sábado, 25 de octubre de 2008

Si hay que decidir entre mi vida y la del niño, no dudéis: elegid -lo exijo- la suya

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Santa Gianna Beretta Molla (1922-1962)

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Gianna Beretta Molla fue una madre de la diócesis de Milán que, para dar la vida a su hija, sacrificó la suya con meditada inmolación. Gianna era médico, casada y con tres hijos. Estaba esperando otro.

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Pero su alegría se mezcló pronto con las más graves preocupaciones. Junto al útero iba creciendo un grueso fibroma y se hacía necesaria y urgente una intervención quirúrgica. Gianna comprendió de inmediato lo que le salía al encuentro.

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La ciencia de entonces ofrecía dos soluciones consideradas seguras para la vida de la madre: una laparatomía total, con extirpación tanto del fibroma como del útero, o la extirpación del fibroma, con la interrupción del embarazo.

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Una tercera solución consistía en extirpar sólo el fibroma, sin tocar al niño, pero ponía en peligro grave la vida de la madre.

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Antes de ir al hospital, Gianna fue a hablar con el sacerdote con el que se confesaba habitualmente, quien la exhortó a esperar y tener valor. «Sí, don Luigi –le respondió Gianna-, he rezado mucho durante estos días. Me he confiado con fe y esperanza al Señor, incluso contra las terribles palabras de la ciencia médica, que me decían: o la vida de la madre o la vida de su criatura. Confío en Dios, sí, pero ahora me corresponde a mí cumplir con el deber de madre. Renuevo al Señor la ofrenda de mi vida. Estoy dispuesta a todo, con tal de salvar la vida de mi criatura».

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Ella misma relató su primer encuentro con el cirujano: “El doctor me dijo antes de la operación: «Qué hacemos? ¿La salvamos a usted o salvamos al niño?». Enseguida le contesté: «No se preocupe por mí». Y después de la operación, me dijo: «Hemos salvado al niño»”.

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Ella da gracias al Señor y pasa los siete meses antes del parto con incomparable fuerza de ánimo y con plena dedicación a sus deberes de madre y de médico. Se estremece al pensar que la criatura pueda nacer enferma, y pide al Señor que no suceda tal cosa.

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Algunos días antes del parto, confiando siempre en la Providencia, está dispuesta a dar su vida para salvar la de la criatura: «Si hay que decidir entre mi vida y la del niño, no dudéis; elegid -lo exijo- la suya. Salvadlo».

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La mañana del 21 de abril de 1962 dio a luz a Gianna Emanuela. El día 28 de abril, también por la mañana, entre indecibles dolores y repitiendo la jaculatoria «Jesús, te amo; Jesús, te amo», muere santamente. Tenía 39 años.

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Fue beatificada por Juan Pablo II el 24 de abril de 1994, y canonizada por él mismo el 16 de mayo de 2004. De ella dijo el Papa: «A ejemplo de Cristo, que "habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo", esta santa madre de familia se mantuvo heroicamente fiel al compromiso asumido el día de su matrimonio. El sacrificio extremo que coronó su vida testimonia que sólo se realiza a sí mismo quien tiene la valentía de entregarse totalmente a Dios y a los hermanos.

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1 Comentarios:

___________________________ ha dicho

Es alarmante el grado de deshumanización que está sufriendo la sociedad, sobre todo en Eurppa. ¿Cómo es posible que cada vez haya más personas y países que bien el aborto e incluso lo califican de un derecho ?
La sociedad está enferma