lunes, 18 de octubre de 2010

¿Por qué está en crisis la música sacra?

*

musicasacra1

*


El padre Uwe Michael Lang, oficial de la Congregación para el Culto Divino y consultor de la Oficina para las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice, ha pronunciado una conferencia en la Academia Urbana de las Artes, en el marco del seminario “Las razones del arte”. L’Osservatore Romano publicó amplios pasajes de dicha relación, que a continuación ofrecemos en lengua española.

***


Entre las muchas contribuciones clarividentes y agudas de Joseph Ratzinger – Benedicto XVI sobre la música sacra, hay una que encuentro particularmente interesante y que quisiera tomar como punto de partida para mis reflexiones: la conferencia “Problemas teológicos de la música sacra”, pronunciada en el Departamento de Música Sacra del Conservatorio Estatal de Música de Stuttgart en enero de 1977 y luego publicada también en otras lenguas. En italiano ha salido por primera vez algunos meses atrás en el libro Teología de la Liturgia, el primer volumen publicado de los dieciséis de la opera omnia de Joseph Ratzinger (Città del Vaticano, Libreria Editrice Vaticana, 2010, pagine 858, euro 55).


En esta conferencia, el entonces cardenal Ratzinger identificaba las causas de la crisis contemporánea de la música sacra tanto en la crisis general de la Iglesia desarrollada después del concilio Vaticano II como en la crisis de las artes en el mundo moderno, que ha afectado también a la música. Joseph Ratzinger estaba interesado, sobre todo, en los motivos teológicos de la crisis de la música sacra; parece que “ésta ha terminado en medio de dos piedras de molino teológicas de carácter más bien contrapuesto que, no obstante, cooperan concordemente en desgastarla”.


Por un lado, existe “el funcionalismo puritano de una liturgia entendida en sentido puramente pragmático: el evento litúrgico debe ser, como se dice, liberado del carácter cultual y reconducido a su sencillo punto de partida, un banquetee comunitario”. Esta actitud va de la mano con una lectura equivocada del principio de la participación activa (participatio actuosa), introducido por el Papa san Pío X y promovido por la Constitución del Vaticano II sobre la Sagrada Liturgia. A menudo se entiende la participación activa como “una actividad igual en la liturgia de todos los presentes”, que ya no deja espacio a la música que tiene un tenor artístico más alto y que es cantada por un coro o por una schola, y comprende también el uso de los instrumentos musicales clásicos. En esta visión, sólo es lícito el canto de la asamblea, “que, a su vez, no debe ser juzgado en base a su valor artístico sino únicamente en base a su funcionalidad, es decir, en base a su capacidad de crear y activar una comunidad”.


Por otro lado, está lo que Joseph Ratzinger ha llamado “el funcionalismo de la adaptación”, que ha llevado a la aparición de nuevas formas de coros y orquestas que ejecutan música “religiosa” inspirada en el jazz y en el pop contemporáneo. El actual Papa observa que los “nuevos conjuntos (…) resultaban no menos elitistas que los antiguos coros de iglesia, pero no eran sometidos a la misma crítica”. Ambas actitudes teológicas tienen el mismo efecto: el repertorio tradicional de la música sacra, desde el canto gregoriano hasta las composiciones polifónicas del siglo XX, es juzgado inadaptado para la liturgia y es relegado a la sala de concierto, donde es cuidado y valorado como un objeto de museo o tal vez incluso transformado en una especie de liturgia “secular”.


Ciertamente, se puede sostener que hay algún precedente en la Iglesia primitiva para la actitud de “funcionalismo puritano” en relación con la música en la liturgia. Ya desde los comienzos, el canto de los salmos y, como desarrollo sucesivo, los himnos y cánticos, tenían un puesto natural en el culto cristiano. De todos modos, no se continuaba la práctica musical del Templo de Jerusalén con su carácter festivo y su uso de los instrumentos, descrito en varios salmos. El lugar de la música en la liturgia cristiana corresponde, más bien, al de la música en la sinagoga. Al mismo tiempo, los primeros cristianos estaban preocupados por distinguir claramente la música de su liturgia con la del culto pagano. Una consecuencia de tal toma de distancia tanto del culto del Templo como de las ceremonias paganas era la exclusión de los instrumentos de la liturgia cristiana, que se mantiene todavía en las tradiciones ortodoxas y que se ha expresado en una fuerte corriente también en el Occidente latino, dejado de lado el rol privilegiado del órgano, que ha sido investido de un profundo significado teológico.


Joseph Ratzinger insiste en el hecho de que no se puede interpretar la suspensión de los instrumentos como un rechazo de la dimensión “sagrada” y “cultual” de la música o incluso como un “paso hacia la profanidad”. Al contrario, ésta expresa “una sacralidad acentuada en forma purista”, que se refleja también en los comentarios de los Padres de la Iglesia sobre el uso de la música en la liturgia. Muchos padres presentan la liturgia como el resultado de un proceso de «espiritualización» desde el culto del Templo de la Antigua Alianza con sus sacrificios de animales hacia la logiké latreía (Romanos 12, 1), “un culto que concuerda con el Verbo eterno y con nuestra razón”, un tema clave en el pensamiento del Pontífice. Una música adecuada a la liturgia cristiana tenía que sufrir un proceso de “espiritualización” que los Padres, según Joseph Ratzinger, habían interpretado como una “des-materialización”: la música era admitida sólo en la medida en que servía al movimiento de lo sensible hacia lo espiritual, y de aquí resulta la discontinuidad con la música festiva del Templo y la exclusión de los instrumentos. El actual Papa atribuye la actitud austera de los Padres hacia la música a la fuerza que el pensamiento platónico tenía en la teología patrística, e identifica también los problemas inherentes a esta actitud en cuanto “se acercaba más o menos a la iconoclastia”. De hecho, él lo considera “la hipoteca histórica de la teología” a través del arte en lo sagrado, una hipoteca que reaparece cada tanto en el curso de la historia.


Un particular relieve en este ámbito está constituido por la encíclica Annus qui, escrita por uno de los Papas más sabios de la edad moderna, Benedicto XIV, nacido Prospero Lorenzo Lambertini en 1675, Obispo de Ancona en 1727-1731, cargo que mantuvo también como Papa. En 1728 fue nombrado cardenal y, después de la muerte de Clemente XII, en el largo y controvertido cónclave de 1740, fue elevado a la Sede de Pedro y eligió el nombre de Benedicto XIV. Murió en 1754.


El Papa Lambertini era un canonista y estudioso con un amplio ámbito de intereses, entre los cuales estaba el culto divino. Su magisterio litúrgico puede colocarse dentro del proyecto continuo de reforma puesto en marcha por el Concilio de Trento. La encíclica Annus qui, habiendo sido escrita primero en italiano y luego traducida al latín, revela su objetivo ya en su título completo: “Del culto y pureza de las Iglesias; de la regulación de la celebración de los ritos, y de la Música Eclesiástica, Carta circular a Obispos del Estado Eclesiástico con ocasión del próximo Año Santo”.


Este título indica los argumentos principales de la encíclica: el cuidado de las iglesias, el orden y la solemnidad del culto celebrado en ellas y, de modo particular, la música sagrada. Nótese, además, que la encíclica se dirige a los obispos del Estado Pontificio del próximo Año Santo 1750. El Pontífice esperaba en Roma un gran número de peregrinos que deseaban conseguir “el fruto espiritual de las santas indulgencias”. Benedicto XIV comienza su encíclica con un llamado a la disciplina eclesiástica, animando a su clero a hacer todo lo que estaba en su poder para asegurar que los muchos visitantes en la ciudad eterna no volvieran a sus patrias escandalizados por lo que habían visto. De hecho, Roma y todo el Estado Pontificio deben brindar un ejemplo de celebración litúrgica y de música sacra para todo el mundo católico. Sin duda, el Papa Lambertini era consciente de los límites de su poder en tales cuestiones, que dependían en gran parte del patrocinio local tanto eclesiástico como secular. Sin embargo, estaba decidido a mantener un nivel más alto en su propio territorio.


Las principales preocupaciones de Benedicto XIV sobre la polifonía sacra – en continuidad con los debates en el Concilio de Trento y las declaraciones sucesivas de Papas y de sínodos locales – son la integridad y la inteligibilidad del texto litúrgico que musicalizado. En particular, cuando se cantan los pasajes polifónicos en la Misa o en el Oficio Divino, deben contener los “propios” que son partes integrantes de la sagrada liturgia. Dada esta premisa, Benedicto XIV se refiere a un decreto publicado por su predecesor Inocencio XII en 1692, que prohibió en general el canto de todo motete. En las santas Misas solemnes sólo permitió, además del canto del Gloria y del Símbolo, el canto del Introito, el Gradual y el Ofertorio. En las Vísperas no admitió ningún cambio, ni siquiera mínimo, en las Antífonas que se dicen al inicio y al final de cada Salmo.


Además, la encíclica nota que se ha hecho común en los últimos tiempos utilizar la música de carácter teatral en el culto divino. El problema de este tipo de música es que busca hacer que los oyentes disfruten de la melodía, del ritmo, de la calidad de las voces, y así sucesivamente, mientras el significado de las palabras se vuelve secundario. En cambio, afirma de modo inequívoco Benedicto XIV, esto no vale para la liturgia: “No debe ser así, en cambio, en el canto Eclesiástico; más bien, en éste se debe buscar lo opuesto”. En otras palabras, la música sacra que merece ese nombre debe servir siempre a un fin espiritual y teológico, no sólo estético.


La encíclica continúa luego con la cuestión del uso de los instrumentos en la iglesia. El Pontífice considera que esta cuestión es fundamental para distinguir la música sacra de la de los teatros. En primer lugar, él determina cuáles son los instrumentos que se pueden tolerar (nótese la elección de las palabras: “de los instrumentos que pueden ser tolerados en las Iglesias”). Benedicto XIV sigue su habitual metodología y cita varias opiniones, en particular el primer Concilio Provincial de Milán, realizado bajo san Carlos Borromeo, que admitió sólo el órgano y excluyó todos los otros instrumentos.


En segundo lugar, el Papa Lambertini establece que los instrumentos permitidos deben sonar sólo para sostener el canto de la voz humana. En este punto, el lenguaje del Pontífice se vuelve muy decidido, cuando declara: “Sin embargo, si los instrumentos continúan sonando, y sólo alguna vez se silencian, como se acostumbra hoy, para dejar tiempo a los oyentes de escuchar las armónicas modulaciones, las vibrantes puntadas de las voces, vulgarmente llamados trinos (una referencia a Juan XXII, Docta Sanctorum Patrum); si, por lo demás, no hacen otra cosa que oprimir y sepultar las voces del coro, y el sentido de las palabras, entonces el uso de los instrumentos no alcanza el fin querido, se vuelve inútil y más aún continúa prohibido”.


En tercer lugar, respecto a la música orquestal, Annus qui concede que podrá continuar donde ya ha sido introducida, con tal que sea seria y no lleve, a causa de su extensión, al aburrimiento o grave incómodo a quienes están en el Coro o que sirven en el Altar, en las Vísperas y en las Misas.


***

Fuente: L’Osservatore Romano

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

***

sábado, 16 de octubre de 2010

La santidad vivida en diversos contextos: seis nuevos santos

*

610x

*

El Papa Benedicto XVI presidirá mañana, en plaza San Pedro, la Santa Misa en la cual canonizará a seis beatos. El Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Mons. Angelo Amato, ha concedido una entrevista a L’Osservatore Romano para comentar algunos rasgos característicos de los nuevos santos que tendrá la Iglesia. Ofrecemos nuestra traducción en lengua española.

***

¿Qué sugiere la diversa proveniencia social de los seis canonizados del domingo?


La santidad está siempre presente en la Iglesia, en toda parte del mundo. Todavía hoy bautizados santos continúan siendo una buena noticia para la Iglesia y para la sociedad civil, beneficiadas no sólo por su ejemplo sino también por sus empresas caritativas.

*

El primero, en orden temporal, es Stanislao Kazimierczyk. El milagro atribuido a su intercesión, la curación del conde Pedro Komorowski, ocurrió en 1617. ¿Cómo es posible valorar hoy que aquella sanación haya sido realmente milagrosa?


El milagro atribuido a Kazimierczyk es increíble. Está bien testimoniado y cuidadosamente descrito en la documentación médica de aquellos años. Por otro lado, él siempre se dedicó con amor a la asistencia de los enfermos. Los médicos aquel tiempo – subrayó en una entrevista a L’Osservatore Romano del 21 de agosto el presidente de la Comisión médica de nuestra Congregación – no sólo eran muy buenos sino también muy escrupulosos y anotaban todo minuciosamente. Incluso a distancia de siglos, por lo tanto, no habría una opinión diferente respecto a la milagrosa curación instantánea del conde. Quisiera añadir que la fama de santidad Stanislao se ha conservado viva hasta nuestros días en Polonia, sobre todo en Cracovia. Murió en olor de santidad en Kazimierz, en 1489.

*

El cuidado de los enfermos parece haber sido también la preocupación de otro de los seis beatos que serán canonizados.


El beato André Bessette, un religioso laico, muy devoto de san José – en cuyo honor hizo construir un santuario que tuvo en custodia por toda su vida -, animado por una gran caridad y por un profundo espíritu de oración, acostumbraba visitar a los enfermos. Los consolaba y los exhortaba a tener una confiada devoción al santo. Concluido el noviciado y el período de formación, le fue asignada la tarea de portero del colegio de Nuestra Señora de Montreal, donde pasó cuarenta años desarrollando con profunda humildad su servicio. En el tiempo en que estaba libre, el beato visitaba a los enfermos y los consolaba, animándolos a nutrir una afectuosa devoción hacia san José.

*

Por María de la Cruz MacKillop festejan juntos en estos días, en Roma, los australianos y los escoceses.


Era hija de católicos escoceses inmigrantes en Australia. El cuidado de los niños pobres era su vocación. Con este fin fundó una congregación religiosa. Las Hermanas de San José del Sagrado Corazón de Jesús tuvieron enseguida una gran difusión en Australia y en otros lugares todavía hoy están presentes en trescientas cuarenta obras. La figura de educadora santa de MacKillop está muy viva en aquel continente. Frente a las muchas dificultades, sor María nunca perdió el ánimo, conservando su confianza en la Divina Providencia y profundizando su compromiso al servicio de la Iglesia y de la promoción humana y religiosa de su ambiente. De salud enfermiza, en los últimos años se vio obligada a utilizar una silla de ruedas a causa de algunos golpes apopléticos que, aunque debilitaron su cuerpo, no le quitaron la lucidez mental ni debilitaron su fe y caridad.

*

También Cándida María de Jesús, en cierto sentido, ha vivido la experiencia de la emigración y también ella ha fundado un instituto religioso.


Se trata de una española, fundadora de la Congregación de las Hijas de Jesús para la educación de la infancia y de la juventud necesitada. Desde el día de la su primera Comunión, advirtió con fuerza el deseo de pertenecer totalmente al Señor Jesús: tal convicción será fielmente mantenida también luego, a pesar de la insistencia de sus padres frente a ventajosas propuestas de matrimonio. En edad juvenil se puso al servicio de la familia de un magistrado, cuya esposa la favoreció en la vida espiritual y en la oración. También con la ayuda del confesor, Cándida María comenzó a definir las características de su espiritualidad: devoción eucarística y mariana, predilección por los pobres, donación de sí misma, penitencia y meditación de la Pasión del Señor.


Pero también es fundadora de un instituto religioso la italiana Julia Salzano, nacida en Santa Maria Capua Vetere, en la provincia de Caserta, que fundó la Congregación de las Religiosas Catequistas del Sagrado Corazón, cuyo apostolado es la formación de las jóvenes generaciones mediante la catequesis.

*

También la Salzano fundó un instituto religioso: ¿qué experiencia hizo madurar en ella una obra similar?


Julia manifestó de muy joven su carisma no sólo de educadora sino también de catequista, colaborando con dedicación en la catequesis parroquial de los niños de primera Comunión y organizando talleres de costura para el arreglo de las iglesias pobres. De este modo, se consolidó en ella la intención de fundar un instituto religioso que tuviera como principal finalidad la educación religiosa de las jóvenes generaciones. Julia prosiguió en su actividad de catequista, sin descuidar a ninguna categoría de personas: desde los niños hasta los jóvenes, los adultos, e incluso los militares de la primera guerra mundial. Su compromiso educativo, desarrollado con fe y competencia, fue apreciado unánimemente no sólo por los fieles sino también por las autoridades civiles. El intenso compromiso en la fundación y la pasión por el apostolado no disminuyeron ni siquiera durante las frecuentes crisis de angina pectoris, una de las cuales, en 1929, resultó fatal para ella.

*

Del todo diversa parece ser la experiencia vivida por la fundadora de un monasterio, que está entre los que serán proclamados santos el domingo: la noble Varano.


La noble Bautista Varano fundó un monasterio para contemplativas clarisas, del cual fue abadesa hasta su muerte, ocurrida en 1524. Además de ser una santa monja, la Varano fue una gran mística, distinguiéndose por el lirismo y la profundidad espiritual de sus escritos. Desde pequeña advirtió la fascinación de la vida religiosa. Pero sólo después de haber superado períodos de intensa lucha interior y la oposición paterna pudo realizar su vocación, vistiendo el hábito de las clarisas en el monasterio de Santa Clara de Urbino. Sucesivamente, con la institución de un convento cerca de Camerino, la beata se trasladó allí con otras compañeras. Aquí fue nombrada abadesa y, al terminar su mandato, varias veces confirmada. Su perfil interior estuvo marcado por un continuo ejercicio ascético y por la unión mística con Cristo Crucificado. De sus reflexiones sobre la Sagrada Escritura y sobre los textos litúrgicos surgieron varios escritos de meditación, apreciados también por personas de gran espiritualidad. A comienzos del siglo XVI, la ciudad de Camerino se convirtió en centro de tensiones políticas y de auténticos enfrentamientos bélicos, al punto que la beata se vio obligada a escapar. Pero, una vez que regresó, se convirtió en un punto de referencia para ciudadanos, autoridades religiosas y civiles.

***

Fuente: L’Osservatore Romano


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

***

viernes, 15 de octubre de 2010

Conversión anglo-católica

*

ppbroadhurst221009

*


En estos días se está llevando a cabo la Asamblea Nacional de Forward in Faith, la organización más importante del movimiento anglo-católico. La periodista Anna Arco informa que el titular de Forward in Faith, John Broadhurst, ha anunciado su intención de unirse a un Ordinariato anglicano en comunión con la Iglesia Católica en el momento en que éste sea establecido. La noticia tiene una especial relevancia porque la agrupación Forward in Faith nuclea a un gran número de parroquias y fieles anglicanos de distintos países del mundo.


***


El obispo anglicano de Fulham, quien también se desempeña como titular de Forward in Faith International, ha anunciado que renunciará antes de fin de año para unirse a un Ordinariato.


Hablando hoy en la Asamblea Nacional de Forward in Faith, el obispo John Broadhurst, una figura importante en el movimiento anglo-católico, dijo que presentará su renuncia antes de fin de año y que se unirá al Ordinariato en Gran Bretaña cuando éste sea establecido. Ha dicho que permanecerá como titular de Forward in Faith, la cual – dice – no es una organización anglicana.


El obispo Broadhurst es obispo sufragáneo de la diócesis de Londres. Dijo también que el obispo de Londres probablemente nombrará a alguien nuevo para llenar el puesto que él deja.


Broadhurst es el primer anglo-católico que ocupa un puesto de alto rango en anunciar públicamente que se unirá a un Ordinariato cuando sea fundado.


Es probable que, también antes de fin de año, presenten su renuncia dos “obispos extra-territoriales”, nombrados para proveer cuidado pastoral a los anglicanos que en conciencia no pueden aceptar la ordenación de mujeres.


Se cree que tanto el obispo Andrew Burnham de Ebbsfleet como el obispo Keith Newton de Richborough aceptarán la oferta que el Papa Benedicto XVI hizo el último otoño con la Constitución Apostólica Anglicanorum Coetibus, la cual permite una nueva estructura canónica para los anglicanos que desean estar en comunión plena con Roma reteniendo su identidad.


Este año el Sínodo General de la Iglesia de Inglaterra desaprobó las medidas propuestas para ofrecer a los tradicionalistas una protección estructural que evitara que tuvieran que estar bajo la guía de mujeres obispos.


Los grupos de anglicanos que desean unirse a un Ordinariato deben escribir a la Congregación para la Doctrina de la Fe pidiendo formalmente el establecimiento de la estructura canónica.


Hasta ahora han llegado pedidos provenientes de los Estados Unidos, Canadá, Australia y otros países.


***

Fuente: The Catholic Herald

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

***

jueves, 14 de octubre de 2010

Mons. Slattery denuncia la hermenéutica de la discontinuidad

*

 Mass_Bishop Slattery_CCChapel_2010

*

La revista Eastern Oklahoma Catholic ha publicado la primera parte de un discurso pronunciado por Mons. Slattery, obispo de Tulsa, con ocasión del inicio del año académico del Thomas Aquinas College.En esta primera parte, el obispo norteamericano habla de la liturgia y la hermenéutica de la discontinuidad. En la edición de noviembre se publicará la segunda parte del discurso, que habla acerca de cómo la nueva traducción al inglés del Misal Romano “ofrece la oportunidad para un nuevo comienzo de una adecuada reforma litúgica”. Ofrecemos nuestra traducción de los extractos seleccionados por el blog The New Liturgical Movement.

***

Todo esto conduce a una importante consideración acerca de la necesidad de recibir de la Iglesia la Liturgia en lugar de tener que inventarla nuevamente domingo tras domingo, o que nuestros grupos de liturgia tengan que improvisar como aplicados zapateros. Lo más importante que podemos hacer para fomentar una liturgia auténtica, lo más importante que podemos hacer para implementar la visión del Concilio Vaticano II, es regresar a la noción de una liturgia recibida, una liturgia que nos llega ordenada y organizada apropiadamente, sin la necesidad de nuestra creatividad o ingenio para ser celebrada satisfactoriamente.


[...]


Al tratar de articular el sentido de pérdida y dislocación que acompañó el abrupto quiebre litúrgico que tuvo lugar en nuestras celebraciones litúrgicas en los años ’60, me siento atraído por el análisis de la situación del Cardenal Joseph Ratzinger. El Cardenal Ratzinger, ahora Su Santidad el Papa Benedicto XVI, describió el principio que legitimó este quiebre en nuestra tradición litúrgica como una hermenéutica o perspectiva de discontinuidad. Aquellos que aceptan esto – y su número aún es legión – muestran un primordial disgusto por todo lo que nos viene de la pasada generación.


Aceptada por liturgistas y profesores de seminarios, y desafortunadamente fomentada por sacerdotes, párrocos y obispos, esta hermenéutica requería un completo corte con todo lo que no fuese moderno o fuese incapaz de ser recreado en un estilo moderno. Esto era así, incluso si requería que la Iglesia renunciase a su antiguo patrimonio litúrgico y a mucho de su vocabulario teológico.


De este modo, los vasos sagrados y los ornamentos fueron descartados con fervor revolucionario, reemplazados con diseños nuevos y a menudo de mala calidad. Gestos antiquísimos como las genuflexiones y plegarias rituales como la acción de gracias antes y después de las comidas se convirtieron en fuente de escarnio y ocasión de burla. Aunque estos gestos y oraciones habían ofrecido a generaciones de católicos una forma concreta de expresar su fe, la hermenéutica de la discontinuidad demandó su remoción y la marginalización de aquellos que sostenían el antiguo modo de hacer las cosas.


Ámbito tras ámbito, el rico patrimonio del pasado fue descartado, no por ser incapaz de expresar o articular la enseñanza de la Iglesia, sino simplemente porque no era “nuevo”. Tenía que ser desmoronado para que pudiéramos hacerlo, recrearlo, en un estilo moderno.

***

Fuente: The New Liturgical Movement


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

***

Más cerca la beatificación de Juan Pablo II

*

 23

*

El vaticanista Andrea Tornielli informa hoy en su blog una noticia concerniente al proceso de beatificación de Juan Pablo II. En los últimos meses, el proceso sufrió un retraso a causa de una dificultad sobre el presunto milagro – la curación del parkinson de sor Marie Simon-Piere – presentado por el postulador Slawomir Oder a la Congregación para las Causas de los Santos, lo que hacía pensar en la necesidad de elegir otro presunto milagro ocurrido por intercesión del Papa Wojtyla. Ahora, sin embargo, todo parece retomar su curso.


“Parece que se han disipado – explica Tornielli – algunas dudas y el parecer de uno de los médicos consultados, que se había preanunciado como negativo, es en realidad positivo. Esto significa que los expertos consideran el caso presentado como válido y que en las próximas semanas, a lo sumo en diciembre, será convocada la consulta médica presidida por el profesor Patrizio Polisca (médico personal de Ratzinger), llamada a examinar, discutir y finalmente valorar oficialmente la curación de la religiosa francesa y de sancionar su carácter inexplicable científicamente”.


Más de uno pensaba, afirma el vaticanista en un artículo publicado en Il Giornale, que el retraso en el proceso “podía estar relacionado con el surgimiento de los escándalos por los abusos sexuales de parte del clero, en particular del que ha involucrado al padre Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, el cual gozaba de extraordinarios apoyos en el Vaticano”. “Por las cartas del proceso – continúa Tornielli – ha sido verificado que Juan Pablo II no estaba en conocimiento de la gravedad de las acusaciones contra Maciel. El retraso, en realidad, no ha estado de ningún modo vinculado a estos hechos sino sólo a la necesidad de verificar bien la consistencia del presunto milagro”.


El proceso de beatificación de Juan Pablo II comenzó, como se sabe, dos meses después de su muerte, por decisión del Papa Benedicto XVI, quien derogó en este caso la norma que establece cinco años de espera después de la muerte del Siervo de Dios para el inicio del proceso. En diciembre del año pasado, el Papa aprobó el decreto que reconoce las virtudes heroicas de su Predecesor y comenzó así la fase relativa al milagro. La Congregación de los Santos había pedido el parecer previo de dos médicos sobre el caso: uno había sido positivo y el otro se preanunciaba como negativo. Se involucró, entonces, en esta fase de consulta previa, a un tercer experto. En las últimas semanas, las dificultades se resolvieron y los tres pareceres fueron, finalmente, positivos.


Esto abrió las puertas a que se convoque la consulta médica. Luego de su aprobación, explica Tornielli, “pasará a los teólogos, después a los cardenales y obispos de la Congregación, y finalmente llegará al escritorio del Papa”. En cuanto a los tiempos, el periodista italiano explica que “es difícil hacer previsiones al respecto pero ahora no es forzado plantear la hipótesis de que el proceso sobre el milagro se concluya definitivamente en los primeros meses del 2011 y, por lo tanto, que la ceremonia de beatificación pueda ocurrir durante el próximo año. Tratándose de una beatificación que atraerá a Roma un número elevadísimo de peregrinos, un evento de alcance si no igual al menos similar a lo ocurrido con ocasión de la muerte de Juan Pablo II, es natural que sea previsto y estudiado en los detalles para hacer que Roma pueda recibir en forma adecuada a aquellos que llegarán. Por eso, más que la primavera, de todos modos todavía posible, es más realista imaginar que Karol Wojtyla sea elevado al honor de los altares en octubre de 2011”.


***

La Buhardilla de Jerónimo

***

miércoles, 13 de octubre de 2010

Piden que los Patriarcas Orientales puedan entrar por derecho al Cónclave

*

610x

*

Son muchas las cuestiones de importancia que están surgiendo en la Asamblea especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos que con gran solicitud pastoral convocó Benedicto XVI y que se está celebrando en estos días en el Vaticano.


La realidad peculiar de Oriente Medio hace que, en este Sínodo, por primera vez la mayoría de los prelados sea oriental y no de tradición latina. Debido a esto, junto a las muchas cuestiones propias de la región, surgen también otras relacionadas con la vida de las Iglesias Orientales y su inserción en el contexto de la Iglesia universal.


Es por esta razón que algunos han pedido encontrar un procedimiento que pueda agilizar las formalidades de los nombramientos episcopales, de acuerdo a la tradición oriental. Otros han mencionado que hace falta buscar que los fieles orientales en la diáspora puedan salvaguardar las tradiciones de su rito. Otros, finalmente, han hablado de la necesidad de que los Patriarcas tengan jurisdicción sobre sus fieles aún fuera del territorio patriarcal.


Un pedido especial, aunque ciertamente no nuevo, ha venido de Mons. Vartan Boghossian, Obispo de San Gregorio de Narek en Buenos Aires de los Armenios, Exarca Apostólico para los fieles armenios residentes en América Latina. ¿Qué ha pedido Mons. Boghossian? Que los Patriarcas de las Iglesias Orientales católicas puedan entrar por derecho en el cónclave para elegir al Sumo Pontífice.


La cuestión de la precedencia entre los Patriarcas y los miembros del Colegio Cardenalicio fue una cuestión debatida en el concilio Vaticano II. El Papa Pablo VI, en su Motu Proprio Ad purpuratorum patrum del año 1965, estableció que los Patriarcas orientales que fueran llamados a formar parte del Sacro Colegio mantendrían el título de su sede patriarcal y serían contados en el orden de los cardenales obispos.


Pero lo que ha pedido Mons. Boghossian en el Sínodo, y que es compartido por muchos en Oriente, es precisamente que “los Patriarcas de las Iglesias Orientales Católicas, por su identidad de Padres y Jefes de Iglesias «sui iuris» que componen la catolicidad de la Iglesia Católica, deberían ser miembro ipso facto del Colegio que elige al Sumo Pontífice sin necesidad de recibir el título latino de Cardenal”. Es decir, que junto a los miembros del Colegio Cardenalicio, una institución típicamente latina, entraran también en el Cónclave los Patriarcas de las Iglesias Orientales. Se trata de una cuestión muy sentida en Oriente y a la que alguna vez hizo referencia, con gran comprensión de la situación, el entonces cardenal Joseph Ratzinger.

***

La Buhardilla de Jerónimo

***

martes, 12 de octubre de 2010

“En todas partes y siempre”, anunciar el Evangelio de Cristo

*

vangelo

*

Se ha publicado hoy el Motu Proprio Ubicumque et semper del Papa Benedicto XVI con el cual instituye el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. El presidente del nuevo dicasterio es, como se sabe, el Arzobispo Rino Fisichella, mientras se espera ahora el nombramiento del secretario y el sub-secretario, así como también de los oficiales, miembros y consultores.


En el documento pontificio, cuyo texto puede leerse en lengua española en la agencia Zenit, el Pontífice realiza un breve análisis del mundo actual en el cual identifica “el fenómeno del alejamiento de la fe, que se ha manifestado progresivamente en sociedades y culturas que desde hacía siglos parecían impregnadas por el Evangelio”. Continuando con sus observaciones, el Papa señala que “se ha verificado una preocupante pérdida del sentido de lo sagrado, llegando incluso a poner en cuestión esos fundamentos que parecían indiscutibles, como la fe en un Dios creador y providente, la revelación de Jesucristo único salvador, y la común comprensión de las experiencias fundamentales del hombre como el nacer, el morir, el vivir en una familia, la referencia a una ley moral natural. Aunque todo ello ha sido saludado por algunos como una liberación, bien pronto se ha advertido el desierto interior que nace allí donde el hombre, queriendo ser el único artífice de su propia naturaleza y de su propio destino, se encuentra privado de lo que constituye el fundamento de todas las cosas”.


Luego de mencionar al Concilio Vaticano II, que “asumió entre las temáticas centrales la cuestión de la relación entre la Iglesia y este mundo contemporáneo”, Benedicto XVI recuerda también las intervenciones del Papa Pablo VI sobre la cuestión de la evangelización y, finalmente, al Venerable Juan Pablo II, que “hizo de esta comprometida tarea uno de los puntos cardinales de su vasto Magisterio, sintetizando en el concepto de «nueva evangelización» la tarea que espera a la Iglesia hoy, en particular en las regiones de antigua cristianización”. Llegado a ese punto, el Papa Ratzinger afirma que, haciéndose cargo de las preocupaciones de sus Predecesores, considera oportuno “ofrecer respuestas adecuadas para que la Iglesia entera, dejándose regenerar por la fuerza del Espíritu Santo, se presente al mundo contemporáneo con un empuje misionero capaz de promover una nueva evangelización”.


¿A quién debe dirigirse esta «nueva evangelización»? El Papa distingue tres diferentes realidades presentes en las Iglesias de antiguas fundación: algunas, en efecto, aún cuando el proceso de secularización avanza, mantienen una práctica cristiana de buena vitalidad y un profundo arraigo en el alma de poblaciones enteras; otras, en cambio, experimentan una clara toma de distancia de la sociedad entera hacia la fe, con un tejido eclesial más débil, aunque con elementos de vivacidad; otras, finalmente, son zonas que parecen completamente descristianizadas, en las que la luz de la fe se confía al testimonio de comunidades pequeñas en tierra que parecen ser particularmente refractarias a muchos aspectos del mensaje cristiano.


Es a la luz de estas reflexiones, presentes desde hace mucho tiempo en Joseph Ratzinger, que el Papa decide instituir este nuevo Pontificio Consejo, el cual “persigue su propia finalidad tanto estimulando la reflexión sobre los temas de la nueva evangelización, como individuando y promoviendo las formas y los instrumentos adecuados para realizarla”.


Las tareas señaladas por Benedicto XVI al nuevo dicasterio son: “1) profundizar en el significado teológico y pastoral de la nueva evangelización; 2) promover y favorecer, en estrecha colaboración con las Conferencias Episcopales interesadas, que podrán tener un organismo ad hoc, el estudio, la difusión y la realización del Magisterio pontificio relativo a las temáticas conectadas con la nueva evangelización; 3) hacer conocer iniciativas ligadas a la nueva evangelización ya en acto en las diversas Iglesias particulares y a promover su realización de nuevo, implicando activamente también los recursos presentes en los Institutos de Vida Consagrada y en las Sociedades de Vida Apostólica, como también en las agregaciones de fieles y en las nuevas comunidades; 4) estudiar y favorecer la utilización de las modernas formas de comunicación, como instrumentos para la nueva evangelización; 5) promover el uso del Catecismo de la Iglesia Católica, como formulación esencial y completa del contenido de la fe para los hombres de nuestro tiempo”.


El Arzobispo Fisichella, en la conferencia de prensa en la que presentó el documento pontificio, explicó que “debemos evitar que «nueva evangelización» resuene como una fórmula abstracta. Debemos llenarla de contenidos teológicos y pastorales y lo haremos basándonos en el magisterio de estas últimas décadas”. Además, recordó que “en el 2012 se celebrará el vigésimo aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica”, “uno de los frutos más maduros de las indicaciones conciliares”. El Catecismo, explicó Mons. Fisichella, “recoge de modo orgánico el entero patrimonio del desarrollo del dogma y representa el instrumento más completo para transmitir la fe de siempre frente a los constantes cambios e interrogantes que el mundo plantea a los creyentes”.


“En nuestro tiempo, en el que en amplias zonas de la tierra la fe está en peligro de apagarse como una llama que no encuentra ya su alimento, la prioridad que está por encima de todas es hacer presente a Dios en este mundo y abrir a los hombres el acceso a Dios”, decía el Papa en su Carta a los obispos sobre el levantamiento de las excomuniones a los obispos ordenados por Mons. Lefebvre y también durante su visita al Santuario de  Fátima en mayo de este año. Y todo parece indicar que, también con esta nueva medida, Benedicto XVI busca ofrecer otro elemento que ayude a ocuparse de esta prioridad.

***

La Buhardilla de Jerónimo

***

lunes, 11 de octubre de 2010

domingo, 10 de octubre de 2010

El Papa y la Iglesia miran hacia Medio Oriente

*

Apertura del Sínodo para Oriente Medio 2

*

“También nosotros, como creyentes, miramos a Oriente Medio con esta mirada, en la perspectiva de la salvación”, dijo hoy el Sumo Pontífice en la Santa Misa con la que comenzó la esperada Asamblea especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos, que Benedicto XVI convocó varios meses atrás y cuyo Instrumentum laboris entregó personalmente durante su viaje apostólico a Chipre.


El tema de esta asamblea sinodal es “La Iglesia católica en Oriente Medio: comunión y testimonio” y su lema, tomado de la Sagrada Escritura, es “La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma” (Hch. 4, 32). En muchos aspectos, se trata de una asamblea sinodal realmente especial. En primer lugar, porque ha sido convocada por el Papa como respuesta al pedido de muchos obispos de la región, la cual comprende los territorios de Arabia Saudita, Bahrein, Chipre, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Irán, Iraq, Israel, Kuwait, Líbano, Omán, Qatar, Siria, Territorios Palestinos, Turquía y Yemen.


Oriente Medio es una región donde la población cristiana es un “pequeño rebaño”. Y en la cual, como recordó el Secretario general del Sínodo al presentar la asamblea, “además de la Iglesia de Tradición latina hay, desde tiempos remotos, seis Iglesias Orientales Católicas sui iuris, con un propio Patriarca al frente, padre y jefe de la Iglesia: Iglesia Copta, Iglesia Siria, Iglesia Greco-Melquita, Iglesia Maronita, Iglesia Caldea e Iglesia Armenia”. Será, de hecho, la primera vez que se reunirán en torno al Obispo de Roma casi todos los Ordinarios de Oriente Medio.


Además, esta asamblea sinodal será más breve que todas las anteriores, tanto generales como particulares: durará sólo dos semanas, extendiéndose desde hoy hasta el próximo 24 de octubre. Esta duración breve, además de tener en cuenta la difícil situación de la región que no hace aconsejable que los Pastores se ausenten por demasiado tiempo, confirma una opción que Benedicto XVI puso en práctica desde el comienzo de su pontificado en relación a las reuniones del Sínodo: menos tiempo pero más eficiencia.


Según el Instrumentum laboris de la Asamblea Sinodal, y de acuerdo a lo explicado por Mons. Eterovic el pasado viernes en conferencia de prensa, dos son las principales finalidades que tendrá este sínodo. En primer lugar, reavivar la comunión entre las diversas venerables Tradiciones que conforman la Iglesia Católica en Oriente Medio, comunión que debe extenderse a las otras Iglesias y comunidades eclesiales presentes en la región, y que debe abrirse a la colaboración con los miembros de religiones no cristianas y con todos los hombres de buena voluntad. En segundo lugar, reforzar la identidad cristiana con la Palabra de Dios y los Sacramentos, confirmando a los cristianos en su vocación propia de seguidores de Jesucristo, animando su presencia y permanencia en la tierra donde Él nació, vivió, predicó y cumplió su misterio pascual.


En su homilía, Benedicto XVI afirmó que “mirar aquella parte del mundo en la perspectiva de Dios significa reconocer en ella la cuna de un designo universal de salvación en el amor, un misterio de comunión que se realiza en la libertad y por eso pide a los hombres una respuesta. Abraham, los profetas, la Virgen María, son los protagonistas de esta respuesta que, sin embargo, tiene su cumplimiento en Jesucristo, hijo de esta misma tierra pero descendido del Cielo. De Él, de su Corazón y de su Espíritu, ha nacido la Iglesia, que es peregrina en este mundo, pero le pertenece”. Refiriendo luego directamente al Sínodo, el Papa recordó que “el fin de esta asamblea sinodal es predominantemente pastoral” ya que si bien “no se puede ignorar la delicada y a veces dramática situación social y política de algunos países, los Pastores de la Iglesia en Oriente Medio desean concentrarse en los aspectos propios de su misión”.


El Obispo de Roma se refirió también a las dificultades de los cristianos en Tierra Santa y a la necesidad de que existan condiciones de paz y justicia: “Todos están llamados a dar la propia contribución: la comunidad internacional, sosteniendo un camino confiable, leal y constructivo hacia la paz; las religiones mayoritariamente presentes en la región, promoviendo los valores espirituales y culturales que unen a los hombres y excluyen toda expresión de violencia. Los cristianos – agregó Benedicto XVI – continuarán dando su contribución no sólo con las obras de promoción social, como los institutos de educación y sanidad, sino sobre todo con el espíritu de las Bienaventuranzas evangélicas, que anima la práctica del perdón y de la reconciliación. En este compromiso, ellos tendrán siempre el apoyo de toda la Iglesia”.


También antes de rezar el Ángelus con los fieles presentes en Plaza San Pedro, el Papa se refirió al Sínodo para Oriente Medio y pidió a todos que rezaran “invocando de Dios una abundante efusión de los dones del Espíritu Santo”. Para responder al pedido del Santo Padre, transcribimos la oración propuesta en esta ocasión por la Secretaría general del Sínodo de los Obispos:


Padre Celestial, que amas al ser humano, Creador del cielo y de la tierra, Tú deseaste la encarnación de tu Hijo Jesucristo, nuestro Redentor y Salvador, para que naciera en el cumplimiento del tiempo, en nuestra tierra bendecida, de la Virgen María, y por el poder del Espíritu Santo.



El sucesor de San Pedro, Papa Benedicto XVI, ha deseado invitar a Tu pueblo, pastores y fieles, al Sínodo Especial para la Iglesia Católica de Oriente Medio.


Camina con nosotros, Señor, y bendícenos, guíanos en este camino de fe, inspíranos para que apreciemos los grandes tesoros que el Este ha recibido de Ti, transformándose así en el punto de encuentro de religiones, el centro del diálogo de las civilizaciones humanas.


Buen Pastor, Tú nos llamas a ser Tus discípulos aquí y ahora, haz de nosotros una Iglesia consciente de su identidad, que profundiza su fe en Ti como Señor y Maestro, que vivifique la comunión entre sus miembros y entre las diferentes Iglesias para que sea testimonio, individualmente y como institución, de tu Evangelio y tu Resurrección a través de nuestras iglesias, nuestras sociedades y del mundo entero.


Príncipe de Paz, nuestra tierra tiene sed de protección y bienestar, difunde tu paz y tu amparo en nuestros corazones y entre las naciones, haz que el diálogo sea fértil y las cooperaciones fructíferas entre los fieles de las religiones.


Señor de Esperanza, condúcenos a través del sufrimiento de nuestro tiempo presente para que podamos vivir el amor, profundizar la fe y alcanzar la esperanza fortalecidos por la Eucaristía y, mediante la intercesión de nuestra Madre María, elévanos a la gloria de nuestro Padre Amoroso, del Hijo nuestro Salvador y del Espíritu Consolador. Ahora y siempre. Amén.


***

La Buhardilla de Jerónimo

***

sábado, 9 de octubre de 2010

Benedicto XVI, “ni un mero reformista ni un simple continuista absoluto”

*

allievi papa 3

*

Como se sabe, el Arzobispo Kurt Koch tuvo la tarea de pronunciar las dos relaciones principales en el encuentro de Benedicto XVI con sus ex-alumnos dedicado a la hermenéutica del concilio Vaticano II. La agencia Gaudium Press ha publicado un resumen de los temas expuestos por Mons. Koch en el pasado mes de agosto. Dado su gran interés, reproducimos también aquí el artículo de Anna Artymiak, corresponsal de Gaudium Press en el Vaticano.

***

Ciudad del Vaticano (Viernes, 08-10-2010, Gaudium Press)- El Papa Benedicto XVI es "el mayor interprete" del Concilio Vaticano II y quiere realizar "una hermenéutica de renovación en la continuidad de la Iglesia como único sujeto", esto es, "de una reforma que no vuelva al pasado, sino que, al contrario de eso, aún estando en continuidad con la tradición, pueda responder a la nueva situación del mundo".


La frase anterior es la síntesis de dos discursos que el arzobispo suizo Kurt Koch profirió en el Ratzinger Schülerkreis -tradicional encuentro del Santo Padre con sus ex-alumnos- del día 28 de agosto pasado en Castel Gandolfo. Este año se cumplen 45 años de la conclusión del Concilio Vaticano II. Un largo período que hace reflexionar sobre cómo son realizadas sus directrices, pero también cómo se debe interpretar de manera justa y correcta los propios documentos. Justamente el tema de la hermenéutica del Concilio Vaticano II estuvo en el centro de las discusiones del encuentro.


En sus alocuciones, el arzobispo Kurt Koch, que desde el 1º de julio es el nuevo presidente del Pontificio Consejo de la Unidad de los Cristianos, abordó la persona del Papa Ratzinger, con sus decisiones sobre la liturgia y su modo de entender y realizar el Vaticano II, en una luz muy diferente y opuesta a aquella difundida sobre lo que el público piensa del Santo Padre - un "mero" tradicionalista que se encaminaría en una dirección opuesta al Concilio.


En el Schülerkreis, el prelado suizo presentó dos temas: "El Concilio Vaticano II entre tradición e innovación. La hermenéutica de la reforma entre la hermenéutica de la discontinuidad y la hermenéutica de la continuidad histórica", y " 'Sacrosanctum Concilium' y reforma post-conciliar de la liturgia. Continuidad y discontinuidad a la luz de la hermenéutica de la reforma". Conforme Mons. Koch, aún hoy, después de casi 50 años del Concilio Vaticano II, todos advierten la necesidad de su correcta interpretación y por tanto es "gravemente equivocado", según el arzobispo, considerar al pontífice como un tradicionalista que quiere llevar la Iglesia a retroceder en relación al Concilio.


Dos fases en el período post-conciliar


Para aclarar las discusiones en torno a la cuestión de la posición del Santo Padre en relación al Concilio Vaticano II, el arzobispo suizo realizó una breve explicación respecto al período post-conciliar. Conforme al prelado, el mismo puede ser dividido en dos fases: la primera, caracterizada por una gran euforia por las grandes esperanzas y expectativas creadas por el Concilio; y la segunda, en la cual se sucedió una actitud de profunda desilusión. Así, explicó Mons. Koch, nacieron dos corrientes de pensamiento opuestas en la interpretación del Concilio Vaticano II: la tradicionalista y la progresista.


La primera, expresándose en la hermenéutica de una continuidad absoluta según la cual el Vaticano II no debe decir nada de nuevo, sino apenas confirmar todo aquello que ya fue dicho por la tradición. La segunda, a su vez, expresándose en la hermenéutica de la discontinuidad y la ruptura, que ve, al contrario, una total ruptura con la tradición, para dar inicio a una Iglesia toda nueva.


La visión de la hermenéutica del Santo Padre, a su vez -según el presidente del Pontificio Consejo de la Unidad de los Cristianos- es aquella de una reforma en la continuidad. O sea, un medio término. El problema, conforme el arzobispo, es que los documentos conciliares no fueron todavía percibidos y recibidos bien y plenamente, por esto, Benedicto XVI desea una reforma de la reforma post-conciliar, en vez de proclamar un tercer Concilio Vaticano.


La cuestión principal, para Mons. Koch, es definir lo que se entiende con la palabra "reforma". "El Santo Padre la ve como una renovación interna en la continuidad y no como un cambio que causa una ruptura con el pasado. La verdadera reforma es aquella que une siempre la fidelidad a la tradición con una nueva dinámica. Infelizmente, el católico normal recibió la reforma post-conciliar como si fuese la hermenéutica de la discontinuidad y la ruptura", dijo.


Contrariamente, explicó el presidente del Pontificio Consejo de la Unidad de los Cristianos, el Vaticano II fue el Concilio de la reforma de la Iglesia, pero no de su reformación, "esto es, su objetivo no era aquel de crear una ruptura con la tradición y la historia, sino de hacer una 'actualización' y un 'resourcement', o sea, renovar extrayendo de las fuentes de la tradición", dijo.


Según el prelado, del punto de vista lingüístico erróneamente se distingue entre Iglesia pre-conciliar e Iglesia post-conciliar, como si la primera fuese una cosa diferente de la segunda y no la misma única Iglesia en la continuidad de su tradición de dos mil años. Citando las palabras del Cardenal Walter Kasper, el arzobispo notó que no existe una Iglesia "dividida" y nacida de la ruptura, sino "una sola Iglesia renovada en el espíritu" y "arraigada en la tradición viva".


En este sentido, destacó Mons. Koch, el Papa Benedicto XVI representa una eclesiología litúrgica que ve la existencia de la Iglesia en una Iglesia que se basa en el culto y que en la liturgia tiene su forma concreta. "Con todo, la Constitución de la liturgia Sacrosanctum Concilium no fue entendida por la consciencia media de los católicos ni por tantos teólogos", afirmó el arzobispo, para quien la liturgia es un desarrollo orgánico y su historia no es una serie de rupturas, sino de autopurificación y madurez.


Una verdadera naturaleza misionera


Conforme el arzobispo, la mentalidad de la hermenéutica de la discontinuidad y la ruptura sustenta que la Constitución debería anunciar el final del tiempo medieval, y la reforma litúrgica del Papa Ratzinger ve una continuidad sistemática e ininterrumpida, que debe ser el resultado de un proceso espiritual que lleve a la conversión. "Los cristianos deben comprender el misterio de la cruz y que la verdadera naturaleza es aquella misionera, no aquella tradicionalista o progresista", resaltó.


"El Concilio no abolió absolutamente los antiguos libros"


Según Mons. Koch, hay evidentes incomprensiones al entender los actos papales de Benedicto XVI, sobretodo aquellos que dicen respecto a dos de sus decisiones: el Motu Propio de 2007 Summorum Pontificum, que permite el uso del misal de 1962 de Juan XXIII de Misa Tridentina como un rito romano extraordinario; y la de 2009, donde el Pontífice revoca la excomunión de cuatro obispos lefebvrianos. "Esa revocación es la prueba evidente de la fuerte voluntad del Santo Padre de buscar superar las divergencias internas y de mantener la unidad dentro de la Iglesia Católica, partiendo de la constatación de que en su historia de dos mil años siempre existió la multiplicidad de las liturgias", afirmó.


Para el arzobispo, hay ciertos aspectos propuestos por la Constitución conciliar sobre la Sagrada Liturgia y por la reforma litúrgica post-conciliar que son erróneamente evaluados. "El Concilio no abolió absolutamente los antiguos libros, ni el latín como la lengua de la liturgia, sino propuso una renovación de los textos y los ritos litúrgicos. Los Padres conciliares no querían ninguna ruptura con la forma de la liturgia romana vigente en la época, sino, al contrario, querían mantener una saludable tradición y contemporáneamente abrirse al progreso", aseguró.


Según el prelado, entre los aspectos que no fueron bien recibidos se encuentra también, por ejemplo, la cuestión de la dirección del celebrante de la Misa. "En la antigua tradición cristiana, era vigente la dirección versum orientem que significaba que la luz del mundo es el Cristo resucitado. A partir del momento en que fue propuesta la dirección versum populum se perdió el profundo y antiguo significado de la dirección de la oración cristiana. Por tanto, el Santo Padre propuso colocar la cruz sobre el altar para recordar al celebrante y a todos los fieles que el Cristo muerto y resucitado es el centro de la acción litúrgica".


Por causa de la reforma post-conciliar, continúa Mons. Koch, se perdió también el significado del sacrificio en la liturgia que es percibida hoy sólo como una escena y no como la celebración del misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo. El arzobispo, de hecho, observa cómo el misterio pascual no está muy presente en la celebración de hoy, contrariamente a lo que deseaba la Constitución sobre la liturgia.


Entre otros aspectos indicados por Mons. Koch, está la "activa participación de todos los fieles para reafirmar que ésta tiene un papel muy importante en la acción litúrgica". De hecho, según el arzobispo, la Constitución sobre la liturgia habla de la importancia de una activa participación, principalmente de aquella que brota del corazón. "Durante el Concilio Vaticano II, fue preparada una renovación litúrgica, principalmente para Francia y Alemania que, sin embargo, al final no fue acogida por la reforma", comentó. El arzobispo cree que hoy sea necesario volver a este tema y espera que sea actuada una renovación litúrgica.


***

Fuente: Agencia Gaudium Press

***

jueves, 7 de octubre de 2010

Mauro Piacenza, el hombre del Papa para la reforma del clero

*

Piacenza02

*

Continuando con su paciente labor de reforma de la Curia Romana, Benedicto XVI aceptó hoy la renuncia por límite de edad del Cardenal Hummes al cargo de Prefecto de la Congregación para el Clero y llamó para sucederlo en el mismo cargo a Mons. Mauro Piacenza, hasta ahora Secretario de dicho dicasterio.


Es interesante notar que no es común la práctica de nombrar como prefecto de un dicasterio romano a quien cumplía las funciones de secretario en el mismo organismo. No obstante esto, algunas veces esta costumbre no se sigue, como ha sucedido hoy con el nuevo prefecto Piacenza, quien, como se sabe, ha sido formado en la escuela de Giuseppe Siri, el gran cardenal de Génova, de la cual provienen también don Guido Marini y Mons. Marc Aillet.


Muchos comentaristas coinciden en señalar que, dado que el nombramiento se ha realizado ahora (con 76 años, el cardenal Hummes podría haber permanecido algunas semanas más en el cargo), es casi seguro que Mons. Piacenza estará entre aquellos que serán creados cardenales en el próximo consistorio. En efecto, a diferencia de los Pontificios Consejos que cuentan con un arzobispo presidente (que, eventualmente y si el Sumo Pontífice lo desea, puede ser creado cardenal), las Congregaciones romanas tienen a la cabeza, por derecho, un cardenal prefecto. La inclusión de Piacenza en el consistorio, sin embargo, plantearía el problema del excesivo número de italianos que son candidatos a la púrpura, lo cual podría provocar que no se incluyera en el consistorio de fines de noviembre a alguno de los arzobispos italianos que presiden dicasterios menores y para los cuales se esperaba el cardenalato.


La noticia del nombramiento de Mons. Piacenza es, sin lugar a dudas, muy buena. Una vez más, y sin previsiones periodísticas de por medio, el Papa ha elegido para un cargo importante a un hombre de su entera confianza y que comparte con él su pensamiento y visión eclesial. El nuevo prefecto conoce muy bien el dicasterio del Clero, dado que ha trabajado allí por muchos años, primero como subsecretario y luego como secretario. A Mons. Piacenza, en efecto, se le atribuyen algunas de las iniciativas más fuertes del Año Sacerdotal, relacionadas con la vida espiritual de los presbíteros, la importancia de la Adoración Eucarística y de la digna celebración del Sacrificio Eucarístico, la recuperación de la verdadera identidad del sacerdote católico y la necesidad de una hermenéutica de la continuidad sacerdotal.


Precisamente sobre esta hermenéutica, Mons. Piacenza explicaba hace pocos meses que “es una expresión providencialmente utilizada por el Papa en su alocución a los más de quinientos participantes en el congreso. Creo que, dada también la contigüidad terminológica, debe necesariamente ser interpretada a la luz de la hermenéutica de la continuidad eclesial, que el Papa ha indicado como la única posible interpretación correcta del concilio ecuménico Vaticano II, en el discurso dirigido a la Curia romana el 22 de diciembre de 2005. No existen sacerdotes pre-conciliares y post-conciliares, así como no existe una Iglesia pre y post conciliar. Existe la única Iglesia de Cristo, con el único sacerdocio de Cristo participado a aquellos que él llama en toda época y circunstancia. El modelo es siempre el Señor y la identificación total con la llamada que Él ha dirigido, como vivió y enseñó san Juan María Vianney”.


Invitamos a nuestros lectores a releer, en esta ocasión, algunas de las entrevistas concedidas por Mons. Piacenza mientras era secretario de la Congregación para el Clero y que hemos publicado en esta Buhardilla:


La verdadera medida disciplinar del Papa
“Sin sacerdotes, ya no habría Iglesia de Cristo”
Sacerdotes santos para renovar una Iglesia herida

 


Además, invitamos a leer la entrevista que Mons. Piacenza ha concedido hoy mismo a la agencia Zenit, luego de hacerse público su nombramiento como Prefecto de la Congregación para el Clero:


Monseñor Piacenza: El sacerdote no es “funcionario de Dios” sino “otro Cristo”

***

La Buhardilla de Jerónimo

***

martes, 5 de octubre de 2010

P. Claude Barthé: “La crítica de la reforma”

El Padre Claude Barthé ha concedido una entrevista al periodista Daniel Hamiche. La misma fue traducida al inglés por un sacerdote anglicano, Anthony Chadwick. Presentamos nuestra traducción de la versión inglesa.

*

Misa_Benedicto

***

El Padre Barthe acaba de publicar una pequeña “bomba” llamada “La Messe à l’endroit”. En 1955, el autor Paul Claudel escribió un notable artículo “La Misa en reversa”, para estigmatizar lo que en la época eran solamente experimentos litúrgicos. Ahora el Padre Barthe quiere poner “la Misa en la dirección correcta”. Cree que lo apoya toda una corriente, descripta en la Iglesia como “la reforma de la reforma”.

*

Su libro más reciente (Claude Barthe, “La Messe à l’endroit. Un Nouveau mouvement liturgique”) nos tomó por sorpresa, porque usted es conocido como defensor de la Misa tradicional y ahora se está ocupando de la llamada Misa de Pablo VI. ¿Por qué su interés?


Defender una nunca me ha impedido, sino al contrario, estar interesado en la transformación de la otra, es decir, la de Pablo VI. En 1997, diez años antes del Motu Proprio, publiqué un libro de entrevistas, “Reconstruyendo la Liturgia”. Entrevistas todas acerca de la situación de la Liturgia en las parroquias. El mismo tema que en este libro. Claro que el Motu Proprio del 2007 dio nueva vida a estas ideas. La idea fundamental es que las dos líneas de crítica a los cambios producidos bajo Pablo VI – es decir, la crítica frontal que quiere promover la amplia difusión de la anterior Liturgia, de San Pío V; y la crítica de reforma, que llama a una “reforma de la reforma” y busca producir un cambio dentro de la Liturgia de Pablo VI – están cada vez más conectadas. La “reforma de la reforma” propuesta no puede lograrse sin el soporte de una celebración tan difundida como sea posible de la Misa tradicional. La liturgia tradicional no puede esperar ser rehabilitada masivamente en las parroquias sin recrear un entorno vivo, que sería la obra de la “reforma de la reforma”.

*

Los tradicionalistas de la Forma Extraordinaria piensan que el Misal de Pablo VI no puede ser salvado y que tendría que ser descartado. Ahora bien, usted piensa que puede ser reformado e incluso “enriquecido”. ¿Cómo?


En primer lugar, creo que no es para nada realista creer que podemos utilizar una varita mágica y hacer que todas las Misas sean celebradas según la Forma antigua en todas las parroquias del mundo. Sin embargo, noto – con muchos otros, algunos de ellos en muy altas posiciones – que el Misal de Pablo VI contiene una posibilidad casi infinita de opciones, adaptaciones e interpretaciones, y que una elección progresiva y sistemática (o sistemáticamente progresiva) de las posibilidades tradicionales que ofrece hace posible su “re-tradicionalización” en las parroquias, y esto lícitamente (según la letra de la ley y su espíritu). Es un hecho simple: de los muchos párrocos (he compilado una lista rápida en Francia, que obviamente no debo publicar, pero es impresionante) que están practicando, a menudo paso a paso, esta “reforma de la reforma”, la mayoría de ellos también celebra la Misa tradicional. Para responder a su pregunta, diría que creo que la liturgia romana puede ser salvada, y esto ya se está dando en la práctica, por medio de una acción doble: hacer cada vez más conocido el rito de San Pío V, y la “reforma de la reforma”. Esto hará posible, citando un famoso discurso de Pablo VI, el quitar de la reforma todo lo que es viejo y obsoleto, porque no es tradicional. Veremos lo que se salva luego de esta operación…

*

Usted nos hace descubrir mucho de la relativamente desconocida historia litúrgica de los últimos cuarenta años. Mientras que los que apoyan la Misa antigua no se interesan por una reforma del nuevo Misal, sus seguidores “moderados”, una pequeña minoría, promueven continuamente su reforma. ¿Podría explicar brevemente esta posición?


Se trata de lo que podríamos llamar “la crítica de la reforma” del nuevo Misal. En breve, y por hablar sólo de Francia, podemos recordar a teólogos como Louis Bouyer, que participaron activamente en la reforma conciliar pero que rápidamente entraron en conflicto con algunos de sus aspectos (el significado de la celebración, por ejemplo). La Abadía de Solesmes, y en distintos grados algunas de las casas que dependen de ella, han aceptado la reforma, pero enteramente en latín y con canto gregoriano. La comunidad de San Martín, de Mons. Guerin, también optó por el Misal de Pablo VI, pero en una interpretación muy tradicional. Mons. Maxime Charles, rector de la Basílica de Montmartre, y luego el Padre Michel Gitton, quien fuera párroco de Saint Germain l’Auxerrois en París, han trabajado por preservar lo que podía salvarse de la ruina. Y, más importante aún, está el fenómeno Ratzinger.


Ya en 1966 Joseph Ratzinger había intervenido muy severamente en el Katholikentag en Bamberg acerca de la reforma que estaba en marcha. La pelea contra lo que cree es un “falso espíritu del Concilio” ha sido sustancial para quien fue nombrado Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1981, y luego se convirtió en Papa en el 2005. En temas relativos a la liturgia, Joseph Ratzinger fue mucho más lejos que los demás reformadores. Ahora sabemos que organizó una reunión de cardenales en Roma, el 16 de noviembre de 1982, “acerca de cuestiones litúrgicas”, e hizo que todos los prefectos de las Congregaciones que participaron en la reunión afirmaran que el “antiguo” Misal Romano debía ser “aceptado por la Santa Sede en toda la Iglesia para las Misas celebradas en latín”. Era 1982, exactamente un cuarto de siglo antes del Motu Proprio Summorum Pontificum.

*

Su libro lleva el subtítulo “Un nuevo movimiento litúrgico”. ¿Se trata de un deseo o de un hecho – que en torno a Benedicto XVI, que parece ser quien encabeza esta “reforma de la reforma”, se está juntando un grupo de influyentes prelados y sacerdotes que intentan promoverla para bien?


Precisamente, basada en las obras de Joseph Ratzinger (“Informe Ratzinger”, “Mi vida”, “El espíritu de la Liturgia”, “Un canto nuevo para el Señor”, “La fiesta de la fe”), se ha construido una nueva generación de teólogos, historiadores del culto, oficiales de alto rango. Ahora forman un círculo de pensadores de la “reforma de la reforma” – un nuevo movimiento litúrgico como lo llama el Papa – y apoyan el Motu Proprio. Ninguno de ellos – y especialmente el primero de ellos, el Papa, tampoco – intentan promover la “reforma de la reforma” con textos, decretos, o con un nuevo Misal que uniera los dos ritos, un Misal de Benedicto XVI que se agregase a los misales de San Pío V y de Pablo VI.


No, ellos quieren proceder por el ejemplo, la exhortación, la educación, y más importantemente aún, evocando el tema de la Carta de San Pablo a los romanos: causando una “saludable tensión” entre la forma hoy conocida como “ordinaria” y la forma conocida como “extraordinaria”. Esto es una meta de la restauración ratzingeriana desde 1985: busca influir en el curso de los eventos conciliares, pero en una forma exhortativa, no coercitiva. La “reforma de la reforma” ya existe en muchas parroquias. Lo suficiente como para animar, expandirse y, especialmente, alcanzar el nivel diocesano. Sería más apropiado que, en lugar de ser realizada por los sacerdotes y el Papa, fuera trabajo de los obispos. Imagínese el maravilloso efecto de restauración, no sólo litúrgica sino de todo lo que viene con la Liturgia: las vocaciones, la doctrina, la catequesis, la práctica religiosa; todo esto producido por un obispo, luego dos, luego tres, etc., que llevasen el altar hacia la parte trasera de las catedrales, que restauraran los comulgatorios, reintrodujeran el latín y el canto gregoriano, y que celebrasen regularmente la Misa Tradicional. Vuelvo a enfatizar en lo mismo: esta “reforma de la reforma” no puede lograrse sin una más amplia celebración de la Misa según el Misal tradicional. E, inversamente, para que la liturgia tradicional exista en las parroquias ordinarias, se necesita un retorno a las fuentes tradicionales, representado por la “reforma de la reforma”.


Importantes oficiales que están a favor de este nuevo movimiento litúrgico también animan a la reducción del número de los concelebrantes y de las concelebraciones; la reducción del número de las plegarias eucarísticas; la reintroducción de elementos de la Misa tradicional en los muchos “agujeros” de la Forma de Pablo VI (genuflexiones, besos al altar, antiquísimas señales de la Cruz durante el Canon); el reemplazo de las Misas con enorme número de asistentes – en las que el culto se transforma en una demostración – por Horas Santas, la bendición con el Santísimo Sacramento; y la restauración del signo de paz como una acción sagrada y no como una signo de cortesía social; etc.


Este libro me trajo también muchas reacciones positivas de sacerdotes. Toda idea correctiva es útil si se pone en la práctica y no queda como un mero buen deseo. La mayoría provienen de párrocos que celebran tanto la antigua como la nueva Forma de la Misa. 40 años después de esta agitación sin precedentes en la historia del Rito Romano representada por la reforma de Pablo VI, y entre las ruinas de la secularización en el mundo católico que dicha reforma – al menos – no previno, es claro que hay un clima de “retorno”, en una minoría, pero que espera crecer. Por supuesto, la Liturgia es sólo uno de estos aspectos, pero dada la naturaleza de la Liturgia, se trata de un aspecto muy significativo.

***

Fuente: English Catholic


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

***