, nos repite: el Señor no nos deja solos en la oscuridad.


Y él, el Papa, ciertamente es consciente de la situación difícil que atravesamos. Pero no se deja asustar ni desviar: avanza derecho por el camino que considera que debe seguir, sin dejarse condicionar por nadie. Nos lo ha demostrado con el caso Maciel. Lo veremos con los nombramientos de las próximas semanas – el del visitador de los Legionarios y, sobre todo, el de quien irá a la cabeza de la Congregación para los Obispos – que alguno parece en estos días querer condicionar con anticipaciones infundadas. Gracias por la hospitalidad.


Salvatore Izzo (vaticanista de AGI)

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Fuente: Il blog degli amici di Papa Ratzinger


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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viernes, 11 de junio de 2010

Magnífica conclusión del Año Sacerdotal

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El Año Sacerdotal, esta gran iniciativa de nuestro Santo Padre con ocasión del 150º aniversario del dies natalis de San Juan María Vianney, ha llegado a su fin. Con la celebración, en Plaza San Pedro, de una intensa Vigilia de Oración ayer por la noche y de la Santa Misa esta mañana, se cierra este año de gracia en el que la Iglesia ha reflexionado y valorado pero principalmente orado por todos sus sacerdotes; un año que ha estado marcado también por el sufrimiento de la Iglesia ante los graves pecados de algunos pocos sacerdotes y por el sufrimiento del Pastor universal de la Iglesia al ser objeto de ataques despiadados, ciertamente por su fidelidad plena a Cristo, que lo convierte en un auténtico ejemplo para todos los sacerdotes de la Iglesia.


El mensaje de Su Santidad ha sido bello y luminoso, comenzando por la Vigilia de ayer por la noche, cuando respondió espontáneamente pero con la sabiduría de un gran maestro de la fe, a las preguntas de cinco sacerdotes. Y continuando por la preciosa homilía pronunciada hace algunos momentos, de la cual queremos destacar dos breves pasajes, especialmente fuertes y significativos, y ante los cuales las palabras del Santo Padre fueron espontáneamente aplaudidas por los quince mil sacerdotes que concelebraron la Sagrada Eucaristía. “Era de esperar que al «enemigo» no le gustara que el sacerdocio brillara de nuevo”, confesó Benedicto XVI. E incluso afirmó: “Hoy vemos que no se trata de amor, cuando se toleran comportamientos indignos de la vida sacerdotal. Como tampoco se trata de amor si se deja proliferar la herejía, la tergiversación y la destrucción de la fe, como si nosotros inventáramos la fe autónomamente”. El texto completo de la homilía puede encontrarse en el sitio web de la Santa Sede.


Oremos fervientemente a nuestro Dios para que este Año Sacerdotal, que hoy se concluye, continúe dando frutos de santidad sacerdotal en toda la Iglesia; para que todos los sacerdotes, fieles al Amor del Corazón de Jesús, se entreguen completamente a Aquel que los ha llamado; para que nuestro Sumo Pontífice, este don precioso que el Espíritu de Dios ha regalado a la Iglesia en estos tiempos de desorientación, continúe guiando por mucho tiempo a la Iglesia con el amor de padre, la sabiduría de maestro, y la firmeza de la Roca.

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“El sacerdocio no es un simple «oficio», sino un sacramento: Dios se vale de un hombre con sus limitaciones para estar, a través de él, presente entre los hombres y actuar en su favor. Esta audacia de Dios, que se abandona en las manos de seres humanos; que, aun conociendo nuestras debilidades, considera a los hombres capaces de actuar y presentarse en su lugar, esta audacia de Dios es realmente la mayor grandeza que se oculta en la palabra «sacerdocio». Que Dios nos considere capaces de esto; que por eso llame a su servicio a hombres y, así, se una a ellos desde dentro, esto es lo que en este año hemos querido de nuevo considerar y comprender. Queríamos despertar la alegría de que Dios esté tan cerca de nosotros, y la gratitud por el hecho de que Él se confíe a nuestra debilidad; que Él nos guíe y nos ayude día tras día. Queríamos también, así, enseñar de nuevo a los jóvenes que esta vocación, esta comunión de servicio por Dios y con Dios, existe; más aún, que Dios está esperando nuestro «sí». Junto con la Iglesia, hemos querido destacar de nuevo que tenemos que pedir a Dios esta vocación. Pedimos trabajadores para la mies de Dios, y esta plegaria a Dios es, al mismo tiempo, una llamada de Dios al corazón de jóvenes que se consideren capaces de eso mismo para lo que Dios los cree capaces. Era de esperar que al «enemigo» no le gustara que el sacerdocio brillara de nuevo; él hubiera preferido verlo desaparecer, para que al fin Dios fuera arrojado del mundo. Y así ha ocurrido que, precisamente en este año de alegría por el sacramento del sacerdocio, han salido a la luz los pecados de los sacerdotes, sobre todo el abuso a los pequeños, en el cual el sacerdocio, que lleva a cabo la solicitud de Dios por el bien del hombre, se convierte en lo contrario. También nosotros pedimos perdón insistentemente a Dios y a las personas afectadas, mientras prometemos que queremos hacer todo lo posible para que semejante abuso no vuelva a suceder jamás; que en la admisión al ministerio sacerdotal y en la formación que prepara al mismo haremos todo lo posible para examinar la autenticidad de la vocación; y que queremos acompañar aún más a los sacerdotes en su camino, para que el Señor los proteja y los custodie en las situaciones dolorosas y en los peligros de la vida. Si el Año Sacerdotal hubiera sido una glorificación de nuestros logros humanos personales, habría sido destruido por estos hechos. Pero, para nosotros, se trataba precisamente de lo contrario, de sentirnos agradecidos por el don de Dios, un don que se lleva en «vasijas de barro», y que una y otra vez, a través de toda la debilidad humana, hace visible su amor en el mundo. Así, consideramos lo ocurrido como una tarea de purificación, un quehacer que nos acompaña hacia el futuro y que nos hace reconocer y amar más aún el gran don de Dios. De este modo, el don se convierte en el compromiso de responder al valor y la humildad de Dios con nuestro valor y nuestra humildad. La palabra de Cristo, que hemos entonado como canto de entrada en la liturgia de hoy, puede decirnos en este momento lo que significa hacerse y ser sacerdote: «Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt11,29).”


“«Tu vara y tu cayado me sosiegan»: el pastor necesita la vara contra las bestias salvajes que quieren atacar el rebaño; contra los salteadores que buscan su botín. Junto a la vara está el cayado, que sostiene y ayuda a atravesar los lugares difíciles. Las dos cosas entran dentro del ministerio de la Iglesia, del ministerio del sacerdote. También la Iglesia debe usar la vara del pastor, la vara con la que protege la fe contra los farsantes, contra las orientaciones que son, en realidad, desorientaciones. En efecto, el uso de la vara puede ser un servicio de amor. Hoy vemos que no se trata de amor, cuando se toleran comportamientos indignos de la vida sacerdotal. Como tampoco se trata de amor si se deja proliferar la herejía, la tergiversación y la destrucción de la fe, como si nosotros inventáramos la fe autónomamente. Como si ya no fuese un don de Dios, la perla preciosa que no dejamos que nos arranquen. Al mismo tiempo, sin embargo, la vara continuamente debe transformarse en el cayado del pastor, cayado que ayude a los hombres a poder caminar por senderos difíciles y seguir a Cristo.”

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jueves, 10 de junio de 2010

Dos enigmas vaticanos: el nuevo Prefecto de Obispos y la cancelada proclamación del Patrono de los sacerdotes

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El vaticanista Andrea Tornielli, en su blog Sacri Palazzi, ha publicado hoy dos artículos sobres dos “enigmas” presentes en Roma en estos días. Uno se refiere al posible rechazo, por parte del Cardenal Pell, del cargo de Prefecto de la Congregación para los Obispos, y los eventuales candidatos en el caso de que esta noticia se confirmara. El otro hace referencia a la proclamación de San Juan María Vianney como patrono de todos los sacerdotes que, estando prevista para mañana en la clausura del Año Sacerdotal, parece haber sido cancelada a último momento: si bien hay diferentes versiones sobre la veracidad de esto último, las palabras del Padre Lombardi parecen confirmar este cambio de planes. Ofrecemos nuestra traducción de estos dos breves artículos.

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¿Pell renuncia? El enigma de la sucesión al cardenal Re


La decisión se había tomado desde hace tiempo, si bien él, el cardenal George Pell, arzobispo de Sidney, aunque diciéndose pronto a obedecer al Papa, había manifestado más de una reserva vinculada con su edad y con el pesar por dejar Australia. La Santa Sede ya le había propuesto un apartamento cardenalicio en via Rusticucci, signo inequívoco de la voluntad de llamarlo al Vaticano. Después del último encuentro cara a cara con el Papa, algunas semanas atrás, Pell había tenido también un largo diálogo con el cardenal Giovanni Battista Re.


Ahora, cuando faltan ya pocos días para la fecha en la que se presumía que se haría el nombramiento, todo se ha vuelto a poner en discusión. Tres días atrás, el blog español de Francisco José Fernández de la Cigoña, habitualmente bien informado (fue él quien anticipó la noticia del levantamiento de la excomunión a los obispos lefebvristas), anunció la “mala noticia” de la renuncia de Pell, explicando que los motivos serían de edad y de salud. En las pasadas semanas se habían conocido las protestas de una asociación irlandesa de víctimas de la pedofilia que lo había criticado públicamente por la gestión de algunos casos ocurridos en el pasado en Australia. No es posible saber si también estas polémicas mediáticas han tenido alguna influencia.


Pell, un purpurado franco, ajeno a cualquier “cordata” y muy estimado por Benedicto XVI, ¿no será, entonces, el nuevo Prefecto de los obispos? No está dicha todavía la última palabra y muchos esperan que el Papa lo convenza a aceptar el cargo, anunciando el nombramiento antes del 29 de junio. Mientras tanto, sin embargo, comienzan a circular los nombres de otros posibles candidatos: en el caso de que se mantenga la hipótesis de un purpurado no italiano, se habla del presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, el polaco Stanislaw Rylko; o del primado de Canadá, Marc Ouellet. Mientras que “Il Messaggero” de hoy, confirmando la noticia de la renuncia de Pell, da los nombres de tres posibles candidatos italianos: el nuncio apostólico en Italia, Giuseppe Bertello (ya indicado varias veces como posible nuevo Prefecto de los obispos); el arzobispo Paolo Sardi (Pro-patrono de la Orden de Malta, sinceramente poco verosímil dado que ya ha cumplio 75 años); el arzobispo Mauro Piacenza, secretario de la Congregación para el Clero. A estos habría que añadir probablemente también al actual presidente de la CEI, el arzobispo de Génova Angelo Bagnasco.


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La “novela” del patrono cancelado: el cura de Ars


La agencia francesa I-Media ha revelado que Benedicto XVI no proclamará a Juan María Vianney, el santo Cura de Ars, patrono de los sacerdotes de todo el mundo. La proclamación debía realizarse mañana, por medio de la publicación de un Motu proprio papal, al final de la Misa para la conclusión del Año Sacerdotal. La noticia había sido anunciada por la Oficina para las Celebraciones Litúrgicas y publicada en la página 8 del L’Osservatore Romano del 9 de junio: “San Juan María Vianney ha estado en el centro del Año Sacerdotal y en esta ocasión será proclamado por Benedicto XVI patrono de todos los presbíteros”. Por lo tanto, esta proclamación, fruto casi natural de un año de reflexión sobre el sacerdocio ordenado que había visto al Papa presentando como modelo precisamente al Cura de Ars, estaba establecida desde hace tiempo.


Según I-Media, la decisión habría sido tomada in extremis porque el Cura de Ars no es “suficientemente representativo del sacerdocio del siglo XXI, ni suficientemente universal”. Además, no refleja – como, por otro lado, ya se podía argumentar un año atrás – “completamente la figura del sacerdote de hoy, en la época de la comunicación”. Habiendo muerto un siglo y medio atrás, don Vianney no usaba la computadora ni podía navegar en internet. Interpelado por la agencia Asca, el portavoz vaticano, padre Federico Lombardi, dijo: “Aún si en los pasados días se habló del hecho de que el viernes 11 el Papa habría podido proclamar al Cura de Ars patrono de los sacerdotes de todo el mundo, él ya es «patrono de los párrocos»”. Esto no quita la centralidad de su figura, agregó Lombardi, concluyendo que “hay muchas otras figuras que pueden servir de modelo para los sacerdotes del mundo. El mismo Papa, durante el Año Sacerdotal, ha hablado de muchos otros modelos de sacerdote, como recientemente en Turín con ocasión de la ostensión de la Sábana Santa”.


Hay que admitir que el anuncio de la Oficina para las Celebraciones Litúrgicas (hasta el momento, aún presente en el sitio vaticano), publicado en el periódico de la Santa Sede, es algo más que un rumor. Entonces, ¿qué ha sucedido? ¿Por qué el Cura de Ars, ya patrono de todos los sacerdotes franceses desde 1905, proclamado patrono de los párrocos del mundo por Juan XXIII, no se convertirá también en patrono de los sacerdotes de todo el mundo? Del otro lado del Tíber se habla de la protesta de algunos episcopados no europeos, que habrían preferido una figura menos ligada al Viejo Continente. Pero está también quien especula que a la marcha atrás pudo haber contribuido algún retraso “técnico” en las oficinas vaticanas.


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Fuente: Sacri Palazzi


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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Clausura del Año Sacerdotal: Mons. Marini comenta las particularidades litúrgicas

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Benedicto XVI celebrará la Santa Misa con el cáliz del Cura de Ars

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Ayer han comenzado las celebraciones conclusivas del Año Sacerdotal, providencial iniciativa del Papa Benedicto XVI con ocasión del 150º aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars. El Santo Padre se unirá a las celebraciones hoy por la noche, presidiendo una Vigilia de oración en plaza San Pedro, donde el viernes por la mañana celebrará la Santa Misa. Será la reunión internacional de sacerdotes más numerosa de la historia. Ofrecemos nuestra traducción de un artículo en el que Monseñor Guido Marini comenta algunas particularidades litúrgicas de estas importantes celebraciones.

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Benedicto XVI celebrará la Misa de clausura del Año Sacerdotal – programada para el viernes 11 de junio, por la mañana, en plaza San Pedro – con el cáliz usado por san Juan María Vianney, que se conserva en la parroquia del Cura de Ars. Lo informa el maestro de las Celebraciones litúrgicas del Sumo Pontífice, monseñor Guido Marini, anticipando que será la Eucaristía con el mayor número de concelebrantes – se esperan quince mil – que se haya realizado en Roma.


Debido a las circunstancias extraordinarias, la celebración incluye también otras particularidades. En primer lugar, el rito de la aspersión con el agua bendita como acto penitencial: cuatro cardenales concelebrantes se unirán al Papa para rociar a la asamblea. Se ha pensado en este rito – explica monseñor Marini – considerando la solemnidad del Sagrado Corazón y la referencia a la sangre y el agua que manan del corazón del Señor para la salvación del mundo pero también para retomar el tema de la purificación, sobre el cual el Pontífice ha vuelto recientemente en diversas circunstancias.


En segundo lugar, después de la homilía, los presbíteros renovarán las promesas sacerdotales, como en el día del Jueves Santo en la Misa crismal. Además, al final de la celebración, antes de la bendición conclusiva, el Papa renovará el acto de entrega y de consagración de los sacerdotes a la Virgen María, según la fórmula usada con ocasión de la reciente peregrinación a Fátima. El acto se realizará frente al original de la Virgen Salus populi Romani, en razón del particular significado que tal imagen mariana tiene en Roma. Cuarta y última particularidad: un gran tapiz con la imagen del santo Cura de Ars será colocado en el balcón central de la Basílica. San Juan María Vianney ha estado en el centro del Año Sacerdotal y en esta ocasión será proclamado por Benedicto XVI patrono de todos los presbíteros.


En preparación a la Misa conclusiva, en la tarde del jueves 10, a partir de las 21.30, el Pontífice presidirá la vigilia de oración, que estará precedida por una hora de meditaciones y reflexiones a cargo de la Congregación para el Clero. El programa prevé la llegada en papamóvil de Benedicto XVI, recibido con el canto del Tu es Petrus y por la bienvenida del cardenal Hummes, prefecto del dicasterio para el Clero. El saludo litúrgico del Papa con la sucesiva oración y la lectura de una página evangélica introducirán las preguntas por parte de cinco sacerdotes, a las cuales se alternarán las respuestas de Benedicto XVI. Luego del canto del Pater noster seguirá la procesión con el Santísimo Sacramento, que accederá a la plaza por el Portón de Bronce de la basílica Vaticana.


El palio procesional – precedido por dos guardias suizos – será sostenido por ocho hombres de la asociación Santos Pedro y Pablo, mientras que doce estudiantes universitarios portarán las antorchas. El servicio litúrgico está a cargo del Pontificio Colegio Escocés.


Después de la exposición del Santísimo y un momento de adoración silenciosa, el Papa recitará la oración del Año Sacerdotal. Finalmente, el himno Tantum ergo precederá a la bendición eucarística, seguida del canto conclusivo Salve Regina que acompañará la salida del Pontífice, en torno a las 22.30, a través de la puerta central de la basílica.


El viernes por la mañana, a las 10, será la Misa, en la cual está prevista también una participación significativa por parte de los fieles. Por eso, se ha dispuesto que cerca de cuatrocientos sacerdotes y diáconos se encarguen de la distribución de la Comunión. Previamente, desde las 9.10 hasta las 9.40 horas, se interpretarán cantos y piezas musicales con el fin de llevar a todos a un clima de recogimiento y de oración. Antes del inicio de la celebración, se darán indicaciones en varias lenguas para ayudar a los presentes a una participación lo más digna y atenta posible.


Benedicto XVI entrará en la plaza con el papamóvil, uniéndose a la procesión de los cardenales concelebrantes, y saldrá de la plaza, al final de la Misa, también en papamóvil. Realizarán el servicio litúrgico los seminaristas de los Rogacionistas del Corazón de Jesús, considerando su específico carisma vocacional.

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Fuente: Il blog degli amici di Papa Ratzinger


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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miércoles, 9 de junio de 2010

Una buena noticia: primavera vocacional en Australia

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A pesar del escándalo de la pedofilia que ha sacudido a la Iglesia católica mundial, el Año Sacerdotal convocado por el Papa Benedicto XVI se cierra el viernes registrando, en Australia, una ola de nuevos sacerdotes y de seminaristas que no se veía desde hace décadas, favorecida también por la Jornada Mundial de la Juventud del 2008. La tendencia, que el rector del Seminario Corpus Christi de Melbourne define “milagrosa”, es a escala nacional.


El viernes, el cardenal George Pell, Arzobispo de Sidney, ordenará seis sacerdotes en la catedral de St. Mary’s, y otros tres serán ordenados en varias parroquias de la ciudad. Seis sacerdotes serán ordenados este año en Melbourne, donde se preparan 50 seminaristas, mientras que el seminario debió rechazar a 25 candidatos que, en su mayoría, habían presentado la solicitud en internet desde el exterior. En Brisbane, el seminario abierto en el 2008 para 16 estudiantes ha comenzado una reestructuración que duplicará su capacidad. Los alumnos que se preparan para la ordenación en Sidney son 63 (en el 2000 eran 17), a los que se añaden 40 en Perth y 20 en Wagga.


El rector del Seminario del Buen Pastor de Sidney, padre Anthony Percy, atribuye el crecimiento de las vocaciones a la crisis moral que tiene lugar en el mundo contemporáneo. “En un mundo pobre de creencias y de valores, muchos jóvenes buscan algo sólido, y pienso que lo encuentran en la fe católica”, dijo. “El Papa Juan Pablo II y las jornadas mundiales de la juventud, la más reciente celebrada por Benedicto XVI en Sidney, han inspirado a esta generación”.

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Fuente: Il blog degli amici di Papa Ratzinger


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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martes, 8 de junio de 2010

El Papa en Chipre: paz, testimonio y diálogo… pero el mundo necesita la Cruz

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Santa Misa conclusiva con la presencia de patriarcas y obispos de Medio Oriente

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El primer viaje de Benedicto XVI a una nación de mayoría ortodoxa se ha concretado cuando el Obispo de Roma, el pasado viernes 4 de junio, pisó el suelo de Chipre, convirtiéndose también en el primer Papa que visita la isla en 2000 años de cristianismo.


Uno de los principales motivos del décimo sexto viaje apostólico de Benedicto XVI fue la entrega del Instrumentum laboris de la asamblea especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos, que se celebrará el próximo mes de octubre en el Vaticano. Pero el viaje también ha sido querido por el Santo Padre para confirmar en la fe, por primera vez en su propia tierra, a la pequeña comunidad católica chipriota (tan sólo un 3% de la población). Finalmente, como el mismo Pontífice expresó antes de dejar el país, la visita quiso marcar un nuevo paso adelante en el camino hacia “la meta de una perfecta unidad en la caridad” entre católicos y ortodoxos.


El viaje papal, que se inició en un contexto de gran dolor por el asesinato de Mons. Padovese, fue resumida por el mismo Papa en los grandes temas del testimonio de nuestra fe en un único Dios, el diálogo y la paz. En efecto, durante el encuentro con los periodistas en el avión, el Papa explicó que no se refería a la paz como un añadido político a la actividad religiosa de la Iglesia ya que la paz es una palabra del corazón de la fe. Y ante una nación que sufre desde hace más de treinta años las consecuencias de un grave conflicto político, el Papa afirmó con claridad: “no vengo con un mensaje político sino con un mensaje religioso, que debería preparar más a las almas para encontrar la apertura a la paz. Estas no son cosas que se hagan de un día para el otro pero es muy importante no sólo dar los necesarios pasos políticos sino, sobre todo, preparar las almas para ser capaces de dar los pasos políticos necesarios, crear esa apertura interior para la paz que, finalmente, viene de la fe en Dios”. El Papa Ratzinger, de quien Don Nicola Bux suele destacar precisamente “la paciencia del amor”, insistió en esta virtud también al nivel de las relaciones internacionales: “Después de todos los casos de violencia, no perder la paciencia, no perder el valor, no perder la longanimidad de volver a empezar; crear estas disposiciones del corazón para empezar siempre de nuevo, en la certeza de que podemos ir adelante, que podemos llegar a la paz, que la violencia no es la solución, sino la paciencia del bien. Crear esta disposición me parece el principal trabajo que el Vaticano y sus órganos y el Papa pueden hacer [para contribuir a superar el difícil momento de Medio Oriente]”.


En las palabras pronunciadas durante la ceremonia de bienvenida, el Papa quiso explicar la razón de que el “primer paso” del Sínodo se realizara allí: “Chipre es un sitio apropiado desde el que impulsar la reflexión de nuestra Iglesia sobre el puesto de la secular comunidad católica en el Medio Oriente, nuestra solidaridad con todos los cristianos de la región y nuestra convicción del papel insustituible que tienen en la consolidación de la paz y la reconciliación entre los pueblos”. Además, desde el primer momento de su visita, saludó “como a un hermano en la fe a Su Beatitud Crisóstomo II, Arzobispo de Nea Justiniana y de todo Chipre”, con quien se encontró poco tiempo después en el marco de una celebración ecuménica. Allí, el Sucesor de Pedro afirmó que “la Iglesia en Chipre puede sentirse orgullosa de sus vínculos directos con la predicación de Pablo, Bernabé y Marcos, y de su comunión con la fe apostólica, una comunión que la une a todas las Iglesias que tienen la misma norma de fe. Ésta es la comunión, real aunque imperfecta, que ya hoy nos une, y que nos impulsa a superar nuestras divisiones y a luchar por recuperar aquella plena unidad visible, que el Señor quiere para todos sus seguidores”. En el mismo discurso, Su Santidad recordó que “conversión y santidad son los medios privilegiados para abrir la mente y el corazón a la voluntad del Señor que quiere la unidad de su Iglesia”.


En su primer encuentro con la comunidad católica chipriota, formada principalmente por latinos y maronitas, el Vicario de Cristo los animó a “contribuir de un modo concreto en la vida diaria a la mayor unidad de los cristianos”. Además, preocupado por un auténtico diálogo entre los creyentes de diversas religiones, afirmó que “sólo una labor paciente puede edificar la confianza mutua, superar el peso de la historia y convertir las diferencias políticas y culturales entre los pueblos en motivo para procurar un mayor entendimiento”. Finalmente, en el marco del Año Sacerdotal, el Sumo Pontífice reiteró “la necesidad de sacerdotes buenos, santos y bien preparados”.


Al encontrarse con el mundo político y diplomático, Benedicto XVI señaló tres caminos para promover la verdad moral: en primer lugar, actuar de manera responsable partiendo del conocimiento de los hechos, adquiriendo una visión objetiva y completa de una determinada cuestión; en segundo lugar, poner al descubierto las ideologías políticas que pretenden suplantar la verdad, dado que “en nuestros días, asistimos a continuos intentos de fomentar supuestos valores bajo la apariencia de paz, desarrollo y derechos humanos”; en tercer lugar, realizar un esfuerzo constante para fundamentar la ley positiva sobre los principios éticos de la ley natural, ya que “individuos, comunidades y estados, sin la guía de verdades morales objetivas, se volverían egoístas y sin escrúpulos, y el mundo sería un lugar más peligroso para vivir”.

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Crisóstomos II, Arzobispo ortodoxo de Chipre, recibe al Papa Benedicto XVI

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La dimensión ecuménica de este viaje apostólico merece una mención especial. Se ha tratado, como ya mencionamos, del primer viaje de Benedicto XVI a una nación ortodoxa (un deseo que Juan Pablo II sólo pudo realizar 21 años después del inicio de su Pontificado con el histórico viaje a Rumania). Como muchos observadores han señalado, Benedicto XVI y Crisóstomos II han entablado una relación personal cordialísima. El Arzobispo ortodoxo de Chipre nunca ha ocultado su admiración por el actual Obispo de Roma e incluso ha manifestado su voluntad de servir de puente para un futuro encuentro del Papa con el Patriarca de Moscú. El Arzobispo recibió con gran cordialidad y alegría a aquel que, durante su visita a Roma tres años atrás, había descrito como “teólogo sabio, incansable pastor y dinámico líder eclesiástico”. Crisóstomos II acompañó al Papa en todos los actos públicos que el Pontífice celebró en Chipre y lo recibió en el Arzobispado ortodoxo de Nicosia el sábado por la tarde. Durante el encuentro, y antes del coloquio privado, el Papa pronunció un discurso en el que agradeció “el apoyo que la Iglesia de Chipre ha dado siempre a los trabajos del diálogo, mediante la claridad y apertura de sus aportaciones” y rogó “que el Espíritu Santo dirija y consolide esta gran iniciativa eclesial, que pretende restaurar la comunión plena y visible entre las Iglesias de Oriente y Occidente, una comunión que debe ser vivida en fidelidad al Evangelio y a la tradición apostólica, apreciando las legítimas tradiciones de Oriente y Occidente, y abierta a la diversidad de dones con los que el Espíritu edifica la Iglesia en unidad, santidad y paz”.


Los momentos más importantes que el Sucesor de Pedro compartió con la comunidad católico chipriota fueron, naturalmente, las dos celebraciones eucarísticas que presidió durante su estadía en la isla. El sábado por la tarde, en la iglesia latina de la Santa Cruz, Benedicto XVI celebró la Santa Misa con sacerdotes, religiosos y catequistas. En la homilía, el Papa presentó toda una teología de la cruz: “La cruz es algo más grande y misterioso de lo que puede parecer a primera vista. Indudablemente, es un instrumento de tortura, de sufrimiento y derrota, pero al mismo tiempo muestra la completa transformación, la victoria definitiva sobre estos males, y esto la convierte en el símbolo más elocuente de la esperanza que el mundo haya visto jamás. Habla a todos los que sufren… y les ofrece la esperanza de que Dios puede convertir su dolor en alegría, su aislamiento en comunión, su muerte en vida. Ofrece esperanza ilimitada a nuestro mundo caído”. Y en el pasaje central de su predicación afirmó: “Por eso, el mundo necesita la cruz. No es simplemente un símbolo privado de devoción, no es un distintivo de pertenencia a un grupo dentro de la sociedad, y su significado más profundo no tiene nada que ver con la imposición forzada de un credo o de una filosofía. Un mundo sin cruz sería un mundo sin esperanza, un mundo en el que la tortura y la brutalidad no tendrían límite, donde el débil sería subyugado y la codicia tendría la última palabra. La inhumanidad del hombre hacia el hombre se manifestaría de modo todavía más horrible, y el círculo vicioso de la violencia no tendría fin. Sólo la cruz puede poner fin a todo ello. Mientras que ningún poder terreno puede salvarnos de las consecuencias de nuestro pecado, y ninguna potencia terrena puede derrotar la injusticia en su origen, la intervención redentora de Dios Amor puede transformar radicalmente la realidad del pecado y la muerte. Esto es lo que celebramos cuando nos gloriamos en la cruz del Redentor”.


El misterio de la Cruz de Cristo, que podríamos considerar como el “corazón” del mensaje que Benedicto XVI quiso transmitir en Chipre, ilumina de modo especial a los sacerdotes, a quienes el Papa dijo: “Mientras pensamos en nuestras faltas, tanto individual como comunitariamente, reconozcamos humildemente que hemos merecido el castigo que Él, Cordero inocente, ha sufrido por nosotros. Y si, en consonancia con cuanto nos merecemos, participamos en el sufrimiento de Cristo, alegrémonos porque tendremos una felicidad mucho más grande cuando se revele su gloria”. Este mismo misterio envuelve a aquellos cristianos que, en regiones como Oriente Medio, sufren dificultades y contrariedades: “abrazando la cruz que se les presenta – dijo Benedicto XVI -, los sacerdotes y religiosos de Oriente Medio pueden irradiar realmente la esperanza que está en el centro del misterio que celebramos en la liturgia de hoy”.


La Santa Misa que el Sucesor de Pedro presidió el pasado domingo en Nicosia fue el culmen de su viaje apostólico y, al mismo tiempo, hizo presente a toda la región de Medio Oriente, con la participación de los patriarcas y obispos de las distintas comunidades eclesiásticas allí presentes. En su homilía, Benedicto XVI exhortó a los presentes a “ser Cristo” para aquellos que los rodean, poniendo como ejemplo a las primitivas comunidades cristianas: “Ponían sus bienes en común y cualquier apego material era superado por amor a los hermanos. Encontraban soluciones equitativas a sus diferencias […] Así, un atento observador pudo comentar poco más tarde: «Mirad cómo se aman estos cristianos, y cómo están dispuestos a morir unos por otros» (Tertuliano, Apologia, 39). Más aún, su amor no se limitaba al grupo de los creyentes. No se veían a sí mismos como beneficiarios exclusivos y privilegiados de los favores divinos, sino más bien como mensajeros, para llevar la buena noticia de la salvación en Cristo hasta los confines del mundo. De esta manera, el mensaje que Cristo resucitado confió a los Apóstoles se extendió con rapidez por todo el Medio Oriente, y desde allí por el mundo entero”.


Antes de concluir la Santa Misa, y de entregar el Instrumentum laboris del próximo Sínodo, Benedicto XVI pronunció un breve discurso en el cual afirmó que “la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos, convocada a petición vuestra, intentará profundizar los vínculos de comunión entre los miembros de vuestras Iglesias locales, así como entre esas mismas Iglesias y con la Iglesia universal. Esta Asamblea desea también animaros en el testimonio que dais de vuestra fe en Cristo, en los países donde esta fe ha nacido y crecido”. Además, reconociendo el “papel inestimable” realizado por estas comunidades, expresó su esperanza de que todos sus derechos sean cada vez más respetados y exhortó a la comunidad internacional a buscar una solución justa y duradera a los conflictos y tensiones que persisten en Medio Oriente, “antes de que dichos conflictos lleven a un mayor derramamiento de sangre”.

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El Papa se encuentra con un anciano jeque sufí. El Gran Muftí de Chipre

no pudo llegar a tiempo porque fue bloqueado por la policía local en la frontera

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Finalmente, en la ceremonia de despedida, el Peregrino Apostólico se refirió en forma explícita al problema de la ocupación turca en el norte de la isla, un problema que había sido mencionado en sus alocuciones tanto por el Presidente de la República como por el Arzobispo ortodoxo: “Estas pasadas noches, alojándome en la Nunciatura Apostólica, he visto algo de la triste división de la isla, así como de la pérdida de una parte significativa del legado cultural que pertenece a toda la humanidad. He escuchado también a los chipriotas del norte que desean volver en paz a sus casas y lugares de culto, y me he conmovido profundamente por sus lamentos. Ciertamente, la verdad y la reconciliación, junto con el respeto, son las bases más sólidas para alcanzar un futuro de paz y unidad para la isla, y para la estabilidad y prosperidad de todas sus gentes. A este respecto, muchas cosas buenas se han alcanzado en los últimos años a través de un diálogo importante, aunque quede mucho por hacer para superar las divisiones. Le animo a usted y a sus conciudadanos a trabajar con paciencia y firmeza, junto con sus vecinos, en la construcción de un futuro mejor y más estable para todos sus hijos”.


De este modo, los “grandes temas” que Benedicto XVI había señalado al inicio de su viaje se fueron desarrollando en un mensaje intenso, cuyo centro indiscutible fue la Cruz de Cristo, único misterio capaz de dar esperanza a un mundo caído. Y el Papa, que como confesó recientemente en Portugal, “necesita abrirse cada vez más al misterio de la Cruz, abrazándola como única esperanza y última vía para ganar y reunir en el Crucificado a todos sus hermanos y hermanas en humanidad”, se convirtió una vez más en el primer testigo de esta Cruz gloriosa. Seguramente por eso, por su apertura interior a este misterio altísimo, también este viaje ha dado frutos tan valiosos.

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La Buhardilla de Jerónimo

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lunes, 7 de junio de 2010

Mons. Padovese, ¿mártir de la fe?

El obispo asesinado habría querido proteger al Papa Benedicto XVI

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Pocas horas antes del comienzo del viaje papal a Chipre, del cual esperamos ofrecer en los próximos días un breve resumen, un terrible hecho conmocionó a toda la Iglesia y al mismo Pontífice: el asesinato de Mons. Luigi Padovese, vicario apostólico de Anatolia y presidente de la Conferencia Episcopal de Turquía. Se trata de un hecho de violencia contra un obispo cristiano del que, como suele suceder, poco se ha informado en los medios de comunicación. El obispo italiano tenía previsto partir de Turquía a Chipre para encontrarse con el Santo Padre y recibir de sus manos el Instrumentum laboris de la próxima asamblea especial para Medio Oriente del Sínodo de los Obispos, en cuya preparación había estado trabajando en los últimos meses.


Pocas horas después de que la terrible noticia se hizo pública, el Padre Lombardi, aún con poca información, afirmó: “es un hecho horrible, increíble, estamos conmocionados. Hay que comprender mejor las circunstancias y los motivos de esta muerte pero está claro que ha sido una vida entregada al Evangelio”. Sólo después se supo que el asesino había sido su chofer, Murat Altun, aunque las versiones que comenzaron a circular sobre él diferían bastante unas de otras. Por ejemplo, algunas afirmaban que se trataba de un desequilibrando mental, mientras que otras lo negaban; algunas decían que se había convertido al cristianismo, en cambio otras no sólo afirmaban que seguía siendo musulmán sino que mencionaban su relación con elementos nacionalistas radicales. En resumen, la información era demasiado escasa y confusa como para sacar conclusiones definitivas.


En este contexto de poca claridad sobre el hecho, comenzó el viaje apostólico de Benedicto XVI a Chipre. En el encuentro con los periodistas en el avión, la primera pregunta se refirió precisamente a este dramático hecho. El Papa respondió que se sentía “profundamente dolorido por la muerte de Mons. Padovese, que había contribuido mucho a la preparación del Sínodo”. Y continuó diciendo: “Esta sombra, con todo, no tiene nada que ver con los temas mismos y con la realidad del viaje, porque no debemos atribuir a Turquía o a los turcos este hecho. Es una cosa sobre la que tenemos pocas informaciones. Es seguro que no se trata de un asesinato político o religioso; se trata de un asunto personal. Esperamos aún todas las explicaciones pero no queremos mezclar ahora esta trágica situación con el diálogo con el Islam y con todos los problemas de nuestro viaje”.


Habiendo pasado algunos días más, y luego de un primer momento en que parecía prevalecer la hipótesis según la cual se trataba sencillamente de un desequilibrado, empiezan a aparecer nuevos elementos que descartan aquella primera versión. En efecto, como señala Andrea Tornielli, ya han sido varias las ocasiones en que, luego del asesinato de un cristiano, se justifica el hecho recurriendo a la presunta demencia de su autor. El mismo Mons. Padovese, tres años atrás y luego de un hecho similar, comentaba: “Hay que decir que, si bien la población turca es en general buena, eventos del género atestiguan que hay una rama enferma en el gran árbol de la población local”. Y Mons. Franceschini, arzobispo de Esmirna, decía entonces: “Una vez más dirán que es un acto de un loco. Pero entonces debemos admitir que, desde hace cerca de un año y medio atrás, en Turquía los actos de locos han aumentado notablemente, casualmente contra los religiosos cristianos extranjeros”.


Tornielli señala también, entre otros puntos oscuros de este dramático hecho, la violencia feroz y cruel de la que fue víctima Mons. Padovese: precisamente sobre esto profundizaba hoy un artículo de AsiaNews. “Los médicos que realizaron la autopsia revelaron que presentaba cuchilladas en todo el cuerpo pero, sobre todo, en la parte del corazón (al menos ocho). La cabeza estaba separada casi completamente del tronco, unida al cuerpo sólo con la piel de la parte posterior del cuello”. El artículo prosigue informando que el obispo fue acuchillado dentro de su casa pero que logró tener fuerzas para llegar hasta el umbral de la casa, sangrando y pidiendo ayuda, y allí murió. Los testigos que afirman haber escuchado los gritos del obispo son los que aportan otro dato todavía más importante. Ellos oyeron también a Murat que, después del homicidio, gritó: “¡He matado al gran Satanás! ¡Allah Akbar!”. “Este grito – explica el artículo de AsiaNews – coincide perfectamente con la idea de la decapitación, haciendo intuir que es como un sacrificio ritual contra el mal. Esto pone en relación el asesinato con los grupos ultranacionalistas y aparentemente fundamentalistas islámicos que quieren eliminar a los cristianos de Turquía”.


El mencionado artículo, finalmente, afirma que “frente a estos nuevos y escalofriantes datos, probablemente deben ser revisadas las declaraciones del gobierno turco y las primeras convicciones expresadas por el Vaticano, según las cuales el asesinato no tendría implicaciones políticas y religiosas, permaneciendo firme que, como dijo Benedicto XVI en el avión durante el viaje a Chipre, este asesinato no puede ser atribuido a Turquía y a los turcos, y no debe oscurecer el diálogo”.


Mientras tanto, se celebraron hoy en Turquía los funerales del prelado, presididos por Mons. Ruggero Franceschini, Arzobispo de Esmirna. En su homilía, Mons. Franceschini dijo que “la trágica noticia de la muerte violenta de Mons. Luigi Padovese nos ha dejado estupefactos, incapaces de comprender cómo pudo haber ocurrido algo tan horrible, sobre todo contra un Hombre de Iglesia, un Obispo muy amigo de los turcos y de Turquía. Esta tierra se confirma así, una vez más, lugar de martirio también para quien tanto la amaba. […] A nosotros, los cristianos, su muerte nos recuerda que la fidelidad al Evangelio, en ciertas situaciones, puede ser pagada con la sangre”.


ACTUALIZACIÓN


Por medio del Padre Guillermo Juan Morado, nos enteramos de un nuevo aspecto de esta trágica noticia. Uno de los “puntos oscuros” señalados por el vaticanista Tornielli en su artículo era el misterio de que el viaje a Chipre de Mons. Padovese, uno de los eventos más importantes en su agenda de este año dado que allí participaría de la “primera fase” del Sínodo para Medio Oriente en el cual tanto trabajaba, estaba programado precisamente para el día en que fue asesinado, y que viajaría junto a su chofer Murat Altun. Sin embargo, el mismo obispo canceló los pasajes aquella mañana. ¿Por qué? El periódico El País informa que “unas horas antes de que Padovese fuera asesinado, el Gobierno turco le llamó para decirle que el chófer, que ellos mismos habían puesto a su servicio cuatro años atrás, se les había ido de las manos. Es decir, que había abrazado la causa fundamentalista. Al saberlo, Padovese canceló los billetes que había reservado para ir a Chipre con Altun. Prefirió quedarse en casa que hacer el viaje porque temía que su chófer pudiera aprovechar su cercanía al Papa para atentar contra él”. Por lo tanto, y si esto se confirmara, Mons. Padovese habría cancelado el viaje y permanecido en su casa, donde fue asesinado, para proteger la vida del Santo Padre.  

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La Buhardilla de Jerónimo

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jueves, 3 de junio de 2010

El primer viaje de un Papa a Chipre, según el Arzobispo ortodoxo Crisóstomos II

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Luego de ofrecer una entrevista al Nuncio Apostólico en Chipre, nos complace presentar ahora la que el diario Avvenire ha realizado a Su Beatitud Crisóstomos II, Arzobispo ortodoxo de Chipre, sobre la histórica visita que el Papa Benedicto XVI realizará desde mañana a esta nación mayoritariamente ortodoxa.

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Estará junto al Papa, acompañándolo durante toda la visita. Lo subraya son evidente satisfacción Crisóstomos II, arzobispo ortodoxo de Chipre, que siente gran estima y afecto por Benedicto XVI. Se ha encontrado con él en el Vaticano, en junio de 2007, a pocos meses de su nombramiento como jefe de la Iglesia local. Y es suya la invitación oficial, junto al presidente de la República, para visitar la isla donde reside la comunidad cristiana más antigua después de la de Jerusalén. Aquí, el jefe de la Iglesia siempre ha sido “etnarca”, es decir, guía de la nación, un rol que el famoso arzobispo Makarios ejerció como directo poder político guiando la rebelión de cincuenta años atrás contra el dominio inglés. Crisóstomos, de 68 años, es uno de los líderes ortodoxos más abiertos al diálogo ecuménico, que ha promovido con muchas iniciativas. En vísperas de la llegada del Papa, nos ha concedido esta amplia entrevista.

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Su Beatitud, ¿qué espera de la próxima visita de Benedicto XVI a Chipre?


Se trata de un hecho único en la historia de nuestra isla. Es la primera vez que la cabeza de la Iglesia católica romana viene a Chipre y es también la primera vez que Benedicto XVI realiza una visita en un país ortodoxo. Por lo tanto, hay diversos motivos para estar contentos y orgullosos de este gesto suyo que acercará más a nuestras dos Iglesias. Estoy seguro de que esta visita contribuirá de modo decisivo a hacer conocer mejor nuestra situación al resto de Europa y dará un impulso al proceso de reconciliación.

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Sin embargo, en estos últimos días se han escuchado voces contrarias a la visita del Papa. Incluso dos obispos han declarado que no les agradaba. ¿La Iglesia ortodoxa chipriota está dividida en lo concerniente a este evento histórico?


La Iglesia de Chipre, en su totalidad, recibirá al Papa no sólo con profundos sentimientos de respeto sino también con alegría sincera. Aquellos que no están de acuerdo representan una ínfima minoría, los extremistas habituales que están en toda realidad. Le quiero decir algo: los 17 obispos miembros del Santo Sínodo han firmado una carta con la que invitaban a los fieles a recibir dignamente al obispo de Roma. Pero dos de ellos, cediendo a las presiones de ambientes externos, en los últimos días han cambiado su posición.

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¿Es cierto que los ha amenazado con su expulsión del Sínodo?


Simplemente he dicho que si no respetan las decisiones del Sínodo, su presencia es del todo inútil, más aún, representa una ofensa a nuestra asamblea episcopal.

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La policía chipriota está en prealerta por la llegada de extremistas ortodoxos desde Grecia. ¿Teme protestas y contestaciones durante la visita del Papa?


No, estoy muy tranquilo. Aún si desde fuera llegara algún fanático, no encontrará ningún apoyo entre nuestros fieles.

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Su Beatitud ha visitado, pocos meses atrás, la zona norte de Chipre. No había sucedido nunca que el arzobispo de la Iglesia ortodoxa visitara los territorios ocupados por los turcos en 1974. ¿Se ha abierto una nueva fase?


Creo que sí. Estoy en contacto con el representante de la comunidad turco-chipriota, Dervish Eroglu, del que he recibido la promesa que muy pronto comenzarán los trabajos de restauración del monasterio de San Andrés. Espero que sea el primer paso para devolver dignidad a nuestros edificios de culto que se encuentran en la parte norte y que en estos 36 años han sido dejados en ruinas o transformados en mezquitas.

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¿Por qué en el programa del viaje papal no se ha previsto una visita a la comunidad turco-chipriota?


La invitación a Benedicto XVI ha sido dirigida por las autoridades de la República de Chipre que no tienen ningún poder sobre la parte meridional de la isla, ocupada por los turcos. Debo decir que el muftí me había expresado su deseo de que el Papa fuera también a la zona norte, pero a esto no le ha seguido, por lo que sé, ninguna invitación oficial.

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De todos modos, ¿el problema de la división será tocado durante la visita del Papa?


Sólo puedo decirle que yo quiero afrontarlo en el diálogo que tendré con Benedicto XVI. Es un tema muy doloroso, una herida abierta que debemos sanar completamente, en espíritu de reconciliación.

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Recibiendo al Papa, Chipre refuerza su rol de vanguardia en el diálogo entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa. ¿Piensa que podrá favorecer el tan esperado encuentro entre el Obispo de Roma y el Patriarca de Moscú?


Yo estoy convencido de que, tarde o temprano, esta reunión se hará. Hemos entrado en el nuevo milenio, que deberá estar bajo el signo de la unidad. Ninguno puede tirarse atrás respecto a este deber. Incluso los problemas más complicados, como el que concierne a la convivencia de católicos y ortodoxos en Ucrania, no son irresolubles si hay buena voluntad de ambas partes. Tengo confianza: el encuentro entre Benedicto XVI y el patriarca Kirill se hará.

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Fuente: Il blog degli amici di Papa Ratzinger


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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El primer viaje de un Papa a Chipre, según el Nuncio Antonio Franco

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El Papa Benedicto XVI emprenderá mañana el décimo sexto viaje apostólico de su pontificado. Se dirigirá a Chipre: será su primer viaje a un país de mayoría ortodoxa y la primera vez que un Sucesor de Pedro visita esta nación. Monseñor Antonio Franco, Nuncio Apostólico en Chipre, ha ofrecido la entrevista que ahora ofrecemos en español.

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Benedicto XVI viaja a Chipre. Sin embargo, difícilmente la atención estará contenida en los confines de la isla. Después de Turquía, Jordania, Israel y los Territorios Palestinos, este viaje asume un significado emblemático de la atención con la que el Papa sigue el desarrollo de la cuestión de Oriente Medio, en sus diversas facetas.


No hay duda de que es una clave de lectura real. Chipre representa, en pequeña escala, la problemática que agita a Oriente Medio: la convivencia de las diversas religiones, la relación con el Islam, las contiendas territoriales. El Papa, ciertamente, no puede obligar a nadie; mucho menos, pretender resolver antiguos problemas políticos. Desde luego, su sola presencia podrá servir de estímulo para un renovado compromiso común. Es lo que desean un poco todos, si bien por motivos diversos.

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¿Diversos en qué?


Los motivos de algunos se refieren, por ejemplo, a la restauración de la unidad territorial de la isla, con todo lo que de allí se deriva: desde la posibilidad de circular libremente hasta a un renovado incremento turístico, dado el alto valor arqueológico del norte del país. Los motivos de otros están más ligados, tal vez, a la realización de programas políticos más amplios, por ejemplo en una óptica europeísta. De todos modos, repito, no está dentro de las posibilidades del Papa resolver las situaciones. Existe ya la Organización de las Naciones Unidas que está trabajando mucho y bien para una solución de la controversia. Por lo tanto, sólo se debe esperar que la buena voluntad prevalezca. Sin duda, es un buen augurio que en los días previos a la llegada del Pontífice a Chipre, después de casi dos meses de suspensión, se han reanudado las negociaciones entre las partes contendientes – exactamente el 26 de mayo – y un acuerdo parece finalmente más cercano.

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Desde el punto de vista ecuménico, ¿cuál será el impacto de esta visita?


Naturalmente, no esperamos nada de inmediato. Pero debo decir que la visita ha tenido sus efectos ya en estos días, antes incluso de su comienzo. El arzobispo ortodoxo Crisóstomos II ha expresado varias veces su satisfacción y se ha ocupado de apaciguar, en su nacimiento, sombras de posibles contestaciones extremistas. Ha buscado repetidamente hacer entender el sentido profundo de este viaje que, si bien no está inspirado exclusivamente en motivaciones de carácter ecuménico, ciertamente producirá frutos también para el desarrollo futuro del diálogo. Hay que considerar también la particularidad de Oriente Medio, vitalizado por la presencia de Iglesias orientales sui iuris: melquita, siria, maronita, copta, armenia y caldea. Se trata de Iglesias que, por una parte, tienen necesidad de vivir sus particularidades litúrgicas, lingüísticas y pastorales; y, por otra parte, tienen necesidad de sentirse en comunión entre ellas. Algunos problemas, en este sentido, se han advertido en los últimos años. Un poco menos en Chipre, donde viven sólo tres pequeñas comunidades de católicos latinos, maronitas y armenios. Considero providencial la visita del Papa precisamente como elemento visible de aquella comunión que buscan. Sobre el plano más estrictamente ecuménico, se espera un ulterior elemento de esperanza en la relación con la Iglesia ortodoxa griega. Pero los frutos, lo repito, los recogeremos mucho después de la visita del Papa. En Chipre, la Iglesia Católica es estimada por su compromiso en lo social, sobre todo en el campo de la educación.

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¿De qué modo se preparan las comunidades católicas para recibir al Papa?


Hay mucho entusiasmo.  Comprendamos: se trata de comunidades pequeñas. Para tener una idea, piense que sobre una población de 794.000 personas, los católicos son apenas 25.000. Están reunidos en una única provincia eclesiástica, subdividida en trece parroquias. Dos obispos, doce sacerdotes diocesanos, dieciocho sacerdotes religiosos, dieciocho religiosos no sacerdotes, más de cuarenta y dos religiosas profesas, constituyen la fuerza que la Iglesia Católica puede presentar, en este momento, en Chipre. Y, lamentablemente, en la actualidad sólo hay un seminarista mayor. Sin embargo, este pequeño grupo logra dirigir dieciocho escuelas primarias, cuatro escuelas medias y seis orfanatos y jardines de infancia. Para un total de casi siete mil estudiantes. En la asistencia sanitaria, gestiona directamente dos hospitales, tres dispensarios y un centro para ancianos. Cuentan con sus asistidos para ofrecer al Papa una digna asistencia. También creo que, gracias a la actitud positiva de Su Beatitud Crisóstomos II, incluso muchos ortodoxos se presentarán a la cita con el Papa. Consideramos que, por ejemplo, en la Misa en el Eleftheria's Stadium participarán más de veinte mil personas. El estadio puede contener sólo siete mil, por lo tanto, los otros trece mil deberán seguir la Misa desde el exterior.

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¿Por qué, para la llegada del Pontífice, fue elegida la ciudad de Paphos?


Ciertamente habría sido sugestivo recibir al Papa en Salamina, en la parte norte de la isla, en el lugar donde la tradición sostiene que en el año 46 llegó san Pablo, acompañado de su amigo san Bernabé, el fundador de la Iglesia en Chipre. Paphos es la antigua capital romana. Es un sugestivo sitio arqueológico, rico en testimonios y en símbolos de la religiosidad. Entre otras cosas, está la famosa columna en la cual, según la tradición, el apóstol Pablo fue atado y azotado.

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¿Qué tipo de acogida se espera?


Se que se están haciendo muchos preparativos. Tanto el gobierno como la Iglesia ortodoxa y las comunidades católicas, están trabajando a tiempo completo para una digna acogida. Creo que, finalmente, habrá una gran movilización por parte de los chipriotas, a los que seguramente se unirán muchísimos fieles provenientes de las áreas vecinas. Algunos ya han anunciado su participación junto a sus obispos. La espera es muy animada. Los chipriotas son gente abierta. Estoy seguro de que también los ortodoxos miran al Papa con estima y simpatía. Todos esperan que su visita traiga un viento de paz en un espíritu de perdón y de reconciliación.

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Fuente: L’Osservatore Romano


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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martes, 1 de junio de 2010

Card. Pell: “Para orar a Dios, no podemos usar las mismas palabras que en una barbacoa”

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Presentamos la traducción de un interesante artículo publicado por “The Australian” sobre la nueva versión del Misal Romano en inglés que incluye amplios comentarios sobre el tema del Cardenal George Pell, Presidente de “Vox Clara”.

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Para orar a Dios Omnipotente en la Misa, afirma [el cardenal] George Pell, no es apropiado “usar las mismas palabras que en una barbacoa”.


Sobre el escritorio del cardenal descansa un tomo imponente, de cubierta color rojo y 1266 páginas: la nueva edición inglesa del Misal Romano, una de las pocas copias en el mundo.


No contiene en absoluto una jerga de barbacoa, pero cuando la nueva traducción de la Misa católica sea introducida, sus sorprendentes cambios pueden convertirse en un tema de constante conversación en las reuniones en la Iglesia y posiblemente más allá. Porque, al introducirlos, la Iglesia ha dado un poderoso golpe en la guerra cultural contra el postmodernismo y “el sinsentido” en favor de una erudición rigurosa y precisión en el lenguaje.


La traducción del Misal Romano oficial en Latín y de las oraciones asociadas fue aprobada por Benedicto XVI el 25 de marzo, Fiesta de la Anunciación. Un mes después, el Comité Vox Clara, del cual Pell es presidente, se unió al Papa para un almuerzo celebrativo en la Casina Pío IV, un pequeño palacio del siglo XVI en los jardines vaticanos.


Fue la culminación de nueve años de trabajo a cargo de Vox Clara – comité formado por Juan Pablo II para asistir a la Congregación vaticana para los Sacramentos en la supervisión del proyecto – y de la Comisión Internacional para el Inglés en la Liturgia [ICEL], un grupo de expertos en liturgia que incluye a obispos y que realizó la traducción. Juan Pablo II había disuelto la formación de la previa ICEL cuando sus borradores fueron vistos como demasiado políticamente correctos.


Para fortalecer la calidad y la precisión de la nueva traducción, Vox Clara y la nueva ICEL, liderada por Mons. Arthur Roche, Obispo de Leeds, trabajaron en conformidad con una instrucción vaticana, Liturgiam Authenticam, preparando lo que se requería. A su vez, ICEL fue guiada por la Ratio Translationis para la lengua inglesa, un amplia serie de lineamientos preparada por Vox Clara.


El proceso, no obstante, fue consultivo. El proyecto fue revisado en su totalidad y aprobado dos veces por conferencias episcopales de Estados Unidos, Canadá, Australia, Gran Bretaña, Irlanda, India, África y el Caribe. La sustancia y el estilo reflejan la determinación de la Iglesia de reafirmar sus doctrinas y creencias, luego de los trastornos de los pasados 40 años.


Con demasiada frecuencia, en la práctica, las reformas del Concilio Vaticano II se transformaron en algo que nunca se buscó: liturgias extravagantes y una erosión de la doctrina, aparentemente “en el espíritu del Concilio”.


A medida que las iglesias protestantes se tambalean hacia la izquierda, ordenando mujeres al episcopado y a homosexuales, y cuestionando doctrinas siempre sostenidas sobre la Resurrección, el Nacimiento Virginal y la salvación, el Papa Benedicto XVI y la jerarquía católica están convencidos de que unas liturgias más ricas, más reverentes, son esenciales para el fortalecimiento de la fe y la práctica religiosa. Aunque es controversial en algunos rincones católicos liberales, este acercamiento está atrayendo un amplio apoyo, incluido el que viene de fuera de la Iglesia, con cientos de miles de anglicanos tradicionales preparándose para cruzar el Tiber. Una vez dentro de la Iglesia Católica, conservarán sus tradiciones litúrgicas propias.


En Australia, la nueva Misa será introducida el año próximo, probablemente para el Domingo de Pentecostés, luego de un exhaustivo proceso educativo.


El texto reemplazará a una versión con la que las comunidades se han hecho familiares luego de 40 años pero a la que muchos líderes de la Iglesia, Pell incluido, consideran como demasiado coloquial y “un poco rebajada”: una traducción defectuosa del Misal oficial.


El nuevo documento no es una traducción literal pero es más precisa y emplea términos fuertes como “venerable”, “compasión”, “sacrificio”, “víctima”, “consubstancial” y “salvación eterna”.


“Los anteriores traductores parecían un poco avergonzados de referirse a los Ángeles, al sacrificio y a la Virginidad Perpetua”, dice Pell, antes de partir a las 8:00 de la mañana para pasar un día hablando con estudiantes de las escuelas católicas en Sydney.


“Fueron un poco suaves acerca del pecado y la redención”.


Esta versión no lo es. En lugar de confesar haber pecado “por mi culpa”, los sacerdotes y el pueblo admitirán haber pecado “por mi culpa, por mi culpa, por mi gravísima culpa” [“through my fault, through my fault, through my most grievous fault”].


Pell y Mark Coleridge, Arzobispo de Canberra y Goulburn – y un escriturista altamente calificado que guió el comité editorial del Misal Romano de ICEL – enfatizan que los cambios en las respuestas del pueblo han sido mínimos comparados con los cambios de los términos para los sacerdotes.


Para el pueblo, una de las más notables diferencias será su respuesta, dada varias veces durante la Misa, al sacerdote cuando diga: “El Señor esté con vosotros”. En lugar de responder “Y también contigo” [“And also with you”] responderán “y con tu espíritu” [“and with your spirit”] – una traducción directa del latín “Et cum spiritu tuo”.


Sólo las versiones inglesa y portuguesa (para Brasil) usan “y también contigo”. El resto del mundo, dice Pell, usan “y con tu espíritu”. Esta última fórmula reconoce que la ordenación sacerdotal afecta el espíritu del hombre, dándole el poder de consagrar el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. “No es cuestión de virtud moral, sino de diferencia ontológica”.


Los sacerdotes también dirán “orad hermanos, para que mi sacrificio y el vuestro (y no “nuestro sacrificio”, como hasta ahora) sea aceptable a Dios, Padre Todopoderoso” [“pray brethren, that my sacrifice and may be acceptable to God, the Almighty Father”]. Al mismo tiempo que se adhiere al latín “meum ac vestrum sacrificium”, el cambio evita desdibujar los roles de los sacerdotes y de los laicos.


En su conjunto, la nueva traducción tiene “una cadencia diferente”, afirma Pell. “Es poderosa, solemne y hermosa, y la gente llegará a amarla”.


Coleridge concuerda, señalando que más del 80 por ciento de las oraciones se remontan a más de 1000 años atrás. Algunas, como el Kyrie Eleison (Señor, ten piedad) fueron escritas en griego durante los dos primeros siglos de la Iglesia. “Es un rico mosaico tomado de distintos siglos”, dice. “Tiene un lenguaje diferente y es retórica y teológicamente superior”.


Pero no todos están convencidos. En marzo, el director de la Comisión Litúrgica de Brisbane, Tom Elich, escribió en Liturgy News Magazine que la traducción usa “expresiones complicadas, palabras incomprensibles y oraciones que no respetan la gramática en su intento por ser fiel al latín”.


Cuando se lo entrevista, Elich no muestra entusiasmo, pero es más circunspecto. “Esto es lo que la Iglesia ha preparado para nosotros en este tiempo, y ahora nos toca a nosotros hacerlo funcionar”.


Cita una sección de la nueva Plegaria Eucarística III como ejemplo de su preocupación. Dice: “Mira, te rogamos, esta oblación de Tu Iglesia y, reconociendo la Víctima por cuya muerte quisiste reconciliarnos contigo, concédenos que, nutridos por el Cuerpo y la Sangre de Tu Hijo y llenos con Su Santo Espíritu, podamos ser un cuerpo y un espíritu en Cristo” [“Look, we pray, upon the oblation of your church and, recognising the victim by whose death you willed to reconcile us to yourself, grant that we, who are nourished by the body and blood of your son and filled with his holy spirit, may become one body and one spirit in Christ”].


A Pell no le preocupa que las personas encuentren, inicialmente, un poco desalentadora tal formulación, con su énfasis en los sagrado y lo trascendente. Compara el texto de la Misa con un buen libro para los niños, en el sentido de que estimulará el pensamiento y ampliará el conocimiento de los que asisten a Misa.


Esto, dice, llevará a una comprensión más profunda de la teología, al encontrar la gente una ocasional palabra no familiar como “oblación” [oblation], término teológico para “ofrenda” [offering] o “don” [gift].


“Si alguien escribe un artículo académico, lo leerán unos pocos cientos de personas”, dice.


“Algunos miles leen un libro teológico, pero la Misa, una celebración en la que decenas de millones de personas participarán repetidamente durante décadas, es una forma altamente efectiva de catequesis”.


“Antes de recibir la Comunión, por ejemplo, una de las respuestas de la comunidad es ‘Señor, no soy digno de que vengas bajo mi techo, pero sólo dilo de palabra, y mi alma quedará sanada’ [‘Lord, I am not worthy that you should come under my roof but only say the word, and my soul shall be healed’]”. Pell dice que la versión actual “Señor, no soy digno de recibirte, pero sólo dilo de palabra, y quedaré sanado” [“Lord, I am not worthy to receive you, but only say the word and I shall be healed”] perdía la riqueza de la referencia escriturística, tomada de la respuesta del centurión en el Evangelio de San Lucas cuando Cristo se acercó a su casa para sanar a su sirviente moribundo.


Uno de los cambios más controversiales es la fórmula de la consagración, que ahora dirá que la Sangre de Cristo será “derramada por vosotros y por muchos” en lugar de “por todos”, como aparece actualmente.


Afirma Pell que, mientras que Cristo murió por todos, la nueva traducción, que se adhiere a la fórmula latina oficial “pro multis” (por muchos), refuerza el tema de que cada individuo – como los dos ladrones crucificados a cada lado de Cristo en el Calvario – es libre de elegir o rechazar la Misericordia de Dios y la salvación eterna.


Para el cardenal, la impresión del Misal es el fin de un capítulo exigente pero inmensamente gratificante de su vida. Como presidente de Vox Clara, estuvo al frente de todas las veinte reuniones en Roma, estudiando miles de páginas y recorriendo más de 650.000 km en vuelos hacia y desde la Ciudad Eterna. Es improbable que el ejercicio se repita por generaciones, quizá siglos.

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Fuente: The Australian


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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