martes, 5 de marzo de 2013

Pronósticos ante el próximo Cónclave

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Por Silvia Guidi

El pronóstico pre-cónclave es un género literario sui generis en el que con frecuencia – salvo raras y luminosas excepciones – el interés del argumento es inversamente proporcional al conocimiento del tema del cual se está hablando. Un género literario anómalo bajo todo punto de vista, en el cual cada tanto los roles se invierten y el hombre de calle – el John Doe o el señor Rossi, con un mínimo de conocimiento del tema, que está hojeando un artículo en el bar o leyendo un instant book en la librería – se da cuenta con asombro de ser a veces más competente que el periodista o el ensayista de turno, porque tiene más familiaridad con categorías de pensamiento que, no por casualidad, son totalmente extrañas a la mentalidad y al sistema de valores de referencia del autor del texto.


Cuando el que escribe es consciente – y no siempre es obvio que esta conciencia exista – de estar describiendo un mundo del que se le escapan las dinámicas y del que no comprende las finalidades, los resultados pueden ser de lo más diversos. Algo se debe escribir, la página blanca se presenta amenazante desde la pantalla de la computadora en la redacción, y entonces, en la onda de la insostenible ligereza del no-conocer, parafraseando a Kundera, llegan comentarios casuales, deseos personales travestidos de noticias y palabras completamente privadas de peso específico.


El vaticinio sobre el nombre del nuevo Papa se convierte entonces en un pretexto para decir todo y lo contrario de todo: desde el “queremos un Papa moderno, un Papa Amélie Poulain, que lleve grandes cruces de rapero” - sic, frases tomadas de un blog que se lee en el sitio de Le Monde – al cabaret onomástico, violentamente anticlerical pero no privado de cultura y alegría “patafísica”, del cómico suizo Daniel Rausis, el inventor del género de los Papocryphes, nombres papales totalmente imaginarios. En el 2005, autodefiniéndose experto de pontificcionologías (sí, precisamente así), el cómico se ofrecía a dar una mano al nuevo sucesor de Pedro para la elección del nombre, como especialista mundial de la cuestión, aconsejándole los nombres más surrealistas. Causa impresión releer sus palabras a algunos años de distancia, ahora que su comentario más sutilmente pérfido y más citado en la red - “el único acto libre e imprevisible de un Papa es la elección del nombre” – ha sido tan clamorosamente desmentido el pasado 11 de febrero.


“They really don’t know much more about the Conclave than the rest of us” (“En realidad, ellos no saben mucho más que nosotros del conclave”), afirma tajante con lacónico pragmatismo un editorial aparecido en el blog Rorate Coeli, describiendo el difícil trabajo del vaticanista – aunque tengan una larga carrera y no les falte formación – en espera del cónclave. En retrospectiva, el elenco de los grandes errores es inexorablemente muy largo. Basta citar sólo dos ejemplos contenidos en el editorial de Rorate Coeli: en la lista de los papables que ocho años atrás presentó un preparadísimo y por otro lado autorizado periodista no italiano – veinte nombres de cardenales provenientes de todo el mundo – estaba ausente precisamente el purpurado que luego se convertiría en Benedicto XVI, mientras que otro autorizado colega italiano, por otro lado rápidamente corregido, concordaba en la sustancia, describiendo la hipótesis Ratzinger como “más simbólica que real”.


Otro error de perspectiva muy difundido es el que podríamos definir como la fascinación del slogan, es decir, la costumbre de repetir frases fabricadas sin verificar su historicidad. “Quien entra Papa sale cardenal”, por ejemplo, es un lugar común desmentido varias veces en el siglo XX, ha recordado oportunamente John Allen al comienzo de la sede vacante. De hecho, en 1939 fue elegido el favorito, Eugenio Pacelli, y así en 1963 Giovanni Battista Montini, mientras que en 1978 la elección de Albino Luciani fue prevista, entre otros, también por “Time”, “L’Espresso” y “Le Monde”. Incluso el imprevisible Karol Wojtyla – cuyo nombre había aparecido como probable Papa no italiano en la revista “Panorama” un año y medio antes de la elección – había sido indicado explícitamente como futuro Pontífice, sobre la base de una previsión con toda evidencia atendible, por el brillante sacerdote y vaticanista español José Luis Martín Descalzo, en el semanario “Blanco y Negro”. Y con él concordaba Silvano Stracca, el inolvidable vaticanista de “Avvenire”.


En la imposibilidad de dar nombres con conocimiento de causa, está finalmente quien apunta cómodamente al efecto acumulación, como ocurrió desde que Benedicto XVI declaró su renuncia al pontificado. Así, Luis Badilla Morales, colaborador de Radio Vaticana y atento observador que desde hace años navega en la red, ha notado con agudeza que, desde el pasado 11 de febrero, los nombres de los “papables” han subido de 23 a 47, aún si los más recurrentes son “sólo” una docena. Y no son pocos los colegas que se apresuran en insertar nombres en sus listas personales. De este modo podrán decir a sus nietos: “Yo lo había previsto”.


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Fuente: L’Osservatore Romano


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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