miércoles, 20 de agosto de 2008

La Liturgia y el "todo vale"

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canonmisa

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Las normas litúrgicas:

Claves para la alimentación espiritual, la evangelización y la unidad

Por Mary Anne Moresco

Agosto 19, 2008

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En las últimas décadas se ha generado en nuestra cultura una mentalidad del “todo vale”. Como un cáncer que se difunde por todo el cuerpo, esta mentalidad ha penetrado haciendo daño en cada esquina de nuestra cultura. Esta mentalidad del “todo vale” es peligrosa porque puede llevarnos a ignorar las leyes morales y las consecuencias de nuestras acciones.

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Es desconcertante pero cierto que esta mentalidad del “todo vale” se ha deslizado hasta algunos lugares de la Iglesia. Esta mentalidad ha engendrado, aquí y allí, Misas en las que “todo vale”. Estas Misas ignoran las leyes litúrgicas y están diseñadas para atraernos a la Iglesia “dándole más sabor” a la Misa, o entreteniéndonos. Pero el camino del “sabor” y del “entretenimiento” en la Misa es también un camino de abuso litúrgico. La ejecución de música no sacra en la Misa los domingos, el surgimiento de la danza “litúrgica”, y el fenómeno por el cual los laicos aportan homilías con sus testimonios han llevado a abusos habituales.

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El intento puede ser bueno. Redemptionis Sacramentum (RS) 9 nos dice que “los abusos se fundamentan con frecuencia en la ignorancia, ya que casi siempre se rechaza aquello de lo que no se comprende su sentido más profundo…”. Como alguien que ocasionalmente ha cuestionado a los bondadosos iniciadores de estos esfuerzos no litúrgicos en la Misa sé que, mayormente, el declarado intento de estos esfuerzos es “realzar” la liturgia, o “evangelizar”. Pero he aquí una magnífica noticia – un paraguas bajo el cual podemos unirnos: Una Misa reverente, rezada en perfecta conformidad con las normas litúrgicas… ¡sí evangeliza!

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El Cardenal Francis Arinze, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, ha escrito sobre el “Rol de las normas litúrgicas en la Celebración Eucarística”. Según el Cardenal Arinze: “Las celebraciones litúrgicas bien llevadas a cabo, no sólo nutren la fe de los católicos practicantes, sino que también pueden despertar la fe adormecida de los negligentes, y atraer personas a la Iglesia” (Adoremus Bulletin Vol. XIV No.3 May 2008, p.3-4 (AB)).

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Cuando seguimos las normas de la Misa, ésta nos lleva de las cosas terrenas hacia las cosas celestiales. Una Misa católica rezada en conformidad con las normas litúrgicas es algo majestuoso para contemplar, y así, por su misma naturaleza, es una luz para los demás. ¡Y no tenemos que agregar nada de nuestra hechura! El Cardenal Arinze nos ha asegurado que la “comunidad que celebra no tiene que re-inventar los ritos sagrados en cada época” (AB).

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RS 7 declara: “no es extraño que los abusos tengan su origen en un falso concepto de libertad. Pero Dios nos ha concedido… no una falsa libertad para hacer lo que queramos, sino la libertad para que podamos realizar lo que es digno y justo”. Ignorar las normas de la Misa es sembrar semillas de discordia y división. Inventar nuestras propias liturgias es separarnos de la Santa Madre Iglesia y transitar el camino de la desobediencia. Este camino de desobediencia puede atraer a algunos por su novedad. Pero no puede y no atraerá a nadie por su santidad. Y estamos llamados a ser santos.

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Esto no es decir que debamos acercarnos a la Misa con un aire “convencional”. Los Santos no fueron “convencionales”. Ellos fueron personas amantes, interesantes e independientes. Pero todo lo que fueron e hicieron estuvo impregnado de una profunda humildad y obediencia a la Voluntad de Dios, y así a la Santa Madre Iglesia. Si verdaderamente queremos rezar la Misa con devoción, podemos imitar al Santo Padre Pío, que decía: “Si quieres asistir a Misa… permanece en compañía de la Virgen Dolorosa al pie de la Cruz en el Calvario”.

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PadrePio

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Para rezar propiamente la Misa, debemos vernos a nosotros mismos como siervos de la liturgia, y no como dueños. Podemos, efectivamente, elevar nuestras almas en oración acercándonos a la Misa con un corazón lleno de amor a Dios y la Santa Madre Iglesia, y con una humilde obediencia a sus normas litúrgicas. De ese amor a Dios y a la Santa Madre Iglesia puede brotar un amor profundo y verdadero por nuestros amigos en Cristo. De la profundidad de ese amor puede brotar una auténtica evangelización y una unidad duradera que pasará la prueba del tiempo, porque habrá estado construida sobre una base firme.

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Llevar deliberadamente a nuestros hermanos y hermanas en Cristo a acciones y gestos ajenos a las normas litúrgicas, y presentarles tales acciones y gestos como deseables, es disfrazar la desobediencia con tentadoras vestimentas. Llevar a otros a nuestra propia desobediencia no es amor sino engaño. Y practicar tal engaño es construir sobre arena. Cuando las novedades se desmoronan, como inevitablemente lo hacen, también se caen los frutos de nuestros esfuerzos.

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Las normas litúrgicas son un don. Son nuestra red de seguridad cuidadosamente tejida. Nos protegen de caer en la irreverencia. Ignorar las normas litúrgicas es como llevar un cuchillo a esa red: una vez que la red es cortada, no hay fin en lo lejos que podemos deslizarnos por la resbaladiza pendiente de los abusos litúrgicos.

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La Misa no es algo para “retocar”, “mejorar” o “inventar” nosotros mismos. En la Misa recibimos un don amoroso de Dios. Como declara el Cardenal Arinze: “Debe recordarse que el Sacrificio Eucarístico, y la sagrada liturgia en su conjunto, no son algo que hacemos, inventamos, o armamos nosotros. Son dones que recibimos, guardamos, atesoramos, celebramos, y por los cuales estamos agradecidos” (AB).

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La buena noticia es que hay una cura para la mentalidad del “todo vale” que se ha deslizado en algunos lugares de nuestra cultura y de nuestra Iglesia. Esa cura es Jesucristo. El camino que nos lleva a Él es el camino de la amorosa obediencia a las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia. Que podamos resignar humildemente nuestros billones de diferentes opiniones, y podamos abrazar esas enseñanzas. Por medio de ese abrazo, podremos al fin unirnos en paz en este precioso camino hacia Cristo como la “Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica”.

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Artículo original en inglés

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